Florecer

Salmos 52:8 • Juan 15:4

Como olivo verde, en tu casa, oh Dios, Mis raíces hondas, tu amor es mi voz. En tu misericordia, confío sin fin, Una vida vibrante, que nace de Ti. Ya no es mi fuerza, frágil y vana, Es tu gracia eterna, la que me sana.

¡Permanezco en Ti, mi Vid Verdadera! Soy sarmiento vivo, tu savia me llena. Sin Ti no doy fruto, sin Ti no hay vigor, En tu amor me fundo, mi dulce Señor. Permanece en mí, oh Dios, y yo en Ti, Y daré la luz que tú me diste a mí.

Tú eres la Vid, yo la rama en tu ser, Dependencia pura, en Ti quiero creer. Cada día elijo beber de tu voz, Vivir en tu presencia, mi alma en tu gozo. Y el Viñador, con ternura poda, Para que más fruto mi vida desborda.

Tres gloriosos dones encuentro al permanecer: Eterna calma, sin temor al atardecer. Productividad que a otros bendecirá, Y en tu familia, un lugar encontraré. Así abrazo esta dulce dependencia, Irradiando tu luz, mi fiel obediencia.

¡Permanezco en Ti, mi Vid Verdadera! Soy sarmiento vivo, tu savia me llena. Sin Ti no doy fruto, sin Ti no hay vigor, En tu amor me fundo, mi dulce Señor. Permanece en mí, oh Dios, y yo en Ti, Y daré la luz que tú me diste a mí.

Permanezco... en Ti, mi Vid. Florezco en tu amor, sin fin. Tu luz irradio, Señor. Amén.