En cuanto a mí, en justicia contemplaré Tu rostro; Al despertar, me saciaré cuando contemple Tu semblante. — Salmos 17:15
Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. — 1 Corintios 11:1

Autor
Nancy G. Marquez
Resumen: El Salmo 17 es una oración sincera de David pidiendo protección contra los opresores y pidiendo a Dios que esté atento a su clamor. Él busca ser recto y agradable a Dios en todos sus caminos. Termina la oración diciendo que estará satisfecho cuando despierte a la semejanza de Dios. El creyente sabe que encontrará su satisfacción completa cuando esté en la presencia del Señor, habiendo hecho todo lo posible por vivir semejante a Él aquí en la tierra.
A veces buscamos nuestra satisfacción en cosas pasajeras, en vez de buscarla en las cosas eternas. Para ser claros, debemos recordar que nada de lo que hay en esta tierra nos traerá satisfacción por más hermoso y bueno que parezca. Solo nuestra satisfacción debe estar en querer llegar a ser como nuestro Señor y Maestro; semejantes a El en todo. ¿Será por eso que el Apóstol Pablo exhorta a los Corintios a que lo imiten así como el imitaba a Cristo? No hay nada mejor que encontrar nuestra satisfacción en Dios y sus obras que son eternas y perfectas.
El Salmo 17 es una oración sincera hecha por David, el dulce cantor de Israel. En la oración comienza pidiéndole a Dios que esté atento a su clamor y le confiesa que su oración es hecha de labios sin engaño. Le pide también a Dios que vean Sus ojos su rectitud. ¡Que hermoso saber que el Salmista David siempre procuraba serle agradable a Dios en todos sus caminos! Culmina la oración diciendo (v.15) "Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. En el día de hoy hacemos eco a las palabras del Salmista cuando escribió este verso, que parece mas fácil recitarlo que vivirlo .
El creyente sabe que recibirá su satisfacción completa cuando esté a la presencia del Señor, luego de haber hecho todo lo posible por vivir semejante a El aquí en la tierra.
Oración de David:
1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.
2 De tu presencia proceda mi vindicación;
Vean tus ojos la rectitud.
3 Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste;
He resuelto que mi boca no haga transgresión.
4 En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios
Yo me he guardado de las sendas de los violentos.
5 Sustenta mis pasos en tus caminos,
Para que mis pies no resbalen.
6 Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios;
Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
7 Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra,
De los que se levantan contra ellos.
8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
9 De la vista de los malos que me oprimen,
De mis enemigos que buscan mi vida.
10 Envueltos están con su grosura;
Con su boca hablan arrogantemente.
11 Han cercado ahora nuestros pasos;
Tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
12 Son como león que desea hacer presa,
Y como leoncillo que está en su escondite.
13 Levántate, oh Jehová;
Sal a su encuentro, póstrales;
Libra mi alma de los malos con tu espada,
14 De los hombres con tu mano, oh Jehová,
De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida,
Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Sacian a sus hijos,
Y aun sobra para sus pequeñuelos.
15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.