Traspasar el umbral

Milagros García Klibansky

Autor

Milagros García Klibansky

Resumen: El programa "Diario de un vampiro" muestra que los vampiros no pueden entrar a una casa sin permiso, al igual que el pecado no puede entrar a nuestro templo sin nuestro permiso. Debemos cuidar la puerta de nuestro templo y no permitir la entrada de ningún pecado, ya que todos tienen consecuencias graves. Tenemos libre albedrío, pero debemos pedir sabiduría a Dios para manejarlo correctamente y no dejarnos engañar por las apariencias.

Están exhibiendo en la televisión una serie que se ha hecho muy popular, sobre todo entre los jóvenes, se llama "Diario de un vampiro" y entre las características de los vampirescos personajes hay una que me ha llamado la atención:

Ningún vampiro puede traspasar el umbral de la puerta de entrada de una casa sin que el dueño lo autorice. Esto es significativo si tenemos en cuenta que los vampiros siempre han sido criaturas demoníacas, aunque ahora están tratando de crear “vampiros buenos”, lo cual sólo constituye un engendro más de la mente humana, tan imperfecta, como lo son los vampiros en sí.

Somos el templo del Dios Viviente. Somos el templo de su Santo Espíritu. Fuimos Santificados por la sangre preciosa de Su Hijo amado. Todo templo tiene una puerta y nosotros somos los que permitimos o denegamos la entrada.

El pecado es como los vampiros de la historia, él trata de entrar a nuestro templo y de nosotros está el permitir su entrada o no. A veces los pecados vienen con caras bonitas, cosas apetecibles para la carne, sin embargo, debemos tener bien presente que no estamos viviendo en la carne, sino en el espíritu y que ese espíritu que nos guía a toda verdad está tratando con nosotros constantemente y nos redarguye cuando cometemos alguna transgresión.

Para consolarnos tratamos de convencernos de que los pecados pueden ser grandes o pequeños. No es así, al final todos tienen la misma medida y todos tienen consecuencias para nuestra vida. El enemigo quiere que pensemos en que los "pecadillos" existen, más cuando de nuestra Santidad se trata, solo existen las mayúsculas, porque estamos tratando de imitar a un Dios Santo, no a un “vampiro” y eso debe estar bien claro en nuestras mentes y en nuestros corazónes.

Cuidemos bien la puerta de nuestro templo, pues cuando un “vampipecado” se instala, es más que difícil expulsarlo, porque comienza a hacerse poderoso y a mermar nuestra voluntad hasta consumirla. Gracias damos a Dios que nos dio el libre albedrío, pero cuidado, esta libertad de decisión es un riesgo cuando no se usa de forma debida, por lo que necesitamos pedir a Dios mucha sabiduría para poderla manejar.

No nos dejemos engañar, las apariencias engañan. Sepamos descubrir la piedra debajo de la apariencia de un diamante.

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