Resiliencia: Competentes en Cristo

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: En este sermón, el pastor habla acerca de la resiliencia y cómo podemos ser competentes en Cristo. Él se enfoca en la historia de Caleb y Josué en el Libro de Números, donde ellos fueron capaces de mantener una actitud positiva en medio de las dificultades y desafíos. A diferencia de los otros diez espías que trajeron un reporte negativo acerca de la Tierra Prometida, Caleb y Josué tuvieron una perspectiva positiva y confiaron en que Dios estaba con ellos. El pastor destaca la importancia de tener una autoimagen positiva en Dios y cómo eso puede influir en nuestra actitud hacia los desafíos de la vida. Finalmente, él alienta a su audiencia a adoptar una actitud de resiliencia y competencia en Cristo.

Dr. Miranda habla sobre la importancia de tener una autoestima saludable y confianza en uno mismo para emprender grandes acciones en la vida. Se enfoca en la historia de Josué y Caleb, quienes tenían una actitud positiva y de confianza en Dios, mientras que los otros 10 espías tenían una actitud negativa y se consideraban a sí mismos como pequeños e incapaces de enfrentar los desafíos que se les presentaban. El pastor enfatiza que el poder que tenemos para emprender grandes acciones viene de Dios, y que debemos tener una actitud humilde pero confiada en su gracia y en los dones que nos ha dado. También habla sobre la importancia de liberarse de los registros negativos del pasado y permitir que la palabra de Dios nos programe con pensamientos positivos y promesas de confianza. En resumen, el pastor anima a los creyentes a vivir vidas de excelencia, ambiciosas y emprendedoras, confiando en el poder de Dios que reside dentro de ellos.

Es importante tambien, tener confianza en Dios y en uno mismo para enfrentar los desafíos de la vida. A través de la historia de Josué y Caleb, el pastor enfatiza la necesidad de no enfocarse en las deficiencias del pasado y en lugar de eso, centrarse en la palabra de Dios y en las promesas que Él ha hecho. También anima a la congregación a tener resiliencia y a no dejar que las crisis les afecten negativamente. El pastor concluye invitando a la congregación a hacer un pacto con Dios para vivir vidas victoriosas y a confiar en que Dios tiene grandes cosas preparadas para ellos.

Quiero predicar, hermanos, desde el Libro de Números, capítulo 13, y quiero continuar con este tema de la resiliencia. Esta palabra resiliencia, como he dicho antes, es extraña y no muy común para muchos de nosotros. Pero es una palabra que está cargada de relación con nuestras vidas, de enseñanza práctica para nosotros. Y como ustedes saben, me he pasado los últimos domingos que he podido predicar hablando acerca de esta capacidad que tenemos los hijos de Dios para rebotar, para regresar de tiempos de prueba, de pérdida, de dificultades, de estreses que la vida nos arroja, y las formas en que la palabra del Señor puede darnos enseñanza de cómo vivir vidas resistentes, vidas que no se dejan aplastar por nada, vidas que usan las pruebas y las dificultades más bien para ser más fuertes, para, como dice el Apóstol Pablo, “antes en todas estas cosas, somos más que vencedores.”

Y hoy, habiendo pasado ya unas cuantas semanas en el Libro de Ruth, y habiendo explorado este tema de la resiliencia, desde la perspectiva y la experiencia de Ruth y Noemí, su suegra, y de cómo estas dos mujeres fueron capaces de salir al camino, salir adelante después de haber perdido sus esposos, en el caso de Noemí, sus hijos, su identidad en un sentido, regresar sin nada prácticamente a la tierra natal de Noemí, y allí descubrir nuevas formas de vivir la vida, vivir vidas poderosas y salir a camino, y convertirse en seres ejemplares, como lo han sido para nosotros en estos últimos estudios que hemos hecho acerca de la vida de ellas. La resiliencia, que podríamos decir la resistencia. Pero no solamente resistencia, porque resistir es como aguantar golpes, pero resiliencia es ir a la ofensiva, ir a la contra ofensiva y sacar provecho de las pruebas y las dificultades de la vida. Ahora, quiero pasar a otro elemento de la resiliencia u otro enfoque porque una cosa es ser resilientes cuando experimentamos pérdidas, cuando experimentamos tragedias, cuando tenemos reversos de la vida que nos dejan golpeados. Pero hay otra situación también en la cual nosotros también podemos manifestar esa misma actitud de confianza, de salir adelante, y es cuando confrontamos retos en la vida, por ejemplo, cuando vamos a emprender un gran proyecto, cuando vamos a emprender algo que nos asusta, cuando confrontamos situaciones en las cuales nos sentimos inadecuados, pequeños, cuando vamos a emprender un proyecto financiero, por ejemplo, y parece demasiado grande el reto, cuando enfrentamos situaciones en las cuales nos sentimos nosotros deficientes, no nos sentimos a la altura de el reto y de la situación. Y mucha gente muchas veces cuando confrontan situaciones como que parecen demasiado grandes, demasiado retantes [sic], lo que hacen es que más bien abandonan la pelea antes de ni siquiera emprenderla, porque piensan, ah, yo sé que voy a fracasar, así que para qué hacerlo.

Entonces, es bueno también ver que aún en esas situaciones, donde muchas veces parecería que no podemos salir adelante, sí podemos hacerlo. Y hay una serie de destrezas y de virtudes y de actitudes que nos ayudan a emprender cualquier cosa en la vida, no importa cuán grande y amenazante parezca. Y eso también es parte de la resiliencia en la vida, o la capacidad para ir hacia adelante. Quiero titular este sermón “Competentes en Cristo.” Una persona que es competente es una persona que es capaz, que es apta para completar una tarea o para hacer algo. Y nosotros somos competentes en Cristo Jesús. Y quiero explorar esto desde la vida de dos hombres ejemplares en la Escritura, Caleb y Josué, que se encuentran en el Libro de Números, capítulos 13 y 14. Y ustedes recordarán la historia de ellos. Josué y Caleb se distinguieron porque en una ocasión Moisés, cuando los judíos estaban en el desierto, antes de entrar a la Tierra Prometida, ya casi listos para entrar después de 40 años… perdón era casi al comienzo mismo del tiempo que ellos tenían en el desierto. Voy a explicar lo de los 40 años. Pero Moisés envió a 12 hombres, escogió a 12 hombres, cada uno de ellos dirigente de una tribu de Israel, por eso eran 12, por las 12 tribus.

Y dice aquí en el Capítulo 13 de Números, versículo 1, que “Jehová habló a Moisés diciendo, “Envía tu hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel.” Noten eso de que Él da. Dios da. No dice, les voy a dar, sino que Él habla en presente, les doy la tierra. Y Dios envía a Moisés a mandar a estos hombres a entrar como espías a hacer un reconocimiento de la tierra, antes de que ellos entren a ella. Y dice en el versículo 18, “Observad la tierra cómo es y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso, cómo es la tierra habitada, si es buena o mala, y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas, y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no. Esforzaos y tomad del fruto del país, y era el tiempo de las primeras uvas.” Entonces, Moisés envía a estos hombres a espiar la tierra a la cual ellos tienen que entrar y como buen dirigente militar, que tiene que dirigir un pueblo grande, a una empresa difícil, él le dice, “Exploren la tierra, vean cómo es, reconnoitering, es una palabra en inglés que usan cuando los militares entran, reconnaisance, a un espacio para… envían gente en adelante para ver y reconocer lo que hay, para asegurarse de tener una estrategia adecuada. Y eso es lo que Moisés envía a estos hombres a hacer. Ellos entran a la tierra, están 40 días explorando la tierra como espías, y regresan a los 40 días y ahí comienza el problema. Dice que, “Volvieron de reconocer la tierra – versículo 25 – al fin de 40 días y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón y a toda la congregación de los hijos de Israel en el Desierto de Parán. -Y entonces, en el versículo 27 dice, – Y les contaron diciendo, “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que, es verdad, fluye leche y miel, y este es el fruto de ella.”

Lo primero que ellos hacen es decir, mira, es verdad, Moisés, la tierra es excelente. Y recuerdan ustedes ese famoso pasaje donde ellos trajeron un racimo de uvas inmenso, tan grande, tan pesado, que requería dos hombres en un palo trayendo ese racimo de uvas. Era una tierra fértil. Y ellos le dicen a Moisés, mira, de hecho, es así, es una tierra muy fértil. Pero en el versículo 28 añaden unos detalles negativos, dice, “Más el pueblo que habita en aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas. Y también vimos allí a los hijos de Anac.” Esos hijos de Anac eran hombres tremendamente altos, tremendamente fuertes, eran descendientes de los gigantes aquellos famosos del Génesis. Y ellos dicen, mira, esa tierra está defendida por gente demasiado poderosa. En otras palabras, traen un reporte negativo. Es bonita la tierra, muy buena, muy fértil, pero está poseída por gente que van a pelear con uñas y dientes y son demasiado poderosos para nosotros. En el versículo 30 dice, “Entonces, Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés y les dijo, no importa, subamos luego y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos.” Esa es la actitud de la resiliencia, esa es la actitud positiva a la cual Dios nos llama. Estos dos hombres están poseídos de un espíritu diferente a lo de sus compañeros. Ellos no se dejan intimidar por estos gigantes. Y él les dice, hey, vamos a subir. Qué bueno es tener una actitud positiva en la vida, hermanos. Qué bueno cuando uno está pasando por situaciones difíciles encontrar gente que te anime, que te digan, sí, se puede. Yo amo a la gente de mi equipo que cuando uno les presenta algo dicen, “Sí, podemos, vamos adelante.” Eso me da ánimo a mí porque los líderes necesitamos gente que nos anime también, que nos respalde y que nos inspire porque muchas veces nosotros carecemos de la confianza que necesitamos, y es bueno tener gente como Caleb y Josué, gente animosa. Tomemos posesión de ella, “… porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él dijeron, “Eso es mentira, no podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.”

Vemos aquí dos actitudes. Una actitud positiva, se puede, Dios está con nosotros. Y una actitud negativa, no, esa gente es demasiado poderosa. Esta tierra es demasiado peligrosa. Y yo creo que en la vida cristiana, hermanos, es así, hay dos tribus: está la tribu de Caleb y Josué y está la tribu de los 10 espías. Y la pregunta que nosotros tenemos que hacernos es, ¿a cuál tribu pertenezco yo? ¿A cuál de esas dos posturas? La Biblia está llena de ejemplos donde sucede lo mismo, donde confrontados con situaciones amenazantes y difíciles, hombres y mujeres de Dios adoptan una posición de que no se puede. Ahí está, por ejemplo, aquel evento cuando los discípulos están con esa gran multitud y el Señor les ha estado predicando todo el día, llega la noche, y ya terminó el Señor de predicar y los discípulos viene donde Jesús y le dicen, “Señor, la noche es ya avanzada, la gente se tiene que ir. Despídelos para que se vayan a sus casas.” Y el Señor les dice, “Hey, denles ustedes de comer,” porque estaban lejos de su pueblo, estaban en una montaña o algo por el estilo. “Denles ustedes de comer.” ¿Qué dicen los discípulos? ¿Que nosotros les demos de comer? Son miles de personas, por aquí no hay ni siquiera un McDonald’s, ¿dónde vamos nosotros a darles comida a tanta gente? Y aún si hubiera un Stop and Shop o un Market Basket no tenemos dinero para comprar a tanta multitud. Y el Señor les dice, “Hmm, siéntenlos de 50 en 50.” Y el Señor toma cinco panes y dos peces, señal de que Dios puede multiplicar nuestras deficiencias. Dios puede hacer crecer lo poco que nosotros tenemos. Toma en sus manos los 5 panes y los 2 peces, los levanta, da gracias y dice, “Ahora distribúyanlo.” Y mágicamente, milagrosamente esos 5 panes y 2 peces, ridículamente inadecuados, son multiplicados por Dios y son capaces de dar de comer a miles y miles de personas. Uno de los milagros más poderosos que nos muestra que al Señor no le importa tanto lo grande, lo amenazante de las circunstancias.

En el nombre de Jesús y con el poder de Dios nosotros podemos hacer proezas, podemos hacer de poco mucho. Y eso es lo que vemos aquí, que estos hombres dicen, “No podemos, demasiado grandes los obstáculos.” Y yo creo, de nuevo, que la gente en la vida que hacen cosas, que bendicen comunidades, que levantan estructuras, que crean programas comunitarios, que bendicen al pueblo y sobre todo en el pueblo de Dios, son personas que pueden hacer lo que hicieron Josué y Caleb, no enfocarse solamente en las dificultades y en las deficiencias. Ellos dicen en el versículo 32, “Estos diez hombres hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido diciendo, “La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes – y aquí está una de las expresiones más poderosas y perspicaces psicológicas de toda la Biblia, dice – y éramos nosotros a nuestro parecer, como la langostas y así les parecíamos a ellos.” En otras palabras, estos hombres, su auto imagen, porque ellos dicen, a nuestro parecer, éramos como hormiguitas, éramos insectos delante de estos hombres grandes y poderosos y fuertes. Y claro, ¿qué pasa? Cuando tu te ves a ti mismo como pequeñito, insignificante, muchas veces otros te van a ver a ti de la misma manera. De la manera en que tu te veas, así te van a ver los demás. Y dicen, y nosotros a ellos les parecíamos también insignificantes.

Una de las cosas que uno tiene que aprender es a encontrar dentro de sí mismo, ese lugar de confianza en uno mismo. La vida depende del tamaño del corazón. La vida depende del tamaño del espíritu. La vida depende de nuestra fe en Dios. No depende de que tengamos un pedigrí académico bien grande o que seamos de una altura muy grande, o que tengamos un apellido importante, o que hayamos hecho grandes estudios. Lo más importante es cómo tu te ves a ti mismo en Dios, porque evidentemente, nosotros los cristianos vamos a ver más adelante, nuestra auto imagen está en Dios, pero sí es importante cómo nosotros nos vemos a nosotros mismos. ¿Tu has hecho análisis alguna vez en tu vida de cómo tu te ves a ti misma o a ti mismo? ¿Cómo la vida te ha formado? Porque de la manera en que tu te veas a ti mismo, conforme a tu auto estima en Dios, así mismo tu vas a actuar en la vida. Y es importante romper esas imágenes deficientes que nosotros tenemos de nosotros mismos. Dice, “Éramos nosotros a nuestro parecer como langostas y así le parecíamos a ellos.” ¿Y qué pasó? Cuando el pueblo oyó este reporte tan negativo de parte de estos 10 hombres se desesperaron, se quejaron. Este era un pueblo quejumbroso, era un pueblo complaining all the time. Los judíos, si usted lee la Escritura, en esos tiempos en que estuvieron en el desierto, se ganaron la mala voluntad de Dios. Siempre han sido un pueblo, desgraciadamente, lo dicen sus propios profetas, ha sido un pueblo de dura cerviz y a pesar de todas las cosas que habían visto al Señor hacer. En Egipto, les dio maná, agua de la peña, hizo milagros en el Mar Rojo abriéndolo, y sin embargo, todo ese record que tenían de intervenciones milagrosas de Dios, no habían sido lo suficiente para inspirar en ellos un corazón aguerrido.

Y cuando escucharon el reporte de estos hombres, se desesperaron, comenzaron a quejarse de Moisés y de Aarón. ¿Por qué nos trajiste a este desierto? Dice que hasta hablaron de poner un capitán y regresar a Egipto otra vez. Terrible insulto contra Dios. Este Dios generoso que los había bendecido, que les había prometido grandes cosas, ya se olvidaron y Dios se molestó tanto con ellos, se sintió tan ofendido por este rechazo tan rápido de los hebreos, y decían el uno al otro, “Designemos un capitán, volvámonos a Egipto.” Y entonces, una vez más vuelven Josué y Caleb a hablarle al pueblo. En el versículo 7, a mitad del versículo dice, “Señores, la tierra por donde pasamos para reconocerla es tierra en gran manera buena.” Ellos reconocen la belleza y la bondad de esta tierra. “Y si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra y nos la entregará, tierra que fluye leche y miel.” Qué bueno es, hermanos, enfocarse en la promesa de algo. Muchas veces nosotros nos enfocamos más en el costo y los peligros de las cosas que en la bendición potencial. Yo creo que la gente positiva mira muchas veces los aspectos positivos de un proyecto y la promesa de un proyecto más que la cosa negativa. Y eso depende muchas veces de lo que está dentro de la persona. ¿Por qué algunos de enfocan en las cosas negativas de la vida y otros se enfocan en lo positivo de ella? Es porque conforme a lo que tu tienes por dentro, así muchas veces tu vas a interpretar los eventos de la vida.

Por eso el Señor dice que si tu ojo es bueno, todo lo que tu ves es bueno. Y si tu ojo es malo todo lo que tu miras es malo. Por eso es que es tan importante que nosotros nos llenemos de cosas buenas, que nosotros nos llenemos de la palabra de Dios, que consumamos buenos principios, palabra animosa, palabra estimulante, palabra que nos levante nuestra fe, porque según nosotros vayamos programando nuestra mente, y vayamos llenando nuestra mente de pensamientos positivos y de promesas de Dios, así nosotros vamos a ser capaces de mirar la vida desde una perspectiva positiva. Y por eso es que Josué y Caleb dicen, hey, “… si Dios se agrada de nosotros, Él nos llevará a la tierra y nos la entregará, por tanto no sean rebeldes contra Dios, no teman al pueblo de esta tierra, porque nosotros los comeremos como pan,” y hasta con un poquito de mantequilla – eso lo pongo yo también. “Su amparo se ha apartado de ellos y con nosotros está Jehová, no los temáis.” Gloria al Señor. Yo quiero ser como Josué y Caleb.

Una de las razones por la cual uno de nuestros nietos, ustedes saben, se llama Caleb, es por el espíritu de Caleb. Y una de las cosas que a mí más me impresionó cuando leí por primera vez, Caleb debe tener como unos 30 años cuando se da este pasaje, pero 40 y pico de años después, 50 años después, cuando Caleb tenía 85 años, era tiempo ya… habían pasado casi 40 de este incidente, porque estuvieron 40 años en el desierto, y ya Caleb tenía 85 años y dice que Caleb se acercó a Josué y le dijo, “hey, ¿tu te acuerdas de aquellos días cuando estábamos llegando a la tierra por primera vez? Y yo tengo 85 años y hay un monte por allí que yo quiero poseer esa tierra y yo me siento poderoso y fuerte a los 85 años como cuando yo tenía 30 ó 35. Entrégame esa tierra y yo la voy a poseer por el Señor.” Ese espíritu que Caleb había proyectado todavía lo seguía a los 85 años. Hermanos, cuántos de nosotros aspiramos así, a cuando tengamos 85, 90 años, ser todavía peligrosos para el reino del infierno. Amén. Muchos de nosotros ya estamos planificando para la decrepitud cuando tengamos 60, y los hijos de Dios, hermanos, tenemos que esperar una vejez bendecida. Amén, eso es. Tenemos que creer que Dios es poderoso.

Yo creo que mucha de las decrepitudes de la vejez es porque nos acostumbramos a creer que así va a pasar y dejamos de mantener nuestras mentes, nuestros espíritus erguidos, alimentados con la palabra del Señor. Y Caleb tenía un espíritu guerrero y por eso les dice, “Mira, si Dios está con nosotros, nosotros vamos a derrotar a toda esa gente.” Y la multitud de los judíos dijeron, ¡guau! qué bueno. Gracias Caleb por recordarnos eso. Te vamos a dar una medalla. Vamos a coger la tierra. No, hablaron de apedrearlos más bien. Se molestaron con ellos y decidieron apedrearlos. Pero Dios intervino y los libró de la ira de la multitud. Y como consecuencia de eso, Dios dijo, ¿sabe qué? Todos esos bambalanes ahí que han dicho mal de la tierra que yo he prometido, ninguno de ellos va a ver la Tierra Prometida. Todos ellos van a morir en el desierto. Y por eso es que los judíos estuvieron 40 años en el desierto. Ese viaje a Canaán debió haber sido unas cuantas semanas o apenas un par de años, porque no era un espacio demasiado grande. Pero como estos hombres y mujeres desperdiciaron la unción de Dios de esa manera y la despreciaron, Dios dijo, “Ninguno de ellos merece mi bendición.”

Hermanos, tengamos cuidado de no desperdiciar y despreciar las bendiciones que Dios nos ha dado. Saben ustedes que el espíritu que Dios ha puesto en nosotros es un espíritu guerrero, es un espíritu de poder. Dentro de ti hay un reactor atómico más poderoso todavía. Tu no lo sabes quizás, pero está dentro de ti, es el poder de Cristo. Es la unción de Dios, es el don del Espíritu Santo. La palabra dice, Pablo le dice a otro joven ministro, a Timoteo, “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por medio de la imposición de mis manos, porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio.” Tu tienes que creer en eso. Tu tienes que vivir tu vida haciéndote consciente del gran poder que está dentro de ti. No hay excusa. Desperdiciar el poder de Dios que está en nosotros es insultar a Dios prácticamente. No vivir una vida emprendedora, entusiasta, animosa, es un desperdicio de la gracia que Dios nos ha dado, hermanos. Nosotros tenemos el deber de honrar el don que está en nosotros viviendo vidas agresivas, vidas emprendedoras. Nosotros no podemos vivir como viven los demás que no tienen ese poder de Dios. Tenemos que vivir vidas de excelencia. La palabra ‘no puedo,’ la expresión ‘no puedo,’ debemos desterrarla de nuestra vida. Como hijos de Dios debemos decir más bien ‘todo lo puedo en Cristo que me fortalece,’ eso lo decía el Apóstol Pablo.

Y hay ahora mismo una cantidad de proyectos que Dios quiere que tu emprendas. Dios quiere que tu tomes tu mente y la desarrolles. ¿Cuántos de nosotros nos despertamos por la mañana creyendo que tenemos 24 horas para llevar nuestra mente a otro nivel, para ver un buen documental o leer 10 páginas de un libro, o pulir nuestras destrezas tecnológicas, o tener una buena conversación con alguien que nos ilustre, nos bendiga? ¿Cuántos de nosotros creemos que la vida es un gran proyecto de auto superación? Porque Dios nos ha dado tal capacidad que no podemos desperdiciar la unción de Dios, que tenemos que honrar a Dios con la grandeza de nuestra existencia, que al vivir vidas de excelencia nosotros estamos proyectando y reflejando las bendiciones de Dios. Tenemos que vivir vidas ambiciosas, hermanos, vidas que vayan de bueno a mejor a mejo siempre. ¿Por qué? Porque Dios ha puesto grandeza dentro de ti. El don ya está dentro de ti. Todo depende de que tu lo uses y lo desarrolles para gloria de Dios. Y por eso es que Josué y Caleb y esta gente que hizo todo lo contrario, representan dos formas de usar los dones del Señor. El éxito en la vida, como yo decía, a menudo está relacionado con la auto estima y la imagen que nosotros tenemos de nosotros mismos. Estos 10 espías se vieron como pequeños. Josué y Caleb se veían como gigantes delante de Dios. Si nosotros nos consideramos, hermanos, competentes y dignos en Dios, esto nos dará la confianza para afrontar grandes desafíos, para creer que todo lo que emprendamos en el nombre del Señor será exitoso y tendrá duración.

El Apóstol Pablo en Segunda de Corintios, capítulo 3, dice hablando de los discípulos que él pudo crear a través de su ministerio, “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios, no que seamos competentes por nosotros mismos…” Fíjese, Pablo dice, Dios me ha permitido hacer grades cosas, levantar hombres y mujeres de Dios, crear un ministerio floreciente, y no es porque yo sea competente por mí mismo. Porque nosotros los cristianos, yo veo muchas veces predicaciones o mejor dicho, charlas de auto estima, motivación, etc. pero muchas veces la idea es que tu lo tienes en ti, tu tienes el poder, tu tienes la dotación, pero no mencionan en quién está esa dotación. Nuestra dotación no está en nosotros mismos, está en el poder de Dios que reside dentro de nosotros. Hay una diferencia. Entonces, Pablo dice, “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.” Los hijos de Dios combinamos de una manera bella una humildad radical con una confianza radical también. Es una capacidad para saber que yo puedo pero también que lo puedo en Cristo, no en mí mismo. Y en ese balance nosotros encontramos una grandeza excepcional.

Las personas emprendedoras generalmente poseen ese centro dentro de ellos. Es como una plataforma o un core, un núcleo interno muy saludable que les permite verse a sí mismas como personas sanas y merecedoras de la bondad de Dios. Los cristianos saben que esa salud interna no proviene de ellos sino de ese Dios amoroso que los ha adoptado y les ha otorgado ese mérito que ellos poseen. Por eso el Apóstol Pablo, también hablándole a Timoteo dice que Dios nos salvó y nos llamó con un llamamiento santo no según nuestras obras, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. Lo que tu has recibido, lo que tu tienes, Dios te lo ha dado inmerecidamente y tu lo tienes, es tuyo. Yo sé que ninguno de nosotros es perfecto, todos tenemos errores, todos tenemos defectos. Ninguno de nosotros puede decir, “lo que yo tengo es porque Dios me lo dio, o mejor dicho, porque yo me lo merecí y porque Dios me lo dio porque yo me lo merezco.” Todo lo que tenemos es por gracia. Los dones que nosotros tenemos son por gracia. No dejemos que el diablo nos condene, nos robe la bendición simplemente porque no tengamos un record perfecto. El amor de Dios nos hace competentes y nos hace merecedores de su gracia.

Cuando nosotros nos concentramos en nuestras deficiencias o un historial personal deficiente, o en experiencias de vida negativas que han moldeado nuestra imagen de nosotros mismos, entonces, claro, naturalmente nos faltará la confianza para emprender acciones ambiciosas. Si tu has tenido un pasado de abuso, de haber cometido graves errores, de fracasos en tu vida, muchas veces sin darnos cuenta nuestro cerebro está tocando esa grabación deficiente del pasado. Y entonces, cuando viene algo nuevo a nuestra vida, cuando viene una tarea, ahí atrás está diciendo nuestro subconsciente, no puedes, no mereces, no debes. Y tenemos que librarnos de ese record pasado y dejar que la palabra del Señor nos programe. Ahora, cuando nosotros nos vemos como Josué y Caleb armados del poder de Dios, respaldados por Dios, por sus promesas, por su fidelidad, cuando sabemos que tenemos la sabiduría de Dios dentro de nosotros, entonces, nos sentimos libres para emprender grandes acciones con confianza. Josué tenía este sentido de confianza y dignidad. Él lo tenía desde joven porque había caminado con Moisés, él era un discípulo de Moisés. Moisés lo había adoptado y lo había mentoreado, es decir, que él ya tenía ese programa positivo dentro de él. Pero años después, cuando llegó el momento de entrar a la Tierra Prometida y finalmente confrontar a esos gigantes, Dios se le apareció de nuevo y le habló para infundirle confianza. Yo me imagino que Josué se sentía ¡guau! ¿Cómo puedo yo ahora suplantar? ¿Cómo puedo yo superar las acciones de Moisés, mi mentor? Porque ya Moisés había muerto y ahora él tenía que entrar a la Tierra Prometida. Y el Señor, generosamente se le apareció y le habló a través de su ángel y le prometió… Y estas son palabras para nosotros también, “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida.”

Tenemos que creer esto, hermanos, que Dios nos va a respaldar y que nos enemigos van a ser avergonzados y que vamos a derrotar toda arma forjada contra nosotros. Dice, “Como estuve con Moisés estaré contigo.” ¿Por qué? Porque muchas veces, hermanos, nosotros nos sentimos como que sí, Dios está con el pastor, Dios está con ese gran diácono, Dios está con mi abuela que era una mujer de oración y de ayuno, pero conmigo no. El Señor está contigo también. No importa que tu seas nuevo en el Evangelio. El mismo poder de de que estuvo con otros, estará contigo también. “Como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente.” Esas palabras me persiguen todos los días de mi vida en mi ministerio. Cuando vienen situaciones abrumadoras, yo creo que Dios es poderoso para sacarnos adelante. Cuando entró esta pandemia, hermanos, creo que se lo he dicho antes, los primeros días, marzo, finales de marzo, yo me senté… porque es bueno planificar, me senté con el ejecutivo de la congregación, Joxmar Rodríguez, él dirige las finanzas y el personal y todo eso. Y Joxmar y yo nos sentamos, porque yo hice las matemáticas y dije, uhm, la gente no puede venir a la iglesia, ¿cómo nos irá financieramente? Hicimos planes para cortar los salarios significativamente. Hicimos proyecciones porque hay que hacerlos muchas veces. Pero yo entendí también que no podía simplemente dejarme amenazar por la situación, sino que teníamos que ir a la contraofensiva también. El reto parecía grande, pero entonces, Dios nos dio la sabiduría. Una de las cosas que nosotros teníamos era que teníamos buena tecnología. A través de los años Dios nos había permitido desarrollar la capacidad para hacer live streaming de nuestros servicios, así que montamos eso. Me di cuenta que necesitábamos tecnología para ayudarnos a que la gente pudiera dar dinero a través del internet. Y comenzamos a animar al pueblo para que mandaran sus ofrendas a través del internet. Y muchos de ustedes escucharon el llamado, se pusieron las pilas, comenzaron a usar la aplicación de la iglesia para dar por internet, y de esa manera la iglesia pudo tener una igualdad, una estabilidad en los ingresos. Desde que pudimos, mayo 31, cuando el gobernador les dio permiso a las iglesias para abrir, inmediatamente abrimos la iglesia y hemos animado a la gente a venir.

Y si hoy nuestro santuario está como está, lleno de personas, y el otro del otro lado, es porque creímos que Dios está con nosotros, que teníamos que guardar distancia social, que teníamos que usar nuestras mascarillas. Yo les aseguro que yo soy el primero que aborrezco tener que usar mascarillas, pero sé que es importante, que hay que ser responsables delante de nuestra ciudad, nuestras autoridades civiles, delante de unos a los otros, y por lo tanto hemos guardado todas las reglas. Pero no permitimos que esta crisis nos golpeara. Eso es la resiliencia. Eso es creer que Dios es poderoso. Y hemos visto, hermanos, tantas bendiciones de Dios. Hemos aprendido a usar la tecnología, hemos aprendido a usar Zoom, hemos aprendido a tener reuniones de otras maneras. Y todo eso ha permitido que nosotros, no solamente sobrevivamos, sino que superemos la crisis. Yo sinceramente creo que León de Judá hoy por hoy, es más fuerte como comunidad que lo que éramos hace un año porque eso es lo que pasa cuando uno confía en el Señor. Uno ve las crisis, uno ve los gigantes, no es que uno los niegue. Josué y Caleb sabían que había gigantes en la tierra, pero ellos dijeron, en el nombre del Señor nosotros lo superaremos. Y eso es lo que tu tienes que hacer en tu vida también. Tu tienes que creer que no importa la situación que pase, no importa cuán difícil sea el enemigo, tu puedes salir adelante y puedes usar las pruebas y las pérdidas y los retos como algo que te va a sacar adelante, porque Dios no te desampara. Dios te dice, esfuérzate, sé valiente. No te dejes hipnotizar por la serpiente. Mira a tu alrededor, ve qué puedes hacer, y sal adelante. Ser esforzados y valientes.

Dios te da la palabra de bendición pero tu entonces tienes que encargarte de hacer tu parte. Dice, “Esfuérzate y sé valiente porque tu repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó.” Y ahí hay una serie de instrucciones que Dios le da a Josué bien importantes: fundamentarse en la palabra del Señor, ser obediente a la palabra, llenarse de la palabra de Dios. “No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Saben hermanos, que hay algo… muchas veces nosotros tenemos un programa deficiente tocando en nuestro subconsciente. Es el programa que la vida nos ha infundido a través de pérdidas, a través de abusos que hemos recibido, a través de una formación infantil deficiente, a través de heridas, abusos, errores que hemos cometido, pecados que hemos cometido, y eso ha infundido en nosotros un programa negativo, un programa de desánimo. Pero nosotros tenemos que cambiar ese programa. ¿Cómo lo vamos a hacer? Reprogramándonos por medio de la palabra de Dios, consumiendo buena palabra, escuchando la palabra del Señor, leyéndola, escuchando buenos sermones, asistiendo a la iglesia, estudiando como hacemos muchos, los discipulados, manteniéndonos activos en las cosas del Señor. Eso va cambiando nuestro programa mental y nos va infundiendo entonces, un programa de éxito, de esperanza, de dotación de poder, de capacidad. Y por eso es que esa palabra no se debe apartar de nosotros, debemos consumirla. Yo celebro muchos de ustedes que están… ¿Cuántos todavía están leyendo su Biblia en un año? Muchos. 160 personas de la congregación están leyendo y hemos visto, he visto después de décadas de ministerio, cómo leer la palabra del Señor así en una forma persistente, sistemática, todos los días, todos los días, en una forma coherente, hace un trabajo increíble en nosotros.

Josué y Caleb ellos vieron a los gigantes, los reconocieron pero optaron por centrarse en la belleza y la fecundidad de esa tierra a la cual Dios los había llamado. Y ellos dijeron, si Dios está con nosotros, vamos a vencer. Los hijos de Dios no nos preocupamos tanto por las circunstancias alrededor de nosotros, nos preocupamos por las promesas que Dios nos ha dado. Nos preocupamos para asegurarnos de que seamos agradables a Dios, de que nuestra vida agrade al Señor, de que nosotros estemos haciendo nuestra parte. Nos examinamos y reconocemos que no somos perfectos. Hay muchas cosas en nosotros que necesitan mejorar, pero sabemos que tenemos un Dios misericordioso, compasivo, pero fiel, comprometido, que nos ha dicho, “Entra a la tierra, poséela, yo estoy contigo. Esfuérzate. Emprende cosas nuevas, nuevos proyectos.” Yo les digo, en este tiempo de mi vida estoy emprendiendo un proyecto también que… Meche sabe, no hemos hablado mucho en público de eso, es un proyecto personal pero yo he dicho, lo voy a emprender en el nombre del Señor para nuestra propia vida familiar. Y yo creo que Dios es más que poderoso para bendecirnos en ese proyecto y darnos éxito.

¿Cuál es tu proyecto en la vida? ¿Dónde está aquello que tu quieres lograr? Puede que sea un proyecto de superación personal, puede que sea algún defecto, algún mal hábito que tu tienes en tu vida, alguna potestad o algún principado mental, emocional que tu tienes en tu vida. Puede que sea que tu quieres mejorar tu matrimonio y llevarlo a otro nivel, o puede que sea algo que tu quieres emprender, un nuevo trabajo, una nueva destreza, un hijo que tu quieres traer a los conocimientos del Señor, quizás tu quieres acercarte más a Dios y entregar tu vida más al Señor y dar pasos de fe, ser más consistente en tu vida devocional. Hay muchas cosas y muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a decir, no, yo no puedo. Eso es demasiado difícil para mí. He tratado en el pasado y no puedo. Pero hoy es el tiempo en que tu puedes mirar a esa tierra que está delante de ti. Hoy es el tiempo en que tu puedes decir, aunque esos gigantes son grandes, en el nombre del Señor yo los voy a vencer. Nunca asumas que ninguna cosa de este mundo es demasiado amenazante para ti, porque lo único que tu necesitas es el poder de Dios a tu favor. Si Dios se agrada de ti, el Señor te dará la victoria. Vamos a vivir vidas excelentes. Vamos a honrar ese Dios de grandeza y de excelencia que nosotros tenemos. Vamos a hacerle honra a las bendiciones que Él ha puesto en nosotros.

Yo te invito. Vamos a ponernos de pie en el nombre del Señor ahora. Y vamos a hacer un pacto con Dios de que vamos a vivir vidas victoriosas en nombre del Señor. Y nombra tu gigante, imagínate esa tierra que está delante de ti, imagínate ese proyecto que tu quieres emprender, imagínate ese reto que tu tienes por delante, pero también imagínate que Dios va contigo como poderoso gigante a tu lado y que Él dice, “Nunca de dejaré y nunca te desampararé. Yo te he entregado toda la tierra que pise la planta de tus pies.” Cuando tu llegues a los 85 ó los 90 años, tu estará, como dice la palabra, “estarán vigorosos y verdes para anunciar que Jehová, mi fortaleza, es recto aún en la vejez fructificarán.” Cree que Dios tiene buenas cosas para ti. Cree que lo mejor está por delante. Cree que si Dios es contigo, quién contra ti. Cree que si Dios te ha justificado, quién te podrá condenar. Cree que aunque pases por el fuego o por las aguas tormentosas, las aguas no te ahogarán y el fuego no arderá en ti. Cree que tu condenarás toda lengua que se levante contra ti en acusación. Cree que el Señor será fiel para no permitir que tu seas avergonzado. Porque la palabra dice que no serán avergonzados cuantos en Él confían. Únete a la tribu de Josué y de Caleb en esta tarde.

Padre, en el nombre de Jesús yo declaro victoria desde ya. Y Padre, dota a tu pueblo en esta tarde con un compromiso grande y una confianza, y un sentido de llamado de que tu estás con nosotros y que por lo tanto, podemos entrar a la Tierra Prometida, porque los pensamientos que tu tienes para nosotros son pensamientos de bien y no de mal, para darnos el fin que esperamos. Gracias porque hasta aquí nos ha ayudado Jehová. Gracias porque hasta aquí tu has mantenido esta familia de León de Judá saludable y fuerte. Gracias porque sí hemos pasado por el fuego, y hemos pasado por las aguas, pero aquí estamos victoriosos, aquí estamos esperanzados, aquí estamos con un futuro glorioso que tu tienes para nosotros. Aquí estamos con nuestras medallas, aquí estamos con las heridas que hemos adquirido, pero así estamos también como guerreros decorados que han experimentado victoria, no por nosotros mismos, sino porque tenemos un Dios misericordioso. Y yo bendigo a este pueblo, bendigo a esta congregación, Señor, y te pido que 20, 30, 40 años en el futuro, si Cristo no ha venido todavía, este pueblo siga más fuerte que nunca, Padre, que hayamos navegado las tormentas de la vida y hayamos salido mejor que nunca. Y creemos que lo mejor está por venir, Padre, que tu tienes grandes cosas para nosotros, que veremos tu gloria, que veremos tu poder, que saldremos airosos de toda prueba. Removemos la mente derrotista, Señor, removemos el espíritu fracasado. Nos despojamos de ese manto de tristeza, de luto, de derrota, y nos vestimos con la armadura de Dios. Llénanos de un coraje, un valor nuevo esta tarde, Padre. Nos afincamos en ti. Pueblo de Dios yo te invito, levanta tu mano ahora en señal de recibir de Dios.

Di, Padre, recibo tu gracia en mí. Recibo tu poder en mí. Recibo nuevas fuerzas. Declaro victoria en el nombre del Señor. Y si tu no has conocido a Cristo como tu Señor y salvador, yo quiero decirte que todas estas promesas requieren a Jesús, así que te invito en esta tarde a hacer tu pacto con el Señor también, ahí donde tu estás. Invita a Cristo a entrar en tu corazón. Invita al poder de Dios a entrar a tu vida. Dile, Señor, te recibo. Recibo tu poder en mi vida. Yo reconozco que soy pecador, reconozco que necesito de tu gracia. Reconozco que Cristo es mi Señor y mi salvador y lo confieso en esta tarde, y lo invito a entrar a mi corazón y a mi vida, y acepto y recibo tus dones y tu poder. Te invito a continuar buscando de Dios. No trates de pelear tus batallas tu solo. Como Josué y como Caleb, invita el poder de Dios. En Cristo Jesús tu puedes vencer. Te damos gracias Señor. Te adoramos, te exaltamos. Sácanos de aquí llenos de confianza, Señor. Perdónanos por dudar, por mirar alrededor de nosotros y ver a los gigantes en vez de mirar al Dios todopoderoso que nos dice, entra a la tierra y poséele. Gracias, Padre. Gracias, Señor. Gracias porque tu nos has dado la victoria en el nombre de Jesús, y el pueblo de Dios dice, amén. Sean bendecidos mis hermanos. Yo les bendigo.