Las Cadenas Caen

Salmos 34:7 • Hechos 5:19-20

En valles de sombra, donde el temor acecha, Como David en cuevas, la esperanza estrecha. Mas un ejército invisible, sin fin ni medida, Acampa el ángel fiel, guardando nuestra vida. Nos rescata del mal, de la mano enemiga, Conforta el alma herida, su promesa nos liga.

¡No es para esconder, oh alma mía, Su favor! Nos guarda para alzar Su voz con valor. Las puertas se abren, las cadenas caen al fin, Para anunciar las Palabras de esta Vida sin confín. Él nos libera no para huir, sino para ir, A proclamar Su Reino, sin temor a morir.

En celdas de hierro, con grilletes de dolor, Apóstoles presos por Su gran amor. Mas Su emisario celestial, con luz resplandeciente, Abrió las rejas, sacándolos de frente. "Id al templo," mandó, "y sin callar jamás, Hablad de esta Vida, de Su eterna paz."

No es por nuestro confort que Él nos ha de guardar, Mas para ser Sus heraldos, Su verdad sembrar. Su poder nos envuelve, no para retroceder, Sino para avanzar, Su Evangelio extender. Temamos solo a Él, obedezcamos Su querer, Pues Su mensaje es libre, ningún hombre lo ha de vencer.

¡No es para esconder, oh alma mía, Su favor! Nos guarda para alzar Su voz con valor. Las puertas se abren, las cadenas caen al fin, Para anunciar las Palabras de esta Vida sin confín. Él nos libera no para huir, sino para ir, A proclamar Su Reino, sin temor a morir.

¡Su Palabra es libre! ¡Nuestro canto alzará! Inquebrantables, Su verdad nos guiará. ¡Libres para ir! ¡Libres para hablar! ¡La Vida eterna, sin fin, a todos anunciar!