
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En este sermón, el pastor habla sobre la historia de Jacob luchando con el ángel de Jehová en Génesis 32. Jacob persistió en su lucha con Dios, y al final, recibió la bendición y un nuevo nombre: Israel. El pastor enfatiza la importancia de ser luchadores en nuestra relación con Dios, buscando siempre más de Él y no conformándonos con un cristianismo mediocre. También habla sobre cómo Dios arregla cuentas con nosotros, como un banco que audita nuestras cuentas, pero siempre en un contexto de gracia y confianza en nosotros. A menudo, tenemos cosas del pasado que necesitan ser arregladas y confesadas, y Dios espera de nosotros la integridad y la confesión.
En la historia de Jacob, vemos cómo Dios trata con él, aún cuando es un hombre engañador que deja rastros de relaciones quebrantadas. Dios disciplina a Jacob y lo bendice al mismo tiempo, y lo lleva a arreglar cuentas con su suegro Labán. Dios quiere corazones limpios y cuentas arregladas. A veces Dios nos mete en el horno para purificarnos y sacar nuestras impurezas. Jacob teme el encuentro con su hermano Esaú, pero Dios ya ha trabajado en el corazón de Esaú. Jacob tiene cuatro encuentros con Dios, y la lucha con el varón representa su lucha consigo mismo y sus demonios. Dios quiere que limpiemos nuestras vidas y enfrentemos nuestras inseguridades y defectos.
En el relato bíblico, Dios tuvo cuatro encuentros con Jacob, y uno de ellos fue una lucha con un ángel durante toda la noche. Esta lucha representó la lucha de Jacob con sus propias inseguridades, defectos e imperfecciones. Dios a veces usa armas terribles para entrenarnos y desangrarnos para que reconozcamos que solo por Su gracia podemos ser usados por Él. Antes de bendecirnos, Dios nos humilla y nos disciplina para que reconozcamos que Él es el único que merece la gloria y la honra. Jacob se reconcilió con su hermano y recibió la bendición de Dios después de pasar por varias crucifixiones y disciplinas. Dios está haciendo algo en cada uno de nosotros, y aunque no podamos entender todo lo que Él está haciendo, podemos confiar en que lo que Él hace es bueno y nos llevará a la bendición. Dios nos ha llamado para bendecirnos, honrarnos y levantarnos, y nos trata en una manera bella y sublime.
Dios es honrado cuando sus hijos le aman y le sirven a pesar de las dificultades y pruebas en la vida. El diablo es derrotado cuando los hijos de Dios le aman sin esperar bendiciones materiales, sino por su amor y bondad. Dios nos llama a cada uno de nosotros a seguirlo y entregarnos a Él. Debemos confesar nuestros pecados y entregarnos a Jesús para que nos sane y nos salve. Que la gracia y la paz del Señor estén con todos nosotros. Amén.
Capítulo 32 de Génesis, versículos 22 al 32. Quiero hablar acerca del Dios que arregla cuentas y si usted está pensando: El pastor va a tirarnos ahora ahí piedras. No, y tengo un paréntesis, antes de bendecirnos. El Dios que arregla cuentas con nosotros antes de bendecirnos. Y Génesis 32 es el famoso pasaje en que Jacob lucha con el ángel. ¿Cuántos luchadores tenemos aquí? ¿Cuántos nos hemos encontrado a veces luchando con Dios o luchando con el ángel en la noche, atribulados, con dificultades en nuestra vida, pasando por tiempos difíciles, y esas noches son largas y estamos orando, clamando, luchando, en agonía. Eso le pasó a Jacob en una manera muy real y muy física. Dice aquí que “Jacob se levantó aquella noche y tomó sus dos mujeres y sus dos siervas y sus 11 hijos – era prolífico el hombre,- y pasó el vado de Jacob. Los tomó pues e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenían – mucho ganado, muchos animales, propiedades que él había adquirido en 20 años de exilio en la casa de su suegro, Sabán, y él los mandó primero, los mandó delante de él y se quedó solo, dice. – Así se quedó Jacob solo.”
¿Cuándo es que Dios más le gusta encontrarnos a nosotros? A veces cuando estamos solos, cuando estamos en meditación, cuando estamos en oración, quizás contemplando un hermoso paisaje, o en tiempo de ayuno. A Dios le encanta encontrarnos, y por eso es que tenemos que sacar tiempo para estar con Dios, estar a solas, porque a veces hay demasiado ruido alrededor de nosotros y necesitamos esos lugares de apartamiento donde Dios está dispuesto a encontrarnos. Jacob envió a su gente porque recuerden que él iba a encontrarse con Esaú, su hermano, de quien él había huido 20 años atrás, habiéndole robado la primogenitura. Y él estaba temeroso que cuando él viera a su hermano 20 años después, su hermano todavía quería cortarle la cabeza. Así que los mandó a su gente primero, se quedó él ahí mientras se unía a ellos. Me imagino que estaba buscando una revelación de Dios o consuelo, consejo o algo, pero se quedó solo esa noche.
“Y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.” Mire que no dice un hombre, dice un varón, queriendo decir, este es un ser misterioso. De hecho, es el ángel de Jehová que aparece en varias ocasiones en el Antiguo Testamento como una expresión de Dios mismo, como una proyección de Dios. Es la presencia de Dios pero como reducida a un personaje misterioso que se llama el ángel de Jehová, pero es Dios mismo y vamos a verlo en un momentito. Dice que “Luchó con él un varón hasta que salía el alba,” hasta que el sol estaba saliendo. Toda la noche estuvo luchando con ese varón sagrado. “Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo...” – esa articulación donde la pierna se une con la cadera, es como una bola que tiene juego, que hace así, como en el hombro también. Ese lugar de encuentro entre esas dos partes de su anatomía, el varón sobrenatural “…y le descoyuntó el muslo suyo mientras con él luchaba. Y le dijo, “Déjame, porque raya el alba,” y Jacob le respondió, “No te dejaré si no me bendices.” Óigame, qué cosa. A veces tenemos que ser persistentes con Dios. Dios ama a los que persisten, los que tienen hambre y sed de Él, los que buscan su bendición, los que no se conforman simplemente con un cristianismo mediocre, los que quien siempre algo más, los que no se conforman con simplemente venir a la iglesia y la rutina de siempre. Esa gente que sabe que el llamado de Dios para ellos es una cosa continua, es un continuo escalar nuevas alturas.
Hermano, nunca dependa de la iglesia para su bendición, por favor, no dependa de los pastores, no dependa de su vida religiosa colectiva. Nosotros tenemos que ser agónicos. Cada uno de nosotros tiene que luchar con el ángel en algún momento de su vida y Dios ama a los luchadores. A veces le son un problema pero Dios los ama tremendamente porque por lo menos creen el Él lo suficiente como para luchar con Él. Yo le suplico seamos luchadores que siempre estemos en búsqueda de la bendición. Usted no la va a conseguir toda aquí, es bueno, gloria a Dios, maravilloso, pero las mayores bendiciones se consiguen en la lucha directa, cuerpo a cuerpo con el ángel, donde clamamos, como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. La gente que tiene sed y hambre de Dios, la gente que viene a la iglesia simplemente para celebrar sus cosechas que ha tenido durante la noche, a eso venimos a la iglesia. No necesariamente a iniciar cosechas sino a celebrarla y consumarla. Seamos adoradores, seamos luchadores. Eso no estaba en el programa de mi sermón, pero se lo digo a usted ahora porque Dios quiere eso de ti y de mí. Dios quiere más luchadores con Él en la noche, más gente que le diga, “Padre, no te voy a soltar. Lo siento mucho. Tu me has dado ya mucho, pero yo quiero más y necesito más de ti. No te voy a dejar hasta que tu no me des toda la porción que me toca.” A Dios le encanta esa gente.
Entonces, dice, “No te dejaré si no me bendices. Y el varón le dijo, “¿Cuál es tu nombre?” Estaba extrañado este tipo tan persistente, yo creo. Dios sabía quién era. Dios a veces nos pregunta ¿cuál es tu nombre? ¿Qué hay en ti? ¿Qué tengo yo que reconocer en ti? ¿Qué tengo que tratar contigo? “Y Jacob le respondió, “Me llamo Jacob.” Y el varón le dijo, “No se dirá más tu nombre Jacob.” ¿Sabe lo que quería decir el nombre Jacob? Engañador, un tipo torcido, siniestro, que no se podía confiar en él, que usted no sabía lo que iba a salir. Dice, “No se dirá más tu nombre Jacob, sino se llamará Israel.” Israel quiere decir el que lucha con Dios o Dios lucha. Le cambiaron el nombre. Hoy en día, Dios de Abraham, Isaac y Jacob pero es en realidad Israel. Israel hoy en día tiene el nombre de este hombre que al inicio era un tipo sospechoso. “No se llamará tu nombre Jacob, sino Israel porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.” Ahora, en realidad, puede poner la imagen de la pintura. Jacob en un sentido resultó vencido porque el ángel le desencajó el muslo, pero en otra manera, fue vencedor porque persistió y se agarró con uñas y dientes hasta recibir la bendición.
“Entonces, Jacob le preguntó, “Declárame ahora tu nombre.” Ahora es Jacob que le pregunta al ángel cuál es su nombre y el varón respondió, “¿Por qué me preguntas por mi nombre?” En otras palabras, hey, eso no te compete a ti. Mi nombre es misterioso. Cuando Moisés le preguntó al Señor, ¿Cuál es tu nombre? Él le dijo, “Mira, yo soy el que soy, yo soy lo que me da la gana ser. Yo no tengo nombre. Ningún nombre me puede contener. Yo soy el que soy. Yo soy lo que soy y ya con eso conténtate.” Pero Jacob siempre estaba buscando algo más, una bendición mayor, conocer el nombre de Dios hubiera sido algo increíble. Ningún otro hombre conocía el nombre de Dios. Los judíos no mencionan el nombre de Dios, ni siquiera lo escriben completamente porque es tan sagrado. En realidad no lo saben. “¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.” Usted ve, no te dejaré hasta que no me bendigas y el ángel, okay, te voy a bendecir. Te voy a bendecir con una bendición directa y también te voy a bendecir con una nueva identidad, una nueva impartición, una nueva naturaleza, un nuevo caminar delante de mí. “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel, esto es el rostro de Dios. Eso es lo que quiere decir la palabra Peniel, el rostro de Dios, porque dijo, “Vi a Dios cara a cara.” Ese ángel, como digo, era la presencia misma de Dios pero en una forma consumible, una forma que un hombre pudiera digerirla, porque si hubiera sido Dios mismo, lo hubiera matado allí. Nadie, dice la Biblia, ha visto el rostro de Dios.
Moisés vio sus espaldas, su celaje. Y Jacob en un sentido luchó, imagínese usted está peleando con alguien y usted le ve la cara muchas veces sobre todo toda una noche. Pero lo que vio fue ese rostro de un ángel que proyectaba la presencia de Dios. “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma. – en otras palabras, no me mató – Y cuando había pasado Peniel le salió el sol y cojeaba de su cadera.” Jacob cojeó toda su vida por ese encuentro que tuvo con Dios. “Por esto no comen los hijos de Israel hasta hoy día del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.” Así que cuando se come un pollo, un muslo de pollo, busque el encaje ese y no se lo coma. Maravilloso relato de la lucha de un hombre con Dios. Me trajo a la memoria esta mañana, mientras trabajaba el sermón, una llamada que yo siempre recibo, todos los años, después de nuestra auditoría anual que hace una compañía que audita nuestros libros, nuestras cuentas y todo eso para asegurarse de que estamos procediendo en una forma contundente, en términos financieros y legales, siempre le mandamos una copia de la auditoría al banco que tiene nuestra mortgate. Y siempre unos días después recibo una llamada de parte de uno de los vice presidentes del banco, Cass Bank, es un amigo personal que yo he llegado a conocer a través de todos los años que tenemos negocios con él y lo considero un amigo personal y él también, se llama Lincoln Vermere. Lincoln siempre me escribe un email, me dice, “Roberto, tenemos algunas preguntas después de leer la auditoría.” Y puede ser una pregunta de por qué esta entrada aquí dice que ustedes recibieron tanto de grants, de ayudas financieras para los ministerios sociales que tienen, ¿por qué aumentó tanto ahora del año pasado? ¿Qué explica eso? O ¿por qué tal entrada dice esto y no dice lo otro?
Este año predeciblemente, llegó las preguntas de Lincoln, una de ellas era, ¿dónde está el dinero que ustedes recibieron del estímulo financiero que se le dio a las instituciones sin fines pecuniarios? No lo encuentro en la auditoría. Muéstreme dónde está eso. Y buscamos y ciertamente ahí estaba porque el contador nuestro, el CPA, lo había puesto en un lugar muy diferente pero él entendía muy bien. Me dijo, “Mira, todos los años, esta particular entrada nos ha causado este año muchos problemas porque cada iglesia lo pone en diferentes lugares, pero yo no lo puedo encontrar dónde está.” Así que buscamos, ahí estaba, se le reportó. Pero ese banco es muy minucioso y siempre quiere arreglar cuentas con nosotros. Y les digo esto, que Lincoln siempre me dice, “Roberto, nosotros tenemos total confianza en ustedes y para mí esto es simplemente un deber que yo tengo que hacer porque yo tengo que reportarme a mis superiores y quiero saber dónde están las cosas, pero yo sé que ustedes son gente absolutamente confiable y no te preocupes. Esto es simplemente una pregunta que yo hago. Ustedes son la iglesia preferida mía en toda la nación. No se preocupen, estoy simplemente cumpliendo con mi deber.”
Y digo eso porque Dios es así como el banco, como Cass Bank, Dios arregla cuentas con nosotros. Dios es un Dios de cuentas claras y es bueno que nosotros entendamos eso cuando lo servimos, que Dios es como Lincoln Vermere, pero siempre sus indagaciones y sus arreglos de cuenta con nosotros se dan en un contexto de gracia, misericordia, bondad, amor y en última instancia, de confianza en nosotros, porque Él conoce nuestro corazón. Y Él sabe que lo amamos. A veces somos traviesos, a veces cometemos errores, pecados, pero al final de cuentas Él nos ama y su amor es irrevocable y su aprecio por nosotros también lo es. pero es un Dios de cuentas claras. Y yo veo eso continuamente a través de toda la Escritura. Dios espera de nosotros confesión, integridad, y a veces sabe que nuestra vida hay cuentas por arreglar, cuentas por pagar. A veces hay cosas del pasado que hasta hemos olvidado a veces, y las hemos metido debajo de la almohada o debajo de la cama pensando que si no se ve no existe, pero están allí.
Y esas cosas a veces contaminan nuestro corazón, nuestra mente, nuestro subconsciente, tantas cosas que suceden en la vida. Una mujer violada cuando era niña muchas veces reprime eso y lo olvide. Un niño que perdió a su madre a los 12 años o a los 7 años dice, ah, eso pasó, no importa. No vuelve a pensar en ello pero toda su vida vive con una melancolía y una depresión grandísima y no sabe de dónde viene. Otra persona tuvo un fracaso de alguna índole o no llegó a cumplir un sueño que esperaba y esa herida se va hacia adentro y la va metiendo, suprimiendo hacia abajo, y está allí pero está oliendo mal y es como una basura que se nos olvidó en la casa y hay algo que envenena el aire y no sabemos qué eso, pero sabemos que hay algo que no está bien. A veces puede ser un pecado cometido que no fue confesado, reconocido. A veces fue una ofensa contra alguien, pasaron los años, lo olvidamos, seguimos adelante y al diablo no se le olvida nada y si no es Dios que nos llama a cuentas, el enemigo trata muchas veces de acusarnos.
Y hay cosas a veces en la vida que nos aguantan y que nos frenan en la vida y no sabemos por qué no vamos hacia adelante, por qué no damos pie con bola, pero hay algo que necesita ser arreglado. Porque el mundo espiritual es un mundo judicial, legal. El diablo es un legalista de primera. El diablo es el fiscal de la iglesia, siempre está acusando a la iglesia. Y Dios muchas veces no porque Él quiera, pero Dios a veces se ve obligado por su justicia, por su integridad a aguantar cosas que Él quiere darnos porque no hemos arreglado cuentas y Él quiere pero su ley le impide, su integridad se lo impide y entonces, Él dice, “Primero hay que arreglar esto, hay que sacarlo a la luz, hay que confrontarlo.” Ya estamos perdonados pero muchas veces hay que ir a un paso todavía mayor. Y yo creo que esta es la historia de Jacob. Jacob tenía una cantidad de cuentas que tenía que arreglar y Dios tenía un destino para él. Jacob era el patriarca de Israel, el linaje espiritual del futuro pueblo de Israel iba a correr a través de él. Pero ¿cómo llegó Jacob a esa primogenitura, a esa dignidad? Le había robado a su hermano prácticamente, en un engaño. Se había aprovechado de la debilidad de su hermano cuando tenía un hambre voraz, y le compró la primogenitura por un sancocho, un cocido, porque su hermano era descuidado. Jacob tenía apetito por las cosas de Dios pero su hermano era un hombre descuidado, todo lo que le interesaba era la cacería, sensual, los apetitos del momento. Jacob aprovechó eso, le robó la primogenitura. Obtuvo la bendición pero en una forma ilegítima y tuvo que huir. 20 años tuvo que meterse en el exilio, lejos del hermano que quería matarlo porque se dio cuenta de lo que le había pasado y lo que le había hecho su hermano.
Y Jacob siempre había sido un hombre engañador, un hombre que siempre dejaba un rastro de cosas irresueltas. Se fue al exilio y Dios lo metió allá en la casa de su suegro, Labán y allí en el exilio con su suegro, encontró la horma de su zapato, otro engañador, su suegro, que durante 20 años lo hizo trabajar por las dos hermanas que eran hijas de él. Y siempre le decía, “Te voy a pagar tanto,” y después no le pagaba nada. Lo obligó a trabajar 20 años. 20 años, imagínese con una promesa y no le cumplió. Dicen por ahí que ladrón que roba al ladrón tiene 100 años de perdón. Bueno, Jacob se encontró con otro engañador. Pero lo paradójico de este relato es que mientras Dios disciplina a Jacob y trata con él, lo bendice también. Porque allí en su exilio, Jacob prospera y Dios le da vacas y ovejas y ganado, y dinero y posesiones, porque Él tiene un destino con ese hombre y dice que los dones de Dios son irrevocables. Pero Dios también nos bendice pero arregla cuentas. Esa es la cosa, ese es el misterio de ese Dios que tenemos.
Hay una lucha titánica entre Labán y Jacob. Lea la historia, es fascinante. Llega un momento en que Labán se da cuenta de que él no está robándole a Jacob, sino que Jacob le está robando a él en un sentido. La sonrisa de Labán se convierte poco a poco en una mueca de ira y molestia y Jacob se da cuenta de que ya su suegro no lo quiere demasiado y decide irse de la casa y huir de la casa. Dios le dice, “Vete, regresa.” Pero lo hace en la manera incorrecta. De nuevo, ahí entra el modus operandi de Jacob de engañador. Llama a sus mujeres al campo, prepara todo y huye de Labán. No se despide, no dice nada, se va y deja cuentas por arreglar. Deja a un hombre airado, molesto con él que se siente violado y se va corriendo. Ese es su modus operandi, así es que él obra en la vida. Deja un rastro de relaciones quebrantadas. Pero Dios no quiere que él se vaya de esa manera. ¿Por qué? Porque Jacob ya es un hombre de peso, Jacob es un patriarca. Dios lo ha bendecido. Dios le ha dado gravitas, le ha dado peso espiritual. Entonces, un hombre así no debe ser un fugitivo. Y entonces, Labán cuando se da cuenta de que Jacob ha huido tres días después, se manda detrás de él con sus hombres. Y fíjese lo interesante, yo creo que Dios está propiciando ese encuentro pero Dios encuentra a Labán en un sueño una de esas noches que está persiguiendo a Jacob. Le dice, “Mira, ten mucho cuidado con ese hombre, no le hables mal. Trátalo con la dignidad que él se merece.” Eso es algo misterioso.
Este Dios que está tomándole cuentas a Jacob también le dice a su contrincante, “hey, ese es mi siervo, trátalo con respeto.” Ahí hay una paradoja de que Dios muchas veces nos confronta pero también es un Dios de misericordia. Su gracia siempre está con nosotros. Él está trabajando en nuestras vidas. Dios no nos humilla. Dios no es un Dios que nos desprecia, aún cuando ve nuestros defectos. Nosotros tenemos que bregar unos con los otros con misericordia, aún mientras nos confrontamos, tenemos que tener misericordia unos con los otros, porque Dios la tiene. El Apóstol Pablo dice en Efesios, “Si alguno de vosotros fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales – ustedes que son tan santos – restauradle.” Dice como acordándose de quiénes son ustedes mismos también, no sea que ustedes también caigan en la misma falla. Ese es el Dios… y por eso es que digo, “Señor, ayúdanos a ser una congregación de misericordia, de amor y de justicia, que seamos claros pero que también seamos misericordiosos y entendidos.” Porque a veces Dios está teniendo tratos con la gente que usted ni siquiera entiende y tenemos que ser muy humanos, muy humildes y muy generosos y pastorales cuando tratamos unos con los otros. porque de la manera en que tu trates a los demás, así serás tratado. Tendré misericordia del que tiene misericordia, dice. Entonces, a mí me cautiva ese hecho de que Dios mientras envía a Labán para que confronte a Jacob, le dice, “Cuídate de no hablarle mal a ese hombre porque yo tengo tratos con él.”
Y lo otro es que eso le permite a Jacob no salir como un fugitivo. Eso le permite a Jacob obrar con integridad. Entonces, cuando Labán lo encuentra y le dice, “Mira, ¿por qué tu me has hecho eso? Tu me has robado.” Jacob tiene oportunidad para explicarle su perspectiva, y entre los dos se da un diálogo interesante que termina en un pacto de amistad eterna entre los dos. Y Labán ahora trata a Jacob como lo que es, un hombre de peso espiritual. Y Jacob entonces puede separarse de Labán ya habiendo arreglado ese capítulo de su vida, dándole cierre y libre ahora para continuar con lo que Dios tiene para él. Y yo digo que muchas veces, hermanos, nosotros tenemos que hacer lo mismo en nuestras vidas. Si hemos ofendido a alguien, dejemos nuestra ofrenda al altar y vayamos y arreglemos cuentas. Dios nos está diciendo hoy, si hay algo en tu vida que necesita ser arreglado. Ahora, no tiene que ser necesariamente una ofensa que has hecho contra alguien, puede ser algo que está en tu corazón también, una herida, algo que tu no has confrontado, algo con lo cual tu no has hecho tu paz, algún hábito, alguna ofensa, algún accidente, algún trauma. Hay gente que no ha perdonado a Dios por algo que ellos piensan que Dios les hizo, una pérdida. A veces no hemos perdonado a un ser querido, o un maestro que ya hasta se murió hace 20 años pero todavía tenemos que perdonarlo porque nos dio un cocotazo ante todos los demás y nos humilló, o lo que fuera. Tenemos que limpiarnos. Dios quiere corazones limpios. Dios quiere cuentas arregladas. Dios quiere espacios despejados dentro y fuera. Dios quiere que caminemos limpios delante de Él.
Cuando Saqueo es visitado por el Señor, Saqueo sabe que tiene cuentas que arreglar. Le ha robado a mucha gente. Y Jesús no tiene nada que decirle excepto… él mismo dice, “Señor, yo he robado a mucha gente pero hoy quiero devolver doble lo que le he robado a cualquier persona, o cuadruplicado creo que es.” Cuatro veces, sí. “Si he ofendido a alguien, que vengan y yo voy a arreglar cuentas con ellos.” Hay que arreglar cuentas en la vida, hay que caminar limpiamente delante de Dios y como digo, esas cuentas no tienen que ser necesariamente serios pecados, pueden ser cosas que están dentro de nosotros también, cosas que tenemos que confrontar y con las cuales tenemos que luchar. Termina ese diálogo con Labán y entonces, Jacob ahora está libre para continuar su trayectoria, ¿por qué? Porque Dios cogió a este hombre engañador, lo metió 20 años en el horno, ahora lo saca, lo va a llevar hacia su nueva vida, reconciliado con Dios y con sus enemigos, y está preparando algo. Por eso es que yo digo que el viaje de Jacob, esos 20 años, es un viaje psicológico interno, los viajes de Dios. Ese es el viaje que tomó Elías cuando hablamos acerca de él. Se metió en el desierto y después viajó dice, 40 días y 40 noches. Fue un viaje psicológico y físico. Dios nos lleva en viajes, hermanos, a través de la vida, todos nosotros estamos involucrados en un viaje. Cuando tu entras a los caminos del Señor, tu entras a un viaje. Es un viaje de largo plazo donde Dios va a estar tratando contigo en maneras misteriosas, porque Dios es un Dios minucioso, cuidadoso, y a veces van a pasar cosas en tu vida que son parte de la contabilidad divina. Muchas veces el diablo te va a acusar inclusive si tu no pagas ciertas deudas. Y Dios en su misericordia y su amor, trata contigo para que el enemigo no se aproveche de tus debilidades. Y a veces te mete al horno para que por medio de ese fuego del horno, tus impurezas sean quemadas en el crucible, en el horno, en ese lugar de purificación por el calor de Dios. Y eso va a ser parte del trato del Señor para contigo. Y si Dios te ama, te va a pasar por situaciones así.
A Pablo lo pasó con su aguijón. Dice, “Y para que las grandes revelaciones que yo recibí no me llenaran de orgullo…” porque parece que Pablo tenía una tendencia hacia el orgullo, “… no me llenaran desmedidamente de orgullo, me mandó un aguijón en la carne,” un mensajero de Satanás, porque Dios a veces usa las cosas negativas de la vida, y aún los ataques y las acusaciones del diablo, Dios las usa para bendecirte. A veces Satanás termina haciendo el trabajo de Dios y a veces los instrumentos de Dios son muy afilados y siniestros cuando tu los miras, y a veces te van a cercenar parte de tu ser, pero va a ser porque ya esas partes están viejas, feas, muertas, y si te las retiene te van a contaminar la vida. Entonces, Dios quirúrgicamente interviene y te las corta porque quiere bendecirte. Y por eso es que no podemos jamás, hermanos, subestimar la complejidad del trato de Dios.
Y entonces, Jacob sigue su camino y está temiendo el encuentro que va a tener con su hermano porque el hermano que él conoce en una era donde no había internet, ni periódicos ni nada, es un hermano que quería matarlo hace 20 años. Y él piensa que ese es el hermano que él va a encontrar, un Esaú airado, ofendido, que quiere cortarle la cabeza todavía. Él teme lo que va a encontrar allá y por eso él hace un plan de dividir a su familia en dos, dice, porque por lo menos si él ataca a un grupo y lo mata, por lo menos va a quedar uno vivo, otro grupo, una esposa. Y él le manda una cantidad de… él prepara todo un ritual de regalos que le envía poquito a poquito para irlo amansando. Él no sabe que ya Dios ha trabajado en el corazón de Esaú porque ya Dios hizo lo que tenía que hacer. Pero en el camino, yo creo que él tenía tanto temor que él envía todo su plan estratégico que él tiene, envía a sus criados, envía a sus mujeres, envía a sus hijos, todo muy bien coordinado y se queda solo quizás para orar y clamar a Dios y en esa soledad, Dios tiene un encuentro con él.
¿Cuántos encuentros tuvo Dios con Jacob? Tuvo cuatro. Uno fue con ángeles que le salieron en el camino. Yo tuve a estudiar eso porque nunca lo había estudiado a fondo ese capítulo de la vida de Jacob. Cuatro encuentros, cada uno misterioso y bello. Y en ese encuentro esa noche, viene este varón y lucha cara a cara, cuerpo a cuerpo con Jacob. Pueden poner esa imagen otra vez, por favor. Uno se pregunta por qué ese encuentro. ¿Qué valor tenía eso? Yo creo que tiene un valor increíble, sublime. Es una de las imágenes más elocuentes que hay en la Biblia y artísticas porque esa lucha representa la lucha de Jacob consigo mismo, con sus demonios. La lucha de Jacob con sus inseguridades, sus defectos, sus imperfecciones, pecados, cuentas por pagar. La mezcla de gracia, bondad, amor, que había en él pero también la parte siniestra de su personalidad. Porque muchas veces nosotros tenemos dones y tenemos también sombras de esos dones. Y muchas veces nosotros tenemos un gran apetito por Dios pero a veces hay cantidad de cosas en nuestra vida que tienen que ser trabajadas. Hay defectos que no hemos tratado y pensamos que como diezmamos tanto y servimos tanto al Señor, no hay problema. Eso que trabajamos y damos, eso es nuestro desodorante y Dios dice, “No, muchacho, si tu apestas, tengo que meterte en la bañera y zambullirte porque yo no soy sobornado.”
Entonces, Dios quería sanar a este hombre. Dios no quería que él estuviera siempre dejando un rastro de cuerpos destruidos dondequiera. Él quería que este hombre caminara limpiamente delante de Él y lo mete en el terror, lo mete en la confrontación. Y yo creo que esa lucha con el ángel fue una forma de Dios darle una psicoterapia efectiva a Jacob. Y ¿cuál es el equivalente de nuestra lucha con el ángel, hermanos? Situaciones que nosotros confrontamos en la vida, dramas en los cuales nos encontramos, aprietos, tragedias, pérdidas, luchas, humillaciones, fracasos morales y físicos y financieros y de todo tipo, lugares donde Dios nos encuentra. Pedro tuvo su encuentro, su lucha con el ángel esa noche que él negó a Jesús tres veces. Eso fue una amargura para él, fue una crucifixión. Este hombre que amaba tanto a Jesús, tanto que él pensaba, nadie puede amarlo como yo lo amo. Y sin embargo, el Señor lo mira en su gran seguridad de sí mismo y sonriendo tristemente le dice, “Pedro, tu no sabes lo que estás diciendo. Tu dices que todos me van a dejar y tu vas a ser el único. Mira, te voy a decir que me vas a negar no una vez, no dos, tres veces antes de que el gallo cante.” Pedro no lo podía creer. Dijo, bueno el Señor eso seguro lo está diciendo porque no sabe quién soy yo. Pero efectivamente tres veces negó al Señor. Dice que lloró amargamente. Cuando el Señor lo miró. ¿Usted se imagina esa mirada? El Señor está siendo cuestionado, está siendo torturado prácticamente por el cuestionamiento, y cuando canta el gallo tres veces, el Señor sabía lo que había pasado y lo miró desde lejos, porque Pedro no se podía acercar, lo miró, me imagino que se sonrió con una mirada de misericordia y de gracia y de diversión casi, y Pedro lo vio y dice que lloró amargamente. Una derrota total para ese hombre, negar al Señor en su momento de mayor necesidad.
Pero les digo, hermanos, que el Señor a veces usa armas e instrumentos terribles que nos meten el terror mismo, crucifixiones. Pero ya el Señor le había dicho, “Pedro, Pedro, Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo, pero yo he rogado que tu fe no falte, y tu una vez vuelto, ve y fortalece a tus hermanos.” El Señor sabía que Satanás estaba detrás de ese ataque. A veces Satanás quiere destruirnos y el Señor por un momento quita su defensa de nosotros pero siempre tiene cuidado de lo que está pasando. Él controla el proceso. Y Satanás dice, déjame tocarlo, déjame hacerle daño, déjame destruirlo, como con Job. El Señor le pone límites a Satanás porque Satanás a veces es el entrenador de Dios. Qué cosa. Misterios. Y Jesús sabía que Pedro iba a ser un gran hombre de Dios. Pedro iba a ser el Apóstol supremo, principal, de la iglesia en su tiempo de formación. Pedro tenía que jugar un papel sacerdotal, apostólico, pero no podía usarlo como estaba Pedro constituido, con su carácter, sus defectos, necesitaba entrenarlo, y por eso le permitió al enemigo que infundiera un temor sobrenatural en Pedro para que Pedro fuera escarmentado, fuera tratado, fuera herido, fuera humillado, fuera diluido, fuera desangrado y reconociera que solo por la gracia y la misericordia de Dios. Porque si Pedro hubiera mantenido su fortaleza y su integridad en ese momento quizás se hubiera hecho todavía peor en su impulsividad y en su orgullo. Entonces, el Señor necesitaba desangrarlo.
Yo les digo, hermanos, Dios nunca usa un hombre o una mujer grandemente hasta que no lo descalifica, hasta que ese hombre, esa mujer sabe que solo por la gracia del Señor puede ser usada. Eso es algo increíble pero yo les aseguro que esa es una realidad de los misterios de Dios para con nosotros. “Para que seas reconocido en tu palabra y tenido por puro en tu juicio,” dice el salmista. “Contra ti, contra ti solo he pecado para que seas reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio.” Qué misterio que Dios a veces permite que nosotros seamos humillados y que lleguemos al fondo de nuestra humanidad para que sea claro a los ángeles y a los demonios que Dios es justo, fiel y que solo Él merece la gloria y la honra. Nadie puede ser usado por Dios hasta que no esté dispuesto a darle toda la gloria y toda la honra al Señor. Si Dios te va a usar grandemente Él se va a asegurar que tu seas un reo de su gracia y que tu nunca creas que es porque tu te lo ganaste, porque Dios tiene una controversia con el hombre por su orgullo, por su forma de ser, Dios no juega con eso.
Entonces, Dios está trabajando con Jacob. Jacob es su siervo. Él tiene que tratarlo según su rango pero también tiene que formarlo y fortalecerlo. Y esa lucha con el ángel es la forma en que Dios está bregando con Jacob. Esa lucha con el ángel es una confrontación con todo lo que Jacob tiene dentro de él, lo bueno y lo malo. El hombre con gran apetito por Dios que aprecia las cosas espirituales pero que también las busca en maneras ilegítimas. El hombre que no tiene una total integridad y necesita ser llevado al punto de reconocer lo que es. El hombre que pelea por lo que quiere con uñas y dientes, tiene que hacer lo que sea, pero consigue las cosas como sea, pero que también es un hombre… porque Dios usa gente así. A veces si Dios nos va a usar necesita que seamos fuertes, que seamos emprendedores, que seamos dinámicos y agresivos en la vida. Dios no usa un mequetrefe, ay bendito, todo está bien, si se da, se da. No, Dios le encanta la gente agónica, luchadora. Pero muchas veces, de nuevo, la dotación tiene su sombra, el carácter emprendedor muchas veces tiene su lado negativo que somos insistentes y a veces Dios nos dice, “No, espera,” pero no, nosotros nos lanzamos como un caballo desbocado y buscamos las cosas, somos impulsivos, somos peleones, somos críticos, nos airamos fácilmente, guardamos rencor, nos descorazonamos pronto.
Esta misma mañana hablaba con una persona así, después del sermón se acercó a mí. Esta persona tiene mucho don, mucho talento, muchas cosas pero hay un lado inmediatamente que se hizo claro. Hay una impulsividad, hay una superficialidad, hay una fragilidad que aguanta y Dios va a tener que tomar a esa persona y decirle, “Ven, siéntate acá,” y desangrarla un rato, sacarle sangre, porque tiene demasiada sangre para que pueda entonces caminar pausadamente. Y Dios pueda llevarla a donde tiene que llevarla, porque si esa persona así con todos sus defectos es puesta en una posición de autoridad va a ser un tollo, como decimos los dominicanos, va a ser un desastre. Dondequiera va a dejar cuerpos rodando y Dios tiene que a veces desangrarnos para que podamos ser ese siervo sufriente, esa persona mansa y humilde que Dios pueda habitar y que actúe, no con su propia fuerza sino con la fuerza de Dios dentro de ella. A veces Dios tiene que ahuecarnos y vaciar la vasija para entonces poner su unción porque sino lo que está obrando es la vasija carnal, humana, y con eso el diablo se da un banquete.
Y yo creo que esa lucha del ángel… toda la noche estuvieron peleando. ¿Usted cree que eso era necesario? Ese ángel tenía todo el poder que él quería, con un toquecito simplemente le desencajó la cadera y lo puso ya cojo por el resto de su vida. Ese ángel hubiera podido destruir a Jacob en el primer instante. Mira la pintura, por eso me gusta, porque estas pinturas del ángel luchando con Jacob o viceversa, han sido pintadas por los artistas a través de los siglos. Esa en particular es de un pintor que se llama Gustav Doré, del siglo XIX y lo que me gusta de esa pintura es que… mire ese ángel. El ángel está seguro de sí mismo. Ese ángel no está sudando en absoluto. En realidad, Jacob es como un niñito de tres años que tiene una perreta y el ángel lo está aguantando por los brazos diciéndole, “Tranquilo, no te voy a soltar hasta que tu…” No es Jacob quien no suelta al ángel, es el ángel quien no va a soltar a Jacob hasta que no sea vencido. Porque a veces Dios nos vence para darnos la victoria. A veces Dios nos humilla para levantarnos. A veces Dios nos hiere para darnos más fuerza. A veces Dios nos rebaja para levantarnos. A veces Dios nos crucifica para que tengamos una resurrección y entremos en toda bendición y en toda autoridad. Y muchas veces antes de Dios bendecirnos nos abofetea levemente, pero nos abofetea.
Sabe que en la Edad Media cuando un hombre iba a ser declarado como un caballero de la reina, cuando venía a ser consagrado como caballero, como un knight, el rey o la reina cogía un guante y le daba una bofetada simbólica en la cara queriendo decir, recuerda que yo soy quien manda aquí. Yo tengo derecho a humillarte si quiero, pero te voy a hacer un caballero de mi corte. Y Dios muchas veces antes de bendecirnos nos crucifica. Yo les quiero decir que yo he sido crucificado varias veces en mi vida. Yo he experimentado crucifixiones. Ya lo tengo como un principio funcionador [sic] en mi vida, que Dios antes de una promoción de levantarme, siempre me rebaja, siempre me humilla, siempre me descalifica, siempre me mete en la noche oscura del alma, siempre me mete al desierto, y siempre me obliga a reconocer que solo por su gracia, su bondad y su misericordia.
Ayer yo estaba dando una clase con una iglesia aquí de Boston y me decía, - no estoy alardeando en nada, les aseguro, porque le voy a decir lo que yo le contesté – me dijo, “¿Cómo usted se mantiene humilde? ¿Cómo usted lucha con la tendencia al orgullo?” yo le dije, “Bien fácil, yo sé quién soy. Yo no me engaño a mí mismo de lo que soy. Dios me ha confrontado conmigo mismo.” Y cuando uno se confronta consigo mismo y uno sabe lo que es, qué orgullo puede haber, hermanos. Y así es con todos nosotros, Dios nos va a confrontar en la vida pero su confrontación es una confrontación amorosa. Después de esa lucha en la cual el vencido termina venciendo y el vencedor termina vencido, Jacob tiene otro nombre, otra identidad, otro destino, ha entrado plenamente en su llamado como patriarca de Israel, y ahora queda libre para su próxima etapa de vida. Y cuando arregla cuentas con su hermano al final de la jornada, otra vez él se une a su familia, va camino a donde está Esaú pensando que Esaú le va a cortar la cabeza. Pero no, Esaú ahora trata a Jacob como el patriarca de la familia. Esaú le dice, “No te preocupes, ¿por qué me mandas toda esta gente con todos estos regalos? Eso no es necesario.” Y hasta quiere rechazarlo y Jacob le dice, “No, por favor, recíbelo.” Jacob termina honrado porque cuando uno se somete a la disciplina de Dios, hermanos, Dios entonces nos bendice, está libre para bendecirnos. Cuando uno arregla su vida con el Señor, entonces Dios puede entrarnos en el nivel en que Él quiere verdaderamente entrarnos.
Entonces, Jacob se reconcilia con su hermano, es bendecido, puede reunirse a su familia, de su padre, puede ser Jacob, Israel el hijo de Dios, el profeta, el sacerdote, el hombre a través del cual va a correr la bendición de Dios hasta hoy en esta humanidad increíblemente grande, porque Dios le dijo eso. Cuando él huía de Esaú Él le dijo, “Yo te voy a bendecir y tu familia va a ser inmensa.” Porque aún mientras lo metía en la disciplina, ya estaba bendiciéndolo y preparando la bendición que habría de venir. Ese es el Dios en el cual yo he creído y en el cual tu debes crees y al cual tu debes servir también. Hoy cuando uno ve a Jacob en el lecho de muerte, décadas después, después de varias crucifixiones también, que Jacob está ya listo para reunirse con su Creador, qué dignidad tiene Jacob cuando bendice a sus hijos y cada uno les da una bendición o una señalamiento, lo que sea, pero ese Jacob no hubiera jamás podido hacer eso con esa dignidad si no hubiera pasado por esa trayectoria. Y así Dios te ha llamado a tu vida para algo.
Mis hermanos, ahora les veo aquí, les enfoco, yo no puedo entrar en el misterio de Dios en sus vidas, ese es un lugar sagrado donde solamente ustedes y Dios. Dios está haciendo cosas. No está disciplinando porque no creo que… pero hay algo que Dios está haciendo, porque Dios siempre está haciendo algo en nosotros. Dios siempre está bregando con nosotros. Está tratando en alguna manera en pérdidas, en luchas, en dolores, y a veces no podremos responder a esas preguntas que van a salir en este lado de la vida. Pero nuestro plan es decir, “Señor, yo no puedo entender todo lo que tu haces, pero yo sé que lo que tu haces es bueno, es intencional, es misericordioso, y tu me vas a bendecir en alguna forma. Yo creo eso y me voy a aguantar hasta que yo vea tu bendición, hasta que yo vea tu restauración.”
Dios es honrado cuando sus hijos le besan la mano que los ha abofeteado y el diablo es derrotado, porque él dice, “hey, ellos te sirven porque tu les das bendiciones, porque tu les haces la vida fácil,” pero Dios dice, “No, no, mis hijos me sirven porque yo soy el que soy. Me sirven porque me aman. Me sirven porque ellos saben que yo soy bueno aunque no me puedan comprender, pero yo soy bueno.” Lo que Dios hace por definición es bueno en tu vida. Dios no te ha llamado para maldecirte. Dios te ha llamado para bendecirte. Dios no te ha llamado por avergonzarte. Dios te ha llamado para honrarte. Dios te ha llamado para levantarte. Dios te ha llamado para que al final de tu vida tu lo honres con tu mero caminar en la tierra. Dios te ha disciplinado, ha tratado contigo para que cuando otros te vean, vean un ángel no un hombre arrastrándose por el suelo, o una mujer. Ese es el misterio de Dios. Todos somos Jacob. Yo soy Jacob. Yo le doy gracias a mi Padre porque es un Dios tan sublime, tan misterioso que nos toma en serio y trata conmigo, contigo, en una manera bella, sublime, importante. Yo deseo que tu esta tarde recibas el llamado de Dios a tu vida y te adecues a lo que Él está haciendo en ti, sea como sea.
Bajemos nuestras cabezas un momento, ya me despido y los despido a todos nosotros. Toma un momento. El ángel está delante de ti ahora mismo. Hazte de cuenta que tu estás en una lucha amorosa con el ángel, un forcejeo no violento pero sí extenuante y pregúntate, ¿qué cosa tengo yo que entregarle al ángel? Y qué cosas me van a hacer cojear un poco el resto de mi vida porque Dios cuando nos toca también nos hace cojear un poco. Pero imagínese, poder decir, “Yo vi al ángel cara a cara.” Yo cojearía personalmente por el privilegio de ver a Dios, ver su rostro. Entrégale al ángel lo que sea, lo que tu tienes en tu vida, hay una herida, entrégasela. Hay una pérdida, entrégasela. Hay una ofensa no resuelta, entrégasela y decide que en algún momento tu vas a hacer lo que tienes que hacer con ella. ¿Hay algo que tiene que ser arreglado en tu vida, hay algo que tu tienes que perdonar, algo que tienes que soltar? Entrégaselo al Señor. Te va a doler un poquito pero después la bendición va a ser tan grande que vale la pena. Dale al Señor todo lo que tu tengas que darle ahora mismo. Yo estoy contigo allí haciéndolo yo, Dios sabe. Vamos a entregarle al Señor, vamos a ser limpios, vamos a ser libres. Vamos a ser sueltos de lo que le debemos a alguien o a algo. Vamos a caminar. Y si alguien quiere hacer el pacto más poderoso de todos que es con Cristo Jesús, y le debe a Dios… decirle, “Señor, te recibo como mi Padre, mi Salvador, mi Señor,” si no lo has hecho antes, si quieres hacerlo ahora también.
Levanta tu mano o haz un reconocimiento de alguna manera de que tu estás invitando a Jesús a entrar a tu vida. Si tu no lo has hecho antes, te invito ahora. No salgas de aquí sin arreglar la cuenta mayor de todas que es nuestro pecado que solo Cristo puede tomar y entrega tu corazón a Jesús, tu vida a Jesús. Hazlo y yo voy a dejar que tu lo hagas como tu quieras, privadamente, te pongas de pie, levantes la mano, Dios sabe, lo único que te pido es que vivas a la luz de esa confesión, que en algún momento la hagas pública y que otros puedan saber que tu eres un seguidor de Jesucristo y que no dependes de ti mismo sino de Dios. Pero confiesa al Señor esta tarde como tu Dios, como tu Señor y Salvador, el que perdona tus pecados, el que sana tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida. Entrégale al Señor lo que le debes. No hay vergüenza en ello. Padre, yo bendigo a mis hermanos y te pido que tu gracia sea con ellos en esta tarde. No nos permitas subestimar la importancia de caminar rectamente delante de ti. Te entrego lo que tengo, te entrego todo lo que soy. Ayúdanos a caminar con integridad delante de ti, Señor, y nuestros hermanos. Sánanos. Sana nuestros corazones. Sana nuestras almas. Yo bendigo este pueblo, Señor, que te ama, familias, individuos y te doy gracias por lo que tu estás haciendo en esta congregación. Llévanos al lugar más íntimo de tu presencia, Señor, a un encuentro contigo en la noche, un encuentro con el ángel, y haznos cada vez más y más como Cristo. Gracias Señor, gracias, Dios. Te adoramos, te bendecimos. Hermanos, les bendigo. Que la gracia y la paz del Señor sea con cada uno de ustedes y que podamos entrar el nuevo nivel que Dios quiere para nosotros. Amén.