
Autor
Alberto González Muñoz
Resumen: El cansancio es un problema humano comĂşn y puede ser más que fĂsico, puede aniquilar nuestros deseos de vivir. Las situaciones recurrentes pueden ser compañeros inseparables de nuestra vida y provocar cansancio. Las palabras de JesĂşs en Mateo 11:28-29 nos ofrecen consuelo y descanso para nuestras almas. Unirse a Cristo hace que la vida sea más fácil y reposada.
Un gran problema humano contemporáneo es el cansancio. "QuĂ© cansado o cansada estoy" repiten muchas personas todos los dĂas. Otros simplemente dicen: "No aguanto más" y hay otra frase que escuchamos con frecuencia: "Que va, asĂ, no hay quien pueda".
Todas estas expresiones denotan que quien las dice está al borde de sus fuerzas. El cansancio más grave no es el fĂsico. Por más extenuada que estĂ© una persona, una noche de sueño, o a veces simplemente un buen baño nos hacen sentir como nuevos. Hay otro cansancio que no desaparece tan fácilmente. Se acumula un dĂa tras otro y al despertar cada mañana nos parece que tenemos por delante una montaña inaccesible, imposible de escalar. ÂżTe has sentido alguna vez asĂ?
Tal cansancio tiene la caracterĂstica de aniquilar nuestros deseos de vivir. Y con frecuencia lo logra independientemente de nuestras condiciones fĂsicas, econĂłmicas o del lugar donde vivamos. Las personas se cansan —aunque a veces acostumbramos a pensar que no— en todas las partes del mundo. Ya sea que vivas en La Habana, Nueva York, Buenos Aires o en cualquier ciudad de Europa, el cansancio que destruye el ánimo y nos paraliza es universal. Lo provocan situaciones recurrentes que, ya sean familiares, sociales o personales, no solo escapan a nuestro control, sino que se constituyen compañeros o compañeras inseparables de nuestra vida.
“Todos los dĂas es lo mismo”, me decĂa hace poco un hombre desesperado por una situaciĂłn familiar a la que Ă©l, tras muchos años de esfuerzos y buenas intenciones no le veĂa soluciĂłn. Yo escuchaba sus palabras y observaba la casa donde vivĂa. AllĂ habĂa todo lo necesario para una vida cĂłmoda, libre de preocupaciones y aun mucho más. Si fuera por dinero, este hombre podĂa resolver el problema que le afligĂa. Pero Ă©l añadiĂł: “Mi vida es en un infierno y estoy cansado, muy cansado”.
Lo irĂłnico es que quienes lo conocen piensan que Ă©l tiene una vida envidiable, exitosa y sin problemas. Hago esta historia para que mis lectores comprendan que estar cansado hasta el punto de no creer tener más fuerzas es una experiencia comĂşn. Si te sientes asĂ, te aseguro que no estás solo o sola en este mundo. Todos, con demasiada frecuencia, solemos sentirnos de esa manera.
Es por ello que las siguientes palabras de JesĂşs parece que nos acarician: Venid a mĂ todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os harĂ© descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mĂ, que soy manso y humilde de corazĂłn; y hallarĂ©is descanso para vuestras almas. Para ti y para mi son palabras muy consoladoras. En un mundo en el que constantemente vivimos en guerra contra muchas situaciones y personas que nos agreden, ¡quĂ© bueno es saber que nuestro Señor es manso y humilde de corazĂłn y está dispuesto a dar descanso y paz a nuestras almas!
Muchos no creen que el yugo de Cristo sea fácil, tal como dice el texto, pero todos aquellos que lo hemos probado sabemos que es cierto. La vida es mucho más fácil —y más reposada— cuando estamos unidos a Cristo.
¡Dios les bendiga y les guarde!