Un Lugar de Reposo Que el Dinero No Puede Comprar

Aun el gorrión ha hallado casa, Y la golondrina nido para sí donde poner sus polluelos: ¡Tus altares, oh SEÑOR de los ejércitos, Rey mío y Dios mío! Salmos 84:3
Jesús le respondió: "Las zorras tienen madrigueras (cuevas) y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza." Mateo 8:20
Dr. Ernst Diehl

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Dr. Ernst Diehl

Resumen: A menudo lidiamos con ansiedades financieras, esforzándonos por una seguridad terrenal que nunca nos trae verdadero reposo. Pero nuestro verdadero "nido" no se encuentra en la riqueza acumulada, sino en el profundo sacrificio de Cristo en la cruz, que aseguró nuestra morada eterna y una paz duradera. Así que, cuando surjan las preocupaciones, reemplázalas con gratitud por Su gracia que lo ha cubierto todo y desafía tu dependencia en la seguridad material mediante la generosidad, probando tu confianza en Su obra consumada.

"¿Tendré suficiente dinero para la jubilación?" Esta pregunta persistente a menudo atormenta nuestras mentes. Pasamos años, a veces toda una vida, esforzándonos por construir un "nido de ahorro", buscando seguridad en acciones, bonos o propiedades. Pero a pesar de todo nuestro esfuerzo, el verdadero reposo nos elude. Hay aquí una profunda ironía, una verdad trascendente sobre la provisión de Dios que pone nuestras expectativas patas arriba.

Considera al humilde gorrión, que encuentra un hogar seguro cerca de los altares del Templo antiguo (Salmo 84). Incluso las criaturas más pequeñas y vulnerables encontraron refugio en la presencia de Dios. Sin embargo, siglos después, el mismísimo Arquitecto de la creación, Jesús, declaró que "las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza." ¿El Creador, menos seguro que Su creación? Esto no fue pobreza accidental; fue un deliberado anonadamiento y un viaje, un profundo acto de amor.

Jesús sabía dónde yacía Su verdadero y final reposo: en la cruz. Fue allí, en medio del sacrificio supremo, donde culminó Su incansable deambular y Su obra fue "consumada". La cruz, un lugar de juicio y muerte, se convirtió en Su extraño santuario. Y es allí, queridos amigos, donde nosotros también encontramos nuestro reposo. Nuestro verdadero "nido" no está hecho de comodidades terrenales o seguridad financiera, sino forjado en Su supremo acto de sacrificio. Su desamparo compró nuestra morada eterna; Su desasosiego aseguró nuestra paz duradera.

Entonces, ¿cómo vivimos esto? La próxima vez que sientas cómo el nudo de la ansiedad se aprieta mientras revisas tu saldo bancario o ves las noticias, detente. No te limites a alejar el miedo, reemplázalo. Usa ese momento de preocupación financiera como un detonante para agradecer a Dios que tu futuro eterno ya está completamente provisto por Su gracia. Quizás incluso desafía tu dependencia en ese "nido de ahorro" realizando un pequeño acto de generosidad esta semana, dando una parte de lo que temías perder. Prueba a tu propio corazón que tu seguridad no reside en lo que acumulas, sino en la obra consumada de Cristo.