
Autor
Samuel Caraballo
Resumen: El autor reflexiona sobre qué pasará con su hija con necesidades especiales cuando él y su esposa ya no estén aquí. Llama a la iglesia a ser luz en la oscuridad para las personas con discapacidades, a través de la empatía y la participación afectiva en sus vidas. Propone acciones afectivas que las congregaciones pueden tomar para ayudar a las personas con discapacidades y sus familias a integrarse a la vida de la iglesia. Finalmente, invita a unirse a su organización sin fines de lucro que busca promover la inclusión de personas con discapacidades en las comunidades de fe.
Hace cuatro años atrás a mi familia llegó una persona bien especial. Mi hija Natalia Luz Caraballo Martínez, nació para llenar nuestras vidas de amor y alegría. La llegada de Natalia nos introdujo tanto a mi esposa como a mi al mundo de las personas con necesidades especiales. “Nati” nació con una condición que se conoce como el síndrome Down. Al pasar el tiempo Natalia también ha sido diagnosticada dentro del espectro del Autismo. Y lo que quiero compartir contigo es una reflexión basada en una pregunta que tanto yo como muchos padres de niños como Natalia se hacen todos los días, y esta es,
¿Qué será de mi hija cuando nosotros ya no estemos aquí?
El futuro es incierto, y lo que nos depara el mañana sólo Dios lo sabe, pero como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo, el sabio toma la iniciativa de edificar su casa sobre la roca antes de que llegue cualquier eventualidad. Pase lo que pase, a mí y a mi familia nos gustaría que el cuerpo de Cristo, la Iglesia, tomáramos la iniciativa de ser luz en medio de la oscuridad para las personas como Natalia. Demás está mencionar las muchas oscuridades que existen en nuestra sociedad como el rechazo y el prejuicio que personas como Natalia tienen que afrontar todos los días de su vida.
Quizás te preguntes, como puedo ser un agente de la luz de Cristo en las vidas de las personas con discapacidades físicas o intelectuales? En el caso de Natalia, ser luz significa que no le veremos como una recipiente de nuestra pena. En Puerto Rico, mi tierra natal, hay una expresión muy conocida cuando sentimos pena por alguien o por algo: “Hay bendito” es lo que solemos decir cuando nos embarga la pena. Sin embargo, ser luz en las vidas de las personas con necesidades especiales no significa sentir “pena”. Lo que se necesitamos para ser luz en estas personas es una buena dosis de “empatía”. Empatía, a diferencia de la “pena”, es la capacidad de participar afectivamente en las vivencias que afectan a nuestro prójimo. Mientras la pena nos lleva a sentir lástima, la empatía nos lleva a caminar de la mano con las personas con discapacidades físicas o intelectuales y sus familiares. El llamado mas claro a la empatía nos los da el Apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.” (Rom 12:15).
En mi experiencia personal como padre de una niña con discapacidad intelectual he experimentado sinnúmero de eventos que me llenan de mucho gozo. También han habido tiempos de dolor y lágrimas. Sin embargo, ya sea en la alegría o en la tristeza, el llamado de la Iglesia de Jesucristo sigue siendo el mismo; un llamado a la participación afectiva. Estar presente de manera afectiva en la vida familiar de las personas con discapacidades es una reto abierto a todas las congregaciones. La realidad es que tanto el individuo afectado como las personas a cargo de su cuidado pueden fácilmente desvincularse de la congregación al sumirse en la tarea de lidiar con las complicaciones de su condición. Suplir el cuidado apropiado a estas personas requiere esfuerzo físico, emocional y espiritual las 24 horas al día, los 7 días de la semana. Por lo tanto, el cuidado pastoral y laico para dichas familias también requiere una mentalidad proactiva, intencional y creativa.
Por ejemplo: Si, Carmen, la madre de Carlitos, un niñito que tiene perlesía cerebral, no ha asistido a la iglesia los últimos dos Domingos muy probablemente su ausencia esta relacionada al cuidado de su niño. Seria bueno tomar iniciativas que ayuden tanto a Carmen como a Carlitos a integrase a la vida de la congregación.
Tipo de acciones afectivas:
Es importante reconocer que el denominador común de estos y muchos otros ejemplos es la necesidad de formar una comunidad afectiva alrededor de estas personas. La meta no es llenar todas las necesidades que existen. Mas bien es caminar de la mano con nuestro prójimo a través de las etapas de la vida.
Por esta razón mi familia se ha dado a la tarea de crear una organización sin fines de lucro que busca promover y capacitar a las comunidades de fé para recibir e incluir personas con discapacidades ya sean físicas o intelectuales. ¡Te invito a unirte a este esfuerzo! Por favor visita nuestra página web www.todahabilidad.org
Recuerda que en acciones de servicio intencional por las personas con discapacidades se cumplen las palabras de ese hermoso cántico basado en el Salmo 133: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.”
Gracias y adelante siempre en el Señor!
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