
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El pasaje de 1 Reyes 17:8-16 narra la historia de Elías en Sarepta de Sidón, donde Dios le ordena que vaya y una viuda le sustentará. La viuda está en una situación desesperada, solo le queda un poco de harina y aceite para ella y su hijo y luego esperan morir de hambre. Elías le pide que le dé de comer primero a él, en representación del Reino de Dios, antes de dar de comer a su hijo y a ella misma. Este pasaje ilustra la importancia de dar a Dios primero, no solo financieramente, sino también en cualquier forma creativa para avanzar Su Reino. Debemos reconocer nuestra fragilidad y depender de Dios en todas las áreas de nuestra vida para enfrentar las dificultades de este mundo. Servir a los demás en el Nombre del Señor es también una forma de invertir en el Reino de Dios y ser un instrumento en Sus Manos.
En este sermón, el pastor habla sobre la historia de una viuda que alimentó al profeta Elías durante una época de escasez. El pastor destaca cómo Elías pidió a la viuda que lo alimentara primero, antes de ella y su hijo, y cómo esto refleja la importancia de darle a Dios el primer lugar en nuestra vida.
El pastor también habla sobre cómo muchas veces tenemos áreas en nuestra vida que no le hemos entregado al Señor y cómo esto puede estar impidiendo que las bendiciones de Dios fluyan en nuestra vida.
Además, el pastor destaca cómo cada uno de nosotros tiene un embrión de poder, de vida y de distinción en el Reino, y que la obediencia a Dios es fundamental para activar este poder y cumplir nuestra misión en la vida cristiana.
Finalmente, el pastor habla sobre su compromiso con el Evangelismo en la región de Nueva Inglaterra y cómo Dios está tejiendo una red para llevar a cabo esta misión.
El pastor está motivando a las iglesias a hacer una estrategia de Evangelismo a nivel regional en Nueva Inglaterra. Él ha estado encontrando recursos y gente en el camino y ve cómo Dios está tejiendo una red. Él enfatiza la importancia de vivir conforme a lo que dice la Palabra del Señor y obedecer esos principios para ser bendecido y respaldado por Dios. La historia de la mujer que escuchó y obedeció la Palabra del profeta es un ejemplo de esto.
Primero de Reyes capítulo 17 versículo 8 en adelante, dice: “Vino luego a él” a Elías, y ese luego es porque hay algo que antecede, unos versículos antes Elías ha huído de Jezabel y de Hacab porque ha declarado sequía en juicio contra Israel por su pecado y su corrupción, Dios le ha dicho a Elías que escape al desierto y lo ha escondido allí cerca de un arroyo, y ha mandado cuervos, ustedes recuerdan esa famosa historia, cuervos para que lo alimenten, y Elías se mantiene allí escondido por un tiempo en reserva pero al momento después de Dios proveerle de esa manera extraordinaria dice que el arroyo se secó y entonces era tiempo para buscar otra solución, muy interesante, no tenemos tiempo para discutir tanto eso, pero el caso es que Dios le da instrucciones al profeta entonces de que se vaya a otro lugar y aquí comienza esta narrativa.
Dice que: “Vino luego” de secarse en en el arroyo, “a él” a Elías “palabra de Jehová diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí, y he aquí Yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta.”
“Y cuando llegó a la puerta de la ciudad he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña, y él la llamó, y le dijo: te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso para que beba.” Una intermisión bien pequeña y esto no tiene casi nada que ver pero me cautivó esta idea: ¿qué edad creen ustedes que tenía esta viuda, cuántos años? probablemente era una mujer más joven, porque uno piensa en una viuda y generalmente uno piensa en una mujer así avanzada en edad, pero el hecho de que ella tiene un hijo y que en un caso Elías lo carga y ella también lo carga, después más adelante hay la historia de que el hijo muere y es resucitado por el profeta, evidentemente es una mujer relativamente joven, en la flor de su vida, sin embargo ya es viuda y está en una situación muy, muy apremiante.
Me parece interesante porque uno a veces piensa que bueno, ya una persona pasada en edad y que por eso es viuda pero no, es una mujer que está experimentando una etapa relativamente joven de su vida y el Señor la llama para redimirla en un sentido de su miseria. Y ella está ahí escogiendo leña, y él la llamó y le dijo: te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso para que beba, y yendo ella para traerle el agua la volvió a llamar y le dijo: te ruego que me traigas un bocado de pan.
Ahora se me ocurrió que un día uno podría predicar un sermón que se titulara: Las Ocurrencias de Dios, porque fíjate que el profeta le dice a ella: tráeme un poquito de agua y entonces como una segunda cosita: y si me traes un pedacito de pan te lo voy a agradecer también. Esa ocurrencia es la parte central de todo el mensaje.
¿Sabe cómo a veces Dios como que nos prepara el terreno para meternos una zancadilla y a veces nos dice: haz esto y uno dice: ah claro que sí, yo lo puedo hacer pero después tiene otra cosa más importante? Entonces esa segunda ocurrencia de Elías: ah, tráeme un poquito de pan si tú puedes también.
Pero ella, versículo 12 le respondió: “Vive Jehová tu Dios” en otras palabras, ponme atención a lo que te voy a decir, “que no tengo pan cocido, solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.”
Si hay una escena tétrica y trágica en la Escritura esta es una de ellas. Una mujer llegando al extremo ya de sus recursos, una última comida que le queda y ella sabe que lo que le espera al otro lado de esa comida es la muerte segura, muerte de hambre porque no hay más na’ como dicen por ahí, ni maná, simplemente que no hay más na’ esta vez, no queda nada, un poquito de aceite para hacer un pancito allí y entonces meterse en un cuarto para esperar simplemente la muerte.
Entonces lo interesante es que en el versículo 13, yo digo que el versículo 12 es una cosa y el versículo 13 es otra, el versículo 12 es la vida vivida sin Dios, la vida vivida solamente con los recursos que uno tiene, la vida vivida simplemente a puño limpio: con tu mente, tus recursos, las circunstancias pero ninguna intervención divina, y esta mujer ha llegado al extremo de su vida.
Y así pasa muchas veces con muchos de nosotros que muchas veces estamos viviendo circunstancias en la vida en que si uno las mide desde el punto de vista simplemente de lo que yo puedo hacer, como hay mucha gente en este mundo: hay mucha gente muy preparada, muy dotada y no tienen a Dios en sus corazones, no tienen a Cristo en su vida, no tienen ni la Palabra ni los principios del Evangelio que los ayuden y solamente pueden depender de los recursos que ellos tienen.
Déjeme decirle hermano que la vida es demasiado peligrosa, demasiado complicada y demasiado amenazante para usted querer vivirla por sus propios recursos. Todo hombre y toda mujer no importa cuán dotado sea necesita de un Dios Todopoderoso (aplausos).
Porque este mundo es una gran trampa, es un campo minado y usted no sabe dónde están las minas explosivas. Y usted va caminando y puede ser que el primer día, el segundo día, en el año 25 todo le vaya relativamente bien pero un día, si usted solamente está usando sus propios recursos va a pisar una mina, y puede ser una mina de ansiedad, puede ser una mina de problemas matrimoniales, puede ser una mina familiar, puede ser una mina explosiva de sus emociones o de su linaje familiar, o un ataque demoníaco, o lo que sea, pero si lo único que usted tiene son sus recursos personales para lidiar con esa crisis tarde o temprano usted va a ser vencido porque nadie puede vivir esta vida totalmente exitosamente si no tiene a Dios en su recurso, y eso es algo que debemos llevarnos en nuestros corazones en este día.
Si tú estás viviendo la vida este día solamente con tus propios recursos en vez de hacer lo que debe hacer todo ser humano y es admitir que por ti mismo tú no puedes vivir, que necesitas un Dios Todopoderoso que te tome como un niño frágil en Sus Manos y te lleve a través de los caminos de la vida, todo ser humano tiene que llegar a ese momento.
Cuando yo venía esta mañana en el carrito para prepararme para este servicio yo le decía al Señor: Tómame en Tus Manos y llévame a través de las próximas horas, y Dios me entró en un momento de profunda convicción hermanos de que por mí mismo yo no soy capaz de guiar a este pueblo y de guardarlo de los ataques del enemigo, y de mantenerlo en salud, y en seguridad, que yo necesito desesperadamente como el Pastor principal de esta Congregación la Gracia y la misericordia de Dios sobre mi vida, y que por mí mismo lo único que yo podría hacer es un desastre, y que necesito que Dios me proteja de mí mismo inclusive, y que toda la gloria y toda la honra son exclusivamente para el Señor.
Hermano: nosotros tenemos que cultivar en nuestra vida un sentido de fragilidad, eso es bueno. La gente piensa que todo lo contrario: debemos cultivar un sentido de fuerza y de suficiencia, no. El hijo, la hija de Dios debe reconocer continuamente que por nuestros propios recursos no podemos jamás porque la vida y el diablo siempre serán más poderosos que nosotros y por eso necesitamos la fuerza suplementaria que sólo Dios puede proveer.
Esta mujer en ese momento en que Elías la encuentra es el símbolo del ser humano viviendo la vida con sus propios recursos y ya el agua le está llegando hasta el cuello, está preparándose para comer el último bocadito de pan que tiene y echarse a morir. Pero ahora en el versículo 13 entra la Gracia de Dios, entra la presencia del Reino de Dios encarnada en el profeta Elías. Con el profeta Elías entran los recursos a la vida de esta mujer, entra la autoridad, entra la persona centrada en el Poder de Dios, entra la persona que sabe que Dios es real y que sabe que puede decir como decía Elías continuamente: “vive Dios en cuya presencia estoy.”
¿Podemos nosotros ser ese individuo que hace la diferencia cuando entra a un hogar donde hay crisis, a un matrimonio que se está dividiendo, a un lugar donde hay enfermedad, a un lugar donde hay desesperación y perturbación mental, y cuando nosotros entramos entra la Presencia de Dios y el Reino de Dios con nosotros? podemos entonces intervenir, interceder, declarar la Gracia de Dios porque entra con nosotros el Reino de Dios. Eso es lo que Elías representa en este momento. Elías representa la Gracia de Dios entrando a una vida desesperada y cambiando todo el panorama.
Entonces Elías dice: “No tengas temor.” Mis hermanos, yo quisiera que cada uno de nosotros en esta tarde y yo mismo también aprovisionarnos de ese llamado “no tengas temor”, no importa cuán difícil parezca tu vida, si el Señor es con nosotros ¿quién contra nosotros?
Elías le dice: “No tengas temor, ve, haz como has dicho” y aquí está la clave “pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela.” Yo quiero que usted fije su mente en esta Palabra porque este es el centro del sermón: “hazme a mí primero.”
Elías le dice a ella: sí yo sé que tu situación es apremiante, yo sé que estás en profundo déficit, y en vez de decirle: no te preocupes, está bien cómete tu comidita allí y yo me la voy a bandear como yo pueda, él le dice algo que parecería totalmente escandaloso y egoísta, él le dice: hazme a mí primero.
Hermano: si eso es todo lo que yo alcanzo a decir en esta tarde usted tiene suficiente para irse nutrido a su casa bien nutrido espiritualmente, “Dale a Dios primero”, ese es el título de este sermón, “Dale a Dios primero.” Métete eso en tu corazón y en tu consciencia ahora mismo, “dale a Dios primero.”
Elías como representante del Reino de Dios, porque no es Elías simplemente en su carne diciendo: no, yo quiero comer primero, no. Elías es un profeta de Dios, Elías encarna la autoridad, encarna los asuntos del Reino de Dios, él representa la Presencia de Dios en la Tierra. Él tiene a Israel en jaque mate con esa sequía que él ha declarado. Elías representa la autoridad viviente y ambulante de Dios en la Tierra.
Y entonces al ella servir al profeta no solamente está viviendo a un hombre de carne y hueso, está sirviendo al Reino de Dios que él encarna ¿me doy a entender? y eso es algo bien importante que nosotros tenemos que entender hermano.
Cuando nosotros servimos las manifestaciones concretas del Reino de Dios en la Tierra estamos sirviendo a Dios por extensión y eso es importante que lo entendamos. La Biblia dice que cuando usted bendice a un profeta por cuanto es profeta usted va a recibir recompensa de profeta ¿no?
El Señor Jesucristo en una de las parábolas dice que vendrá un día en el Día del Juicio y les dirá a algunos: Venid, entrad a Mi Reino porque estuve desnudo y me vestisteis, tuve hambre y me disteis de comer, y la gente como extrañada: que yo no le haría esa pregunta, si Dios me dice: Ven, entra, yo no le voy a preguntar: ah pero, aclárame eso, no, yo entraría, pero esta gente le dice: pero Señor ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer? cállate (risas), entra y ya, disfrútalo. ¿Cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, cuándo te vimos desnudo y te vestimos? y Él dice: por cuanto lo hicisteis a uno de estos pequeñitos a Mí lo hicisteis.
Uno tiene que expandir su mente para ver que muchas veces las cosas que uno hace en Nombre del Señor y para gloria extendida del Señor lo estamos haciendo para Él y para Su Reino también, y muchas veces no hacemos esa conexión, y por eso yo creo que a veces somos como tacaños y agarrados cuando tenemos oportunidad de ser usados para bendecir a otros.
Hay personas que piensan: bueno ¿por qué yo tengo que dar mi diezmo a la Iglesia, por qué yo tengo que servir gratis en los diferentes ministerios de la Congregación? hermano, porque la Iglesia es el lugar que Dios ha escogido, es el instrumento que Dios ha escogido para canalizar Su Gracia aquí en la Tierra y cuando tú bendices tu Iglesia, cuando tú bendices a alguien de la familia de Dios, cuando tú bendices a alguien en el Nombre del Señor y porque estás siendo un canal de bendición, y tú sacralizas ese momento y ese acto es porque es para el Señor que tú lo estás haciendo.
Entonces cuando Elías le dice a esta mujer: dame a mí primero, él le está diciendo que invierta en el Reino de Dios. Y también le está diciendo algo bien importante que es el centro de este mensaje y es que muchas veces nosotros no podemos esperar para que Dios resuelva todos los problemas de nuestra vida para entonces darle al Señor, y no tiene que ser dar financieramente hermano, aclaro eso, es compartir los recursos que Dios nos ha dado en cualquier forma creativa para avanzar Su Reino.
Puede ser en términos de alguien que está en necesidad, puede ser ofrecerte como voluntario en algún ministerio de la Iglesia, puede ser bendecir a alguien que está en necesidad, puede ser tomar un momentito de tu tiempo para hacer una llamada telefónica a un anciano solo de la Iglesia que necesita o a visitar una familia que ha experimentado una pérdida, orar con alguien del trabajo, todo en el Nombre del Señor. Nosotros somos instrumentos en las Manos de Dios y debemos vernos en esa manera, porque si esperamos a tener toda la fuerza y todos los recursos para hacer el trabajo de Dios nunca lo haríamos.
Y Dios escogió a esta mujer, un símbolo de la total escasez, un símbolo de la impotencia, un símbolo de la incapacidad para ayudar a alguien, porque ella no tiene ni lo suficiente para sí misma.
La verdad es que Dios tiene un sentido del humor ¿verdad que sí? Dios tiene un sentido de ironía porque Él hubiera podido escoger a uno de los ricos de la comarca. Hubiera podido escoger a alguien que tuviera suficiente comida, un negociante, un dueño de una reserva de comida, no. Escogió a una mujer que no tenía dónde caerse muerta y a esa mujer Él le da orden de que sustente al profeta, la condición que Dios le pone, y cuántas veces hermanos Dios nos prueba de maneras muy pequeñas.
Muchos de nosotros queremos ser grandes evangelistas, queremos que Dios nos use para traer multitudes. Decimos: Señor llévame a tal país y yo te daré mi cuerpo en sacrificio, y viene por ahí una persona diciendo: hermano ¿usted me podría ofrecer un plato de comida o lo que sea? o si se ofrece una oportunidad en la Iglesia para servir y decimos: no, yo estoy demasiado cansado.
Podemos ir a un servicio a mitad de semana a honrar al Señor y sentimos el hincamiento en nuestro espíritu de ir: no, tengo que levantarme mañana en la mañana y tengo que trabajar, tengo que levantarme y bregar con ese despertador, yo estoy demasiado cansado, no puedo y no debo, y quizás te estás perdiendo una gran bendición.
Hay veces que Dios se presenta a nosotros en formas muy pequeñas para probarnos y para ver de qué está hecho nuestro corazón, y si nosotros dijéramos: sí, en ese momento por fe Dios abriría la ventana de los cielos y nos bendeciría. Yo me pregunto cuántas oportunidades hemos perdido de ser bendecidos en nuestra vida porque hemos fallado una pequeña prueba que Dios nos ha traído.
A Elías ella seguramente no lo conocía, no sabía que quizás tenía al frente al hombre más poderoso de la Tierra en ese momento, pero él le dice: dame a mí, hazme a mí primero. Hermanos esa es la clave, les digo esto, esa es la clave para una vida poderosa en la fe cristiana. Esa es la clave para una vida de poder, de éxito, de influencia, de producto en el Reino, de ver tus oraciones contestadas, de ver tus necesidades suplidas, de ver los anhelos de tu corazón realizados, de ver y de probar el provecho y la fidelidad del Reino de Dios y las promesas de Dios, darle a Dios primero.
Mucha gente se pregunta: pero la Biblia me promete esto, Dios me promete aquéllo y yo no veo tal cosa, y yo paso toda la vida arrancando pero nunca salgo adelante, y es porque quizás hay un tumor en nuestro sistema circulatorio espiritual que está aguantando el fluir de la bendición de Dios, y es que no le hemos dado nuestro corazón y nuestra prioridad al Señor.
Hay un Isaac, hay algo que amamos más que a Dios, algo que quizás no lo hemos admitido pero que en nuestro espíritu y en nuestra mente, y en nuestro subconsciente hemos dicho: sí Señor, Tú puedes tener el 98% pero ese 2% desgraciadamente no te lo puedo dar.
Puede ser un hábito de tu vida, puede ser un rasgo de tu temperamento, puede ser una actitud, puede ser que hay cosas que tú valoras más: tu privacidad, tu comodidad, tu posición social o financiera, la estima de la gente, tu reputación, los amigos que tanto placer te da estar con ellos. Hay algo que tú has dicho: yo estoy dispuesto a darle al Señor todo lo demás pero eso que no me lo toque, y quizás tú no lo has dicho verbalmente pero Dios no se lleva solamente de lo que tú admites verbalmente, Dios conoce las fibras de tu corazón, y dice que Dios llega hasta el tuétano y divide los pensamientos del corazón, y no hay nada que esté escondido, dice, ante Su escrutinio.
Y Dios conoce esas áreas de nuestra vida, y todos las tenemos de paso les digo, que todavía no le hemos entregado al Señor, y a Dios lo que le interesa es que tú vayas a ese lugar, a aquéllo que pone a Dios en segundo lugar, y hasta que tú no estás dispuesto a darle esa cosa preciosa de tu vida estás trancado porque el Señor no se contenta con menos que el primer lugar en el corazón del hombre o de la mujer.
Cuando el joven rico vino a donde Jesús apurado y con urgencia le dijo: Señor Jesús ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? ustedes recuerdan el pasaje, y el Señor le dice: bueno, volviendo a las ocurrencias del Señor ¿no? bueno, nada, guarda los mandamientos y pórtate bien, y él le dice: pero Señor si eso yo lo he hecho desde mi juventud, eso es fácil, y el Señor le dice: ah bueno, mira lo único que tú tienes que hacer es: vete a tu cuenta de banco, saca todo el dinero que tienes, dáselo a los pobres y sígueme, encontrarás la satisfacción que tú necesitas, encontrarás esa salvación y esa seguridad que tú estás buscando.
Dice la Biblia que el joven se fue triste porque hizo como un reconocimiento en su mente: ¿estoy yo dispuesto a dar mi dinero, mi reputación, mi influencia social? y cuando hizo las cuentas se dió cuenta de que no estaba dispuesto a dar esas cosas, y el Señor Jesucristo se entristeción con él porque entendió que era un sacrificio.
Si usted ve a través de toda la Escritura esos momentos de crisis en los que a una persona la ponen con la espada contra la pared y le dicen: ¿qué tú prefieres más, el Reino de Dios o las cosas de este mundo? y yo creo que esa es la clave hermano. Cuando uno ha resuelto ese problema en su vida entonces las bendiciones de Dios van a fluir. Tendrás pruebas, tendrás dificultades pero saldrás victorioso porque el Señor se pega contigo y dice: Ahora Yo puedo obrar, ahora podemos caminar juntos, ahora Yo puedo hacer lo que he querido hacer en tu vida.
Y esta mujer su vida depende, por lo menos los próximos minutos de su vida, dependen de ese poquito de harina y ese poquito de aceite, y Elías en la encarnación del Reino de Dios le dice: mira atrévete, hazme a mí primero. Y entonces le dice: “Porque Jehová, Dios de Israel ha dicho así” wow. ¿Se ha detenido usted en esa palabra? “porque Jehová, Dios de Israel ha dicho así.” Yo le pido al Señor que me ayude a mí y a todos nosotros a hablar con esa autoridad.
¿Cuántos de nosotros podemos decir: porque Dios ha dicho así? y podemos orar de esa manera, y podemos caminar con esa autoridad, eso no viene fácilmente hermanos, eso viene a un precio bien grande.
Pero Elías puede hablar con esa autoridad profética y le dice: escúchame, la harina de la tinaja no escaseará ni el aceite de la vasija disminuirá hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la Tierra. En otras palabras le dice: mira si tú me obedeces, si te atreves a ir contra tu mente, contra tu razón, porque esa es una de las cosas que muchas veces nos aguanta hermanos de hacer la Voluntad del Señor y de entrar en esa etapa de gloria y de victoria, es porque nuestra mente nos traiciona y comenzamos a hacer matemáticas: ah pero si yo soy esto me va a pasar aquéllo, si yo hago esto entonces voy a perder lo otro, si yo me apresuro, tantas cosas que compiten con nuestra oportunidad de entrar en la bendición del Señor.
Ahora mismo hay personas quizás en esta Congregación a las que Dios les ha estado hablando durante mucho tiempo acerca de: Dame a Mí primero, entrega tu vida, créeme, abre tu voluntad, abre tu corazón, tu espíritu, y hay veinte mil excusas que le damos al Señor. No es el tiempo, no me siento preparado, tengo que arreglar una cantidad de cosas, mi vida no está en orden, ¡ah! esas son tonterías de los hombres, yo puedo hacer eso en mi casa y no tengo que estar haciéndolo delante de nadie, habrá otro momento, todavía no es el tiempo, me falta mucho para disfrutar de la vida, cientos de razones.
Momentos en que Dios te da oportunidad para bendecir a Su Iglesia, para tomar una clase de discipulado e invertir en tu crecimiento espiritual, para servir a tu Congregación de alguna manera, para adoptar a un joven y discipularlo, y mentorearlo, para consagrarte más en tu vida, para entregar algún aspecto de tu vida y acercarte más al Señor y uno dice: ah, en otro momento, eso no es necesario, después de todo esas son tonterías, Dios conoce mi corazón, y nuestro corazón, y nuestra mente comienza a funcionar, y encontramos diez mil razones racionales y lógicas para decirle no a la oferta del profeta que se presenta a nuestra vida.
Y esta mujer tiene la oportunidad en este momento de hacer algo extraordinario y de entrar de una vida anónima, común, corriente, deficiente y entrar a la grandeza, a la grandeza por miles de años. Este evento sucedió probablemente hace unos 3,000 y pico de años, 3,000 y pico, haga la matemática. Y esta mujer no sabe que en ese momento ella está viviendo una encrucijada que depende de lo que ella le diga al profeta o lo que ella haga con la oferta del profeta, ella va a seguir en su miseria o entrar en la grandeza espiritual para toda la eternidad.
Mire dónde estamos hoy 3,000 años después en Boston tan lejano como posible del arroyo de Querit y de Sarepta de Sidón, y estamos hablando de esta mujer. Y déjeme decir algo más, y espero que no se me olvide el libro de pensamientos: esta mujer está preñada y no lo sabe. Esta mujer carga dentro de sí un embrión de grandeza, una misión extraordinaria y no lo sabe. Pero ya Dios le ha dicho al profeta Elías: Yo he dado orden a una viuda de Sarepta que te alimente.
Esta mujer no lo sabe porque cuando el profeta se acerca a ella ella no reconoce nada, ella simplemente está tan metida en su carencia y en su crisis que ella lo único que ve es su carencia y su necesidad, pero dentro de ella ella carga una orden del Dios Todopoderoso que la ha preñado con una misión extraordinaria y todos los días necesita hacer eso: obedecer y lanzarse por fe para que se active esa impartición de vida que ella carga dentro de sí.
Mis hermanos: yo me pregunto, por primera vez esta mañana me vino a la mente eso leyendo este pasaje que literalmente lo he leído decenas y decenas de veces, que muchos de ustedes, muchos de nosotros cargamos ahora mismo en nuestra vida una misión que Dios tiene para nosotros, una grandeza embriónica que está dentro de ti y tú quizás sólo ves ahora mismo.
Yo veo a esta joven aquí que yo la saludé esta mañana y me dijo que está tomando las clases de discipulado con gozo, y qué bueno que ella está saliendo de lo común a lo excepcional porque eso toma tiempo, tú tienes un bebito ahí en tus manos y uno piensa: oh tengo un bebé, yo tengo que atenderlo, todas las cosas de una madre, quizás trabaja y otras cosas, pero ella ha decidido, perdona que te ponga así en aprietos acá, ella ha decidido buscar más de Dios e invertir en el Reino y en su crecimiento espiritual y el conocimiento de la Palabra ¿no? quién sabe si ahí hay una Débora dentro de 10 o 15 años si ella está destinada para, quizás estoy profetizando (aplausos), quién sabe lo que Dios pueda tener.
Hermanos yo he aprendido que esto no es asunto de grandes pedigrees académicos ni linaje excepcional ni nada exorbitante, Dios hace lo que le da la gana con quien le da la gana y lo único que se necesita es un corazón dispuesto, una disposición radical a ser usado por Dios.
A través de treinta y pico de años de pastorado hermanos yo he visto gigantes literalmente nacer en nuestra Congregación, gente que uno podría decir: qué bueno puede salir de Nazaret, ¿no? y Dios ha hecho cosas extraordinarias a través de muchos de ustedes, los ha activado en el Reino, han traído gente al conocimiento de Dios, se han tornado en maestros del Reino, han bendecido y respaldado a su Iglesia en maneras extraordinarias, han sido inspiración a tanta gente y ese es sólo el comienzo. Yo creo que cada uno de nosotros carga un embrión de poder, de vida y de distinción en el Reino.
Dios había delegado a esta mujer una tarea excepcional y ella misma no lo sabía pero sólo se necesitó una reacción de obediencia cuando el profeta le dijo: dame a mí primero, hazme a mí primero, prefiéreme a mí que encarno el Reino de Dios, y ella no permitió que su consciencia, su razón le impidiera hacer lo que tenía que hacer sino que obedeció.
Dice el versículo 15: “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías” e hizo como le dijo Elías, hermanos, obediencia. Muchos de ustedes me decían en el viaje eso, que la obediencia es lo más importante en la vida cristiana.
Hermanos, a veces no es ni siquiera convicción, porque muchas veces nosotros sentimos la convicción emocional de hacer algo pero es la obediencia, es hacer las cosas porque Dios dice que las hagamos. Es seguir los principios del Reino y el Señor entonces que se encargue de respaldar Su Palabra.
A veces uno se mete en tantos líos en el ministerio y si fuera por la carne y las emociones uno jamás haría las cosas. Yo estoy ahora involucrado así con estas cuestiones de, como siempre lo hemos estado en los últimos años a nivel de Nueva Inglaterra y la región, y todo esto, y ustedes me han oído hablar de Evangelismo y de la importancia, y Dios está haciéndolo, a veces no tan rápido como algunos de ustedes quisieran pero, o son mis defectos o lo que sea pero estoy comprometido con un llamado de Dios a convertirnos en una Iglesia radioactivamente evangelística y es un compromiso.
Pero a nivel de Nueva Inglaterra yo estoy dando la señal y la voz, y hablando de Evangelismo, y motivando a las iglesias, motivando a la gente a hacer una estrategia a nivel regional de Evangelismo, y Dios ha ido encontrándome en el camino. Hay cosas ahora mismo que están pasando, están en estado embriónico con organizaciones y grupos. Ahora mismo cuando estuve en Atlanta, Georgia esta semana después de regresar de Israel fui a regañadientes a esa actividad porque me comprometió una persona a quien le debo, y fui, a regañadientes, refunfuñando como decimos nosotros, pero esa vez allí el Señor me puso en contacto con recursos y con gente con respecto a esto del Evangelismo y yo veo cómo Él está tejiendo esta red.
Ahora, mis emociones me dicen: no te metas en más líos, bastantes ya tú tienes, y muchas veces yo mismo hago cosas y mientras las estoy haciendo me veo haciéndolas, y digo: ¿por qué? si tú ya no das abasto con lo que tienes, pero algo dentro de mí me dice: simplemente obedece y da la palabra, y Yo abriré el camino delante de ti.
Y yo he aprendido a través de mi vida que es así hermano. Yo tengo que vivir como un piloto volando a 32,000 pies de altura en el medio de la noche sobre un océano, no hay nada que le diga por dónde debe ir excepto los instrumentos que tiene frente a él: su tablero, el compás, la computadora o lo que sea y él simplemente, él no puede dejarse llevar por señales externas, tiene que ajustarse a lo que dicen los instrumentos.
Mi hermano: tú debes aprender y yo debemos aprender a vivir por lo que sale de la boca de Dios, la Palabra que sale de la boca de Dios. Al tú aprender los principios del Reino, al tú aprender a vivir conforme a lo que dice la Palabra y al tú obedecer esos principios siempre vas a ser bendecido y vas a ser respaldado por Dios.
No te lleves de tus emociones, no te lleves ni siquiera de lo que hace sentido a nivel racional, llévate de lo que dice la Palabra del Señor y siempre saldrás airoso. Si discerniste la Voluntad de Dios y estás seguro de que Dios es quien te está llamando mete mano y el Señor te sacará adelante.
Esta mujer escuchó la Palabra del profeta, obedeció y se lanzó en el Nombre del Señor. La promesa de Elías: si tú me das primero el aceite no disminuirá y la harina no escaseará.