
Resumen: Alberto I. González Muñoz es un pastor cubano con más de 40 años de experiencia. Ha presidido la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental y ha escrito varios libros sobre temas cristianos. Su programa radial "Mensajes de Fe y Esperanza" es muy popular en Cuba y América Latina. Vive en La Habana con su familia.
Alberto I. González Muñoz nació en Cárdenas, Provincia de Matanzas, Cuba. Ha sido pastor por más de 40 años en Cuba. Presidió la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental de 2002 al 2007. Escritor de varios libros, entre ellos: Y vimos su gloria, Vivir la Fe, Vivir la Santidad, Vivir la Iglesia, Vivir contracorriente, Vivir la Sexualidad, Vivir el Ministerio y otros. Su programa radial "Mensajes de Fe y Esperanza" de Radio Transmundial es escuchado diariamente por cientos de cristianos en Cuba y en toda América Latina. Vive en La Habana con su esposa e hijos.
La Palma Real es un árbol alto y majestuoso en Cuba, pero su altura también lo hace vulnerable a las descargas eléctricas y huracanes. Se cree que los cubanos se parecen a la palma real en su arrogancia y falta de humildad. La arrogancia y la tozudez no son buenas para una vida exitosa, y la Biblia enseña a tener un concepto equilibrado de uno mismo y a reconocer las virtudes de los demás. La soberbia lleva a la deshonra, mientras que los humildes encuentran sabiduría.
El nombre de Judas ha desaparecido del mundo debido a la traición de Judas Iscariote hacia Jesús. Aunque su nombre significa "alabanza de Dios", nadie se atreve a usarlo debido a su connotación negativa. La mayor traición de Judas fue la que hizo a su propia alma al no arrepentirse y pedir perdón por su error. Muchos siguen su camino al escuchar el evangelio pero pensar que no hay esperanza para ellos. Sin embargo, Dios siempre está dispuesto a perdonar y restaurar a los corazones arrepentidos.
A veces Dios no responde a nuestras oraciones y no debemos pensar que podemos dar órdenes a Dios. La oración no es una varita mágica. A veces lo que pedimos no es lo que necesitamos y Dios nos protege al no concedernos lo que pedimos. Debemos confiar en que Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Pablo aprendió a vivir con su sufrimiento y nosotros también podemos hacerlo.
La esperanza es un estado de ánimo en el que asumimos como posible lo que deseamos o necesitamos. La fe y la esperanza van de la mano y son necesarias para lograr nuestros objetivos. Aunque no siempre recibimos lo que pedimos, tener esperanza nos ayuda a propiciar circunstancias favorables y mantener una actitud propicia. La presencia de Dios es suficiente, aun en los momentos más difíciles.
Sí, Dios tiene el poder de sanar todas las enfermedades, pero no siempre ocurre un milagro de curación. Debemos respetar la soberanía de Dios y no culpar a los enfermos por falta de fe. Además, Dios tiene el poder de fortalecernos y darnos paz en momentos difíciles, incluso en la muerte, que para el creyente en Cristo es un encuentro con Dios. Eso es lo más maravilloso que puede sucedernos.
La fe en Jesucristo puede aportar mucho a la vida, pero solo se puede confirmar a través de la experiencia personal. En la Biblia, Jesús curó a un ciego de nacimiento y sus enemigos se negaron a aceptar el milagro. A pesar de las dudas de los demás, el hombre sanado afirmó que Jesús le había abierto los ojos. Muchos niegan la eficacia de la fe cristiana, pero debemos orar por ellos y reflejar el amor de Jesús en nuestras vidas.
Sí, se puede vivir sin fe y hay personas que son ateas o agnósticas. La Biblia enseña que Dios existe y puede ser conocido por los seres humanos. La naturaleza también habla de Dios y su creación nos insta a buscarlo. Jesucristo es la suprema revelación de Dios y vino para que todos pudiéramos conocer al Padre. Todos podemos conocer y relacionarnos con Dios por medio de Jesucristo.
En Cuba ha habido una revolución espiritual en los últimos años, con un aumento significativo en el número de personas que practican la religión. Esto ocurre sin la ayuda de la propaganda mediática y se ha visto un entusiasmo y fervor desbordante en las iglesias. El Espíritu Santo está obrando en la isla de una manera como nunca antes se había experimentado. Los años en que las iglesias cubanas estuvieron vacías quedaron atrás. Hoy vemos a muchos regresar a la fe junto a otros tantos que reconociendo su necesidad de Dios, arrepentidos, hoy le buscan con ansias.
Durante el período especial en Cuba, una turista portorriqueña se quedó en casa de una familia cubana durante una semana. A pesar de la falta de alimentos, la familia la atendió como uno más y Dios proveyó todo lo necesario. Al día siguiente de su partida, la turista se sorprendió al ver que la despensa y la nevera de la familia estaban vacías. La familia le explicó que confiaban en Dios para proveerles, lo que la sorprendió ya que ella, a pesar de tener su despensa llena, vivía preocupada de que le faltara algo. Los cristianos saben que Dios provee para sus necesidades.
No debemos magnificar los problemas menores en nuestra vida y debemos aprender a catalogarlos desde una perspectiva realista. Las personas que se relacionan con nosotros respetarán y valorarán nuestra inteligencia emocional cuando nuestros sentimientos y reacciones se correspondan con los problemas en que estamos envueltos. Aceptar y resolver las pequeñas dificultades con naturalidad y buen ánimo nos prepara para enfrentar las grandes pruebas que a todos llegan. Las pruebas debemos utilizarlas como oportunidades para adquirir experiencia y espiritualidad. Dios nos ayuda a enfrentar y vencer los males menores y mayores.
Un pastor visitó a una anciana quejosa y le recordó las bendiciones que tenía en su vida en lugar de centrarse en sus dolencias. La anciana se dio cuenta de que estaba mejor que el joven pastor y terminó sonriendo. La moraleja es valorar las muchas bendiciones que tenemos en la vida.
La Biblia enseña que un día todo tendrá su fin, pero no necesitamos preocuparnos por los detalles y fechas de los acontecimientos. Lo más importante es vivir una vida piadosa, ya que no siempre estaremos en la tierra y queremos ser recordados con gratitud por nuestra influencia y presencia entre los demás.
Las aflicciones son inevitables en la vida, pero es importante mantener la esperanza y confiar en que las circunstancias mejorarán. Cruzarse de brazos y regodearse en la magnitud del problema es paralizante, en cambio, debemos enfrentar los problemas con sabiduría y sensatez. El Señor Jesús nos enseña a confiar en Él y que detrás de la tormenta viene la calma. La fe en Dios es la victoria que nos permite vencer al mundo.
El autor tuvo una conversación con un desconocido en un ómnibus, y descubrieron que habían asistido a la misma escuela y a la misma iglesia en su juventud. El desconocido compartió que esa fue la época más feliz y dulce de su vida, pero después abandonó su fe y todo cambió. El autor le recordó que nunca es tarde para volver a Dios y le animó a intentarlo de nuevo. El autor nos anima a orar por todas las personas que se encuentran en la misma situación, ya que muchas personas han regresado a su fe después de muchos años de lejanía y apatía espiritual.
Hay muchas opciones disponibles para atender nuestras necesidades espirituales, pero algunos caminos pueden llevar a la perdición. No siempre el camino más corto es el mejor, ni el más disfrutable. La única forma de crecer espiritualmente es obedecer fielmente las enseñanzas de la Biblia y seguir a Jesús.
La Biblia habla del juicio de Dios y que todos tendremos que presentarnos ante Él para rendir cuentas de nuestras vidas. Es aterrador, pero Dios ha provisto un medio para estar preparados a enfrentar ese juicio sin temor: la fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y nos ofrece la vida eterna. Al recibir su perdón, el temor al juicio final desaparece. ¡Dios les bendiga!
El arrepentimiento es reconocer que hemos tomado un camino equivocado y decidir virar atrás. A pesar de que algunas personas se niegan a reconocer errores y pecados, todos necesitamos arrepentirnos en algún momento. Dios manda a todos los hombres a que se arrepientan porque es la única forma de arreglar nuestros errores y recibir su perdón y ayuda. Mantener un espíritu rebelde y negar nuestros errores solo nos lleva a la dureza de corazón y amargura. Todo cambia cuando nos arrepentimos y pedimos perdón.
El autor admite que ha visto al ejército cristiano maltratar a los heridos, lo cual es una crítica justa. Cuenta la historia de una joven que fue abandonada después de caer en una tentación sexual y cómo su familia cristiana la rechazó en vez de ayudarla. El autor dice que debemos tratar a las personas que caen con amor y misericordia, y que aunque pueda ser necesaria alguna acción disciplinaria, ésta siempre debe ser generosa y restauradora. Cuenta otra historia de un joven que confesó su pecado a sus padres y cómo ellos le recibieron con amor y le ayudaron a rectificar su vida. El autor pregunta si podemos hacer lo mismo con nuestros hermanos que caen.
La Biblia nos advierte que todos podemos caer y debemos mantenernos humildes y cerca de Dios para evitarlo. Incluso los cristianos que han sido fieles por muchos años pueden caer si no mantienen su humildad y dependencia del Señor. Debemos recordar la historia del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y mantenernos vigilantes. La fuerza para seguir siendo fieles viene de la dependencia del Espíritu Santo.
La vida cristiana no siempre es fácil y los nuevos creyentes pueden experimentar altibajos. Pedro, un discípulo fiel, traicionó al Señor pero Jesús lo perdonó y lo invitó a seguir sirviendo. Si caemos en pecado, debemos aferrarnos al amor por el Señor y mantenernos en el camino, confiando en el Espíritu de Dios para ayudarnos a seguir adelante.
Un nuevo creyente que había experimentado una gran transformación en su vida, cayó en una conducta antigua y se sintió miserable. Pensó que su profesión de fe era falsa y que no era digno de estar en la iglesia. El pastor le explicó que su tristeza era la evidencia de que ahora era un verdadero cristiano y que necesitaba el aliento y la ayuda de sus hermanos en la fe para seguir adelante en su proceso de crecimiento espiritual. La caída no tiene que significar el final si la tristeza nos confirma que tenemos una nueva manera de pensar.
Cambiar nuestra conducta no es fácil, pero es posible al buscar a Dios y arrepentirnos de nuestros pecados. La conversión puede ser un proceso largo o un momento repentino de decisión. Recibir el Espíritu Santo es el resultado de entregarnos a Dios, pero el proceso de transformación es largo y durará toda la vida. No debemos desanimarnos cuando enfrentemos dificultades en el camino, ya que Dios seguirá perfeccionando su obra en nosotros.
En un pequeño pueblo cubano, una mujer viuda era despreciada y criticada por su necesidad de compañía. Pero cuando ella aceptó a Cristo, experimentó un cambio radical en su vida y se convirtió en una misionera. Si estás pasando por una situación similar, invoca la ayuda y el perdón de Dios y prueba su camino, que es el único que trae paz y esperanza.
Es posible abandonar costumbres y hábitos dañinos, y la Biblia enseña que tal transformación es posible y puede ser tan radical y definitiva que la experiencia es llamada "nacer de nuevo". Muchas personas han iniciado un proceso que les conduce a vivir una vida diferente al arrepentirse de sus pecados y aceptar a Cristo. Nunca permitas que el paso del tiempo te haga olvidar todo lo que Cristo ya ha hecho en ti.
Ir a la iglesia y tener una relación con Dios son cosas diferentes. Algunas personas asisten a la iglesia para tranquilizar su conciencia, pero no se preocupan por su conducta después. En Cuba, más personas asisten a la iglesia, pero algunos pueden declararse cristianos sin entender realmente lo que significa. Ser un cristiano auténtico implica haberse arrepentido de los pecados y aceptar a Cristo como salvador personal, y estar dispuesto a experimentar un cambio en la conducta y hábitos. El proceso de aprendizaje es lento, pero el deseo de agradar a Dios y repudiar lo que nos alejó de él es la mayor evidencia de una conversión verdadera.
Después de su conversión, Saulo de Tarso experimentó una gran necesidad de cambiar su vida y aprender de otros, incluso de aquellos con menos preparación religiosa que él. La entrada del Espíritu de Dios en nuestro corazón produce una paz inefable, pero también una disposición para cambiar nuestra conducta y hacer la voluntad de Dios. La vida nueva es la única evidencia de que somos verdaderamente de Cristo.
La separación familiar es un gran problema para muchas personas, incluyendo a los cubanos y otras nacionalidades. La distancia puede ser desgarradora y no siempre hay un feliz reencuentro. Sin embargo, afianzar nuestra relación con Dios puede ayudar a llenar el vacío afectivo que sentimos y proveer consuelo, esperanza y fortaleza. Dios nunca nos abandona y siempre está con nosotros.
Para lograr una verdadera relación con Dios no es necesario ir a la iglesia, aunque es bueno hacerlo. Es necesario acercarse a Él, buscarlo y solicitar su atención para con nuestra vida. Podemos encontrar a Dios por medio de Jesucristo, quien murió por nuestros pecados. Podemos conversar con Él, experimentar su perdón y su presencia dondequiera que estemos en cualquier momento.
La sociedad contemporánea enfatiza demasiado el valor de la realización personal, lo que hace que las personas sean egoístas. Los creyentes deben recordar que ayudar al bienestar de quienes nos rodean causa la mayor satisfacción. Debemos comportarnos de manera que aminoremos la peligrosidad del mundo, haciendo que los que están a nuestro alrededor se sientan amados, comprendidos y valorados.
Una pareja visitó la casa de unos amigos evangélicos en el extranjero y quedaron impresionados por su majestuosidad y diseño. Sin embargo, los amigos habían perdido a su hijo mayor hace unos meses y sabían que no había nada que pudiera reemplazarlo. El dueño de la casa enfatizó que lo más importante eran los hijos y el ministerio, no las posesiones materiales. Es importante centrarse en los verdaderos tesoros de la vida, aquellos que son inmateriales y llenan nuestra vida de satisfacción. La fe y la paz de Dios son más importantes que cualquier cosa material.
La vida del hombre no se trata de la cantidad de bienes que posee, sino de encontrar el propósito para el cual Dios lo creó. La riqueza material no satisface las ansias espirituales del alma humana. La biografía de la Madre Teresa de Calcuta es un ejemplo de cómo se puede ser inmensamente feliz viviendo sencillamente y entregando amor y cuidados a los menos afortunados. Debemos abandonar el egoísmo intransigente y buscar cumplir con nuestro propósito divino para sentirnos felices y satisfechos.
No tener todo lo que deseamos no debería ser motivo de infelicidad, ya que la calidad de vida no depende de las posesiones. Es importante encontrar un balance entre vivir una vida digna y confortable sin caer en la sobrevaloración de lo material o económico. Jesús enseñó que debemos hacer tesoros en el cielo fortaleciendo nuestro espíritu y tomando decisiones sabias. Centrar nuestra vida en el dinero o las posesiones solo logra volvernos más avariciosos. Fuimos creados para algo más que llenarnos de bienes materiales, fuimos creados para Dios y solo una relación profunda con Él puede llenar nuestro corazón.
Rosa fue una creyente activa en su juventud, pero se alejó de la fe cuando se casó con un incrédulo y se convirtió en maestra. Maltrataba y discriminaba a los cristianos en su escuela. Después de la muerte de su esposo, se dio cuenta de que su vida estaba vacía y que en realidad admiraba a los cristianos, pero no había sido capaz de mantenerse fiel. Un día, entró llorando al templo y volvió a consagrar su vida al Señor. Fue recibida en la congregación y disfrutó de la comunión con los hijos e hijas de Dios. Aprendió que el perdón de Dios es amplio y recibe a todo el que le busca.
Las historias de mi padre y José, ambos ateos en su juventud y luego regresando a la fe en su vejez, podrían explicarse como un conflicto interior que intentaron calmar encontrando razones para su incredulidad. Sin embargo, creo que también hubo indicaciones de un cambio en su pensamiento y acciones que se manifestaron en la intimidad. Quiero animar a las personas en situaciones similares a no esperar tanto para iniciar su camino de regreso a Dios, y a orar por ellos.
La historia de José, un hombre que abandonó la fe en su juventud pero que en su vejez encontró paz en una iglesia que visitaba semanalmente. Aunque no está claro si experimentó una conversión o un retorno a su fe de la niñez, su amor por el Salmo 23 y su sonrisa al recitarlo sugieren que su fe renovada fue legítima. El autor reflexiona sobre los misterios de la fe y la salvación, aceptando que solo Dios conoce la mente y los caminos de cada persona.
La creencia en Dios no afecta el valor que una persona tiene ante él. Dios muestra su misericordia infinita a todos los que deciden buscarlo y seguirlo, sin importar su vida pasada o creencias anteriores. Él puede darles un corazón y un espíritu nuevo, una nueva manera de ver y sentir la necesidad de Dios. Buscar a Dios es gratuito y satisfactorio, a diferencia de gastar dinero en cosas temporales. Dios es misericordioso y perdonador.
El autor cuenta una experiencia en la que se encontraba en una situación difícil y desesperada en la que pidió a Dios la muerte. Sin embargo, al día siguiente descubrió que tenía fuerzas para seguir adelante y recordó un pasaje bíblico que le dio esperanza. Años después, se da cuenta de que Dios fue generoso al no conceder su petición y le dio muchas bendiciones y experiencias felices. El autor anima a aquellos que sufren a clamar a Dios con todas las fuerzas de su alma, ya que Dios tiene recursos insospechados para ayudar y bendiciones sin límites para derramar.
No debemos despreciar ni juzgar a las personas que no comparten nuestra fe o pertenecen a otra religión. Jesús fue compasivo y generoso con aquellos que se acercaron a él, sin importar su pasado o creencias. Debemos mostrar comprensión y compasión hacia quienes viven esclavos de sus pecados y hacerles sentir cuánto Dios les ama. Nuestra misión es presentarles el Salvador y hacerles sentir, al compartirles el mensaje del evangelio, cuánto Dios les ama. Dios no hace acepción de personas y su amor es capaz de satisfacer nuestros más profundos anhelos.
Cuando nos enfrentamos a situaciones frustrantes, es importante recordar que la vida continúa y que las circunstancias pueden cambiar. No debemos rendirnos y debemos tener fe y esperanza en que habrá soluciones posibles a nuestros problemas, aunque no las veamos en el momento. La historia de Elías en la Biblia es un ejemplo de cómo nuestra visión limitada de la realidad puede impedirnos ver las posibilidades divinas. Debemos confiar en Dios y esperar para ver lo que puede suceder en el futuro.
La soledad es uno de los grandes problemas de la vida moderna, a pesar de vivir en la era de las comunicaciones. Cada vez más somos presa del individualismo y la búsqueda de la propia satisfacción personal. Sentirnos solos muchas veces depende de nosotros mismos y de la forma en que nos relacionamos con otros. Es importante mantener una relación cálida y constante con quienes nos rodean, y no caer en la tentación de aislarnos o encerrarnos. Además, buscar a Dios es un remedio rápido y a la mano para la soledad, ya que Él es una fuente inagotable de amor y fortaleza. Es hermoso y consolador saber que Dios siempre está ahí, solo al alcance de una oración.
La amargura puede llenar nuestro corazón si nos enfocamos en nuestros problemas y frustraciones. La amargura no depende de situaciones externas sino de nuestra actitud. Cuando vemos a otros triunfar mientras nosotros sufrimos, debemos enfocarnos en nuestra relación con Dios y contemplar su grandeza en lugar de envidiar a los demás. Contar las obras de Dios es el mejor antídoto para la amargura.
Perder la fe en momentos difíciles puede añadir dolor y frustración a una situación ya complicada. La anciana inválida en la historia demostró una fe increíble en Cristo, lo que le permitió mantener un buen carácter y una fortaleza a pesar de su situación difícil. La fe puede lograr milagros y nos permite ver la gloria de Dios en los problemas de la vida. Jesús nos anima a tener fe y a no amedrentarnos.
El cansancio es un problema humano común y puede ser más que físico, puede aniquilar nuestros deseos de vivir. Las situaciones recurrentes pueden ser compañeros inseparables de nuestra vida y provocar cansancio. Las palabras de Jesús en Mateo 11:28-29 nos ofrecen consuelo y descanso para nuestras almas. Unirse a Cristo hace que la vida sea más fácil y reposada.
La soledad es la falta de relación significativa con personas que deseamos tener a nuestro lado. A veces, estas personas se alejan de nosotros, creando un vacío afectivo. La emigración también separa a las familias y causa dolor. Sin embargo, Dios siempre está disponible y desea tener una relación constante con nosotros. Incluso si nos alejamos de Él, podemos arrepentirnos y restaurar nuestra relación con Él a través del perdón. Él siempre tiene los brazos abiertos para nosotros.

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