
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El poder de la resurrección es una realidad en nuestra vida, aunque a veces no la veamos. Las mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús pensaban que la tumba estaba ocupada, pero no sabían que Él había resucitado. Ellas creían que una piedra gigante impedía la entrada, pero no sabían que ya había sido removida. Igualmente, muchos creyentes piadosos no viven en el poder de la resurrección. Pero el Señor quiere que vivamos vidas victoriosas, aguerridas, con esperanza en nuestros corazones. Recordemos que somos ricos y millonarios en Cristo Jesús, y que podemos vencer cualquier problema gracias al poder de la resurrección.
El poder de la resurrección ya es nuestro, aunque no lo veamos. Debemos vivir en el poder de la resurrección y no por emociones. El poder de la resurrección opera por fe y no por vista. Caminemos por fe y no nos detengamos por obstáculos. El poder de la resurrección no es para los dotados, sino para los esforzados. Estemos disponibles para honrar al Señor y estar en el lugar preciso en el momento preciso.
El poder de la resurrección no es para los dotados, sino para los esforzados. Las mujeres fueron las primeras testigos de la resurrección porque estaban disponibles y querían honrar al Maestro. Dios no se preocupa si eres hombre o mujer, nuevo convertido o de muchos años, conozcas mucha teología o no, o tengas muchos talentos naturales o no. Lo único que te distinguirá de la multitud es tu capacidad para creerle al Señor. Dios nos llama a buscar ese poder y a moverse en él. La decisión más grande que puedes hacer es invitar a Cristo a entrar a tu corazón. Mis hermanos, les bendigo y declaro la gracia del Señor sobre sus vidas, sus hogares, sus hijos, sus trabajos, sus cuerpos, sus luchas, sus aflicciones. Dios les bendiga.
En Marcos, capítulo 16 tenemos la narrativa por excelencia acerca de la resurrección. Dice allí que “Cuando pasó el día de reposo…” – es decir, el sábado, el Señor fue crucificado viernes. Estuvo en la tumba parte del viernes, sábado todo el día, resucitó un domingo como hoy – “Cuando pasó el día de reposo María Magdalena, María, la madre de Jacobo y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.” Ellas iban a ungir un cuerpo muerto, un cuerpo residente en esa tumba. Pero el Señor ya no estaba allí, gloria a Él en su nombre. “Y muy de mañana, el primer día de la semana – precisamente un domingo – vinieron al sepulcro ya salido el sol.” – de madrugada. Pero tenían un problema, “Ellas decían entre sí, ¿quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?” Y esa es la pregunta que nosotros nos hacemos muchas veces cuando estamos pasando por tribulaciones, dificultades, cuando queremos hacer algo grande que nos atemoriza, nos intimida. La pregunta es, ¿quién nos va a quitar esa piedra, esa inercia que nos frena, que nos impide llegar a nuestras metas? “Pero cuando miraron vieron removida la piedra que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven – lea un ángel – sentado al lado derecho cubierto de una larga ropa blanca y se espantaron. Más él les dijo, “No os asustéis,” – más fácil decirlo que sentirlo, porque ellas estaban aterradas. “No os asustéis, ¿buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el lugar donde le pusieron. Pero oíd, decid a sus discípulos y a Pedro, que Él va delante de vosotros.” Ese sería un buen título para este sermón. Él va delante de vosotros. “Allí le veréis, como os dijo – y yo creo que ahí puede haber habido un poquito de regaño, como os dijo, porque Él les había dicho lo que iba a suceder y todo, incluyendo su resurrección, pero no fueron capaces de creerle. “Allí le veréis como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro porque les había tomado temblor y espanto.” Parece que no fueron muy efectivas las palabras del ángel, “No os asustéis,” fueron temblando, llenas de temblor y espanto. “Y no decían nada a nadie.” De nuevo, el ángel les había dicho que vayan y den testimonio. “… no decían nada a nadie porque tenían miedo.”
Hermanos, la resurrección es el hecho culminante del dramja de la salvación. El nacimiento de Jesús definitivamente es uno de los momentos clave del cristianismo, la navidad. Pero la resurrección es en realidad lo que apertrecha, fortalece toda la demás narración de las Escritura. Porque sin la resurrección Jesús sería un mártir más, un genio religioso como Mahoma, como Buda, como Confucio, el maestro asiático. Ninguno de esos hombres, grandes como eran y habiendo fundado religiones muy grandes, jamás pretendió él o sus discípulos de que ellos resucitarían de entre los muertos. Solamente el cristianismo tiene la audacia de decir que su Fundador resucitó, que su Fundador no se quedó en la tumba. Y los primeros discípulos reconocían que la resurrección de Cristo era la base de todo lo demás, y que ellos habían sido llamados a ser testigos a los demás de que Cristo había resucitado. Y por eso, cuando Judas hizo lo que hizo y se ahorcó y quedaron solamente 11 de los 12 discípulos que el Señor había establecido como fundadores, como piedras de balance y de fundación para la fe, ellos decidieron buscar a un discípulo número 12 en sustitución de Judas, resultó ser Matías. Esto está registrado en el Libro de los Hechos. Y se dice que ellos querían escoger a un doceavo discípulo que fuera testigo de la resurrección de Cristo, con los otros 11. Así que para ellos ese apostolado era para testificar que Cristo había resucitado. Así era de importante la resurrección del Señor para los primeros cristianos.
Primera de Corintios, capítulo 15, versículo 14, el Apóstol Pablo dice que “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe.” La resurrección es ese punto que cierra todo lo demás. Ahora, la resurrección no es solo un hecho histórico que afirmamos que sucedió de hecho en el pasado, no es solamente algo que nos invita a mirar a lo que se dio, sino también nos invita a mirar hacia el futuro también porque la Biblia dice que nosotros también vamos a ser resucitados con Cristo un día, que un día cuando el Señor venga en su Reino, los que están muertos dice que serán levantados del polvo, sus cuerpos regenerados y los que estén vivos también van a experimentar una resurrección en un sentido de que sus cuerpos van a ser transformados mientras se unen con Cristo en los aires. Entonces, la resurrección nos invita a recordar que en el futuro también la resurrección de Cristo tiene implicaciones para nuestro futuro. Y de hecho, es importante que nunca perdamos, hermanos, el enamoramiento, digamos, de la resurrección. Recordemos siempre que nosotros debemos mirar. El viernes pasado yo decía que según la palabra, que Cristo por el gozo puesto delante de Él menospreció el oprobio y el sufrimiento porque Él tenía un gozo que tenía delante de Él. Él sabía que Él iba a ser resucitado y que iba también a ser origen de muchas resurrecciones, de billones de seres a través de la historia. Y eso le permitió a Él soportar las dificultades y las tribulaciones. Y nosotros debemos recordar siempre eso, hermanos. Cuando nos duelen los músculos, cuando nos levantamos y estamos achacosos, cuando vienen los sinsabores, las dificultades, las decepciones de la vida, tenemos que recordar también que un día dice que el Señor enjugará toda lágrima de nosotros. Amén. Todas las dolencias serán terminadas. Este mundo es pasajero. Y no podemos olvidar eso, que estamos aquí de paso. Somos peregrinos y extranjeros que vamos hacia una resurrección futura. Esto es un momento aquí solamente. Recordemos eso, no olvidemos el futuro glorioso que Dios tiene para nosotros.
Entonces, la resurrección mira hacia el pasado, un hecho histórico, mira hacia el futuro, algo poderoso y glorioso por venir, pero ¿sabe qué? También la resurrección apunta hacia el presente, el ahora y el aquí. Hay algo también que nosotros tenemos que recordar acerca de la resurrección. La resurrección de Cristo nos dice mucho acerca de cómo nosotros podemos vivir ahora cada día cuando salgamos de aquí. Pablo, por ejemplo, habla de que él quiere conocer a Cristo y el poder de su resurrección. ¿Por qué Pablo quería conocer el poder de la resurrección de Cristo? Porque él sabía en esa resurrección había poder también para él. Había una consecuencia de la resurrección para su propia vida. La resurrección es, yo diría, es como una zona virtual, espiritual donde nosotros habitamos. Es una zona de poder, de redención, de esperanza, de capacidad, de vida efectiva, y poderosa. Nosotros vivimos en el poder de la resurrección. La resurrección es el máximo representante del poder de Dios para vencer toda tiniebla, toda amargura. La muerte de Jesús fue un choque de poderes, un conflicto de poderes, entre la luz y las tinieblas, la vida y la muerte, el diablo, Satanás, con todas sus tinieblas, y el nuevo Adán que es Cristo Jesús, y las tinieblas fueron derrotadas por la resurrección. Amén. Por eso Pablo dice retóricamente, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Sorbida es la muerte,” dice él, “en la resurrección por la vida.”
La muerte del Señor nos dice que todo creyente, cuando tu entras en Cristo algo nuevo sucede. Algo sucede y es que tu eres trasladado literalmente de este mundo al trono celestial de Dios. Yo digo que esto es como un cambio de estatus legal. Cuando tu recibes a Cristo Dios te cambia de ser un mero ser humano separado de Dios, ilegítimo, y te adopta y te hace hijo. Te entra en una nueva dimensión legal, judicial, un estatus nuevo. Ahora tu habitas, dice la Biblia, en los lugares celestiales. Tu habitas al lado del Padre. Tu habitas junto a Cristo. Así lo dice la palabra. Dios nos sentó al lado del Padre, a la diestra de Él, junto con Cristo. Nosotros estamos aquí ahora cierto, estamos aquí en Boston, pero en un sentido estamos también en el cielo. Nuestro estatus que Cristo ha abierto, el lugar de la resurrección.
Colosenses, capítulo 1, versículos 12 y 13, dice “El Padre nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz, y nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” Diga amén. ¡Aleluya! Tu has sido trasladado, tu has sido transportado por medio de Cristo en una transacción espiritual, Dios te ha transportado. Y aunque tu caminas en el mundo físicamente, pero recuerda que sobre todo, tu caminas legalmente, judicialmente, en términos de los derechos que tu tienes, en los lugares celestiales. Así lo declara la palabra Efesios, capítulo 1 también. Dice, “El Padre nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales con Cristo.” ¿Tu sabes que tu eres rico? Tu eres millonario, eres billonaria en Cristo Jesús. Tu tienes todas las riquezas, todas las bendiciones espirituales del Reino de Dios están dentro de ti. Así que celebra eso. Amén. Tienes una gran, gran herencia por medio de Cristo Jesús. Ahora, es triste que para muchos de nosotros, para muchos creyentes, y a veces yo mismo que predico, caigo en esa duda, y no camino como ese ser inmensamente rico. Para muchos creyentes ese maravilloso estatus que el Señor ha hecho posible, no nos ha resplandecido. Nuestra mente no ha hecho el ajuste necesario. Yo creo, hermano, ¿sabe qué? Que la capacidad para dar fruto en la vida cristiana, la capacidad para disfrutar de la vida, estriba en esa capacidad para nosotros cambiar de canal y cambiar de mentalidad. Y para mí, es una lucha continua recordarme a mí mismo que yo no soy un mero mortal luchando con las circunstancias, que hay poder en mi vida, hay recursos que yo tengo, hay una identidad nueva que yo tengo en Cristo Jesús y eso me capacita para luchar con los problemas de la vida. ¿Quién no tiene problemas, de paso, aquí hoy? ¿Quién puede decir, yo no tengo ningún problema, no tengo nada que me aflija, no tengo ninguna limitación? Ninguno de nosotros. Pero por el poder de la resurrección, nosotros podemos vencer de toda situación.
El Apóstol Pablo dice, “Antes en todas estas cosas somos más que vencedores.” Y él acaba de decir, ¿quién nos separará del amor de Cristo? Tribulación o angustia, o hambre o desnudez, o peligro, o espada, él dice, “Antes ninguna cosa creada podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús.” Él habla de que caminamos, somos muertos todo el día, siempre participamos de la muerte de este mundo, pero en Cristo Jesús somos más que vencedores en todas las cosas. Así que Dios no nos libra de las angustias y los problemas, lo que Él nos dice es, “Yo estaré contigo y Yo te daré victoria sobre todos tus gigantes, todos tus problemas, porque Yo te he dotado con poder.” El Señor le dijo que Josué, “Yo te he entregado toda la tierra que pise la planta de tus pies.” Hermanos, tenemos que meternos una inyección de capacidad, de positividad. Entonces, dice, “Mire que te mande que te esfuerces y seas valiente.” Esa es la parte que es importante. Pero tenemos nosotros que recordar que el Señor nos ha dado ya la victoria. Tu no puedes ser vencido. La victoria que Dios te ha dado como hijo de Dios ya tu la tienes, y ahora camina en esa victoria. Somos reyes, somos sacerdotes, dice la Biblia. Muchas veces vivimos como pordioseros. Pídele al Señor que te ayude a cambiar de canal y que tu puedas vivir en el poder de la resurrección. Porque de eso se trata este pasaje en Marcos 16. Dios lo aprieta en una narración muy bella, muy simbólica, muy literaria.
Y hay tres cosas que yo quiero compartir contigo acerca de ese poder de la resurrección. Y lo primero ya lo he sugerido, pero quiero señalarlo ahora a la luz de estas mujeres, porque ellas miran su realidad y creen que son impotentes, son incapaces. Y lo primero que la palabra nos recuerda es que el poder de la resurrección ya es nuestro, ya es una realidad en nuestra vida aunque nolo veamos. Porque estas mujeres, ellas van hacia una tumba que ellas creen que está ocupada por el cuerpo del Maestro. Ellas no saben que Cristo ha resucitado. La realidad ha cambiado pero ellas no lo saben. Ellas viven como si todavía fuera el viernes de la crucifixión. A su mente no ha amanecido la victoria del Maestro. Ellas creen que la tumba está impedida por una piedra gigantesca y se preguntan ¿quién nos quitará la tumba? Mujeres débiles, impotentes, y aún si fueran hombres fuertes no hubieran podido remover una piedra tan grande que cubría la entrada. Ellas no saben que ya todo eso perdió importancia. El Maestro no está muerto. La piedra no está en frente de la tumba. Ya ellas han sido liberadas para constatar el hecho de la resurrección. Y estas mujeres se parecen bastante a muchos de nosotros que todavía no nos ha amanecido el hecho de que Cristo ha resucitado. Hay tantos creyentes que son piadosos pero no viven en el poder de la resurrección. Y nuestro cometido pastoral es invitarles a todos ustedes y a mí mismo a nunca perder de visión el hecho de que nosotros no somos seres comunes y corrientes. El Señor, por medio de Cristo, derrotó la tumba, la muerte, el diablo, todo lo que provee inercia en nuestras vidas. El Señor quiere que vivamos vidas victoriosas, vidas abundantes, vidas aguerridas, vidas con esperanza en nuestros corazones. Cada día que nos levantemos tenemos que despojarnos de esa ropa húmeda y fría que la vida nos quiere tirar sobre nosotros y recordar que todo lo podemos en Cristo Jesús que nos fortalece.
Estas mujeres van en un sentido derrotadas. Ella van a ungir un cuerpo muerto. Ese cuerpo ya no está muerto, está vivo. Ellas van a contender contra una piedra que ya ha sido removida por el ángel. Hermanos, tenemos que batallar cada día. La batalla del cristiano está en la mente. Yo estoy convencido que lo que nosotros necesitamos es ser despertados al poder que Dios ha hecho posible por medio de su resurrección. Es una capacidad para creerle al Señor. Los atletas saben, los músicos también saben, los artistas saben que mucha de su creatividad y de su capacidad depende de cómo ellos se perciben a sí mismos. Por eso usted ve que ellos siempre tratan de hablar positivamente, que van a hacer esto, que van a hacer lo otro, que pueden hacerlo. Y hoy en día se ha llevado a un punto de exageración, pero la verdad que cuando un hombre o una mujer comienza a dudar de su capacidad, de su identidad, ahí ha perdido la mitad de la batalla. Porque conforme a tu fe te será hecho, conforme a tu visualización, conforme a lo que tu crees. Y yo te animo cada día a visualizarte a ti mismo como ya dotado con el poder de Dios, que no hay nada que pueda vencerte. Que aunque la realidad alrededor de ti diga lo contrario, no depende de tus emociones. Tenemos que aprender, hermanos, que no podemos depender de nuestras emociones, porque sino no haríamos nada. ¿Cuántas veces nos levantamos y lo primero que nos asalta es ese problema con el cual estamos contendiendo? Y ahí es donde nosotros tenemos que no dejarnos abrumar por esa sensación y decir como Pablo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Los cristianos no vivimos por emociones, hermanos. Ese enchufe tenemos que sacarlo y quitarle su capacidad para comunicarnos esa energía negativa. Tenemos que aprender que nosotros no vivimos por emociones, vivimos por todo lo que Dios ha declarado sobre nuestra vida, todo lo que está en la palabra de Dios, que Dios nos ha dicho, “Yo te envío en el poder de mi espíritu.” Ve en ese poder. Cuando el ángel le habló a Gedeón en la cueva, Jueces, capítulo 6, creo que es, y le dijo, “El Señor está contigo, varón esforzado y valiente.” ¿Y qué le dice Josué? “Ah, si así fuera, ¿por qué estamos nosotros aquí escondidos, recogiendo el trigo y yo soy el más pequeño de mi tribu, la tribu más pequeña de todo Israel?” Él no escuchó lo que el ángel le decía, “Es Señor está contigo.” Y cuando el ángel termina de hablar con él le dice, “Ahora ve en este poder.” Fue que el ángel le dotó de un poder, le dotó de una autoridad. Gedeón cuando salía de esa cueva, temeroso, trillando el trigo para que no lo vieran, ahora era un hombre diferente, era un hombre que tenía el poder de Dios en él. Ahora él podía hacer cosas. Y muchas veces Dios nos unge, nos capacita, pero nada cambia alrededor de nosotros. Nos sentimos igual. Nos sentimos como que nada ha sucedido.
Cuando a David lo ungieron, yo me imagino que él no sintió nada. Samuel derramó una redoma de aceite sobre él, lo ungió como rey de Israel pero David siguió el mismo de siempre. Pero dice la Biblia que desde ese día en adelante el espíritu del Señor visitó a David. Y llegó un momento en que él se encontró en el campo de guerra visitando a sus hermanos. Fíjese que todavía era Davicito, no era el guerrero. Sus hermanos eran los que estaban en la guerra. David era el que cuidaba las ovejas. Después de ser ungido siguió cuidando ovejas, pero algo había cambiado en él. Dios lo había preparado y lo había dotado. Y ahí él tenía una fuerza atómica dentro de él. Y cuando llegó el momento que él escuchó al gigante retar al pueblo de Dios y maldecir a Dios, ese poder se despertó dentro de él y él acometió al gigante y lo venció, porque el poder estaba en él. Y yo creo, hermanos, que nosotros tenemos que entender eso, que el poder está conmigo. Dite ahora mismo, el poder está conmigo. Créelo en el nombre de Jesús. Dios está contigo. La unción de Dios está sobre ti, aunque no lo sientas. No vivas la vida por emociones. Pelea contra las emociones cada día porque es lo que la boca de Dios ha dicho sobre ti, eso es lo que importa. Y vamos a vivir vidas así, porque ya el poder de Dios está en nosotros. Esas mujeres aunque no lo sabían, ya el poder de la resurrección estaba sobre sus vidas. El poder de la resurrección es un hecho ya.
En segundo lugar, el poder de la resurrección opera por fe y no por vista. Ya lo hemos dicho. Muchas veces nosotros lo que vemos es simplemente el mundo alrededor de nosotros, los gigantes. Si esas mujeres se hubieran quedado en la casa porque había un obstáculo que ellas no podían superar, hubieran sido vencidas antes ni siquiera de comenzar la batalla. Ellas no se dejaron amedrentar en última instancia, aunque creían que el Señor estaba muerto, pero por lo menos, comenzaron a caminar por fe. Qué bueno es eso que ellas decían ¿quién nos quitará la piedra? Pero no se quedaron en la casa haciéndose esa pregunta. Ellas iban caminando y preguntando quién nos va a quitar la piedra. Esa es una pregunta constructiva, yo diría, en ese caso. Yo recordaba esta mañana mientras elaboraba este mensaje que hace casi 30 años, cuando yo tuve el sueño con el León de Judá sobre la ciudad de Boston que el Señor puso en mi corazón ese llamado a cambiar de residencia desde Cambridge, y venir a Boston y buscar un edificio. Nosotros no teníamos ni un centavo, hermanos, en reservas en ese tiempo. Cuando el Señor dijo que mi espíritu, “Cambien de domicilio, vayan a Boston, busquen un lugar,” no teníamos nada. Y yo comencé a buscar edificios y recuerdo que el primer edificio que descubrimos estaba y está todavía en Jamaica Plain, una escuela que habían tenido un problema y el edificio había quedado cerrado. Era un edificio y es un edificio grande, con otra propiedad al lado, con una cantidad de terreno alrededor y valía una millonada literalmente. Y yo llamé a los dueños y comencé a hablar con ellos y a negociar así entre…. Más o menos, ellos no sabían que yo no tenía un centavo. Y yo mismo no sabía cómo, si ellos me decían que sí, me iba a meter en un gran lío porque no tenía nada.
Larga la historia, ese edificio se vendió antes de que nosotros pudiéramos hacer algo, pero en el mismo día en que yo descubrí en que ese edificio ya se había vendido, Dios abrió la puerta para el primer edificio ahí en la 68 y la Northampton Street. En ese tiempo ya se había dado un cambio en mi mente, yo ya tenía ideas de buscar un préstamo, de hacerle un reto a la congregación para que comenzaran a dar. Y Dios comenzó entonces, hicimos negociaciones con el dueño del es decir, Dios me permitió hablar con la denominación nuestra, los Bautistas Americanos, así se llama la denominación American Baptists. Los llamé por teléfono, negociamos con ellos, ellos nos dieron un préstamo inicial. Reté a la congregación en ese tiempo, bastante pequeña, para comenzar a dar dinero. Le cambiamos el nombre por fe a la iglesia, inclusive, de Iglesia Bautista Central a Congregación León de Judá. Y el Señor comenzó a abrir mar delante de nosotros, el dinero comenzó a venir y yo no sabía, en realidad, cuánto iba a costar. Después fue que me di cuenta en el lío en que yo me había metido. Pero ¿sabe qué? Mientras comenzamos a caminar el Señor comenzó a abrir el mar delante de nosotros. Pero si yo hubiera esperado, yo hubiera dicho, “No, tenemos que esperar a tener el dinero, esto y lo otro,” nunca hubiéramos hecho nada. Había que comenzar. Y es lo que pasa en la vida, hermanos, que a veces nosotros nos establecemos metas, puede que no lleguemos a la meta original, pero el Señor ensancha nuestra fe y comienza a hacer obra, y entonces nos lleva a dónde tenemos que estar. Ustedes recuerdan que les he dicho que cuando yo primeramente me paré al cruzar de la calle, después de haber visitado dos o tres veces ese edificio en las negociaciones, me paré en frente y vi ese león que está incrustado ahí en el frente del 68 y la Northampton Street, rugiendo y declarando la victoria del Señor sobre todo principado y toda potestad. Evidentemente, ese edificio había sido marcado para que nosotros lo ocupáramos, Congregación León de Judá. Ese era el edificio, el otro era simplemente un paso adelante.
Y muchas veces en la vida va a ser así. Tu te vas a trazar metas, quizás al inicio no vas a llegar a ellas, quizás inclusive vas a tener un aparente fracaso al inicio, pero persiste, porque el Señor tiene lo que Él quiere para ti. Y muchas veces el Señor en los esfuerzos, Él nos va puliendo, preparando, capacitando para lo que Él tiene para nosotros. Lo importante es que nos esforcemos y seamos valientes. Esa es la parte que a nosotros nos toca. Esas mujeres no dejaron que las apariencias las detuvieran de lanzarse en fe. Y cuando llegaron, descubrieron que ya la piedra estaba removida, que el Maestro no estaba en la tumba. Hay que comenzar a caminar, como los sacerdotes en el Río Jordán, y el río se abre delante de nuestros pies. Camina por fe, no mires obstáculos, no mires las cosas que están por delante. O reconócelas pero sabe que Dios es más que poderoso para vencer todo obstáculo en tu vida. No camines por vista, camina por fe. No te dejes dominar por tus sentimientos, por lo que tu ves. Los hijos de Dios estamos siempre como los héroes de la fe en Hebreos, capítulo 11, estamos mirando una ciudad y saludándola desde lejos. Estamos saludando por fe las victorias y los sueños, las visiones que Dios pone en nuestros corazones. Si usted no tiene una visión ahora mismo que lo amedrenta y le infunde temor, búsquese una visión, porque todos tenemos que estar preñados de algo en la vida. Si solamente estamos existiendo cada día, ¿cuál es tu visión? ¿Hay algo terrible que tu le estás pidiendo al Señor? Si no, búscate algo que te inspire temor. Algo que tu digas, no lo puedo hacer, y entonces mételo dentro de ti. Pídele al Señor que te ilumine y entonces, atrévete y lánzate en el nombre del Señor a perseguir tu visión. Y deja que esa visión te atraiga y une todos los elementos de tu vida a esa visión y entonces, la visión te guiará y te llevará quizás más lejos de lo que tu piensas. Pero ¿dónde está tu visión y cuál es la piedra que tu tienes que remover en tu vida?
Y por último, algo bien importante también que tenemos que recordar acerca de la dinámica de la resurrección. Es que el poder de la resurrección, escucha esto, no es para los dotados, sino para los esforzados. Escriba eso. El poder de la resurrección no es para los dotados, sino para los esforzados. Lo natural hubiera sido que estas mujeres no fueran los testigos iniciales de la resurrección. Estas mujeres no estaban escritas, yo creo, en el guión de la historia como las primeras testigos de la resurrección. Debieran haber sido los discípulos, debieran haber sido gente con educación teológica o adinerada que presenciaran ese acto. Sin embargo, el Señor las escogió a ellas, ¿por qué? Porque ellas estaban en el lugar preciso. Estaban disponibles. Querían honrar al Maestro. Debieran haber sido los hombres, pero los hombres desgraciadamente, estaban atemorizados, estaban escondidos, desanimados, pero estas mujeres como muchas veces pueden ser las hermanas, aún en su aparente debilidad muchas veces son más fuertes porque tienen ese ánimo, tienen esa capacidad para creer, esa inocencia. Yo pienso que Simón y Ana… estas mujeres en un momento culminante, Simeón y Ana, dos ancianos, Ana tenía más de 100 años. Simeón era otro anciano que Dios le había dicho que no iba a morir sin ver al Mesías. Estos dos ancianos, humildes, sencillos, sin ninguna educación teológica, sin nada de renombre, estuvieron allí presentes cuando José y María presentaron al Señor en el templo. Y ellos tuvieron el privilegio de saber que la historia había cambiado irreversiblemente porque vieron al Niño, el Hijo de Dios allí. Fueron testigos, porque estaban en el lugar preciso, en el momento preciso, porque Ana era una mujer de oración, de clamor, era una mujer entregada al Señor. Simeón era un hombre lleno del Espíritu Santo, con un espíritu profético.
Hermanos, lo que nosotros tenemos que convertirnos es en antenas para que el poder de Dios pueda llegar a nosotros. La Biblia dice que los ojos de Dios recorren toda la tierra para mostrar su poder a favor de aquellos cuyo corazón es perfecto para con Él. Yo creo que el Señor está continuamente como los sonidos en los aires, buscando una antena donde aterrizar y transmitir sus emanaciones en el mundo. Y yo quiero ser una de esas antenas, hermanos, yo quiero en vez de estar por allí pendenciando, desperdiciando el tiempo, quiero estar alerta en mi vida, quiero estar fogoso, quiero estar anhelando, hambriento del poder de Dios. El Señor visita a aquellos que tienen hambre, no los que están saciados. El Señor visita no a los poderosos, el Señor visita a veces los débiles que son fuertes en Él. Los pastores estaban en sus vigilias ¿y a quién se le apareció el Señor? No a los ricos que estaban probablemente durmiendo en sus camas, a esos pastores que guardaban las vigilias de la noche. El Niño había nacido y era necesario que hubiera un testigo de su nacimiento. Y había unos pastorcitos por allí, cuidando sus ovejas. A Dios no le importó que fueran pastores, le importó que ellos estaban despiertos y que podían ir y ver al Niño. Y así pasa, hermanos. ¿A quién va a encontrar Dios? Va a encontrar a los que están vigilando, los que están ansiosos, los que quieren hacer algo para el Señor. Hay mucho cristiano ocioso. La resurrección con su poder no es para los dotados, es para los esforzados. Estas mujeres cuando nadie más pudo llegar al Maestro, ellas fueron y allí estaba la resurrección esperándolas.
Hermano, ¿dónde te encuentras tu hoy? Te encuentras peleando por estar lleno de aceite, por estar preparado para que si Dios te necesita Él pueda encontrarte. ¿Estás tu trabajando, limpiándote, fortaleciéndote, leyendo la palabra, invirtiendo en las cosas del reino? Porque un día Dios te puede llamar. A Él no le importará que tu seas hombre o mujer, que seas nuevo convertido o de muchos años, que conozcas mucha teología o no, que tengas muchos talentos naturales o no, te prometo que eso no es lo que el Señor busca. Al corazón, el corazón preparado Dios no lo despreciará. Al corazón anheloso que diga “Como el siervo brama por las corrientes de las aguas así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” Hermanos, este día Dios nos llama a buscar ese poder, a saber que ya lo tenemos, que lo único que nos falta es movernos en él, porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio. Tenemos que esforzarnos, tenemos que ser valientes, tenemos que ser diligentes. Tenemos que estar inquietos. El Señor está buscando obreros para su mies, y tu puedes ser una de ellas o uno de ellos. Recuerda que lo único que te distinguirá de la multitud es tu capacidad para creerle al Señor.
Y en esta tarde Dios te llama. Bajemos nuestras cabezas. Bendigo a mis hermanos que están en el otro lado, en el 68 de la Northampton Street, y pido que la misma unción que está aquí, les encuentre a ellos también. Quiero preguntarte mientras tu estás en meditación, y si tu nos visitas hoy por primera vez, ¿has tu hecho tu trato con ese Cristo resucitado? ¿Lo has invitado a entrar a tu vida? ¿Has tu hecho una conexión personal con Cristo y su resurrección? Y si tu no lo has hecho, yo quiero retarte esta tarde a que te atrevas a invitar al resucitado a entrar a tu vida. Y si hay alguien ahora mismo que quiera que oremos por ti, donde tu estás sentado allí, te invito a levantar tu mano esta tarde y hacer tu pacto con el Señor. Dios te bendiga allá arriba. Alguien más, que tu le digas al Señor, “Señor, yo quiero vivir en el poder de tu resurrección.” Dios te bendiga, joven allí. Dios bendiga a esos hermanos. ¿Habrá alguien más? Dios le bendiga, mi hermana. Qué bueno que está con nosotros. We are so glad to have you. I know that you speak English and yet, here you are. We’re delighted to have you and I declare de goodness of God in your life as you receive Christ as your savior.
¿Habrá alguien más que queira el poder de Cristo corriendo a través de sus venas esta tarde? Si no lo has hecho antes, Dios bendiga esas manos que se levantan. Alguien más. Amén, amén, amén. Dios te ve. Quizás yo no te pueda ver donde tu estás, pero hay manos que se levantan allí. Sí, las veo, qué bueno. ¿Habrá alguien más? Levante su mano porque este pacto es con Dios. Él es capaz de vernos a todos acá. Invita a Cristo a entrar a tu corazón. Invita a Cristo. Dios les bendiga, Dios les bendiga. Esas manos que se levantan. Hoy es día de salvación, dice el Señor. Y quizás tu pensarás que ese acto es algo meramente ritual, pero mira, tiene significado, porque algo se rompe dentro de nosotros cuando el orgullo cae y nosotros somos liberados para decir, sí, ¿y qué? Yo necesito a Cristo, y yo lo quiero y lo invito a mi vida y a mi corazón. No resistas. Hay algo poderoso y simbólico cuando tu levantas tu mano e invitas al Señor. ¿Habrá alguien más? No pierdas esta oportunidad. Amén, amén. Amén. Recibe gracia del Señor. Lo que tu estás haciendo ahora mismo es diciéndole a Cristo, “Señor, yo reconozco que yo no puedo vivir por mi propia fuerza. Yo soy un fracaso.” Yo debo decir eso también. Sin Cristo no merezco vivir, hermanos. No quiero la vida. Y tu invitas a Jesús a entrar a tu corazón. Recíbelo ahora y dile, Señor, aquí estoy, abierto para que tu entres y ocupes mi casa. Te entrego mi corazón y te recibo. Activo tu poder en mí. Tu eres mi Dios, mi Señor, mi salvador, mi futuro, el que limpia mi pasado, el que llena mis ojos de esperanza, el que me da una nueva canción y una nueva razón para vivir.
Ustedes que han levantado sus manos, ya sea afirmando algo que ya tienen o invitando algo nuevo dentro de ustedes, ustedes, hermanos, han sido transferidos de las tinieblas a la luz, dice la palabra de Dios. Ustedes han sido transferidos de este mundo caído a la zona mágica de la resurrección. Ustedes ya no son meros humanos viviendo la caída, ustedes son ángeles y seres celestiales que viven ahora en el poder de Cristo. ¡Aleluya! Que no permita nadie que el amor al mundo les quite ese derechos, hermanos. Ciertamente hay mucho que dejar, mucho que dejar, pero el Señor estará contigo llevándote para que te despojes. Solo se necesita que tu le digas, sí, quiero morir. Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo. Mucha gente no quiere morir para vivir, pero hoy el Señor te pido algo heroico. Si hay alguien todavía que falte aquí por decirle al Señor, “Señor, hoy yo muero. Enséñame a vivir.” Levante su mano. Todavía hay tiempo. Si no lo has hecho y has estado en lucha, te invito en el nombre del Señor. Atrévete. Es la decisión más grande que tu puedas hacer, si no lo has hecho todavía. Ten el valor de invitar a Cristo a entrar a tu corazón. No te vayas de aquí sin haber dado ese paso de fe. Atrévete, muere y serás como el grano de trigo que cuando muere lleva mucho fruto.
Oh Padre, en el nombre de Jesús gracias por vidas. Gracias por vidas que tu estás transformando en este día. Gracias por el poder de tu resurrección. Oh Señor, gracias por este misterio que celebramos cada vez que venimos a este lugar santo, cada vez que entramos en esta arena estamos celebrando algo que ni siquiera entendemos plenamente, pero que tu nos llamas a vivir, hasta que un día nuestros ojos sean abiertos y podamos ver al Cristo resucitado, tal y como Él es. ¡Aleluya! Levántate un pueblo poderoso, Padre. Levántate un pueblo ejemplar. Perdónanos porque a veces no nos alzamos al nivel de lo que tu quieres de nosotros, pero hoy te pedimos, Padre, que esta congregación que está aquí, los que están en los balcones, los que están en sus hogares, los que están aquí sentados en este segundo piso, los que están en el 68 de la Northampton, si allí hay alguien ahora que necesita hacer su paz con Cristo, los bendecimos. Señor, queremos ser un pueblo parejo, un pueblo donde no haya zonas frías y otras calientes, sino que todos hayamos sido quemados por el mismo fuego del Espíritu Santo, un pueblo ardiente en deseos de ver tu gloria. Gracias, gracias, Señor, por el misterio en que tu nos has permitido entrar.
Padre, en este tiempo para nosotros es post Covid, ayúdanos a vivir habiendo pasado por el fuego y por las inundaciones, Padre, y éntranos en una nueva etapa como iglesia. Entra a León de Judá en una nueva etapa de resurrección y de poder de resurrección en nuestras vidas. Padre, anhelamos ver tu gloria manifestada. Anhelamos movernos en el misterio de tu poder. Invitamos tu espíritu, Señor, a entrar en nosotros en esta iglesia y llenarla con una fuerza nueva, diferente a todo lo que hemos conocido hasta aquí en este momento. Yo bendigo esas vidas que han invitado a Cristo a entrar a sus corazones, con la autoridad que conviene a tu iglesia, los declaramos salvos, los declaramos santificados, los declaramos criaturas nuevas en Cristo Jesús. Y Padre, inúndalos con el poder de la resurrección, inúndalos con una capacidad para vivir en esa batalla de guerreros que cada día tendrán que batallar con la naturaleza vieja que quiere arrastrarlos hacia la tierra de nuevo. Inúndanos con tu poder. Mis hermanos, les bendigo y declaro la gracia del Señor sobre sus vidas, sus hogares, sus hijos, sus trabajos, sus cuerpos, sus luchas, sus aflicciones. Este es un momento en que el Señor ahora mismo se posa. Yo veo las alas del Espíritu Santo posadas sobre este pueblo aquí. Alas grandes, poderosas, que cubren a cada vida aquí presente, el poder de Dios, la bendición de Dios está con ustedes. El Cristo resucitado va delante de nosotros a Galilea. Mañana nuestra Galilea, el trabajo, lo demás, la vida familiar, el Cristo va delante de nosotros. Cristo resucitado. Les bendigo, les bendigo, les bendigo en el nombre poderoso de Jesús y nosotros decimos amén. Gloria a Dios. Dios les bendiga. Feliz vida de resurrección. Amén. Amén.