El Rostro Indispensable

Éxodo 20:3 • Juan 14:9

Buscaba un Dios en la fría razón, Un eco abstracto, una vaga ilusión. Temía inclinarme ante un carpintero, Quería un concepto, un refugio más certero. Creí que en lo cósmico, en lo universal, Hallaría madurez, un vuelo espiritual. Pero era una huida, un velo que te oculta, Un dios sin ojos que jamás te consulta.

No es un vacío, no es un vapor, Es la presencia del Creador. El Ángel que guarda Su Nombre sagrado, Hoy frente a mí se ha presentado.

¡Si te he visto a Ti, he visto al Padre! Jesús, tu Rostro es la verdad que se abre. No busco más allá de tu humanidad, Pues en Ti se revela la divinidad. Disipa la niebla, ilumina mi andar, En tus ojos, mi Dios puedo encontrar.

El viejo mandato, con profunda verdad: No tener otros dioses, buscar Tu Realidad. No un vacío sin forma, una luz que se pierde, Sino el Ángel divino que Tu Nombre me tiende. Felipe pedía: "Muéstranos al Padre", Y Tú te señalaste, sin nada que evadir. No al cielo lejano, ni a dogma sin fin, Sino a la carne y al alma en Ti.

Parece tan simple, quizás aterrador, Hablar contigo, no un concepto, sino un Salvador. Dejar la carga de teologías complejas, Y ver en Tus rasgos las promesas anejas. El vasto Creador, lo inmenso, lo velado, Se hizo visible en Ti... mi amado.

¡Si te he visto a Ti, he visto al Padre! Jesús, tu Rostro es la verdad que se abre. No busco más allá de tu humanidad, Pues en Ti se revela la divinidad. Disipa la niebla, ilumina mi andar, En tus ojos, mi Dios puedo encontrar.

En Ti, Jesús, en Ti, Mi Dios se muestra a mí. Ya no hay niebla, ya no hay velo... Solo Tu Rostro... mi eterno cielo.