Pablo Taylor

Pablo Taylor

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¿Eres Tu Parte del Ejército de Dios?

Somos la iglesia de Cristo no solo el domingo, sino también de lunes a sábado. Dios nos creó con propósito, nos dio dones y nos ubicó estratégicamente para llevar los valores del Reino a nuestros trabajos, comunidades y estructuras sociales. Por eso debemos abandonar la mentalidad de impotencia, escuchar personalmente a Dios y obedecerlo: la oración es indispensable, pero nuestras acciones también hacen la diferencia.

El trabajo no es una maldición ni una actividad ajena al ministerio. Cuando hacemos aquello para lo cual fuimos creados, nuestro trabajo se convierte en servicio y adoración. Carpinteros, empresarios, educadores y otros trabajadores pueden actuar bajo la unción de Dios, resolver problemas reales, hablar de manera comprensible y transformar el ambiente donde están. No basta con señalar la oscuridad como un termómetro; debemos ser termostatos que cambien la cultura.

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¿Eres un Guerrero en el Ejército de Dios?

No somos simplemente personas que asisten a una gran iglesia los domingos; por medio de Cristo, somos llamados a ser la Iglesia cada día. Dios creó a cada uno de nosotros con un propósito, y nuestra profesión, nuestros dones y nuestras responsabilidades cotidianas pueden convertirse en ministerio y adoración cuando hacemos aquello para lo que él nos creó. El trabajo en sí no es la maldición, sino que fue establecido antes de la caída como cooperación con Dios: servicio, cultivo, adoración y custodia fiel.

La oración sigue siendo esencial, pero debe llevarnos a escuchar a Dios, obedecerlo y actuar con confianza en la autoridad que se nos ha dado por medio de Cristo. En lugar de apartarnos de la sociedad o limitarnos a describir su oscuridad, debemos entrar en sus lugares de trabajo, escuelas, empresas, instituciones gubernamentales, artes y medios de comunicación como personas capacitadas para resolver problemas y transformar el ambiente espiritual. Nuestro lenguaje debe ser comprensible, nuestra conducta auténtica y nuestro servicio sensible a las necesidades reales. Dondequiera que Dios nos haya puesto, incluso cuando resulte incómodo, podemos reconocer el propósito divino, llevar su presencia y avanzar como su pueblo ungido. Debemos cambiar nuestra manera de pensar, rechazar la insignificancia y la desesperanza, y levantarnos como el ejército de Dios para llevar su reino a la vida cotidiana.

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Profecía para la Congregación León de Judá y el Dr. Miranda

Dios llama a la congregación León de Judá a ampliar su visión: no basta con asistir a la iglesia; hemos sido llamados a ser la iglesia, edificar el Reino y alcanzar personas tanto en el ministerio congregacional como en el trabajo. Frente al reino de Saúl, imagen de una religiosidad que busca agradar al hombre y carece de poder, se levanta un orden davídico de adoración, fe, autoridad y conquista espiritual. Antes de llegar a Jerusalén debemos pasar por Hebrón, lugar de compañerismo y fe unida, reconociendo que juntos podemos hacer más.

Esta unción exige responsabilidad, valentía y confianza en lo que Dios declara, no en sentimientos ni etiquetas humanas. Dios libera cinco recursos para avanzar: guerreros, sacerdotes adoradores e intercesores, sabiduría para discernir los tiempos, personas convertidas en armas eficaces y abundancia entendida también como influencia estratégica. Sin embargo, no debemos alegrarnos por el fracaso de otras iglesias o de nuestros enemigos, sino llorar con misericordia. La congregación debe reconocer, sostener y proteger en oración a sus pastores, trabajando como un solo cuerpo para tomar territorio y cumplir un propósito mayor que cada individuo.

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Profecía para la Congregación León de Judá y la Dra. Miranda

Dios llama a León de Judá a ampliar su visión, hacer lugar para un ministerio mayor y extender su alcance más allá de las reuniones de la iglesia, hacia el ámbito laboral y las naciones. No somos llamados simplemente a ir a la iglesia, sino a ser la iglesia, edificando el reino de Cristo con lo que él ya ha provisto. Así como Judá reconoció a David en Hebrón, la congregación debe unirse en comunión y fe, reconocer y apoyar a sus líderes, y asumir su responsabilidad de vencer la oposición y conquistar territorio espiritual. Esta confianza no se basa en sentimientos ni en opiniones humanas, sino en la palabra y el poder de Dios.

La iglesia davídica se contrapone al reino religioso de Saúl: la relación viva, la adoración y el poder reemplazan las formas vacías y el deseo de agradar a la gente. Sin embargo, no debemos celebrar el fracaso de otras iglesias ni el de nuestros enemigos; la misericordia nos llama a lamentar lo que podrían haber llegado a ser. Dios está liberando cinco provisiones para la obra venidera: guerreros; adoradores e intercesores; sabiduría para discernir los tiempos y la estrategia; personas equipadas como armas eficaces en cada vocación; y riqueza, entendida especialmente como influencia, promoción y el botín de la victoria espiritual. Trabajar juntos con una fe humilde y sinérgica permite que la congregación logre más de lo que los individuos pueden alcanzar por sí solos.

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