
Resumen: Faustino de Jesús Zamora Vargas es un graduado en filología en Lengua y Literatura Alemanas que vive en La Habana. Es un traductor e intérprete especializado en marketing y comunicación social en el sector turístico. También es docente en la Escuela Cubana de Estudios Teológicos Evangélicos y dirige el Ministerio Internacional de Intercesores "La Higuera" junto con su esposa. Su objetivo es promover la unidad entre el pueblo de Israel y la Iglesia de Jesucristo en Cuba.
Faustino de Jesús Zamora Vargas vive en La Habana. Es graduado de filología en Lengua y Literatura Alemanas.Traductor e intérprete, especialista en marketing y comunicación social en el sector del turismo. Actualmente es docente de la Escuela Cubana de Estudios Teológicos Evangélicos (ECETE) en La Habana. Junto con su esposa Milagros García Klibansky dirige en Cuba el Ministerio Internacional de Intercesores “La Higuera” que promueve la unidad entre el pueblo de Israel y la Iglesia de Jesucristo.
Deuteronomio 5:24 • Romanos 1:19
Estamos diseñados para experimentar lo sobrenatural, pero esto proviene de conocer verdaderamente a Dios de manera personal, no solo intelectualmente, al interactuar activamente con Él y caminar a Su lado. Dios anhela que le conozcamos íntimamente, escuchando Su voz; sin embargo, a veces Su silencio refleja nuestra falta de fidelidad, compromiso y búsqueda sincera de Su presencia. Estoy convencido de que para que la Iglesia, tanto individual como corporativamente, reciba plenamente Su bendición, debemos someternos, humillarnos y buscarle incansablemente. Jesús anhela que le encontremos, abracemos Su amor y encarnemos plenamente nuestra identidad como hijos del Altísimo.
Esdras 8:22 • 1 Timoteo 1:15
Desde hace mucho tiempo he orado por aquellos que me rodean, pero a menudo me encontraba preguntándome selectivamente a quién Dios realmente quería salvar. Sin embargo, me di cuenta de que el plan de salvación de Dios es para *todos* en tu vida, sin excepción, no solo para aquellos que podríamos juzgar dignos. Cristo murió por el mundo entero, y nuestra aplicación selectiva de Su gracia es puro orgullo. El toque compasivo de Dios para aquellos que necesitan salvación comienza con nosotros, empoderados por la oración y nuestra propia experiencia de Su perdón. Tú eres un canal de luz, y tus manos pueden ser los instrumentos que Dios usa para tocar corazones a tu alrededor.
Cuando creemos en lo que Dios dice en su Palabra, nuestra mente se renueva. El diablo intenta hacernos sentir culpables por nuestros pecados pasados, pero la sangre de Cristo nos ha liberado y nos ha dado una nueva identidad. Debemos confiar en el Señor en la toma de decisiones y recordar que somos herederos de su prole celestial, no ciudadanos de segunda categoría. Debemos pedir dirección al Señor en oración y confiar en su amor y gracia.
El mensaje del Señor para aquellos que sufren de depresión y problemas de la mente es que Él ha venido para darles vida en abundancia. La Palabra de Dios ofrece el remedio infalible para erradicar estos trastornos de raíz. Muchos de nuestros abatimientos y depresiones vienen del pecado, y reconocer nuestra maldad y rebeliones delante de Dios es el comienzo de una auto-terapia sana y necesaria que permite al Espíritu Santo obrar poderosamente. Los conflictos acumulados en la vida pueden ser solucionados a través del perdón, la humildad, el amor al prójimo, el altruismo bien dirigido y, sobre todo, el amor a Dios. La necesidad de estudiar diariamente la Palabra y la comunión diaria en oración son fundamentales para recibir la dirección y el consejo de Dios. Dar gracias en todo traerá paz a la mente y al corazón. Dios bendiga su Palabra.
Los problemas son parte de la vida, pero la soberanía de Dios y su gracia son suficientes para ayudarnos a superarlos. El Espíritu Santo transforma los sentimientos negativos y nos lleva a la sumisión de Cristo para hacernos mejores. El problema más serio que paraliza al cristiano es el desconocimiento de su identidad en Cristo y permitir la intromisión del viejo "yo". Debemos recordar que nuestra mente debe estar enfocada en las perspectivas divinas y no en la problemática humana. Dios tiene planes maravillosos para su pueblo y debemos confiar en Él. La convicción de su amor quitará toda angustia y nos ayudará a enfrentar los problemas a su manera para su gloria.
El verdadero reposo y paz interior solo se encuentra cuando el alma descansa en la gracia del Señor. El hombre sin Dios vive en un ciclo de muerte, mientras que el cristiano debe confesar sus pecados y conocer a Dios cada vez más para encontrar reposo. En un mundo posmoderno, el hombre vive sin propósito y sin valores eternos, pero los cristianos tienen a Cristo y pueden encontrar paz y confianza en él. Debemos dejar que Dios controle nuestra vida y permanecer en Cristo para encontrar reposo y poner nuestras cargas en sus manos. La renovación de nuestra mente también es importante para conocer la voluntad de Dios.
El hombre espiritual es aquel que ha nacido del Espíritu y vive en el poder del Espíritu. El fruto del Espíritu es uno y completo, pero a menudo los cristianos coquetean con su vieja naturaleza y no permiten que el Espíritu los controle y dirija. El Espíritu capacita e imparte dones para la edificación de la iglesia y para glorificar a Dios. Para desarrollar el fruto del Espíritu, es necesario vivir en Cristo, someterse a su señorío y control, y rendir humildemente todas las áreas de la vida a él. La carne (vieja naturaleza) ya murió en la cruz con Cristo, y si decidimos ser espirituales, nuestra vida cambiará. Dios nos bendice en esto.
La paternidad responsable se basa en inculcar valores eternos, motivación para hacer el bien, confianza en Dios, integridad, respeto a la autoridad y amor a Dios y a los demás. La paternidad negligente, permisiva y controladora son estilos negativos que crean hijos inseguros, desobedientes y rebeldes. La paternidad afectiva brinda aceptación adecuada y afirmación, lo que hace que los hijos se sientan importantes y preparados para asumir responsabilidades. Dios bendice la paternidad responsable.
La victoria del creyente se refiere a la capacidad que tienen los nacidos en el Espíritu, engendrados en Dios por la sangre de Cristo, para vencer sobre las potestades de las tinieblas y sobre las maquinaciones del maligno y no caer en tentación. La fe en Jesús es nuestra mayor fortaleza para obtener diariamente la victoria que vence al mundo. Nuestra victoria es el resultado de la fe y sólo podemos ser vencedores por nuestra unión con él.
Esperar en el Señor es una forma hermosa de alabarlo. La impaciencia puede convertirse en un laberinto espiritual que nos lleva a la frustración y la amargura, pero Dios quiere que aprendamos a esperar en Él. Cuando esperamos en Dios, Él responde y nos bendice. Debemos confiar en sus planes y desechar los nuestros. La desesperación nos lleva a menudo a la desobediencia y al endiosamiento. Nuestro Señor es un Dios de esperanza y desea bendecirnos. Espera en Él y alábalo con todo tu corazón.
Una vida de oración transforma la mente y el corazón, afirma la fe y la materializa, haciendo evidente la obra del Espíritu Santo. Cuando un cristiano vive una vida de oración, su semblante refleja paz y gozo. Por otro lado, la falta de una vida de oración se evidencia en una actitud airada y descontrolada. La oración no salva, pero renueva la comunión con Dios y moldea el carácter del creyente. Para orar hay que creer y tener fe. La oración que nace del corazón eleva al cristiano a un plano espiritual en el que se percibe el rostro de Dios.
El rey Saúl fue desechado por Dios debido a su desobediencia en cumplir los planes de Dios. Dios le comisionó guerrear contra el reino de Amalec y exterminarlo todo, pero Saúl perdonó la vida a Amalec y reservó para sí algunas partes del botín. Muchas veces creemos haber cumplido una misión de Dios en toda su envergadura, aunque en el fondo del corazón sabemos que en su cumplimiento violentamos algunos de sus preceptos. No debemos justificar la desobediencia a Dios aun cuando parece que el fin justifica los medios. En nuestra vida cristiana “los medios” para alcanzar el fin deben estar alineados a su voluntad y el fin siempre será la gloria de Dios. El Señor no quiere sacrificios inútiles ni holocaustos del corazón, sino obediencia.
La paz de Dios se encuentra en Jesús y abarca la mente, las emociones y el corazón. Los rebeldes, que son enemigos de Dios, no pueden experimentarla. Satanás promueve la contienda entre las naciones y el mundo está trastornado por la rebeldía y la impiedad del hombre. La mejor manera de procurar la paz de Dios es predicando su Palabra y proclamando las Buenas Nuevas de salvación mediante Jesús. Dios bendice a los que procuran la paz.
La relación con Dios requiere temor reverente hacia Él, ya que sin él no hay verdadera comunión con nuestro creador. La sabiduría del hombre espiritual se basa en el conocimiento de la Palabra de Dios y la revelación de su hijo Jesucristo. El sabio busca el consejo de Dios y persevera en el temor reverente. La sabiduría divina procede de la fe en Jesús y se sustenta en la obediencia, la reverencia y la perseverancia. La iglesia debe orar por mentores y consejeros llenos del Espíritu Santo. Debemos buscar la sabiduría de Dios para conocerlo más y mejor y para que nos consuma el gozo de una vida espiritual dependiendo de su consejo. Debemos vivir como sabios hombres y mujeres espirituales porque esa es la voluntad de Dios.
Las pruebas son una forma en que Dios refina la fe de sus hijos y las usa para enseñarles valiosas lecciones. Es importante buscar la voz de Dios durante las pruebas y no atribuirlas automáticamente al diablo. La prueba puede ser dolorosa, pero es una oportunidad para que la fe traspase el umbral de lo sobrenatural y para recibir bendiciones especiales de Dios. A través de las pruebas, Dios fortalece a sus hijos y los prepara para caminar confiados incluso en la oscuridad. La cruz del cristiano es una prueba de su salvación y redención en Cristo.
La gracia es un regalo incalculable e inmerecido de Dios que se extiende a todos los que la necesitan. A menudo, somos dados a juzgar y condenar en lugar de ofrecer gracia a los demás, pero Dios quiere que seamos un canal de su gracia en el mundo. La mejor defensa de nuestra fe es el amor y la gracia, y Dios bendice a aquellos que la imparten en su nombre. Cuando damos gracia, también la recibimos. Debemos ofrecer gracia a todos los que nos rodean, incluso a aquellos que nos molestan o nos han herido. La gracia fortalece el corazón y nos acerca más a Dios.
El quebranto sincero es fruto de un corazón arrepentido y Dios lo usa para sacar lo mejor de nosotros. Debemos examinarnos diariamente y arrepentirnos de nuestras faltas ante Dios. Si no sentimos tristeza por nuestros pecados, no hay una verdadera relación con Dios. La tristeza que proviene de Dios produce un arrepentimiento que lleva a la salvación, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. Debemos humillarnos ante Dios y arrepentirnos de corazón, ya que él está cerca de los quebrantados de corazón. Dios bendice a los humildes y calma las tempestades de la conciencia si nos acercamos a Él sin esperar retribución.
Buscar a Dios es un acto de fe y no puede ser separado de la dependencia y sumisión a Él. Sólo en Cristo encontramos salvación y podemos tener una relación correcta con Dios. Debemos buscar a Dios constantemente, no sólo en la oración y en la lectura de la Biblia, sino también en el servicio a los demás y en el amor que profesamos a nuestro prójimo. Dios recompensa a los que lo buscan con sinceridad.
La luz fue el primer toque de Dios en un mundo en tinieblas. Jesús dijo que sus discípulos son la luz del mundo. Sin embargo, las tinieblas todavía hacen resistencia a la luz porque muchas personas prefieren la oscuridad. Jesús es la luz y aquellos que lo conocen deben andar como hijos de luz. Debemos proclamar la luz y vivirla para que aquellos que viven en tinieblas puedan conocer el amor de Dios. El evangelio es bondad, justicia y verdad, y debemos llevar la salvación de Dios hasta los confines de la tierra.
El autor es llevado a conocer a Daynaris, una mujer paralítica y atea que ha perdido toda esperanza. A pesar de que el autor intenta consolarla con un dicho popular, siente el impulso de decirle que Cristo es su esperanza y le lee un versículo de la Biblia. Daynaris se conmueve y siente la presencia de Dios a través del autor, y junto con su hija y madre, se entregan a Jesús en oración. El autor anima a los lectores a ser canales de bendición para aquellos que han perdido la esperanza.
El evangelio es poder de Dios, pero muchos cristianos no son consecuentes con la fe que dicen tener. La fe y la práctica son importantes en ese orden. Los cristianos son agentes de esperanza en una sociedad posmoderna, pero si no creen que el evangelio tiene poder, serán cómplices de muchas muertes. Es necesario involucrarse con integridad para que el cristianismo siga siendo relevante en una sociedad. Es importante tomar acción y predicar el evangelio. Los ángeles ya están preparando la fiesta desde el cielo.
El evangelio tiene todo lo necesario para transformar al mundo, pero la sociedad se resiste a entenderlo. Los cristianos deben influir en la cultura y la sociedad, no adaptarse a ella. La iglesia debe salir de su comodidad y predicar la verdad de Jesucristo al mundo. Es necesario influenciar a otros con las verdades eternas y hacer de la cosmovisión cristiana una necesidad cultural para el mundo. El evangelio es eterno y trasciende las culturas y cosmovisiones. Los cristianos están llamados a participar en su redención.
Jesús dijo que sus seguidores son llamados a ser sal de la tierra. La sal es un símbolo de incorrupción e incluso de fidelidad al Señor en el Antiguo Testamento. Un cristiano no es sal para dar sabor si no es íntegro y fiel, si no practica un evangelio de sal y lo esparce como semillas de esperanzas. Si no somos sal de la refinería de Jesús, nos pareceremos cada vez más al mundo que pretendemos influir con el evangelio. Debemos impactar a la gente provocando en ellos el deseo de seguir a Cristo e inculcándoles con sincera devoción la práctica de una vida de amor, misericordia y justicia según la palabra de Dios. Nunca es tarde para proponerte ser sal de la tierra.
El evangelio conciso se basa en una fe viva en Cristo, que no depende de estructuras clericales o ministerios humanos, sino en una simple convicción: Dios te ama y espera que ames a los demás en proporción a su amor por ti. El evangelio conciso proclama a Cristo desde las trincheras de la fe, no brinda soluciones a la ligera, ni promete bonanzas al que decide seguirle. Busca la verdad en las Escrituras y entiende la vida eterna desde que se abraza la fe salvadora en el redentor de la humanidad. Las personas tienen que ver que los cristianos hacen del cristianismo algo relevante, urgente, imprescindible. Desean ver que el cristianismo es una mejor manera de vivir, que renueva, que anima a vivir con propósito y alegría bien fundamentadas.
La palabra de la cruz es pasión y poder de Dios para entender el evangelio de la salvación. Celebrar la pasión de Jesús es celebrar la vida y la resurrección es la puerta de entrada a la fe salvadora. El evangelio de la cruz sigue siendo locura para la sabiduría humana, pero es la única forma de conocer a Dios. Debemos buscar las cosas de arriba y predicar la locura de la cruz para que Cristo siga siendo el centro del cristianismo. Dios busca hombres y mujeres que comprendan el valor de la cruz y que prediquen su locura.
Guardar la palabra de Dios no es solo atesorarla, sino también ponerla en práctica y obedecerla. El libro de Josué recalca la importancia de guardar y obedecer la Ley de Dios para prosperar. Necesitamos la palabra profética de hombres y mujeres de testimonio que nos inspiren a vivir piadosamente en un mundo de perversión e injusticias. La santificación es un proceso constante para todo cristiano. La palabra profética de Josué nos enseña que la providencia de Dios siempre favorece a su pueblo y que el centro de nuestra vida es Cristo. Servir al Señor trae un gozo indescriptible y vivir el evangelio pegado a su Palabra es garantía de paz. Nuestra verdadera esperanza es Jesucristo, quien es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
La unidad es crucial para un pueblo y sus valores. En la iglesia, los valores del Reino y de Cristo deben traducirse en amor a Dios, fidelidad a su palabra y amor entre los hermanos. En la historia de la conquista de la tierra prometida, la unidad en torno a Dios, la obediencia y la adoración centrada en su persona fueron importantes para el pueblo de Israel. En la actualidad, los conflictos surgen en la iglesia debido a la falta de perdón y misericordia, y la tendencia a levantar altares alternativos. Para mantener la unidad, debemos practicar el perdón y la fraternidad, y estar dispuestos a dar lo mejor de nosotros para el Señor.
Los levitas fueron elegidos por Dios para servirle en el tabernáculo y en el sacerdocio. Dios les dio ciudades y tierras como herencia. La iglesia de Cristo hoy en día es como los levitas, llamados a ser un pueblo santo y poseídos por Dios. La iglesia tiene una misión global y una función educativa. Debemos ser fieles y vivir el evangelio. Josué experimentó el reposo de Dios después de que los levitas recibieron su herencia. Los cristianos de hoy en día también hemos entrado en el reposo de Dios y esperamos con fe por el cumplimiento de sus promesas. Cuando vivimos para Cristo, heredamos sus promesas.
La iglesia no produce paz, sino la presencia del Espíritu en la vida de sus miembros. La iglesia se convierte en ciudad de refugio cuando Jesús es el centro de todo y protege al desamparado. Los "refugiados" por conveniencia no encuentran paz en la iglesia. La iglesia es refugio para los pecadores que se arrepienten y para los heridos que buscan consuelo y ayuda. Dios nos brinda su gracia y misericordia a través de Jesús.
Gilgal era un lugar especial en el Antiguo Testamento donde Dios hizo cosas sobrenaturales y donde Israel edificó un altar para recordar su paso por el Jordán. La iglesia de Cristo es como ese Gilgal, un lugar donde Dios obra milagros y donde se edifica el cuerpo de Cristo. La iglesia no es perfecta, pero Dios la considera digna de su misericordia y la llama su novia y su agencia espiritual. Debemos enfocarnos en Cristo como Señor de su iglesia para experimentar su gracia y superar las imperfecciones. La iglesia apunta a la eternidad donde tendremos hogar con Cristo. Dios bendiga su Palabra.
La iglesia a menudo se enfoca en reclamar promesas a Dios en lugar de agradecer las bendiciones que ya han recibido. Esto puede ser causado por personas ensimismadas y conformistas. En lugar de reclamar, debemos trabajar y estar atentos a los planes de Dios. Debemos evitar quejas y reclamos egoístas y centrarnos en la humildad y la acción de gracias. Josué enfrentó las dificultades y las quejas de sus hermanos de fe, y distribuyó los territorios según las divisiones tribales. La iglesia debe estar atenta y meditar en las bendiciones de Dios y poner nuestra esperanza en Cristo. La acción de gracias es el antídoto para desenfocarnos de nosotros mismos y enfocarnos en la majestad de Dios.
La historia de Caleb y Josué es digna de recordar por la iglesia de Dios. Ellos creyeron en las promesas de Dios y guiaron al pueblo hacia la conquista de la tierra prometida, a pesar de la incredulidad y murmuración del resto de la gente. La iglesia necesita líderes como ellos, que muestren integridad y fidelidad en su fe en Jesucristo. También debemos seguir a los líderes que muestran un verdadero llamado a ser guías espirituales, pero recordando que ellos también son frágiles. Las conquistas de hoy requieren sacrificios y luchas, pero podemos confiar en la fidelidad de Dios y sus promesas.
Caleb, a los 85 años, pidió a Josué la heredad que Dios le había prometido 45 años atrás. A pesar de tener méritos militares y espirituales suficientes para pedir un territorio conquistado y disfrutar sus últimos años, prefirió continuar sirviendo al Señor y conquistar las montañas de Hebrón. La iglesia no debe recibir las bendiciones con los brazos cruzados, sino poseerlas y arrebatarlas al enemigo. La actitud y carácter en Cristo hacen perdurar los sueños e infunden aliento para aprovechar nuevas oportunidades de servir al Señor. Dios premia no solo por las victorias, sino también por la actitud. Caleb pudo ver hecha realidad la promesa de Dios por su integridad, honestidad, convicción y vigor para continuar sirviendo a su Señor.
Dios promete conquistar la tierra prometida, pero a veces no lo hace según nuestras expectativas. Debemos aferrarnos a la fe y tener la convicción de lo que esperamos. Josué envejeció y Dios modificó su táctica para la conquista, pero la obra continúa y el avance del Reino no se detiene. Aun queda mucha tierra por conquistar, pero Dios prometió que él se ocuparía de su obra. No somos imprescindibles en la obra, sino siervos del Señor. Otros tomarán nuestras responsabilidades y alcanzaremos metas en Cristo, pero debemos ser pacientes y tener esperanza en el rostro del Señor.
Josué era un líder centrado en la voluntad de Dios, que confiaba en sus promesas y dependía de Su poder para lograr la victoria. Él clamó a Dios en momentos de necesidad y recibió respuestas sobrenaturales, como detener el sol y la luna en su lugar en medio de una batalla. La iglesia necesita líderes con carácter y humildad que dependan del poder de Dios para hacer Su obra. La oración nace de un corazón humillado y confiado en el poder de Dios. Todo es cuestión de fe en Jesús y Su voluntad. Adora al Señor en medio de tus batallas y búscale, porque Él nunca deja de pelear en favor de Su pueblo.
La iglesia debe estar alerta a los pactos y las alianzas que aparentan ser beneficiosas pero en realidad tienen intenciones maliciosas. Es importante buscar el consejo de Dios antes de hacer cualquier pacto o promesa. Los gabaonitas de hoy son oportunistas que traen doctrinas de hombres disfrazadas de religión y aparentan piedad, pero en realidad son despiadados y seductores. La oración y la búsqueda del consejo de Dios nos librarán de compromisos sin sentido y de alianzas innecesarias que van en contra de su voluntad.
El reenfoque en la Palabra de Dios es esencial para la vida cristiana. Josué aprendió la lección de su pecado y se humilló delante del Señor. La iglesia debe trazar planes de evangelismo que descansen en cumplir y hacer cumplir la Palabra de Dios. Las promesas de Dios exigen sacrificios, consagración, santidad y obediencia. La victoria viene de seguir el plan de Dios y poner su Palabra como fundamento. Después de una victoria, la iglesia debe alabar a Dios y expresar su agradecimiento, y renovar la pasión del primer amor y reinsertarse en la voluntad de Dios. "Hai" es siempre reconquistable y podemos contar con la presencia permanente del Dios fiel y misericordioso.
Las victorias son gracias a Dios y no debemos subestimar al enemigo. El pecado de un solo individuo puede traer graves consecuencias a la comunidad de fe y a la unidad de los creyentes. La iglesia debe estar atenta a estos desacatos y buscar las causas que impiden su desarrollo espiritual. La consagración espiritual es un imperativo para cada miembro de la iglesia y debemos reconocer que somos vulnerables al pecado y necesitamos el socorro de Dios. El meollo del problema es no olvidar que Jesús debe estar en el centro de todo.
Dios tiene estrategias y tácticas infalibles para lograr sus propósitos, pero son insólitas e incomprensibles para los seres humanos. La ciudad de Jericó cayó ante el ejército de Josué siguiendo la estrategia de Dios, pero solo Rahab y su familia fueron salvados de la justicia divina. El pecado tiene consecuencias nefastas, pero Dios ofrece salvación y perdón a través de su amor. La iglesia de Cristo está llamada a trabajar donde Dios está obrando para sanar el corazón enfermo del mundo. Toca la trompeta y verás la gloria de Dios cuando caigan los muros que intentan contener el avance del Reino de Dios. Lectura sugerida: Josué 6.
El libro de Josué nos muestra la conquista de la tierra prometida por los hijos de Israel. Dios quiere movernos hacia adelante y para ello necesitamos renovar lo que nos corresponde del pacto de Dios, ser fieles y consagrados. Una nueva generación de cristianos se levanta hoy en todas partes del mundo y quiere asumir el rol que no pudo cumplir una buena parte de la generación anterior. Dios ordena la circuncisión de nuestro hombre interior como señal de consagración para sus propósitos eternos. En el temor de Dios seremos bendecidos porque él es el autor de todas nuestras victorias. Lectura sugerida: Josué 5.
Josué ordenó a 12 hombres extraer una piedra del Jordán para edificar un altar como recordatorio de los milagros y maravillas de Dios. Esto sirvió para que las futuras generaciones recordaran la misericordia y la gracia de Dios. Nosotros también debemos recordar las experiencias espirituales y extraer piedras para que nuestros hijos recuerden la mano de Dios en nuestra vida. Jesús es la piedra recordatorio del plan de salvación de Dios para la humanidad. Debemos tener un testimonio consecuente y erigir monumentos para recordar la obra redentora de Cristo en nuestro peregrinaje espiritual. La iglesia es el nuevo Gilgal, el lugar donde nos preparamos para las batallas en el nombre de Cristo y recordamos las grandes cosas que Dios ha hecho.
La presencia de Dios es la mayor expresión de su gracia y nuestra obediencia es la mejor manifestación de amor hacia Él. Josué confiaba en la promesa de Dios y puso el Arca del Pacto delante del pueblo para guiarlos en la conquista de Jericó y cruzar el Jordán. La obediencia trae bendición y prepara el terreno para que Dios se manifieste milagrosamente en nuestras vidas. Debemos poner a Dios delante de todo lo que hacemos y seguir sus instrucciones sin dudar, confiando en que Él puede hacer el milagro. Dios exige obediencia, fidelidad y santidad para experimentar su gracia en toda su plenitud. Lectura sugerida: Josué 3.
Josué fue un líder visionario y estratega que guió al pueblo de Dios en la conquista de la tierra prometida. Para alcanzar Canaán, era necesario vencer a Jericó, una ciudad amurallada. Josué envió espías para explorar el terreno y Rahab, una ramera, los ayudó a cumplir su misión. La iglesia de Cristo necesita líderes estratégicos que entiendan su contexto y conviertan las amenazas en oportunidades. Los misioneros son espías especializados en glorificar a Dios con sus informes de fe y esperanza. A veces, será necesario actuar con prudencia y discreción para cumplir los propósitos de Dios. Cuando la iglesia vive la palabra de Dios, la sabiduría divina se convierte en la "leche y miel" de sus hijos obedientes. La lectura sugerida es Josué 2.
Dios comisionó a Josué para continuar Su plan iniciado por Moisés. La obediencia a la Palabra de Dios es la clave del éxito y la victoria para Josué y su pueblo. La iglesia también debe ser obediente a la Palabra de Dios y cruzar su Jordán en obediencia confiando en la presencia del Espíritu Santo. La verdadera motivación de la iglesia viene de la Palabra de Dios y su éxito depende de su obediencia. Dios promete hacer prosperar a sus hijos si cuidamos hacer todo lo que está escrito en su Palabra.
El autor reflexiona sobre la presencia de Dios en Cuba y cómo el pueblo cristiano siempre ha buscado su rostro, a pesar de las dificultades y la prohibición de la religión en el pasado. Ahora hay una nueva oportunidad para la fe en Cuba, y el autor da gracias a Dios por los que se humillaron y nunca perdieron la fe.
Dios llama al hombre de muchas maneras, pero a menudo se desaprovechan esas oportunidades. Debemos escuchar su llamado y responder como lo hizo Samuel. A veces, Dios nos llama a través de situaciones importantes en nuestras vidas. El hombre a menudo se distrae con cosas mundanas y construye altares a pensamientos egoístas en lugar de seguir a Dios. En Navidad, Dios llamó al mundo a través de la encarnación de Jesús. Si sientes que Dios te llama, respóndele con gratitud y deja que pase a través de tu vida.
La verdadera sabiduría viene de Dios y su Palabra es luz para el camino, verdad para derrumbar la farsa, justicia para abatir la inequidad, juicio para andar en obediencia, ley de leyes que lleva a la razón y mandamiento para vida eterna. Todos los dichos de Dios son buenos, nos ayudan a bien, nos previenen del mal y nos guían a la prosperidad. El cristiano debe llenar su vida de la Palabra de Dios para conocerlo y anhelarlo en cada instante de nuestra vida. La verdadera felicidad se obtiene cuando se vive en íntima comunión con el Señor. La actitud del cristiano debe ser de agradecimiento por tan grande instrucción y por ser viva y eficaz para toda ocasión.
El rey Ezequías confió en Dios durante el asedio de Jerusalén por parte del rey Senaquerib de Asiria. A través de la oración y la confianza en Dios, el pueblo fue liberado de los invasores. La vida cristiana también puede ser sitiada por las potestades espirituales, pero cuando confiamos en Dios, Él nos da aliento, fuerzas renovadas y bendición. Dios es bueno y para siempre es su misericordia. Volvernos a Él cuando flaquean nuestras fuerzas trae gozo y paz.
La Navidad es una cita con Dios, pero algunos solo se centran en el jolgorio y la comida. Dios no se preocupa por la apariencia, sino por el interior. Navidad es una oportunidad para mirar a Dios a través de los ojos de Jesús. Abre tu corazón a su amor y acude a su cita. Muchos personajes bíblicos acudieron a la cita con Dios, ¿y tú? No hay mejor lugar que su regazo. En su presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. ¡Felices Fiestas! Que Dios los bendiga.
Jesús nos invita a subir a su barca para pasar al otro lado, aunque puede ser difícil si nos hemos acostumbrado a vivir de este lado de la vida. La barca es segura porque Jesús está en ella. A veces, la vida puede ser como una tormenta en el mar, pero Jesús nos invita a tener fe y seguirle. La Navidad es una oportunidad para restaurar relaciones rotas, compartir el amor y la luz de Cristo y hacer del mundo un lugar mejor. Jesús es el constructor de la barca y no debemos temer. ¡Dios bendiga su palabra!
La vida cristiana es una experiencia relacional centrada en Jesús. A pesar de la escalada contra la paz en el mundo, la Navidad nos recuerda el propósito del nacimiento de Jesús: hacerse conocer y ofrecer alivio, visión, pan, vino y perdón sin límite. La esperanza siempre prevalecerá y Dios quiere abrazarnos y llevarnos al abrevadero de la esperanza donde Cristo sigue extendiendo sus amorosos brazos. ¡Cristo es la Navidad!
El león de Sión es Jesús, el templo es el corazón humano y la Navidad es un momento para renovarnos en su Espíritu y convertirnos en monte de Sión. Somos Sión por ser pueblo de Dios y su gracia, y debemos adorarlo y buscar su mano en nuestras vidas. En esta Navidad, no desfallezcamos y recordemos que somos su templo. Que Dios nos bendiga.
Arlis, una misionera y evangelista de 82 años, sigue viajando cientos de kilómetros para predicar el evangelio con la autoridad que le da su fe en Dios. Su testimonio es poderoso y deja una huella imborrable en el corazón de aquellos que la escuchan. Su ejemplo es una inspiración para aquellos que buscan seguir a Cristo y llevar la luz de la verdad al mundo perdido. La autora hace un llamado a los cristianos a salir de sus templos y acercarse a aquellos que andan como ovejas sin pastor.
El autor reflexiona sobre una consigna popular en su juventud, "sólo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie", y cómo muchos de sus amigos que se creían "Supermanes" han caído en la trampa de sus propias consignas. Un encuentro con uno de ellos lleva al autor a ofrecerle esperanza y el mensaje de Cristo, aunque inicialmente es rechazado. Sin embargo, una semana después, el amigo se disculpa y pide ayuda, tras haber pasado por una crisis personal. El autor concluye que todos conocemos a alguien que parece exitoso pero vacío por dentro, y que tal vez esté esperando a alguien que le ayude a encontrar la verdadera felicidad en Cristo.
El autor comparte su experiencia evangelizando y encontrando a Yadira, una joven discapacitada físicamente, pero con un corazón receptivo al Evangelio. Después de aceptar a Jesús, sus ojos se llenaron de lágrimas y pareció que sus pies mejoraron momentáneamente. El autor anima a los lectores a buscar a las personas en necesidad de salvación y compartir el Evangelio para ayudar a construir la casa espiritual de Dios para la eternidad. Dios prefiere que seamos nosotros los que compartamos el Evangelio en lugar de las piedras. El autor termina con una bendición.
El evangelista F.B. y el narrador se encuentran con personas religiosas que no conocen a Cristo y les preguntan si tienen una relación personal con Él. A través de la predicación del Evangelio y el poder del Espíritu Santo, algunas personas se rinden a Cristo y comienzan una relación personal con Él. La historia destaca la importancia de predicar el Evangelio y la gracia de Dios.
En estos tiempos difíciles, la gente parece haber perdido la fe y la fidelidad. Sin embargo, debemos colaborar con Dios para transformar el mundo. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará? La fe y la fidelidad son esenciales para hacer una contribución significativa. Debemos oponernos a la teología de las guirnaldas y la palabrería, y abrazar la fe en términos de lealtad y constancia. Si queremos avivamiento, debemos pedirle a Dios que avive nuestra fe primero. La fidelidad a Dios es vida y la perseverancia produce un genuino sentido espiritual del servicio a Dios. Debemos ser fieles y enraizarnos en nuestras consistencias hasta la muerte. ¡Dios no ha perdido el control!
La Biblia enseña que el pecado es real y lleva a la muerte, nos separa de Dios y es parte de nuestra naturaleza humana. A pesar de esto, Dios ha provisto una solución celestial para que el hombre pecador pueda obtener perdón y salvación y se reconcilie con Él. Los cristianos deben luchar para que la carne no prevalezca sobre su voluntad divina y triunfar sobre la tentación y el pecado. La confesión y arrepentimiento son fundamentales para restaurar la comunión con Dios. El Salmo 51 es un ejemplo de cómo el creyente puede ser restaurado después de haber sido vencido por el pecado. La misericordia de Dios nos alcanza y la sangre de Cristo nos reconcilia con el Padre y con nosotros mismos.
La noticia del virus Ébola lleva a reflexionar sobre la muerte y la pobreza del hombre. Es importante recordar que todo tiene que ver con Dios y que Él puede revertir el mal en bien. La solución al Ébola es el amor y volvernos a Dios. El Salmo 91 nos recuerda que el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo su sombra y estará seguro. Oremos para que Dios obre en medio de esta epidemia.
Dios nos invita a evaluar nuestra dirección en la vida y redireccionar nuestros pasos hacia Él. Él anhela una devoción total y nos dio libertad en Cristo, pero a veces nos volvemos esclavos de becerros de oro que atribuyen poderes que solo Dios posee. Debemos buscar y desmenuzar nuestros becerros de oro y darle la gloria a Dios. Faraón intentará perseguirnos con promesas de ganancia fácil, pero debemos gloriarnos en el Señor. Jesús es el camino y la dirección, pero debemos tener cuidado con los becerros dorados que pueden alejarnos de Dios, como los juegos de azar o prácticas que Dios aborrece. Debemos poner nuestra confianza en el nombre del Señor nuestro Dios y huir de la tentación de fundir becerros de oro para vivir una vida abundante. Dios es el Cordero proveedor y sabe de qué tenemos necesidad.
Tu vida depende de tu relación con Dios y en Cristo tienes un nuevo pasado y un nuevo futuro. No te aferres a tu pasado, vive en la nueva identidad que Dios te ha dado en Cristo. Demuestra que el pasado es una pérdida y vive en el presente con gratitud al Señor. Conocer a Cristo da vida eterna y Dios se fija en el corazón, no en las apariencias. Vive para Cristo permaneciendo en Él y recuerda que nada ni nadie te separará de su amor. Dios te bendiga.
La ceguera espiritual es la incapacidad de discernir la verdad. La incredulidad es la ausencia de luz y el evangelio es la luz. La única cura para la ceguera espiritual es la fe en Jesús. Si crees que ves pero no tienes a Cristo, vives bajo una iluminación artificial. Ser luz en el Señor significa ser alimentado por Él y dar testimonio de Él. Tú puedes ser un terapeuta del Señor y ayudar a aquellos que no quieren ver la gloria de Dios.
La lucha entre el Espíritu y la carne es constante en los cristianos, pero al recibir al Espíritu Santo, se genera una conciencia de Dios en el alma que afecta las decisiones y comportamiento. El cuerpo está expuesto a las tentaciones del mundo, pero Cristo nos ha liberado del poder del pecado. Hay una diferencia entre ser carnal (sarkinós) y ser gobernado por la carne (sarkikós), y como cristianos podemos vivir gobernados por el Espíritu y agradar a Dios. Debemos ordenarle a nuestra alma que sea gobernada por la palabra de Dios y vivir por fe en el Hijo de Dios.
Cristo es la promesa y estar en Él significa ser partícipe de su herencia venidera. En lugar de llevar nuestras cargas, intentamos ocupar el lugar de Cristo. La religión no tiene nada que ver con nuestra relación con Jesucristo. La plenitud en Cristo es abundancia y seguridad, mientras que la religión no llena la copa de la gracia que suplirá nuestras necesidades. Cualquiera que sea nuestra carga, en Cristo la podemos depositar. Los calvarios son necesarios para crecer en la fe y apreciar el regalo de la gracia. Debemos descansar en Él y esperar ansiosamente su misericordia para la vida eterna. Dios nunca nos dejará ni nos abandonará.
El mundo está experimentando dolores de parto y sufrimiento, pero no sabemos qué criatura está por nacer. La esperanza aún existe, pero es importante que la iglesia se levante y ore fervientemente por el mundo y por aquellos que sufren persecución por su fe. Debemos ser solidarios y unidos en la oración para que el amor de Dios prevalezca sobre la injusticia y la violencia. Dios nos llama a ser piadosos y a mantener la unidad del Espíritu en la paz.
La autoestima se enfoca en lo que uno piensa de sí mismo, mientras que la identidad cristiana se enfoca en lo que Dios piensa de uno. La autoestima promueve el ego y la autosuficiencia, mientras que la identidad en Cristo nos lleva a la humildad y la gratitud. La autoestima puede llevar a la depresión y la ansiedad, mientras que la identidad en Cristo nos da una actitud de agradecimiento. La autoestima trata de endiosar al hombre, mientras que la identidad en Cristo nos reafirma como hijos de Dios. Es importante conocer nuestra verdadera identidad en Cristo para poder caminar con Él.
Si el cristiano no muere a su vida pasada, no puede haber lugar para Jesús en su corazón. Debemos morir a nuestro egoísmo y egocentrismo para que Jesús pueda vivir en nosotros. La naturaleza antigua y detestable debe morir en el corazón para que podamos ser partícipes de la naturaleza divina. La cruz debe ser el final de todo lo que éramos como pecadores. Ya no es nuestra vida, sino la de Cristo viviendo en nosotros. Debemos morir para resucitar en Cristo y seguir peleando la batalla de la fe.
Este artículo defiende la creación del hombre por Dios, en lugar de la teoría de la evolución de Darwin. Se celebra el aniversario de la creación del hombre según la Biblia y se argumenta que la preexistencia de Cristo es una prueba de la creación divina. Se hace referencia a varias citas bíblicas para afirmar que toda la creación y la Biblia hablan de Dios y Jesús, y que no hay excusa para no creer en la creación divina. Se concluye dando gloria al Señor de la Creación.
La iglesia necesita más ministros humildes que muchos ministerios. La humildad es esencial en la vida cristiana y es la negación de sí mismo y el sacrificio por los demás. La observación sobre la humildad, tomando el ejemplo de Cristo en su humillación para ser exaltado por el Padre, es un pilar de la vida cristiana. La preocupación y el amor hacia las personas que ministramos son esenciales para realizar un servicio que glorifique el nombre del Señor.
El Ministerio Internacional de Intercesión "La Higuera" se reunió en La Habana para un evento de oración, danza y alabanza. También se está organizando un encuentro interreligioso para orar por la paz y la convivencia entre Israel y Palestina. La unidad y unanimidad de la iglesia de Cristo es crucial para alcanzar los objetivos de Dios y extender su amor al mundo.
Los cristianos somos como ramas injertadas en el olivo de Dios, que es el pueblo de Israel. Es importante que el pueblo de Dios ore por la paz en Israel y Jerusalén sin prejuicios. No debemos pensar que Israel ha perdido toda bendición por su incredulidad, ya que el plan de Dios es irrevocable y las promesas del Reino se cumplirán. Dios nunca ha dejado de amar a Israel y el Shemá (escucha Israel) trae nuevos vientos de misericordia para su pueblo y para toda la humanidad. Recuerda la promesa de Dios al patriarca: "Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. En ti serán benditas todas las familias de la tierra".
Dios construye puertas sin cerraduras y nos dio a Jesús como llave maestra para abrirnos paso por este mundo lleno de puertas cerradas. Él es la puerta y el camino exclusivos de Dios y aquellos que intentan subir por otras partes son ladrones y salteadores. Jesús es la puerta de entrada y salida para la salvación y redención. Él está llamando a todos a emprender el regreso a casa y aceptar su amistad y amor. No intentes ponerle cerraduras a la puerta que Dios está abriendo delante de ti.
La historia de Hatuey, un indio cubano que se rebeló contra la dominación española y fue condenado a morir en la hoguera por hereje. Se negó a aceptar a un Dios impuesto por los españoles que para él representaba la destrucción y la muerte. Actualmente, la gente juzga a los cristianos por su vida diaria, no solo por su apariencia de piedad y conocimientos bíblicos. Los cristianos deben mostrar una vida de amor, fidelidad, gracia y paz basada en Cristo, dejando al Espíritu mover a las personas hacia Jesús.
Dios no quiere que te preocupes por el futuro, sino que busques primero su Reino y su justicia. La justicia para el cristiano espiritualmente basada en el amor y se revela en el evangelio a través de la fe en Jesucristo. La justicia de Dios es una señal de su amor y su fruto es la paz. No te afanes ni te angusties, Dios tiene cuidado de ti. Recuerda que el amor es la señal del reino de Dios y de su justicia.
El acto de Cristo lavando los pies de sus discípulos es un ejemplo de humildad y servicio. Él se despojó de su manto y se ciñó una toalla para lavar los pies de sus discípulos, incluyendo los de Judas quien lo traicionaría horas más tarde. Este acto nos inspira a servir a los demás sin esperar nada a cambio y a quitarnos nuestro propio manto de orgullo y conveniencia para imitar el ejemplo de Cristo. El Señor nos da la oportunidad de servir a los demás en múltiples áreas de nuestra vida cristiana, necesitamos la sabiduría de Dios para hacerlo.
El carácter cristiano se refiere a la integridad y convicciones que deben tener los discípulos de Jesús. Esto se logra a través de una vida de integridad alimentada por el Espíritu Santo y manifestando el fruto del Espíritu. La Biblia es nuestro código de ética y nuestra brújula en el peregrinaje de la vida. Dios anhela expresar su carácter moral a través de nosotros y la Biblia nos anima a seguir el ejemplo de Cristo en nuestra relación con Dios y con los demás. Debemos ser humildes, amar al prójimo y crecer en los aspectos del carácter de Jesús con la ayuda del Espíritu. Nuestra oración debe ser mirar a Jesús para vivir vidas reposadas que agraden a Dios y glorifiquen a nuestro Salvador.
La falta de unidad entre los cristianos es una de las razones por las que el mundo se resiste a creer en Cristo. La unidad de los creyentes da testimonio de que Cristo es real en la vida de su iglesia. Un evento interdenominacional llamado Convención Keswick en Islas Caimán, que tenía como tema central "Todos uno en Cristo Jesús", mostró una armonía y amor real entre pastores de diferentes denominaciones y cuerpo de Cristo en general, lo que es testimonio de credibilidad para el mundo. Cristo oró al Padre por la unidad de su pueblo, para que el mundo crea. La iglesia tiene que ser relevante, tiene que influir en la sociedad, tiene que impactar y lo primero que es visible en la iglesia como cuerpo es su unidad, que se traduce en amor, en justicia y en misericordia. Perfectos en unidad es dejar las diferencias y las simplezas atrás y centrarnos en Cristo, en su obra redentora para la humanidad, en su mensaje de reconciliación para todos los hombres. Somos mayoría con Cristo. Contra esa mayoría no hay gigantes, ni fortalezas, ni imperios que puedan prevalecer.
El cristiano no debe sorprenderse si el mundo le aborrece, ya que la Palabra de Dios que hemos recibido nos separa del mundo y nos transforma. Sin embargo, aunque no somos del mundo, hemos sido enviados al mundo para cumplir una misión gloriosa. Cuando la Biblia habla del mundo, se refiere a las fuerzas espirituales que nos alejan de la voluntad de Dios. Aunque nos parezca increíble, nuestra ciudadanía está en el cielo gracias a la sangre de Cristo. Debemos ser luz en un mundo velado por las tinieblas y amar a las personas como Dios las ama. El desafío es vivir en el mundo pero no ser parte de él, rechazando las fuerzas opuestas al reino de Dios y dando palabra de vida eterna al mundo. Jesús prometió estar con nosotros siempre.
Jesús oró al Padre en su condición humana, con reverente sumisión y certeza de ser escuchado. Su oración en Juan 17 es un himno clamado del Dios encarnado, una oración que debemos imitar. Nos invita a orar por la unidad del cuerpo de Cristo y a ser una vía diligente de bendición para los demás. La unidad es vital para la iglesia si queremos trastornar al mundo con el mensaje de salvación. Además, Jesús nos ha enviado al mundo para predicar el evangelio. Debemos orar por los misioneros y tener un corazón apasionado para ser enviados. Finalmente, la oración de Jesús tiene un solo propósito: la gloria del Padre. Debemos imitarle en súplica a Dios y mostrar al mundo el amor por el cual Él se entregó.
El cristianismo es relevante por sí solo y su mensaje de fe y esperanza en Cristo es para toda criatura. No debemos preocuparnos tanto por el fin de los tiempos, sino por predicar el evangelio del Reino y llevar a la gente a los pies de Cristo. Debemos imitar a Cristo en su misión de transformar vidas y llevar su fragante aroma con humildad para la gloria de Dios. El Espíritu que ungió a Jesús es el mismo que nos ha ungido a nosotros para proclamar el evangelio. Debemos evitar un cristianismo enfocado en el comportamiento y enfocarnos en la transformación de vidas por la gracia de Dios. ¡Imitemos a Cristo y anunciemos las buenas nuevas!
La humildad es un mensaje recurrente en la Biblia y en la vida de Jesús. Sin embargo, el mundo es altivo y arrogante por naturaleza. La humildad es una virtud que nos hace obedientes y útiles para beneficio de otros. Un ejemplo de humildad es el de Miguel, quien se dedica a ayudar a los necesitados y predicar el evangelio. La humillación no es solo rebajarse a una posición menor, sino también entregar todo nuestro orgullo y arrogancia a Dios para que los transforme en virtudes. La recompensa de la humildad y el temor de Dios son la riqueza, el honor y la vida.
La imagen tradicional de Cristo en América Latina era triste y enfocada en la muerte, lo que hacía difícil predicar la Buena Nueva. Pero debemos imitar al Cristo vivo y redentor, que nos da una nueva vida, perdona nuestros pecados y nos ofrece paz. Debemos conocer a Cristo para imitarlo y alcanzar la santidad. Pablo nos invitó a imitarlo a él como él imitaba a Cristo. Debemos imitar a Cristo porque es el centro de la historia, las Escrituras y la misión de la iglesia. Hemos sido llamados a imitarlo.
Apacentar al pueblo de Dios significa cuidarlo con amor, velando por él y siendo ejemplo para ellos. También implica instruirlos para la comunión y ayudarlos a defenderse de la perversión de este mundo. Todo esto con humildad y con la esperanza de la gloria que será revelada en el siglo venidero. Como verdaderos apacentadores del rebaño de Cristo, debemos estar dispuestos a sacrificar todo por amor a Él y a su pueblo.
Pedro dejó una comisión a la iglesia de Jesucristo para apacentar, lo que significa pastorear, alimentar, guiar y cuidar del cuerpo de Cristo. Todos pueden ser apacentadores con la Palabra de Dios y la ayuda del Espíritu Santo. También necesitamos proteger al rebaño de Dios de falsas enseñanzas y modas espirituales. Cada miembro de la iglesia debe prepararse para asumir el rol de apacentador cuando sea necesario.
Dar frutos es vivir una vida cristiana consecuente con las normas de Dios para su Reino. El cristiano debe someterse a la autoridad y control del Espíritu para dar frutos. Dar frutos no significa trabajar más, sino multiplicarse en otro discípulo de Cristo al testificarle a los demás de su amor y de su vida. Es predicar la palabra de Dios y apropiarse del poder que sólo da el Espíritu para testificar. Testificar de Cristo es hablarle a los demás del Salvador del mundo, invitándoles a abandonar el pecado y aceptar a Jesús por fe. Sólo el Espíritu Santo produce el fruto que le dará a tu vida cristiana armonía, poder, santidad y esplendor. El reto para todo cristiano es producir frutos multiplicándose en otras vidas transformadas y proclamando la palabra de Dios a otros. La oración es que el Espíritu de Dios te dé las fuerzas para ser un testigo para la salvación de otras vidas. ¡Vive para testificar!
El pasaje de 2 Timoteo 4:2-5 es una Comisión de Pablo para los cristianos de hoy en día. Nos encarga predicar la palabra a tiempo y fuera de tiempo, corregir y reprender cuando sea necesario, y perseverar en enseñar la verdad. La razón de este encargo es que habrá personas que no soportarán la sana doctrina y buscarán maestros que se ajusten a sus propios deseos. Debemos ser prudentes en todas las circunstancias, soportar los sufrimientos y dedicarnos a la evangelización. Todos tenemos dones dados por el Espíritu y podemos ejercer un ministerio. La oración es que esta Comisión de Pablo sea una realidad en cada iglesia y en cada siervo y sierva que decida cumplirla.
El autor comparte su experiencia en un pequeño pueblo de mar donde la iglesia local tenía un letrero que decía "Se aceptan pecadores". El pastor explicó que la palabra "pecadores" suele ser mal entendida y que es una oportunidad para enseñar a las personas acerca del pecado y la necesidad de arrepentimiento. El autor reflexiona sobre la importancia de renovar constantemente la iglesia para ser un testimonio efectivo en la cultura secular, sin comprometer el mensaje de salvación. Finalmente, el autor invita a los lectores a preparar su cartel y clamar al Señor por una buena red para pescar hombres.
Dios detuvo el sol en respuesta a la oración de Josué para mostrar que la naturaleza está sometida a Su gobierno y soberanía, y para demostrar que la fe de su pueblo es la substancia sobrenatural que lo moviliza a hacer lo que parece imposible. Dios puede detenernos intencionalmente para mostrar su gloria y evitar que nos deslicemos hacia el abismo de nuestra necedad. Debemos confiar en su control porque su plan es perfecto, como su voluntad es perfecta. Las victorias del cristiano no son sus victorias sino las de Cristo. Debemos pedirle a Jesús que se detenga en nosotros y nos bañe de su luz para llevarnos a la victoria. Josué oró a Dios para que el sol se detuviera en favor de la victoria, y nuestra victoria será orar para que Jesús se detenga en nosotros y nos bañe de su luz que trae bendición y vida eterna.
Dios nos ha sellado con su Espíritu y nos ha renovado con una vida nueva en Cristo. Tenemos la garantía de nuestra herencia en Él. A menudo nos enfocamos en lo que nos falta en lugar de apreciar lo que ya tenemos en Cristo. Debemos mostrar el sello de Dios en nuestra vida diaria y ser legítimos y transparentes en nuestra fe. Estamos siendo escudriñados por aquellos a quienes queremos impactar, por lo que debemos recordar que estamos sellados por Dios y ser agradecidos por lo que somos en Él.
Es hermoso ser parte del pueblo de Dios y sentir su amor. Dios nos eligió en Cristo desde antes de la fundación del mundo y nos bendijo en Él para ser parte de su iglesia. La elección no fue por nuestros méritos, sino por la soberanía divina y la sangre del Cordero de Dios. Debemos responder en gratitud y reflejar una vida redimida que anhela la gloria de Dios. Como Pablo, podemos ser transformados por la gracia de Dios. La plenitud de vida en Cristo nos lleva a la santidad y a la bienaventuranza en su presencia. ¡Dios te bendiga!
La primera bendición que recibimos de Dios después de ser salvos es que somos aceptados en Cristo. Esto no depende de nuestro comportamiento o buenas obras, sino de nuestra fe en Jesús. No podemos ganarnos la aceptación de Dios, sino que es otorgada por su gracia y amor en Cristo. El mundo nos acepta por lo que hacemos, pero Cristo nos acepta tal como somos y nos transforma con su amor. Nuestra aceptación en Dios no depende de nosotros, sino de la obra de Jesucristo en la cruz. Vivamos en agradecimiento y compartamos el amor de Cristo.
El verdadero fundamento para experimentar gozo y felicidad es conocer a Dios y su amor. La vida eterna se relaciona con el conocimiento de Dios y Jesucristo. No se puede amar a los demás como quiere el Maestro si primero no descubrimos su amor. Debemos poner en práctica lo que se predica sobre el amor de Dios para influenciar poderosamente la cultura secular con la cosmovisión cristiana. El amor es vida plena y debemos dar a otros del amor de Dios.
El autor advierte contra la ola de nuevos oficiantes y administradores de la gracia que buscan adoración y reconocimiento entre el pueblo más inocente y sensible a la belleza del evangelio. Menciona que el apostolado es un don espiritual y que debemos ser movidos por el Espíritu Santo para hacer la Gran Comisión que nos dejó el Señor. El autor nos insta a no dejarnos impresionar por la fanfarria y el trapo que se usa para predicar en los púlpitos signados por la milagrería barata y engañadora que pregona la prosperidad de los fieles en proporción multiplicada a lo que se entrega en el “alfolí” de los diezmos y ofrendas. La iglesia de Cristo no debe callar ante estos abusos psicológicos. En resumen, somos llamados a cumplir la misión de “hacer discípulos” de Cristo y no de nosotros mismos, y a predicar al Cristo que llamó bienaventurados a los pobres de espíritu y les prometió un Reino.
Jesucristo es nuestro modelo y ejemplo a seguir, no hay otro. A través del tiempo, algunos han falsificado y erróneamente interpretado la Palabra de Dios. No hay méritos humanos suficientes para satisfacer a Dios, Él sólo quiere obediencia y permanencia en Él. El apóstol Pablo sugirió que los hermanos le imitaran, pero dejó claro que Cristo es el motivo de imitación e inspiración, no el hombre. Jesús decía imitar al Padre. Cristo es el único digno de alabanza y adoración, y Él nos ha declarado santos por su obra en la cruz, no por nuestros méritos. Una vida plena se vive desde esta convicción.
El autor habla de su generación en Cuba, que creció entre la humillación dirigida y la música de protesta. En los años 60, muchos jóvenes adoptaron la moda hippie y la música de los Beatles. La religión se vio como un opio y la vida sin compromisos religiosos se consideró la mejor opción. El autor reflexiona sobre cómo el hombre se levantaba cada mañana sin Dios, dispuesto a disparar a su hermano. Pero en los años 90, hubo un redescubrimiento de la fe y las iglesias se llenaron de gente que antes era vista como loca. Finalmente, el autor comprendió por qué el evangelio es locura para los que se pierden, pero poder de Dios para los que buscan su rostro.
El autor era un creyente intelectual de deidades invisibles, orgulloso y autosuficiente que no veía la necesidad de Dios en su vida. Sin embargo, en medio de una crisis, Dios envió varios mensajeros y la Palabra de Dios comenzó a labrar su alma. Finalmente, en una noche de lectura de la Biblia, el autor se arrepintió y se rindió a los pies de Cristo, experimentando una luz y un bálsamo del cielo. Desde entonces, su vida ha sido bendecida y ha visto la mano de Dios en su hogar. El autor anima a otros a humillarse y clamar a Cristo, quien los ama y desea su corazón.
La gracia de Dios nos ha sido dada a través de Jesucristo, y debemos compartir esta gracia con los demás. Muchas personas en el mundo están sufriendo y necesitan de la gracia de Dios. Debemos ser instrumentos de Dios para llevar su gracia a los demás y dar testimonio de nuestra fe en Cristo. Debemos ser perseverantes en nuestra vida cristiana y permanecer en Él, quien es la fuente de toda gracia. Si extendemos la mano a otros con un puñado de gracia, Jesús nos sonreirá. Dios nos bendiga.
El corazón que se ha rendido a Cristo debe expresar el amor que ha experimentado. El conocimiento del amor de Dios es una experiencia sobrenatural que sana y fortalece, y necesitamos compartirlo. Al ser cristianos, debemos reflejar en nuestra vida el amor de Dios al permanecer en Cristo. El amor que crece en nosotros por la gracia de Dios puede hacer milagros y vestir de misericordia el alma. Pero debemos aprender a compartirlo y amar al prójimo como a nosotros mismos. La plenitud en Cristo es abundancia de amor, y debemos compartirlo con el mundo.
La resurrección de Cristo es la piedra angular del cristianismo y nuestra esperanza de vida eterna. Celebramos esta esperanza en la Semana de la Pasión al meditar en el sacrificio de nuestro Señor. La resurrección de Cristo nos hizo partícipes de una naturaleza tal que nos permite tener la convicción de una vida de total plenitud en su presencia para toda la eternidad. ¡Celebremos a Cristo porque Él vive!
El pecado no es la causa, somos nosotros mismos. Debemos permitir que el amor de Cristo transforme nuestras vidas. La mayor razón de gratitud es la salvación, que se logró con el sacrificio de Cristo en la cruz. Debemos vivir en gratitud y ofrecer sacrificios de acción de gracias. Dar por gratitud es profundamente cristiano y Dios ama al que da con alegría. La gratitud a Dios trae plenitud de vida en Cristo y gozo al corazón.
El evangelio es libertad y poder de Dios. Hay dos tipos de saulos: los que odian a Dios y los que confunden el mensaje del evangelio. La libertad en Cristo viene del Espíritu y nuestra relación con Él. No hemos hecho nada para ganar esta libertad, sólo escuchar su voz y abrir la puerta. El precio de nuestra libertad fue la muerte de Jesús en la cruz. La vida plena se vive desde la gracia y el llamado a servirnos por amor los unos a los otros. Vivir en gratitud y dejar atrás las ataduras viejas es la respuesta a la libertad en Cristo. Dios te bendiga.
La vida cristiana no se trata de seguir un manual de instrucciones, sino de beber del caudal de la Palabra de Dios y permitir que el Espíritu Santo nos guíe en nuestra vida diaria. El amor es el medidor de nuestra verdadera espiritualidad y es el recurso para andar en el Espíritu. La vida plena es gozo y paz como estados de ánimo permanentes en la vida cristiana, y esto se logra al poner en práctica la obediencia en amor. Debemos permitir que el Espíritu Santo entre en todas las áreas de nuestro ser y honrar a Aquél que murió para darnos vida plena y abundante.
El Espíritu de vida en Cristo Jesús es la única ley que se decretó en el evangelio. La carne y el Espíritu son antagónicos, y solo el Espíritu puede dar vida eterna. La ley del pecado y la muerte no puede coexistir con la ley del Espíritu. La vida plena se vive bajo la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, y la clave es ser consciente de que el Señor nos ha dado la capacidad de andar en el Espíritu y desechar la carne. Caminemos en el Espíritu para vivir a Cristo en toda su plenitud.
La vida eterna es la promesa más importante del evangelio de Jesucristo. Solo en Él hay vida eterna y la convicción de esta verdad trae plenitud de vida. Aunque el camino puede ser difícil, los desiertos son escenarios donde Dios se manifiesta para recordarnos su grandeza y la seguridad de que no estamos solos. La plenitud en Cristo es plenitud de vida, de una vida que apunta a la eternidad. Debemos conservarnos en el amor de Dios y esperar ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
El bautismo simboliza la muerte del viejo hombre y el nacimiento de una nueva vida en Cristo. La salvación comienza con el arrepentimiento y la fe en Jesús. Somos creación nueva nacida del Espíritu, hechura de Dios en Cristo. La vida plena en Cristo es sinónimo de riqueza espiritual y descansa en la esperanza en la segunda venida de Jesús. La abundancia de nuestra vida es el propio Cristo. Debemos meditar en nuestra propia experiencia de conversión y asegurarnos de haber nacido de nuevo en Cristo.
La vida plena se encuentra en Cristo a través de la fe salvadora. La fe es indispensable para agradar a Dios y obtener la plenitud de vida en Él. Esta plenitud se vive por medio de la fe en la cruz de Cristo, y se recibe de su plenitud. Todo lo material se vuelve inestable sin fe, pero con ella, estamos completos por la plenitud de Cristo. La oración es que la plenitud de Dios llene tu vida y te lleve al conocimiento real de Él.
El ministerio es un llamado divino para servir al Señor y a las necesidades del prójimo. Todos los cristianos están llamados a servir y obedecer los designios divinos. Un buen ministro es un siervo que obra por la gracia de Dios y renuncia sus propios intereses. La iglesia necesita más buenos ministros que nuevos ministerios. Todos somos ministros en el cuerpo de Cristo y debemos servir al Señor con alegría.
El autor visita a una mujer llamada Mercedes que es conocida por ayudar a las personas con su religión afrocubana. A pesar de que ella lo recibe amablemente, el autor aprovecha la oportunidad para hablarle de Jesucristo y cómo Él murió en la cruz por todos los pecados de la humanidad. Después de unos minutos de hablar, Mercedes acepta a Jesucristo como su Salvador y tira sus trastos de su antigua religión a la basura. Ella se muestra con una sonrisa nueva y regala saludos de "Dios te bendiga" a las personas. El autor concluye diciendo que Cristo es irresistible y que debemos predicar la Palabra.
En el hogar cristiano, el padre tiene la batuta pero la madre produce los arreglos para que la música sea armoniosa. Las madres cristianas son fundamentales en el hogar y compensan o sobrepasan los desvelos que los padres no pueden dar. La Biblia está llena de historias de mujeres que primero fueron madres: Sara, Ana, Rut, entre otras. El papel de las madres cristianas de hoy tiene mucho de redención. Nunca desestimes la oración de una madre porque los tratos del Señor son especiales para ella. Las madres deben acompañar a sus varones en la lucha espiritual que se libra en los hogares de un mundo perdido.
Los padres deben tener autoridad en el hogar, pero esta debe estar revestida de amor. Sin amor, el poder se convierte en un uso desmedido de la autoridad y esto puede corromper el hogar. Los padres deben aprender del amor de Dios y amar y aceptar a sus hijos, reconociendo sus valores y consolándolos y animándolos cuando lo necesiten. Los hijos anhelan el abrazo de un padre y necesitan sentirse amados para acatar la disciplina y la instrucción de sus padres. El hogar cristiano debe estar impregnado de amor y cultivar el amor en los hijos para que puedan alabar a Dios y seguir sus enseñanzas.
La vara y el cayado del pastor son instrumentos de disciplina y protección. Aceptar la disciplina del Señor es muestra de su amor hacia nosotros. Como padres, debemos aplicar la disciplina con diligencia y sin exasperar a nuestros hijos. La disciplina es el camino a la vida. Debemos pedirle a Dios que su vara nos infunda aliento y que guíe a nuestros hijos en el temor de Dios.
La familia es el lugar donde se pueden enseñar los valores del Reino de Dios y los padres son los encargados de guiar espiritualmente a sus hijos. La educación secular tiene como objetivo crecer en conocimientos y habilidades para que algún día la sociedad te reconozca por lo que haces, pero en Cristo, la educación que los padres deben impartir a los hijos tiene el objetivo de que estos crezcan en obediencia y convicción de fe. Los padres deben ser el paradigma y ejemplo en el temor de Dios para sus hijos y no confiar solamente en las instituciones educativas. La disciplina es importante en la educación de los hijos, pero no se debe exasperarlos. Como padres, debemos imitar a Cristo en todo y enseñar a nuestros hijos lo que el amor de Dios ha hecho en nosotros y en nuestra familia.
La familia es importante para Dios y es el centro de la sociedad. Satanás atacó a la familia en el jardín del Edén, pero Dios tiene un plan para bendición de todas las familias. Los padres tienen la responsabilidad de instruir a sus hijos en el camino del Señor para que se mantengan en la justicia y rectitud. Jesús es el gran sacerdote que defiende y da su vida por la familia cristiana. Debemos orar por nuestra familia y por toda la familia de Dios.
La iglesia de Cristo tiene la misión de llevar la buena noticia al mundo aquí y ahora. La iglesia puede tener imperfecciones, pero tiene la promesa del regreso de Jesús para hacerla resplandecer. Todos somos las manos del Señor para colaborar en su obra. La iglesia debe ser un testimonio del amor de Dios para el mundo.
El liderazgo cristiano debe ser virtuoso y servir al pueblo de Dios con integridad. Nehemías fue un líder excepcional debido a su dependencia de Dios y su compromiso personal. Dios busca líderes con corazón de siervo y madurez espiritual, no solo habilidades y destrezas. El pueblo de Dios necesita siervos-líderes que reproduzcan las virtudes del liderazgo de Jesús. Si sientes el llamado a liderar, examina tu corazón y sirve a Dios con el único propósito de agradarle a Él. Dios bendiga.
La santidad es un asunto serio e imperativo para los cristianos. Es importante reformarnos y renovarnos constantemente para dar testimonio de Cristo. El Espíritu Santo nos permite confrontar nuestras realidades y re-dedicarnos a Dios cada día. La pureza moral es un valor imprescindible en la cadena de la santidad. Vivimos en un mundo donde los valores morales no son reformados, por lo que es un gran desafío para nosotros ser luz y sal de la tierra. Necesitamos ser obreros de valor en las brechas que ha abierto el enemigo.
La alabanza y la adoración son esenciales en la vida cristiana. Es importante reconstruir nuestras murallas espirituales antes de dedicarlas al Señor con gratitud y alabanza. Nehemías lo hizo de esa manera, humillándose ante Dios y luego dedicando las murallas reconstruidas con cánticos y ofrendas. Debemos examinar nuestras propias vidas espirituales y reedificarlas en el nombre de Cristo, dedicándolas al Señor con alabanza y acción de gracias. Alabemos al Señor por su fidelidad y amor y celebremos su obra redentora en nuestras vidas.
Los que obedecen el llamado de Dios a hacer sacrificios personales en favor del Reino merecen nuestra admiración y bendición. Nehemías 11 habla de aquellos que se sacrificaron para reconstruir Jerusalén en tiempos de ruina. La fidelidad y obediencia a Dios son recompensadas, y Él conoce nuestros corazones. No importa si nuestros sacrificios son ignorados por los hombres, lo importante es que sean hechos en obediencia a la Palabra de Dios y con fidelidad de corazón. Al final, cuando Dios pase lista en el cielo, podremos responder feliz cuando escuchemos nuestro nombre.
Es importante hacer un autoanálisis espiritual para examinar nuestra conducta y corregir el rumbo si es necesario. Si no lo hacemos, Dios lo hará. La confesión, el arrepentimiento y la confianza en las misericordias y la fidelidad de Dios son esenciales para volvernos a él. En Nehemías, el pueblo de Dios se humilló y reconoció sus faltas, clamando por su ayuda y salvación. Dios es fiel y perdonador, pero es importante que nos examinemos a la luz del Evangelio de Cristo y reconozcamos nuestras faltas humildemente delante de su trono de gracia.
Ser ministros de Cristo significa tener un corazón de siervo y comprometernos a servir a Dios y a los demás. El capítulo 9 de Nehemías habla del compromiso personal en la obra de Dios. Vivimos bajo un nuevo pacto en Cristo, y nuestro compromiso con Él se basa en la obediencia a su palabra. Nuestra herencia es el Señor y prometemos obedecer sus palabras. Que Dios nos ayude a cumplir nuestro compromiso con Él.
El liderazgo de Nehemías en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén muestra la importancia de la fe en tiempos de oposición y luchas espirituales. La fe nos da firmeza y perseverancia para resistir al enemigo y cumplir la voluntad de Dios. En Cristo, podemos reedificar las murallas espirituales y cerrar las brechas que el enemigo ha abierto. La puerta principal que da acceso al evangelio de la salvación es Cristo. Las luchas espirituales se confrontan con la firmeza que proviene de la fe salvadora.
La reconstrucción de la muralla de Jerusalén concluyó, pero Nehemías aún tenía responsabilidades. Estableció prioridades para preservar la ciudad de los ataques del enemigo, hacer un censo, seleccionar a los sacerdotes aptos espiritualmente y registrar las ofrendas para continuar edificando la obra de Dios. Esto nos enseña que debemos cuidar nuestra intimidad con el Señor y establecer prioridades en nuestra vida cristiana. Afianzar los valores del Reino de Dios es nuestra prioridad. Si estamos en perfecta comunicación con Dios, lo que Él pone en nuestro corazón es lo primero que debemos hacer.
Ser el pueblo de la Biblia significa que reconocemos que es la palabra de Dios y tiene autoridad final sobre todas las cosas. Nehemías y Esdras lideraron al pueblo de Dios en la lectura y el arrepentimiento de la Ley de Dios, reconociendo sus rebeliones y pidiendo su misericordia. Necesitamos volver a las Escrituras para ser confrontados y obedecer su palabra para tener renovación espiritual. La palabra de Dios es un tesoro insondable y una fuente inagotable de verdades que necesitamos aprender y grabar en nuestros corazones para vivir el gozo del Señor. El arrepentimiento y la confesión del pecado mueven el corazón de Dios y nos imparte su perdón. En este mundo de ruinas y valores abandonados, la palabra del Señor trae luz y esperanza.
La disciplina de Dios es necesaria para continuar haciendo su obra y glorificarlo. A veces la oposición a hacer la voluntad de Dios viene desde adentro, pero debemos confiar en Cristo, la piedra del ángulo. La disciplina trae bendición y produce una cosecha de justicia y paz. La enseñanza y la disciplina son el camino a la vida. Lectura sugerida: Nehemías 5.
En un mundo en ruinas espirituales, como ministros de Dios, debemos depender de Él y no confiar en nuestras propias fuerzas. El libro de Nehemías es un manual de procedimiento espiritual que nos enseña la importancia de la renuncia, la humillación y la oración constante en nuestra lucha contra el enemigo. Debemos estar alertas y velar día y noche para que el enemigo no obstaculice los planes de Dios. En resumen, en un mundo en ruina moral y espiritual, no podemos descuidar nuestra relación con Dios.
El mundo está en ruina espiritual debido al pecado y la falta de conocimiento de Dios. El secularismo ha instituido sus propios valores que son contrarios a los designios de Dios. Nehemías sintió la necesidad de reconstruir los muros de Jerusalén, que estaban en ruinas, y también la ruina moral del pueblo. El pecado produce ruina y pérdida de rumbo, pero la intercesión de un siervo de Dios puede traer restauración. Dios no rechaza la oración y sus oídos están solícitos al clamor del corazón que ora por el Reino. Nehemías entendió el valor de la intercesión por la salvación y reedificación espiritual de sus hermanos. La reconstrucción de la muralla fue el preámbulo de una restauración espiritual que llevó al pueblo a la adoración y obediencia. Debemos orar por los perdidos y por todos los creyentes. Que se levanten hombres y mujeres intercesores como Nehemías en cada uno de nuestros pueblos y naciones.
Dependamos de Dios en nuestros proyectos y planes de vida, porque Él tiene las mejores opciones y soluciones para nosotros. Debemos orar y buscar su dirección antes de lanzarnos a cualquier empresa. Cuando Dios inicia una obra, Él proveerá los recursos y estrategias necesarios para llevarla a cabo. Debemos aprender a depender de Él y dejar que Él haga su obra en nosotros primero. Encontraremos oposición en nuestro camino, pero si dependemos de Dios y clamamos en oración por su guía y dirección, Él nos dará la victoria. La buena noticia es que el Evangelio puede reedificar y reformar los muros que hemos dejado caer por la indulgencia y por apartarnos de la voluntad de Dios. Mi oración es que dependamos de Dios en todo lo que hagamos y glorifiquemos al Señor en nuestra vida. ¡Dios te bendiga!
El autor afirma que tenemos un Rey digno de alabanza y devoción, que es el don inefable de Dios. A diferencia de los reyes del mundo, nuestro Rey es justo, bondadoso, misericordioso y graciosos. El autor insta a los lectores a adorar y obedecer a este Rey en lugar de a los líderes humanos, y a glorificarlo en todo momento. El autor también alienta a los creyentes a vivir en la gracia y la verdad de Cristo y a derribar cualquier rey desatinado en sus vidas. El autor cierra deseando a los lectores un feliz año nuevo y la bendición de Dios. El Salmo 72 se sugiere como lectura complementaria.
Los hijos de Dios son increíblemente favorecidos y armados con la gracia del Señor. Pero no debemos usarla como excusa para justificar nuestras iniquidades y maldad. En cambio, debemos mostrar amor y perdón, ya que el perdón es una expresión de amor y está hermanado con la gracia. Si hemos recibido tanto de la gracia de Dios, debemos dar algo de lo que hemos recibido. Debemos ser humildes y reconocer que un corazón que no perdona es débil e ingrato delante del Señor. Debemos hacer nuestra la carrera de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
La Navidad es una oportunidad para contar la historia del nacimiento de Jesús y transmitir esperanza. Es importante confrontar al hombre con el pecado y la necesidad de arrepentimiento. La Navidad también es un momento para reencontrarse con la Palabra de Dios y vivir vidas que impacten por lo que hacemos, no por lo que decimos. El mensaje de la Navidad es la vida eterna a través de Jesucristo. Se agradece a Dios por su gracia y se desea una feliz Navidad a todos los lectores y la familia de León de Judá.
Lectura sugerida: Salmo 150.
El Príncipe de Paz, Jesús, rompió los moldes existentes al elegir un burrito en lugar de un corcel y una corona de espinas en lugar de una corona real. Aunque su facha no era majestuosa, su corazón ha cautivado al mundo y su paz es preciosa. Los cristianos deben buscar a Cristo en la iglesia, no solo la paz en sí misma. La paz viene como resultado de buscar el reino de Dios y su justicia. La sangre de Jesús derramada en la cruz es la génesis de nuestra paz. Dios prometió paz a su pueblo y su pacto de paz es firme. Jesús inaugurará un tiempo de paz eterna para los redimidos en su sangre. Los cristianos deben hacer de la paz un estandarte que honre a Dios y testifique en su nombre.
Solo Dios es eterno y puede ofrecer vida eterna. Si somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo, también somos herederos de lo eterno. Debemos esforzarnos por añadir a nuestra fe virtud, entendimiento, dominio propio, constancia, devoción a Dios, afecto fraternal y amor. Jesús y el Padre son uno y Jesús es la luz eterna que nos da entendimiento para conocer al Dios verdadero y la vida eterna. Debemos vivir en el gozo del Señor y ofrecer a otros el mejor regalo, que es Cristo.
La fortaleza que necesitamos como cristianos no está en nuestra propia fuerza, sino en el poder del Espíritu Santo. Cristo es fuerte porque en Él descansan las promesas de redención última de la humanidad, y en Él cohabita el poder divino. Si somos coherederos con Cristo, entonces somos fuertes con Él. Las armas con las que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Es tiempo de Navidad, una época que despierta los ánimos de paz y reconciliación. Ven al fuerte, al Cordero inmolado ayer y victorioso siempre.
Dios es admirable en su devenir y propósito en nuestras vidas. La sociedad actual ha perdido su trascendencia al sacar a Dios de su vida. Cristo es Admirable por ser la autoridad suprema y Señor de todo lo que existe. Él es admirable porque siendo fuerte se hizo débil, siendo Dios se humilló hasta lo sumo y murió en una cruz por nosotros. Debemos admirar a Cristo por encima de cualquier otra cosa o persona en nuestras vidas. En esta Navidad, debemos asombrarnos y conmovernos ante la realidad de la pobreza y necesidad en nuestro mundo, recordando que Cristo nació en nuestros corazones.
La Biblia es el mejor manual para tratar los problemas de la conducta humana y Dios es el Consejero por excelencia. Busquemos su sabiduría y conocimiento para encontrar soluciones a nuestros problemas. Podemos buscar su consejo a través de la oración, la lectura de su Palabra, la intimidad con Él y la iglesia. La iglesia necesita consejeros competentes en la Palabra de Dios, pero cada cristiano puede buscar la dirección del Espíritu Santo para llevar una vida cristiana victoriosa. En esta época de Navidad, busquemos al Consejero que cambia la tristeza por gozo y nos consuela y apacienta. Escuchemos su consejo y sigamos su camino.
La profecía del nacimiento del Salvador del mundo es la más extraordinaria de todas las hechas en el mundo precristiano. El niño es aquel anunciado, concebido y traído al mundo y sería llamado Emmanuel, la encarnación del Dios omnipotente, varón de consejos y de dolores, de la palabra viva, que traería no sólo buenas nuevas a los que abrieran sus corazones a Él, sino también malas nuevas para los que no reconozcan su genuino título de Salvador. Por la gracia de Dios, llegamos otra vez a la sala de parto que es la Navidad y el niño puja por nacer en cada corazón humano y traer la alegría de la redención. Que Emmanuel reine en el corazón de cada uno de sus hijos sin la religiosidad que solemos impregnarle a este tiempo. En eso reconocerá el mundo que somos hijos de luz y que verdaderamente Emmanuel, el ungido del Señor, es con nosotros.
Es importante proclamar que nuestro Dios es bondad en un mundo donde existen dioses coléricos y vengativos en la idolatría. El Dios de la Biblia es bondadoso, manifestado en la salvación a través de Jesucristo. Como cristianos, debemos revestirnos de bondad y manifestar amor y benignidad en nuestras vidas. No hay Dios como nuestro Dios. Lectura sugerida: Salmo 146.
La soberanía de Dios es insustituible y nadie puede controlar las cosas mejor que Él. Jugar a ser Dios es intentar usurpar su soberanía. La soberanía de Dios no genera acciones inconsistentes y arbitrarias para dañar su creación, sino para bendecirla. Él tiene el control y quiere lo mejor para sus hijos. Si Ud. ama a Dios y confía en su voluntad y poder, líbrese de todo temor y escuche sus promesas. Ud. tiene la opción de trabajar en su Reino y ser administrador de su gracia. Dios te bendiga.
La iglesia debe pregonar el concepto de la plenitud de y en Cristo, el completamiento que tenemos en nuestro Salvador. Nada nos completa más como seres humanos que el amor de Cristo y el Espíritu de vida en Él. La plenitud es lo que no admite "extras", es lo máximo. Ser llenos del Espíritu Santo es dejarnos guiar en Él y satisfacernos de su plenitud. El evangelio no es una religión vacía, sino una relación iniciada por Él basada en nuestra fe. Debemos orar por aquellos que buscan añadirle al cristianismo ingredientes nuevos que lo almibare o que justifique su manera de entender el evangelio. Dios nos completa en Cristo para su gloria, el que lo llena todo en todo.
La dignidad humana fue otorgada por Dios al crear al ser humano a su imagen y semejanza. Aunque el pecado ha contaminado esta bendición, en Cristo podemos restaurarla y reflejar la imagen de Dios en nuestra moralidad e integridad. Dios es digno de toda gloria, pero el hombre es digno en tanto refleja a Dios. La iglesia debe defender la dignidad humana y luchar por la santidad y el evangelio de Cristo. Seamos dignos herederos de una condición que sólo su amor asombroso fue capaz de lograr.
Dios sabe todo de antemano y su sabiduría es incomparable a la humana. Su voluntad es que seamos sabios a través de su conocimiento y no adivinos o agoreros. La sabiduría verdadera proviene de Dios y se refleja en una vida honesta y humilde con buenas acciones. Debemos anhelar la sabiduría de Dios y alejarnos de la sabiduría humana diabólica que no se sujeta a la voluntad de Dios. En Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento que son revelados a su amada iglesia para la redención y salvación de la humanidad.
La verdadera libertad es un don de Dios y se aprecia más después de haber estado cautivo. La libertad falsa es el libertinaje, que se burla de los preceptos morales y viola las normas éticas. El Salmo 18 es un cántico a la liberación que ofrece Dios cuando reconocemos que Él nos da libertad y liberación de las prisiones espirituales. La victoria es de Cristo, que nos hace partícipes de su victoria. Algunos falsos maestros intentan esclavizar al hombre religioso, pero la verdadera libertad se encuentra en Cristo. Somos libres porque hemos conocido la verdad y somos templo del Espíritu, donde hay libertad.
Dios es inmutable y su amor se refleja en su fidelidad, misericordia, poder y santidad. El cristiano puede descansar en la seguridad de que Dios siempre estará presente en su vida. La inmutabilidad de Dios nos lleva a la confianza y la paz espiritual, y nos ayuda a reconocer nuestros pecados y arrepentirnos. Como hijos de Dios, debemos imitar su santidad. La inmutabilidad de Dios también es una oportunidad para que los no creyentes se acerquen a Él y lo conozcan a través de la fe.
Esperamos en Dios, pero a veces nuestra impaciencia nos lleva a querer intervenir en sus planes. El mundo busca descanso en la politiquería barata y los adivinos, pero la verdadera esperanza viene de Dios. Cuando confiamos en Él, brota una esperanza renovada que nos sostiene en todo momento. Cristo es la verdadera esperanza de gloria y debemos vivir de ella, retirando los carros y caballos que representan el poder humano. Dios nos bendice cuando confiamos en Él.
El Salmo 8 es una exaltación al Dios creador de todas las maravillas que se preocupa por su creación y más por el hombre. A pesar de nuestra pequeñez en el universo, Dios nos dignifica y nos hace responsables de cuidar todas las cosas. Debemos ser como niños para caminar a su lado y alcanzar victorias espirituales. Jesucristo es el Señor de la creación y nos hizo herederos de todas las cosas creadas y por crear. Dios creó al ser humano para su propia gloria y toda la creación da testimonio de esa gloria que el hombre toca con sus manos al permitir que Cristo entre en su vida.
La justicia de Dios es un tema fundamental en la Biblia y es necesario en nuestra época actual. El hombre se ha olvidado de Dios y busca sus propias ambiciones sin importar a quién lastime. La justicia de Dios habla de nuestra relación con Él y de cómo nos comportamos hacia los demás. La fe es esencial para vivir justamente ante Dios. Los justos no son perfectos, pero anhelan la perfección en el Espíritu. La Biblia nos muestra que los justos son rectos de corazón, hacen misericordia, son fieles y humildes. La justicia de Dios se revela en el evangelio y en el sacrificio de Jesús. Vivamos para ser dignos de Jesús y de su justicia eterna.
La protección sobrenatural de Dios está siempre presente en nuestras vidas, especialmente para aquellos que confían en Él. Debemos confiar en Dios como nuestro refugio y protección en medio de la tormenta y no buscar nuestra propia autosuficiencia. Debemos clamar a Dios en la oración y confiar en su fidelidad y justicia. Jesús está cercano a nuestras necesidades y es nuestro protector. Dios espera que le llamemos y promete ser nuestro refugio y protección.
El Salmo 23 es un himno de confianza en la provisión, el consuelo y la guía del Señor. Sin embargo, la cultura del afán y la autosuficiencia han invadido la iglesia, alejándonos de la prometida suficiencia de Cristo. Solo al reconocer a Cristo como Señor y pertenecer a su rebaño, podemos experimentar su amor y provisión. Jesús es el buen pastor que dio su vida por sus ovejas y su deseo es que todos le conozcan y acepten como Señor y Salvador.
El amor de Dios se manifestó en enviar a su hijo Jesucristo para salvarnos del pecado y darnos vida nueva. Permanecer en el amor de Cristo es esencial para crecer espiritualmente y expresar su amor a los demás. El amor práctico es el sello del cristiano y el mejor testimonio para el mundo. Cristo es la encarnación de la gracia y el amor de Dios, y el versículo de Juan 3:16 resume su plan de amor para la humanidad.
Dios continúa llamando a cada corazón, pero no siempre recibe respuesta ya que muchos tienen una sordera espiritual. Los oídos del corazón son de tamaño sobrenatural y deben estar conectados con el Señor. A veces confundimos su voz con otra voz, como Samuel confundió la voz de Dios con la del sacerdote Elí. Para reconocer la voz del Señor, debemos conocerlo personalmente y tener una relación íntima e inalterable con Jesús. Él sigue llamando y si le respondemos, nos ofrecerá mucho más de lo que pedimos.
El evangelio de Cristo es la red que Dios echó desde el cielo para salvar al hombre y reconciliarlo con Él. La salvación no depende solo de creer en Dios, sino en creer en la salvación a través de Jesucristo. Cristo es el evangelio porque Él es la buena noticia y el mensaje del cristianismo. Fue enviado al mundo para manifestar el gran amor de Dios y necesitamos al Salvador para ser salvos. La misión de los cristianos es predicar el evangelio para reconciliar al mundo con Dios.
El Reino de Dios es un tema importante en la Biblia y está relacionado con la salvación y redención de la humanidad. Jesús inauguró este nuevo orden de vida donde el hombre adquiere una nueva identidad y se convierte en hijo aceptado, amado y redimido por la Cruz. El Reino se vive desde el futuro hasta el presente y se entra a través de la fe en Jesucristo. Todos pueden ser parte del Reino si se arrepienten y reciben a Cristo por la fe y nacen de nuevo. Estamos viviendo en el Reino de Cristo, un reino espiritual que es paz, gozo y justicia en el Espíritu Santo. Como hijos del Rey, somos sal y luz para el mundo y debemos pregonar y exaltar al Rey que ya está entre nosotros.
La fidelidad de Dios es intemporal y sempiterna, y se revela en su Palabra y en su relación con sus hijos. Aunque somos infieles, Él permanece fiel y nos fortalece y protege del maligno. La fe en la fidelidad de Dios nos permite descansar en Él, confiar en su perdón y esperar con valentía. La mayor prueba de su fidelidad es la revelación de su hijo Jesucristo, quien es la imagen fiel del Padre y nos llama a crecer en nuestra fidelidad hacia Él.
El mundo vive de promesas inciertas, pero el cristiano descansa en la fidelidad de Dios. La promesa de Dios a Abraham se cumplió con la venida de Cristo, quien bendice a todos los que le reciben por fe. Vivir con la vista puesta en la promesa es confiar en que el plan de Dios para nuestras vidas es inmutable y tiene sentido. Dios es fiel y cumple sus promesas cada día. Todos vivimos de la promesa y en Cristo tenemos la promesa del Eterno.
El poder de Dios en Cristo sigue siendo un obstáculo para algunos y una locura para otros. Es la obra del Espíritu en nuestros corazones y la fuente de vida para los cristianos. Necesitamos hablar de este poder dado por Dios en Jesucristo y confiar en él en un mundo que confía en la ciencia y la sabiduría del hombre. Mientras más incrédulo se vuelve el hombre, más visible se hace la gloria y el poder de Dios. Hemos sido revestidos del poder de lo alto mediante el Espíritu y debemos concientizar esta plenitud en nuestro andar diario. El poder de Dios es Cristo en nuestras vidas y el evangelio de su gracia.
El artículo habla sobre la importancia de la paz en el plan de Dios y cómo los cristianos deben trabajar y promover la paz en este mundo lleno de conflictos. Cristo es nuestra paz y su misión era traer una era nueva y proveer de gracia a un mundo desgraciado. El autor nos recuerda que la paz de Dios es sinónimo de plenitud y que debemos esforzarnos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación.
El ministerio del Espíritu Santo existe para hacernos saber que la presencia de Dios en nosotros es real y Él habita en nosotros para acreditar la existencia de la Verdad. No hay gozo comparable a la experiencia de sentir en el espíritu la presencia del Señor. La oración sincera y la Palabra de Dios nos permiten disfrutar de su presencia. La presencia de Cristo se hace visible en aquellos que hacen gala humildemente del Espíritu Santo en su vida. Si no sientes la presencia de Dios en tu vida, examínala, el Señor es fiel y perdonador y anhela que vivamos en su presencia. En su presencia hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre.
La misión de Dios es mucho más que hacer evangelismo o predicar el evangelio para ganar creyentes. Es trabajar con Dios para que el hombre restaure su relación con Él. Todos somos parte del plan redentor de Dios para la humanidad. La misión de Dios es la piedra angular sobre la que se fundamenta nuestra vida cristiana y todo lo que hacemos en Cristo debe encajar en su plan redentor. La Gran Comisión no trata sólo de hacer misiones, sino de nuestro estilo de vida y crecimiento espiritual. Cristo es nuestra zarza ardiente y su corazón arde de pasión y compasión por los perdidos. Evangelista no es el que predica, sino el que refleja nítidamente en su vida todos los valores del Reino.
La adoración a Dios cambió la vida del autor y despertó en su corazón una necesidad vital. La adoración no se trata solo de la música, sino de poner en sintonía nuestro espíritu con el Espíritu de Dios y responder plenamente a sus manifestaciones. El primer paso para aprender a adorar a Dios es acercarnos a Él tal y como somos, estableciendo una amistad verdadera con Él. Adorar es rendición total al Cristo que vive en nosotros, es postrar el alma a los designios de su voluntad y echar nuestras coronas delante de Él para que solo Él sea exaltado. La adoración debe atraer el corazón y el espíritu a la majestad y la grandeza del creador a través de su hijo Cristo y en el poder del Espíritu Santo.
La guerra espiritual es real y constante en la vida cristiana. No podemos subestimarla y debemos conocer las armas que Dios nos ha dado para combatirla. El enemigo es astuto y busca sembrar la idea de que no necesitamos desarrollarnos espiritualmente, pero nuestra ignorancia en el conocimiento de Dios es la brecha que dejamos abierta a las potestades de las tinieblas. Debemos aprender a crecer, incluso a través de los ataques del enemigo espiritual, y estar preparados para el día malo.
El perdón verdadero no implica guardar resentimiento o amargura. Cuando no nos sometemos a la autoridad de Dios, surge el orgullo y la autosuficiencia, lo que nos lleva a insatisfacciones y malestar. La solución es humillarnos ante Dios y dejar que Él tome el control. La humildad es una virtud y el ejemplo de humildad a seguir es el de Cristo. Dios da gracia a los humildes y Él nos da descanso cuando aprendemos de Él.
La lengua es una herramienta poderosa que puede bendecir o destruir a los demás y a nosotros mismos. Como cristianos, debemos hablar con gracia y sazonar nuestras palabras con sal. Debemos evitar la murmuración y la irresponsabilidad al hablar, y poner freno a nuestra lengua para no engañarnos a nosotros mismos y para que nuestra religión sea auténtica. Debemos recordar que de la abundancia del corazón habla la boca, y que en el día del juicio tendremos que dar cuenta de toda palabra ociosa mal dicha. Debemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a controlar nuestras palabras y a hablar de manera que edifique a los demás y glorifique a Dios.
La justificación por la fe en Jesucristo es un acto de amor y misericordia increíble de Dios. No merecíamos ser perdonados por nuestros pecados, pero a través de nuestra fe en Cristo, Dios nos declaró justos y no culpables. La justificación no nos da derecho a ignorar las recetas disciplinarias de Dios para hacernos mejores y recordarnos que Él es el Señor. Nuestra práctica de la justicia y la misericordia no nos hace justos ante Dios, sino que es una respuesta agradecida a la salvación que recibimos por gracia. La justicia y la misericordia son frutos de la fe en Cristo y nos desafían a crecer en ellas para el bien de los demás.
Obrar a la manera de Cristo implica tener una fe cimentada en lo que Él ya ha hecho por nosotros, no en lo que podemos hacer por Él. No se trata de acumular horas de servicio, sino de conocer a Dios cada día más mediante la fe para ser promotores de buenas obras de manera natural. Las buenas acciones deben estar cimentadas en la fe y no en el deseo de reconocimiento o aprobación de los hombres. Las obras perfeccionan la fe cuando actúan conjuntamente en favor del prójimo. Somos creados en Cristo para buenas obras que Dios dispuso de antemano para ponerlas en práctica.
La Palabra de Dios es esencial para la vida cristiana y el crecimiento espiritual. Junto con la oración, la Palabra es un recurso divino y necesario para enfrentar el pecado, la zozobra espiritual, las causas de nuestras debilidades y los tropiezos. El cristiano debe fundamentar su vida en la Palabra de Dios, estudiarla, meditarla y ponerla en práctica. La aplicación de la Palabra a nuestra vida aviva nuestros deseos de parecernos a Cristo y llevar su mensaje de redención hasta lo último de la tierra. El mundo no lee la Palabra de Dios, pero está constantemente leyéndonos a nosotros, lo que es un desafío para el crecimiento espiritual cimentado en las enseñanzas eternas del Verbo encarnado.
Vivimos en un mundo donde muchas personas dicen tener fe, pero en realidad creen en cualquier cosa menos en Jesucristo. La fe salvadora es un don de Dios que nos permite confiar en Él y crecer en nuestra relación con Él. La fe es una manifestación de la gracia divina en nuestras vidas y nos capacita para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si estamos en la fe y buscar crecer más en nuestra relación con Cristo.
La sabiduría divina es un don inapreciable del Espíritu que ayuda a los cristianos a salir airosos de todo tipo de situaciones. La sabiduría de Dios se manifiesta en aquellos que tienen una mente renovada en Cristo y buscan hacer su voluntad. Crecer en sabiduría es crecer en el conocimiento de nuestro Dios y Salvador Jesucristo para cumplir sus propósitos eternos. La sabiduría de Dios produce humildad en el carácter cristiano. La sabiduría verdadera y real es aquella que viene de Dios y durará para siempre en el cielo.
El crecimiento espiritual del cristiano depende del Espíritu y comienza con el nuevo nacimiento en Cristo. La santidad y el deseo de parecerse más a Cristo son fundamentales para crecer en la vida cristiana. La conversión y el nuevo nacimiento en el Espíritu producen una nueva identidad que nos permite vivir en la Verdad y crecer en toda dirección espiritual. El crecimiento se hace manifiesto en la manera en que el fruto del Espíritu se hace visible en la vida del creyente. El estilo de vida del creyente debe estar fundado en la permanencia en Cristo así como Cristo permanecía en su Padre. Jesús creció en sabiduría y estatura porque permanecía en su Padre. Así también Cristo nos llama a permanecer en Él para crecer y dar frutos. La vida cristiana se vive en Cristo, no hay otra forma de vivirla.
El ayuno es una disciplina espiritual que debe significar una rendición a la voluntad de Dios y no un evento religioso para buscar una respuesta conforme a las expectativas del hombre. Dios promete vida, justicia, socorro y bendición si hacemos el ayuno como Él desea, rompiendo las cadenas de injusticia y ayudando a los necesitados. El ayuno debe ir acompañado de la fe y la humildad, y no ser exhibicionista. Dios rechaza la religiosidad que no va acompañada de un verdadero fervor por el prójimo.
Dios nos ama incondicionalmente y su misericordia es eterna. La misericordia no es solo compasión, sino acción para ayudar a los necesitados. Debemos ser misericordiosos como Dios lo es con nosotros y no solo mostrar religiosidad. Debemos mostrar misericordia incluso a aquellos que no conocen a Dios y necesitan su amor y gracia. La misericordia es un don del Espíritu Santo y debemos ser bendecidos por ser compasivos y ayudar a los necesitados. Dios es tardo para la ira y grande en misericordia.
El amor cubre multitud de pecados y tiene el poder de operar el perdón en nuestro corazón. No juzguemos a nuestro prójimo, sino que perdonemos y amemos como Cristo lo hizo con nosotros. Recordemos que la vara con la que juzgamos a otros, también nos medirá a nosotros. Sigamos el ejemplo de Jesús y perdonemos con amor, como Él lo hizo con la mujer adultera. Oremos por aquellos que nos han ofendido y causado dolor, recordando que sus pecados tienen el mismo precio que los nuestros, y que Dios también los ama y murió por ellos. Que la gracia y la paz de Dios se multipliquen en todos.
La amargura es un pecado que se disfraza de hipocresía en el cuerpo de Cristo. Es un problema grave que divide y enferma, juzga implacablemente a los demás y hace que las personas se sientan víctimas. Para vencer la amargura, el apóstol Pablo nos exhorta a ser más amables, misericordiosos y perdonarnos unos a otros, como Dios nos perdonó en Cristo. Confesar la amargura nos traerá paz y liberación, y nos permitirá perdonar si nos han ofendido.
El propósito del trabajo es darle gloria a Dios y trabajar con Él. Como cristianos, nuestra máxima debe ser glorificar a Dios y no trabajar solo por la remuneración. El trabajo no es una maldición, sino una parte del plan de Dios para sus hijos. Sin embargo, poner el trabajo en primer lugar puede llevar a la ruina espiritual. Es importante establecer nuestras prioridades en Dios, familia, trabajo, iglesia y necesidades personales. Salomón nos invita a disfrutar de los frutos de la faena honesta que provienen de la mano y de la gracia de Dios. Trabajar con Dios nos hace mayordomos, ennoblece nuestra honra y enriquece el alma. Celebremos la alegría de sabernos útiles y pongamos nuestros dones al servicio de quien nos premió con ellos. Cristo sudó más en el huerto de Getsemaní por la vida de cada uno de nosotros y debemos hacerlo todo como para el Señor.
La misión de la iglesia es trabajar con Dios para transformar vidas en Cristo y extender el Reino. Sin embargo, a veces las interpretaciones personales o denominacionales del evangelio se convierten en frenos y obstáculos para cumplir esta misión. Las diferencias y las disensiones entre los cristianos quiebran las virtudes del Evangelio, que anuncia la reconciliación. Debemos vivir decentemente, sin envidias ni rivalidades, considerando al otro como más importante que a nosotros mismos. Todos los que trabajan en el nombre de Cristo por la extensión del Reino están en el mismo equipo. Necesitamos crecer en Cristo, mirar su estatura y desear llegar hasta Él en santidad. Para saborear la miel de la victoria en Cristo, todos debemos subirnos al mismo tren: el de la unidad, la piedad, el amor al prójimo, el conocimiento del Señor, la tolerancia y el respeto mutuos y el sometimiento al otro en el amor. La verdad absoluta es Cristo y todos somos un solo cuerpo.
La resurrección de los muertos no es solo un evento futuro, sino también una realidad presente para los creyentes en Cristo. Dios nos ha resucitado de nuestros pecados y nos ha hecho nuevas criaturas en Él. Debemos vivir nuestra nueva vida en Cristo y buscar las cosas divinas, renunciando a las cosas terrenales. Somos aceptos en Cristo gracias a Su sacrificio en la cruz y debemos vivir para glorificar Su nombre. ¡Dios nos ha bendecido enormemente con esta nueva vida en Él!
El autor reflexiona sobre cómo a veces tratamos a Dios como si fuera pequeño y cómo es nuestra responsabilidad hacer nuestra parte para que el mundo crea en Él. Debemos ser uno, dar testimonio de vivir en Cristo, ser perfectos en unidad y dar testimonio del amor de Dios. También destaca la importancia de definirnos como cristianos dentro de la mezcla de tendencias y sectarismo que existe en el protestantismo actual. El autor concluye que nuestro Dios es demasiado grande y que si hacemos nuestra parte, el mundo llegará a creer.
El pecado aniquila al ser humano, lo encierra en la prisión de la necedad y en la porfía de la lucha por la nada. No estamos calificados por Dios para juzgar al prójimo, sino que nos entregó un mandamiento que pocas veces aplicamos a nuestra propia vida: amar al prójimo como a nosotros mismos. Dios puede cambiar la piel del etíope, Él tiene el poder de hacer una nueva criatura de la nada. Cristo es mucho más que Señor y Salvador. Él es vida y la imparte para que la vivamos con Él. Cristo no sólo es capaz de enderezar los troncos que nacieron torcidos o que la vida desordenada torció por el camino, sino que hace árboles nuevos. Allí en la cruz hay cisternas nuevas de aguas frescas de vida eterna que no sólo cambiará tu piel de etíope, sino coronará tu entrega con sus bendiciones. ¡Háblale al etíope que está a tu lado, ámalo como te amas ti mismo!
Dios es ilimitado en su bondad y nos sorprende con bendiciones aún cuando no las merecemos. A veces olvidamos el precio que Jesús pagó por nuestra salvación. Aunque a veces nos preguntemos por qué los impíos prosperan, debemos confiar en la justicia divina y vivir por fe. La oración del profeta Habacuc es un canto de esperanza para el justo que vive confiado en la justicia divina. No es fácil vivir por fe, pero Dios está siempre a nuestro lado y nada nos separará de su amor.
No podemos reducir el Evangelio a una serie de principios éticos, sino que debemos dar testimonio de que Dios ha entrado en nuestras vidas y ha comenzado una obra transformadora y liberadora. La iglesia debe ser la portadora de la Verdad y sin temor, anunciarla. Nuestra responsabilidad como cristianos cobra cada día mayor relevancia y el mundo se tornará mejor en la medida que hagamos prédica con nuestros actos. No podemos edulcorar el Evangelio con promesas de bienestar y prosperidad a quienes buscan solventar sus problemas sin renunciar al pecado. Debemos poner valladar a ciertos vientos pseudo-proféticos y recordar que Cristo es el único dueño de nuestras vidas y que su voluntad siempre es agradable y perfecta.
Hosanna es un grito de esperanza y búsqueda de salvación en la entrada triunfal de Jesús en nuestra vida. Es triste que solo lo gritemos en Semana Santa y luego nos olvidemos. La reflexión no es suficiente, necesitamos sentir el dolor del sacrificio en nuestros cuerpos y hacer algo al respecto para anunciar su Reino. Debemos fusionarnos con Cristo y vestirnos de obreros para cosechar en el huerto de Dios.
La vida cristiana nos permite tomar decisiones basadas en las motivaciones del Espíritu. Las decisiones basadas en motivaciones como el orgullo, la vanidad, la autosuficiencia y el temor traen consecuencias negativas. Dios nos llama a elegir la vida, que está en su Hijo Jesús. Tomar decisiones a la manera de Dios es hacer su voluntad, confiar en él y esperar en él. Permanecer en Jesús nos permitirá cosechar vida eterna.
El autor argumenta que la necesidad de pedir señales y milagros a Dios es una muestra de incredulidad y falta de fe. En lugar de buscar pruebas visuales, debemos confiar en las promesas de Dios en su Palabra y creer en su fidelidad. La Biblia está llena de señales de Dios para su pueblo y la resurrección de Jesucristo es el milagro más grande que nos ha dado vida y vida en abundancia. La verdadera fe no necesita ver para creer.
La oración tiene el poder de transformarnos y acercarnos a Dios. Es importante orar en toda ocasión y acercarnos a Dios con nuestras debilidades e imperfecciones. No hay fórmulas para orar, solo necesitamos la disposición del corazón para hablarle a Él. La iglesia debe animarse mutuamente a orar y buscar una iglesia que transforme discípulos a través de la oración. Dios puede y quiere transformarnos a través de la oración.
La santidad no es solo estar consagrado para el servicio a Dios, sino también desviarnos de todo lo que no es santo y huir de la tentación y el pecado. La santidad del cristiano es la voluntad de Dios y es una obra exclusiva del Espíritu Santo al nacer de nuevo. La comunidad cristiana que entiende la santidad como el desafío de tratar de parecerse más a Cristo mientras confronta las iniquidades del mundo será siempre bendecida. La Palabra dice que la santidad es algo que se busca y se practica. La dimensión de la santidad no es cosa de juegos porque pasarla por alto es irrespetar la cruz y la muerte y resurrección de Cristo. La santidad es amor fraternal y se trata de "serlo, no parecerlo".
Para entender los pensamientos de Dios, necesitamos tener la mente de Cristo, que nos es impartida por el Espíritu Santo. Esto nos permite entender sus propósitos y caminos, y vivir una vida abundante enfocados en Él. Sin embargo, el mundo nos distrae de la verdad y nos hace ver a Dios como un proveedor casual, por lo que debemos discernir entre la mente de Cristo y la del mundo. Nuestra capacidad viene de Dios, por lo que debemos depender de Él y enfocarnos solo en Él. Debemos renovar nuestra mente y no amoldarnos al mundo para poder comprobar la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.
La oración por los hijos es un deber de los padres, sin importar la condición espiritual de los hijos. Dios entregó a su Hijo por amor a la humanidad, lo que nos muestra la importancia de la oración por nuestros hijos. A través de la oración, hemos visto vidas jóvenes malogradas levantarse y ser restauradas. En muchas iglesias, se ha levantado un ministerio llamado "Padres y madres que oran por sus hijos", donde los testimonios hablan de sanidad, libertad, restauración y reencuentro con Dios. La oración por los hijos es incienso agradable para el Señor y los padres que oran con el corazón limpio son bienaventurados. Encomienda a tus hijos a Dios y Él hará lo que sea mejor para ellos.
El mundo dice que para tener éxito debes conocerte a ti mismo y amarte a ti mismo primero, pero Dios dice que lo conozcas a Él primero y pongas tu confianza en su amor. El gozo del Señor es el resultado del fruto del Espíritu en la vida de un cristiano y es la envoltura inmaterial de una vida rendida a los pies de la Cruz. Dios tiene planes para sus hijos que nunca son malos y, aunque el camino puede ser difícil, es seguro si confías en Él. Seguir a Cristo significa someterse a su autoridad y permitir que su voluntad marque el rumbo de nuestro futuro. Permite que Cristo esté en el centro de tus planes y confía en Él. Su plan es perfecto para ti.
El pasaje en el Evangelio de Marcos nos muestra cómo los discípulos de Jesús no pudieron mantenerse despiertos mientras oraba en Getsemaní antes de ser entregado y crucificado. Jesús les reprende por su falta de atención y les recuerda la importancia de vigilar y orar para no caer en tentación. A menudo, también nos sucede que queremos orar, pero el sueño o el cansancio nos vence. Debemos recordar que la oración es un privilegio y una bendición, y debemos estar alertas en todo momento para acompañar a Jesús en su misión de interceder por nosotros. Si tuviéramos compañeros de oración, el mundo sería diferente. Por lo tanto, debemos orar sin dilación y vivir alerta y vigilante en el Reino.
Ser útil al prójimo es la obra humana más bella y tiene que ver con el amor y la solidaridad. La virtud cristiana implica caminar abrazando al débil y compartiendo los frutos del amor. Es importante tener cuidado al ministrar al hermano o hermana, enfocándose en el amor y no en el juicio. Todos somos valiosos en el Reino de Dios y tenemos el compromiso de velar, cuidar y levantar al hermano débil en la fe. El Sitio de la Congregación León de Judá y su espacio devocional "Dios habla hoy" debe ser un lugar de encuentro y oración, nunca de desencuentros. Dios nos bendice y nos guarda.
La verdadera libertad en Cristo es un regalo de Dios que nos libera de la ley del pecado, el legalismo y la esclavitud de la ignorancia. Esta libertad no es para permitirnos pecar, sino para evitar el pecado y ser siervos de justicia. La libertad en Cristo es hermosa y liberadora y nos recuerda que es Dios quien hace toda la obra. La libertad en Cristo echa fuera el temor y donde está su Espíritu, allí hay libertad.
El llamado de Cristo es para aquellos que ponen el Reino de Dios por encima de todo, sin importar los sacrificios que deban hacer. La cosecha es mucha y necesitamos hombres y mujeres resolutos que se comprometan a predicar el evangelio. Cada día Dios nos da la oportunidad de ejercer el evangelismo personal y relacional porque estamos en contacto permanente con las personas. Todos los cristianos están espiritualmente capacitados para testificar y anunciar al Salvador. No hay excusas para no hacerlo. El evangelio es poder de Dios y tú eres un escogido para proclamarlo.
Ser evangelista requiere humildad y obediencia a Dios. Los ególatras en el liderazgo eclesiástico buscan su propia gloria y no la de Dios, manipulando a los fieles en beneficio propio. La egolatría es orgullo y envanecimiento, y los ególatras no conocen el amor de Dios. Cristo se humilló a sí mismo y proclamó la salvación a través de Él, enseñando que los siervos sufrirán persecución por el evangelio pero perseverarán para recibir bendición y recompensa de lo alto. Como soldados de Cristo, debemos seguir su ejemplo de humildad y obedecer su Palabra.
A pesar de que habrá personas que rechacen el mensaje del Evangelio, debemos seguir predicando y llevando la luz de Cristo a los demás. Como el apóstol Felipe, debemos buscar a aquellos que tienen la Palabra cerca pero necesitan que se les explique el significado del Evangelio. Depende de nuestra voluntad el compartir a Cristo con los demás y confrontar la verdad sin temor al rechazo. Debemos abrazar la teología de la misericordia y la piedad y obrar en justicia para servir a los que sufren en el mundo. No podemos ser indiferentes ante la realidad de la pobreza y el sufrimiento en el mundo y debemos ser instrumentos de Cristo para llevar su amor y salvación a aquellos que lo necesitan.
El autor reflexiona sobre la importancia de hablar del Evangelio a las personas y compartir el amor de Cristo con ellas. A veces, nos sentimos incapaces de hacerlo, pero es necesario llenarnos de valor y audacia para confrontar vidas con la Palabra de Dios. Si cada cristiano se hiciera el propósito de sembrar una simple semilla, el mundo sería diferente. Debemos amar al prójimo como a nosotros mismos y estar atentos a la voz de mando de nuestro Salvador. El Evangelio es amor por los que andan por el mundo sin caminos por donde caminar y nosotros somos testigos de Dios en un mundo hambriento de Él.
El pasaje de la pesca milagrosa nos enseña a confiar en la palabra de Cristo y en su nombre para lanzar nuestras redes. Debemos tener cuidado con las redes barrederas que echamos sin meditar, creyendo cumplir con la Gran Comisión. Hay muchos "profetas" que se dicen ungidos echando redes o mandando a echarlas en su nombre y no en Cristo. Nuestra fortaleza y poder descansan en Él. Debemos reconocer que nuestra condición espiritual es pobre y confiar en la palabra de Dios para una pesca abundante. En su palabra, en la confianza de sus promesas eternas, viviremos alegres trayendo frutos para el Reino.
En el nuevo año, debemos enfocarnos en las áreas donde el Espíritu Santo está trabajando y sumarnos a la epopeya que protagoniza nuestro Salvador día tras día en su lucha por redimir a la humanidad. Ponerse en la brecha es mirar al mundo con los ojos de Dios, levantar el estandarte de la solidaridad humana y vaciar los anaqueles del conformismo y la egolatría para llenarlos de un sentido del "nosotros". Es importante hacer buenas obras fundadas en la fe y la relación con Cristo, ya que la fe sin obras es muerta en sí misma. Necesitamos levantar y poner en práctica una nueva doctrina social de la iglesia del Dios viviente, una iglesia volcada hacia la comunidad con cristianos que laven diariamente la piel de los leprosos de nuestros días. Si no predicamos un evangelio completo, provocaremos daños colaterales a aquellos a quienes les hemos invitado a recibir a Cristo y luego abandonamos a mitad del camino. Hacer buenas obras no es opcional, es una manera de vivir el evangelio y un estilo de vida inspirado y sujeto a Cristo.
En esta Navidad, recuerda que Dios te está esperando con brazos abiertos si te has alejado de Él. Él te perdona y quiere bendecirte de nuevo. No te detengas por el éxito aparente que tienes sin Él. Es tiempo de arrepentirse y volver a su amor. ¡Feliz Navidad y que Dios te bendiga!
La Navidad es la expresión más extraordinaria del amor de Dios. Él amó tanto al mundo caído por el pecado que envió a su Hijo Jesús para reconciliarnos con Él. La Navidad es adoración y una oportunidad para acercarnos a Dios. Cristo está entre nosotros para transformarnos y darnos un corazón nuevo y su Espíritu. Celebrar la Navidad cristianamente es corresponder a la cercanía de Dios y dejar que su Palabra nos transforme. Debemos orar por los perdidos y acercarnos a los necesitados, ya que Dios ha prometido estar siempre entre nosotros.
Glorificar a Dios es nuestro propósito de vida y debemos buscar expresarlo en nuestro estilo de vida. Debemos enfocarnos en hacer atractivo el mensaje de las Buenas Nuevas para el mundo a través de nuestro testimonio. Los pastores de Belén fueron los primeros evangelistas que glorificaron y alabaron a Dios al difundir la buena nueva del nacimiento de Jesús. Como cristianos somos depositarios de la gloria de Dios y vemos su gloria cuando nos consagramos a trabajar con Él para transformar vidas en Cristo. En esta Navidad, seamos evangelistas como los pastores de Belén y demos gloria a Dios.
La Navidad es tiempo de desprendimiento, de fe, de cercanía de Dios y de amor. Es una época para asirnos a los sentimientos de paz, amistad, fraternidad, gozo interior y adoración al Cristo que nació para estar con nosotros hasta el fin del mundo. Dios ha prometido suplir todas nuestras necesidades, pero no nos asegura que nos concederá cada deseo de nuestro corazón. Él hace distinción entre una y otro. Nuestras necesidades no son muchas para vivir conforme a la voluntad de Dios. Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Juan 6:35). El Señor es mi pastor (Salmo 23:1a) es más que una promesa, es una ofrenda de amor. El Señor se ofrece a sí mismo para guiarnos por las sendas de un mundo perverso y ofrecernos lo necesario para nuestro bienestar llevándonos a lugares donde el reposo es seguro y el pasto es abundante. La Navidad es una ocasión única para meditar en qué lugar hemos puesto el señorío de nuestro Señor Jesucristo en nuestra vida cristiana. El gozo genuino no comienza cuando obtenemos lo que deseamos, sino cuando anhelamos estar cerca de Dios. La Navidad es cercanía de Dios. ¡Dios te bendiga!
Dios tiene un vino nuevo para aquellos que tienen sed de la Palabra y para aquellos que aún están perdidos en un mundo sin Dios. Este vino es dulce y es ofrecido por el Espíritu. Sin embargo, muchos prefieren ignorar a su creador y seguir sus propios caminos. Hay un hombre necesitado que busca la aceptación del mundo y está vacío a causa de su impiedad. El plan divino para este mundo requiere que botemos nuestros odres viejos y recibamos el vino nuevo en odres nuevos. Este odre nuevo es nuestra nueva identidad en Cristo. Dios nos llama a sumergirnos en sus aguas y beber de su vino. Es gratis y no requiere condiciones ni trajes de etiqueta. La mesa está servida y Él ya está sentado esperándonos.
Cuando nos convertimos a Cristo, Él cambia radicalmente nuestro pasado y nos hace nuevas criaturas. No tiene sentido auto-condenarnos por los errores cometidos antes de conocer a Cristo, ya que nuestro viejo pasado fue exterminado de raíz por la divina intervención. Nuestro nuevo pasado está en lo que hizo Cristo en la cruz, donde el viejo hombre que éramos fue crucificado para siempre con sus maldades y perversidades. Así, nuestra vida cristiana nos permite enfocarnos hacia adelante y descansar en la esperanza de un futuro mejor en obediencia y santidad. Debemos olvidar lo que queda atrás y esforzarnos por alcanzar lo que está delante. Todo esto es posible gracias a la voluntad de Dios y Su presencia en nuestra vida.
La falta de unidad entre cristianos es un obstáculo para la extensión del Reino de Dios. Dios nos llama a esforzarnos por preservar la unidad del Espíritu y a edificar su iglesia con los dones impartidos por el Espíritu. La unidad es el propósito de Dios y es requisito para el cumplimiento de la Gran Comisión. Satanás nos sigue tentando en el tema de la unidad entre cristianos. Las divisiones son penosas y pecaminosas, debilitando al cuerpo de Cristo. Debemos denunciar la injusticia y el actuar hipócrita de los líderes religiosos. La falta de unidad se parece a la desnudez que no queremos exhibir. Debemos estar en el jardín de Dios, anhelando la unidad que Él desea para su pueblo.
La fe es la base de nuestra victoria espiritual. Como cristianos, estamos unidos a Cristo por una naturaleza divina que nos hace vencedores. No debemos sentir la necesidad de consumirnos para ganar aprobación de Dios, ya que hemos sido aceptados por él. La naturaleza divina de Cristo en nosotros rechaza los deseos de la carne y el pecado, por lo que no seguimos viviendo con una naturaleza pecaminosa si hemos experimentado un nuevo nacimiento en el Espíritu. Nuestro pasado pecaminoso ya fue crucificado con Cristo y hemos renacido como nuevas criaturas. Debemos vivir dignamente de esta nueva naturaleza en Cristo y anunciar su mensaje de gracia y salvación a otros.
El autor reflexiona sobre la religiosidad en Cuba, que ha pasado por épocas de religiosidad popular y de prohibición del culto. A pesar de esto, el cristianismo se ha fortalecido y hoy en día más del 10% de los cubanos son cristianos fieles y organizados. El autor invita a orar por la salvación espiritual de Cuba y por otras naciones que necesitan ver a Cristo. También comparte su experiencia personal de haber encontrado a Dios hace 10 años.
Dios irrumpió en la historia de la humanidad hace dos mil años en la persona de Jesús y cambió la historia y la humanidad. Si el mundo fuera consciente de lo que Jesús hizo, no estaríamos contemplando el caos de un mundo que se pierde. La oferta de Jesús es irresistible; si le das tu vida, Él te da la suya. La unión con el Señor nos imparte liberación; la redención nos permite librarnos de las ataduras de la esclavitud del pecado. Somos un espíritu con Él y hemos sido trasladados a su reino. Nuestro pasado está en la cruz de Cristo y en ningún otro lugar. El engañador de este mundo nos invitará a negar nuestra identidad, pero somos hijos de Dios y debemos andar en el espíritu porque somos uno en Él.
El autor comparte su experiencia como recién convertido al cristianismo y cómo se sintió abrumado por la idea de un Dios que era fuego consumidor además de amor. Con el tiempo, aprendió que el fuego de Dios es un fuego purificador y que el amor es su llama más ardiente. En Jesús, somos bautizados en Espíritu Santo y fuego y no tenemos condenación. Dios anhela fundirse en nosotros y hacernos uno en Él.
La Gracia es un regalo de Dios que se revela a través de Cristo, nuestro Salvador. Es liberadora, salvadora, completadora, convincente y demoledora. Fe y Gracia van de la mano y la vida cristiana no tiene sentido sin la Gracia. La Gracia es el perfume grato de Dios para los hombres y es el origen de la salvación y de todo favor cimentado en la soberanía y el señorío de Dios. Entender la teología de la Gracia nos permite humillar y rendir nuestro corazón al señorío y la soberanía de Dios y plegar las banderas de nuestras presunciones y autosuficiencias. La Ley se aviene perfectamente a los deseos hedonistas de una generación perversa que le ha dado la espalda a Dios, mientras que la Gracia es la sinfonía de la plenitud de Cristo en nuestras vidas. En Él estamos completos. La Gracia es un régimen de vida por el que Dios nos bendice por una sola razón: nuestra unión con Jesucristo, nuestra permanencia en Él.
No necesitamos desgastarnos haciendo cosas para Dios, sino ser hijos íntegros que expresen la vida y unción de Jesús en todo su ser. No debemos afanarnos en hacer obras, sino permanecer en Cristo y confiar en su poder. Debemos buscar la invitación del Señor a permanecer en Él y así nuestras buenas obras serán resultado de su presencia en nosotros y no de nuestro afán de servirle. Descansemos a los pies de Jesús y adquiramos la buena parte que nunca nos será quitada.
El Espíritu Santo te ha dado una nueva identidad en Cristo, liberándote de tus ataduras y permitiéndote disfrutar plenamente de la gracia de Dios. Tu vieja naturaleza murió en la cruz de Cristo y resucitaste como una nueva criatura. Si no comprendes esto, no podrás disfrutar plenamente de la gracia de Dios y te sentirás como un pecador esforzándote por hacer obras para agradarle. Cristo vino a darnos vida y somos cristianos porque Él vive dentro de nosotros. Nuestro estilo de vida no se basa en lo que hacemos por Él, sino en lo que Él ya hizo por nosotros en la cruz. Somos hijos de Dios y participantes de su naturaleza divina en Cristo.
La iglesia es la casa segura y la morada terrenal que Cristo nos regaló al precio de su sangre en el Calvario. Es donde crecemos y maduramos como cristianos y practicamos el amor de los unos por los otros. Es donde Dios puede cambiar nuestro nombre y donde la obediencia se convierte en ley suprema. La iglesia es el lugar de lo sobrenatural, donde el Rey de los Pastores se goza dividiendo las aguas de nuestros afanes, angustias y males para que podamos llegar felices hasta Él.
Dios nos ama incondicionalmente y nada puede separarnos de su amor. A menudo nos olvidamos de que el amor de Dios ya vive en nosotros y tratamos de ganar su amor a través de nuestros esfuerzos. Pero en realidad, cuando venimos a Cristo, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y somos hechura nueva, nueva creación y depósito del amor de Dios. Debemos permanecer en Cristo y dejar que Él nos transforme y produzca frutos espirituales en nosotros. Dios nos ama hasta el fin y eso es una gran consolación.
Vivir en Cristo no debería ser una carga, sino una experiencia de gracia y libertad. A menudo nos imponemos rutinas y liturgias religiosas que pueden resultar en cargas pesadas. En lugar de eso, debemos buscar una comunión fluida con Cristo y permitir que las disciplinas espirituales fluyan naturalmente de nuestro espíritu. El legalismo agobia y agota, mientras que la gracia derriba los muros de las normas y estándares que nos imponemos. Dios nos llama a vivir una vida centrada en la intimidad de su presencia y en la gracia incomparable de su amor. Su mayor anhelo es que nuestra vida en Su Espíritu sea nuestro más preciado deleite.
Dios no necesita sacrificios de nosotros, sino que desea una relación íntima con nosotros. Debemos creer lo que Dios dice de nosotros en su Palabra y no caer en la trampa de la baja autoestima causada por los juicios y opiniones de otras personas. En Cristo, somos escogidos, santos, sin mancha, amados, adoptados, bendecidos, sin culpa, redimidos, perdonados y aceptados. Cuando creemos lo que Dios dice de nosotros, podemos gozar con entera libertad el regalo de la gracia y disfrutar la vida cristiana enfocándonos en Él exclusivamente. Debemos recordar que nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra el imperio de la maldad. Nada de lo que las personas digan de nosotros puede modificar lo que el Señor dice y aprecia de sus hijos. Debemos vivir a Cristo como una nueva criatura, separados para Él por voluntad propia y para morar con Él por largos días.
La Palabra de Dios es esencial para nuestro alimento espiritual, pero debemos conocer a Dios y sus atributos morales para no caer en la superficialidad y el legalismo. Debemos entender que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús y que la Palabra nos exhorta y corrige, pero nunca nos condena. Mientras más conocemos a Dios, más amamos y necesitamos su Palabra. Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman y esto es una manifestación de su amor hacia nosotros. No debemos temer a la Palabra de Dios, sino bendecirla con gratitud.
La gloria de Dios está presente en nuestras vidas a través de Jesucristo. Él es nuestro tabernáculo vivo y centro de adoración. En Él encontramos la plenitud y la inspiración para glorificarlo en todo lo que hacemos. Cristo es el Rey de Gloria, y su corona es la humildad y el servicio. En Él tenemos todo, incluyendo su gloria.
El ser cristiano nos da una nueva identidad y no debemos tener baja autoestima. Somos aceptados en Cristo tal y como somos y eso nos da una posición privilegiada. Dios nos ama y nos afirma, y debemos recordar nuestra identidad en Él para poder cambiar cualquier lamento en gozo. El Espíritu Santo nos convierte en hijos de Dios y podemos decirle a Dios "Papá".
Ana tiene dudas acerca del término "carne" que se usa en la iglesia. La carne es la parte de nosotros que no se rinde al Señor y busca satisfacer nuestras necesidades egoístas sin contar con Dios. La Palabra nos advierte sobre los peligros de vivir en la carne y no según la voluntad de Dios. Satanás tentó a Adán y Eva para que sintieran el deseo de querer ser como Dios, y esa es la tendencia que la Palabra llama carne. El deseo de la carne es contra el Espíritu, y si hemos conocido al Señor y verdaderamente hemos nacido de nuevo, entonces ya no debemos ser carnales, sino espirituales. Vivir conscientes del sacrificio de Cristo nos permitirá huir de las tentaciones y vivir en paz con Él y con el prójimo.
A pesar de nuestros pies de barro, podemos caminar con Cristo y ser usados por Él para su gloria. Los héroes de la fe de Hebreos 11 también tenían momentos de debilidad, pero Dios los cuidó y los convirtió en gigantes espirituales. Los que tienen alma de Pepsi Cola nunca podrán ser héroes de la fe. La prostituta Rahab es un ejemplo de alguien con pies de barro que hizo lo que es bueno como consecuencia de su fe. Lo importante es tener un corazón humillado que ame al Señor y anhela servirle. Dios nos conoce bien y espera por nosotros, con pies de barro, para asentarlos en su Roca y seguir caminando con Él. Dios hace el milagro diario de levantarnos cuando tropezamos.
No debemos tratar de negociar con Dios, como si Él fuera un hombre de negocios. Debemos confiar en su providencia y vivir una relación íntima con Él. Cuando olvidamos esto, podemos caer en el pecado de tratar de negociar con Dios. Debemos recordar que Cristo perdonó nuestros pecados, está en nuestra vida, y la vida eterna es un regalo que nos ofrece a cambio de nuestra entrega, obediencia y sumisión. Debemos reparar nuestro altar de sacrificios, nuestra memoria, y nuestra oración para no olvidar las muchas veces que Dios se ha manifestado con poder en nuestras vidas. No negociemos con Dios, búscalo con todo tu corazón.
Hay una fe débil y circunstancial que no viene de Dios. Si eres de Cristo, debes hacer crecer tu fe en tu intimidad con Él y no solo pedir favores en oración. La fe es el antídoto perfecto contra el odio del diablo y la guerra espiritual. Ofrece tu fe a Dios y confía en Él para ser vencedor. Suelta las muletas y avanza con fe en Cristo. ¡Dios te bendiga!
La cultura posmoderna y sus postulados pueden desequilibrarnos y alejarnos de los principios cristianos. La tecnología y los medios de comunicación pueden ser obstáculos para nuestro crecimiento espiritual. Debemos renovar nuestras mentes y no saturarlas de basura mundana. La Palabra de Dios es clave para hacernos mejores y convertirnos en personas virtuosas. Debemos escuchar la voz amorosa y autoritaria de Dios y llenarnos de su sabiduría y enseñanzas. Debemos desechar la doble moral y llenarnos de Cristo para ser personas cada vez mejores y experimentar el gozo lindo de Dios.
Los cristianos no están exentos de pasar por tribulaciones y tiempos de angustia, pero Dios está siempre al lado de los quebrantados de corazón, de los que sufren y de los que lloran sin consuelo. La tarea de ministrar consolación a los hermanos que padecen es difícil, pero Dios es el único que puede sanar verdaderamente y traer el consuelo que restaura la esperanza. Quienes han sentido la sanidad divina reparadora de un alma partida en dos por el dolor, saben que han sido depósito e instrumento de un gran milagro de Dios. Agradecemos a Dios por los hermanos que nos aman y nos ayudan, pero la búsqueda de la divina providencia y del poder de la gracia incomparable de nuestro Señor son las que nos dan la mejor medicina y la más preciosa consolación.
La pregunta que Dios le hizo a Elías, "¿qué haces aquí?", también puede ser aplicable a nosotros cuando estamos en el lugar equivocado. A veces creemos que estamos siguiendo la dirección de Dios, pero en realidad estamos lejos de donde Él quiere que estemos. Sin embargo, gracias al poder de Cristo y nuestra fe en Su dirección, podemos ser reubicados en el lugar donde podemos ser útiles para Su gloria. A veces, como Elías, nos quebrantamos en nuestra fe, pero cuando nuestro amor por Dios nos consume, Él nos pondrá donde Él quiere que estemos. No necesitamos grandes señales o milagros para saber que Él está con nosotros; a veces su voz puede ser un susurro suave. La fe puede quebrantarse, pero Dios siempre estará a nuestro lado para levantarnos.
El artículo habla sobre la vida de Jacob y su transformación por el poder de Dios. Su nombre, que significaba "engañador", fue cambiado por el de Israel después de ser bendecido por Dios con una descendencia extraordinaria. De la tribu de Judá, descendió el Mesías, nuestro Señor y Salvador. La profecía dice que la descendencia de Judá sería alabada hasta que llegara el verdadero rey sobre todas las naciones, anunciando la era de Cristo. La alabanza debería ser la puerta inescrutable para disfrutar como cristianos una redención que fue ganada "a filo de espada". El propósito del pueblo de Dios es publicar sus alabanzas, glorificarle y exaltarle en toda su majestad y señorío. El Judá espiritual, es decir, la adoración y alabanza que agrada al Señor, debe ser motivación diaria hasta llegar a nuestro Canaán celestial, la patria definitiva después de nuestro peregrinaje en la tierra.
El mundo actual está obsesionado con lo visual, pero lo que se ve no siempre está vinculado con el corazón. La impiedad es vivir como si Dios no existiera, y a veces caemos en ella por nuestra ignorancia. Debemos buscar a Dios con el corazón y abreviar nuestra oración ferviente. Job reconoció su ignorancia y se humilló ante Dios, y fue entonces cuando Dios se le reveló con todo su poder. Debemos imitar a Job y creer por fe en nuestro Redentor.
La Palabra de Dios nos muestra quiénes somos y nos da consejos para nuestras vidas. No debemos simplemente escucharla, sino obedecerla y ponerla en práctica. Si sólo somos oidores, nos engañamos a nosotros mismos. La Palabra nos da libertad y nos ayuda a crecer espiritualmente. Debemos ser humildes y estar dispuestos a escuchar la crítica de Dios para mejorar nuestras debilidades y ser verdaderos hijos del Rey.
El autor pide a Dios que le conceda un espíritu de humildad, ya que es uno de los mayores desafíos para llevar una vida cristiana que agrade a Dios. Reconoce que la humildad se contrapone a la arrogancia y el orgullo, y que la práctica de la humildad nos permite reconocer que somos pecadores y que nuestra sumisión a la voluntad de Dios no es opcional. Cristo es el paradigma de la humildad y debemos imitarlo. La humildad nos permitirá ser canales de bendición para otras personas y atraerá la gracia abundante de Dios a nuestra vida. En resumen, debemos aprender de Jesús, que es manso y humilde de corazón.
Glorificar a Dios es dar y llevar frutos para la extensión de su Reino. No se necesita ser perfecto, sino tener disposición para influenciar a los demás con nuestro testimonio cristiano. La gloria de Dios debe ser el centro de nuestra visión en nuestro caminar con Cristo. Debemos vivir una vida de devoción a Dios y suplicarle que nos haga fructificar y dar frutos para su gloria. Debemos anhelar ver su gloria y a la vez glorificarle en todo lo que hacemos.
La paz que Cristo nos da es la que nos consuela en medio de las tormentas y tribulaciones de la vida. Dios es llamado el Dios de paz y su evangelio es de paz. Aunque en el mundo habrá aflicción, en Cristo encontramos la paz perfecta que nos hace navegar en aguas tranquilas y seguras. Debemos confiar en Dios y en su justicia para encontrar esa paz que solo Él nos puede dar. Mantengamos nuestros ojos y nuestra confianza en Cristo y Él nos sumergirá en el refrescante río de su paz.
Dios nos invita a ser "meseros" de su evangelio y llamar a los hambrientos a su mesa. No debemos temer al llamado de Dios para hacer evangelismo, sino buscar la comunión íntima con Él a través de la oración. Necesitamos una nueva generación de cristianos que conozcan la intimidad con Dios y vivan de rodillas. El éxito del cristiano no radica en saber hacer el trabajo, sino en ser consumido por la intimidad con Dios. Debemos ser valientes y apacentar las ovejas que aún no tienen pastor, hablándoles de Cristo y entregándonos a la oración.
La salvación es gratuita, pero seguir a Cristo es costoso y glorioso. No debemos conformarnos con las promesas y valores del mundo, sino seguir la voluntad de Dios y vivir una vida transformada. Muchos cristianos viven cómodamente, pero debemos estar dispuestos a dar frutos de salvación y compartir el evangelio con el mundo. Debemos honrar a los mártires modernos del cristianismo y vivir de manera digna de la herencia que Dios nos ha dado.
La cruz es más que un símbolo, es el punto de partida del cristianismo que tiene como centro al Cristo redentor. Sin embargo, hoy en día el evangelio se aleja cada vez más de la cruz y se predica un "evangelio sin demandas", un evangelio diluido, adaptado a los placeres, una gracia barata. Vivir a los pies de la cruz significa morir al pecado y poner a Cristo en el primer lugar de nuestras vidas. Es crucificarnos, negarnos, tomar nuestra propia cruz para resucitar a una nueva vida, a una vida gloriosa. A medida que esto sucede, comienzan a surgir en nosotros virtudes cristianas que glorifican a Dios y a Cristo salvador.
El artículo habla sobre la profecía de Juan el Bautista sobre Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Se destaca la importancia de la muerte sacrificial de Cristo y su resurrección como la Pascua para los cristianos. Se anima a los lectores a celebrar esta semana bendita recordando la cena del Señor y despojándonos de la vieja levadura para ser un pueblo nuevo y pascual. ¡Hay vida en Jesús!
Isaías 6:8 • Lucas 7:22
Como cristianos que tenemos la cura para un mundo moribundo, debemos abandonar la inercia y compartir con valentía el Evangelio con los perdidos. Dios nos ha dado un espíritu de poder, no de cobardía, así que nada debería impedirnos llevar esperanza a quienes nos rodean. Comprometámonos a luchar la buena batalla de la fe hablando de Jesús y respondiendo al llamado del Señor con un "¡Envíame a mí!".
La santificación es un proceso de crecimiento espiritual en el que debemos buscar la paz con todos y luchar contra el pecado. Si no buscamos la santidad, no podremos experimentar las bendiciones de Dios ni ser útiles en su servicio. La santificación es una obra conjunta de Dios y del cristiano, y afecta a todo nuestro ser. Debemos trabajar activamente en nuestro proceso de crecimiento espiritual para ser bendecidos y ser útiles en el servicio cristiano. La santidad nos permite ver el rostro de Dios.
El primer amor por Cristo es un sentimiento que todos experimentamos al inicio de nuestro caminar cristiano. Sin embargo, con el tiempo, podemos abandonarlo y convertirnos en cristianos formales y rutinarios. Cristo nos llama a regresar a ese primer amor, a recordar los momentos en que sentimos su presencia y a buscar nuevamente esa pasión y entrega total. Debemos recordar que el amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo es el mayor resorte para nuestra vida cristiana y que no debemos permitir que la pereza, la apatía o la negligencia nos alejen de Él. Volvamos al primer amor y experimentemos la devoción, el fervor y la perfecta comunión con el Espíritu de nuestro redentor.
La santidad es vivir según las normas de Dios en nuestra vida espiritual. Es el mayor desafío del cristiano y significa vivir separados de la corrupción y de acuerdo con la voluntad de Dios. La santidad debe verse en nuestra relación con Dios y con los demás. Debemos querer ser santos y crecer espiritualmente cada día. La santidad es la voluntad de Dios para nuestra vida y transitar este camino nos traerá seguridad y paz. La obra del Espíritu de Dios es hacernos santos si nos sometemos a Él. En este proceso de santificación guiados por el Espíritu de Dios encontramos la fuerza necesaria para vivir una vida gloriosa, generosa, victoriosa y útil a los demás.
Algunas personas se unen a iglesias donde los miembros se parecen a ellos en la forma de hablar, lucir y actuar, buscando autocomplacencia y autorrealización. Otros ven la iglesia como un espectáculo y buscan la iglesia de sus sueños. Sin embargo, el sentido de pertenencia fortalece nuestro testimonio y crea bases para la armonía y el entendimiento mutuo en la comunidad cristiana. Es importante mantener este sentido de pertenencia incluso en momentos de crisis y no hacer la iglesia a nuestra medida, sino amarla como Cristo la ama. Debemos concentrarnos en hacer de la iglesia la mejor plataforma para el compromiso, la consagración y el servicio cristiano. La iglesia se vive en comunidad y sin ti no está completa. Desarrolla el sentido de pertenencia en la unidad del Espíritu y en la comunión con los demás santos. Dios te bendiga.
El hombre natural no se somete a Dios porque lo ve como una humillación. La sumisión no se exige, se otorga y se practica por temor a Dios. La falta de sumisión y temor a Dios causa aflicción en el mundo. Debemos aprender más sobre esta teología para escuchar su voz con mayor claridad y llevar gloria a su nombre. Una vida sin oración es una vida sin Dios.
El perdón es fundamental en la vida cristiana, pero a menudo nos cuesta perdonar y dejamos que el rencor y la amargura se instalen en nuestro corazón. El apóstol Pablo nos exhorta a perdonar, recordando que Dios nos perdonó a través de Cristo. Si no perdonamos, tampoco seremos perdonados. El perdón limpia el corazón y nos trae paz interior y con Dios. Debemos buscar en nuestro corazón cualquier rencor o amargura y entregarlo a Dios para que nos dé la capacidad de perdonar. El perdón es una ofrenda de amor que honra a Dios.
La iglesia es el cuerpo de Cristo y su esencia es Jesús. Es un organismo vivo que trasciende sus propias fronteras y es un gran depósito de la gracia de Dios. La iglesia tiene la enorme responsabilidad de ministrar sanidad interior a sus miembros y ser el hospital para restaurar espiritualmente a aquellos que han sido afectados por situaciones destructivas. La iglesia sana a través del evangelio de Jesucristo, que derriba todas las barreras del dolor, aplica el amor, ejercita el perdón y trae liberación. La sanidad interior es esencial para ser un verdadero testigo de Jesucristo y cumplir la Gran Comisión.
Dios se goza en la diversidad y en la complejidad de la fe. El síndrome del denominacionalismo se desmorona ante la fuerza del amor y del orden con que él quiere que le sirvamos como discípulos. Tenemos una sola identidad: Hijos de Dios. Lo importante es el orden y la prioridad que le demos a Cristo, nuestra cosmovisión centrada en el Dios y en su hijo salvador. Los dones del Espíritu son fundamentales para la vida de la Iglesia y deben ser usados con amor. El amor es lo que perdura y nos unirá a todos cuando todo sea perfecto. En ese amor debemos pensar y actuar, pues es el amor del orden, el amor sublime y poderoso que viene del perfecto Espíritu de nuestro Señor.
En la vida cristiana, al igual que en el deporte, debemos seguir las reglas y requisitos establecidos para obtener el galardón. El pecado es una carga en la carrera cristiana y debemos despojarnos de él para luchar y vencer en el campeonato de la santidad. Debemos vivir una vida genuinamente cristiana y trabajar arduamente para ver los frutos espirituales. El Señor nos somete a veces a un examen antidoping para descontaminar nuestros corazones y presentarnos limpios delante del Padre celestial. Seamos discípulos y pescadores, y dejemos que el Señor cambie radicalmente nuestras vidas.
El autor reflexiona sobre su experiencia de confesión y arrepentimiento de sus pecados ante Dios, y cómo esto le llevó a sentir la luz del Señor y la restauración de su vida. A través de los Salmos penitenciales, se recuerda la importancia de confesar nuestros pecados y buscar el perdón de Dios. El autor anima a aquellos que se sienten atormentados por la carga del pecado a confesarlo a Dios y experimentar la dicha de una vida perdonada. También invita a aquellos que aún no conocen al Señor a entregarle su corazón y experimentar el perdón y la salvación en Él.
Un hermano fue sometido a una cirugía para extraer un tumor en el cerebro, pero resultó ser un hemangioma que comenzó a sangrar abundantemente y los médicos se dieron por vencidos. Los hermanos se unieron en oración y en pocos minutos el hospital se llenó con los hijos de Dios. A las 5 pm llegó alguien al hospital y se encontró con el hermano ya estable aunque aún inconsciente. Esto fue un milagro y todos alabaron a Dios.
El artículo habla sobre la importancia de hacer una transición en nuestra vida espiritual para convertirnos en verdaderos conquistadores de las promesas de Dios. Se menciona la historia de Josué y cómo fue transformado de ser un simple Ministro a un valiente conquistador de la tierra prometida. Se enfatiza en la importancia de la obediencia, la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la renovación para lograr esta transición. Se invita a los lectores a hacer esta transición y convertirse en verdaderos discípulos de Cristo.
Para ser discípulos de Cristo, es necesario reconocer su Señorío en nuestras vidas y ser definidos en nuestra cosmovisión y sistema de creencias. Esto implica tener una teología radicalmente cristocéntrica, práctica, viva y testimonial, sin hipocresías ni dobles raseros. Es fácil sentirse discípulo de Cristo, pero es difícil serlo. Dos sermones del Dr. Roberto Miranda profundizan en este tema y nos retan a tomar una decisión y comprometernos radicalmente con el Reino de Dios.
El poema de Machado "Caminante no hay camino" se convirtió en un himno para una generación de jóvenes rebeldes en la Isla. Pero con el tiempo, Dios enseñó al autor que hay un solo Camino, el camino hacia Él encarnado en su Hijo Cristo. Este camino ya está hecho y se transita con la convicción de que se superarán los obstáculos, a pesar de las caídas. Es angosto y difícil, pero nada es más maravilloso que aceptarlo, transitarlo y amarlo. Dios te bendiga.
En la vida hay montes que debemos conquistar, ya sea bendiciones o obstáculos. Los montes representan la fortaleza y estabilidad de Dios, y Él los utiliza como escenario de sus grandes intervenciones. En el invierno de la adultez, debemos hacer un inventario de nuestros montes y enfocarnos en conquistar los que nos faltan para la gloria de Dios. No hay gigante que nuestro Dios no pueda derribar. Debemos adentrarnos en nuestros montes y sentirnos como Elías, Moisés, David o Esther. Que Dios renueve nuestra fe y vigorice nuestro espíritu de conquistador.
El autor recuerda su infancia humilde y las Navidades en las que no había suficiente comida. Sin embargo, los recuerdos de las palabras de Navidad y los buenos deseos de prosperidad para los demás nunca se desvanecieron. A medida que creció, se alejó de Dios y de la religiosidad, pero ahora cree que un mundo mejor solo es posible con la ayuda de Dios. Celebra la Navidad con la esperanza de un mundo mejor y agradece a Dios por estar presente en su vida.

Resiliencia: Competentes en Cristo
En este sermón, el pastor habla acerca de la resiliencia y cómo podemos ser competentes en Cristo. Él se enfoca en la historia de Caleb y Josué en el ...
Resiliencia: Llamados a la Transformación
El pastor habla sobre la resiliencia y cómo podemos ser resistentes a la adversidad y usar las pruebas de la vida para salir victoriosos. Citando a Pa...
Viviendo en el Poder de la Resurrección
El poder de la resurrección es una realidad en nuestra vida, aunque a veces no la veamos. Las mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús pensaban q...

El Precioso Tesoro de Dios: ¡Tú!
Mis amados amigos, ¡qué gran paradoja se despliega! La verdad de Dios revela Su mayor poder, manifestado de forma más brillante en nuestra más profund...
Guardado del Maligno
Amados, escuchamos dos voces de guarda: la promesa del Padre y la oración del Hijo, ambas brotando de un mismo corazón de amor. Nuestra preservación n...
¡Oíd! el Oído Abierto
Mis amados amigos, la raíz misma de toda fe verdadera y obediencia perdurable es la bendita postura de la escucha receptiva, un "oído abierto" a la vo...

Señor, Que Tu Luz Resplandezca Sobre Nuestros Planes
El Salmo 90:16-17 presenta una oración pidiéndole a Dios que traiga su bendición sobre los planes y deseos que una persona tiene. El salmista pide que...
Hallando Consuelo Durante la Jornada
En Primera de Tesalonicenses, el Apóstol Pablo muestra un sentido de impaciencia al no poder ver a sus hijos espirituales en Tesalónica mientras él ex...
Nuestra Responsabilidad - Prepararle Camino al Señor
El pasaje de Isaías 40 nos habla de preparar el camino para el Señor en los desiertos de nuestra vida. Esto requiere una nueva forma de pensar y vivir...

Yo Soy
En los Evangelios, Jesús se presenta diciendo "Yo soy" seguido de diferentes cualidades como el pan de vida, la luz del mundo, la resurrección y la vi...
Planificación
A veces nuestros planes no salen como esperamos y es importante tener un plan B. En el andar con Cristo aprendemos a aceptar su voluntad y confiar en ...
El Abrazo del Padre
A pesar de las luchas y el dolor que experimentamos en la vida, podemos encontrar consuelo y protección en los brazos amorosos de Dios. Él siempre est...

Amor y Respeto en el Matrimonio
En este mensaje, el pastor habla sobre la sumisión en el matrimonio según la Biblia. Él enfatiza que la sumisión no significa aceptar el abuso o la ma...
Una Vida Que Brilla
El libro de Efesios nos recuerda que somos un pueblo bendecido y que tenemos una responsabilidad santa de vivir como el favorito de Dios. Debemos anda...
El Regalo de un Corazón Tierno Hacia los Demás
El capítulo 4 de Efesios habla de cómo somos un pueblo bendecido en el ambiente espiritual, pero también de nuestra lucha en el ambiente espiritual co...
Navidad - el Dios de Lo Imposible
El cántico de María, también conocido como Magníficat, es un cántico de victoria y liberación al Señor. María reconoce que Dios ve nuestra bajeza y vi...
Dios Recompensa a los Que Lo Buscan
En este mensaje se explora la importancia de creer en Dios y buscarlo, en lugar de debatir sobre su existencia. Se trata de reconocer la semilla de fe...
Estad Quietos, y Conoced Que Yo Soy Dios
El Domingo de Ramos nos recuerda el anuncio profético de Zacarías 9:9 sobre la llegada del Rey justo y salvador, Jesús, cabalgando sobre un asno. Pero...

La Palma Real
La Palma Real es un árbol alto y majestuoso en Cuba, pero su altura también lo hace vulnerable a las descargas eléctricas y huracanes. Se cree que los...
La Traición de Judas
El nombre de Judas ha desaparecido del mundo debido a la traición de Judas Iscariote hacia Jesús. Aunque su nombre significa "alabanza de Dios", nadie...
Oraciones No Contestadas
A veces Dios no responde a nuestras oraciones y no debemos pensar que podemos dar órdenes a Dios. La oración no es una varita mágica. A veces lo que p...