
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En este sermón, el pastor habla sobre cómo llegar a ser lo que Dios quiere que seamos y cómo adoptar actitudes que nos permitan ser resilientes y vencedores en la vida. El primer paso es reconocer nuestro dolor, quebrantamiento, imperfección y naturaleza caída. También debemos reconocer que Cristo ha venido a reparar este mundo quebrantado y que Él nos ha dado poder para vencer en todas las cosas. Es importante reprogramar nuestra mente después de años de vivir bajo una perspectiva negativa y aceptar que es posible cambiar en Dios. El cerebro humano es eminentemente plástico y flexible, lo que significa que es posible cambiar los hábitos de la vida con el tiempo.
El proceso de transformación personal es difícil pero es posible con la ayuda de Dios. Debemos adoptar actitudes como la aceptación de que es posible cambiar, que será un proceso difícil y largo, y que se requiere la intervención de Dios. Debemos alimentarnos de la palabra de Dios y vivir una vida consagrada y comprometida para alcanzar la victoria. La vida cristiana requiere una consagración completa, como la de un atleta o un soldado, y debemos comprometernos plenamente para superar viejos hábitos y heridas.
Para ser victoriosos en la vida cristiana, debemos comprometernos completamente y vivir una vida consagrada y comprometida. Debemos morir al mundo y a nosotros mismos, renunciar a los viejos hábitos y ser honestos con nosotros mismos y con Dios. La santidad requiere tanto abrazar como renunciar, y debemos ser una comunidad misericordiosa y compasiva que apoye a los peregrinos en su camino hacia la santidad. Las iglesias son hospitales para los imperfectos, y debemos amar al pecador y ser una comunidad abierta a la humanidad que procesamos.
En este sermón, el pastor habla sobre la importancia del autoconocimiento y la confesión en el camino hacia la libertad y la sanidad interior. Él enfatiza la necesidad de ser honestos con nosotros mismos y con Dios, y de permitir que el Espíritu Santo nos ilumine y nos guíe en este proceso. También habla sobre la importancia de conocer la verdad de Dios y obedecer su palabra para obtener la libertad. El pastor ora por aquellos que necesitan confesar y someter sus vidas al Señor, pidiendo la obra transformadora del Espíritu Santo en sus vidas.
Esta es una oración que declara que Satanás no tiene parte ni suerte con la comunidad y que Dios está moviéndose poderosamente en sus vidas. Se pide al Espíritu Santo que se mueva con poder y se manifieste su gloria transformadora en matrimonios, familias y seres queridos. Se pide una sanidad radical y que se creen personas agradables a Dios. Se sella con la presencia del Espíritu Santo a aquellos que han invitado a Dios a entrar en sus corazones.
Libres para ser quienes somos en verdad. Ese es el tema del cual comencé a hablar hace como tres semanas atrás. La palabra de Dios nos llama a ser libres para ser lo que somos en verdad. Ahí hay una contradicción porque si somos, no tenemos que llegar a ser, evidentemente. Eso es muy filosófico pero es así. El caso es que lo yo quiero hacer es señalar y continuar con el sermón que no terminé aquella vez. Y esto es importante, a la luz de lo que estamos hablando en esta serie de sermones sobre la resiliencia, vivir vidas victoriosas. Cómo vivir vidas que, cuando vienen las pruebas, las pérdidas, las luchas, en vez de doblegarnos y ser derrotados, salimos más fuertes que nunca, usando las pruebas y las dificultades y las luchas de la vida más bien para que sean escalones para llegar a la grandeza que Dios tiene para nosotros. Ser vencedores y no solo vencedores sino que más que vencedores.
Entonces, estamos hablando acerca de eso y dentro de ese tema, he querido concentrarme en el proceso mismo. Cómo podemos nosotros mentalmente llegar a ser la gente que debemos ser para poder ser vencedores. Hay un proceso que tenemos que seguir y a veces yo creo que en la vida cristiana los predicadores nos contentamos mucho con decirle a la gente simplemente, mira, Dios ha hecho eso. Dios ha dicho esto sobre tu vida. Tienes que ser esto. Tienes que ser lo otro. Pero no tomamos el tiempo para desmenuzar lo que eso quiere decir. No tomamos el tiempo para hacer un zoom hacia adentro y concentrarnos en un pedacito del proceso para que la gente pueda entender cómo podemos llegar a ser eso que Dios quiere que seamos. Y de eso se trata este sermón. Y lo primero que yo dije en la última parte de este sermón, es que la vida cristiana es una vida de perpetua transformación y renovación, debe serlo, por lo menos. Estamos llamados a convertirnos y a ser nuevas criaturas.
Y yo sé la Segunda Carta de los Corintios, capítulo 3, versículo 18 en particular, o aún el 17, Segunda de Corintios 3:17, “Porque el Señor es el espíritu y donde está el espíritu del Señor allí hay libertad.” Ahora, ¿libertad para qué? Libertad para ser lo que Dios quiere que seamos, libertad para vencer a nuestros gigantes, libertad para crecer cada día más, libertad para entender mejor la palabra del Señor, para ser más maduros, para ser más grandes en el espíritu. Libertad. Y dice, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta, como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados.” En el griego original la idea es estamos siendo transformados, mirando el rostro del Señor, “…estamos siendo transformados de gloria en gloria en la misma imagen como por el espíritu del Señor.” En otras palabras, al contemplar el rostro de Dios, esa imagen del rostro del Señor se transfiere a nosotros y nos va levantando, fortaleciendo, perfeccionando, santificando a la imagen del Señor, no del mundo, no de algún gran filósofo, de algún gran teólogo, sino conforme a la norma que Dios establece. Él es el punto de referencia para nuestro crecimiento y debemos juzgar nuestro crecimiento a la luz del carácter de Cristo. Porque ejemplo, Cristo Jesús es el hombre poderoso que ha existido en la tierra, hombre Dios, es el ser perfecto, y Él es el que debe definir cómo debemos ser. Cuando yo miro a Jesús yo veo la perfección, yo veo un carácter perfectamente pulido y trabajado. El Señor dijo que el que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Entonces, cuando contemplamos el rostro de Jesús nosotros podemos ser como Él, aprender a ser como Él. Él debe ser nuestra norma y nuestro punto de referencia.
Entonces, debemos estar siempre en proceso. Hijo de Dios, hija de Dios, tu has sido llamado a ser un ser en continuo proceso. El proceso de transformación es difícil, es tremendamente arduo, demandante. El llegar a ser lo que Cristo quiere que seamos, el proceso de la santificación, el proceso del crecimiento, del desarrollo personal, hermanos, eso es algo que… no hay empresa más grande que esa en el mundo. No hay batalla más grande, no hay jornada más ardua que llegar a ser lo que Cristo quiere que seamos. Eso requiere mucho esfuerzo. Y una de las preguntas que nosotros nos hacemos es cómo podemos nosotros cambiar nuestra forma de ver ese proceso, nuestra forma de pensar, nuestra forma de vernos a nosotros mismos, nuestra forma de entender el llamado de Dios. Hay unas actitudes que nosotros debemos adoptar para llegar a ser lo que Dios quiere que nosotros seamos.
Número 1. Yo creo que todo comienza con un reconocimiento de nuestro dolor, nuestro quebrantamiento, nuestra imperfección, nuestra naturaleza caída. Debemos hacer un reconocimiento, una exploración de nuestra experiencia del pasado. Si tu fuiste abusada cuando eras niñas, por ejemplo, debes reconocer eso. No huir de ello, no esconderte a ti misma. Si tu fuiste insultado o herido por algún maestro o alguien que golpeó tu psiquis y te infundió un complejo de inferioridad, o lo que sea, debes reconocer esto. si perdiste a tu madre cuando eras jovencito o jovencita y de ahí se inició una actitud depresiva, debes entender eso. Si tuviste algún fracaso matrimonial, o algún fracaso académico, si tus sueños no se cumplieron en tu juventud, y llevas un sentido de luto, hay que reconocer esas cosas. Porque ese es el punto de partida. Ese es el enemigo que estamos confrontando. Ese es el gigante o los gigantes porque a veces hay más de uno. Si tu tienes complejo acerca de tu cuerpo, o lo que sea, ahí tienes que comenzar.
Hay que reconocer lo que necesitamos. Hay que reconocer dónde estamos. No se le puede tener temor a nombrar nuestros gigantes porque ahí comienza el proceso de la sanidad. No podemos tener una actitud de avestruz que mete la cabeza en la arena y se hace que el enemigo no existe. No, yo encuentro que las personas que son resilientes, resistentes, capaces de vencer en la vida, son personas que son realistas y lúcidas y conocen lo que es el mundo y saben lo que es el mundo, y también reconocen la pelea que tienen por delante. Hay que reconocer lo que somos. Nosotros, como cristianos, tenemos que saber que vivimos en un mundo caído y pecaminoso, que hemos recibido heridas y daños, que nosotros mismos muchas veces hemos hecho daño a otros también. Esto es parte de la realidad humana. Esto es parte de un mundo que está penetrado por el pecado y tenemos que reconocer eso. Esa aceptación de lo negativo en nosotros y en nuestros familiares y seres queridos, nuestros padres, es el comienzo de la salud emocional y de una perspectiva positiva. En otros momentos me vino a la mente, yo le he dicho a la gente, mira, tu no tienes que hacerte de cuenta que tus padres fueron perfectos ni esconder sus defectos para amarlos y respetarlos y venerarlos. Al contrario, yo creo que es bueno que reconozcamos a veces los defectos de nuestros padres, los errores que cometieron, el abuso a veces que iniciaron en nuestras vidas y entonces, seguirlos amando y saber que ellos hicieron lo mejor que pudieron quizás, y perdonarlos. Pero si tu reprimes los defectos de tu familia, o de tu pasado, lo que va a pasar es que entonces, no le vas a dar a Dios, por así decirlo, la oportunidad para sanar esas áreas de problematicidad en tu vida. Entonces, es importante que tu reconozcas que el mundo es imperfecto y que tu vives en ese mundo y que tu eres una criatura imperfecta y delatarte a ti mismo.
En segundo lugar, hay que reconocer sin embargo, que hay otro principio superior a ese y es que Cristo ha venido a reparar este mundo quebrantado. Él ha venido a deshacer las obras del diablo. Él ha venido a darte vida y vida en abundancia. Él ha venido a sanar tus heridas. Él ha venido a llevarte de ese punto de caída a un punto de victoria en Él. Amén. Y hay que reconocer eso también porque si nos quedamos solamente en el hecho de que estamos heridos, caídos, abusados, etc., y nos quedamos allí, entonces, hemos perdido la batalla. Hay que saber que no. Cristo, al entrar en mí, me ha dado poder para vencer en todas las cosas. Y yo puedo vencer mis demonios y yo puedo superar mis defectos con el poder de Dios y la ayuda del Espíritu Santo. Eso es importante también. Estoy aquí hilvanando una cosa con la otra. En realidad, ese principio superior es lo que debe dominar nuestra mente. El principio de la caída y el defecto, y la imperfección, es simplemente un punto de partida hacia la idea de que en Cristo somos más que vencedores y que Él nos ayuda a seguir adelante. Y que ahora yo tengo una posición nueva.
Cuando yo estaba sin Cristo, cuando yo estaba en el mundo o aún cuando estaba en Cristo pero no sabía estas cosas, yo era una marioneta en las manos del diablo y del mundo. Pero ahora que yo tengo claridad en quién es Cristo en mí, yo soy más que vencedor. Y esa es mi condición verdadera. Eso es el llamado de Dios en mi vida. Judicial, legalmente, no es Satanás o el pecado el que ahora gobierna en mi vida, sino Cristo y su bondad, y su amor y su buena intención para con nosotros. Y nosotros debemos meditar en esto continuamente y repetírnoslo hasta que se convierta en nuestra experiencia, nuestra vivencia, nuestra expectativa dominante porque el diablo y el mundo tratarán de arrebatarnos esa convicción. Cuando salgamos allá afuera enseguida el mundo va a tratar de quitarnos esa perspectiva y eso es lo que hay muchas veces… El Señor dice que el sembrador salió a sembrar y una de las primeras semillas… dice que los pájaros se comieron la semilla, dice que ese es el mundo, ese es Satanás que viene… Hay un momento que sentimos la bendición de Dios pero Satanás quiere robar la bendición, robar la semilla para que no sea fructífera. Y tenemos que agarrarnos con uñas y dientes a lo que Dios ha dicho que nosotros somos en realidad.
Entonces, la lucha, hermanos, para vencer, para ser un vencedor en la vida, para ser resiliente, para rebotar de las aflicciones y las heridas del mundo, es algo a brazo partido, como decimos nosotros, y es algo que requiere que nosotros reprogramemos nuestra mente después de años a veces de vivir bajo una perspectiva negativa. Yo sé que aquí hay muchos y muchas que han vivido en situaciones difíciles, penosas, y ahora entran al Evangelio y el pastor o la palabra les dice que, hey, Dios tiene grandes cosas para ti. Dios tiene bendiciones que quiere darte. Y les resulta difícil. Yo sé lo difícil que es cuando tu tienes tu mente programada, ¡guau! Qué duro se hace creer lo que Dios dice de nosotros y lo que Él quiere que nosotros cumplamos. Qué difícil es después de los traumas de la vida, que nos marcan como un sello candente, encontrar esa perspectiva y esperanzada de que Dios quiere hacer algo diferente y que ya Dios nos ha dicho, “Tu eres un vencedor. Yo te he entregado toda la tierra que pise la planta de tus pies. Nadie te podrá hacer frente todos los días de tu vida.” Suena muy bonito ¿verdad? Pero uno dice, oye, pero cómo salgo yo de mi cerebro, lo que me dice mi neurología y eso que yo sé que es verdad pero como que no puedo alcanzarlo. Es como decirle a un paralítico, “Levántate y anda,” Dios lo hace, pero muchas veces lo escuchamos y oran por nosotros y estamos allí porque no sabemos… las neuronas no se pueden conectar a esa palabra. A mí me fascina ese momento que… cómo ayudar a mis hermanos y a mí mismo a acceder a esa verdad de Dios.
Y aquí tengo unas actitudes que yo creo que nos ayudan. Primero, unas actitudes que debemos adoptar. Número 1. Lo primero que tenemos que hacer es aceptar que es posible cambiar en Dios. Es posible. Tu puedes cambiar tu actitud depresiva. Tu puedes cambiar tu condición ansiosa. Tu puedes cambiar tu mal temperamento. Tu puedes cambiar tus ataduras sexuales o lo que sea. Dios lo puede hacer. Tu puedes cambiar tu posición de derrota, tu situación económica, tu situación matrimonial, tu relación con tus hijos, tu adicción a lo que sea, es posible cambiar en Cristo Jesús. La Biblia dice que con Dios todo es posible. El Señor le dijo a Marta, “Marta, no te he dicho que si crees todo es posible.” Solo se requiere creer. Los discípulos dijeron, “Señor, ¿entonces quién podrá ser salvo?” después que el Señor les dijo algo. Les dijo, “Hey, para ustedes es imposible, pero para Dios todo es posible.” Amén. Entonces, tenemos que creer, tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a creer que todo es posible en Cristo. Aún los psicólogos que muchas veces no creen en Dios, nos dicen después de examinar el cerebro humano y la neurobiología, que el cerebro es eminentemente plástico y flexible. El cerebro es la cosa más maravillosa del mundo. Antes se pensaba, por ejemplo, que si un nervio quedaba cortado o algo así, no se podía regenerar. Y después descubrieron que no, que aún los nervios se pueden regenerar. El cerebro es tremendamente flexible y por lo tanto es posible cambiar los hábitos de la vida. Requiere tiempo pero es posible. Así que lo primero que tenemos que decirnos es posible, yo puedo cambiar.
Número 2. Siendo realistas, es importante que aceptemos el hecho de que se trata de una empresa difícil. Es posible pero también es difícil. Y tenemos que adaptar y acostumbrarnos a la idea de que esto representa una jornada demandante, no es un viaje alrededor del parque. No, yo creo que es importante porque si no reconocemos que es difícil, nos vamos a cansar en el camino. Y cuando tengamos uno o dos reversos o fracasos temporeros, vamos a tirar la toalla y vamos a dejar de creer y de esperar en el Señor. Estaba leyendo hace unos días acerca de Napoleón Bonaparte, uno de los grandes generales de la historia de Europa, y Napoleón había tenido una serie de grandes victorias contra otros países y parecía invencible. Y llevó sus tropas a Egipto, desde Francia a Egipto, para conquistar Egipto. Pero estaba demasiado confiado en sus victorias. No se hizo suficiente reconocimiento del territorio, no se tomó en cuenta la larga distancia entre Francia y Egipto. Se subestimó el carácter aguerrido del enemigo y después de unos meses, se enmarañó, como les pasó a los rusos también en Afganistán, y aún a los norteamericanos.
Cuando uno subestima lo arduo de la batalla, muchas veces puede perder. Entonces, después de unos meses de no hacer mucho progreso, Napoleón se cansó, dejó unas tropas allí, se fue a Europa a pelear otras batallas. Y ese grupo que se quedó allí, fueron absolutamente descuartizados, derrotados. Al final solo quedó un puñado de soldados descorazonados y finalmente, vinieron los enemigos y los limpiaron todos, mataron a todos los soldados franceses. Una derrota completa, porque no tomaron en cuenta lo largo y lo arduo de la batalla. Y la batalla de transformación personal es algo muy difícil, aún con Dios trabajando en nos. No por Dios sino por nosotros muchas veces. Y ahí hay mucha tela que cortar. Yo quiero ayudarles en ese sentido también. Así que hay que aceptar que se trata de una empresa difícil, sin embargo, sabiendo que es posible.
Tercer lugar. Ya lo he dicho, hay que aceptar que se tomará largo tiempo. Hermanos, la trayectoria hacia la transformación personal y la santificación es la batalla de toda una vida. Se lo digo yo que llevo 40 años casi pastoreando, 30 y pico, 37 para ser preciso. Y les digo que yo mismo que estoy predicando este sermón, entiendo que todavía me falta tanto, hermanos, por llegar a la meta. Se los dice un hermano peregrino. Y les puedo decir que esa es una batalla de toda la vida. Y ¿sabe cuándo termina esa batalla? Cuando nos morimos. Por eso es que no hay que temerle a la muerte. Al contrario, la muerte es una liberación. Ya ahí se terminó todo y Dios nos transforma. La metamorfosis entonces se hace total y realidad, y el gusano se convierte en una mariposa alada que va hacia el trono del Padre. Pero mientras estamos aquí en la vida, dice el Señor, “En el mundo hallaréis aflicción.” Estamos en una batalla continua. Hay que aceptar, por lo tanto, que se tomará largo plazo porque hay que derribar viejas estructuras neurológicas, adoptar nuevos hábitos, hay que reemplazarlos con cosas nuevas a largo plazo.
En cuarto lugar. Por lo tanto debemos adoptar y abrazar esa perspectiva de que incluso con el respaldo de Dios se tomará tiempo. Entonces, ya voy por 4 cosas. Número 1, es posible, número 2, es difícil, número 3, se tomará largo tiempo, número 4, tengo que adoptar una perspectiva a largo plazo. Déjenme hacer un paréntesis aquí. ¿Por qué se hace tan difícil esta lucha, esta batalla hacia lo que Dios quiere que seamos? La transformación personal. Yo diría que una de las razones es porque Dios nunca viola tu libertad. Dios no te convierte en un autómata, te toca con una barita mágica y ya como que te saca todos los malos recuerdos, los placeres que tu experimentaste, las tentaciones internas. Dios no te torna en un autómata que hace su voluntad por Él te indujo su naturaleza o el deseo y te cortó tu iniciativa. No, Dios obra a través de nuestra complejidad. Él respeta lo que somos. Él trabaja alrededor de cosas que Él no puede violar, no porque Él no pueda sino porque Él no se lo permite a sí mismo. Es como un cirujano que quiere cortar un tumor, pero sabe que si lo corta de cierta manera, puede cortar nervios y venas que matarían al paciente. Entonces, tiene que usar medios intermediarios. Tiene que usar radiación, tiene que cortarlo en parte, porque está condicionado a ciertas limitaciones estructurales de la persona. Y eso pasa cuando Dios trata de operar en nosotros. Él respeta nuestro libre albedrío, Él respeta nuestra estructura psicológica. Entonces, Él mismo, no porque no pueda, sino porque no se lo permite, tiene que ser muy cuidadoso. Y Él lo que hace es que obra a través de circunstancias, obra a través del Espíritu Santo, nos mete en dramas psicológicos que vivimos que nos ayudan a entender mejor, nos quebrantan, nos suavizan, nos ablandan para entonces poder decirle al Padre, “Sí, Señor,” y entrar en ese proceso que Dios quiere.
Yo harbaba el miércoles pasado en el estudio acerca de ese viñador que el dueño de la viña viene a la viña a buscar fruto y no lo encuentra. ¿Recuerdan? Y él le dice, “Mira, yo he venido tres años ya a encontrar frutos en esta viña y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra?” Y el trabajador, el labrador le dice, “No, espérate, dame un año más para cavar alrededor de ella y abonarla, y entonces, si no da fruto yo la corto.” El Espíritu Santo es ese trabajador que cava alrededor de nosotros y abona la tierra. Quiero decir que Dios usa medios a veces violentos, cavar es violento, y a veces nos pone a través de pruebas, fracasos, luchas, ataques que nos obligan a entender quiénes somos y lo que necesitamos entregarle al Padre. Y a veces abona y envía consejo, envía gente alrededor de nosotros. Nos habla a través de su espíritu. Nos habla gentilmente a través de la palabra. Cavar es violento, abonar es gentil. Y Dios usa las dos armas para trabajar en nuestra vida, para llevarnos a hacer lo que Él quiere que nosotros seamos.
Recuerda siempre que si Dios tiene un propósito para tu vida, Él no te va a intervenir directa y violentamente, sino que Él va a trabajar alrededor de esas ministraciones del Espíritu Santo para poco a poco llevarte a donde Él quiere. Y a veces tiene que podarnos, dice la palabra asimismo, el que da fruto Dios lo podará para que lleve más fruto. Y el Señor está siempre involucrado en ese proceso de podarnos, de trabajarnos para que demos más fruto. Él no lo hace en una forma absolutamente unilateral, sino que Él obra a través de nosotros. Y por eso se hace un poco más largo el proceso. Dios no viola tu voluntad sino que su voluntad en ti se perfecciona a través de la naturaleza zigzagueante del proceso en que tu estás involucrado. ¿Sabe que parte de los dramas que nosotros vivimos es para gloria de Dios? ¿Cuántos saben que nuestra vida está hecha para glorificar a Dios y para traerle placer al Padre? Dios siempre está mirándote a ti y está deleitándose como un novelista que está leyendo su propia novela y se deleita en lo que él escribió. Hay algo que deleita al Señor de nuestra trayectoria personal en la vida. Cuando flaqueamos, cuando caemos, cuando nos levantamos, cuando vencemos, cuando adoramos, la sustancia de nuestra vida le trae deleite al Padre. Alguien ha dicho que nosotros existimos para la gloria y el placer de Dios. Entonces, Dios se deleita muchas veces en ese proceso zigzagueante aún en nuestras caídas, hermanos, Dios se deleita, porque Él sabe que eso Él lo puede usar para gloria suya y para bendición tuya también. Dios no es tan quisquilloso como nosotros a veces pensamos. Él usa todos los materiales de nuestra vida para llevarnos a lo que Él quiere que nosotros seamos. Así que por eso se toma tanto tiempo, por eso es que este proceso es tan arduo. Por eso es que se toma largo plazo, pero es posible. Dios está comprometido contigo para que tu llegues a la victoria.
Entonces, he hablado acerca de actitudes que tu debes adoptar: saber que es posible, saber que es difícil, saber que es a largo plazo, saber que requiere la intervención de Dios en tu vida. Ahora déjenme decir algunas cosas que es importante hacer. Lo que yo dije antes son actitudes que debemos adoptar, reconocimiento que debemos abrazar. Déjenme decir algunas acciones que nosotros debemos tomar, cosas que debemos hacer. Una de las cosas que nos ayuda, hermanos, en el proceso de la transformación personal es que tenemos que alimentarnos con la palabra de Dios. Tenemos que entender que la palabra del Señor, la Biblia, es el punto de partida para todo creyente que quiere tener una vida fructífera y saludable. Por eso es que ese compromiso que hicimos al principio del año de leer la Biblia en un año, es tan importante para todos nosotros. Y si usted no lo ha hecho todavía, no se preocupe, entre y comience. Yo le digo, yo me entusiasmé tanto después de tantos años de leer la Biblia que decidí que la voy a hacer dos veces en el año. Es decir, en este año en vez de leer una vez, la voy a leer dos veces, porque la palabra de Dios es alimenticia. La palabra de Dios es el pan de vida. Dios nos limpia a través de su palabra. Dios obra en nosotros a través de su palabra viva y eficaz. La palabra de Dios cuando entra en nuestra mente, nuestras emociones, ella es viva, es decir, se convierte en una energía que comienza a trabajar en nosotros y a re alinear y reconfigurar nuestras emociones, nuestros pensamientos, dice, hasta llevarlos a la conformidad con el carácter de Dios y la verdad de Dios.
Nunca vea el estudio de la palabra como algo pasivo. No, cuando tu entras con la palabra en acción, es una lucha como la Jacob con el ángel. Ella está luchando contigo, tu con ella, hay resistencia, hay abrazo, pero al final Dios hace su obra en ti. Conviértete en un consumidor asiduo de la palabra de Dios. Yo quisiera meterme dentro de ustedes y que ustedes sintieran la convicción que yo siente de que el estudio de la palabra del Señor es esencial para una vida fructífera y productiva. Así que si tu no eres un consumidor de la Biblia, conviértete hoy en un consumidor. Dile al Señor, “Padre, yo voy a vivir mi vida de aquí en adelante, consumiendo tu palabra y estudiándola.” Aliméntate con la palabra del Señor. Y eso va a requerir un gran compromiso, una lucidez continua, renovar ese compromiso. Tengo que leer la palabra. Y eso me lleva a la segunda cosa. Primero, estudia la palabra, conviértete en un consumidor de la palabra.
En segundo lugar, vive una vida consagrada y totalmente comprometida. Hermanos, en la vida cristiana no se alcanza la victoria a menos que no sea a través de un compromiso radical. Yo creo que muchos de nosotros en el siglo XXI hemos convertido la vida cristiana en algo… o también otras partes del cristianismo, se ha convertido en algo como externo, de acciones. Usted viene, ve a los predicadores y los adoradores hacer unas muecas. Usted los escucha y es una pieza de teatro. Pero no es así. La vida cristiana requiere una interacción continua, con todas las verdades de Dios. Hay que comprometerse. Requiere trabajo, requiere compromiso. La vida de un vencedor, una vencedora, la vida de una persona resiliente y victoriosa, es la vida de un atleta, un soldado. ¿Por qué usted cree que la Biblia compara siempre al cristiano con un agricultor, un soldado, un atleta, un maratonista? Porque esos seres requieren completa consagración a su profesión. Aún un agricultor, su vida está condicionada alrededor de la agricultura y tiene que tener cuidado de estar atento a los tiempos, tiene que cuidar de la tierra, tiene que observar la naturaleza de las plantas que planta, tiene que echarles agua, tiene que estar comprometido con su tarea, y así es la vida de un creyente, requiere consagración. Es una vivencia de 24 horas, siete días a la semana, especialmente si estás tratando de superar viejos hábitos y heridas. Tu tienes que entonces, abrazar plenamente una forma de vida cristiana. Si tu estás batallando con enemigos internos, grandes, no te puedes dar el lujo de vivir una vida a medias. Tienes que comprometerte completamente. Yo creo que es uno de los problemas.
En los tiempos antiguos, yo recuerdo siempre aludo a mi mamá en el sentido de que cuando ella se convirtió, mire yo tenía como 4 años y yo recuerdo cuando mi madre se convirtió todavía. Una de las cosas que dijo es… nos llamó a Nancy, a Marina – creo que no estaba. Creo que sí, había nacido – Virgilio, y dijo, “Miren, yo me acabo de convertir. No me hagan decir malas palabras porque yo me acabo de…” Eso fue lo primero que nos dijo. “No me hagan decir malas palabras.” Ella fue un cambio radical de la noche a la mañana. Esos antiguos pentecostales en nuestros países, cuando se convierten, se convierten de cabeza. Hemos perdido eso. Tenemos que recuperarlo, hermanos. Hay que saber que entonces, ya las mujeres… Yo creo que a veces eso es importante, se ponían sus faldas largas, no se cortaban el pelo. Eso no tiene nada que ver con la santidad pero a veces sirve como un marcados ¿verdad que sí? para la consciencia. Es como una disciplina de un soldado que se pone un uniforme porque le ayuda. Al el soldado ponerse un uniforme lo ayuda a reconocer que es un soldado, que tiene que caminar en cierta manera, que tiene que hablar en cierta manera y muchas veces esas son ayudas, no son más que eso, son ayudas. Eso no te hace más santo ni nada, pero muchas veces ayuda a la mente a identificar como que esto es nuevo, esto es diferente. Y hemos perdido muchas veces ese sentido de una transición radical, de lo que yo era antes y lo que soy ahora en Cristo Jesús. Tenemos que recuperar ese sentido de que cuando tu entras al Evangelio estás entrando en una milicia, estás entrando en una identidad nueva y diferente. “He aquí, las cosas viejas pasaron y he aquí, todas son hechas nuevas.” No perdamos ese sentido de cambio, de transición.
Los Evangelios insisten en que los nuevos seguidores de Jesús lo dejaron todo y lo siguieron. La Biblia está llena de ejemplos de esos. Leví, creo que fue el cambiador de dinero, estaba en su mesa cambiando dinero en el mercado y viene Jesús y le dice, “Deja tus cosas y sígueme.” Y para un negociante, hermanos, pedirle que deje el dinero es la cosa más difícil del mundo. Pero dice que Leví dejó su mesa y siguió al Señor. A Pedro le dijo después de la pesca milagrosa, “Yo te he llamado a ser pescador de hombres,” y dice que dejaron sus redes y lo siguieron. Una y otra vez esas imágenes de que nosotros tenemos dejar atrás la antigua vida y decirle al Señor, “Ahora soy nuevo. Yo quiero cambiar.” Y nosotros tenemos que ayudar a nuestros hermanos a entender ese cambio radical al cual Dios nos llama en la vida cristiana. Hemos perdido eso en el modernismo, y con ese Dios que es un abuelito tierno que ya perdió su masculinidad, m’hijto, m’hijita, ya… Dios es un Dios viril y es un Dios celoso y lo comparte su gloria con nadie. Se toma en serio, demanda que lo tomemos en serio y que tomemos su llamado, su milicia en serio, porque es la única manera de que podamos llegar a la victoria. Entonces, es una vivencia de 24 horas. Requiere consagración.
Número 3. Hay que morir a uno mismo y al mundo, hay que morir. Es una muerte. La vida cristiana es un morir para vivir. Primero tienes que morir para vivir. Tienes que decirle adiós al mundo y entrar en una nueva práctica. Y eso es lo que a veces no hacemos lo suficiente. Más bien, para muchos de nosotros entrar en el Evangelio es como una transición suavecita, que ni siquiera nos damos cuenta de que se dio. Pero es algo así, hay que morir. El Señor dice que si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo. Para tu dar fruto tienes que morir, tienes que ser como ese grano de trigo que cae a la tierra, se pudre con la humedad de la tierra, interactúa con los químicos disolventes de la tierra, la corteza exterior se rompe y de esa corteza quebrada surge la vida que está dentro del grano. Y de ahí surge una planta que da muchos frutos. Pero si el grano de habichuelas o frijoles o lo que sea, maíz, se queda entero, no da fruto. Tiene que romperse. Y nosotros tenemos que rompernos, nuestra corteza externa tiene que romperse para que la vida de Dios surja de nuestro interior y podamos dar fruto para gloria del Padre. Y para eso hay que morir. Muchos de nosotros no queremos morir. Estamos demasiado vivos y ese es un problema. Tu objetivo es separarte del mundo. Tu no puedes amar al mundo y agradar a Dios. La Biblia dice que la amistad con el mundo es enemistad con Dios. Y hay mucha tela que cortar. Rechazar el mundo es ¡guau! largo. Pero la Biblia dice, somos peregrinos y extranjeros.
El mundo no es nuestro destino ni es nuestro punto de apoyo. El cristiano tiene que tomar el mundo muy livianamente. Si tus amigos y sus seguidores en Facebook importan más que Cristo, no te vistas que no vas. Porque el mundo no es tu hogar. Tenemos que separarnos. Nosotros como que pensamos demasiado en lo que piensan nuestros amigos. Si nos estamos comiendo una buena comida en un restorán lo primero que hacemos es, quiero que todos vean la buena comida que me estoy comiendo. Así que le enviamos. Levante la mano, di, yo soy culpable. [Risas] No, estoy jugando. Esa actitud no es buena, hermanos, no podemos enamorarnos tanto del mundo. Los amigos hay que cogerlos y dejarlos porque los amigos un día están y un día no están. La belleza física es por igual, un día la piel está bien fuerte y tensa y bonita, y otro día se fue todo para el sur. Y si usted se apega demasiado a las cosas de este mundo, no va a poder ser un buen soldado. Hay que rechazar el mundo. Hay que desilusionarse del mundo. Y lo interesante es que cuando tu te desilusionas del mundo, entonces, estás más vivo que nunca. Te lo aseguro.
Eres más fuerte, tienes mejor humor, resistes más las luchas de la vida, estás más alegre, duermes mejor, eres más saludable mentalmente. Qué cosa! Que cuando tu más te aferras al mundo y a ti mismo, más infeliz eres. Mientras más sueltas esas cosas y se las entregas al Señor, más productivo te hace, más poderoso. Son las paradojas de la vida cristiana. Entonces, hay que separarse del mundo, hay que separarse de todo lo que nos ate al mundo, y al tiempo y al espacio. No puede haber decisiones a medias. No puede haber actitudes tibias. Ese viaje hacia la sanidad tiene que involucrar todas tus facultades, consumir todo tu ser. Tu tienes que convertirte en un caballero andante. Tu único compromiso es agradar a Dios y llegar a ser todo lo que Dios quiere que tu seas. Cuando llegues allá arriba, a la eternidad, entonces, puedes viajar todo lo que tu quieras por todos los planetas, inventarte todas las cosas que tu quieras, vivir las aventuras más grandes del universo. Yo creo que nuestra mente Dios la va a hacer de tal manera que podamos viajar a través de las galaxias, ¿quién sabe qué retos maravillosos Dios tiene para nosotros allá arriba? Por eso es que mira, si tu sacrificas unos cuantos añitos aquí en la tierra, vale la pena, porque un día tu tendrás toda la eternidad para celebrar el fruto de tu sacrificio. Así que no temas sacrificar muchas cosas y entregar muchas cosas al Señor.
Número 4. En tu ser interior tienes que renunciar a los antiguos hábitos y prácticas. En la vida cristiana la santidad se compone tanto de abrazar como de renunciar. Antes de abrazar hay que renunciar, hay que rechazar. Entonces, tenemos que hacer un acto de renunciar activamente. A menudo, los cristianos no logran romper los viejos hábitos, porque en secreto no han llegado al punto de renunciar completamente a ellos de todo corazón. No odian el pecado. No odiamos el pecado lo suficiente. Y entonces, nos sorprendemos de que todavía haya unas raíces allí que aguantan. Cortamos la parte de arriba pero sabemos que si le damos las raíces al Señor, entonces, sí que no hay vuelta atrás. Dejamos las raíces allí para que un día, si las necesitamos, las podamos llamar otra vez para que vengan. Por eso es que el Señor dijo acerca de los demonios que se van, la casa se limpia, pero ellos están dando vuelta a ver si tu los invitas otra vez. Y entonces, vuelven y son más fuertes que la primera vez. Entonces, tenemos que rechazar en una manera vivaz los antiguos hábitos. Y yo creo que es por eso que muchas veces nosotros decimos, oh, yo quiero ser santificado, yo quiero dejar esto, yo quiero dejar lo otro, pero ¿sabe qué? A veces secretamente jugamos juegos con Dios y le decimos, “Señor, haz esto y lo otro, pero todavía no.” Y entonces, el Espíritu Santo discierne el corazón y por eso no obra con más entusiasmo e intencionalidad, porque todavía no hemos llegado al punto de la renuncia total. Y Dios es muy sabio y muy entendido y Él conoce. A menudo amamos en secreto a nuestros demonios y no queremos dejarlos por completo. Hay que pedirle al Señor que nos lleve a ese punto de la renuncia total para poder ser lo que Dios quiere que seamos.
Y en último lugar, tienes que comprometerte a ser honesto contigo misma y con Dios. El crecimiento en la vida cristiana, la superación de los defectos nuestros requieren una honestidad total de nosotros, una vida lúcida. Y uno ve tanto, hermanos, yo caigo en ese error tantas veces también, nos engañamos a nosotros mismos. Yo creo que parte de la vida cristiana es encontrar la lucidez lo más clara posible acerca de nosotros mismos, nuestro entorno, nuestro pasado, la gente que amamos. Hay que pedirle al Señor que nos haga honestos. Porque hay tanta gente que se engaña a sí mismo. Le ponen un nombre diferente a las cosas. Oh no, no es que yo soy cruel e iracundo, es que soy honesto. No tengo pelos en la lengua. Entonces, ennoblecemos nuestros defectos. No, hay que llamar las cosas por su nombre. Hay que reconocer lo que somos. Y no hay que tener temor de eso, porque ya Dios sabe que tu eres un sinvergüenza de todas maneras, para qué tratar de esconderlo. Delátate y entonces, deja que Dios obre en tu vida. Es importante ser honestos con nosotros mismos. Y sabe algo, entre paréntesis, por eso es que se requieren comunidades misericordiosas, compasivas y pastorales, para que la gente pueda ser honesta y vulnerable y transparente unos con los otros. Hay iglesias que si alguien se delata lo rechazan, lo apartan, le ponen una señal de deficiente, y por eso la gente muchas veces no quiere ser honesta. Entonces, nos echamos mucho perfume sin bañarnos. Estamos continuamente adorando, hablando en lenguas, cayéndosenos el moño, pero no somos verdaderamente honestos. Dios no ha hecho esa obra completa en nuestro ser, porque no queremos que nuestros hermanos nos vean en lo que somos, porque son intolerantes.
Yo le pido al Señor que haga siempre de Congregación León de Judá una iglesia transparente, una iglesia de hermanos que nos convirtamos en guardas unos de los otras, una comunidad pastoral. Una comunidad que aún reconociendo el llamado de Dios hacia la santidad, es tolerante con los peregrinos que van en esa dirección y que a veces tropiezan en el camino. Se requiere gente campechana. Esta mañana, hay un señor que está viniendo a la iglesia en el culto en inglés, a las 9:00, un señor corpulento, entonces, es un americano blanco como la leche, que se ve que ha pasado por todas las batallas de la vida, y antes de comenzar el servicio… vino con un jaquecito o algo, y me dice, “Pastor, ¿puedo quitarme el jacket porque yo tengo unos tatuajes,” dice, “y son bellos.” E hizo así y se quitó, había uno de un Cristo crucificado, y otro acá de otra cosa cristiana. “Y yo quiero que la gente lo vea.” Yo dije, “Mira hermano, claro que sí, mientras no te quites la camiseta está bien.” Pero él se quitó la chaqueta y estaba allí con su camisa sin mangas sentado allí.
Y yo me siento orgulloso de que gente así esté en nuestra iglesia, hermanos, con tatuaje y todo. Porque hay iglesias santurronas que cuando ven a una persona de la tierra, de una vez como que su santidad es afectada. Y yo creo que nosotros los cristianos, tenemos que ser campechanos, tenemos que ser sueltos, tenemos que amar al pecador, porque ¿cómo va a entrar la gente a la iglesia si encuentran una comunidad acartonada y legalista? Hermanos, esas paredes no son tan delicadas como ustedes piensan. La iglesia de Cristo está hecha de acero inoxidable. La iglesia de Cristo es fuerte, es capaz de resistir todo. Tenemos que ser una comunidad abierta a la humanidad que nosotros procesamos. Este es un hospital y a veces el que más ayuda necesita es el psiquiatra que está atendiendo a todo el mundo. Esto es un manicomio a veces, hermanos, aquí. Y el primero que necesita psicoterapia es el psiquiatra número 1. Eso es cierto, las iglesias son hospitales. Por eso cuando la gente se queja de que esta iglesia es imperfecto, yo le digo, ¿y qué tu esperabas? Si desde que tu entraste por la puerta, ya la hiciste imperfecta.
Tenemos que comprometernos a ser honestos con nosotros mismos y a reconocer que yo necesito de la gracia de Dios. Y tenemos que pedirle al Señor que nos haga honestos con nosotros mismos para entonces, tener compasión de los demás, de paso. Yo escribí aquí, el viaje hacia la auto transformación, la transformación del yo, es un viaje hacia la total honestidad y lucidez, hacia el conocimiento profundo de nosotros mismos. Esto requiere la iluminación de la palabra de Dios y su espíritu. No podemos hacerlo solos. La honestidad para con nosotros mismos, hermanos, requiere la ayuda del Espíritu Santo, la iluminación del Espíritu Santo. De la misma manera que yo no puedo ver mi espalda completamente por más que trate, de esa misma manera tu no puedes ver áreas que están escondidas en tu vida, heridas, traumas, cosas que tu experimentaste que son tan dolorosas que ni tu misma te atreves a admitirte y entonces tu necesitas que el Espíritu Santo te ilumine y te enseñe esas áreas de tu vida que necesitan el trato y la sanidad divina. En ese proceso el mejor ayudador es el Espíritu Santo, porque la transformación y el auto dominio requieren la iluminación que solo Dios te puede proveer. El Espíritu Santo tiene que ser nuestro mejor recurso en el proceso hacia la santificación. Siempre cito Salmo 139 de David, después de cometer un pecado terrible, David escribió ese salmo maravilloso que es el Salmo 139 que es una confesión total, exhaustiva. Y en el versículo 23 él dice, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” Eso es lo que tenemos que estarle pidiendo al Espíritu Santo continuamente.
Ahora, ¿Dios no sabe lo que hay en ti? Claro que sí. Yo creo que el salmista está diciendo es, “Señor, examíname de manera que yo mismo pueda entender mi corazón.” Y eso es lo que dice la palabra acerca de sí misma. Dice que la palabra de Dios es viva y eficaz y dice que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón y no hay cosa que se esconda de su escrutinio. Uno de los beneficios de la palabra de Dios es que a medida que tu la lees, a fuerza de esos ejemplos y de esas narrativas, tu te confrontas contigo mismo. Cuando yo veo a David, yo me veo a mí mismo en su gran amor para con Dios pero también su total imperfección y pecado. Y David me ayuda. Cuando yo veo a Jacob luchando con el ángel diciendo, “No te dejaré hasta que me bendigas,” lo veo a él, me dice, sé demandante de Dios y pídele cosas grandes, pero también lo veo manipulando a su hermano Esaú y robándole la primogenitura. Era un manipulador, eso es lo que quería decir la palabra Jacob. Dios le tuvo que cambiar el nombre y llamarlo Israel porque era un hombre manipulador. Y yo veo a Jacob y digo, “Señor, ten misericordia de mí, ayúdame a ser honesto, más honesto, más transparente.”
Es decir, que la palabra del Señor es ese recurso. Cuando el Espíritu Santo te ilumina y te señala áreas de tu vida… el Espíritu Santo es mejor que cualquier psiquiatra del mundo, déjenme decirles. El mejor psiquiatra es el Espíritu Santo y te puedes economizar 125 dólares la hora, de paso. Y David le dice, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón, pruébame y conoce mis pensamientos.” Porque la cosa más difícil para el ser humano es conocer su propia naturaleza y verse a sí mismo con esa total lucidez. Y entonces dice, “Y ve si hay en mí camino de perversidad.” ¿Cuál es ese camino de perversidad? Es todo es que nosotros… las inclinaciones que tenemos hacia el pecado, los defectos que hay en nosotros, los que nos impide ser como Dios quiere que seamos. Todos estamos involucrados en ese proceso, hermanos. Y tenemos que pedirle al Señor continuamente, “Padre, ilumíname, brilla sobre mis áreas malolientes, mete tu luz por la rendija de esa piedra y mira los grillos que están debajo de la piedra y enséñamelos para que yo pueda limpiar mi ser interior.” Tenemos que estarle pidiendo continuamente al Espíritu Santo porque nosotros mismos no podemos hacerlo. Y esa jornada hacia el crecimiento personal requiere total honestidad, pero solo el Espíritu Santo nos puede llevar a esa lucidez.
“Y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno.” El camino hacia lucidez, y la dependencia que tenemos del Espíritu Santo. Ese es uno de los aspectos más emocionantes de la jornada hacia la santidad, el viaje hacia la liberación de hábitos negativos y destructivos, porque a través de ese viaje, nosotros obtenemos uno de los mayores tesoros que pueda manejar cualquier ser humano. ¿Sabe cuál es? el conocimiento de ti mismo, el auto conocimiento, el dominio propio, la libertad de los elementos escondidos y mal entendidos de nuestra alma donde nuestros enemigos ocultos, inexaminados [sic], se pueden mover con impunidad y hacer estragos en nuestra vida porque ni siquiera los conocemos y no sabemos cómo se mueven. Operan en nosotros pero no sabemos. Es un enemigo invisible. Es un enemigo que cuando tu buscas, tu no sabes dónde está. Opera, te afecta, te hace daño, porque tu no lo has identificado, no lo conoces. Es un contrincante que cuando tu buscas, ya desapareció. Pero cuando el Señor te ilumine y te enseña cuáles son esas cosas, entonces, tu puedes pelear contra ellos. El camino hacia la sanidad personal requiere la iluminación del Espíritu Santo para que podamos conocer las áreas de nuestra vida que necesitamos tratar y presentárselas al Señor para que entonces, Él se sienta libre para obrar en ellos. Esa es la obra del Espíritu Santo.
Les dejo con una última Escritura que se encuentra en Juan, capítulo 8, versículo 32, famosa Escritura. Dice que el Señor le dijo a los judíos que habían creído en Él como nosotros. Nosotros somos judíos que creímos en el Señor. Dice, “Si vosotros permanecieres en mi palabra, - recuerden lo que les dije acerca de la Biblia – entonces, seréis verdaderamente mis discípulos – mucha tela que cortar allí, pero lo que me interesa es esto – y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Usted ve que el camino hacia la libertad es a través de el conocimiento de la palabra de Dios y nuestra propia naturaleza, la verdad de Dios en nosotros. A veces pensamos que llegar a la libertad requiere una espada continuamente peleando con el diablo. ¿Sabe qué? Muchas veces lo que requiere la liberación es el conocimiento de la verdad y la confesión y la renuncia y el Señor entonces, hace lo demás.
A través de los años yo he tenido oportunidad de estar activo en sesiones de liberación de demonios de personas endemoniadas. A mí me ayudó mucho en ese proceso de trabajar con gente que necesita liberación, algo que dijo uno los mejores practicantes de la liberación que yo conozco, y él dice que al principio él peleaba muchísimo con los demonios y terminaba cansado, y volvía otra vez esa persona al rato y estaba endemoniada otra vez. Él dice que se dio cuenta que lo primero que él tenía que hacer es entender por dónde había entrado el demonio, qué puerta había usado, qué prácticas, qué actitudes, qué traumas, etc., había usado el enemigo para entrar a la persona. Y entonces, cuando él llevaba a la persona a entender el por qué, cuando él descubría con el Espíritu Santo por dónde entró el espíritu maligno, y llevaba a la persona que una confesión y a un rechazo honesto, dice que era como quitar un diente flojo la liberación. Él decía, mira, para mí el 80% del trabajo de la liberación es la preparación de la persona y quizás un 20% es el acto mismo de la liberación. Y yo creo que eso es muy cierto. En mi propia práctica, cuando he podido estar en esos momentos, he descubierto que es así, que a veces sufrimos tanto y peleamos y terminamos agotados. Yo digo que a veces el demonio se va porque está cansado, ya quiere irse, lo tenemos harto, no porque en realidad hayamos sido efectivos.
Cuando tu conoces la dinámica de la confesión, tu te quedas tranquilito, no sufres mucho, dejas que el Señor haga su obra, declaras, lleva a la persona a un entendimiento de cuáles son las áreas que lo llevaron a ese momento, y entonces, cuando la viene la auto admisión, la conciencia, la concientización de la persona, el demonio ya no tiene de qué agarrarse, porque los demonios se agarran de la pecaminosidad que hay en nosotros. Recuerde eso siempre. Ellos siempre usan algo que se parece a ellos dentro de ti. Si tu le quitas eso, ellos se tiene que ir porque no tienen ya derecho. Los demonios son tremendamente legalistas y ellos se agarran a lo que ellos saben que tienen derecho de estar allí. Yo he oído demonios decir, “Ella es mía y yo no la voy a dejar porque me pertenece y porque ella quiere que yo esté aquí.” Y hasta que esa persona no es llevada hasta ese punto de auto conocimiento, no puede ser liberada. Y así pasa en nuestra vida, hermanos. Tenemos que llegar a ese punto de libertad en Cristo, de reconocer, esa liberación que viene a través de la verdad que está en nosotros. Cuando tu conoces la verdad de Dios en su intimidad, esa verdad te libera. Cuando tu no vives en una vida de engaño y de auto engaño, tu eres libre. A veces nosotros sufrimos tanto y estamos continuamente batallando, reprendiendo, haciendo esto y lo otro, si solo entráramos en la verdad de Dios y la aceptáramos, seríamos libres porque la puerta ya está abierta. Lo que pasa es que nos engañamos a nosotros mismos. Entonces, a medida que conocemos más sobre nosotros mismos, y sobre Dios, su palabra, a través de la verdad y la obediencia a esa palabra de Dios, entonces, venimos a ser verdaderamente libres. Se cumple la palabra de Cristo, “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Entonces, somos libres para ser lo que realmente somos en Cristo Jesús. Amén. Amén.
Dios les bendiga. Vamos a hacer una confesión. Vamos a ponernos de pie un momento, hermanos. Yo les voy a acompañar en mi propia vivencia a ustedes. Estoy allí con ustedes ahora mismo. Y vamos a pedirle al Padre que su verdad cale hondo en nosotros. Si hay algo en tu vida que tu tienes que confesar ahora mismo, confiésalo. Si tu necesitas entregar tu vida a Cristo Jesús, me gustaría orar por ti. Levanta tu mano dondequiera que tu estés y me gustaría orar por ti también. Eso es parte del proceso. Mis hermanos pueden mirar si alguien que necesita oración quiere oración, ore por ellos. Hay alguien que está por allí, Dios te bendiga. Bendigo esas manos. ¿Alguien más? Eso es parte de la confesión, el reconocimiento de que yo necesito de Cristo, necesito de Dios. Este es un proceso mutuo. Si hay alguien más, levante su mano. Dios te bendiga, mi hermana, amén. Si alguien más por allá. Qué bueno que Dios nos conoce. Alguien ahí si está viendo a otro hermano, ore con ellos. No hay vergüenza en esto. Unas manos allí que se levantan. Ser una comunidad redentora, estos hermanos allí, qué bueno hermanos, les bendigo en el nombre del Señor. Dios conoce sus corazones, Dios sabe lo que ustedes necesitan. Si hay alguien más. Y los que estén aquí también sepan que ahora mismo Dios está escaneando tu vida. El espíritu de Dios está mirándote, examinándote, su luz está brillando dentro de ti. Sométele tus cargas, tus ataduras al Señor. Sométeselas, como yo hago ahora mismo, tu necesidad cualquiera que sea. Pídele al Espíritu Santo que obre en ti. Si hay duda, si hay temor, ansiedad, depresión, ataduras espirituales profundas, pídele al Espíritu Santo, “Obra en mí, obra en mí.” Obra en esta comunidad, Padre. Obra en los que están en sus hogares ahora mismo también.
Gracias Padre porque tu eres un Dios profundo, delicado y tus misterios son tan grandes. Y tu no nos obligas a hacerlo todo nosotros. Tu Espíritu Santo es un recurso. Yo pido ahora mismo, Padre, que si hay alguna memoria reprimida que impida que alguien aquí encuentre algo que tiene que rendirte ahora mismo, Espíritu Santo, brilla. Brilla sobre esa necesidad y saca eso a la luz y despréndelo. Sácalo de raíz, Espíritu Santo. Sácalo de raíz. Espíritu de Dios, el origen de todo conocimiento, ilumina ahora nuestra vida. Ilumina esa comunidad, dondequiera que estén. Queremos serte agradables, Padre. Queremos ser como tu quieres que seamos. Queremos traer gloria a tu nombre. Queremos ser instrumentos en tus manos y no hay nada que deseemos más que tu trato y tu bisturí entrando en nuestras vidas. Yo te bendigo en el nombre de Jesús, esa chiquita allí. Dios te bendiga, linda. El Señor te bendice. Declaramos la voluntad de Dios y el propósito de Dios en tu vida. Una gran dama va a ser un día, una sierva del Señor. Te bendecimos. Tu hermana también la bendecimos. Gloria al Señor. Dios está aquí. Dios está aquí. Él está obrando en tu vida. Somete tu vida al Señor ahora mismo.
Nosotros declaramos, Padre, que Satanás no tiene parte ni suerte con esta comunidad. Que tu te estás moviendo poderosamente en nuestras ataduras, nuestras luchas, nuestros problemas, oh Dios. Espíritu Santo muévete con poder. Queremos ver tu gloria, Padre. Queremos ver tu poder manifestado. Queremos conocer al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios vivo. Oh, Señor, manifiesta tu poder transformador en nuestras vidas. Declaramos tu luz brillando sobre este pueblo y haciendo obras transformadoras, Señor, cambios grandes en nosotros, en nuestra familia, matrimonios, seres queridos. Oh, Señor, glorifícate, espíritu de Dios muévete ahora en una modalidad transformadora para gloria de tu nombre. Espíritu Santo abrazamos tu verdad. Bendigo este pueblo, oh Señor. Te amamos y amamos tu trato. No tenemos miedo, Señor, del toque de tu espíritu. No lo tememos porque sabemos que lo que tu traes es bueno. Espíritu de Dios obra en este pueblo, obra, transfórmanos, oh Señor, por medio de tu palabra que es una palabra viva y eficaz, irrevocable, obra, obra Señor, en esta comunidad. Créate un pueblo que traiga placer a tu corazón, un pueblo útil, un pueblo transformado, Espíritu de Dios.
Evoca al Espíritu Santo, no salgamos de este momento demasiado rápido. Pídele al Espíritu Santo que complete su obra ahora, Señor. Obra, obra, Padre, obra, obra. Pídele al Señor, guerrea por tu sanidad, guerrea por ese nuevo nivel al cual Dios te va a llevar. Esfuérzate, invoca al Espíritu Santo. Padre, trata con nosotros, sananos, oh Señor, créate un pueblo agradable a ti. Oh, llévanos a otro nivel, Padre, aún en nuestra naturaleza humana tu puedes obrar y llevarnos a ser más y más como Cristo Jesús. Escucha el clamor de tus hijos y tus hijas ahora, Padre. Oh Dios, tu eres maravillosamente delicado, pero a la misma vez bien profundo. Penetra en lo hondo. Trata con nosotros. Trata con esta comunidad. Llévala a una perfección mayor, Señor. Te presentamos nuestras familias, nuestros seres queridos. Oh espíritu de Dios, clamamos a ti. Clamamos, clamamos, Señor, haz tu obra en nosotros en el nombre de Jesús. Sigue allí, no te salgas de ese momento. Dios está obrando.
Padre, créate una comunidad agradable a ti. Obra en nuestros hermanos en sus hogares, obra en nuestros hermanos dondequiera que estén ahora, Padre, los que están lejos, los que están cerca, pedimos una sanidad radical para este pueblo, Señor. Llévanos a otro nivel, llévanos a otro nivel, espíritu de Dios. Y gracias porque no nos dejas donde estamos, Señor. Gracias porque esta palabra está haciendo su trabajo, Señor. Oh Dios, te amamos. Morimos al mundo, Padre, y entramos en tu vida. Espíritu Santo, Espíritu Santo, espíritu de Dios, queremos ver tu gloria manifestada, Señor. Gracias, gracias por obrar en nosotros. Yo bendigo esas vidas que están recibiendo tu trato, aquellos que te han invitado a entrar a sus corazones, los sellamos con la presencia de tu espíritu. Los sellamos con tu sí, y tu amén, tu adopción, Señor, que se haga real y vigente en sus vidas. Gracias Espíritu Santo. Te alabamos. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Tu estás en este lugar, Señor. Gracias. Gracias Padre. Gracias. Amén.