Deuteronomio 6:5 • 1 Juan 4:19
Cuando te conocí, mi alma despertó, Una luz radiante mi ser inundó. Cargas del mundo al fin se desvanecieron, Y un paraíso terrenal mis ojos vieron. Tu Espíritu Santo, sanó mi interior, Me rendí a tus pies, oh mi Salvador.
Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, Con toda tu alma y fuerza, con total devoción. Nosotros amamos, porque Tú nos amaste primero, Oh, Primer Amor, en Ti yo me esmero. Que arda de nuevo esa llama, pura y real, Tu dulce presencia, mi gozo eternal.
Mas el tiempo, el afán, la rutina llegó, Y ese fuego sagrado quizás se enfrió. Las obras sin esencia, vacías de pasión, Un celo olvidado, sin Tu bendición. ¿Dónde está el mendigo que Tu Palabra buscó? ¿La oración sublime que mi ser elevó?
No quiero engañarme, ni ocultar mi error, Tú ves mi corazón, Tú conoces mi interior. Una batalla es, contra el mundo y el yo, Pero Tú me llamas a volver, oh Señor. A la tierna semilla, al fervor original, Mi vocación eterna, tu amor sobrenatural.
Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, Con toda tu alma y fuerza, con total devoción. Nosotros amamos, porque Tú nos amaste primero, Oh, Primer Amor, en Ti yo me esmero. Que arda de nuevo esa llama, pura y real, Tu dulce presencia, mi gozo eternal.
Primer Amor, sí... Que arda en mí. Tu eterna vocación, Mi devoción. Amén.
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