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El poder del perdón

¡Cuán bienaventurado es aquél cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! Salmos 32:1
Y perdónanos nuestras deudas (ofensas, pecados), como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores (los que nos ofenden, nos hacen mal). Mateo 6:12
Nancy G. Marquez

Autor

Nancy G. Marquez

Resumen: El poder del perdón puede llevarnos a encontrar la paz del alma y estar en paz con Dios y nuestros semejantes. Es el poder que hizo a Cristo exclamar "Padre, perdónalos". La humanidad busca poder para conseguir la paz, pero todo lo que se busca fuera de Dios es en vano. El perdón produce paz interna con nuestros semejantes y con Dios. Recibamos y otorguemos perdón, el poder del perdón está a nuestra disposición.

Uno de los caminos que conducen a la paz interna del ser humano, es perdonar y sentirse perdonado. La conciencia culpable es una de las cargas más agobiadoras que pueda llevar el hombre. La conciencia culpable destruye la paz interior. Ahora bien, ¿Cómo podemos librarnos de esta enfermedad del alma y estar en paz con Dios y con nuestros semejantes? Echando mano al Poder del Perdón. Ese poder que puede llevarnos a encontrar la paz del alma, la paz interna. Ese poder que puede conmover hasta los cimientos del mundo. Ese poder que tuvo su origen en Génesis 3: 15, donde Dios le da la primera promesa de redención a aquella pareja, Adán y Eva, que habían pecado. Ese poder que tiene su clímax o punto culminante en la cruz del Calvario. Me refiero al ¡Poder del Perdón! El mismo poder que hizo a Cristo, el Hijo de Dios, exclamar desde lo mas recóndito del su ser: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

La humanidad, constantemente esta buscando el poder que la lleve que conseguir la paz. Vemos a las naciones, batallando unas contra otras, buscando ser las mas fuertes y poderosas. Se busca el poder por medio de los armamentos nucleares, o sea, el poder militar para obtener la paz. Se busca el poder político, económico, social, y hasta religioso. Pero todo lo que el hombre busque para encontrar la paz, que esté fuera de Dios, es en vano. El problema de la humanidad es que no tiene paz con Dios. Y por cuanto no tiene paz con Dios no tiene paz interior; por consiguiente, no tiene paz con su prójimo o su semejante. Dios mismo sentó el máximo ejemplo del perdón para que nosotros podamos también recibir y otorgar ese perdón que produce la paz interna, con nuestros semejantes y sobre todo, con Dios.

Dios me perdonó y con ello vino mi libertad; cuando yo perdono, no solo liberto a los demás, sino que yo mismo quedo libre, ya que el no perdonar nos mantiene encarcelados. ¡Recibamos el perdón y aprendamos a perdonar; el poder del perdón está a nuestra disposición!