Levítico 20:7 • Hebreos 12:14
Resumen: La narrativa bíblica se centra consistentemente en el concepto de santidad (hebreo *qodesh*, griego *hagiasmos*), reflejando un atributo definitorio de Dios que requiere un estado correspondiente en Su pueblo del pacto. Este análisis demuestra una profunda relación intertextual entre Levítico 20:7, el mandamiento de "consagraos", y Hebreos 12:14, la exhortación a "procurad... la santificación, sin la cual nadie verá al Señor". Estos textos revelan una tensión fundamental en la fe: la interacción entre la agencia divina y la responsabilidad humana, trazando una trayectoria desde la pureza ritual hasta la perfección moral, todo dirigido hacia el *telos* último de la humanidad —la *Visio Dei*, o la visión de Dios. Lejos de ser un llamado genérico a la bondad, Hebreos 12:14 invoca y transforma deliberadamente el paradigma levítico dentro de la nueva realidad cristológica.
En Levítico 20:7, el mandamiento "consagraos" está incrustado dentro del Código de Santidad, exigiendo la separación moral y espiritual de Israel de las prácticas profanas de las culturas circundantes, como el culto a Moloc y la nigromancia. Este imperativo, *hithqaddishtem*, precede directamente la declaración, "Yo soy Jehová que os santifico", destacando una teología sinérgica donde la acción humana responde a la elección divina. La santidad en este contexto es profundamente moral, no meramente ritualista, extendiéndose más allá del santuario para permear a toda la nación y a la tierra misma. Era una preparación vital, un medio para sobrevivir a la santidad aterradora e inaccesible de Dios manifestada en el Sinaí.
La Epístola a los Hebreos vuelve a articular este requisito perdurable de santidad, pero con un imperativo intensificado y dinámico: "procurad" (*diōkō*) la santificación. Esto no es una recepción pasiva de la gracia, sino un esfuerzo activo y continuo, comparado con un atleta que corre una carrera en medio de la persecución. Para su audiencia judío-cristiana del primer siglo, que enfrentaba presión para abandonar a Cristo por la seguridad percibida del judaísmo, este llamado subrayó que el Nuevo Pacto no disminuye, sino que profundiza, la demanda de santidad. Pasando del terror distante del Sinaí a la intimidad accesible del Monte Sion a través de Cristo, los creyentes son capacitados para procurar una santidad práctica que es esencial para una comunión duradera con Dios.
En última instancia, la santificación abarca tanto un estatus posicional conferido por Dios como una condición progresiva mantenida mediante la obediencia humana. Procuramos en la práctica lo que ya poseemos en posición. Esta búsqueda no es opcional, porque la cláusula "sin la cual nadie verá al Señor" establece la santificación como un *sine qua non* para experimentar la Visión Beatífica. Al igual que Esaú, quien fue considerado "profano" por valorar la gratificación fugaz sobre la herencia eterna, la falta de santidad activa incapacita para percibir a Dios. Este compromiso continuo y activo con la santidad —rechazando la "gracia barata", asumiendo la responsabilidad corporativa e integrando la ética con la adoración— es la marca distintiva de los verdaderos creyentes, la evidencia de su ciudadanía en el reino inquebrantable de Dios, y el camino necesario hacia la gloriosa visión del Señor.
La narrativa bíblica se suspende entre dos polos de encuentro divino: el fuego aterrador e inaccesible del Sinaí y la llamada escatológica a la Sion celestial. En el corazón de esta trayectoria canónica reside el concepto de santidad (qodesh en hebreo, hagiasmos en griego), un atributo definitorio de Dios que exige un estado de ser correspondiente de Su pueblo del pacto. Este informe ofrece un análisis exhaustivo de la interacción entre dos textos seminales que sustentan esta teología: Levítico 20:7, el mandato de "santificaos" dentro del Código de Santidad del Antiguo Testamento, y Hebreos 12:14, la exhortación del Nuevo Testamento a "buscad... la santificación sin la cual nadie verá al Señor."
Estos textos no representan meramente una continuidad de la expectativa moral; articulan la tensión fundamental de la fe judeocristiana: la relación entre la agencia divina y la responsabilidad humana, el movimiento de la pureza ritual a la perfección moral, y el telos último de la criatura humana —la Visio Dei (la visión de Dios). Este análisis utiliza una amplia gama de literatura académica, estudios léxicos y comentarios exegéticos para demostrar que Hebreos 12:14 no es una llamada genérica a "ser bueno", sino una invocación deliberada e intertextual del paradigma levítico, transformado por la realidad cristológica del Nuevo Pacto.
Para comprender el peso de Levítico 20:7 y Hebreos 12:14, uno debe primero captar la crisis ontológica planteada por el Dios bíblico. Como señalan los eruditos del Antiguo Testamento, la santidad es la "naturaleza esencial de Dios", una cualidad de "otredad" que separa lo Divino del orden creado. Esta "diferencia cuántica" entre el Creador y la criatura crea una incompatibilidad letal para la humanidad pecadora. Lo "profano" (chol) no puede sobrevivir a la presencia de lo "santo" (qadosh) sin un mecanismo de mediación o transformación.
En Levítico, este mecanismo es el culto sacrificial y el Código de Santidad, que estructuran la vida de Israel para sobrevivir a la presencia de Yahvéh morando en medio de ellos. En Hebreos, el mecanismo es la mediación de Jesucristo, cuya sangre habla una "palabra mejor" que la de Abel (Heb 12:24), permitiendo a los creyentes no solo sobrevivir a la presencia de Dios, sino "verlo".
La interacción entre estos dos versículos ofrece una lente a través de la cual ver toda la historia de la redención. Levítico 20:7 establece el requisito: "Santificaos, pues." Hebreos 12:14 radicaliza el requisito: "Buscad... la santificación." El cambio del mandato estático a la búsqueda dinámica refleja el movimiento de la sombra de la Ley a la realidad del Espíritu, sin embargo, el requisito de santidad sigue siendo la condición inmutable para la comunión con Dios.
Levítico 20:7 se sitúa dentro de la unidad literaria distinta conocida en la erudición bíblica como el "Código de Santidad" (Levítico 17–26). Esta sección sigue al "Código Sacerdotal" (P) de los capítulos 1–16, que se centra principalmente en la mecánica del culto —sacrificios, el sacerdocio y la pureza ritual con respecto a las secreciones corporales y las enfermedades de la piel.
El Código de Santidad (H) representa una expansión teológica. Mientras que P se centra en la pureza del santuario, H extiende la demanda de santidad a la nación entera y a la tierra misma. El estribillo recurrente de H es la Imitatio Dei: "Seréis santos, porque yo, Jehová vuestro Dios, soy santo" (Lev 19:2, 20:7, 20:26). Esta fórmula fundamenta la ética de Israel no en principios abstractos de utilidad o ley natural, sino en el carácter de Yahvéh.
Levítico 20 sirve como la contraparte penal de las prohibiciones enumeradas en Levítico 18. Donde el Capítulo 18 enumera "No harás", el Capítulo 20 enumera las consecuencias, típicamente la pena de muerte o el "ser cortado" (karet). La ubicación del versículo 7 es estructuralmente significativa: actúa como un pivote entre las prohibiciones contra el culto a Moloc y la nigromancia (vv. 1–6) y el catálogo de perversiones sexuales e incesto (vv. 10–21).
El mandato en el versículo 7 —"Santificaos, pues, y sed santos"— es el imperativo positivo que justifica las sanciones negativas. Israel debe ejecutar al adorador de Moloc no meramente para mantener el orden social, sino porque la nación tiene una vocación de santidad que la idolatría amenaza con contaminar.
La raíz q-d-sh aparece a lo largo de las lenguas semíticas, llevando el significado primario de "separación" o "corte". Sin embargo, el debate filológico con respecto a su matiz es crítico para interpretar Levítico 20:7.
La Teoría de la Separación (Baudissin): Esta visión postula que qadosh significa esencialmente retirada de lo secular o profano. Según esta visión, Levítico 20:7 es un mandato para desvincularse de las prácticas cananeas que rodeaban a Israel.
La Teoría de la Devoción Positiva: Eruditos posteriores (Milgrom, Snaith) argumentan que la separación es meramente el método; la esencia de la santidad es "pertenecer a Dios". Ser santo es ser propiedad exclusiva de Yahvéh.
La Teoría de la Energía Cultual (Otto): La santidad es una energía dinámica y peligrosa (el mysterium tremendum) que irradia de Dios. "Santificaos" implica prepararse para soportar esta energía sin ser destruido (como lo fueron Nadab y Abiú en Levítico 10).
En Levítico 20:7, el verbo es hithqaddishtem (Hithpael/Reflexivo: "Haceos santos"). Esto se yuxtapone inmediatamente con el versículo 8: ani YHWH meqaddishkem (participio Piel: "Yo soy Jehová que os santifico"). Este emparejamiento gramatical crea una teología sinérgica de la santificación única del Código de Santidad.
Agencia Humana (v. 7): Se manda al pueblo realizar una acción sobre sí mismos. En contexto, esto se refiere a la separación de las "abominaciones" de las naciones (Moloc, médiums, incesto).
Agencia Divina (v. 8): Yahvéh se declara a Sí mismo el agente activo que hace santo al pueblo.
Esta tensión sugiere que la santidad es tanto un estatus conferido por Dios (elección) como una condición mantenida por la obediencia. La "santificación" del versículo 7 es la respuesta humana a la elección divina del versículo 8.
La ubicación específica de Levítico 20:7 arroja luz sobre la naturaleza de la "santidad" requerida. Está enmarcado por prohibiciones contra dos crímenes espirituales específicos:
1. Culto a Moloc: El "dar de su descendencia" a Moloc (Lev 20:2). Esta práctica, que probablemente implicaba el sacrificio de niños, representa la confusión máxima de categorías. Los niños son la bendición de Yahvéh (Gén 1:28); ofrecerlos a una deidad de la muerte es profanar el nombre de Dios. La santidad requiere la protección de la vida y la negativa a sincretizar la adoración a Yahvéh con los cultos de muerte de Canaán.
2. Nigromancia: Acudir a "médiums" (ov) y "espiritistas" (yidde'oni). Esto se describe como "prostituirse tras ellos" (Lev 20:6). La santidad exige exclusividad epistemológica. Israel no debe buscar conocimiento de los muertos ni del reino ctónico. Ser santo es confiar únicamente en la revelación del Dios viviente.
Así, la "consagración" de Levítico 20:7 no es una piedad abstracta. Es un rechazo violento de la epistemología (nigromancia) y la teología (Moloc) de la cultura circundante. Es una postura "contracultural" que define los límites de la comunidad.
Una contribución fundamental del Código de Santidad es la integración de la pureza ritual y moral. En el Código Sacerdotal (Lev 1–16), la "impureza" es a menudo física y amoral (p. ej., el parto, enfermedades de la piel). Sin embargo, en Levítico 20, las impurezas son crímenes morales: adulterio, incesto y maldecir a los padres.
Los eruditos debaten la relación entre estas categorías.
Milgrom y Knohl argumentan que H "moraliza" el concepto de santidad. En P, el pecado contamina el santuario; en H, el pecado contamina la tierra.
La Agencia de la Tierra: Levítico 20:22 advierte que si el pueblo no guarda los estatutos, "la tierra os vomitará". Esta personificación de la tierra sugiere que la santidad es una necesidad ecológica y cósmica. La tierra misma no puede tolerar el peso de la corrupción moral (incesto, sacrificio de niños).
Por lo tanto, Levítico 20:7 no puede ser relegado a una "ley ceremonial" que es abolida en el Nuevo Testamento. Trata con el orden moral fundamental del universo y las condiciones para habitar en la presencia de Dios. Este peso moral permite a los escritores del Nuevo Testamento recuperar Levítico 20 no como una reliquia ritual, sino como un imperativo ético vinculante.
La transición de la Biblia hebrea al Nuevo Testamento está mediada por la Septuaginta (LXX), la traducción griega del Antiguo Testamento. La elección de vocabulario de los traductores influyó profundamente en los escritores del Nuevo Testamento, incluido el autor de Hebreos.
Los traductores de la LXX usaron casi exclusivamente la raíz hagios para traducir qadosh.
Hebreo: Hithqaddishtem (Santificaos).
Griego de la LXX: Hagiasthēte (Sed santificados).
El sustantivo hagiasmos (santificación), que aparece en Hebreos 12:14, es relativamente raro en el griego secular pero se convierte en un término teológico técnico en la LXX y el NT. Denota el proceso de hacer santo o el estado de consagración.
En la LXX, hagiasmos se usa para describir la consagración del santuario y del pueblo. Lleva el peso del qodesh hebreo —separación para Dios. Cuando el autor de Hebreos usa hagiasmos en 12:14, está activando el "hipervínculo" a todo el sistema levítico de consagración. Está diciendo a sus lectores que la "santificación" requerida para ver al Señor es el cumplimiento del Hithqaddishtem de Levítico 20:7.
La Epístola a los Hebreos se dirige a una comunidad en crisis. Probablemente cristianos judíos del primer siglo, se enfrentaban a persecución, ostracismo social ("el oprobio de Cristo", Heb 13:13) y la confiscación de bienes (Heb 10:34). La tentación era "apartarse" (2:1) y volver a la seguridad y legitimidad social del judaísmo.
El autor argumenta que tal regreso es imposible porque las instituciones del Antiguo Pacto (templo, sacerdocio, sacrificio) eran meramente "sombras" de la realidad encontrada en Cristo. Volver a ellas sería apostasía —un "pisotear" deliberado al Hijo de Dios (10:29).
Hebreos 12 comienza con la metáfora de la "carrera" (agōn). Los lectores son atletas que deben "despojarse de todo peso" (12:1). El llamado a "perseguir" (diōkō) en el versículo 14 es parte de esta imaginería atlética. Implica intensidad, resistencia y una negativa a rendirse a pesar de la fatiga.
Texto: Eirēnēn diōkete meta pantōn, kai ton hagiasmon, hou chōris oudeis opsetai ton Kyrion.
El verbo es un imperativo activo presente. Manda una acción continua y habitual.
Imagen de cazador: La palabra se usa para un cazador que rastrea a su presa.
Imagen de persecución: Es la misma palabra usada para "perseguir". La ironía es palpable: mientras los lectores están siendo perseguidos (diōkō) por el mundo, ellos deben perseguir (diōkō) la paz y la santidad.
Activo vs. Pasivo: Esto refuta cualquier teología de "Déjalo ir y deja que Dios actúe". La santificación en Hebreos no es una recepción pasiva, sino una búsqueda activa. Requiere "esforzarse" (ESV) o "hacer todo lo posible" (NIV).
Los objetos gemelos de la búsqueda son "paz" (eirēnē) y "santificación" (hagiasmos).
Paz con todos: Esto probablemente se refiere a la armonía dentro de la comunidad fracturada de creyentes, y potencialmente a una postura no vengativa hacia sus perseguidores (siguiendo Rom 12:18). La división interna ("raíces de amargura", v. 15) amenaza la supervivencia de la comunidad.
Santificación (Hagiasmos): Esta es la dimensión vertical. Como se señaló en el análisis léxico, hagiasmos aquí se refiere a la "santidad práctica" o "santificación progresiva". Es el carácter que resulta de la disciplina del Padre (12:10).
La combinación invoca el Salmo 34:14: "Busca la paz y síguela". El autor de Hebreos enlaza lo horizontal (paz) con lo vertical (santidad), sugiriendo que uno no puede existir sin el otro. Una comunidad en guerra consigo misma no puede ser santa; una comunidad que se compromete con el pecado para evitar la persecución no puede tener verdadera paz.
La cláusula "sin la cual nadie verá al Señor" establece la santificación como un sine qua non de la salvación. Esto ha generado una significativa discusión teológica con respecto a la relación entre justificación y santificación.
La Visión Reformada: La justificación (declarado justo) es la raíz; la santificación (hecho santo) es el fruto. Hebreos 12:14 no implica que las obras ganen la salvación, sino que una falta de santidad prueba una falta de vida espiritual. Como señala F.F. Bruce, "La santificación sin la cual ningún hombre verá al Señor no es una condición de aceptación con Dios, sino una condición de comunión".
La Visión de la Aptitud: La santidad es la capacidad necesaria para soportar la visión de Dios. Así como un ojo enfermo no puede soportar la luz del sol, un alma no santificada no puede soportar la gloria de Dios. El cielo sería una tortura para los impíos.
El autor de Hebreos está advirtiendo contra el "antinomianismo" (anomia). Afirma que la gracia del Nuevo Pacto no rebaja el estándar de Levítico 20:7; capacita al creyente para cumplirlo.
La relación entre Levítico 20:7 y Hebreos 12:14 se entiende mejor a través del contraste de montañas presentado en Hebreos 12:18–24.
Hebreos 12:18–21 describe la escena de la entrega de la Ley: "un monte que implicaba calígine, oscuridad y tempestad". La santidad del Sinaí se caracterizaba por la distancia.
Límite: "Si aun un animal toca el monte, será apedreado" (Heb 12:20).
Reacción: "Estoy tan aterrorizado que tiemblo" (Moisés).
En este contexto, "Conságrense" (Lev 20:7) era una advertencia para sobrevivir. La santidad de Dios era un "fuego consumidor" que se desató contra aquellos que se acercaban inapropiadamente (ej., Nadab y Abiú, Coré).
Hebreos 12:22–24 presenta la realidad del Nuevo Pacto: "Pero vosotros os habéis acercado al monte Sion... a Dios, el Juez de todos... a Jesús, el mediador."
Acceso: A los creyentes no se les advierte que se mantengan alejados; se les dice que "han venido" (proselelythate - tiempo perfecto). Ya están en la presencia.
Transformación: Porque están en la presencia, la demanda de santidad se intensifica, no se relaja. El autor argumenta de lo menor a lo mayor: "Mirad que no rehuséis al que habla... porque nuestro Dios es fuego consumidor" (Heb 12:25, 29).
La "Santidad" de Hebreos 12:14 es el estilo de vida requerido de los ciudadanos de Sion. Es la realización de lo que Levítico señalaba. En Levítico, Dios habitaba en el tabernáculo, separado por cortinas. En Hebreos, Dios habita en el creyente, y el creyente habita en la ciudad celestial.
Primera Pedro 1:15–16 proporciona el vínculo explícito entre estos dos testamentos. Pedro cita Levítico: "Sino que así como aquel que os llamó es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: 'Sed santos, porque yo soy santo'".
Esta cita prueba que la iglesia primitiva consideraba el Código de Santidad vinculante para los cristianos, no como un código de ley ritual (dieta, telas), sino como una revelación del carácter de Dios. Pedro aplica el mandato "Sed santos" a "toda vuestra manera de vivir" (anastrophe).
Levítico 20:7: Conságrense (a la luz de las prácticas de Moloc/Canaanitas).
1 Pedro 1:15: Sed santos en conducta (a la luz de las antiguas pasiones/ignorancia).
Hebreos 12:14: Perseguid la santificación (a la luz del peligro de apostasía).
Los tres textos concuerdan: El carácter de Dios determina la conducta de Su pueblo. El puente de Levítico a Hebreos se construye sobre la inmutabilidad de la naturaleza de Dios.
Una tensión central en ambos textos es la relación entre la obra de Dios y la obra del hombre.
Paradoja de Levítico: "Santificaos" (20:7) seguido inmediatamente por "Yo soy el SEÑOR que os santifica" (20:8).
Paradoja de Hebreos: "Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Heb 10:14) seguido por "Perseguid... la santificación" (Heb 12:14).
Este es el misterio de la sinergia.
Santificación Posicional: Dios aparta al pueblo (Lev 20:26, Heb 10:10). Este es el Indicativo.
Santificación Progresiva: El pueblo debe vivir esa separación (Lev 20:7, Heb 12:14). Este es el Imperativo.
El mandato de "perseguir" en Hebreos se basa en el hecho de que ya hemos sido "perfeccionados" en nuestra posición. Perseguimos lo que poseemos. Llegamos a ser en la práctica lo que somos en posición.
Hebreos 12:15–17 ilustra lo opuesto a la santidad a través de la figura de Esaú. Esaú es llamado bebēlos ("impío" o "profano").
El Pecado de Esaú: Él vendió su primogenitura por una sola comida. Valoró la gratificación inmediata, física de la carne sobre la herencia futura, espiritual.
La Conexión con Levítico: En Levítico 10:10, la tarea del sacerdote es "distinguir entre lo santo (qadosh) y lo profano (chol)". Esaú no hizo esta distinción. Trató lo santo (primogenitura) como común (chol).
Para la audiencia de Hebreos, "Esaú" representa al apóstata que cambia la "primogenitura" eterna del Nuevo Pacto por la "comida" temporal de escapar de la persecución. "Perseguir la santidad" (v. 14) es negarse a ser Esaú. Es valorar la recompensa invisible sobre la comodidad visible.
La meta última de la santificación es la Visión Beatífica. "Sin la cual nadie verá al Señor."
Trasfondo del Antiguo Testamento: Ver a Dios se consideraba fatal ("No puedes ver Mi rostro y vivir", Éx 33:20). Sin embargo, los ancianos de Israel "vieron al Dios de Israel" y comieron y bebieron (Éx 24:10). Moisés vio la "forma del SEÑOR" (Núm 12:8). Los profetas vieron visiones del Trono (Is 6, Ez 1).
Cumplimiento del Nuevo Testamento: Jesús es la imagen del Dios invisible (Col 1:15). En Él, los de limpio corazón "verán a Dios" (Mt 5:8).
Realidad Escatológica: Hebreos 12:14 señala el estado final donde los creyentes verán Su rostro (Ap 22:4).
Este "ver" no es meramente óptico; es relacional y cognitivo. Es el "conocer" a Dios en Su esencia. La impiedad crea una catarata en el alma. El pecado ciega. Solo el corazón santificado tiene la claridad de visión para percibir al Señor. Así, la santidad no es una regla arbitraria; es la condición óptica necesaria para la visión de Dios.
Los matices de hagiasmos y hithqaddishtem se reflejan —y a veces se oscurecen— en las traducciones al inglés.
La variación entre "holiness" (santidad) y "sanctification" (santificación) en Hebreos 12:14 es significativa. "Santidad" puede sonar como un atributo estático, mientras que "Santificación" (hagiasmos) sugiere el proceso activo de ser hecho santo. La elección de la NASB de "sanctification" (santificación) puede captar mejor la naturaleza progresiva del griego hagiasmos en este contexto.
El análisis de Levítico 20:7 y Hebreos 12:14 revela una teología bíblica unificada de la santidad que abarca todo el canon.
El Requisito es Inmutable: Dios es santo. Por lo tanto, Su pueblo debe ser santo. Este requisito no se relaja en el Nuevo Testamento; se profundiza.
El Método se Transforma: En Levítico, la santidad se lograba a través de la separación ritual y la sangre de toros y machos cabríos. En Hebreos, se logra a través de la sangre de Jesús y la disciplina del Padre.
El Objetivo es Glorioso: Levítico apuntaba a que Dios habitara entre el pueblo en el tabernáculo. Hebreos apunta a que el pueblo habite con Dios en la Jerusalén celestial, viéndole cara a cara.
La "interacción" es una de sombra y sustancia. Levítico 20:7 proporciona el vocabulario de la santidad; Hebreos 12:14 proporciona el poder. La advertencia de Hebreos es que rechazar la sustancia (Cristo) es un crimen mucho mayor que rechazar la sombra (Moisés). Por lo tanto, la búsqueda de la santidad es la marca definitoria del verdadero creyente, la evidencia de su ciudadanía en el reino inconmovible y el camino hacia la visión beatífica.
Como concluye el autor de Hebreos: "Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con reverencia y temor, porque 'nuestro Dios es fuego consumidor'" (Heb 12:28-29). Este "fuego consumidor" es la misma Santidad de Levítico, ahora accesible a través del Mediador, Jesús.
La conexión entre estos textos sirve como un correctivo para las teologías modernas que divorcian la justificación de la santificación. Si "nadie verá al Señor" sin santificación, entonces una fe que no produce ningún cambio en el carácter es, como dice Santiago, "muerta" (Santiago 2:17). La "Gracia" de Dios (Heb 12:15) no es una licencia para pecar, sino el poder para ser santo.
Ambos textos enfatizan la comunidad. Levítico 20 advierte que el pecado contamina la tierra y al pueblo. Hebreos 12:15 advierte que una "raíz de amargura" hace que "muchos sean contaminados". La santidad no es un pasatiempo privado; es un proyecto comunitario. Se llama a los cristianos a "procurar" que nadie se quede corto, haciendo eco de la responsabilidad mutua del campamento israelita.
Levítico vincula explícitamente la "santidad" tanto con "no adorar a Moloc" (adoración) como con "no cometer adulterio" (ética). Hebreos vincula la "santidad" con la "paz" (ética) y "ver al Señor" (adoración). La verdadera santidad bíblica se niega a bifurcar la vida espiritual en "deberes religiosos" y "deberes morales". Son una misma búsqueda.
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Levítico 20:7 • Hebreos 12:14
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