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La Anatomía de la Liberación: Un Análisis Teológico, Exegético e Histórico de la Interacción entre el Salmo 40:1 y Juan 5:7

Salmos 40:1 • Juan 5:7

Resumen: Al abarcar la narrativa bíblica, observamos una profunda tensión entre la desesperación humana y la intervención divina, la cual se manifiesta más visiblemente en la yuxtaposición del Salmo 40:1 y Juan 5:7. Ambos textos comienzan en la topografía del sufrimiento —el «pozo horrendo» y el «estanque de Betesda»— donde el auto-rescate es imposible. Sin embargo, difieren marcadamente en su teología de la espera.

Mientras el Salmista se une a Yahvé con esperanza activa, el paralítico de Betesda yace paralizado en espíritu, atrapado en un sistema de superstición y competencia donde la gracia es tratada como un recurso escaso reservado solo para los fuertes.

Debemos reconocer que la «espera» descrita en la Escritura dista mucho de ser una demora pasiva. El hebreo qavah del Salmo 40 sugiere una unión activa y vigorosa de la propia existencia a Yahvé. Esto contrasta drásticamente con el estancamiento de Betesda, donde la espera se había osificado en un atrapamiento de treinta y ocho años. El paralítico no estaba «entrelazándose» con Dios; se estaba pudriendo en una camilla, fijado en un mecanismo creado —el agua en movimiento— en lugar del Creador. El estanque no sirve como lugar de curación, sino como un espejo del legalismo, donde la ley (representada por los cinco pórticos) diagnostica nuestra condición pero no ofrece poder para remediarla.

Esta crisis teológica culmina en la inquietante admisión del paralítico: «Señor, no tengo a nadie». Este lamento expone el fracaso de la mediación humana y la desesperanza de una cosmovisión antropocéntrica. La ironía es asombrosa, pues el «Hombre» que anhelaba estaba de pie justo delante de él —no para arrastrarlo a un estanque de competencia, sino para secar por completo la necesidad del agua. Jesús aparece como el cumplimiento del Rollo del Salmo 40, el Soberano que no pide nuestro permiso ni nuestra asistencia, sino que ordena la vida con autoridad unilateral.

Crucialmente, las secuelas de estas liberaciones nos ofrecen una advertencia sobria con respecto a nuestra respuesta a la gracia. David emerge del pozo con un «cántico nuevo» y un testimonio público que atrae a otros a temer a Jehová. Por el contrario, el paralítico responde con ambigüedad e ingratitud, al no buscar al Dador y, en última instancia, traicionarlo ante las autoridades religiosas. Esta divergencia nos recuerda que la liberación física no garantiza la vida espiritual; es posible ser sanado en el cuerpo y, sin embargo, permanecer en el «lodo cenagoso» del alma, arriesgando «algo peor» —la separación eterna de Dios.

En última instancia, esta comparación testifica que Dios no ayuda a quienes se ayudan a sí mismos; Él ayuda a quienes no tienen «a nadie». El Salvador descendió al pozo supremo de la muerte para levantarnos de nuestra parálisis, haciendo obsoleto el supersticioso «movimiento de las aguas». En Cristo, nuestra espera ha terminado, y el mandato ya no es competir por una cura, sino levantarse, andar y cantar el cántico nuevo de los redimidos.

I. Introducción: La Condición Universal de la Impotencia y la Respuesta Divina

La narrativa bíblica, que abarca desde el jardín primordial hasta la ciudad escatológica, está frecuentemente marcada por la tensión dinámica entre la desesperación humana y la intervención divina. Esta tensión encuentra dos de sus expresiones más profundas en el Salterio hebreo y el Evangelio joánico —específicamente en la yuxtaposición del Salmo 40:1 y Juan 5:7. Estos dos textos, separados por siglos de historia, lenguaje y administración pactual, convergen en una realidad humana singular y fundamental: el estado de estar atrapado en una condición de la cual el auto-rescate es imposible. Sin embargo, si bien comparten un punto de partida en la topografía del sufrimiento humano —el "pozo horrendo" y el "estanque de Betesda"—, difieren marcadamente en su articulación teológica de la espera, la fe y la respuesta.

Salmo 40:1-3 presenta el arquetipo del que sufre con fe. La voz davídica declara: «Con paciencia esperé a Jehová», describiendo una liberación vertical donde el Agente Divino desciende hasta el "lodo cenagoso" para establecer al que sufre sobre una "roca". Este arco narrativo se mueve de la desesperación a la doxología, culminando en un "cántico nuevo" que funciona como testimonio público de la fidelidad de Yahvé. En contraste, la narrativa del paralítico en Juan 5:1-15 presenta un espejo complejo y más oscuro de esta liberación. Aquí, la espera se ha osificado en una parálisis de treinta y ocho años, no solo de los miembros, sino del espíritu. La respuesta del paralítico al Verbo Encarnado no es un grito de confianza, sino una queja logística: «Señor, no tengo a nadie».

Este informe emprende un análisis riguroso y exhaustivo de la interacción entre estas dos Escrituras fundamentales. Postula que la curación en Betesda no es meramente un milagro de compasión, sino una polémica teológica que expone la insuficiencia de la superstición religiosa (el movimiento del agua) y la mediación humana («no tengo a nadie») cuando se confrontan con la gracia soberana del Hijo de Dios. Al entrelazar datos lingüísticos sobre el hebreo qavah y el griego astheneia, perspectivas histórico-críticas sobre la arqueología de Jerusalén, y comentarios patrísticos y reformados, este análisis demostrará cómo Jesucristo cumple el anhelo del Salmista mientras expone simultáneamente el letargo espiritual de los sistemas religiosos representados por el estanque de Betesda. El «Hombre» que el paralítico buscaba estaba de pie ante él, no para arrastrarlo al agua, sino para secar por completo la necesidad del agua, estableciendo un nuevo paradigma de salvación que es monergístico, inmediato y que exige una respuesta santa.

II. La Fenomenología de la Espera: Fundamentos Lingüísticos y Teológicos

El concepto de "espera" en la Escritura dista mucho de la noción occidental moderna de demora pasiva o tiempo perdido. Es una categoría teológica, una disciplina espiritual y, a menudo, un crisol de santificación. La interacción entre el Salmo 40 y Juan 5 es fundamentalmente un estudio de la cualidad y el objeto de la espera.

A. El hebreo Qavah: La Fuerza de Tensión de la Esperanza

La declaración inicial del Salmo 40, traducida en la Versión Reina-Valera como «Con paciencia esperé a Jehová», oculta una profunda intensidad gramatical presente en el Texto Masorético. La construcción hebrea es el infinitivo absoluto: qavoh qivvithi, literalmente traducido como «Esperando, esperé». Este hebraísmo sirve para intensificar la acción verbal, sugiriendo una espera que es duradera, enfocada e implacable. Implica una situación donde ha transcurrido el tiempo, quizás una cantidad insoportable, pero el sujeto ha permanecido fijo en su expectativa.

La raíz léxica, qavah, ofrece una comprensión aún más profunda de la naturaleza de esta espera. Etimológicamente, la palabra se relaciona con el retorcimiento o la unión de hebras para formar un cordel o una cuerda. Esta imaginería transforma el concepto abstracto de "paciencia" en una imagen concreta de "entrelazamiento" con lo Divino. Esperar en Jehová, en el sentido davídico, es unir la propia existencia frágil al carácter inmutable de Yahvé, de manera muy parecida a como un escalador confía en la fuerza de tensión de una cuerda. Es un esfuerzo espiritual activo y vigoroso. Como se señala en estudios lingüísticos de Isaías 40:31 —que comparte esta raíz—, aquellos que qavah (esperan/se unen) en Jehová renuevan sus fuerzas, intercambiando su debilidad por vitalidad divina.

En Salmo 40:1, el objeto de esta intensa espera es explícitamente «Jehová» (Yahvé). Es una orientación teocéntrica. El Salmista no espera que "ello" (la situación) mejore, sino que "Él" intervenga. Esta distinción es de suma importancia cuando se contrasta con el paralítico de Juan 5. El clamor del Salmista (shava) es una súplica gutural de ayuda, a menudo asociada con un grito de angustia en batalla o catástrofe. Así, la "espera paciente" del Salmo 40 es en realidad una "unión que clama" —un asimiento desesperado a Dios en medio del estruendo del pozo.

B. El griego Ekdechomai y el Estancamiento de Betesda

Volviendo a la narrativa joánica, la atmósfera de espera pasa de la expectativa activa a la resignación pasiva. Juan 5:3 describe una multitud «esperando» (ekdechomenon) el movimiento del agua. Si bien la autenticidad textual de la explicación específica en el versículo 4 (concerniente al ángel) es debatida por los críticos textuales, el contexto narrativo del versículo 7 confirma que el paralítico estaba de hecho esperando un fenómeno sobrenatural o supersticioso.

El término griego utilizado para la condición del paralítico es astheneia (enfermedad/debilidad), que implica una falta total de fuerza. Este hombre llevaba treinta y ocho años esperando. Esta duración específica está fuertemente cargada de significado tipológico, reflejando los treinta y ocho años que Israel pasó errando por el desierto desde Cades-barnea hasta el cruce del arroyo Zered (Deuteronomio 2:14). Así como aquella generación esperó a que la muerte consumiera a los rebeldes, este hombre espera en un estado de muerte en vida.

A diferencia de David, quien se unió a Yahvé (qavah), el paralítico está atado a un lugar (el estanque) y a un mecanismo (el movimiento). Su espera se ha convertido en una forma de trampa. No se está "entrelazando" con Dios; se está pudriendo en una camilla. El objeto de su esperanza es el agua creada, no el Creador. Esta distinción en el objeto de la espera es crítica: David espera a una Persona; el paralítico espera un Acontecimiento. Cuando la Persona (Jesús) finalmente llega, el paralítico está tan fijado en el Acontecimiento (el movimiento) que no reconoce el momento de su visitación.

III. La Topografía de la Desesperación: El Pozo y el Estanque

La geografía en la Escritura rara vez es meramente un escenario; a menudo es teología. Las ubicaciones físicas descritas en Salmo 40 y Juan 5 —el "pozo horrendo" y el "Estanque de Betesda"— funcionan como metáforas del estado espiritual de los sujetos.

A. El Pozo Horrendo y el Lodo Cenagoso

Salmo 40:2 describe el estado del Salmista antes de la liberación: «Y me hizo sacar del pozo horrendo, del lodo cenagoso».

  • El Pozo Horrendo (Bor Shaon): El hebreo bor se refiere típicamente a una cisterna, un calabozo o una tumba. El modificador shaon denota «ruido», «tumulto», «alboroto» o «rugido». Esto pinta un cuadro aterrador: un calabozo subterráneo lleno del rugido de aguas impetuosas o la cacofonía de la destrucción. Algunos comentaristas sugieren que esto se refiere al "pozo de la destrucción" o incluso al propio Seol.

  • El Lodo Cenagoso (Tit Hayaven): Esta imagen transmite el concepto de falta de tracción. En el lodo cenagoso, todo esfuerzo humano es contraproducente. La lucha por salir solo sirve para hundir más a la víctima. Representa el agotamiento total del ingenio humano.

La implicación teológica es la Depravación Total o la Incapacidad Total. El Salmista no puede "subir"; debe ser "sacado" (alah). El movimiento de salvación es vertical y monergístico —Dios descendiendo al caos para extraer a quien espera.

B. El Estanque de Betesda: ¿Una «Casa de Misericordia» o un Salón de Espejos?

Juan 5 ubica el milagro en el Estanque de Betesda («Casa de Misericordia» o «Casa de Gracia») cerca de la Puerta de las Ovejas en Jerusalén. Las excavaciones arqueológicas han confirmado este sitio como un complejo de doble estanque profundo con cinco pórticos (columnatas). Si bien el nombre implica misericordia, la escena descrita es de una competencia despiadada.

Los "cinco pórticos" han sido interpretados alegóricamente por Padres de la Iglesia como Agustín y Crisóstomo como representaciones de los cinco libros de la Ley (Torá). Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos. La imaginería sugiere que la Ley puede cobijar a los enfermos y definir su condición (diagnóstico), pero no puede sanarlos. Revela la "multitud" de la pecaminosidad humana, pero no proporciona poder para remediarla.

La dinámica del estanque —"el que primero… descendiera"— representa un sistema de salvación por obras o mérito. Es una teología de "la supervivencia del más apto" donde los fuertes, los rápidos o los ricos (aquellos con sirvientes para transportarlos) obtienen la bendición. Para el paralítico, que no tenía fuerzas ni "a nadie", el Estanque de Betesda no era un lugar de esperanza, sino un "pozo horrendo" de decepción perpetua. Cada movimiento del agua era un recordatorio de su incapacidad.

C. Imágenes Convergentes: La Trampa

Tanto el Pozo como el Estanque funcionan como trampas.

  • En el Pozo, la amenaza es el ambiente (barro/ruido) que abruma al sujeto.

  • En el Estanque, la amenaza es el sistema (competencia/superstición) que excluye al sujeto.

  • En ambos casos, el sujeto está inmovilizado. David está atascado en el barro; el paralítico está atascado en su camilla (krabbaton).

  • En ambos casos, la solución no es una escalera o una rampa (mejora gradual) sino una extracción radical por una Mano Soberana.

IV. La Crisis Antropológica: «No Tengo a Nadie»

El punto crucial de la interacción entre estos textos es el lamento del paralítico en Juan 5:7: «Señor, no tengo a nadie» (anthropon ouk echo). Esta frase es inquietante por su soledad y teológica en sus implicaciones.

A. El Fracaso de la Mediación Humana

Cuando Jesús hace la pregunta diagnóstica: «¿Quieres ser sano?», el paralítico no responde «Sí». En cambio, ofrece una explicación de su fracaso. Su cosmovisión es enteramente antropocéntrica: cree que su salvación depende de un mediador humano que lo lleve a la fuente de poder (el agua). Su desesperanza radica en su aislamiento social; no tiene protector, ni familia, ni sirviente que actúe como su "hombre".

Este clamor hace eco del vacío de fiabilidad humana que se encuentra a lo largo de los Salmos. Salmo 142:4 (un salmo de David) dice: «Miré a mi derecha, y observé, pero no había hombre que me conociera; me faltó el refugio; no había quien cuidara de mi alma». El paralítico de Betesda es la encarnación de este abandono.

B. Jesús como el «Hombre» del Salmo 40

La ironía de Juan 5:7 es asombrosa. El paralítico se queja a Jesús de que no tiene "a nadie", sin darse cuenta de que el Hombre-Dios está de pie directamente frente a él. El comentarista patrístico Cornelio a Lapide lo capta hermosamente, citando a Agustín: «En verdad, ese hombre (Jesús) era necesario para su salvación, pero era ese hombre quien también es Dios».

La interacción con el Salmo 40 se hace explícita aquí a través del lente de Hebreos 10. El autor de Hebreos cita Salmo 40:6-8 («Sacrificio y ofrenda no quisiste... entonces dije: «He aquí, vengo»»), aplicándolo directamente a la Encarnación de Jesucristo.

  • Salmo 40 (LXX/Hebreos): «Un cuerpo me has preparado» (Heb 10:5).

  • Juan 5: El Verbo se hace carne (el cuerpo preparado) y entra en los "cinco pórticos" del legalismo y la enfermedad.

    Esto crea un bucle poderoso:

  1. Salmo 40 dice: «El libro está escrito de mí».

  2. Hebreos 10 dice que Salmo 40 está escrito de Jesús.

  3. Juan 5:39 dice que las Escrituras dan testimonio de Jesús.

  4. Por lo tanto, el "Hombre" de Betesda es el contenido del Rollo del Salmo 40. Él es el Verbo hecho carne, de pie en medio de las "sombras" del estanque y de la ley.

C. El Eco de Pilato: Ecce Homo

El tema del "Hombre" reaparece más tarde en el Evangelio de Juan cuando Pilato presenta a Jesús flagelado a la multitud, declarando: «¡He aquí el Hombre!» (Ecce Homo, Juan 19:5). La falta de un hombre para el paralítico en Juan 5 es respondida por el Hombre sufriente en Juan 19. Es precisamente porque Jesús se convirtió en el "Varón de Dolores" —quien esperó pacientemente al Señor en el Huerto de Getsemaní y en la Cruz— que Él tiene la autoridad para levantar al paralítico de su camilla. El "pozo horrendo" de Salmo 40:2 encuentra su realización histórica definitiva en la tumba de Cristo, de la cual fue "sacado" por el Padre, estableciendo Sus pies sobre la roca de la resurrección.

V. El Mecanismo de la Liberación: Gracia Soberana vs. Obras Supersticiosas

El contraste entre las dos narrativas resalta dos sistemas opuestos de salvación: el sistema sinérgico, basado en obras, del Estanque, y el sistema monergístico, basado en la gracia, del Verbo.

A. La Superstición del Movimiento

El texto de Juan 5:3b-4, aunque textualmente disputado, proporciona el contexto necesario para la parálisis de fe del hombre. La creencia era que un ángel movía el agua, y la curación estaba reservada para la primera persona en entrar. Esto representa un paradigma de "justicia por obras" llevado a su extremo lógico y cruel. Favorece a los fuertes, a los alertas y a los móviles. Recompensa el esfuerzo humano ("descender"). La queja del paralítico ("mientras yo voy, otro desciende antes que yo") revela una cosmovisión definida por la escasez y la rivalidad. Él cree que la gracia de Dios es un recurso limitado, disponible solo para el ganador de la carrera.

B. El Mandato Soberano de Cristo

Jesús corta esta superstición con un mandato que no requiere agua, ni ángel, ni "hombre" para asistir: «Levántate, toma tu lecho, y anda» (Juan 5:8).

  • Inmediata: La curación fue instantánea ("inmediatamente", eutheos).

  • Completa: El hombre no necesitó rehabilitación; se levantó y anduvo.

  • Soberana: Jesús no pidió permiso, ni requirió una confesión de fe previa (a diferencia de otras sanaciones donde la fe es un prerrequisito). El hombre ni siquiera conocía el nombre de Jesús (Juan 5:13).

Esto refleja la liberación del Salmo 40: «Me hizo sacar». La acción está enteramente del lado del Libertador. El Salmista estaba en "lodo cenagoso" donde no podía obtener tracción; el paralítico estaba en una camilla donde no podía moverse. En ambos casos, el rescate fue un acto de poder unilateral.

C. Karl Barth sobre la Paciencia de Dios

El teólogo Karl Barth ofrece una lente profunda para comprender esta interacción. Barth argumenta que la paciencia de Dios no es meramente una espera pasiva, sino un "dar espacio y tiempo" activo para que el otro exista.34 En la Encarnación, Dios entra en el "espacio y tiempo" del sufrimiento humano. En Betesda, Jesús entra en el tiempo del paralítico (38 años de tiempo perdido) y en el espacio de su miseria (el pórtico).

Sin embargo, Barth también señala que Jesús "sufre la paciencia de Dios" en nuestro lugar. El paralítico era impaciente (quejándose de que otros descendieran primero), pero Jesús es el Verdaderamente Paciente que soporta la cruz. Al sanar al hombre en sábado, Jesús inicia el conflicto que conducirá a Su propia Pasión —Su propio descenso al "pozo horrendo"—, sustituyendo así Su justicia por la impotencia del paralítico.34

VI. La Divergencia de la Respuesta: El «Cántico Nuevo» vs. El Informante

Quizás el aspecto más perturbador de la interacción entre el Salmo 40 y Juan 5 es el contraste en las secuelas de la liberación. La gracia produce respuestas radicalmente diferentes en el corazón de David y en el corazón del paralítico.

A. Salmo 40: La Explosión de la Doxología

La respuesta de David al ser sacado del pozo es triple:

  1. Un Cántico Nuevo: «Puso en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios» (v. 3). El "cántico nuevo" implica que las viejas liturgias son insuficientes para contener la nueva realidad de la gracia. Es una respuesta creativa y gozosa.

  2. Testimonio Público: «He anunciado justicia en grande congregación» (v. 9). David no puede contener la noticia; se convierte en un evangelista.

  3. Efecto Comunitario: «Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová» (v. 3). El milagro personal se convierte en un catalizador para un avivamiento corporativo. La vista del hombre rescatado causa "temor" (reverencia) y fe en otros.

B. Juan 5: La Ambigüedad de la Ingratitud

La respuesta del paralítico contrasta de manera cruda y escalofriante.

  1. Ignorancia: Inmediatamente después de la curación, «el que había sido sanado no sabía quién era» (v. 13). Aceptó el don pero no buscó al Dador. Se fue con sus piernas, pero dejó a su Salvador atrás.

  2. Legalismo sobre Doxología: Cuando los judíos lo confrontaron por llevar su camilla en sábado, él echó la culpa: «El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho» (v. 11). Aquí no hay "cántico nuevo", solo una súplica defensiva.

  3. Traición: Después de que Jesús lo encuentra en el templo, el hombre «se fue, y dio aviso a los judíos, de que Jesús era el que le había sanado» (v. 15). Aunque algunos comentaristas ven esto caritativamente como un testimonio, el contexto de los judíos buscando matar a Jesús (v. 16) sugiere que fue un acto de delación. Entregó a Jesús a las autoridades para limpiar su propio nombre con respecto a la violación del Sábado.

Tabla 1: Análisis Comparativo de la Respuesta

DimensiónSalmo 40 (David)Juan 5 (El Paralítico)
Reacción Inmediata«Cántico nuevo en mi boca»«No sabía quién era»
Acción SocialEvangelización («Anuncié justicia»)Informar («Dio aviso a los judíos»)
Resultado en Otros«Muchos confiarán en Jehová»Los judíos «perseguían a Jesús»
Actitud del CorazónGratitud / Deleite en la Voluntad de DiosAuto-preservación / Transferencia de Culpa

C. La Teología de «No Peques Más» vs. «Mis Iniquidades»

La interacción se profundiza con el reconocimiento del pecado.

  • Salmo 40:12: David confiesa: «Porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista». David reconoce que su "pozo" está conectado con su pecado. Asume la responsabilidad de su condición espiritual.

  • Juan 5:14: Jesús encuentra al hombre y emite una severa advertencia: «No peques más, para que no te venga alguna cosa peor». Esto implica que la condición del hombre pudo haber tenido una conexión con el pecado personal, o más ampliamente, que su trayectoria espiritual actual (ingratitud/incredulidad) lo está llevando hacia "algo peor" que 38 años de parálisis.

¿Qué es "algo peor"? Teológicamente, es la Segunda Muerte —separación eterna de Dios. Jesús advierte que la sanación física tiene poco valor si el alma permanece en el "lodo cenagoso" del pecado. El paralítico ha sido rescatado físicamente, pero permanece en peligro del "pozo horrendo" definitivo del Infierno. Esto contrasta con David, cuya liberación física conduce a una reafirmación de su seguridad espiritual en la misericordia de Dios (Sal 40:11).

VII. Conexiones Intertextuales y Cumplimiento Cristológico

La relación entre estos textos no es meramente temática; se basa en el tapiz más amplio de la Escritura, particularmente a través del lente de Hebreos y la tradición profética.

A. El «Rollo del Libro»: Cristo como el Sujeto Supremo

Salmo 40:7 declara: «Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí». El autor de Hebreos (10:7) pone estas palabras directamente en boca de Jesús.

  • David: David actúa como un tipo, el rey justo que se deleita en la ley de Dios.

  • Jesús: Jesús es el antitipo, el cumplimiento. Él es de quien habla todo el "rollo del libro" (las Escrituras del Antiguo Testamento).

    En Juan 5:39, Jesús explícitamente hace esta conexión con los líderes judíos hostiles: «Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí».

    Esto crea un bucle poderoso:

  1. Salmo 40 dice: «El libro está escrito de mí».

  2. Hebreos 10 dice que Salmo 40 está escrito de Jesús.

  3. Juan 5:39 dice que las Escrituras dan testimonio de Jesús.

  4. Por lo tanto, el "Hombre" de Betesda es el contenido del Rollo del Salmo 40. Él es el Verbo hecho carne, de pie en medio de las "sombras" del estanque y de la ley.

B. La Controversia del Sábado: Descanso vs. Ritual

La curación en Juan 5 tiene lugar en el día de reposo (sábado), provocando un furioso debate teológico. Los judíos veían el sábado como un día de restricción; Jesús lo veía como un día de restauración.

En Salmo 40, el resultado de la liberación es que los pies de David son puestos sobre una "roca" y sus pasos son "afirmados". Él entra en un estado de estabilidad y descanso.

En Juan 5, Jesús argumenta: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo» (v. 17). Jesús afirma que el verdadero descanso sabático no es la cesación de la actividad, sino la obra de redención. Al ordenar al hombre que llevara su camilla, Jesús estaba promulgando el "cántico nuevo" del Nuevo Pacto —liberación de la carga aplastante del legalismo. La camilla, una vez símbolo de la maldición (parálisis), se convierte en un trofeo de la gracia (movilidad).5

C. La Variante de la Septuaginta: «Oídos» vs. «Cuerpo»

Un detalle técnico pero crucial en la interacción involucra el texto de Salmo 40:6.

  • Texto Masorético (Hebreo): «Me has abierto los oídos» (cavado/perforado). Esto se refiere al despertar de la obediencia o al ritual de perforación de orejas del siervo (Éxodo 21:6).

  • Septuaginta (Griego): «Un cuerpo me has preparado» (soma de katertiso moi).

    Hebreos 10 sigue la Septuaginta. Esta variante es vital para entender Juan 5. El "cuerpo preparado" es la humanidad física de Jesús. Es este Cuerpo el que entra en el estanque de Betesda. Las "sombras" de los sacrificios de animales (Sal 40:6) y las "sombras" del agua movida por el ángel (Juan 5:4) son ambas obsoletas por la llegada del "Cuerpo" de Cristo. Él se ofrece a Sí mismo como el lugar de la sanación y la expiación.45

VIII. Perspectivas Patrísticas y Reformadas

La historia de interpretación arroja más luz sobre esta interacción dinámica.

  • Crisóstomo: Sobre Juan 5, Crisóstomo se centra en que el "alma del paralítico" estaba tan paralizada como su cuerpo. Contrapone el agua del estanque (que curaba a uno solo) con el agua del Bautismo y el poder de Cristo (que cura al mundo entero). Considera el "no tengo a nadie" no solo como un hecho, sino como una acusación de la falta de amor en la comunidad que rodeaba el estanque.

  • Agustín: Agustín alegoriza famosamente los "cinco pórticos" como los Cinco Libros de Moisés (La Ley), que encierran a los enfermos pero no pueden curarlos. La Ley revela el pecado (diagnóstico) pero no puede salvar. Interpreta el secado del estanque como el cese de los tipos judíos con la llegada de Cristo.

  • Calvino: Juan Calvino enfatiza el monergismo de la curación. Señala que el hombre estaba "muerto" en su condición y que el mandato de Cristo dio el poder para obedecer. En Salmo 40, Calvino aplica el "lodo cenagoso" a la condición de la iglesia bajo el papado, viendo la Reforma como una liberación del "pozo" de la superstición —un paralelo al paralítico siendo liberado de la superstición del estanque.

  • Spurgeon: Charles Spurgeon predica sobre «Jesús en Betesda», centrándose en la futilidad de esperar "sentimientos" o "señales" (el agua agitada) antes de confiar en Cristo. Utiliza la "espera" del paralítico como una advertencia contra la procrastinación espiritual disfrazada de piedad. Contrapone esto con la "espera activa" del Salmo 40, que describe como un "plegarse a la promesa".

IX. Conclusión: Del Lodo Cenagoso a la Roca Firme

La interacción entre Salmo 40:1 y Juan 5:7 ofrece un panorama teológico amplio de la condición humana y el remedio divino.

  1. El Diagnóstico: La humanidad está atrapada. Ya sea descrita como hundiéndose en "lodo cenagoso" (Sal 40) o yaciendo paralizada en una camilla (Juan 5), la condición es de incapacidad total. La ley (cinco pórticos) y el esfuerzo religioso (sacrificios) son insuficientes para rescatar.

  2. La Falsa Solución: El paralítico representa la tendencia a depender de "estanques" y "hombres" —superstición, falsa esperanza y mediación humana. El clamor «no tengo a nadie» es la admisión definitiva del fracaso del humanismo.

  3. La Solución Divina: Jesucristo es el cumplimiento del Salmo. Él es Aquel que se "inclina" hacia el que sufre. Él es el "Cuerpo preparado" para hacer la voluntad del Padre. Él reemplaza el "movimiento del agua" con el "poder del Verbo".

  4. El Llamado a la Respuesta: La divergencia entre David y el paralítico sirve como una advertencia duradera. Es posible ser liberado y aun así permanecer ingrato. Es posible ser sanado físicamente pero espiritualmente "peor". La verdadera respuesta a la gracia del Salmo 40/Juan 5 es cantar el "cántico nuevo" —dejar que los pies que han sido puestos sobre la Roca corran por el camino de los mandamientos de Dios.

El «Hombre» que el paralítico buscaba no era un cargador para bajarlo a un estanque de competencia; Él era el Salvador que descendería al Pozo supremo de la muerte para levantar a una multitud de cautivos a las alturas de la gloria. En Jesús, la espera ha terminado. El mandato no es «Esperad el agua», sino «Levántate y anda».

Tabla 2: La Progresión Teológica del Salmo 40 a Juan 5

Categoría TeológicaParadigma del Salmo 40Realización en Juan 5
SoteriologíaLiberación del PozoLiberación de la Parálisis/Legalismo
CristologíaEl Mesías en el Rollo (v. 7)El Hijo actuando con el Padre (v. 17)
AntropologíaFe Activa (Qavah)Depravación Total (Astheneia)
EclesiologíaLa «Gran Congregación» (Testimonio)El Encuentro en el Templo (Advertencia)
EscatologíaAnticipación del «Cántico Nuevo»Realización del Juicio («Algo Peor»)

En última instancia, Salmo 40 y Juan 5 testifican que Dios no ayuda a los que se ayudan a sí mismos; Él ayuda a aquellos que no tienen "a nadie", levantándolos del pozo y dándoles un cántico que el mundo no puede silenciar.