Viaje victorioso a través de la tragedia y la pérdida

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: En este sermón, el pastor habla sobre cómo superar la tragedia y la pérdida en la vida, tomando como ejemplo la historia de David en Segundo de Samuel. David había pecado y Dios le dio un severo castigo, incluyendo la muerte de su hijo. A pesar de esto, David hizo todo lo posible para cambiar el resultado de su situación, orando y clamando a Dios. Aprendemos que cuando estamos en situaciones de dificultad, debemos hacer nuestra parte y clamar a Dios, pero recordando que la última palabra la tiene Él.

En este sermón, el pastor habla sobre cómo David lidia con la pérdida de su hijo y cómo podemos aplicar sus lecciones en nuestras vidas. Primero, debemos hacer todo lo posible para cambiar nuestra situación y clamar a Dios por ayuda. Sin embargo, debemos aceptar la última palabra de Dios y seguir su voluntad. Luego, debemos reconciliarnos con nuestra situación y continuar con nuestra vida, incluso si tenemos que despedirnos de nuestros muertos. También debemos tener una convicción fuerte en la vida eterna para diluir nuestro dolor. Es importante actuar y moverse, incluso cuando estamos en dolor, y ser pacientes con nosotros mismos y nuestros sentimientos, recordando que el tiempo traerá la sanidad. Finalmente, debemos esperar el momento del cántico nuevo en nuestras vidas, cuando podemos celebrar la restauración y la normalidad.

En momentos de dolor y pérdida, es importante recordar que Dios es fiel y bondadoso. Debemos confiar en Él y esperar el día del cántico nuevo, cuando encontremos nuestra voz para adorarle de nuevo. Es importante orar con todas nuestras fuerzas y expresar nuestro dolor delante de Dios. También debemos confesar la bondad de Dios y anticipar el momento de liberación. Es normal sentir resentimiento, dolor y amargura en momentos de congoja, y es importante expresar esos sentimientos a Dios. Finalmente, es necesario buscar amigos maduros y compasivos para compartir nuestro dolor y nuestra lucha.

En momentos de dolor y sufrimiento, recuerda que no estás solo y busca amigos buenos y maduros. No envidies la situación de nadie porque todos enfrentan sus propias dolencias. Siempre hay una solución y nunca abandones la batalla. Espera en Dios y confía en Él, porque vendrán tiempos mejores en tu vida. Que Dios te bendiga y te use grandemente para consolar a otros con la misma consolación que Él te ha dado.

Hermanos, quiero hablar con ustedes acerca de viaje victorioso a través de la tragedia y la pérdida. Es un tema pesado. Cómo viajar victoriosamente a través de la tragedia y la pérdida en la vida. Y quiero tomar esta enseñanza desde el texto de Segundo de Samuel, el Segundo libro del profeta Samuel, capítulo 12. La historia de David en un momento trágico de su vida y cómo él pudo superar ese momento trágico y salir adelante e inclusive ser de bendición a todos nosotros. Tres mil años después en la ciudad de Boston estamos recibiendo alimento espiritual a través de la experiencia triste y trágica del profeta y rey David. Viaje victorioso a través de la tragedia y la pérdida, y donde yo quiero entrar, que es en el versículo 11 de Segundo de Samuel:12, o vamos al 9 mejor. Palabras terribles de parte de Dios para David que ha cometido un pecado extremadamente serio y grave y ha ofendido a Dios en una forma muy profunda. Y Dios tiene para David un severo veredicto, un castigo muy fuerte para él y ahora vamos a entrar en el drama de este hombre que está pasando por un momento amargo en su vida. El profeta Natán se ha acercado a David después que David ha matado a un hombre, mandado a matar a un hombre justo y ha cometido adulterio con su esposa anteriormente y para cubrir su pecado lo manda a matar y a asesinar, un hombre noble, un general fiel y ofende a Dios en una manera profunda.

Y estas son las palabras del Señor a ese David que ha caído en esa trampa terrible. Y Dios le dice en el versículo 9 a David, “¿Por qué pues, tuviste en poco la palabra de Jehová haciendo lo malo delante de sus ojos?” Este es el profeta Natán hablándole a David. “A Urías heteo heriste a espada y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora – terrible dictamen – no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuando me menospreciaste y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová. He aquí, yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu prójimo el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol, porque tu lo hiciste en secreto más yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.” Terribles palabras de parte de Dios para David. “Entonces dijo David a Natán, “Pequé contra Jehová.” David reconoce su pecado cuando es confrontado con él, no lo llama otro nombre, no se trata de escabullir. Reconoce que ha pecado contra el Señor. Y recordamos las palabras de David en el Salmo 51, “Contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos.” Él sabe que su pecado principal es contra la santidad de Dios mismo, el nombre de Jehová, su justicia, su nivel. Él ha hecho esto y sus enemigos han sido escandalizados.

“Y Natán dijo a David, “También Jehová ha remitido tu pecado. No morirás. Más por cuanto en este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.” Y Natán se volvió a su casa y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David y enfermó gravemente. Entonces, David rogó a Dios por el niño – y aquí entramos en el centro mismo del drama de David – rogó a Dios por el niño y ayunó David y entró y pasó la noche acostado en tierra. Y se levantaron los ancianos de su casa y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra, más él no quiso, ni comió con ellos pan. Y al séptimo día murió el niño y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto diciendo entre sí, “Cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no quería oír nuestra voz, cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto.” Más David viendo sus siervos hablar entre sí entendió que el niño había muerto por lo que dijo David a sus siervos, “¿Ha muerto el niño?” Y ellos respondieron, “Ha muerto.” Entonces, David se levantó de la tierra…” David hace algo aquí que es inesperado, sus siervos están confundidos porque dice, “…se levantó de la tierra, se lavó y se ungió y cambió sus ropas y entró a la casa de Jehová y adoró.” Imagínese, adoró al Dios que le ha quitado la vida a su hijo después que él le ha pedido que no lo haga y se ha humillado y ha clamado. Pero ahí está la grandeza del corazón de David. Y muchas veces cuando pasamos por situaciones difíciles de prueba, pérdida, tragedia, no podemos hacer nada más glorioso que humillarnos delante de Dios, humillarnos bajo su poderosa mano y adorarlo, aunque no sintamos el deseo de hacerlo, pero muchas veces por obediencia. Y al hacer eso Dios es grandemente glorificado.

“Y David fue a la casa del Señor, adoró y después vino a su casa y pidió y le pusieron pan y comió.” Yo me imagino que esa comida no le supo muy bien a David. Pero lo hizo por obediencia. “Y le dijeron sus siervos, “¿Qué es esto que has hecho? Por el niño viviendo aún ayunabas y llorabas y muerto él, te levantaste y comiste pan.” Y él respondió, “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba diciendo, ¿quién sabe si Dios tendrá compasión de mí y vivirá el niño? Más ahora que ha muerto ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él más él no volverá a mí.” Palabras muy poderosas. Yo voy a él pero él ya no va a volver a mí. Vamos a hablar acerca de eso un poquito más adelante. “Y consoló David a Betsabé, su mujer, y llegándose a ella durmió con ella y ella le dio a luz un hijo, llamó su nombre Salomón, el cual amó Jehová.” Palabras muy poderosas.

¿Cómo podemos desarrollar la capacidad de recuperarnos frente a una tragedia? La tragedia más grande imaginable, la pérdida de un ser querido, por ejemplo, una tragedia financiera, la pérdida de una casa como algunos hace años experimentaron o de un negocio en el cual hemos invertido tiempo y dinero, una pérdida radical de salud cuando un médico nos anuncia que tenemos una condición seria de salud y que eso va a trastornar nuestros planes, nuestra rutina de vida, amenazar quizás los años que estemos sobre la tierra, o la pérdida de un sueño que hemos acariciado durante largo tiempo y que de momento los muros de ese sueño se vienen abajo estrepitosamente. ¿Cómo lidiar con esas situaciones terribles en que nos sentimos decepcionados con Dios? No levantes tu mano, pero ¿te has sentido alguna vez que Dios te ha decepcionado, que no ha hecho lo que te prometió, que no ha estado a la altura de tus expectativas? Cuando sentimos que Dios de alguna manera, no ha cumplido sus promesas de protección y de bendición. ¿Cómo seguir amando a Dios y creyendo en sus promesas después que hemos orado y ayunado por un milagro? Yo he hablado con madres que le oraron al Señor por un hijo pródigo, que lo guardara, lo protegiera, y al final vieron a ese hijo morir en una balacera. ¿Cómo se siente esa madre? ¿Qué le dice uno? ¿Qué espera Dios? Esas son realidades. ¿Cómo podemos nosotros recuperar el amor por Dios, la gratitud al Señor, la confianza en que Dios es fiel y que Él cumple sus promesas, que Él no se ha equivocado, que no se ha descuidado, después de haber hecho todo por el libro.

Hay personas que son fieles al Señor, sirven a Dios, sirven a su iglesia, sirven al reino, predican, ayunan, oran, diezman, lo hacen todo bien, se han arrepentido de sus malos caminos, y aún así viene una situación terrible a sus vidas y se sienten como que le han dado un puñetazo en la boca del estómago porque ¿por qué, Señor, si yo me he portado bien? Cuando tenemos un resultado que temíamos llega a nuestra vida, a pesar de creer en Dios y hacer las cosas bien. En situaciones similares la gente puede deprimirse, como muchos lo hacen, enojarse con la vida, amargarse con Dios, a veces dejamos de soñar y nos cortan la voz como un pajarito que una serpiente lo ha asustado y se queda mudo y ya no puede cantar por el trauma. Y así nos pasa muchas veces cuando pasamos por esas situaciones. O experimentar un dolor que nos impide volver a la vida normal, ya vivimos la vida de ahí en adelante cojeando, heridos, sangrando gota a gota como la mujer con el flujo de sangre siendo debilitados. ¿Cómo recuperarnos y seguir con los asuntos de la vida a pesar de experimentar el más grande dolor y el desánimo más poderoso? ¿Cómo recuperamos la capacidad para creer en Dios en esas pérdidas de la vida?

La experiencia de David tiene lecciones que darnos y voy a correr a través de ellas para cubrir mayor cantidad de territorio. David ha pecado como vemos, ha tomado un hombre noble, bueno, fiel a él, un general excelente, un hombre de un carácter que cuando leemos la historia de Urías vemos que es un hombre de un carácter a prueba de balas. Y David, habiéndolo traicionado con la esposa sobre la cual probablemente se forzó con su autoridad real, trata de encubrir y cuando Urías no entra en la trama que él quiere meter a Urías para disimular, David manda a matarlo. Y manda a matarlo involucrando a otros de sus generales, urdiendo una trama terrible, un complot para que Urías sea matado en el campo de guerra y que todo vaya bien, según él. Pero Dios lo denuncia, lo confronta y le da un dictamen terrible. Yo me imagino cómo habrá sido el sentimiento de David. Dios está increíblemente ofendido con él, porque David ha usado a los enemigos de Dios para matar a un hombre de Dios. Y eso a Dios lo ha ofendido profundamente y Dios lo ve como una ofensa a su dignidad, a su nombre y Él dice, “Tu me has insultado, no me has tomado en cuenta.” Y eso ofende a Dios y lo indigna profundamente. Él lo llama, “Tu has tenido un absoluto desprecio, en inglés dice, por mí persona.” Entonces, en este momento que encontramos a David, su vida está destruida. Dios lo ha reprendido, su autoestima, su entendimiento de la vida, todo y Dios le ha dicho, “Ese hijo que tu has tenido por accidente ahora tiene que morir.” ¿Por qué Dios le quitó la vida a ese niño? No es porque Dios sea cruel. Primero, Dios es el dueño de toda la vida y Dios estoy seguro que tomó ese niño para sí y lo transfirió a su presencia. Porque David dice, “Yo voy a él, más él no volverá a mí.” Dios hizo una decisión administrativa ejecutiva. Ese niño cargaba con la culpa de David y con la muerte de un hombre justo. Era producto de algo muy terrible y Dios decidió como retirarlo de la economía humana. Se lo llevó. Y David está clamando a Dios y pidiéndole que tenga misericordia de él, pero Dios no lo escucha y finalmente el niño muere.

Y en la reacción de David nosotros tenemos algunas cosas que podemos aprender nosotros cuando Dios no nos escucha lo que pedimos, cuando pasa lo más terrible, cuando estamos destruidos en nuestra situación, ¿qué hacemos en ese momento? David pudo haber dicho, ¿sabe qué? Ya me desentiendo de este Dios que no tiene misericordia y ya. Y hubiera podido ir por el camino de tantos otros reyes que lo sucedieron después, la idolatría, todas las cosas que hacían los demás. Pero David hace algo diferente, y aquí es donde yo creo que nosotros podemos aprender de él. Y hay algunas cosas que yo quiero rápidamente atravesar. Hay unas cuatro cosas que David hace. Yo las voy a poner como preliminares, pero que son muy importantes y después voy a entrar en mis propias palabras de consejo para todos nosotros.

Número 1. David hace todo lo posible para cambiar el resultado de su situación. Él usa los recursos que tiene a su mano. Él ora, clama, ayuna, se humilla, subraya su petición delante de Dios, se tira al suelo, no se baña. Es un clamor. “Dios ten misericordia, perdóname y perdona la vida de mi hijo.” Y nosotros cuando estamos en situaciones de dificultad y de terrible pérdida, debemos hacer lo que esté de nuestra parte. Debemos clamar al Señor, o cuando nos sentimos que estamos bajo una amenaza seria debemos hacer todo, orar, clamar a Dios, hacer nuestra parte. Eso es importante. Pero la última palabra sabemos que Dios la tiene. El Señor Jesucristo hizo lo mismo, de paso, Él sabía que tenía la cruz delante de Él. Él sabía que Él había venido específicamente para tomar el trago más amargo de todos, pero Él dijo, “Padre, si es tu voluntad, pasa de mí esta copa,” y luego añadió, “Pero hágase tu voluntad y no la mía.” Había allí una parte del clamar. Estuvo toda la noche despierto, orando, clamando a Dios que lo librara del trago más amargo, pero en última instancia estaba dispuesto a seguir lo que Dios le decía. Y nosotros tenemos que clamar a Dios por nuestra sanidad, tenemos que clamar a Dios por nuestros hijos, tenemos que orar. Eso es parte de la vida del creyente. Tenemos que hacerlo sabiendo que la última palabra la tiene el Señor. Pero David hace eso, y nosotros tenemos que cubrir nuestra vida con oración, nuestros hijos en oración, nuestra familia, nuestro matrimonio, todo, tenemos que orar y clamar, hacer nuestra parte. Our due diligence, como dicen en inglés. Tenemos que hacer la diligencia que nos compete a nosotros. Él hace todo eso.

En segundo lugar, cuando llega el momento de que él recibe un dictamen diferente a lo que él pide, baja su cabeza e inclina su rostro ante el veredicto del Todopoderoso. Él no se revela, no se amarga contra Dios, y cuántos de nosotros a veces nos sentimos cuando pasa algo en nuestra vida. Y debemos prepararnos para ese trago. Cuando vienen los momentos de gran pérdida en nuestra vida, tenemos que estar preparados porque el momento, hermanos, de reaccionar bien ante las tragedias de la vida no es en el momento mismo en que nos encontramos en ella. Nosotros tenemos que meditar primero, preparar nuestro corazón, estudiar la palabra del Señor, orar al Señor, “Padre, si algún día llegara un momento en mi vida en que yo tengo que pasar por el trago más amargo, fortaléceme. ¿Qué tu quieres que yo haga? ¿Cómo debo proceder?” Nosotros tenemos que ensayar muchas veces esos momentos en nuestra vida para saber cómo reaccionar ante ellos y estar preparados. Tenemos que estudiar la palabra del Señor, ver ejemplos como el de David. David no se amarga. Y es una de las cosas terribles que nosotros podemos hacer, cuando tenemos esos momentos es amargarnos contra Dios. No lo voy a servir. No lo voy a buscar. Voy a dejar de ir a la iglesia. Voy a maldecir de Dios. Y entramos en esa etapa de rebeldía interna. Yo creo que una cosa es sentirnos heridos con Dios y estar perplejos ante algo que Él dicta, pero otra cosa es amargarnos contra el Señor. Mi hermano, eso no lo podemos hacer. No hay alternativa. Amargarse contra Dios es como taparse la nariz para no respirar porque uno está molesto.

“Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Nosotros tenemos que saber que como dice Pedro, ¿a dónde iremos si solo tu tienes palabra de vida eterna? ¿A dónde vamos a ir fuera de la presencia y la bondad de Dios, hermano? ¿A los brazos del diablo a dónde no hay protección ninguna? No tenemos esa alternativa. Como hijos de Dios tenemos que saber que tenemos que volver a los brazos de Papá y besar su mano y decirle, “Tu eres poderoso.” Tenemos que estar preparados para eso. David no se amarga sino que él adora. Se reconcilia con su situación y va ante el Padre. Yo me imagino que esas primeras palabras de David cuando fue al templo después de la muerte de su hijo, fueron palabras simplemente como de disciplina personal. Adoró al Señor por pura disciplina. Y nosotros tenemos que hacer lo mismo tarde o temprano. Prepárate para cuando vengan esos momentos difíciles en tu vida, estar preparado para reconciliarte con la mano de Dios porque no hay alternativa. Dios es como el aire que respiramos, como el latido del corazón. No podemos vivir sin ello. Fuera del Dios todopoderoso no hay vida.

Entonces, en tercer lugar. David determina que la vida debe continuar, que él debe unirse a la vida, porque ¿Cuál es la alternativa? Él es rey y tiene que atender una nación grande. Dios lo ha puesto en ese lugar. Es padre, es administrador, tiene muchas cosas que hacer. Ya llegó el momento, ya Dios dio su dictamen. Y yo creo que ahí donde está… porque este pasaje yo lo escogí como un ejemplo de supervivencia y de resiliencia en la vida porque David hace lo que nosotros tenemos que hacer en diferentes maneras y quizás un tiempo más largo, más corto, y es que él se levanta del suelo y así tenemos que hacer muchos de nosotros a veces cuando pasamos por situaciones difíciles. Se levanta del piso, va al baño, se baña, se enjabona después de una semana de no bañarse, se poner un perfumito, se viste bien y sale otra vez a la vida. Y eso es un acto simbólico. Y así tenemos que hacer nosotros, hermanos, cuando vienen esos momentos difíciles tenemos que saber que un día tenemos que volver a la vida. A veces nosotros nos atamos a nuestros muertos sobre nuestros hombros y no queremos dejarlos ir. Y eso no es saludable. Siempre recuerdo la historia de un hombre en Japón que se descubrió cuando él murió, que había pasado toda su vida con su mujer muerta al lado de su cama, durmiendo con ella porque no se podía separar de ella. Nosotros no podemos vivir con nuestros muertos, hermanos, sea lo que sea, sea un sueño muerto, una situación financiera, algo que amamos, un ser querido, lo que sea, tenemos que despedir a nuestros muertos, tomen la forma que sea. Eso es lo que conviene a la vida y seguir adelante. Muchos de nosotros no podemos soltar y nos aferramos a ese dolor, a esa pérdida y eso lo que hace es como una uña que crece hacia adentro y nos hinca la carne y nos hace sangrar y es un dolor continuo. Deja tus muertos ir cualquiera que sean. Despídelos y vuelve a la vida, porque hay mucho camino que andar. Y David hace eso, él se integra de nuevo a su vida normal.

Y lo último que él hace es que él se vale de su convicción acerca de la vida eterna para diluir un poco su dolor, queriendo decir, cuando sus siervos no pueden entender cómo es posible que él cuando su hijo vivía está así, adolorido, triste, trágico y de momento, ahora que su hijo murió, puede encontrar entonces la conformidad. Y él dice, “Hey, ya mi hijo murió. Ya yo no lo puedo traer, ya él está en el terreno de la eternidad, pero yo voy a ir a él.” Y hermanos, es tan importante que la eternidad y el cielo se haga muy real en nuestro corazón para nosotros poder lidiar con los problemas de la vida. Muchos cristianos no tienen un sentido lo suficientemente fuerte y claro de la eternidad. Yo creo que nosotros tenemos que tomarnos una dosis de eternidad todos los días y recordar que no puede el mundo ser mi hogar, como dice ese himno. En gloria tengo mi mansión, no puede el mundo ser mi hogar. Somos extranjeros y peregrinos en la tierra. Amén. Y este mundo tenemos que vivir ligeramente en él. No te apegues ni te aferres a nada de este mundo, ni al esposo que tu adoras ni a los hijos que son la luz de tus ojos, ni a ese BMW que tu brillas todos los sábados, o a esos amigos en Facebook. No te apegues a nada de este mundo. Nosotros tenemos que tomar una píldora de distancia del mundo cada día y como cristianos no podemos, dice, amar el mundo o las cosas del mundo. Nuestra cabeza está en la eternidad aún mientras nuestros pies caminan sobre la tierra firme. Vivimos esa dualidad.

Y yo creo muchos cristianos necesitamos cultivar el sentido de la eternidad, la segunda venida de Cristo, cuando Dios cubrirá toda lágrima, secará toda lágrima, todo dolor, toda desavenencia, y estaremos sanos y entenderemos como somos entendidos por Dios. Tenemos que vivir para eso, mientras estamos aquí en la tierra, habrá aflicción, habrá dolor, habrá sufrimiento. Una de las cosas que le permitió al Apóstol Pablo escribir la epístola más gozosa de todos que es la Epístola a los Filipenses, dicen que es la epístola del gozo. “Regocijaos, otra vez os digo, regocijaos, el Señor está cerca,” dice Pablo. Y ¿cómo Pablo podía estar contento en una mazmorra romana con humedad y ratas seguramente corriéndole por los pies? Y era porque él dice, “Yo sé lo que hay allá arriba, Dios me llevó allá arriba, y yo sé que estar con el Señor es mucho mejor. Y si yo vivo aquí en la tierra, es porque puedo ser de beneficio al Evangelio pero me gustaría estar con Dios.” Que el Señor fuera tan real para nosotros y que nosotros pudiéramos estar tan convencidos de la eternidad que los sinsabores de la vida sean relativamente fáciles de sobrellevar porque sabemos que un día estaremos con el Señor, y estaremos mucho mejor.

Y sabe una cosa, que la persona que vive con la convicción de lo eterno, está más capacitada para vivir poderosamente sobre la tierra. Eso es lo paradójico. Cuando tu sabes que tu pasaje está comprado, que tu pasaporte está sellado, que tu te vas con el Padre, entonces tu puedes vivir esta vida más efectivamente, con más libertad, con más gozo, con más efectividad, puedes hacer todo lo que te venga a la mano y hacerlo como para el Señor. Tu eres entonces como un trapecista que está a 200 pies de altura o 100 pies de altura, y se hace unas maromas increíbles porque sabe que abajo hay una red que si se cae, cae sobre esa red de seguridad. Y eso es tan importante que lo entendamos. Así que como David, usa la vida eterna como una forma de diluir tu dolor. He dicho cuatro cosas: hacer todo lo que está de nuestra parte, inclinar la cabeza ante el veredicto de Dios, determinar que la vida debe continuar, tener convicción de la vida eterna.

Número cinco, otras cosas que ya entran en otro terreno de mi parte. Esto es importante, un consejo. Incluso mientras experimentamos y procesamos el dolor que estamos sufriendo en el momento, debemos actuar en alguna manera en la medida en que tengamos la capacidad, actuar, hacer cosas movilizarnos, movernos. La acción, hermanos, el compromiso con la vida, yo digo que engrasa la maquinaria y la calienta. Cuando estamos en dolor, lo peor que nosotros podemos hacer es tirarnos que morir, meternos en la cama, cubrirnos la cabeza con una sábana, bajar las persianas, oscurecer el cuarto y allí tener una gran fiesta de auto conmiseración y abandonar el mismo. Esa no es una opción para un hijo de Dios. Tenemos que vestirnos, tenemos que bañarnos, tenemos que salir a la vida, tenemos que atender a los muchachos, tenemos que ir a la iglesia, tenemos que adorar al Señor. Hay que actuar. El creyente no se puede congelar en el dolor. Y ¿sabe qué? Que cuando tu comienzas a actuar, eso hace que tu organismo comience a reaccionar. A veces nosotros pensamos que debo primero sentirme bien para entonces actuar. Y muchas veces es todo lo contrario. Para sentirme bien tengo que actuar. Y a veces esos primeros pasos que tu das de fe, cuando estás en medio de tu dolor, eso va permitiendo que fluya entonces la unción de Dios en tu vida y venga la sanidad. Yo creo mucho en eso de que no podemos esperar hasta tener para entonces dar o actuar. Tenemos que dar y actuar para entonces, recibir y tener.

¿Qué pasa cuando uno se quiebra un brazo o se lacera un músculo? ¿Qué te dicen los terapistas? Tienes que mover el brazo aunque te duela y cuando tu vas a terapia te ponen a hacer diferentes movimientos y tu sientes el músculo que te duele y al final del día, después de hacer eso, tu cuerpo está dolorido. Pero el terapista te dice, “Si no lo haces, te vas a quedar encogido. Ese músculo se va a encoger.” Alguien ha dicho, si te caes de un caballo, móntate encima lo más pronto posible otra vez. Y tenemos que hacer eso en la vida. Tenemos que actuar, tenemos que obrar, tenemos que movernos, tenemos que bañarnos, tenemos que vestirnos, tenemos que ir al trabajo en el nombre del Señor creyendo que al hacer eso por fe, Dios abrirá el camino delante de nosotros, abrirá el mar. Aprendamos a obrar y a actuar en el nombre del Señor aún cuando no tenemos el deseo. Hay mucha más tela que cortar pero por lo menos eso nos ayuda. Tenemos que volver a la iglesia, hay que orar, hay que entablar conversación con un amigo, un consejero de confianza. Hay que buscar la sanidad de alguna forma.

Número 6. Tenemos que ser pacientes con nosotros mismos y con nuestros sentimientos. Tenemos que considerar las cosas a largo plazo. Reconocer que sí, que estamos heridos en el momento de la pérdida pero que con el tiempo, las cosas se pondrán mejor. Así como el cuerpo humano… Dios le ha dado al cuerpo humano la capacidad de sanarse. Tu te dañas un brazo o lo que sea, y el médico te dice, de 6 a 8 semanas te va a tomar, pero estarás mejor. Y el cuerpo tiene sus propios recursos que Dios ha dado, y asimismo pasa con el sistema emocional y espiritual. Si le damos tiempo, hay poderes dentro de nosotros que Dios ha puesto para que vayamos experimentando sanidad poco a poco, reflexionando, entrando en la conformidad. Y cuando estamos pasando por el choque primero, tenemos que recordar this too shall pass, como dicen en inglés, esto también pasará. Vendrán tiempos de refrigero, vendrán tiempos de recuperación y sanidad. Y tienes que ser paciente contigo mismo. Cuando estés en el momento duro, sabe que vendrán mejores momentos y sé paciente contigo. Espera y confía que vendrán tiempos mejores. Lo que tu experimentas durante las primeras etapas de tu pérdida, la conmoción y el dolor, no van a durar para siempre con el mismo nivel de intensidad. Sea lo que sea, un día tu vas a encontrar tranquilidad, si lo dejas, si dejas que tus procesos naturales y divinamente dados, funcionen dentro de ti. No asumas que lo que estás experimentando en los primeros días de tu pérdida, la conmoción y el dolor van a durar para siempre con el mismo nivel de intensidad. Date tiempo y dale tiempo a tus sentimientos. Debes tener paciencia y asumir que el momento de la sanidad llegará. Simplemente espera, mantén la esperanza y espera a que tu sistema y tu espíritu haga lo que fueron diseñados para hacer.

Me encanta el Salmo 40 que lo hemos citado muchas veces, “Pacientemente esperé a Jehová, dice, y se inclinó a mí y escuchó mi clamor, y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo. Alabanza a nuestro Dios.” Hay que esperar el día del cántico nuevo. ¿Cuál es el cántico nuevo del cual dice David que vendrá? El cántico nuevo es ese momento nuevo en la vida cuando hemos dejado ya el luto y hemos encontrado nuestra voz para adorar al Señor, un momento de normalidad nueva en nuestra vida. Cuando habrá quizás el recuerdo del dolor pasado, pero también habrá cosas nuevas que celebrar. Habrá momentos de restauración, de gozo, de risas de nuevo. El cántico nuevo.

Cuando tu estás pasando por el cántico viejo, que es un cántico de dolor, recuerda que Dios va a poner también un cántico nuevo en tu boca. Y dice el salmista David, “Y verán esto muchos y temerán y confiarán en Jehová.”

Porque cuando tu pasas por grandes dolores y pérdidas, te mantienes firme, confías en el Señor, Dios te saca, hay mucha gente mirando a ver lo que va a pasar contigo. Hay mucha gente débil y necesitada de buenos ejemplos y tus hijos también están mirando cómo va mamá a luchar con esto. ¿Cómo va ella a superar esto? Y tu le estarás dando una gran lección moral a ellos cuando te vean levantarte, irte, seguir adelante, encontrar tu vida de nuevo y vas a bendecir a muchos. Míranos a nosotros aquí aprendiendo del drama de David tres mil años después. “Verán esto muchos,” él estaba profetizando. ¿Sabe cuántos billones de personas habrán leído la historia de David y habrán sido fortalecidos por él? Y él estaba diciendo, “Verán esto muchos y temerán y confiarán en Jehová.” Ese temor, temerle al Señor es el asombro, la verdad es que Dios es confiable, es sublime, qué misteriosos son sus caminos. Mira cómo esta persona se recuperó. Temerán y confiarán en Jehová.

Confía en la misericordia y la compasión de Dios. Confía en que un día, su bondad se manifestará de manera poderosa y visible. En el caso de David, de paso, Dios le dio un sustituto precioso para su hijo. Le dio a Salomón, un hombre sabio, entendido, glorioso, con un reino… Salomón también cometió sus errores, es cierto, pero Salomón tuvo una gloria como ningún otro rey jamás. Y Dios lo amó, Dios amó a Salomón en una manera muy especial. Yo digo siempre que los premios de consolación de Dios son mejores que los premios originales inclusive. Cuando Dios te da un premio de consolación, olvídate, que es mejor que el primero. Hemos visto muchas veces que Dios nos quita algo pero nos da algo mejor muchas veces, si bendecimos su mano y lo adoramos en medio del dolor.

Otra cosa, cuando estás pasando por la tragedia, la pérdida, el dolor, ora como un loco, ora como loco o loca, ora con todas tus fuerzas, ora desesperadamente, ora como aspirando bocanadas de aire. En la oración hay consuelo, en la oración hay esperanza, en la oración hay una válvula de escape que te ayuda a expresar tu dolor, tu temor, tu angustia. Cuando yo estoy en angustia, yo clamo al Señor. Yo pongo mi cabeza sobre su pecho y le hablo sin vergüenza alguna. Si tengo que llorar, lloro. Si tengo que expresarle mi pánico, se lo expreso, porque yo sé que mi Padre me escucha y que no hay nada como gritar delante de Dios. Tráncate en una caja fuerte para que no te oigan y grita delante de Dios. Expresa tu dolor delante de Él. Ora, clama, pídele al Señor, usa tu… La oración no es solamente para pedirle a Dios, dame esto, dame lo otro. La oración a veces es simplemente para tu soltar tu carga delante de tu Padre, hablarle al mejor psiquiatra que hay en el universo y descargar tu dolor delante de Él. Hay que orar y el hábito de la oración se cultiva en los tiempos de paz, no en los tiempos de guerra. Si tu no has aprendido a orar en los tiempos de paz, va a ser difícil orar en los tiempos de guerra. Aprende acerca de la armadura de Dios, cuando llegue el día malo, dice, que tu puedas estar firme y cuando haya pasado el día malo, haber sido encontrado firme. Así que aprende a orar y aprende a soltar tus lágrimas y tu congoja y tu confusión, y tu ira también delante de Dios y ora, ora, ora porque la oración es un masaje para el espíritu cuando estamos en dificultades.

Número 8. Aunque no lo sientas, confiesa la bondad de Dios. Aún si tu no sientes que Dios es bueno, di, porque Él es bueno y para siempre es su misericordia. Confiesa. Yo hablé el domingo antepasado acerca de eso, que a veces tenemos que confesar cosas buenas, positivas, tenemos que confiar que Dios va a hacer algo bueno aunque tu no lo creas, pero dilo de todas maneras. Y anticipa el momento de liberación, porque eso te va a ayudar a pasar el tiempo de desierto. Job hizo eso durante su momento terrible. Si leemos el Libro de Job es un libro de un hombre que experimentó la más terrible pérdida de todas, su salud, hijos, reputación, todo, todo lo perdió, estado social, todo. Y cuando Job estaba en medio de su gran tragedia, él anticipó el momento de la liberación, aún mientras se quejaba de Dios, porque esa es la lucha que nosotros tenemos. Esa lucha de esperanza contra esperanza. Creo, ayuda a mi credulidad, como le dijo el padre del hijo endemoniado a Jesús.

Mire cómo habla Job acerca de su situación en un momento dado y cómo él ve a Dios. Dice, “Dios hizo arder contra mí su furor…” – estamos en el libro de Job, capítulo 19, un capítulo terrible, dice, “hizo arder contra mí su furor y me contó para sí entre sus enemigos. Vinieron sus ejércitos a una y se atrincheraron contra mí y acamparon en derredor de mi tienda.” Él está viendo a Dios como un ejército que lo rodeo y lo persigue. “Hizo alejar de mí a mis hermanos y mis conocidos como extraños se apartaron de mí.” Usted ve que a Dios no le ofende muchas veces cuando expresamos nuestros sentimientos crudos delante de Él. “Mis parientes se detuvieron, mis conocidos se olvidaron de mí,” - ya no responden a mis mensajes de Facebook porque ya no tengo buenas comidas que mostrarles y el viaje a Europa que hice. A la gente no le gustan las malas noticias, entonces dice, “Mis conocidos se olvidaron de mí, los moradores de mi casa y mis criadas, me tuvieron por extraño, forastero fui yo a sus ojos. Llamé a mi siervo y no respondió, de mi propia boca le suplicaba y no se daba a entender. Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer.” En el inglés que yo usé esta mañana en el servicio en inglés dice, “mi aliento resultaba desagradable a mi mujer.” Cuando uno está en congoja, hay que decirlo el aliento no es el mejor. Él llega a ese nivel gráfico de decir, si a mi mujer le era molesto aún mi aliento. “Aunque por los hijos de mis entrañas les rogaba, aún los muchachos me menospreciaron, al levantar hablaban contra mí. Todos mis íntimos amigos me aborrecieron y los que yo amaba se volvieron contra mí. Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos y he escapado con solo la piel de mis dientes.” – es decir, a mera posibilidad.

Entonces, tome ese momento de expresión terrible de amargura, dolor, sufrimiento, y ahora mire lo que pasa. En el versículo 25, saltando unos cuantos versículos, yo digo que Job va como yendo a reversa a 60 millas por hora y de momento se transfiere casi simultáneamente a yendo hacia adelante 60 millas por hora. ¿Cómo uno hace eso? Porque él dice aquí, “Yo sé que mi Redentor vive.” ¡Guau! De la expresión más terrible de dolor y tragedia, en este momento entra en un cántico de esperanza. “Yo sé que mi Redentor vive y al fin se levantará sobre el polvo y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.” Qué importante es expresar esperanza en medio del dolor y transferirnos al lugar de la esperanza aún cuando estamos en medio de la tragedia y el padecimiento. “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo y mis ojos lo verán y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” Ahí usted tiene una de las expresiones más poderosas aunque mi corazón está terriblemente adolorido, yo sé que yo veré, yo sé que mi Redentor vive. Yo sé que Dios es fiel y que es bueno. Hermano, cuando tu estés en terrible dolor, confiesa la bondad de Dios y remóntate al lugar de la esperanza aún en medio del dolor más grande. Es importante eso, abrazar la esperanza.

Número 9. Déjale saber a Dios cómo te siente, exprésale tu congoja, tu resentimiento, tu dolor, tu amargura. Habla con Dios con sinceridad. No seas tan espíritu, entre comillas, que termines reprimiendo tus verdaderos sentimientos y malogrando el proceso de sanidad y recuperación. Yo creo que hay etapas por las cuales tenemos que pasar en el dolor, como pasa un hueso o un músculo a través de etapas de sanidad. Y a veces apresuramos la sanidad antes de pasar por un proceso orgánico de restauración de nuestras emociones. A veces hay que gritar, hermanos, a veces hay que experimentar el dolor, a veces hay que echar unas cuantas lágrimas, a veces hay que molestarse con Dios o con la vida y saber que eso es parte de un proceso sanador que te llevará entonces, a la sanidad. Es paradójico pero a nosotros los pentecostales muchas veces nos gusta apresurar las cosas y sentirnos como que si lloramos o pasamos luto, estamos siendo débiles o que estamos careciendo de fe. No, la fe es aquello que pasa por el terrible dolor y entra entonces en el tiempo de la paz y la reconciliación. No es que salta por encima, sino que pasa a través de la tormenta. Yo creo que por eso Pablo dice, “antes en todas estas cosas somos más que vencedores.” Es en la angustia, en el dolor, el sufrimiento, el fracaso moral, la lucha, la pérdida, la terrible congoja, pasando a través de esa lluvia de meteoritos nosotros llegamos al lugar de la paz. Así que no sea… la paz en Dios no está desprovista de sufrimiento y de lucha y de duda. Dios es glorificado cuando nosotros en medio del dolor, aprendemos a cantar también. Y hay muchos coros que decimos eso, pero no entendemos lo que estamos diciendo. Fácil es cantar cuando reina la paz, dice un coro, un himno, pero en el dolor es mejor cantar. Aprendamos esas lecciones de la vida. Entonces, no seas demasiado espiritual. Reconoce tu dolor. Eso lo vemos a través de los salmos.

Número 10. Ya voy terminando. Comparte tu dolor y tu lucha con personas que realmente sean capaces de escucharte y que sean capaces de consolarte, gente madura, gente profunda, realista, que sepan, que hayan peleado sus propias batallas y que tengan sus propias heridas y sus medallas. Porque la persona que no ha padecido del dolor, no sabe muchas veces lo que pasa a la persona. “No, muchacho, echa para adelante, no te preocupes, todo está bien. Dios está contigo. Alábalo.” Y no saben a veces que mira, a veces tu estas en una congoja terrible y oras, ayunas, haces y todavía persiste tu depresión, todavía persiste tu agonía, tu angustia, tu ansiedad. Tu haces todo lo que tienes que hacer y todavía estás en el valle de sombra de muerte. Y esa es la vida, esa es la realidad, hermanos. Y solamente gente que ha pasado por eso pueden ser consoladores. Y a veces por eso yo creo que Dios permite que pasemos en una forma controlada por estas situaciones para poder consolar a otros con la misma consolación con que hemos sido consolados, dice el Apóstol Pablo. Dios está preparándose consejeros aquí, psiquiatras, madres espirituales, padres espirituales, y los hace pasar a veces y después los restaura para que entonces sean regresados. Dios le dijo a Pedro, “Satanás te ha pedido para zarandearte como trigo, pero tu una vez vuelto ve y consuela y edifica a tus hermanos.” A veces Dios permite el fracaso moral, la pérdida de la dignidad para que nos hagamos más pacientes y más comprensivos de aquellos que han pasado por esos dolores también. Así que, búscate buenos amigos.

Los amigos de Job le fallaron. Los amigos de Job, yo creo que estaban secretamente contentos de que él fracasara. Habían visto a Job prosperado, bendecido, respetado, lleno de riquezas, los hijos todos bonitos y bien comportados, cada uno en sus mansiones y secretamente tenían envidia de él. Y yo creo que se gozaron secretamente cuando lo vieron en su miseria. Y esos tipos de amigos tengamos cuidado con ellos. Búscate gente madura, gente que haya peleado sus batallas y que tengan sus propias cicatrices y que puedan comprender lo que es el dolor y el drama humano verdaderamente. Pero búscate amigos buenos. Los amigos buenos son dos o tres a lo máximo, yo creo, en la vida. Los demás, bueno, son conocidos, está bien, ve a su casa, come con ellos, pero hay uno o dos solamente escogidos y esa gente hay que cuidarla como oro. Y yo quiero ser uno de esos amigos de otros también. Pero es importante que busquemos amistad y comunidad.

Este es importante por eso no lo voy a omitir. Evita el síndrome de ¿por qué yo? Why me? ¿Por qué yo, Señor? Si yo me he portado bien, si lo he hecho todo bien, ¿por qué tu me escogiste a mí de todos los seres de la tierra para ser el único que tu torturaras y expusieras al sufrimiento? Así se sintió Elías. “Oh, todos te han abandonado, yo soy el único que queda.” Y Dios le dice, “Mira, yo me he reservado 7 mil que no han doblado su rodilla ante Baal.” Evita el síndrome del ¿por qué yo? Y eso es natural, porque muchas veces cuando servimos al Señor, hacemos las cosas bien, nos portamos bien, y los pastores a veces nos ayudan en eso, a creer que si yo lo hago todo bien, todo va a salir bien. Y eso es una injustica a los hijos de Dios, decirles que no vas a tener… No, no, a veces porque Dios nos ama precisamente, vamos a pasar por tribulaciones y dificultades, porque Él va a usar esas cosas para fortalecernos y bendecirnos. Así que evita ese síndrome. Una de las cosas que a mí me ayuda es saber, hermanos, que todo tiene tiempo y ocasión, dice el sabio Salomón, a todos nos suceden cosas. Yo no conozco un ser humano que no haya pasado por algún tipo de tribulación en su vida. La gente que yo pienso que están más bendecidos, más perfectamente dotados, no hay nada en sus vidas, cuando uno se acerca, uno ve que sufren también como todos nosotros. Tienen enfermedades que limitan su vida, tienen problemas con algún hijo, su matrimonio, cuántos grandes artistas y gente riquísima nosotros vemos que cuando conocemos algo, llega que aquella persona que era perfecta supuestamente, tiene sus quejas y sus dolencias.

Aquí está el trauma que lo digo con mucho respecto, como lo dije esta mañana, de Bill de Microsoft, Bill Gates. Sí, quién hubiera pensado que este hombre, de nuevo, él es… yo lo respeto grandemente, un hombre digno de respeto en muchas maneras. No digo esto como para gloriarnos de su dolor, pero viendo a Bill Gates hasta hace poco con su esposa Melinda, la pareja perfecta, trabajando a través del mundo, viajando, haciendo cosas gloriosas y ahora se sabe que se van a divorciar. Entonces, hermano, esa es la realidad humana. Aquí en esta iglesia el que tu piensas que está más alto, tiene sus propias dolencias, su propio dolor. Nunca envidies la situación de nadie. Uno de los filósofos griegos dijo, nunca declares a un hombre dichoso hasta el día de su muerte, porque hasta el último momento algo puede suceder que cambia todo. Entonces, tiempo y ocasión suceden a todos. Así que no pienses que tu eres el único. Este mundo es un valle de aflicción, un valle de sombra de muerte, un mundo caído y pueden pasar muchas cosas aún a los hijos de Dios. No te sientas como aludido y escogido tu para algo. Sabe que tu tienes una compañía muy grande de otros peregrinos que están en la tierra padeciendo sus propias dolencias.

Lo último, recuerda que siempre hay una solución. Siempre hay una solución en la vida. Ese es mi mantra a través de la vida. Yo creo que siempre hay esperanza. Cuando yo me encuentro a veces en un callejón sin salida, yo digo, el Señor algo va a proveer, algo va a suceder. Dios es un experto en sacar conejos de un sombrero. Dios crea soluciones donde no hay. Ese coro que cantamos, ¿no? “Sendas Dios hará, donde piensas que no hay. Él obra en maneras que no podemos entender, por caminos en la soledad nos guiará, y agua en el desierto ha de proveer,” o algo así. Dios se especializa en proveer agua en el desierto. Y siempre cree eso. Nunca abandones la batalla. Siempre cree que hay esperanza. David de nuevo, dice, “Diré a Dios, roca mía por qué te has apartado de mí, por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo, como quien hiere mis huesos, mis enemigos me enfrentan diciéndome cada día, ¿dónde está tu Dios? Pero luego dice, ¿por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.”

Vendrá el tiempo de la celebración de nuevo, después de la lluvia viene el sol. Después del invierno viene la primavera, después de la sequía viene la lluvia que restaura la tierra, y en tu vida vendrán momentos de celebración. Si estás pasando por un tiempo difícil di como David, “Tu que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida. Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra, aumentarás mi grandeza y volverás a consolarme.” Espera en Dios. Él no te dejará ni te desamparará. Él estará contigo dondequiera que tu vayas. Baja tu cabeza un momento, inclina tu cabeza, abre tu corazón, abre tu mente, abre tu espíritu, como yo lo hago aquí ahora mismo en mi corazón, y digo, Padre, penetra con tu ungüento, penetra con tu vapor, tu Vick Vaporub del espíritu en mi alma, en mi mente acongojada, triste, mis sentimientos llenos de ansiedad, mi sueño inquieto, y entra tu sanidad. Toca mi alma, Señor. Nunca renegaré de ti porque tu eres mi Dios en quien he confiado. Alma mía, ¿por qué te turbas dentro de mí? Confía en Dios, confía en Dios. Yo declaro la paz del Señor sobre tu vida, declaro estas palabras como semilla que cae dentro de tu corazón y tu tierra, y esa palabra de Dios va a seguir creciendo en ti. Y que seas un consolador de otros y que puedas consolar a otros con la misma consolación con que Dios te consuela a ti. Confía en el Señor porque vienen tiempos mejores en tu vida. Amén. Y Dios te usará grandemente, bendecirá a los tuyos. Te bendigo en el nombre del Señor. Amén y amén.