Padre, hágase Tu Voluntad porque yo soy un mero siervo Tuyo

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: La actitud de total humildad y entrega al Señor es el punto de partida para la bendición más extrema. Debemos reconocer que no somos nada ante Dios y que Él puede hacer lo que quiera con nosotros. Nuestra postura debe ser como la de un vaso en manos del alfarero, totalmente a la disposición de nuestro Señor. Cuando internalizamos esta actitud, permite que Dios haga todo lo que Él quiere en nuestra vida. Debemos orar para que se cumpla la Voluntad de Dios en nuestra vida y estar siempre a Su disposición. En esa actitud hay gran dignidad y gran poder.

El Señor no se aferró a su condición privilegiada sino que se despojó de ella y se hizo como un hombre, y no solamente cualquier hombre sino un doulos, un esclavo de Dios, del Padre, hacer la Voluntad del Padre, y fue obediente. ¿Hasta qué punto fue obediente?

Hasta el punto de ascender a la cruz y morir la muerte de un pecador aunque Él era perfecto en todos Sus caminos y Su carácter, pero hasta ese nivel llegó la sujeción, la entrega total de Jesús a la Voluntad de Su Padre, y Pablo dice: esa debe ser la misma actitud que debe haber en cada uno de ustedes también, una actitud de total entrega al Señor.

Es interesante también en ese pasaje de Filipenses capítulo 2 que acabo de citar que, como hemos dicho antes, esa postura de total fragilidad, total entrega al Señor, total disposición a lo que Dios quiere hacer en nuestra vida que nos lleva a este punto de ser casi como esclavos de Dios es el punto de partida para la bendición más extrema también, para la dignificación del hombre y la mujer de Dios. Hasta que no nos humillamos hasta el fondo no podemos ser levantados hasta la cúspide.

En Filipenses capítulo 2, después que Pablo nos dice que el Señor se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, en el versículo 9 de Filipenses 2 fíjese lo que dice: "Por lo cual también Dios le exaltó hasta lo sumo y le dió un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre."

Vemos entonces como decíamos antes, que cuando el Señor se humilla hasta el punto de experimentar una muerte vergonzosa y terrible, por esa razón dice: "por lo cual Dios", por esa razón de humillarse hasta ese punto y de constituirse en un mero esclavo de Dios, Dios lo exalta y le da un nombre que es sobre todo nombre, Dios lo exalta dice hasta lo máximo, hasta lo sumo, hasta el punto de que toda rodilla debe doblarse ante la majestad y el Señorío de Cristo, y toda lengua llegue a confesar que Jesucristo es el Señor para gloria última de Dios Padre.

Y esa es la misma trayectoria que ha de seguir todo hijo de Dios. Primero, una humillación total, un reconocimiento de que no somos nada ante Dios, de que le debemos todo a Dios, de que no tenemos ningún derecho para demandarle nada a Dios ni protestar ante Dios por nada que Él quiera hacer en nuestras vidas, porque después de todo y eso es lo que tenemos que entender, Dios puede hacer lo que a Él le dé la gana con nosotros y en nosotros.

Pablo en otro pasaje dice: "¿No tiene un alfarero derecho a coger una masa de barro y si no le gusta el resultado de un vaso que está haciendo simplemente coger ese vaso, y mientras la arcilla está maleable hacerlo una bola de barro, y entonces hacer otra vasija si él quiere?" La respuesta: evidentemente, claro que tiene derecho. Y Pablo dice: bueno, así somos nosotros también. Somos como vasijas en manos del alfarero y Dios puede hacer de nosotros lo que Él quiera.

Muchas veces cantamos así mismo ese coro que dice: "Yo quiero ser, Señor, amante, como el barro en las manos del alfarero. Toma mi vida y hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo." Cantamos eso pero no entendemos lo que estamos diciendo.

Esa idea está basada en la otra idea de que somos siervos totalmente a la disposición de nuestro Señor. Él tiene todo derecho en nuestras vidas, Él nos puede pasar a través de cualquier experiencia que Él quiera, Él tiene derecho a formarnos en la manera que Él quiera, y nosotros jamás debemos amargarnos contra Dios porque no nos dió algo que queríamos o nos dió algo que no queríamos. Nuestra postura debe ser como la de Job en el Antiguo Testamento que dice cuando le quitan a sus hijos, le quitan su riqueza, su salud, dice: Hey, Dios dió, Dios quitó, sea glorificado el Nombre del Señor. Y le dice a su mujer: hey ¿aceptaremos solamente las cosas buenas de Dios y no las cosas malas? la idea es que tenemos que aceptar todo lo que venga de la Mano de Dios.

Entonces esta idea de ese dueño de nuestras vidas que nos usa como Él quiere y que no tiene que darnos cuentas de nada de lo que Él hace ni tiene ni siquiera que darnos las gracias por lo que hacemos, y que nuestra postura debe ser: hey, todo lo que yo hago lo hago porque esa es mi situación, esa es mi condición y Dios no me debe nada a mí ni yo tengo derecho de cuestionar o demandar a Dios, yo simplemente soy un instrumento en Sus manos, esa actitud cuando nosotros la internalizamos y la hacemos el punto de partida en toda nuestra vida y de todo lo que hacemos, cuando esa actitud está como trasfondo de nuestra consciencia y de nuestra vida cristiana esa actitud es tremendamente poderosa porque entonces permite que Dios haga todo lo que Él quiere hacer en nuestra vida.

Y ese es el sentir de toda la Escritura, y ese debe ser nuestro propio sentir también. Padre, cúmplase Tu Voluntad en mi vida. Cuando vengan las pruebas, cuando vengan las tribulaciones Señor, yo estoy a Tu disposición. Si eso es lo que Tú quieres de mí, sea Tu Nombre glorificado. Si yo quiero vivir un tipo de vida y por alguna razón no se da eso y he orado a Ti, y te he pedido, y no se me da lo que yo he querido, Padre, hágase Tu Voluntad porque yo soy un mero siervo Tuyo, soy una mera creación Tuya y ya Tú me redimiste con la preciosa sangre de Jesucristo, y eso es más que suficiente para mí. Todo lo demás es secundario y yo debo estar totalmente entregado a Tu Voluntad.

Quiera Dios que esa sea la actitud poderosa que gobierne nuestras vidas, en esa actitud hay gran dignidad y gran poder. Y en nuestra próxima meditación voy a tomar otro pasaje más, esta vez del apóstol Santiago, que nos invita a de nuevo, tener siempre en cuenta: yo no me gobierno a mí mismo, Dios tiene total señorío sobre mi vida. Dios te bendiga y hasta nuestra próxima meditación.