
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En este sermón, el pastor habla acerca de los elementos necesarios para lograr la transformación personal y alcanzar nuestras metas. Estos elementos incluyen la confesión, el reconocimiento, la renuncia, la repreensión, la oración y la persistencia. El pastor enfatiza que el camino hacia la transformación es difícil y a largo plazo, ya que implica todos los aspectos de nuestro ser. Para alcanzar nuestras metas, debemos trabajar en nuestras emociones, mente, cuerpo, hábitos, recuerdos y traumas. El pastor también comparte el Salmo 32 como ejemplo de la importancia de la confesión y el reconocimiento del pecado en nuestro camino hacia la transformación. Además, Blanca comparte su testimonio sobre cómo oró para superar el temor que sintió durante la pandemia. Ella aprendió a reconocer y renunciar a su temor, y a confiar en Dios para superar sus debilidades.
La transformación comienza con el reconocimiento de nuestros pecados y faltas. Blanca comparte cómo, a pesar de ser una mujer fuerte, experimentó el temor durante la pandemia y cómo Dios la ayudó a superarlo. También habla sobre su experiencia en Honduras después de los huracanes y cómo Dios proveyó mil tortillas y 25 libras de queso para ayudar a los afectados. El primer paso en la jornada de la transformación es reconocer quiénes somos y nuestras necesidades, limitaciones y pecados. El salmista David reconoció sus pecados en el Salmo 51, lo que permitió que Dios trabajara en su transformación. Debemos reconocer nuestros pecados persistentes y pedir a Dios que nos libre de ellos.
En la jornada de auto transformación, es importante reconocer nuestros defectos y pecados persistentes, confesarlos ante Dios y verbalmente, renunciar a ellos con resolución y claridad, hablar positivamente sobre nosotros mismos y las promesas de Dios para nuestra vida, y reclamar esas promesas como nuestras. Al hacerlo, podemos atraer el poder creativo de Dios y avanzar en nuestro proceso de transformación. También es importante compartir nuestras debilidades y procesos de transformación con otros para beneficio de nuestros hijos y discípulos espirituales.
El autor habla sobre cómo crecer y progresar en la vida a través de diferentes pasos. Primero, debemos confiar en Dios y en sus promesas para nuestras vidas. Segundo, debemos aprender a creer en nosotros mismos y nuestras habilidades. Tercero, debemos tomar acción y dar pasos hacia nuestras metas. Cuarto, debemos rodearnos de personas positivas y constructivas. Quinto, debemos aprender a profetizar nuestros triunfos y declarar las promesas de Dios sobre nuestras vidas. Sexto, debemos aprender a visualizar las cosas que Dios tiene para nosotros. Séptimo, debemos aprender a orar con insistencia y fertilizar nuestros sueños con oración. Octavo, debemos reprender al diablo y las fuerzas negativas que quieren detener nuestros sueños.
En este sermón, el predicador habla sobre los elementos necesarios para lograr la auto superación y la realización personal. Estos elementos incluyen reconocer y renunciar a las actitudes negativas, abrazar entusiastamente la nueva realidad, persistir en el proyecto a largo plazo, y rodearse de una comunidad de aliados. El predicador anima a los oyentes a poner en práctica estos principios para vivir vidas poderosas y fructíferas en el nombre del Señor.
Hoy quiero compartir con ustedes una última parte de este sermón que he estado predicando acerca de llegando a ser lo que Dios quiere que seamos, o lo que Dios ya ha dicho que somos. Cómo llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos. Y esto es parte de esa serie mayor que tiene que ver con lo que hemos llamado resiliencia, la capacidad de rebotar de las tragedias, las luchas, las pérdidas, los sinsabores y pruebas de la vida, cómo ser gente que bateemos de jonrón todo lo que el diablo tira en nuestra dirección, que podamos salir de nuestras crisis, nuestras luchas mejor que antes, que no solo no seamos abrumados por las dificultades y las pérdidas y las tragedias de la vida, sino que las usemos como trampolín para llegar a ser algo mayor. Esa es la trayectoria de los hijos de Dios. Usamos las situaciones como esta pandemia y entonces, aprendemos cosas nuevas, desarrollamos nuevas destrezas, aprendemos a confiar más en el Señor, confirmamos la fidelidad de Dios y entonces, estamos más listos para ser más efectivos y más felices también y hacer a otros también más felices.
Como digo, este interesantemente es el tercer sermón dentro de un solo sermón. Yo comencé este sermón hace ya unas semanas atrás, hablando de ese tema, de ir hacia adelante, crecimiento, desarrollo en el Señor, y había tanto material que tuve que dividirlo y este creo que es el tercero, puede que sea hasta el cuarto también de esa serie. Hoy lo que quiero hacer es tratar específicamente acerca de, yo lo llamo, elementos del largo viaje. ¿Cuáles son esos elementos que nosotros usamos para llegar a nuestras metas a través de lo que es una larga trayectoria? Y lo que he hecho es como resumir en una serie de prácticas que debemos en práctica, valga la redundancia, en cualquier tiempo de nuestra vida en que estamos en proceso de desarrollo y en esa jornada hacia la grandeza personal y espiritual. ¿Cuáles son las prácticas que siempre uno pone en práctica? Todo lo que yo he estado hablando en estas últimas semanas y meses, tiene que ver con eso mismo, con esas prácticas que siempre debemos aplicar para llegar a nuestras metas. Y lo que he hecho es como resumir y poner en una manera estructural los componentes de lo que es esa largo viaje.
Y recuerden que en el último sermón, yo hablé específicamente de que la jornada hacia la transformación personal, hacia el logro de nuestras metas, hacia la superación de nuestras limitaciones personales o las limitaciones de nuestras circunstancias, es ardua y es a largo plazo, y es difícil porque involucra todos los aspectos de nuestro ser. Involucra nuestras emociones, involucra nuestra mente, nuestra voluntad, nuestro cuerpo, nuestros hábitos, nuestros recuerdos, los traumas que hemos padecido, y Dios quiere tomar todas esas cosas y sanarlas. Porque cuando Dios trabaja Él opera al nivel más profundo del ser. Dios no es un artesano descuidado, que solamente le importa la superficie. No, Dios va a la raíz misma y desde allí, Él trabaja en nuestras vidas para llevarnos a donde Él nos quiere llevar. Y para que podamos llegar a ese punto donde Él nos quiere, Él nos mete a través del pasado, nos recuerda cosas inclusive que nosotros habíamos reprimido del pasado, y que están allí como cosas malolientes, como una comida que se nos olvidó un día y que hace oler toda la casa mal. Y a Dios le gusta ir por todas las esquinas y los recovecos de la psiquis y del alma, y encontrar esas cosas que están escondidas de nosotros mismos. Y Él usa los eventos de la vida para sacar a la luz esas cosas, para que entonces nosotros se las sometamos a Él para Él sanarlas y tratar con ellas. Y a veces eso requiere una larga jornada y por eso es que el trabajo de la transformación personal se toma muchos años, hermanos, y en realidad nunca termina.
¿Sabe cuándo termina? Cuando nos morimos, cuando pasamos a la presencia del Señor y entonces somos transformados totalmente. Pero mientras estamos en la tierra, vamos a estar trabajando muchas cosas y sanando cosas, y fracasando y volviendo a ponernos de pie. Y Dios usa todos los materiales, todo. Él es como un artista que le ponen diez cosas raras, una lata, un pedazo de madera, una piedra, un poco de agua y hace algo precioso, un trabajo lindo con materiales comunes. Y así es el Señor. Él usa todas las cosas, feas y oscuras y rechazables de nuestra vida. No hay nada que Dios desperdicie. Dios usa todos los elementos de tu jornada, por eso es que no te debes descorazonar. Y tengo a la hermana Blanca que no te preocupes querida porque quiero que tu tengas oportunidad para compartir con nosotros. A veces la gente se preocupa y creen que yo me voy a olvidar, pero no. Voy a esa dirección. Porque le he pedido a Blanca que comparta algo de su testimonio con nosotros, como una ilustración de lo que quiero decir.
De nuevo, de eso se trata. Y yo voy a hablar acerca de elementos que tenemos que usar en la jornada hacia la auto transformación, elementos como confesar, reconocer, abrazar, renunciar, reprender, comunidad, orar, persistir, estos son los elementos clave fundamentales de cualquier jornada hacia la transformación. Y voy a comenzar, y entonces le voy a pedir a Blanca que pase por acá, con el Salmo 32, unos cuantos versículos del Salmo 32, porque aquí vemos algunos de esos elementos. David, mientras habla aquí, está hablando de la confesión, el reconocimiento del pecado, el trabajar las cosas que están dentro de nosotros para que Dios pueda iluminarnos. Él comienza en el Salmo 32 dice, “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado.” Bienaventurados nosotros cuando Dios nos ayuda a ir más allá de donde estamos, de nuestra pecaminosidad, nuestra condición caída, a algo mayor. “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño.” Y entonces, él dice en el versículo 3; “Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día…” Él está hablando allí de muchas veces nosotros reprimimos nuestro pecado y ¿qué es lo que hace? Nos hinca como una uña que crece hacia adentro, cuando callamos, cuando reprimimos, cuando no confesamos, no reconocemos. “… porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano, se volvió mi verdor en sequedades de verano.”
Cuando no reconocemos nuestras faltas, ¿qué pasa? Que Dios como que está huraño contra nosotros. Nada mortifica más al Espíritu Santo que cuando un hombre o una mujer no reconoce su pecado, no reconoce su falta, sus debilidades, y simplemente les da otro nombre o le echa la culpa a otros, en vez de reconocer lo que es, porque como que la mano de Dios se pone entonces sobre esa persona y no progresa. Y Dios dice, “Te voy a dejar ahí hasta que aprendas.” Y entonces, eso es lo que dice, “mis huesos envejecieron y se agravó tu mano. Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad.” Aquí él está hablando ahora de ese momento en que él reconoce lo que necesita. Ya deja de encubrir su pecado y ahora lo confiesa. Dice, “Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad, dije, confesaré mis transgresiones a Jehová.” Un hombre inteligente, una mujer inteligente, la que reconoce que está procediendo mal y se arrepiente y cambia su conducta.
“Confesaré mis transgresiones a Jehová y tu perdonaste la maldad de mi pecado, por esto orará a ti todo santo en el tiempo que pueda ser hallado.” Y en el versículo 7 después que David ha dicho, ya no voy a reprimir más, no voy a esconder mi pecado, lo voy a reconocer, lo voy a confesar, entonces, pasa de la crisis y de la angustia a un momento en que dice… cambia el tono de ese salmo, dice, “Tu eres mi refugio, me guardarás de la angustia…” Él ya está confesando un cambio de condición ahora, “…con cánticos de liberación me rodearás.” Y después él escucha a Dios decirle, “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos.” Usted ve, en esta trayectoria espiritual de David, él pasa de reprimir su pecado, callarlo, no confesarlo y entonces, cuando lo hace cambia su vida y Dios comienza a hablarle y dice, “¿Sabes qué? Te voy a hacer entender y te enseñaré el camino que debes andar.”
Cuando un hombre o una mujer son humildes, somos humildes acerca de nuestra condición y no estamos con pretensiones falsas, escondiendo lo que somos, echándoles la culpa a otros, entonces, el Señor viene y se sienta a nuestro lado y camina con nosotros y nos acompaña y nos enseña cómo debemos andar e ilumina nuestro camino. “Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, como el mulo sin entendimiento que han de ser sujetados con cabestro y con freno porque sino no se acercan a ti.” Es esa idea de no seamos obstinados. Hay tanta gente que uno conoce en el mundo que están hiriendo y siendo heridos y no cambian su proceder. Uno les habla y no entienden, no escuchan consejo, son obstinados y siempre están echándole la culpa a los demás de sus problemas. Y son así como el caballo o el mulo que hay que ponerles un freno y jalarles y meterles el hierro en la boca para que se aguanten. Y así Dios tiene que hacer a veces. La persona obstinada no va para ningún sitio. La persona humilde Dios entonces la reconoce, pero estoy predicando demasiado antes de mi hermana.
Meche estaba hablando cuando veníamos en el camino esta mañana, acerca del testimonio que Blanca dio ayer a nuestras hermanas las mujeres en el grupo de mujeres que tuvo un bello servicio, y hablaba precisamente de cuando yo le estaba diciendo de lo que iba a hablar, ella me dijo, “Mira, eso es exactamente lo que Blanca ha experimentado en su vida,” y me dice, “Y Blanca es una mujer diferente, hasta más linda se ha puesta,” me dijo ella. Así que… dice la Biblia que la sabiduría de Dios embellece el rostro y todavía hay caminos que andar ¿verdad que sí? Pero Dios te va a llevar más y más cada día. Entonces, Dios está usando a Blanca en Honduras, en un trabajo muy bello que ella está haciendo por allí. Y Dios tomó a esta mujer sencilla, mujer común y corriente como somos todos, y la transformó en una testigo del Señor. Pero su trayectoria de cómo ella pasó del miedo, durante Covid, a una postura de confianza y de ser usada por Dios allá en Honduras cuando ella vivía allá. De eso se trata. Ella nos va a dar un breves testimonio acerca de eso. Gracias, Blanca.
Testimonio de Blanca
Dios los bendiga, hermanos. En nuestro país dicen, ¿quién vive? Cristo. Y a su nombre… Gloria. Nosotros somos bien expresivos y yo soy una de ellas. Pero ahora estoy aquí reconociendo, como dice el pastor, que tengo debilidades, tengo muchas cosas. Pero para la pandemia estuve orando y me entró un temor, hermanos, que ustedes no se pueden imaginar. Tuve un temor. Quiero decir lo mismo que dije ayer pero casi nunca sale. Dios sabe qué es lo que quiere que yo diga hoy. Empecé con el temor, empezamos a orar y empecé con ese temor dentro de mí. Yo no lo podía decirle a nadie que yo tenía ese temor porque ni yo misma lo reconocía que ese temor estaba. Empiezo a orar y empiezo a ver cómo Dios estaba glorificando de una u otra manera pero no reconocía que yo tenía temor. Empiezo a ver cómo mis hijos empezaban a decir, “Nadie puede venir porque puede enfermar a mi mami.” Pues yo ayer dije la señora porque en mi familia, todo mundo me ve muy fuerte, una mujer valerosa, ve una mujer que no le tiene temor a muchas cosas, y yo soy de impacto en la vida de mi esposo, de mis hijos, de mis nietos. Y yo, “No, no tengan temor, no, no se preocupen,” pero dentro de mí estaba el temor.
Y empiezo yo a estar orando, busqué más la presencia del Señor, empecé a clamar, empecé a buscarlo pero estaba el temor. A veces se queda como quieto ahí y no podemos entender que ahí está, y no lo podemos reconocer. Y eso es, como estaba diciendo el pastor, reconocer lo que está. No es simplemente solo el temor, muchas áreas de nuestras vidas, reconocerlo, ahí está, no te quiero. Jesucristo me hizo libre. Tu tienes la autoridad, Señor, para decirle que se vaya, porque soy tu hija. Somos creación del Rey y Él nos formó. Y yo empiezo a escuchar mis hijos, “No, que no vengan. Nadie puede venir aquí. Pueden contagiar a mi mamá.” Y ahí como que algo se despertó en mi, como decir, ¡guau! Mis hijos están poniéndome a mí, pero ellos también tienen temor. Y lo más grande fue mi nieta. Mi nieta le dice al papá, “¿Te limpias bien antes de que vengas? No vayas a venir aquí. Y si te puedes quedar en el trabajo, pues quédate.” Imagínese. Hija de una hija mía, nieta mía, vamos a ver, como dicen, tigre… ¿cómo es que dice? Hay un dicho que dice… tienen esa templanza, tienen esa valentía y dicen lo que ellos sienten y tiene razón.
Pero cuando ya yo escucho a mi nieta, como que algo en mí dijo, algo está pasando. Y siento yo esa… no sé cómo explicarles, pero yo siento que de mí sale algo. Y yo me senté y empecé a llorar y dije, ¿qué pasa? ¿Qué es lo que está pasando, Señor? Y empiezo a llorar y a identificar y a reconocer que estaba algo dentro de mí, y que estaba afectando todo mí alrededor, todo. Y empiezo a orar y yo me acuerdo que yo le dije al Señor, “Padre, siempre he orado, y siempre he creído en mi espíritu que tengo un Dios poderoso, que nada es imposible para ti y que si tu estás conmigo, yo voy contigo, porque siempre has estado y seguirás estando, tanto en mi casa como en mi vida misma.” Y empiezo a reconocer, empiezo a sentarme con el Papá que tengo, a decirle qué era lo que estaba pasando conmigo. Indiscutiblemente, hermanos, es algo maravilloso cuando vemos que el Papá acude y dice, “Aquí estoy. Aquí estoy, sácalo, porque si estás conmigo no hay por qué temor.” Él no nos ha dado espíritu de cobardía sino de dominio propio. Pero es bien difícil. Hablamos la palabra pero cuando la vivimos, se hace viva en nosotros, se hace viva de una manera que ustedes van creciendo, y uno va creciendo como conforme ese Dios tan maravilloso y que lo lleva de la mano, y le dice, “Aquí voy contigo.” Y bueno, siento eso, se va el temor, reconozco, renuncio y se va ese temor. Me levanto y lo primero que yo pensé fue, me voy para Honduras porque no soy una mujer que va a estar encerrada.
Y me voy para Honduras. No, miento, primero le digo a mi esposo, “Yo me voy a ir para Honduras,” porque eso era lo que me había puesto ansiosa, cómo voy a hacer, hoy a Honduras no puedo ir, está todo cerrado, cómo voy a hacer. Y bueno, cuando ya sentí que fue que era por mi mismo temor que yo no quería ir, y reconozco el temor, el temor se va. Y ya le digo a mi familia, “Me voy para Honduras.” Cuando ya tomo una determinación, cuando uno tiene una determinación, que hay veces no sabemos que es Dios empujándote para que sigas, tu la ves como, ay, soy yo. Pero en mi casa, en mi familia, todo mundo sabe que si yo les digo, “Mañana voy a Nueva York,” ellos saben que mañana voy para Nueva York. Y entonces, ese día yo les dije, “Papa, yo me voy para Honduras, y yo me voy a ir para Honduras, voy a ir a darle de comer a estos niños, voy a ir a cocinarles.” Como que ahora que no hay comida, que está pasando una situación, no vamos a bendecir a estos niños. Yo iba por los niños.
Pero cuando yo llego a Honduras ya no eran los niños, ya cambió todo, vinieron los huracanes. Viene el primer huracán, empezábamos a orar y a orar porque estaba el huracán, queriendo saber qué estaba pasando con nuestros hermanos en San Pedro, en la Lima. Fue tan grande lo que pasó. Empiezan a llamar que tenemos familias en… En La Lima teníamos familia, están mis tías con mis primos, mucha familia y ahí se perdió todo. Y empiezan mis hijos a decir, “Mami, allá está mi tía, mami, esto, mami, el otro,” y se va creciendo algo en mí, como decir, tienes que ir. Tienes que ir. Y yo no era que lo oía, sino que mi espíritu sentía, Blanca, tienes que ir. Entonces, agarro mi carro y dije, me voy. Voy a ir a ver qué es lo que está pasando, o voy a ver qué es Dios lo que quiere. Y yo me voy para allá. Era algo terrible. Era algo doloroso lo que estaba pasando y empiezo a ver la gente durmiendo en la calle, no tenían dónde estar. Niños, ancianos y en mi espíritu yo empiezo a ver cómo se va a ayudar a esta gente, cómo puedo dar un granito de arena, porque uno quisiera hacer un montón de cosas, pero Dios sabe específicamente qué tu puedes hacer. Él sabe cuál es la capacidad que yo tengo, que tu tienes, para hacer lo que Él quiere que hagamos.
Entonces, empiezo yo a ver qué voy a hacer. Hicimos muchas cosas, hicimos bolsas de comida, kits de jabón y pasta, pero a mí se me ocurrió una idea, fue hacer tortillas de harina. Yo pensé, tortillas de harina, porque nosotros comemos tortillas de maíz. Y entonces, tortillas de harina, en el lado de la costa les gusta la tortilla de harina y lleva frijoles y arroz, pero yo no podía hacer cien tortillas de harina. Era ilógico que yo llevara 100 tortillas de harina viendo que había niños, ancianos, adultos. Yo dije, “Señor, yo voy a dar 1000 tortillas.” Hermana, pero yo le estoy diciendo, voy a llevar 1000 tortillas, pero el trabajo que implica y todo, ahí yo no lo pensé. Yo dije, “Señor, yo voy a dar mil tortillas, y yo voy a bendecir con comida, pero van a ser tortillas de harina.” Entonces, empezamos a ver cómo se iban a hacer las tortillas de harina, y Dios fue poniendo todo en su lugar. Bueno, planifiqué que iba a llevar las tortillas de harina. No podíamos comprar las tortillas de harina hechas porque iba a ser más dinero, entonces íbamos a ayudar una vez y ya la otra vez ya no iba a poder. Entonces, mejor decidí hacerlas en la casa, pero no teníamos las tortillas. Eran mil tortillas y yo sabía que yo no estaba capacitada para hacer mil tortillas y en la mañana hacerlas.
Entonces, me fui en el carro, como le estaba contando a mi pastora, y en lo que yo iba, yo vi un señor que parqueó su carro, bajó unos paquetes de tortilla y cuando yo lo veo, inmediatamente yo iba con mi hermana, yo le digo, “Ve, y sigue a ese señor.” Y ella me dijo, “¿Y para qué?” “No, es lo que él lleva en la mano. Él lleva tortillas.” Entonces, me hermana se va y le va a preguntar que a dónde compró las tortillas. Yo no sé qué ella hizo, el son es que hasta le compró tortillas y fuimos a probar las tortillas a la casa. Y le dije, “Estas son las tortillas.” Llamó al señor y él me dice que él las hace en su casa y las distribuye en todas las tienditas de ahí de Siguatepeque. Y ya yo le pregunto, “¿Usted me va a hacer mil tortillas?” Y él me dijo, “Sí, ¿para cuándo?” Y yo, oh, Padre, ya proveíste las tortillas! Y Él provee todo. Él tiene todo en control. Cuando ya le disponemos el corazón al Padre, Él va a disponer todo aunque sea pequeño, o sea grande. Él lo que quiere es que reconozcamos que lo necesitamos y que Él está con nosotros, que Él pelea con nosotros. Entonces, bueno, le cuento las tortillas.
Pero después, como a los dos días me voy a comer a una casa, y cuando llego a la casa la señora tiene una tiendita y ella me dijo, “La voy a dejar, hermana, porque fíjese que viene un señor a vender el queso, pero él vino hoy tarde, entonces tengo que irlo a atender.” Y cuando ella dijo queso, ya yo también, algo se activó, el queso. Y le digo yo, “Hermana, ¿usted me podría comprar 25 libras de queso porque mire que yo los necesito, hermana?” Usted no me imagina yo. Y ella me dice bien tranquila, “Sí, sí hermana Blanca, yo le voy a comprar las 25 libras de queso.” Hermanos, ese día yo me fui llena de gozo. Un gozo que no tenía entendimiento. Yo llegué a mi casa gozosa, feliz. Yo le dije, Señor, gracias. Gracias porque ya proveíste. Gracias porque ya sabes lo que tengo que… Ya tu sabías qué yo iba a hacer, solo estabas dándome un empujoncito para que hicieras lo que yo… Él me estaba ayudando para hacer lo que Él había planificado, incluso que yo esté dando el testimonio aquí. Es porque Él ya lo planificó en los cielos, ya hace tiempo estaba eso en los cielos. Blanca un día va a decir cuánto temor tenía. ¿Por qué? Porque he sido fuerte, he sido una mujer fuerte, llena de mucha valentía, pero hay momentos en nuestras vidas como seres humanos que flaqueamos, que tenemos debilidades.
Vengo aquí a Boston y entro a la clase. Hay una clase aquí hermosa que si ustedes oyen de ella, inscríbanse. Se llama Libres en Cristo. Y yo le digo, yo voy a llevar esta clase para ministrar a los niños que están allá en Honduras. Y la hermana me dice, “Si entras tu a la clase, no entres con un espíritu de solo ir a oír. Tu vas a entrar para ver qué Dios va a hacer en ti, qué Dios quiere de ti.” Y entro a la clase y allí yo entiendo que cada quien tiene áreas donde necesita confrontar los temores, necesita entregarle esas áreas al Señor. Y empiezo yo a renunciar muchas cosas, ¿saben por qué? Porque toda mi familia siempre está viendo lo que yo estoy haciendo. Mi legado, que el día que yo me vaya con mi Señor, quiero que mi familia siga viendo esa mujer que Dios ha ido formando poco a poco. Dios es bueno. Dios es maravilloso. Él está en control y no hay nada imposible para Él. Y aquí les dejo para que mi pastor siga predicando.
¿Cuántas tortillas distribuiste? Mil tortillas y vamos cada lunes a repartir las tortillas. ¿Mil cada lunes? Sí. ¡Guau! Sí, mil tortillas. Amén. En este caso es la historia de cinco panes y dos peces, pero en vez de panes eran tortillas y en vez de peces queso. Tremendo. Qué bendición, ¿verdad? gloria a Dios y aunque no llegue al final de mi sermón pero vale la pena solamente ese testimonio. Blanca hubiera podido quedarse en el temor, en el encerramiento, pero ella decidió en un momento dado, salir de ese temor. Sabe la mejor manera de vencer el temor, es haciendo cosas, moviéndose a pesar del temor. Es atravesando el temor. Porque a veces nosotros esperamos que el temor se vaya para entonces hacer algo. Y a veces es todo lo contrario, a veces tienes que hacer algo para que el temor se vaya. Y esa es una clave en la vida cristiana. Las acciones rompen muchas veces las actitudes negativas en nosotros. A veces estamos esperando a que Dios nos quite esto, nos quite lo otro, para entonces di que servirlo. Pero a veces tenemos que comenzar a servirlo y esos fantasmas, esos demonios entonces huyen de nosotros. Es muy interesante. Eso es algo muy bíblico y muy poderoso espiritualmente.
Entonces, vemos en la jornada que llevó Blanca y así muchos de nosotros podríamos hablar de momentos así en que el Señor nos sacó de un atolladero. Uno ve algunos de esos elementos de los cuales yo estoy hablando, reconocer dónde estás, renunciar a ello, confesárselo al Señor, buscar aliados, como en el caso de ellas, estas personas que la ayudaron, muchos elementos allí que son parte de la jornada de la transformación, los elementos de la larga jornada de la transformación. Y todo comienza, hermanos, en la vida con reconocer. El primer acto que uno debe poner en práctica siempre en la jornada de la transformación, es reconocer. Reconcer ¿qué? Reconocer sinceramente internamente quiénes somos realmente, nuestras necesidades, nuestras condiciones específicas, nuestras limitaciones, nuestros pecados persistentes, darle nombre y reconocer dónde tu estás, porque ahí comienza todo. Quién tu eres honestamente, trayéndoselo al Señor y reconociendo tu necesidad.
Pienso en el salmista en el Salmo 51, el famoso salmo de confesión de David. “Porque yo reconozco mis rebeliones,” dice David, “y mi pecado está siempre delante de mí.” David reconoció su pecado cuando se le alertó a su pecado y se le confrontó, él bajó la cabeza enseguida y reconoció. No hay nada de malo en reconocer tu pecado. El problema está cuando tu rechazas el conocimiento de tu pecado, cuando tu no reconoces que eres una persona resentida, o que eres demasiado crítico, o que eres exigente, o que tiene un mal carácter, o que te agarras a las ofensas, o que abusas de los demás, eres demasiado autoritario, todas esas cosas que son parte de la jornada hacia la transformación. Y muchas veces no lo reconocemos y la jornada a transformación comienza cuando tu reconoces tu pecado, porque entonces Dios dice, ahora vamos a trabajas. No hay vergüenza en reconocer nuestros pecados. Todos hemos fallado en una manera u otra, pero hay algunos que se obstinan en pensar que ellos no tienen nada que confesar. Y ahí está la cosa. Cuando tu reconoces tu condición de temor, por ejemplo, sí, tengo miedo, tengo temor. No lo llamas otra cosa, porque muchas veces podemos disfrazar el mono y lo vestimos muy bonito y todo pero como dicen, el mono, aunque se vista de seda, mono se queda. Y a veces tenemos etiquetas y nombres para todo. Esta generación es una especialista en coger nombres y cosas y pecados y llamarlos otra cosa. O disfrazar impulsos negativos y llamarlos otra cosa. Y eso está hoy en día en muchas situaciones donde usamos excusas y lo llamamos gracia o amor, lo que sea, pero es simplemente disfrazar los defectos de la gente y nuestros propios defectos, y llamarlos otra cosa. Entonces, Dios no puede trabajar con ellos.
Entonces, todo comienza cuando reconocemos específicamente nuestros defectos. Y ahí mismo en ese salmo, David en el versículo 14, 51:14 dice, “Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación.” Sabe que David era un hombre homicida. De hecho, mandó a matar a Urías, el esposo de Betsabé para esconder su pecado. Pero también mató a mucha gente. Era un guerrero experto. Mató, yo me imagino, cientos de personas en el curso de su vida, tanto así que Dios le dijo, “No me vas a poder construir casa porque tu has derramado demasiada sangre.” Entonces, David sabía que ese era un pecado persistente en él, que él tenía un carácter aguerrido, violento, y entonces, por eso él dice, “Líbrame de homicidios, oh Dios.” Usted ve que ahí él ha reconocido cuál es uno de sus pecados persistentes, y él lo nombra y le pide al Señor que lo libre de eso. ¿Cuál es tu pecado persistente? ¿Cuál es el área de tu vida, tu defecto que tu necesitas ponerle nombre y reconocerlo? Y ahí comenzará tu proceso de transformación. Entonces, reconocer nuestros pecados y nuestras faltas.
Número 2. Confesarlo. Porque una cosa es reconocer internamente y darle nombre, pero otra cosa es entonces, verbalizarlo y externalizarlo. Y nosotros tenemos que confesar ante Dios e incluso ante los demás verbalmente, en oración, exteriormente, nuestra verdadera condición y nuestra pecaminosidad. Es importante inclusive, primero, verbalizar. Cuando tu sabes que hay algo en tu vida que necesita ser cambiado, háblalo con Dios, confiésalo verbalmente. Hay algo sanador en la verbalización y la expresión física de nuestros defectos, que no se sustituye con simplemente reconocerlo internamente. Y sobre todo yo creo que hay una sanidad cuando nosotros lo confesamos ante otros también. Nunca tengas temor de denunciarte a ti mismo. Es importante que otros alrededor de ti sepan de qué pie tu cojeas. Ahora, no quiere decir que tu estés anunciándolo por todas partes. Hay que escoger gente sabia, en el momento propicio, no ponerle demasiadas cargas a la gente que no pueden llevar inclusive. No denuncies todas tus cosas, pero sí es bueno uno ser humilde y en momentos apropiados, denunciarse a uno mismo, porque ese es un ejercicio de humildad y de honestidad muy importante.
¿Y sabe quiénes se benefician de eso? Nuestros hijos, por ejemplo. Y eso me refiero también a los hijos espirituales. Yo creo que los líderes espirituales, los pastores y los demás, debemos ser honestos ante los demás y reconocer nuestros pecados, reconocer nuestras fallas, reconocer nuestras debilidades, reconocer que no lo sabemos todo, que nos hemos equivocado, y se benefician nuestros hijos espirituales. Si tu eres un discipulador, un maestro, un pastor, pastora, es importante que otros sepan que tu también están en construcción, tu estás en proceso y en trabajo. Y los padres, mucho se benefician los hijos cuando los padres comparten sus debilidades, sus temores, sus defectos, sus errores, y les dejan saber a sus hijos que, hey, yo no lo tengo todo trabajado. Y los hijos, entonces, se sienten incluidos en el proceso. Ellos saben también que ¡guau! Mi papá, mi mamá están en construcción, yo debo también vivir ese tipo de vida constructiva. Y ellos se acostumbran entonces a ver la vida como un proyecto que hay siempre que estar mejorando, trabajando en algo. Y entonces, usted está creando una generación de hombres y mujeres que siempre estén en honestidad y en proceso. Y eso es muy importante también. Entonces, tenemos que confesar ante Dios e incluso ante los demás verbalmente, en oración, nuestra verdadera condición. Primera de Juan 1:9 dice, “Si confesamos nuestros pecado, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Y si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él mentiroso y su palabra no está en nosotros.” Dios sabe ya lo que tu eres, así que confiésalo y eso te ayudará, no tanto para Dios sino para tu propio beneficio. Confesar verbalmente, externamente así como reconocer internamente y para nosotros.
Número 3. Otra práctica bien útil de la jornada de la auto transformación es renunciar. Si tu estás involucrado en cualquier trayectoria de auto superación, estos elementos los vas a usar y todo lo que yo he estado diciendo en estas últimas semanas acerca de resiliencia y transformación, tiene que ver con estas prácticas. Lo que estoy haciendo es decantándolas y reduciéndolas a sus elementos estructurales. Renunciar. ¿Cómo? Sinceramente, resueltamente, enfocádamente. ¿Qué quiere decir renunciar? A veces usamos esa palabra mucho en el mundo evangélico. Renunciar quiere decir no. renunciar quiere decir rechazar, poner una pared entre nosotros y nuestros pecados estructurales. Y hay que aprender a renunciar. Hay que aprender a decir inclusive renuncio, renuncio al temor, renuncio a la ira, renuncio al resentimiento, renuncio a la depresión, renuncio a la ansiedad, renuncio al afán. ¿Cuántos de nosotros vivimos vidas afanadas? Hermana si tu estás afanosa como Marta, y preocupada con muchas cosas, y creo que le estoy hablando a algunos aquí, hombres o mujeres también, pero renuncie al afán. Yo mismo he estado renunciando al afán últimamente. Llega el domingo y yo me pongo afanoso. Me levanto por la mañana y estoy pensando de una vez lo que me espera por delante. Yo le decía al Señor esta mañana, “Padre, uno no puede estar ministrando afanosamente. Tu nos has llamado a paz, a gozo en ti. Renuncio al afán. Permite en que llegue el día en yo le de la bienvenida gozoso al domingo.” Porque así debe ser. Somos afanosos muchas veces. Hay que decir, renuncio al afán y abrazo la bendición del Señor, el gozo del Señor, la paz del Señor, la confianza en el Señor. Renuncie y abraza, abraza y renuncia. Renuncia y abraza. Esa es una práctica.
Voy a hablar un poquito acerca de abrazar más adelante. Tito, capítulo 2, versículo 12, dice, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.” Usted ve, hay que renunciar a la impiedad. Impiedad no quiere decir esos pecados feos, sino todo lo que sea defectuoso en nosotros. Hay que renunciar a ellos. Tu tienes que nombrarlo y por eso tienes que reconocerlo, tiene que confesarlo y entonces, renuncia a ellos con tu boca. Renuncio a esto, como una declaración marcial, militante y darle nombre a eso que tu renuncias. Efesios, capítulo 4:22 dice, “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos – ahí está la palabra renunciar en otra manera – del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos…” Despojarse quiere decir quitarse algo, un vestido, una vestimenta. Despójate de ella. “… y renovaos en el espíritu de vuestra mente.” Tenemos que despojarnos, renunciar, pero también tenemos que vestirnos porque sino andaremos por ahí en cueros. Hay que ponerse un vestido nuevo. Tu te quitas uno, ponte algo nuevo. Si tu te vas a desvestir de algo, vístete con cosas nuevas. El viejo hombre renuncia a él, pero entonces dale la bienvenida. Y dice, “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad.”
Renunciar tiene poder, hermanos. Esa es una declaración. En latín, los sacerdotes católicos hablan del ab renuntio que quiere decir renuncio de, rechazo algo. A Satanás hay que renunciar. Renuncio a Satanás y sus poderes. Renuncio al dominio del infierno en mi vida y abrazo la gracia y el poder y la luz de Dios en mi vida. Renunciar, eso tiene poder. Hay que renunciar a los pecados que nos están abrumando en nuestra vida. Renunciar. Si tu estás en un proceso de transformación debes identificar tus pecados y renunciar a ellos con resolución y con claridad. Eso fortalecerá tu resolución y tu decisión de apartarte de esas cosas, de esas cargas que te abruman.
Número 4. Confesar. La confesión ya hemos dicho, pero miren, esto voy a decirles. Ya dijimos que hay que confesar nuestros pecados. Ahora quiero hablar de confesar en otra manera. Es confesar positivamente. Ya no es renunciar de o confesar algo negativo sino es confesar positivamente, declarar positivamente la imagen que Dios tiene para ti y para tu vida, las cosas positivas que Dios tiene para ti. Tu debes confesarlas verbalmente. Tienes que ya decir lo que Dios quiere que tu seas, y decirlo como si fuera una realidad real, valga la redundancia. Porque cuando tu verbalizas lo que Dios va a hacer en tu vida y lo declaras como si fuera una realidad ya, eso va a ser como una declaración profética que va a atraer el poder creativo de Dios. La Biblia dice que Dios llama las cosas que no son como que son. Dios las confiesa y Él las hace reales a través de su confesión poderosa. Nosotros tenemos que aprender a verbalizar con nuestra boca las cosas que nosotros ya sentimos que Dios ha declarado sobre nuestra vida. Y no podemos esperar hasta que se haga una realidad, tenemos que hablar de ellas. Cuando tu tengas un proyecto en tu vida de transformación, cuando tu sientas que Dios te está llamando a hacer algo grande, creativo, anúncialo, confiésalo, verbalízalo, compártelo con otros porque eso va a ser una forma de tu desatar los poderes del reino a favor de ese proyecto de vida que tu tienes. Cualquier cosa que tu estés anticipando, compártela con un grupo de amigos espirituales. No se lo diga a todo el mundo porque hay un tipo de persona que cuando tu le digas que quieres hacer algo creativo, van a querer jalarte para abajo para que tu no lo dejes. Ellos van a querer arrastrarte a donde ellos están y se van a sentir amenazados cuando te vean ir en otra dirección. Pero compártelo con seres queridos, con personas que tu sabes que van a escucharte bien porque eso te va a ayudar a ir hacia adelante.
Efesios 2, versículo 6 dice, “Y Dios nos resucitó con Cristo y nos sentó con Él en los reinos celestiales en Cristo Jesús.” Cuando tu hablas de esa manera, que tu estás sentado con Cristo, tu no estás aquí en el 20 de la Reed Street, tu estás en el cielo sentado a la diestra del Padre, Cristo a tu lado, encima de toda circunstancia. Eso te ayudará a tomar resolución y fortaleza en tu vida. Acostúmbrate a hablar positivamente. Hay gente que ni que los maten dicen algo positivo. Usted les da un cumplido y encuentran alguna manera de escabullirse del cumplido y de no aceptarlo. Y yo creo que es importante que tu añadas ese elemento de confesión positiva en tu vida, de que tu sepas que Dios está contigo, que Dios está a tu favor y que Él va a hacer cosas grandes en tu vida. Profetiza sobre tus hijos inclusive y háblales de lo bueno que ellos son, de lo que van a ser en el futuro, de cómo Dios los va a usar, de cómo Dios los va a bendecir, de lo productiva que va a ser su vida. Habla con tu boca y confiesa la bendición de Dios. Yo he encontrado que la gente que es positiva en la vida, habla positivamente. Y quizás son positivos porque hablan positivamente, y hablan positivamente porque son positivos. Es un ciclo virtuoso de cosas que se refuerzan a sí mismas. Entonces, confiesa positivamente. Habla la bondad de Dios en tu boca. Acostúmbrate a tener buenas conversaciones, conversaciones positivas, que la bondad y lo bueno de Dios circule a través de tu mente por medio de tus palabras y tus conversaciones. Confesar positivamente.
Número 5. Reclamar las promesas de Dios para nosotros. La palabra reclamar, uno no solamente tiene que confesar, admitir, hablar positivamente, renunciar a las cosas, sino que también hay que reclamar las promesas de Dios y las visiones que Dios ha puesto en nuestro corazón. En otras palabras, Dios nos ha hecho tantas promesas en la vida y en la palabra y nosotros tenemos que aprender a reclamar esas cosas para nosotros. En estas últimas semanas, debido a una circunstancia personal, Dios avivó unos versículos del libro de Isaías en mi vida y como me ha pasado en otros momentos de mi vida, yo cogí esos versículos, los escribí a mano y los leo continuamente. Cada vez que encuentro eso, lo llevo en mi bulto, yo lo saco, lo leo, lo confieso y lo hago para mí. Aunque esos versículos se refieren a Israel pero usted sabe que las promesas de Dios son para todos nosotros. La Biblia no lo registra para que nosotros digamos, oh, eso pasó hace tres mil años, qué bueno. No, es para que tu lo hagas tuyo, para que esas promesas se hagan una realidad en tu vida. Y entonces, tu tienes que reclamarla como para ti. Cuando Dios promete, por ejemplo, en Josué 1:3, “Yo os he entregado todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” Dios le está hablando a Josué antes de que entren a la Tierra Prometida. Él tiene que llevar al pueblo a esa tierra donde habrá gigantes, donde habrá tribus enemigas, donde va a haber mucha resistencia, y Él le dice a Josué, “Josué, no te preocupes, yo te he entregado a ti toda la tierra que pise la planta de tu pie, desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra hasta el gran mar donde se pone el sol será vuestro territorio.” Y se dirige a él directamente, “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te desampararé.” Gloria a Dios.
¿Usted cree que esos versículos eran solamente para Josué? Es para ti en el siglo XXI, es para ti cuando vayas a buscar un trabajo, es para ti cuando quieras aprender inglés, es para ti cuando quieras estudiar para una mejor posición en tu trabajo. es para ti cuando estés confrontando una situación de salud. Es para ti cuando el diablo te esté gritando, “Tu no vales nada, no puedes hacer nada.” En el nombre del Señor Dios me ha dado toda la tierra que pise la planta de mi pie. Y eso quiere decir, tus emociones, tus heridas del pasado, los fracasos que has tenido, las veces que le has fallado al Señor, las veces que no te dijeron buenas cosas tus padres, los momentos en que tuviste un gran sueño y se vino abajo, y Dios dice, “Todas esas heridas, todos esos lugares habitados por malos recuerdo, yo te los he entregado y pisa sobre ellos, confiando que yo te daré esos gigantes.” Y tu tienes que reclamar esas promesas. Hay tantas bendiciones. Yo les he dicho de ese versículo que para mí es un versículo lema “porque la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Qué bella promesa.
Dios no dijo eso simplemente para digamos, oh, qué bonito, qué poético. Él lo dijo para que tu lo reclames. Y entonces, yo creo que mi vida va a ser una vida ascendente, de crecimiento cada día, que mi senda en la vida es como la luz que comienza a las 5 de la mañana oscurito y de momento hay un pequeño vislumbre de luz y luego se va haciendo más grande hasta que llegue el mediodía y la luz está brillante. Así es tu vida, así es que Dios te ha llamado a ser, un perpetuo proceso de ascendencia. Reclama esa promesa en el nombre del Señor. El diablo te va a decir, “No, tu estás destinado a terminar tu vida viejo, feo, deshecho, decrépito, nadie te va querer, todo el mundo te va a huir.” Tu dices, “Mentira en el nombre del Señor, porque la senda de los justos es como la luz de la aurora.” Y tu te llenas de esa fe de que no, el diablo quiere decir, “Te vas a morir,” pero Dios te dice, “No solo no morirás, sino que vivirás,” y tu reclama esa promesa. Cree que es para ti. Tantas promesas bellas en la palabra, apréndelas, escríbelas, memorízatelas porque ahí está la gran clave. Entonces, si tu estás en un proceso de crecimiento, confiesa y cree que eso es para ti. Abrázalo como que es tuyo. Reclámalo para ti.
Número 6. Si tu quieres crecer en tu vida y proseguir como un proyecto de construcción continuo, tienes que aprender a profetizar tus triunfos. Tienes que aprender a profetizar tu nueva condición anticipada, como lo hizo David cuando luchó contra Goliat. Hay algo bello, hermanos, cuando nosotros profetizamos lo que Dios va a hacer, y lo hacemos en esa postura de profeta. Nos vestimos de profeta y en nuestro espíritu profetizamos la palabra de Dios. Nos ponemos nuestras ropas sacerdotales y decimos cosas que Dios nos ha dicho en la noche y las declaramos y las enviamos como un proyectil contra la pequeñez, contra la debilidad, contra la oscuridad, contra la tiniebla, contra las pérdidas de la vida, y destruimos al gigante y decimos lo que Dios ha dicho que va a hacer de mi vida.
Yo pienso en David, en Primero de Samuel, versículo 17, ahí tenemos a David que es el quintaesencial [sic] expresión de profetizar cuando estamos ante algo que parece inmovible, algo grande, amenazante, terrible, insuperable, y David tiene ese gigante, 8 pies dice más o menos que medía Goliat. Y la espada de Goliat yo creo que es más alta que el mismo David en ese momento. Y entonces, Goliat ve a ese jovencito inexperto y sin armadura y lo menosprecia. Y dice Primera de Samuel 17, “El filisteo le dijo a David, “Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.” Y David en vez de irse, escurrirse e irse corriendo dice que lo encaró y dijo al filisteo, “Tu vienes contra mí con espada y lanza y jabalina, más yo vengo a ti en nombre de Jehová de los ejércitos.” ¡Aleluya! “El Dios de los escuadrones de Israel a quien tu has provocado.” Y yo me imagino que David, la voz de él fue subiendo y subiendo mientras él veía que hey, I’m doing well. Voy a seguir. Y él sigue entusiasmado con su propia retórica. “Jehová te entregará hoy en mi mano y yo te venceré y te cortaré la cabeza y daré los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.” Gloria al Señor. ¿Qué está haciendo él? Está profetizando. “Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza, porque de Jehová es la batalla y Él os entregará en nuestras manos.” Es como si David hubiera estado leyendo el periódico del otro día, porque eso fue exactamente lo que pasó. David vence al gigante y le corta la cabeza y los filisteos huyen. Ese era el headline, el encabezado de la noticia al otro día. Pero ya David había profetizado.
Y nosotros tenemos que aprender, hermanos, a hablar como leones aunque nos sintamos como ratones. Tenemos que aprender a decir cosas que nos asustan cuando las decimos y que uno tiene miedo que cuando la gente lo escucha digan, este tipo está soñando con pajaritos en el aire. Uno tiene que aprender a declarar las virtudes de Dios. Uno tiene que aprender a profetizar y crear lo que va a hacer en nuestra vida. Dilo y profetízalo aunque tu no lo creas. Mucho de lo que pasa en la vida del creyente, como yo decía al principio, se da en el espíritu antes que se dé en la materia. Pero tenemos que aprender. Yo estaba tratando de recordar el coro que cantó el grupo de adoración y lo busqué en el internet y como hay tantas traducciones uno ya… Dios es con nosotros, ¿cómo es que dice ese coro? Viviré, no moriré. ¿Qué más dice? Con tu poder renaceré, etc. Lo que me gusta de ese coro es que es una profecía, dice, yo viviré, no moriré. En otras palabras, uno tiene que hablar así en el espíritu. Yo no voy a vivir mi vida como un pequeño. Viviré, no moriré, con tu poder renaceré. ¿Qué más dice? Vives en mí, soy libre al fin, Jesús mi Rey. Es un coro bello porque de nuevo, es la manera en que nosotros tenemos que hablar.
Tenemos que profetizar lo que Dios tiene para nosotros. Aprende a ser una persona profética. Aprende a escribir tus sueños y entonces declararlos, como que se van a hacer una realidad. Porque nosotros creamos con nuestra boca, ¿sabe eso? Tenemos un Padre que crea con su boca. Sea la luz, y fue la luz. Surjan los astros en el espacio, surge la luna, surge el sol. Crezcan las aves y vuelen por el espacio. Bum, se llena de pájaros. Los peces en el mar corran y naden, y de momento llena de ballenas y todo tipo de peces. ¿Por qué? Porque la boca de Dios crea. Dios es muy económico. Él no crea con sus manos. Él crea con su boca. Y nosotros somos iguales. Nosotros creamos con nuestra boca. Cuando nuestra boca se viste del vestuario profética y se yergue para declarar las verdades de Dios, en ese momento somos como Dios casi, podríamos decir. Entienda lo que digo, con proporciones adecuadas. Nosotros tenemos poder. La boca, dice la Biblia, que en la boca está el poder para la muerte y para la vida. Así que confiesa vida, confiesa las cosas buenas que Dios tiene para ti. Profetízalas en acción. Vístete con tu sacerdocio ministerial profético y habla de las cosas que Dios va a hacer en tu vida. Aprende a ser un profeta de cosas buenas en tu vida. Es muy importante esto. Profetizar.
Séptimo. Toda persona que crece y que progresa en la vida, es una persona que ha aprendido a visualizar las cosas que Dios tiene para nosotros. Tenemos que aprender a vernos a nosotros mismos como lo que podemos llegar a ser. Tenemos que ensayar en nuestra mente esa imagen de lo que Dios tiene para nosotros una y otra vez. Yo recuerdo que desde niño para mí ha sido un gusto visualizar, soñar despierto. Y no hay nada como una visión, cuando tu te ves volando un aeroplano, o manejando un carro de carreras, o tocando una sonata ante una multitud de personas como Beethoven. Hay algo cuando uno aprende a concebir cosas y disfrutar de ellas visualmente. La visualización es algo bien importante en la vida. Cuando tu aprendes a visualizar en tu mente eso que Dios ha puesto en tu corazón que tu vas a llegar a ser, visualizarte como una persona en control de sus pasiones; visualizarte como una persona que está bendiciendo a otros; visualizarte como una persona que está llevando mil tortillas con queso a niños hambrientos en un país; visualizarte como una persona que está dando clases a gente para que superen sus debilidades; ahí está ese ministerio Libres en Cristo, que está haciendo grandes bendiciones.
Una mujer, Miriam Díaz, y otras que la ayudan, están haciendo hazañas y proezas para Dios porque han visualizado que Dios puede usarlas, gente común y corriente que son extraordinarias porque han visualizado lo que Dios puede hacer en sus vidas. Y hay muchos de ustedes que están preñados sin saberlo con el sueño de Dios para ustedes, y deben aprender a visualizarlo y verlo en su mente. Los atletas usan mucho la visualización. Todos los entrenadores de atletas y también los coaches de vida y profesionales hablan de la importancia de uno ver el resultado en su mente antes de que se haga una realidad en el mundo externo. Y los atletas cuando se paran ante la bola, ante el pitcher, ven esa bola saliendo de su bate y surcando el aire y convirtiéndose en un jonrón. El boxeador ve a su contrincante cayendo con un puñetazo certero que aterriza sobre la quijada del oponente. Es importante la capacidad para visualizar y vivir una vida con visión, porque cuando tu aprendes a plasmar en la pantalla de tu mente los sueños de Dios para ti y tu los ves en tres dimensiones y a colores, ya tu estás camino hacia la realización de tu sueño. Muchos de nosotros la vida nos ha matado la capacidad para soñar. Y a veces tenemos que pedirle al Señor, “Señor, ayúdame a soñar de nuevo.” Esos sueños que yo tenía cuando era niño de grandeza. Tan fácil que era ver una muñeca y en mi mente transformarla en una reina de belleza. Los niños tienen esa capacidad y por eso es que Cristo dice, “A menos que no seáis como niños, no podréis entrar el Reino de los Cielos.” Tenemos que pedirle al Señor, “Señor, hazme inocente de nuevo para yo creer tu sueños en mi vida y a visualizarlos.
Mi pasaje favorito en eso es el capítulo 11 de Hebreos. Si usted lee Hebreos a la luz de lo que estoy diciendo de la visualización, usted va a descubrir que es un gran capítulo sobre la capacidad para visualizar y ver las cosas antes que se realicen. Déjenme leerles un versículo, el versículo 3 de Hebreos 11, dice hablando de los grandes hombres y mujeres de la fe que murieron sin haber alcanzado sus sueños, dice: “Conforme a la fe, murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, - pero mire lo que estaban haciendo, dice – sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.” Hermano, usted no saluda algo que usted no esté viendo delante de usted mismo. Esta gente estaba tan convencida de lo que estaban esperando que en el último momento de su existencia lo saludaban. La Biblia dice que Cristo por el gozo que estaba puesto delante de Él, menospreció el oprobio. El Señor cuando estaba en la cruz no veía la cruz. Él veía los billones de almas que habían de ser salvos por su sacrificio. Y por eso pudo ignorar la cruz. Y muchas veces cuando nosotros tenemos la mirada puesta sobre la visión de Dios para nuestras vidas, podemos entonces bregar mejor con los problemas y las limitaciones de la vida cotidiana. Aprende a soñar en Dios. Aprende a creer en cosas grandes y a visualizar los sueños de Dios para tu vida. Sé un soñador en el mejor sentido de la palabra, un visionario es una mejor palabra. Las visiones animan a los hombres y a las mujeres a llegar a la meta.
Número 8, ya voy a terminar dentro de unos 40 minutos más. Me quedan tres o cuatro elementos, pero yo creo que esto es importante. No quiero que eso se quede en el tintero. Orar. Con insistencia. Orar. Tu tienes que orar tus visiones. Tienes que darles vida por la oración. La oración es el gran fertilizante de los sueños. ¡Guau! Meche, por favor escribe eso antes que se me olvide. La oración es el gran fertilizante de los sueños. Hermano, ora tus sueños en realidad. La oración le da vida a las cosas. Cuando tu concibas un proyecto, sea externo o sea de auto superación, inmediatamente comienza a orar, todos los días. Pídele a Dios que te dé eso que tu estás añorando y deseando. Ora, ora, hasta que eso se convierta en un muchachito y una bebita bien rolliza y saludable. Ora tus sueños hasta que se hagan realidad. Fertiliza todos tus proyectos en oración. Mis batallas yo las peleo en oración, hermanos, de rodillas delante de Dios. Y lo que yo necesito yo se lo quito a Papá de las manos en oración, y a Él le encanta eso. Así que es importante orar con insistencia, de forma rutinaria. Debemos orar para hacer realidad esa visión de nuestro yo redimido. Orar.
Número 9. Reprender. Reprender, por ejemplo como hablaba Blanca acerca del temor. Si tu estás en un proyecto de superación vas a tener que reprender. ¿Por qué? Porque el diablo es el enemigo de los sueños. Ese también me lo apuntas ahí. [Risas] Se da cuenta que tengo muy buena auto estima en este sermón. Hermanos, cuando tu concibas un sueño que tu quieres romper los amarres de la tierra, el diablo va a ser el primero en recibirte cuando tu salgas de la puerta. Satanás va a querer atropellarte y hacerte creer que ese sueño fue simplemente que comiste demasiada pizza la noche anterior. Cuando uno entra en el proyecto del auto crecimiento y la auto superación, vas a tener que contender con todas las huestes del infierno porque Satanás es el mismo enemigo de todo sueño de grandeza, de superación, de ser útil para Dios. Así que todo proyecto de crecimiento, auto superación, productividad, va a tener que contender con la fuerza del mal, la gravedad que te va a querer arrastrar hacia abajo. Y muchas veces van a ser tus propios amigos. Muchas veces va a ser la gente que tu amas. A veces va a ser el pastor mismo.
Hermanos, cuando el Señor liberó a la mujer que estaba encorvada, ¿quién fue el primero que protestó? El jefe de la sinagoga que le dijo al Señor, “Pero, ¿Cómo tu te atreves a ministrar un sábado? Hoy es día de reposo. No se le permite a nadie sanar.” Imagínese qué escándalo. El diablo mismo estaba metido en ese jefe de la sinagoga y quiso matar el sueño de esa pobre mujer que ahora podía caminar erguida. Y muchas veces nosotros cuando Dios nos levanta y comenzamos a caminar erguidos, cuando la vida nos ha mantenido siempre aplastados, los demonios del infierno van a querer matar el sueño dentro de nosotros. Y nosotros tenemos que decir, no, en el nombre de Jesús, y tenemos que reprender al diablo mismo. Tenemos que someterlo al dominio de la palabra de Dios, y tenemos que alzar el vuelo. Y aún mientras él está susurrándonos, “Vas a fracasar, te vas a avergonzar a ti mismo,” nosotros seguimos hacia adelante, reprendiendo y atando en el nombre del Señor. Cuando Satanás susurre palabras de destrucción, auto condenación, fracaso, en el nombre del Señor te reprendo. Te ato, te amordazo, te echo fuera de mi vida. No recibo tus murmuraciones. Usa eso contra el temor, el afán, la depresión, la baja auto estima, la auto condenación, todas esas cosas, es el mismo diablo muchas veces que está susurrando contra ti para matarte ese proyecto de auto superación. Reprende en todas las dimensiones siempre en tu vida.
Tres más rápido. Abrazar. Número 10. Uno tiene que aprender a abrazar. ¿Abrazar qué? Abrazar la nueva realidad a la cual Dios nos está invitando. Como un bebito que está lleno de potencialidad, tenemos que recibir el sueño de Dios en nosotros, abrazarlo, acariciarlo, darle la bienvenida, nutrirlo. Hay que abrazar. Hay que decirle sí entusiastamente a una vida positiva y a las visiones de Dios en nuestra vida. Tenemos que abrazar apasionadamente esa nueva realidad a la cual Dios nos está llamando y que estamos visualizando. Tenemos que acogerla plenamente, entusiastamente, en vez de hacer lo que a veces hacemos, que hay un sueño que viene a nuestra vida y lo que hacemos es, ah, sí, está bonito, qué bueno. Y entonces, somos tibios en nuestros sueños y no peleamos por ellos, no los recibimos con fuerza. Y Dios quiere que lo acojamos, lo nombremos y le digamos bienvenido y lo saludemos, como esos hombres y mujeres de Hebreos 11. Porque muchas veces sabe que inclusive también lo que pasa es que, mira, a veces Dios nos está llamando a una vida de libre de ataduras demoníacas en nosotros, hábitos de drogas, sexuales, lo que sea, pero hay en nosotros un secreto deseo, ya yo he dicho eso antes, de retener aunque sea un poquitito de ello. Arrancamos la matitas pero no le arrancamos la raíz y esperamos que vuelva a crecer un poquito de nuevo. Nos tomamos vacaciones del proyecto.
Y Dios espera que nosotros lo abracemos entusiastamente, que cortemos los puentes atrás de nosotros y digamos, no, yo voy para adelante. Si perezco, que perezca, pero yo voy a ir tras esa bendición que Dios tiene para mi vida. Esa nueva visión, ese hombre creativo, ese hombre que tiene dominio propio, esa mujer emprendedora y gigantesca. Tenemos que abrazar entusiastamente. Y todo tiene que ver de nuevo con nombrar, reconocer, renunciar al pasado y darle bienvenida a la nueva realidad a la cual Dios nos está llamando. Hay que abrazar emocionalmente. Dios escuchará eso y Dios verá cuando tu comiences a abrazar entusiastamente lo que tu quieres para tu vida y lo que Él ha puesto en ti, el infierno mismo huirá y los recursos del cielo se movilizarán a tu favor, porque Dios dice, aquí hay uno que cree en lo que está pidiendo. Y al Señor le encanta la gente resuelta y decidida, y no hay nada que lo pueda detener.
Penúltimo. Repetir, insistir y persistir. Esas tres cosas van. La repetición, insistencia. Si tu quieres ser transformado tienes que acostumbrarte a la idea de que te va a tomar tiempo. Los proyectos de Dios son largos a veces y Dios trabaja profundamente. Dios no es uno que simplemente le pasa una cosita al polvo por encima, Dios abre el organismo y mete su bisturí y echa ácido en lo que está podrido, lo saca, lo corta y pone cosas nuevas allí. Él es como un artesano profundo. Un buen artesano va a una casa y coge la madera que está carcomida, la raspa, la limpia, y entonces pone algo nuevo encima de ello. No deja lo podrido ahí porque va a corromper todo lo demás. Dios trabaja así en nuestras vidas. Dios trabaja hondo, lo cual quiere decir que requiere mucho tiempo y requiere gente esté acostumbrada a los proyectos a largo plazo. Si tu no tienes una visión a largo plazo, no te vistas que no vas. Uno tiene que armarse de una idea y mucha gente fracasa en sus proyectos porque no tiene… son como los discos de antes, estoy dando mi edad. ¿Recuerdan los de 45, los discos de 45? Una canción solamente. No, Dios quiere que sea un Long Play, de muchas canciones. Amén. Dios quiere que tu seas una persona de larga duración, un maratonista. No somos unos corredores de 100 metros, somos unos corredores de 26 millas. Corremos a largo plazo y vamos a buen paso para llegar a la meta. Ármate de la visión de algo a largo plazo y cuando tu persigas algo, no te desalientes porque la carrera se hizo más larga de lo que tu pensabas. Llega y no re rajes hasta que no llegues al final, como dirían los mexicanos. Importante insistir. La persistencia.
Y lo último, digan gloria a Dios, lo último es comunidad. Todos necesitamos aliados, ¿verdad que sí, Rosa? en la carrera de la fe. Todos necesitamos amigos y ayudantes en el proyecto de la vida. Si tu tienes un proyecto, no lo persigas solo, búscate a dos o tres buenos compañeros y compañeras, gente de visión, gente entusiasta, gente que te anime, y cuando te sientas desalentado, comparte con ellos. Y tu también sé un buen integrador de equipo. Cuando tu veas a tu hermano descorazonado o triste, anímalo. Cuando tu veas que cayó, no le des una patada cuando está en el piso, sino levántalo. Cuando tu descubras que tiene algo defectuoso, no se lo vayas a anunciar a los otros. Encubre la falta y bendícelo y ayúdalo. Ese es el proceso. Así que, hermano, tu necesitas, no seas auto suficiente porque nadie lo es. Todos necesitamos una comunidad alrededor de nosotros. Aliados que nos ayuden en el proyecto de la auto superación. Que el Señor les bendiga y yo les animo a buscar estos elementos del sermón que estará en el internet y repásalos. No he tenido tiempo para hacer todo el repaso que yo quisiera, pero estos son elementos, hermanos, yo les digo, a mí me han ayudado en lo que he logrado. Iba a decir en lo poco, no, he logrado mucho para gloria de Dios. A veces somos falsos modestos. Lo que he logrado en mi vida, lo he logrado poniendo estos principios en práctica. Y no les estoy cobrando por ello, imagínese, excepto el diezmo y la ofrenda que ustedes dan aquí. Eso es todo. Pero repasen esto, hermanos, y ustedes vivirán vidas poderosas y fructíferas en el nombre del Señor.
Vamos a decir una última cosa ahora. Póngase de pie y vamos a reconocer dónde estamos. ¿Hay algo en tu vida que tu necesites reconocer ahora mismo? ¿Desánimo, desaliento, ira, temor, lo que sea? Reconócelo. Dile al Padre que tu lo confiesas y habla con tu Papá un segundo. Confiésalo. Recházalo y renuncia a ello. Abraza la nueva visión de Dios para tu vida. Verbaliza con tu boca la nueva realidad a la cual tu quieres llegar. Reprende a Satanás que querrá matar al niño antes que nazca. Y dile a Dios que te ilumine acerca de dos o tres buenos compañeros de viaje y entonces, lánzate con una visión a largo plazo. Vivirás y no morirás, dice el Señor. Tendrás éxito y no fracasarás, dice el Señor. No regresarás cabizbajo y derrotado, sino con tu cabeza en alto. Y cuando llegue el final de tu vida, no terminarás con un silencio mortal, sino con un grito de júbilo y de triunfo, dice el Señor. Yo bendeciré tus generaciones. Yo te he llamado a mi Reino, dice Jehová, para ser un vencedor, para crecer y honrar a mi hijo con tu trayectoria en la vida. Yo estaré orgulloso de ti. Y Satanás tendrá que salir avergonzado cuando vea que mi hijo, a mi hija, levantar alas como las águilas.
Tu presente aflicción es solo temporera, dice el Señor. Es el ejercicio por el cual te estoy pasando para que tu desarrolles músculos espirituales. Y los retos que están delante de ti no son para que fracases, sino para que tus músculos de desarrollen y llegues a ser más grande y más poderoso, para que me honres, y honres mi palabra, y honres los principios de mi palabra. Y Yo pongo en tus manos toda la tierra que pise la planta de tus pies. Yo pongo una espada que no es una espada material, no es una espada de hombre, no es como las armas que usan los hombres, pongo en ti una armadura que nadie podrá penetrar y pongo en ti una espada de dos filos que penetrará y hará huir al enemigo delante de ti. Yo te he hecho un guerrero, Yo te he hecho una guerrera, Yo no creo parásitos ni creo gente para que fracase. Los creo para que vuelen u surquen los aires y anuncien mi verdad a las generaciones. Y Yo me creo hombres y mujeres que me honren con su caminar alto y poderoso sobre la tierra, que anuncien con su vida misma la riquezas de mi Reino. Muévete en la autoridad que Yo pongo en tus manos. Ya la autoridad está en ti, no me la pidas, porque ya Yo la he puesto dentro de ti. Muévete en ella y profetiza las verdades que Yo he declarado y las hazañas y proezas que tu vas a hacer en tu vida, dice el Señor. Gracias Padre. Recibimos, internalizamos, absorbemos tu promesa y vamos en contra de toda mentira del diablo, de toda acción maligna que él quiera ejercer en contra nuestra y nuestros sueños. Y declaramos que venceremos y no seremos derrotados jamás, en el nombre de Jesús y el pueblo de Dios dice, amén. Dios les bendiga mis hermanos.