
Autor
Dr. Ernst Diehl
Resumen: A veces Dios nos sorprende con bendiciones inesperadas cuando menos las esperamos. Debemos estar abiertos a lo inesperado, renunciar a nuestro control y confiar en la guía de Dios para nuestras vidas. A menudo, nuestras mayores bendiciones vienen cuando renunciamos a nuestra agenda y confiamos en el plan de Dios para nuestras vidas. Debemos ser humildes y aceptar el orden de Dios que supera nuestro entendimiento humano.
En la vida, hay momentos en que lo inesperado se despliega ante nosotros, cuando las puertas se abren sin que las pidamos y las bendiciones nos encuentran cuando menos las esperamos. Es durante estos tiempos que vislumbramos el misterioso funcionamiento de Dios.
A menudo, tenemos una hoja de ruta predeterminada para nuestro viaje, buscando y pidiendo lo que creemos que necesitamos. Sin embargo, en medio de nuestros planes, hay un suave recordatorio de que Dios tiene una forma diferente de orquestar nuestras vidas. Isaías 65:1 capta hermosamente esta verdad, transmitiendo que Dios está listo para ser encontrado por aquellos que no buscan, y buscado por aquellos que no preguntan.
En nuestra búsqueda del éxito, el reconocimiento y la validación, podemos esforzarnos por ser los primeros, con el objetivo de superar a los demás y reclamar la codiciada posición al frente. Pero en la sabiduría de las palabras de Mateo 19:30, se nos recuerda que muchos primeros serán últimos, y los últimos primeros. Esta profunda paradoja desafía nuestras nociones convencionales de logro y nos recuerda que el orden de Dios desafía nuestra comprensión humana.
Cuando soltamos nuestro férreo control, cuando entregamos nuestros planes predeterminados, nos abrimos a las sorpresas inesperadas, milagrosas y divinas que nos esperan. Dios a menudo trabaja en las brechas de nuestras expectativas, revelando profundas bendiciones que ni siquiera sabíamos buscar.
Es en la quietud de nuestros corazones y en los momentos tranquilos de reflexión que podemos sintonizarnos con los susurros y empujones de Dios. Podemos aprender a aceptar los encuentros inesperados, las oportunidades no buscadas y los caminos que nunca pensamos que recorreríamos.
Cultivemos un espíritu de apertura y receptividad, dejando que Dios nos sorprenda con gracia y abundancia. Que abordemos cada día con un corazón expectante, dispuestos a ser buscados y encontrados por Dios de las formas más inesperadas.
Hoy, renunciemos a nuestra necesidad de control y aceptemos humildemente el orden de Dios que supera nuestro limitado entendimiento. A medida que nos liberamos de lo familiar, invitamos a Dios a que nos guíe, a que nos conduzca hacia los lugares y experiencias que verdaderamente enriquecerán nuestras vidas.
En esta entrega, descubrimos una verdad profunda: nuestras mayores bendiciones a menudo vienen cuando renunciamos a nuestra agenda y confiamos en la guía misteriosa y amorosa de Dios. Caminemos con fe, sabiendo que el viaje puede no desarrollarse como lo planeamos, pero se desarrollará en perfecta armonía con el gran plan de Dios para nuestras vidas.
Que estemos abiertos a lo inesperado, dispuestos a ser los últimos a los ojos del mundo y los primeros en el ámbito de las bendiciones divinas.