
Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: La Palabra de Dios es esencial para nuestro alimento espiritual, pero debemos conocer a Dios y sus atributos morales para no caer en la superficialidad y el legalismo. Debemos entender que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús y que la Palabra nos exhorta y corrige, pero nunca nos condena. Mientras más conocemos a Dios, más amamos y necesitamos su Palabra. Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman y esto es una manifestación de su amor hacia nosotros. No debemos temer a la Palabra de Dios, sino bendecirla con gratitud.
La Palabra de Dios es el alimento espiritual por excelencia. Cuando echamos mano de la Palabra con superficialidad en cualquier circunstancia, y no tenemos en cuenta los atributos de Dios que nos revelan su corazón paternal, nos puede hacer ver ante los demás como los típicos fariseos modernos que hacen del discurso teológico un bla,bla,bla incapaz de tocar las almas y ministrarlas.
La Palabra que empleamos en nuestras jornadas espirituales debe estar sazonada del conocimiento de un Dios que se ha revelado a la humanidad de manera especial a través de su Hijo Cristo. Debemos conocer los atributos morales de Dios, su fidelidad, su santidad, su inmenso amor. La primera vez que me dijeron: Cuidado, Dios es bueno, pero también es fuego consumidor, me sentí morir. El temor de Dios se convirtió de pronto en terror. La Palabra de Dios debe ser como un manantial que refresca nuestra alma, no debemos sentirla como si viniera de un Dios tirano que desde las alturas nos demanda el seguimiento de reglas y normas y que nos condena cuando hacemos las cosas mal. Debemos saber como cristianos que ya no hay condenación en los que hemos conocido a Cristo y le hemos reconocido como soberano Señor de nuestras vidas Para echar mano de la Palabra de Dios, tenemos primero que conocer a Dios.
La Palabra nos dice en Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Debemos ser sabios al ministrar con la Palabra de Dios y también llenarnos de humildad para que la Palabra penetre en nuestra alma y nos ayude a caminar con Cristo.Ella nos exhorta, nos corrige, nos llama a la disciplina, a la humildad, a la obediencia...pero nunca nos condena.
Si la Palabra de Dios asevera que Él es amor, no debemos temer a la disciplina amorosa que viene de él para que las cosas nos vayan bien. Hemos sido llamados a confiar y obedecer su bendita Palabra.
La cuestión es que mientras más conocemos a Dios, más amamos y necesitamos su Palabra, su porción diaria de bendición sobrenatural. En la medida en que nos enamoramos cada día más de su Palabra, reconoceremos con mayor claridad que Dios solamente quiere que nosotros seamos cada día mejores hijos, mejores padres, mejores hermanos, abuelos y discípulos y desea, por sobre todas las cosas, el bien de todos nosotros. Dice la Palabra “…y sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a sus propósitos”. (Romanos 8:28). Este es uno de los versículos más hermosos de la Biblia, pero a la vez más fundamentales, pues está basado en lo que Dios espera de nuestro amor hacia Él. ¿Acaso no es esta una contundente manifestación del amor de Dios para los que hemos decidido ser sus discípulos? Léalo otra vez y medite sobre esta declaración de amor que Dios nos hace.
Por tanto, hermanos míos, no debemos temer a la Palabra de Dios, sino bendecirla con gratitud de corazón. Cristo amó la Palabra al mismo tiempo que nos reveló en su ministerio público el amor del Padre y fue obediente a ella hasta la muerte. De tal manera amó Dios al mundo…(Juan 3:16). Ser cautivado por la Palabra es como estar dulcemente preso en el corazón de Dios, ungido de la plenitud de su santidad, y Cristo, no debemos olvidarlo, es el Verbo encarnado del Dios ¡santo,santo, santo! ¡Dios les bendiga!