
Autor
Dr. Ernst Diehl
Resumen: Los cristianos en todo el mundo enfrentan discriminación, violencia y persecución por su fe. A pesar de la adversidad, podemos encontrar consuelo en Dios, quien es nuestra fortaleza. Las historias de persecución son desgarradoras, pero también muestran la fuerza de la fe y el espíritu humano. Debemos solidarizarnos con los perseguidos, orar por ellos y vivir nuestra fe con valentía, sabiendo que Dios está con nosotros en todo momento.
En todos los continentes y culturas, los cristianos enfrentan discriminación, violencia e incluso la muerte simplemente por profesar su fe. Desde el régimen opresivo de Corea del Norte hasta las leyes sobre blasfemia de Pakistán, desde los esporádicos estallidos de violencia en Sri Lanka hasta las dificultades políticas y culturales en el Medio Oriente, la persecución de los cristianos no conoce límites.
Ante tal adversidad, puede resultar fácil sentirse abrumado y desanimado. Sin embargo, como el salmista que buscó refugio en Dios, nosotros también podemos encontrar consuelo al saber que servimos a un Dios que es nuestra fortaleza y nuestro libertador. En los momentos más oscuros de la persecución, cuando somos entregados a las autoridades y enfrentamos hostilidad, podemos confiar en la promesa de Dios de proporcionarnos las palabras y la sabiduría que necesitamos para soportar.
Las historias de persecución pueden ser desgarradoras, pero también son un testimonio de la fuerza del espíritu humano y el poder de la fe. Desde los misioneros que difunden esperanza en medio del peligro hasta los cristianos perseguidos que se mantienen firmes en sus convicciones, su coraje y resiliencia sirven como un faro de esperanza para todos nosotros.
Al solidarizarnos con nuestros hermanos y hermanas perseguidos, levantémoslos en oración y apoyo. Dejémonos inspirar por su ejemplo para vivir nuestra fe con valentía, sabiendo que servimos a un Dios que camina con nosotros en el valle de sombra de muerte.