El Coraje de la Voz Solitaria

Dijo además Josafat al rey de Israel: "Te ruego que primero consultes la palabra del SEÑOR." 2 Crónicas 18:4
El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida. Juan 6:63
Dr. Ernst Diehl

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Dr. Ernst Diehl

Resumen: Mi infancia me enseñó una lección duradera: la mayoría puede ser ruidosa, confiada y estar completamente equivocada, una dinámica que cobra implicaciones aún mayores en nuestras vidas espirituales. Me he dado cuenta de que la verdad no es una democracia determinada por el intelecto humano o el consenso social. Por el contrario, es revelada únicamente por el Espíritu de Dios, sin importar cuántas voces puedan discrepar.

Todavía recuerdo el momento con claridad. Tenía seis años, sentado en mi aula de primer grado. La maestra nos presentó un acertijo matemático y nos dio una elección de respuestas. Uno por uno, mis compañeros levantaron la mano, votando por una respuesta que yo sabía, simplemente sabía, que era incorrecta.

Miré a mi alrededor. Todos los demás estaban de acuerdo. El consenso era abrumador. En ese momento, la presión de simplemente levantar la mano y mezclarme era palpable. Pero algo en mí se negó a ceder al error, incluso si significaba ser el único que quedaba sentado. Emití el único voto disidente.

Aprendí una lección ese día que me ha acompañado toda la vida: La mayoría puede ser ruidosa, confiada y unánime, y estar completamente equivocada.

Esa experiencia de la infancia fue sobre aritmética, pero a medida que crecía en mi fe, me di cuenta de que esta dinámica se desarrolla con mucho más en juego en el ámbito espiritual. La Escritura revela una profunda tensión entre la "carne" (el intelecto humano, el consenso social y los números) y el "Espíritu", que es la fuente exclusiva de Vida. Vemos esto vívidamente en la alianza entre el rey Josafat y el rey Acab. Acab poseía todas las señales del éxito mundano: poderío militar, poder económico y la afirmación de cuatrocientos profetas que gritaban al unísono, "¡Sube! ¡La victoria es tuya!" Era una deslumbrante muestra de unidad, diseñada para consolar la carne y validar la ambición humana.

Sin embargo, este consenso religioso era una farsa. Frente a esta abrumadora mayoría se alzó Micaías, un profeta solitario que se negó a hacer eco a la multitud. Mientras cuatrocientas voces prometían ganancias y victoria, Micaías se aferró firmemente a la verdad impopular, declarando que hablaría solo lo que el Señor le mandara. Él entendió un principio que Jesús articularía más tarde en Juan 6: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha." Las matemáticas del Espíritu son inquebrantables. La inversión masiva de Acab en la carne, sus ejércitos y sus cuatrocientos "hombres que dicen sí" finalmente sumó un cero absoluto. Murió exactamente como la voz solitaria de la verdad había predicho.

La lección del aula y de la sala del trono es la misma: La verdad no es una democracia. No se decide por un levantamiento de manos. Es revelada por el Espíritu de Dios.