Salmos 37:4 • Mateo 7:11
Mi moneda de oración,
Al cajero la eché yo.
"¡Dame esto, dame aquello!"
¡Qué tonto mi corazón!
Esperaba mi bendición,
Con el pie golpee, señor.
Salud, riqueza, una casa,
¡Qué demanda tan escasa!
¡Deléitate primero en el Señor!
Y encuentra en Él tu gran valor.
Él te dará, con tierna voz,
Los deseos de tu corazón.
¡Ya no busques un botón,
Él es el destino, Él es el don!
Me decía: "¡Una oración más!
¡Y mi suerte va a cambiar!"
Presionaba fuerte el botón,
¡Qué necio mi corazón!
El Señor no es un cajero,
De caprichos pasajeros.
Él me llama a una amistad,
¡A una gozosa verdad!
Si me enfoco en Su bondad,
Su amor, Su fidelidad,
Mis anhelos cambiarán,
Su presencia me llenará.
Ya no pido, ya no exijo,
En Sus brazos me fijo.
Él es el fin, Él es la paz,
¡Mucho más que lo que doy y das!
¡Deléitate primero en el Señor!
Y encuentra en Él tu gran valor.
Él te dará, con tierna voz,
Los deseos de tu corazón.
¡Ya no busques un botón,
Él es el destino, Él es el don!
Así que adiós, máquina fría,
¡Hola, dulce melodía!
Mi corazón ya no espera,
¡Solo canta y a Él se aferra!
¡Deléitate! ¡
¡En el Señor!
¡Deléitate! ¡
¡En el Señor!
¡Solo canto y a Él me aferro!
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