¿Lejos de Dios?

Alberto González Muñoz

Autor

Alberto González Muñoz

Resumen: La soledad es la falta de relación significativa con personas que deseamos tener a nuestro lado. A veces, estas personas se alejan de nosotros, creando un vacío afectivo. La emigración también separa a las familias y causa dolor. Sin embargo, Dios siempre está disponible y desea tener una relación constante con nosotros. Incluso si nos alejamos de Él, podemos arrepentirnos y restaurar nuestra relación con Él a través del perdón. Él siempre tiene los brazos abiertos para nosotros.

La soledad no es más que la falta de relación significativa con la persona o personas que desearíamos tener a nuestro lado, comunicándonos realmente con ellas, expresándoles nuestros sentimientos, y anhelos, sentir su afecto, su compañía y disponibilidad para conversar y comprendernos mutuamente...

Pero otra de las realidades cruentas de la vida es que a veces, esas personas con quienes tenemos una relación significativa, por diferentes motivos se alejan de nosotros. A diferencia de la antigüedad, hasta la familia ahora tiende a disgregarse, creando un vacío afectivo que rara vez se supera sin un gran sentimiento de pérdida.

Los cubanos hemos sido afectados, como muchos otros países, por una emigración que separa a las familias, la mayoría de las veces definitivamente. Tanto los que salen a otro país en busca de una nueva vida, como los que deciden permanecer sienten el dolor de la separación. Porque una carta, fotos, llamadas telefónicas, correos electrónicos, o incluso ayuda económica y visitas esporádicas jamás sustituyen la satisfacción que produce la relación constante y cercana con las personas que amamos.

Saber que en un momento difícil no podremos tomar de la mano o abrazar a un ser querido o simplemente sentarnos a su lado, es doloroso. Aunque pretendamos ignorarlo envueltos en la vorágine de la vida y la lucha por la subsistencia, la ausencia de quienes amamos siempre deja un vacío que a veces ni el tiempo puede mitigar.

Por ello es bueno saber que hay alguien disponible constantemente. Alguien que por su condición y naturaleza jamás va a sentir necesidad de dejarnos o irse lejos y que nos ama tanto que desea tener una relación constante y vital con nosotros.

El gran error de muchas personas es que creen que Dios no se interesa en relacionarse con ellos. Algunos piensan que tienen una vida tan alejada y particular que Él no quiere saber de ellos. He escuchado a muchas personas decir: “Dios se ha olvidado de mí” o “Dios no puede perdonarme”.

Si es esa tu situación, te aseguro que estás en un grave error. Dios está esperando, sencillamente, que te dirijas a Él y le busques. No importa quién seas, donde estés, ni cuantos caminos hayas transitado, el camino a Dios está abierto y disponible delante de ti.

Con mucha frecuencia, hasta algunos cristianos piensan que Dios les ha olvidado o los ha dejado, pensando que sus errores y pecados le impiden experimentar la presencia y la compañía divinas. No olvidemos jamás que el arrepentimiento es un camino seguro para restaurar nuestra relación con él si por alguna razón ésta se ha dañado. El salmista dijo: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Salmo 51:13). Los cristianos, no lo dudemos, con frecuencia también tenemos que arrepentirnos y pedir perdón a Dios. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9). Aunque a veces es muy difícil restaurar la relación con personas que hemos ofendido o se sienten ofendidas con nosotros, no es el caso con Dios.

Él siempre tiene los brazos abiertos para quienes arrepentidos le piden perdón y desean restaurar la relación con él.

¡Dios les bendiga y les guarde!