El SEÑOR reinará para siempre. — Éxodo 15:18
El reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin. — Lucas 1:33

Autor
Dr. Ernst Diehl
Resumen: Aunque el reinado eterno de Dios y Su voluntad garantizada parecen contradecir la agitación diaria que observamos, comprendemos este misterio al verlo como un Director que se escribió a Sí mismo en el guion. Él asumió el peor papel, sufriendo la cruz, para demostrar que el caos es un telón de fondo para Su redención, no una señal de indiferencia. Por lo tanto, podemos confiar plenamente en Su plan para la historia y nuestras vidas, sabiendo que el telón no caerá sobre la tragedia, sino sobre una victoria garantizada y atronadora.
Cada día, millones repiten las palabras de Jesús: Venga Tu reino, hágase Tu voluntad. Mirando la trayectoria de la historia, esta podría ser la única oración que está garantizada a ser respondida. La antigua declaración en Éxodo de que el Señor reinará por los siglos de los siglos, combinada con la promesa angélica en Lucas de que Su reino no tendrá fin, confirman una gran narrativa que no puede ser desviada. El reinado de Dios no es una mera posibilidad; es una realidad eterna.
Sin embargo, esto nos lleva a una dolorosa contradicción. Si la voluntad de Dios se está cumpliendo, ¿cómo explicamos la agitación diaria que vemos en las noticias? Para entender esto, imaginemos a Dios no como un gobernante distante, sino como un director, y la historia como una gran obra de teatro. Desde la perspectiva de la audiencia, la trama parece caótica, incluso cruel. Nos esforzamos por comprender los detalles de la trama, sintiéndonos a menudo como personajes perdidos en un oscuro segundo acto preguntándonos por qué el Director permitiría tal caos.
En historias antiguas, los reyes enviaban ejércitos a morir por ellos, pero en esta obra divina, el Director hizo lo impensable. Él se escribió a Sí mismo en el guion, y no se asignó el papel de emperador distante observando desde un palco dorado. En cambio, subió al escenario y se escribió el peor papel para Sí mismo, un papel de rechazo, sufrimiento y una muerte miserable en una cruz. Este es el nuevo éxodo, donde Jesús, el Rey Eterno, libra Su guerra no con armas convencionales de destrucción, sino con el acto silencioso y milagroso de la encarnación. Él entró en la agitación de Su propia obra para transformarla desde dentro.
Al asumir el papel de víctima, el Director demostró que el caos no es el resultado de Su indiferencia, sino el telón de fondo para Su redención. Porque sabemos que el Director soportó la cruz, podemos confiarle el guion de nuestras vidas, incluso cuando la escena actual es dolorosa. Puede que no entendamos por qué ciertos giros de la trama ocurren hoy, pero tenemos la seguridad de cómo termina la obra. La narrativa de la Escritura nos asegura que el telón no caerá sobre la tragedia, sino sobre la victoria. Podemos confiar plenamente en que cuando la escena final concluya, no terminará en silencio, sino con aplausos globales, una ovación atronadora e interminable celebrando al Rey que sufrió, conquistó y ahora reina para siempre.
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