
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El pasaje de Josué y Caleb en Números muestra la diferencia entre la mentalidad de escasez y la mentalidad de abundancia en el pueblo de Dios. Josué y Caleb vieron la visión a través de los ojos de Dios y confiaron en su provisión divina, mientras que los demás espías vieron los obstáculos y las amenazas de la empresa. En la construcción del nuevo templo, debemos mantener nuestra mirada puesta en Dios y confiar en su provisión divina. No debemos permitir que la duda, el desánimo o el cuestionamiento entren en nuestro corazón. Debemos animarnos mutuamente y declarar palabras de bendición sobre la labor. La construcción del templo es una declaración profética de que el pueblo de Dios no está en retirada, sino que agresivamente está construyendo para la gloria de Dios. La cosecha será grande y la gloria de Dios será manifestada.
Hay un pasaje que yo, en otros tiempos atrás, he comentado sobre él, pero quiero dejarlo aquí, en este tiempo, en que emprendemos una obra difícil que nos reta, que nos obliga a ser visionarios y confiar que esto tiene que ser de Dios, por la magnitud de lo que tenemos por delante. Yo siempre he dicho que en el pueblo de Dios sólo hay dos tipos de mentalidad. Lo que yo llamaría una mentalidad de escasez y lo que yo llamaría una mentalidad de abundancia.
Yo sé que he hablado de eso antes pero quiero grabarlo en su corazón a la luz de esto que nosotros estamos haciendo, y he dicho además, que en toda grande empresa que reta el intelecto y que reta el sentido de suficiencia que uno tiene, el pueblo de Dios como que se divide en dos campos. Aquellos que miran los obstáculos y que miran lo difícil de la obra y las amenazas y las trabas que hay por delante, en potencial. Y aquéllos que ven la visión a través de los ojos de Dios y se hacen parte de ese esfuerzo para que Dios sea glorificado y ponen su mirada, ponen su confianza en la provisión divina.
Y, yo creo que, el Libro de Números, el pasaje de Josué y Caleb y de los espías manifiesta esto en una manera especial. Yo quiero poner esto en su corazón brevemente antes de salir. En el capítulo 13, Números, versículo 25 dice que después de Moisés envió a los espías a espiar la tierra, ellos regresaron y volvieron de conocer la tierra al fin de cuarenta días. Y diez de los espías dieron el siguiente reporte, dice, “nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste,” le dijeron a Moisés, “la que ciertamente fluye leche y miel y éste es el fruto de ella.” Ellos trajeron unos racimos inmensos, unas muestras muy abundantes del fruto que había en esa tierra y la promesa que esa tierra a la cual Dios los había enviado encerraba.
Pero, ¿qué pasa? Ellos opusieron a esa confirmación de lo que Dios les había dicho, de que de esa tierra fluía leche y miel, lo difícil y lo dificultoso y lo amenazante de la empresa. Dice, “mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte y las ciudades muy grandes y fortificadas. Y también vimos allí a los hijos de Anac.” Y entonces mencionan una lista de todas las tribus terribles que había allí.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo de Moisés delante y dijo, “subamos luego y tomemos posesión de ella porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él dijeron no podemos subir contra aquél pueblo porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido diciendo, ‘la tierra que pasamos para reconocerla es tierra que traga a sus moradores y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de gran estatura, también vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes y éramos nosotros a nuestro parecer como langostas y así les parecíamos a ellos’”.
Usted ve, cuando uno mira las grandes tareas que Dios pone delante de uno es muy fácil uno ver solamente con los ojos materiales, los ojos racionales, los ojos del intelecto. Y ver, tan sólo, los obstáculos que están delante de nosotros; los gigantes por así decirlo, las trabas. Yo reconozco que ésta es una labor muy grande la que nosotros nos proponemos llevar a cabo. Nosotros tenemos que construir un templo de 8 millones y pico de dólares por cuatro millones de dólares. Y Dios ha puesto en mi corazón que nosotros lo podemos hacer. Amén.
Dios nos ha permitido construir ya dos edificios y renovarlos completamente y Él ha sido nuestro proveedor. Nunca hemos quedado en vergüenza, Dios ha sido nuestro respaldo, nuestro fundamento. Y ustedes han dado generosamente y se han comprometido. Nosotros llevamos quince años, prácticamente, en construcción y trabajando para edificar un lugar donde viene tanta gente de diferentes partes. No solamente hispanos sino norteamericanos, afro-americanos, asiáticos, carismáticos, evangélicos, fundamentalistas, todos los grupos de la iglesia de Cristo vienen a este lugar.
Y no solamente, sino agencias sociales, políticos de la ciudad vienen aquí y son bendecidos, son retados. Ven una comunidad de fe que sirve al Señor, ven inmigrantes honestos y trabajadores progresando, llevando a cabo las labores para levantar a sus hijos y llevarlos a un nuevo nivel, gente que está contribuyendo al bienestar de este país y esta congregación ha sido un ejemplo para gloria de Dios, para muchos. Y nosotros en vez de ser simplemente receptores de favores y de la misericordia de los que tienen, nosotros hemos dado, siempre hemos sido gente generosa, hemos compartido.
Dios nos ha dado no solamente para recibir sino también para compartir con otros y hemos sido, yo creo, generosos en dar nuestros espacios, nuestro dinero, nuestras energías, nuestros talentos para bendecir a la ciudad. Y eso ha sido porque hemos tenido la visión de creerle a Dios, de creer que Dios es poderoso. De creer que Dios usa lo débil de la tierra para humillar a los ricos y para humillar a los poderosos. Y Dios ha estado con nosotros en todo momento.
Este primer grupo de espías sólo veía como digo, el reto, sólo veía lo difícil de la empresa, yo quiero animarles hermanos, en este tiempo, ponga a un lado lo racional. Ponga a un lado su temor de que yo no tengo lo suficiente para contribuir para este templo. Ponga a un lado su duda de que la iglesia puede llevar a cabo esto. Ponga a un lado inclusive si en algún momento de este proceso… escuche esto bien, que el Señor lo pone en mi corazón ahora mismo, si usted viera cualquier detenimiento, cualquier complicación en toda empresa, en todo esfuerzo de trabajo, siempre hay complejidades que surgen, eso es natural.
Eso es parte de la gloria de Dios. A Dios siempre le gustan los procesos complejos para Él glorificarse mayor. Aún si usted viera alguna complicación que pudiera surgir, que su corazón no se atemorice, amén. Amén.
Que su corazón tenga la mirada puesta en el Dios que nos ha llamado. No permita que la duda entre a su corazón, el desánimo, el cuestionamiento. No sea como el pueblo de Israel que cada vez que surgía una complicación en su peregrinaje en el desierto, ¿qué es lo que hacían? Murmuraban. Se quejaban – se quejaban de Dios, se quejaban de Moisés como su líder y perdían el ánimo, como decía la hermana Olga Martínez, esta mañana, ¿no? Dejaban que decayera su ánimo.
Usted mantenga su mirada, refuerce su oración. Ore por los que estamos delante de esta obra. Anime, declare la bendición de Dios, ponga una sonrisa profética en su rostro. Amén. Diga palabras de ánimo y diga palabras de bendición sobre la labor. Eso va a ser parte de darle la gloria al Señor.
Cuando nosotros terminamos este primer edificio en el año 1997 y mirando ahora dónde nosotros estamos y dónde nos ha llevado espiritualmente, se me hace difícil recordar la congregación pequeña y mucho menos madura en las cosas del Espíritu, que comenzó esta obra comparado con lo que hoy nosotros somos. No es que todavía nos falte mucho, porque nos falta mucho camino que andar, pero yo le doy gracias al Señor que a través de estas labores, estos esfuerzos, esta iglesia se ha ido fortaleciendo.
Al ser probada en la guerra, al ser fogueada en el campo de batalla, nuestra visión se ha anchado como congregación. Muchos de nosotros hemos crecido, hemos aprendido a darle al Señor, hemos aprendido que Dios es fiel. Hemos aprendido que cuando uno es generoso para con Dios, Dios no acorta su mano sino que bendice y da más y más. Nuestra fe ha crecido, nuestra visión ministerial se ha hecho más grande. El nombre de la Congregación León de Judá, para gloria del Señor, se ha hecho más grande.
Yo creo que eso cabe, hay un lugar para uno sentir, ¡Gracias Señor! Gracias porque esta tribu ha sido bendecido y te ha dado gloria y honra, ha dado gloria a tu nombre. Dios ha usado nuestros esfuerzos para bendecir esta congregación y para bendecir esta comunidad. Y cuando trabajamos en el otro edificio de aquí al lado, también, la labor fue ardua. Fue más largo de lo que pensábamos, los retos fueron grandes. Se gastó dinero, se trabajó duro, se pasaron momentos de incertidumbre, pero Gloria a Dios que tenemos un edificio maravilloso que sirve para alimentar los esfuerzos de esta iglesia y para proveer espacio para los grupos y los ministerios que esta congregación sostiene.
Y terminamos nuestro edificio, y con gran bendición nosotros invitamos a miembros de la comunidad secular, miembros de la ciudad, del gobierno de la ciudad y del estado y miembros de diferentes agencias sociales y públicas vinieron y nosotros pudimos celebrar el final de ese lugar. Y yo creo que la joya principal de esa corona está en ese lugar. Yo le he dicho a la gente que y o construyo con mi pueblo mirando a lo que Dios va a traer en el futuro.
Y déjeme decirle algo, y yo lo he dicho antes, yo no creo que ese edificio es el final de la carrera de León de Judá. Amén.
Alguien dijo aquí hace un rato que veía un estadio, y yo no veo un estadio, yo veo estadios. Escuchen… yo veo, para mí, ese edificio es simplemente para que se cumpla la escritura, escúcheme. Para que se cumpla la escritura, eso es todo. Ese espacio vacío Dios lo quiere lleno con un lugar, pero para mí eso es simplemente un acto profético.
Ese santuario es meramente una declaración profética de que el pueblo de Dios no está en retirada o retroceso, sino que agresivamente está construyendo para gloria de Dios. Amén. Que en medio de todos los anuncios de desastre y de decaimiento de la iglesia en Estados Unidos y en occidente, Dios está construyendo santuarios. Dios está levantando lugares para su gloria. Ese lugar para mí es simplemente, escuche, un acto profético. Eso es todo.
Yo creo que la gloria de Dios vendrá después que ese lugar sea construido en fe y entonces yo sé que lo que Dios tiene para esta Congregación, no porque seamos nada, sino porque somos el cuerpo más pequeño – la tribu más pequeña – no porque lo merecemos, sino porque Dios se lo da a quien Dios quiere, la cosecha será grande. Será grande, tan grande que nos olvidaremos de ese santuario porque ese santuario es simplemente, como digo, es para gloria de Dios.
Nosotros no podemos mirar lo que el pueblo de Dios hace solamente en términos utilitarios, ¿entiende? Hay cosas que Dios las hace simplemente para Él ser glorificado, un holocausto que se levanta delante de Él. Es un altar que Él se complace simplemente en mirar. ¿Qué función tiene una rosa excepto traer placer y deleite al que la mira y al que aspira su olor? Eso es todo lo que justifica la existencia de una rosa.
Yo creo que lo que justifica la construcción de ese lugar es que cuando Dios mire sobre Él, Dios se agradará sobre la fe de su pueblo. Y Dios se agradará de que su pueblo tuvo la confianza de creer que Él podía llevarlo adelante con victoria. Así que yo quiero animarles. Josué y Caleb tuvieron la visión que Dios quería, y Josué dijo, “la tierra que pasamos para reconocerla es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra y nos la entregará. Tierra que fluye leche y miel, por tanto no seamos rebeldes contra Jehová ni temamos al pueblo de esta tierra porque nosotros los comeremos como pan. Su amparo se ha apartado de ellos y con nosotros está Jehová.” Amén.
No temamos, hermanos, el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Vamos a ponernos de pie y yo voy a pedir que nos preparemos para salir. Y nos vamos a dividir en dos partes, un grupo va a salir por este lado, lo vamos a hacer bien ordenadamente, como lo hicimos esta mañana. Esta mañana ni siquiera lo habíamos planificado porque iba a ser solamente al final de este servicio, pero el Señor puso en mi corazón también invitar al pueblo del primer servicio para ser parte de esa ceremonia.
Hoy, ahora en este momento lo vamos a hacer todavía con más orden y más firmeza así que yo les invito a prepararse y David, si tu quieres algo? Sí, sí. Digamos la mitad más o menos va a salir por este lado, en fila, en orden y con un buen ejército bien formado, bien disciplinado y la otra mitad va a salir por este lado y nos vamos a encontrar en la parte de atrás del estacionamiento para que nosotros celebremos una ceremonia breve pero elocuente para gloria del Señor. Amén.
Okay, así que nos vamos a encontrar con una palabra de oración, simplemente, y entonces ustedes van a desfilar muy ordenadamente y con precisión y rapidez también para que nos encontremos allá.
Así que, Padre, en el nombre de Jesús preparamos este tiempo para ti y pedimos que tu Espíritu Santo nos bendiga, Señor, lo que vamos a hacer. Y que tú recibas, Padre, esta adoración y esta declaración de fe que te ofrecemos a ti. Gracias, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén