Un Corazón Dispuesto

Salmos 110:3 • Filemón 1:14

Desde el alba, tu pueblo despierta, Con un canto que nace del alma. No es mandato, no es carga impuesta, Es un gozo que calma y que aclama. Tu poder nos envuelve y nos llama, En santidad, cual rocío al amanecer. Nuestra juventud, libre, te ama, Dispuestos a entregarte nuestro ser.

No por obligación, mi buen Señor, Mas por la gracia que tu amor nos da. Hijos somos, no siervos del temor, Mi voluntad en Ti se entregará. Con alegría el corazón te doy, Pues Tu bondad me invita a caminar. Libre soy, libre soy, en Ti yo estoy, Y Tu Espíritu me guía sin forzar.

Como Pablo rogó con ternura, Por Onésimo, útil ahora en verdad. Aunque el derecho la ley lo asegura, Prefirió la gentileza y la piedad. Así Tú, mi Dios, que todo lo puedes, Nos invitas, sin nunca obligar. Tu Palabra y Espíritu nos mueves, A tu lado, sirviendo, a gozar.

Hay dos sendas en nuestro camino: Siervos humildes, al pie de tu cruz; Mas también hijos, con un gran destino, Bajo el brillo de tu santa luz. Al Trono de Gracia, con fe nos acercamos, Confiados, sabiendo que en Ti hay perdón. Por amor y no por deber te amamos, Con el libre albedrío del corazón.

No por obligación, mi buen Señor, Mas por la gracia que tu amor nos da. Hijos somos, no siervos del temor, Mi voluntad en Ti se entregará. Con alegría el corazón te doy, Pues Tu bondad me invita a caminar. Libre soy, libre soy, en Ti yo estoy, Y Tu Espíritu me guía sin forzar.

Sí, me guías sin forzar, Mi Padre amado. Tu amor, mi dulce hogar. Mi corazón te ha dado. Voluntariamente, por amor. Amén.