Junto a Aguas Vivas

Jeremías 17:7-8 • Juan 15:5

Hay quien confía en su propia fuerza vana, Como arbusto árido en desierto sin razón. Sus raíces, ¡ay!, superficiales, cortas, Marchitarán su efímera ilusión. Mas bendito aquel que en Ti pone su fe, Señor, Sus raíces se hunden junto al agua viva, No teme al sol, ni al año de dolor, Su hoja es verde, su fruto siempre aviva.

¡Oh, mi Vid Verdadera, mi buen Sustento! En Ti permanezco, Tú en mi corazón. Soy sarmiento unido a tu aliento, Dando fruto que honra tu nombre y tu misión. Separado de Ti, nada puedo hacer, Mas contigo fluye vida, eterno amanecer.

Tú eres la Vid, el Padre, el Viñador, Que con ternura poda, con amor y gran bondad. Aunque duela a veces, quita el sin-valor, Para que el fruto crezca en su plenitud. No es relación casual, es mutua morada, Tu savia pura, Cristo, en mi ser correr. Tu Espíritu, tu Palabra, mi alma saciada, Conexión sagrada, ¡oh, cuánto placer!

Mis raíces, Señor, en Ti quiero hundir, Hacer de tu presencia mi eterno hogar. Tu verdad profunda, siempre seguir, Para que mi vida pueda florecer. Que el calor no me marchite, ni la sed, Pues en Ti hallo todo, mi refugio, mi Merced.

¡Oh, mi Vid Verdadera, mi buen Sustento! En Ti permanezco, Tú en mi corazón. Soy sarmiento unido a tu aliento, Dando fruto que honra tu nombre y tu misión. Separado de Ti, nada puedo hacer, Mas contigo fluye vida, eterno amanecer.

Permanece en mí, Señor, Y yo en Ti, mi Salvador. En tus brazos, floreceré, Fruto abundante daré. Amén.