Dios Se Ha Acercado

Salmos 38:21 • Marcos 5:23

Sentí el peso, la noche, la soledad, Mi alma clamaba: "¡No te alejes de mí!" En el frío de mis fallas, en la oscuridad, Ansiaba Tu cercanía, el Dios que busqué. Percibí la disciplina, la mano severa quizás, Un eco distante, un anhelo de paz.

Mas llegó la luz, Emanuel, la nueva aurora, Tu toque de gracia, oh Jesús, me transformó. No temes la muerte, la impureza, la derrota, Entraste a mi caos, Tu mano me sanó. No hay distancia, no hay temor, solo Tu amor, En Cristo, el abandono jamás existió.

Como Jairo, humillado, pidiendo por su hija, "¡Ven, pon Tus manos, Maestro, para que ella viva!" O la mujer que en fe, el borde de Tu túnica, Tocó y al instante, la vida recibió. Tu santidad no contamina, solo purifica, Rompes toda cadena, Tu gracia nos salvó.

Cuando el alma sienta el peso, la aflicción, Y mis fallas me griten: "¡No hay solución!" Recuerdo Tu promesa, Tu fiel corazón, Dios se ha acercado, no hay separación. Mi orgullo a tus pies, mis causas perdidas, Confío en Tu toque, que transforma vidas.

Mas llegó la luz, Emanuel, la nueva aurora, Tu toque de gracia, oh Jesús, me transformó. No temes la muerte, la impureza, la derrota, Entraste a mi caos, Tu mano me sanó. No hay distancia, no hay temor, solo Tu amor, En Cristo, el abandono jamás existió.

Tu toque me sana, Tu toque me da paz, Ya no estoy lejos, aquí estás. Mi Emanuel, mi Luz, mi Salvador, Por siempre cerca, en Tu amor. Por siempre cerca, en Tu amor.