El Desvelamiento de los Secretos de Dios: Hallando Toda Sabiduría en Cristo

Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, pero las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley. Deuteronomio 29:29
Espero que con esto sean alentados sus corazones, y unidos en amor, alcancen todas las riquezas que proceden de una plena seguridad de comprensión, resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir, de Cristo (el Mesías), en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Colosenses 2:2-3

Resumen: La jornada de fe navega el profundo misterio de Dios, inicialmente marcada por una clara distinción entre Sus 'cosas secretas' y las 'cosas reveladas' dadas para la obediencia de la humanidad. Este límite fomentó la humildad y nos centró en los deberes del pacto, previniendo la ansiedad por lo incognoscible. Sin embargo, en Cristo, esta dinámica cambia drásticamente; Él mismo es el 'misterio de Dios' por excelencia, en quien todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están ocultos y se hacen accesibles. Las profundidades previamente inescrutables de Dios son ahora halladas y unificadas en Él, transformando nuestra aproximación a la verdad divina. Esto libera a los creyentes de la ansiedad espiritual, establece la suficiencia absoluta de Cristo y Su Palabra, y provee un fundamento para una vida confiada.

La jornada de fe comienza reconociendo el profundo misterio de Dios, una verdad poderosamente articulada en dos momentos cruciales de la revelación divina. Un momento, grabado en las antiguas llanuras de Moab, establece un límite fundamental: hay 'cosas secretas' que pertenecen exclusivamente a Dios, mientras que las 'cosas reveladas' son dadas para que la humanidad las obedezca. Esta distinción fue un llamado a la humildad y un mandato a centrarse en las claras instrucciones de la Ley, en lugar de especular sobre los designios ocultos del Todopoderoso. Enseñó a las criaturas finitas su lugar ante el Creador infinito, previniendo la ansiedad por lo incognoscible y dirigiendo su energía hacia sus deberes pactuales. Las preguntas tácitas sobre los propósitos más profundos de Dios, los mecanismos de Sus planes futuros y el 'porqué' último de Su providencia permanecieron velados, un necesario freno a la curiosidad humana.

Milenios más tarde, en el vibrante pero herético contexto de Colosas del primer siglo, surge una nueva declaración, no para restablecer un límite, sino para proclamar su glorioso cumplimiento. Aquí, los creyentes eran tentados por filosofías que prometían una sabiduría 'superior', conocimiento secreto y acceso a misterios divinos más allá de lo que Cristo ofrecía. En respuesta, una verdad transformadora fue desvelada: Cristo mismo es el 'misterio de Dios' por excelencia. En Él, todos los vastos 'tesoros de la sabiduría y del conocimiento' están ocultos. Esto no es un nuevo conjunto de doctrinas secretas para unos pocos elegidos, sino una revelación radiante para todos los creyentes. Las profundidades previamente inescrutables del ser de Dios, Su plan general de salvación y la misma sabiduría que gobierna el cosmos ya no están fragmentados ni verdaderamente ocultos, sino que están concentrados y se hacen accesibles en la persona de Jesucristo.

La relación entre estas dos perspectivas no es de contradicción sino de una progresión dinámica y redentora. Las 'cosas secretas' que una vez pertenecieron únicamente a la mente divina ahora no solo son reveladas por Cristo, sino que son halladas y atesoradas en Cristo. Esto significa que, si bien algunos aspectos de la administración soberana de Dios permanecen más allá de nuestra comprensión exhaustiva —como el momento preciso de los eventos futuros o los intrincados detalles de Sus decretos— nuestra aproximación a estas incógnitas se transforma radicalmente. Ya no nos mantenemos a distancia, perplejos ante un Dios cuyos motivos son opacos, sino que nos acercamos a un Salvador que ha revelado plenamente el corazón del Padre.

Para los creyentes, este arco teológico conlleva profundos mensajes edificantes:

Primero, cura la ansiedad espiritual y la especulación. Somos liberados de la carga de tener que descubrir cada detalle oculto del plan de Dios, ya sea en relación con nuestro futuro personal, eventos globales o los misterios del sufrimiento. En lugar de perseguir un 'conocimiento secreto' fugaz u obsesionarnos con las profecías, somos invitados a descansar en la Persona de Cristo, sabiendo que en Él, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad. El antídoto para el miedo a lo desconocido no es un conocimiento exhaustivo del futuro, sino un conocimiento íntimo de Aquel que tiene el futuro en Sus manos.

Segundo, establece la suficiencia absoluta de Cristo y Su Palabra revelada. Si todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están en Cristo, no hay verdad espiritual, no hay una perspectiva más profunda, no hay una comprensión esencial de Dios que se encuentre fuera de Él. Esta verdad se opone a cualquier tentación de buscar la iluminación en filosofías humanas, modas espirituales o revelaciones extrabíblicas. Nuestra búsqueda de la sabiduría encuentra su fin último y su fuente más rica en las páginas de la Escritura, la cual testifica de Cristo. La Biblia, por lo tanto, no es simplemente una colección de leyes antiguas, sino la Palabra viva que desvela la esencia misma de la sabiduría divina, invitándonos a una comunión más profunda con Cristo.

Tercero, provee un fundamento para una vida y toma de decisiones confiadas. El antiguo llamado a obedecer las 'cosas reveladas' de la Ley se cumple ahora en un nuevo pacto que nos capacita para caminar en amor y madurez a través de Cristo. No se nos deja adivinar la 'voluntad secreta' de Dios para cada decisión específica en la vida. En cambio, al estar arraigados en Cristo y equipados con los principios revelados de Su Palabra, poseemos la mente de Cristo para tomar decisiones sabias que Le honran. Nuestra guía no proviene de la búsqueda de señales crípticas, sino de cultivar un corazón alineado con Aquel que es toda sabiduría.

En esencia, el límite de las 'cosas secretas' que una vez protegió a la humanidad de la incomprensibilidad divina se ha convertido, en Cristo, en una gloriosa puerta de acceso. Los secretos no son abolidos, sino que son unificados y hechos accesibles en una Persona. Este profundo desvelamiento significa que nuestra búsqueda de Dios no es una búsqueda infructuosa de lo oculto, sino una exploración interminable de los tesoros inagotables hallados en Cristo. La Ley dijo una vez: 'Obedece lo revelado.' El Evangelio ahora proclama: 'Cristo es tu vida; en Él, tienes todo lo revelado que verdaderamente importa.' El secreto se ha convertido en un Salvador, y en Él, somos invitados a conocer las profundidades de Dios de una manera antes inimaginable.