
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En la Epístola a Filemón, Pablo aboga por Onésimo, un esclavo que se había escapado de su señor Filemón y que, después de conocer a Cristo, regresa para corregir la situación. Pablo le escribe a Filemón pidiéndole que lo reciba como a un hermano en Cristo en lugar de castigarlo. Aunque Pablo tiene el derecho de obligar a Filemón a hacer lo que Él quiere, prefiere pedirle por amor y generosidad. Dios también nos trata con gentileza y usa nuestra voluntad para llevarnos a hacer su voluntad. Ser siervos inútiles y hijos bendecidos es una tensión que debemos mantener en equilibrio en nuestra vida cristiana.
Quiero concluir hoy la meditación sobre la parábola del hijo pródigo. Explorando y analizando el pasaje de la Epístola a Filemón de parte del apóstol Pablo para ver cómo en realidad en una situación específica, Dios nos habla acerca de esa doble identidad que tenemos:
Por una parte de ser siervos totalmente sujetos y entregados a la Voluntad de su Señor y por otra parte también hijos escogidos que tenemos todo el derecho de acercarnos confiadamente al Trono de la Gracia, sabiendo que nuestro Padre Celestial y nuestra condición de hijos nos permite muy bien tener esa perspectiva generosa y ambiciosa acerca de nuestra vida y de nosotros mismos.
En este pasaje de Filemón comenzando con el capítulo 8, recordamos la historia de que Pablo está abogando por Onésimo, este esclavo que se había escapado de su señor Filemón, se había ido a otra ciudad, allá Pablo lo conoce, él recibe a Cristo como su Señor y Salvador, y entonces Pablo le dice que él debe regresar a su señor, Filemón, y corregir esa situación de haberse escapado de su señor.
Pero Pablo le escribe como una carta de recomendación a Onésimo para que Filemón lo reciba en una manera positiva y que en vez de castigarlo por haberse ido de la casa, lo reciba como su hermano en Cristo Jesús y lo reciba de una forma benévola en vez de una forma punitiva.
Y entonces Pablo después de escribirle a Filemón diciéndole que acepte a Onésimo, dice: "Por lo cual aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene" escuche eso, "mas bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora además prisionero de Jesucristo, te ruego por mi hijo Onésimo" es interesante que la palabra Onésimo quiere decir: útil, provechoso, "a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil porque se había escapado, pero ahora nos es útil, a quien vuelvo a enviarte. Tú pues recíbele como a mí mismo."
Es fascinante lo que Pablo dice, que aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte, ordenarte lo que conviene, mas bien te ruego por amor, ahí usted tiene en cápsula esta idea. Aunque Dios tiene todo el derecho del mundo y del universo para obligarnos a hacer lo que Él absolutamente quiera, y aunque nosotros tenemos la obligación de considerar a Dios como totalmente con derecho a gobernar nuestra vida hasta en las cosas más minúsculas, sin embargo lo interesante es que Dios mas bien nos trata con una gran cortesía, con una gran generosidad.
Y muchas veces Dios en vez de obligarnos a servirlo o a darle mas bien usa la gentileza del Espíritu Santo, usa la convicción del corazón para invitarnos a hacer Su Voluntad. Una de las cosas que me conmueve a mí muchas veces es que en mi propio ministerio, Dios se sienta conmigo y me pide que yo haga algo pero no me obliga a hacerlo ni me trata como un robot o una marioneta gobernada por Él, sino que Dios siempre trata a través de mi libre albedrío, mi voluntad y usa Su Espíritu Santo, Su Palabra, consejos de otros hermanos para llevarme a la convicción de hacer lo que Él quiere que yo haga.
Entonces en el versículo 13 de Filemón Pablo le dice a Filemón: Yo quisiera retenerle conmigo para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el Evangelio, en otras palabras Pablo le dice: hey, a mí me sería útil tener este joven ayudándome mientras estoy en prisión y ayudarme a hacer mis fosas en el Evangelio, pero nada quise hacer sin tu consentimiento.
¿Ve usted aquí de nuevo esta idea de que aunque Pablo muy bien podría aprovecharse de este joven y tendría el derecho en un sentido espiritualmente, porque Pablo ha sido mentor de Filemón, pero mejor prefiere no hacer nada sin el consentimiento previo de Filemón sino que, en un sentido le está diciendo: hey, te lo voy a enviar pero si tú me lo puedes regresar para que me sirva en mis prisiones eso sería lo ideal. Dice: "Para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario."
Dios no quiere que nosotros lo sirvamos por obligación sino que lo hagamos voluntariamente. ¿Qué dice la Palabra? que Dios ama al dador alegre. A Dios le gusta cuando nosotros lo servimos con gran gozo, con gran alegría, entendiendo el inmenso privilegio que esto representa.
En el versículo 15 dice: "Porque quizás por esto se apartó de ti algún tiempo, para que le recibiéseis para siempre, ya no como esclavo sino como más que esclavo, como hermano amado." ¿Ve usted aquí la hermosa aclaración que nos da el Espíritu Santo? Dios nos recibe ahora no como esclavos sino como algo muy superior a esclavos, Dios nos recibe como hijos amados y Cristo nos recibe como hermanos, nos recibe como amigos.
Versículo 17: "Así que si me tienes por compañero recíbele como a mí mismo, y si en algo te dañó o te debe ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré, por no decirte que aún tú mismo te me debes también."
¿Ven ustedes mis hermanos cómo en la mente de Pablo se están debatiendo estas dos tendencias? Por una parte Filemón yo tengo derecho de ordenarte que hagas algo por mí porque yo te engendré, yo he sido tu mentor, tú has conocido a Cristo a través de mi persona, yo te he discipulado y en un sentido tengo gobierno espiritual sobre tu vida, pero en vez de eso te pido que hagas las cosas por convicción, por generosidad, por tu buena voluntad; aunque recuerda que en realidad tú te me debes a mí, yo no te debo nada. Si en algo tú vas a hacer algo de bendición para Onésimo por mi petición, estoy endeudado pero en última instancia tú tienes más deudas conmigo que yo contigo.
Entonces esa es la doble vertiente de la vida cristiana: por una parte, siervos inútiles y por otra parte, hijos bendecidos y escogidos. Tenemos que vivir en la tensión entre esas dos dimensiones y cuando estamos yéndonos demasiado para un lado, pasemos a la otra vertiente para corregirla y mantenernos en ese balance precioso de esas dos verdades luminosas. Que el Señor les bendiga mis amados hermanos y espero que esta meditación sobre el siervo inútil haya sido de gran bendición para sus vidas como lo ha sido para mí. Hasta la próxima.