
Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: El Espíritu Santo te ha dado una nueva identidad en Cristo, liberándote de tus ataduras y permitiéndote disfrutar plenamente de la gracia de Dios. Tu vieja naturaleza murió en la cruz de Cristo y resucitaste como una nueva criatura. Si no comprendes esto, no podrás disfrutar plenamente de la gracia de Dios y te sentirás como un pecador esforzándote por hacer obras para agradarle. Cristo vino a darnos vida y somos cristianos porque Él vive dentro de nosotros. Nuestro estilo de vida no se basa en lo que hacemos por Él, sino en lo que Él ya hizo por nosotros en la cruz. Somos hijos de Dios y participantes de su naturaleza divina en Cristo.
El Espíritu Santo nunca toma vacaciones. El Espíritu Santo nos conoce, sabe de nuestros ladeos y torceduras y hasta acomoda el escenario para que nuestras caídas no sean de plano y podamos levantarnos rápidamente y continuar animando nuestra vida cristiana y animando a otros a que sigan a Cristo. Para que esto suceda y tenga un verdadero significado en tu vida, será necesario que el Espíritu te revele una verdad que el enemigo ha tratado de ocultarnos durante siglos y por tanto sigue siendo una asignatura pendiente de aprobar en el curriculum del cristiano moderno: el Espíritu de Dios te ha dado una nueva identidad, una increíble identidad que te libera de todo tipo de ataduras y te permite disfrutar a plenitud los deleites del Señor. El deleite de su Gracia es una inmensa bendición.
Esta verdad tiene que ver con la muerte definitiva y sin posibilidad de resurrección de tu viejo hombre, de tu antigua naturaleza, de lo que eras y ya no eres porque el día que conociste a Cristo, el día que Dios te escogió para ser adoptado como su hijo, para ser aprobado en todo, justificado por su gracia y aceptado Él te regaló una nueva identidad, tomó todos tus pecados y los clavó en la cruz de Cristo. Con tus pecados fuiste crucificado con Cristo para que tu vieja naturaleza sucumbiera y pudieras resucitar con Él convertido en una nueva criatura. No es posible resucitar sin antes haber muerto.
En su sutil astucia el diablo no cesa en tratar de hacernos creer que nuestra antigua naturaleza antes de Cristo, la del viejo ser humano que estaba muerto en delitos y pecados, ¡todavía vive! y que aún es capaz de gobernar nuestros actos y esclavizar la mente. Nuestro enemigo común sabe que mientras seamos ignorantes a la verdad de nuestra nueva identidad, es decir, el ser Hijos de Dios, nos podrá zarandear a su antojo. Cuando entiendes el significado de tu nueva identidad te liberas y ensancha tus territorios espirituales que te permiten permanecer en Cristo.
Hay algunas verdades que debemos entender de esta revelación.
Cristo vino para darnos vida, no para reformar y componer la nuestra, sino para darnos ¡la suya! En Cristo cohabitamos con Él por su propia vida. Él es nuestra vida, Él es nuestra mente. Somos cristianos porque Él vive dentro del cristiano. Es imposible para el cristiano ejercitar un estilo de vida donde el pecado sea habitual, pues siempre se sentirá un miserable, endeudado y perverso, lo cual es contrario a nuestra nueva identidad.
Estar en Cristo es entender que somos partícipes de su naturaleza divina (2 Pedro 1:4), que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús (Efesios 2:10); Somos nueva criatura, hijos del Altísimo y nuestro estilo de vida no está fundamentado en lo que hacemos por Él, sino en lo que ya Él ha hecho en favor nuestro por el sacrificio de su Hijo Jesucristo.