Que estás en los cielos

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: Aunque Jesús nos anima a ver a Dios como un padre amoroso, también debemos recordar que hay una sana distancia y diferencia entre nosotros y Dios. Debemos tener una relación de absoluta confianza y reverencia hacia Él. Debemos recordar que Dios es Santo y merece nuestra adoración y sujeción reverente, y debemos obedecer su voluntad y dar gloria solo a Él. No debemos subestimar su santidad o señorío, y no debemos jugar con Dios.

Interesantemente, el mismo Jesús que nos anima a ver a Dios como un padre misericordioso y amante en el Padrenuestro también nos recuerda que Dios está 'en el cielo'. Es decir, aunque Dios está íntimamente involucrado en su creación y quiere tener intimidad con nosotros, debemos recordar siempre que hay un sentido de sana distancia y diferencia que debemos retener con respecto a nuestro entendimiento de Dios.

¡El no es como nosotros! Él es totalmente Otro. Ciertamente, sus caminos no son nuestros caminos, y sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Isaías 55:8).

La Biblia nos llama a una paradójica relación de absoluta confianza y absoluta reverencia hacia Dios. Tenemos que amarlo y temerlo simultáneamente. Tenemos que acercarnos a su trono confiadamente, pero también con temor y temblor. Tenemos que entender que el está siempre con nosotros y que habita en nosotros por medio de su Espíritu Santo, pero que también habita “en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16), más allá de cualquier imperfección o bajo sentimiento.

El escritor de Eclesiastés sabiamente nos recuerda que “Dios está en el cielo y nosotros sobre la tierra”, y que por tanto nuestras palabras deben ser pocas. Es decir, al recordar la infinita distancia que hay entre nosotros y el Padre celestial, debemos tener cuidado de cómo nos acercamos a Él. Nuestras palabras y acciones, nuestra vida y conducta deben reflejar ese sentido de reverencia y asombro ante la majestad del Creador.

Dios es Santo, tres veces Santo. Merece nuestra adoración y sujeción reverente. Su Señorío es incuestionable. Nuestra entrega y obediencia de su voluntad deben ser absolutos.

No debemos jamás jugarnos con Dios. No debemos subestimar su santidad o señorío. Dios no existe sólo para complacernos o llenar nuestras necesidades. ¡Nosotros, más bien, existimos para obedecerlo, adorarlo y darle gloria solamente a Él!