Llevemos el arca a la casa

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: En Primera de Crónicas, capítulo 13, David quiere traer el Arca de Dios a Jerusalén y convoca a los capitanes de millares y de centenas para hacerlo. Sin embargo, en el camino, Uzá toca el Arca y muere, lo que hace que David se asuste y decida no traerla a su casa en la ciudad de David, sino a la casa de Obed Edom. Después de reflexionar, David se da cuenta de que el Arca solo puede ser llevada por los levitas y decide llamarlos para hacerlo. Cuando finalmente traen el Arca a Jerusalén, David y todo Israel se regocijan con cánticos y música. Este pasaje es un llamado a los padres, particularmente a los hombres, para que sean solícitos por bendecir sus hogares y facilitar la presencia de Dios en ellos. Los hombres tienen un rol sacerdotal importante en la bendición de sus hogares y deben ser conscientes de ello. La presencia de Dios requiere esfuerzo y intencionalidad, y los protocolos de Dios deben ser seguidos para facilitar la presencia de Dios en los hogares.

En este sermón, el pastor habla sobre la importancia del papel del hombre como líder espiritual en el hogar. Él destaca cómo Dios ha dotado a los hombres con una energía especial para ser iniciadores de la gracia de Dios en sus hogares y cómo la falta de cumplimiento de este protocolo puede interrumpir el flujo de la bendición de Dios. El pastor también habla sobre cómo los hombres pueden tomar su papel sacerdotal espiritual, aunque esto puede ser incómodo al principio, y cómo esto puede transformar la vida de un hogar y una iglesia. Él anima a los hombres a facilitar la entrada de sus esposas en la autoridad y a ayudarlas en su desarrollo personal y espiritual.

El autor habla sobre la importancia de los hombres asumir su papel de sacerdotes espirituales en el hogar y cómo esto no debería reprimir a las mujeres, sino que deberían trabajar juntos en una autoridad compartida. Él también menciona que muchos hombres no tienen modelos adecuados para seguir en su papel de sacerdote, pero que deberían buscar buenos ejemplos en la Escritura y estudiar para mejorar. El autor enfatiza que en la actualidad se necesitan hombres llenos del Espíritu Santo para sellar a nuestros hijos con valores saludables y que la falta de un padre que modele el carácter y la presencia de Cristo en el hogar es a menudo el fallo escondido en familias disfuncionales. Finalmente, el autor enfatiza que el modelaje más importante debe tener lugar en el hogar, cuando un padre coge a su hijo o a su hija y camina con ellos, habla con ellos, les expresa amor, está presente, les consulta cuando tienen problemas, les enseña el amor de Dios, les enseña lo que es el amor del padre.

El hogar es la fuente de enseñanza sana y la responsabilidad de los padres es crucial, especialmente en un mundo que tiene pocas defensas para la familia. Las esposas deben facilitar el ingreso de sus esposos en su sacerdocio y los esposos deben ser sabios, consagrados, entregados, sacrificialmente bondadosos y alentar a sus esposas a someterse. Los hombres son llamados a adoptar su sacerdocio y Dios quiere que el arca entre en nuestros hogares. Se invita a los varones a aceptar el llamado de Dios a ser un sacerdote en su hogar. Esto es un momento especial para invitar a Jesús a entrar en tu vida y hogar. Se pide a Dios que mueva los corazones y haga una obra transformadora en los hogares.

El texto que he escogido hoy, se encuentra en Primera de Crónicas en el capítulo 13. Es un pasaje extremadamente rico, largo y voy a tratar de empacar. Uno de mis problemas esta mañana fue que la introducción misma tiene mucho contenido. Pero quiero concentrarme en un llamado a los hombres de nuestra congregación, a los padres particularmente, pero a todos los hombres pero esto también evidentemente, incluye nuestras hermanas también, a toda la familia, en realidad. Y el tema que he escogido se titula Traigamos el Arca a la Casa. Y voy a entrar de lleno en el texto. Voy a saltear, porque son dos o tres diferentes capítulos y no podemos leerlos todos, pero gracias a Dios que muchos de ustedes conocen el pasaje donde David trata de traer el arca a Israel, a Jerusalén más bien, la ciudad de David, y tiene un fracaso inicial y luego finalmente consigue hacerlo. Estoy muy consciente de que hace poco, el jueves pasado de hecho, discutimos ese pasaje con el ministerio de adoración y de ahí me vino la idea de este pasaje en otro contexto diferente, el contexto de la alabanza, la adoración, el llamado de Dios a los adoradores. Pero me di cuenta buscando algo para hoy que el Señor tenía también un enfoque muy aplicable a los padres, a los hombres que hemos sido delegados por Dios, comisionados por Dios a traer la presencia de Dios a nuestros hogares en una manera muy específica al hombre. Nuestras mujeres también evidentemente son conductores de la unción de Dios en nuestros hogares, pero el varón tiene algo muy especial, el padre tiene un llamado muy especial para conducir la unción de Dios al hogar.

Este pasaje habla de cómo David se propone trasladar el arca a Jerusalén. En Primero de Crónicas, capítulo 13, dice, “Entonces, David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas – es decir, sus generales, - y con todos los jefes.” Y él a toda la asamblea de Israel le dice, “Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras y traigamos el arca de nuestro Dios - Versículo 3 – a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.” David propone en su corazón traer el arca que ha estado en exilio prácticamente y en descuido, olvidada por un percance que no tenemos tiempo de discutir demasiado con detalle, que había sucedido muchos años atrás en la historia de Israel. Y por lo trágico de esa pérdida del arca y su regreso, el arca quedó descuidada en la casa de una persona allí, almacenada y olvidada de su lugar central en la vida de Israel. El arca se consideraba una encarnación de la presencia de Jehová en medio de su pueblo. Incorporaba la unción, el poder, la protección divina, la energía divina en Israel. Y por eso los hebreos, a través de su historia habían llevado el arca a la guerra, porque era un símbolo del poder, la potencia de Dios con los ejércitos del Señor. Y ahora el arca ha quedado en desuso y David, como era un hombre que tenía un corazón tierno para con Dios, concibe el proyecto de traer el arca otra vez. Fíjese lo solícito de David como rey, él quiere bendecir a su pueblo y quiere introducir el arca de nuevo a la presencia en medio de Israel. Está solícito por bendecir su casa. ¿Cuál es la casa de David? Su nación. Como los padres, los hombres también debemos estar solícitos por la salud espiritual de nuestro hogar. Los padres debemos, y los hombres, debemos ser muy cuidadosos de saber que tenemos una asignación de parte de Dios de bendecir nuestros hogares facilitando y canalizando la presencia del Espíritu Santo, la presencia de la bendición de Dios en nuestros hogares. David quiere incluir de nuevo el arca que ha estado en desuso en la economía de su pueblo.

Entonces, él concibe el plan de traer el arca del lugar donde está por allá por un campo, y traerla de nuevo, instalarla en el tabernáculo que luego habría de ser construido en templo, más adelante, por su hijo Salomón. Entonces, él envía para que traigan el arca y concibe todo un plan nacional, todo el mundo está reunido, una gran fiesta, montan el arca en un carro de madera, jalado por bueyes, un carro nuevo que nunca ha sido usado. Y dice entonces en el versículo 7, “que llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo y Uzá y Ajió guiaban el carro. Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, harpas, salterios, tamboriles.” Era una gran fiesta. Imagínese una fiesta donde todo el mundo está entusiasmado, contento, feliz, saltando, celebrando y de momento alguien muere en medio de la fiesta. ¿Cómo se sentirá eso? Uno de los invitados más importantes cae allí destruido. Y eso fue lo que le pasó a este pueblo. Dice, “Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uzá extendió su mano al arca para sostenerla.” El arca, imagínese jalada por bueyes, un carro, una carreta, en un camino probablemente pedregoso y desigual, el arca se tambalea y Uzá piensa que se va a caer y la toca impulsivamente para estabilizarla. Y es como si él hubiera agarrado un cable de electricidad de 5000 voltios y enseguida queda destruido ahí mismo por la fuerza de esa arca. Yo no creo que era el arca necesariamente o Dios resentidamente, es que la ira de Dios como que estaba contenida en esa arca, porque cuando usted toca la bendición de Dios en una manera inapropiada, esa bendición muchas veces se puede convertir en daño porque las cosas de Dios hay que manejarlas con sumo cuidado. Y Uzá cae carbonizado, electrificado por el arca de Dios y de momento se detuvo el ruido, la celebración, el gozo, la fiesta, se detuvo todo. Un gran chasco en medio de tanta alegría.

Y el versículo 12 dice que “David temió a Dios aquel día y dijo, “¿Cómo he traer a mi casa el arca de Dios?” Está frustrado, está decepcionado, está desalentado, está atemorizado. Y dice, “No trajo David el arca a su casa en la ciduad de David sino que la llevó a otro lugar, a la casa de Obed Edom, geteo.” Interesantemente en el versículo 14 dice, “Bendijo Jehová la casa de Obed Edom y todo lo que tenía.” Cuando la presencia de Dios está en un hogar, cuando la presencia de Dios está en una iglesia, hay prosperidad, hay bendición, hay abundancia. Y este hombre, Obed Edom, que parece que estaba allí en su casa cerca, es bendecido por la presencia de Dios. ¿Por qué queremos la presencia de Dios en nuestros hogares? ¿Por qué queremos la bendición divina en nuestras casas? Porque hay bendición en ella. Nuestros hijos son bendecidos, nuestros matrimonios son bendecidos, nuestras finanzas son bendecidas, hay protección de parte de Dios. Todos nosotros debemos querer facilitar la presencia de Dios en nuestros hogares. No debemos asumir que simplemente porque somos evangélicos y vamos a la iglesia, que la presencia de Dios activamente va a estar en nuestros hogares. La presencia de Dios requiere esfuerzo. La presencia de Dios activa requiere intencionalidad. La presencia de Dios requiere que hagamos cosas para facilitar el mover de esa presencia, como también en la iglesia.

Entonces, David queda totalmente decepcionado, desalentado y temeroso aún y se preguntan ¿entonces, cómo entraremos? Está frustrado ya que ha habido esta situación. Pasa el tiempo y el arca queda allá y un día, David quizás escuchando algo, un consejo o algo, recuerda un detalle que se les había olvidado cuando ellos quisieron traer el arca la primera vez. Dice, David pensó – versículo 2, Primera de Crónicas 15 – “Entonces, dijo David, sabe que el arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová y le sirvan perpetuamente.” Se le prendió la bombilla. Él dijo, fíjate, lo que pasó es que no manejamos con cuidado el poder de Dios la primera vez. Escogimos a laicos no consagrados, gente que no sabía lo que estaba haciendo y por eso hubo desastre. Saben hermanos que hay que usar la metodología que Dios ha provisto para que su gracia sea canalizada en la vida de nuestros hogares. Las buenas intenciones no son suficientes. El simplemente ir a la iglesia así descuidadamente no es suficiente. Algo que yo he aprendido en mi estudio de las Escrituras en estos días, en una manera concentrada la lectura de la Biblia, ha sido que Dios se tomó – yo creo que he dicho esto quizás antes – Dios se tomó mucho trabajo al inicio de la vida de Israel para enseñarles cómo debían construir todos los aspectos de la adoración, cada mueble del santuario, las dimensiones del tabernáculo, la ubicación de los diferentes instrumentos, las vestiduras de los sacerdotes, hasta la composición del incienso que iban a usar tenía que contener ciertos elementos y ciertas hierbas muy específicas para producir específicamente el incienso que Dios quería, imagínese. Dios es un Dios de detalles.

Y Dios también había determinado que el arca, cuando se construyera, tuviera cuatro anillos en los lados, en los extremos, por donde se pudieran meter unas barras construidas de madera de acacia, cubiertas de oro, cuando las fueran a cargar de un sitio a otro. Y esa arca solamente podía ser llevada por levitas agarrando los extremos de esas barras para no tocar el arca. Imagínese, David ignorantemente había puesto allí el arca simplemente en un carro, con buenas intenciones, y había puesto a gente no consagrada. Yo dije ya que eran levitas solamente los que lo podían cargar. Todo eso. Una violación muy grande, inocente pero costosa. Y David de momento se da cuenta, oh, espérate, eso es lo que hay que hacer. Y entonces concibe un plan y dice que él llamó a los sacerdotes, llamó a los levitas, los hizo que se consagraran, determinó que el arca fuera cargada por ellos con las barras que Dios había determinado. Y en el versículo 13 del capítulo 15 dice, “Pues por no haberlo hecho así, nosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios, nos quebrantó porque cuanto no le buscamos según su ordenanza.”

Hermanos, hay formas en que Dios quiere manifestar su presencia en nuestros hogares. Y yo les digo, hermanas, primeramente déjenme, cualquier cosa que yo diga aquí acerca de los hombres en ninguna manera está designado para menoscabar ni subestimar la importancia, el valor insustituible de la mujer en la iglesia. Yo tengo un supremo respeto por nuestras hermanas que son coherederas del reino, dice la palabra. Y que yo sé que tienen un papel único para jugar en la economía de la iglesia. Pero por virtud de referirme a los hombres, quiero decir algunas cosas también que son importantes y es esto. Dios ha determinado por razones que a veces uno no se puede explicar, que el hombre tenga un papel esencial, un rol único en la bendición del hogar. Dios ha escogido a los hombres para ser canales de un tipo de gracia en sus hogares. Y cuando los hombres ignoramos ese rol sacerdotal que Dios nos ha dado, hay peligro y hay pérdida. Hay bendiciones que Dios quiere canalizar a nuestros hijos, nuestra economía, nuestros hogares, nuestros matrimonios, que solo por medio de un uso apropiado del hombre entregándose al Señor, consagrándose al Señor, el hombre es el levita hasta cierto punto que tiene un rol que jugar. Y así lo dice la palabra claramente en muchos pasajes. Y desgraciadamente muchas veces en las iglesias lo que menos hay es ese rol sacerdotal en los hombres. Y Dios tiene sus protocolos que Él quiere usar.

Ahora, la mujer tiene muchas maneras también de bendecir su hogar, déjenme decirle. El toque femenino, maternal, es algo que no tiene sustituto en el hogar. Pero hay algo que el hombre tiene que Dios ha hecho importante y los hombres tenemos que, en obediencia, constituirnos en canales de la bendición de Dios en nuestros hogares. Y cuando nosotros los hombres negamos y descuidamos ese protocolo, de que Dios ha puesto en nosotros una energía especial, que Dios nos ha llamado a ser iniciadores de la gracia de Dios. Dios quiere que nosotros, como David, estemos solícitos en nuestro hogar. David quiere bendecir a Jerusalén, David quiere bendecir a su pueblo, quiere instalar el arca, y él no es ni siquiera un sacerdote. Él es un rey, es un guerrero, es un gobernante, pero él quiere bendecir su casa y él sabe que él tiene un rol que jugar. Y por eso él dice, yo quiero traer el arca. ¿Cuántos de nosotros estamos conscientes de que en estos tiempos particularmente de la vida, nosotros necesitamos cubrir nuestros hogares con una unción especial. Nuestros hijos necesitan la unción de Dios. Nuestros hijos están en guerra por una cultura que quiere robarles la bendición, una cultura que quiere llenarlos de doctrinas de demonios, una cultura que quiere hacerlos violar su sexualidad como Dios los diseñó, una cultura que les habla acerca de la rebeldía, del cuestionamiento de la autoridad, de cosas que si ellos las ingieren, van a ser de maldición y destrucción para sus vidas. Satanás está tratando de destruir las familias. Satanás quiere dividir los hogares, quiere dividir esposo contra esposa porque él sabe que si eso hace, va a interrumpir el correr de la bendición de Dios. Satanás quiere que los hombres olviden su llamado sacerdotal. Satanás no quiere que el poder de Dios, la presencia de Dios, la bendición de Dios habite en los hogares porque él sabe que donde está el Señor, Dios dice, “Por aquí no pasarás,” a Satanás y a los demonios.

Y entonces, nosotros tenemos que entender cuán importante es que el arca de Dios, la presencia de Dios, la bendición de Dios esté en nuestros hogares y que eso no es solamente para los sacerdotes. No es el pastor solamente, no es la iglesia la que hace esto, tu como cabeza de tu hogar, como hombre en la sociedad inclusive, porque los hombres son necesarios en cualquier dimensión de la vida de una sociedad, tu tienes un llamado especial, una responsabilidad especial que no le puedes dejar a tu esposa. David sabía que él tenía un poder para convocar que nadie más tenía y él por eso recibió ese llamado. Yo tengo que asegurarme de que entre la presencia de Dios de nuevo a mi casa, que es Israel. Y Dios quiere que nosotros varones nos levantemos y entendamos el llamado de Dios para nuestros hogares, porque hay un protocolo que seguir y ese protocolo incluye en una forma muy esencial al hombre. Y eso requiere que nosotros, y voy a olvidar el texto, como Dios me está llamando simplemente a coger el arroz y los frijoles y mezclarlos junto con la carne y la salsa.

Hermanos, David trata de traer el arca, no usa el protocolo correcto y entonces, hay muerte. Y después del tiempo él se da cuenta y entonces, él llama a los levitas, dice que se santifiquen; llama a los sacerdotes, cada siete pasos o cierta distancia para la progresión, la procesión con sacrificios, cánticos, adoración, porque la adoración es importante para facilitar la presencia de Dios. Él santifica a los sacerdotes, los cantores, él pone a los levitas a llevar el arca. Todo hecho conforme al patrón. Y entonces, llega la bendición. Entonces, Dios coopera con el esfuerzo y lo bendice, y ellos llegan con gozo a Jerusalén con su arca y la pueden instalar donde tenía que ser instalada, porque se siguieron las directrices. Muchas veces nosotros nos preguntamos por qué mi hogar no está progresando como debiera progresar. Hay mujeres que están hambrientas de ver a sus esposos tomar su lugar en el hogar, su lugar sacerdotal. Hay esposas que desean ver a sus esposos convertirse en sacerdotes, como David se convierte en sacerdote en un momento. Dice que David cuando venía el arca, en el segundo esfuerzo, se vistió con un efod, se vistió casi como un refajo sacerdotal de lino. Imagínese este guerrero, probablemente musculoso, porque David peleó muchas batallas, este hombre, hombre de hombres, varonil en extremo, rey, guerrero, gobernante, vestido allí con un vestidito delicado danzando delante de Dios con todas sus fuerzas.

Hay mujeres que desearían ver a sus esposos hacer el ridículo danzando en frente de la iglesia. ¿Sí o no, hermanas? [Risas] Hay un hambre en la mujer normalmente de que su esposo se convierta en un líder espiritual. Mis hermanos varones, no piensen que yo estoy dumping on you, no lo estoy azotando. Estoy animándonos a todos, incluyéndome a mí porque tengo mucho que aprender sobre cómo facilitar la presencia de Dios, cómo ser de bendición a nuestros hijos, a nuestras mujeres para canalizar el poder de Dios. David se le olvida que es rey y con todas las cámaras sobre él comienza a bailar como un loco. Un guerrero, yo me imagino un guerrero danzando es la cosa más ridícula del mundo. Yo no creo que David había tomado lecciones de danza. Él hizo allí lo que podía, como si tuviera aleteando en el agua, ahogándose, pero estaba adorando al Señor. Se le olvidó la dignidad. Y Dios quiere que nosotros seamos adoradores. Dios quiere que los hombres nos convirtamos en sacerdotes, que nos vistamos con un efod de lino y dancemos delante de la presencia de Dios, que perdamos consciencia de nosotros mismos. Sabe que los hombres somos muy conscientes de nuestra propia dignidad, ¿sí o no? Nos preocupamos, qué piensa la gente de mí. El hombre es así, el hombre es muy cuidadoso de su dignidad, es muy auto consciente, muy consciente de sí mismo. Y Dios quiere muchas veces que nosotros aprendamos a hacer cosas con las cuales no estamos acostumbrados a hacer.

Varones, si ustedes, si yo, esperamos a sentirnos cómodos antes de adorar, danzar, orar en público, cantar, nunca lo vamos a hacer, porque el hombre es como… El hombre por naturaleza es auto contenido, el hombre es más rígido. La mujer es más suelta. Dios ha dado bendiciones a hombres y a mujeres. Al hombre Dios ha hecho cuidados, cauteloso, crítico. El hombre por naturaleza es un gobernante, es un legislador, y los legisladores y los gobernantes siempre detienen las influencias para examinarlas y para juzgarlas antes de dejarlas entrar dentro de sí. Eso es lo que hace a los hombres en su papel de legisladores y de gobernantes, muy buenos, pero también es nuestra desventaja porque no permite que entren a nosotros a veces las enseñanzas de la iglesia. A veces el pastor dice algo y nosotros enseguida cerramos la compuerta. Somos más difíciles en someternos a enseñanzas, a llamados. El pastor dice, “pasen al frente,” las mujeres como corderitos saltando vienen todas, los hombres están allí bien rígidos, bien conscientes de sí mismos. No, yo soy demasiado fuerte para eso, cómo voy a hacer el ridículo. Si voy allí después ella me va a decir que parecía un esto o lo otro, bailando allí, como hizo Mical, de hecho. Entonces, los hombres somos así. Nuestra fortaleza es nuestra debilidad hasta cierto punto. Nuestro carácter varonil nos impide ser inocentes. Las mujeres todo lo contrario. La mujer es enseñable, la mujer es tierna a la enseñanza, la mujer se somete más fácilmente a lo que viene desde afuera. Y eso es su bendición y es también su debilidad porque muchas veces la mujer en su capacidad para ver el entorno y para entender muchas cosas también a veces es penetrable, voy a decirlo de esta manera, a la herejía y a la enseñanza. Muchas de las grandes herejías de la iglesia han venido a través de mujeres, sobre todo en estos tiempos. Perdóneme mis hermanas. Es cierto.

Pero esa debilidad de la mujer la hace tremendamente fácil de participar en las cosas del espíritu. La mujer tiene una sensibilidad natural al Espíritu Santo. La mujer se deja enseñar más fácilmente. La mujer puede cantar con toda soltura y no tiene ningún problema. Hay hombres que se sienten ridículos cantando. Muchos varones no cantan en las iglesias, porque cantar lo asocian con lo femenino. Pero nosotros tenemos que saber que el cantar es algo para todos nosotros, hombres y mujeres. El hombre al inicio se va a sentir incómodo cantando, pero tiene que por obediencia, someterse a la palabra de Dios y hacerlo hasta que llegue la comodidad. Los hombres somos muy difíciles en orar en público. Hay muchos varones que tenemos dificultad en orar en público. Las mujeres no, las mujeres como que no tienen ese chip en su cerebro. Ellas pueden desenfadadamente, naturalmente orar en pública, y las ayuda el hecho de que su cerebro está construido para manejar mejor el lenguaje que los hombres. Sabe que la psicología y la neurobiología han descubierto que el cerebro femenino es más dotado en el área del lenguaje que el del hombre. Entonces, los hombres muchas veces nos sentimos toscos y torpes en orar en público, en hablar, en dar un testimonio. Las mujeres no tienen esa consciencia, las mujeres son sencillas, son abiertas, lloran fácilmente, se dejan instruir fácilmente, participan en una invitación fácilmente, porque tienen ese tono femenino, y eso es lo que las hace buenas madres. Eso es lo que las hace partícipes de la presencia se Dios más fácilmente.

Entonces, nosotros los hombres si vamos a entrar en la zona del sacerdocio espiritual tendremos que ir por un camino diferente al del la mujer. El camino de la mujer es despejado, es fácil por su constitución. El camino del hombre es más pedregoso y más difícil. Entonces, el hombre para entrar en la bendición de Dios y en el sacerdocio espiritual, tiene que comenzar haciéndolo por principio y por obediencia, por fe. No porque lo sienta en su corazón, ni porque lo sienta en sus emociones, ni porque sienta la disposición a hacerlo. Tiene que hacerlo porque Dios dice que hay que hacerlo, y porque él sepa que al hacerlo Dios lo va a bendecir y lo va a respaldar y que a medida que él lo haga, en obediencia, el Señor va a ir soltando la unción y llegará un momento en que ya no tendrá que pensarlos dos veces, sino que lo hará por naturaleza. Yo he descubierto que en las cosas del espíritu si uno quiere entrar en la dimensión más profunda del espíritu, uno tiene que primero pasar por un camino de incomodidad. Si tu no estás acostumbrado a adorar al Señor con cierto nivel de soltura, vas a tener que comenzar haciéndolo por obediencia. Cuando tu levantes esa mano va a ser como que se está levantando un pedazo de hierro, casi se va a oír el sonido de la máquina subiendo por falta de aceite, pero a medida que tu lo vas haciendo más como un músculo que ha estado atrofiado por mucho tiempo, vas adquiriendo fuerza, naturalidad, espontaneidad y eso se hace más fácil.

Pero, varones, si ustedes quieren o cualquiera de nosotros entrar en el uso de los dones del Espíritu Santo, tenemos que comenzar por la zona de la incomodidad. Y según aprendemos a fluir en el espíritu entonces, el poder de Dios comienza a fluir en nosotros. Cuando obedecemos las directrices de Dios, viene la unción y viene el respaldo. Cuando David hizo las cosas como debía hacerlo, como decía el manual, Dios dice que cooperó con los levitas e hizo posible entonces, la entrada del arca a Jerusalén. Hermanos, Dios tiene un propósito en nuestros hombres. La sociedad está necesitada de hombres. Y varones, yo creo que nosotros tenemos que hacer un propósito de que no vamos a dejarnos llevar por nuestros temperamentos varoniles, que Dios nos ha dotado con una dotación especial y que si nosotros no hacemos lo que tenemos que hacer nos vamos a quedar chiquitos siempre. Nuestras mujeres van a estar en la delantera. Cuando Dios lo que quiere es que caminen a par, nosotros al par de ellas, que en vez de ellas venir a la iglesia con los muchachos a rastras y nosotros quedarnos allá viendo el juego de futbol, o leyendo el periódico, que seamos los primeros en levantarnos por la mañana y decirle, “Todo el mundo prepárese,” que cuando nuestras mujeres se levanten para hacer el desayuno, ya nosotros llevemos una hora orando, clamando al Señor, buscando su rostro por la bendición de nuestros hogares.

Hermanos, cuando un hombre asume su papel, su llamado sacerdotal, la vida de un hogar, una iglesia, es transformada. El mundo musulmán, por ejemplo, ha aprendido eso. Mire las imágenes de Meca y de otros lugares de adoración, las mezquitas, lleno de hombres. La fuerza de islam viene, más bien es una fuerza masculina biológica, porque los hombres toman su papel. Lo hacen a expensas de las mujeres, cierto, esclavizan a la mujer, suprimen a la mujer, y no es eso lo que Dios quiere. Pero ciertamente hay una bendición especial, hay una energía especial que corre en un hogar y en los hijos cuando un hombre asume su papel y dice, “Yo voy a pagar el precio. Me voy a sentir incómodo, es cierto, voy a cometer errores como cometió David, voy a hacer el ridículo a veces, pero lo voy a hacer porque Dios dice que esa es la manera. Ese es el manual. Dice que la bendición va a correr a través de mí y yo lo voy a hacer. Voy a bendecir a mi esposa, voy a bendecir a mis hijos.”

Y ¿sabe qué? El que un hombre tome el sacerdocio espiritual no quiere decir que la mujer va a ser reprimida. Yo creo que una de las cosas, es más, para que la mujer sea bendecida, yo creo que el varón tiene que jugar su papel. Y cuando el hombre es puesto en autoridad en el hogar y asume su autoridad, una de las primeras cosas que debe hacer es invitar a su esposa a entrar con él en autoridad, y facilitarle a su esposa todo lo que pueda para que ella entre en el uso de sus dones, ayudarla. Muchas veces a nuestras esposas les gustaría quizás estudiar, pero nosotros le decimos, “Ay, y ¿quién va a lavar los platos? ¿Y quién va a hacer la comida esta noche?” Y entonces, reprimimos. El hombre debe… si tu esposa quiere aprender a manejar, o aprender inglés o seguir estudios más avanzados, a veces tenemos nosotros que pagar el precio. Y tu vas a tener que lavar los platos de vez en cuando. Alguien parece que está de acuerdo conmigo por ahí. [Risas] Yo espero que tu esposo no esté contigo porque sino va a haber problemas al final. Pero el caso es que Cristo es la cabeza de la iglesia y dice la Biblia que el Señor envía su Espíritu Santo para crearse una iglesia sin mancha y sin arrugas.

El Espíritu Santo ha sido designado por Cristo y por el Padre para que trabaje en su iglesia, preparándola para el día de la boda. Cristo quiere que el día de su boda con su novia, esa novia esté resplandeciente y por eso se toma tiempo, usando el Espíritu Santo para depararle oportunidades, experiencias, discipulamiento a su iglesia aquí en la tierra, irla perfeccionando, irla puliendo para el día de la consumación de su relación en las bodas del cordero. El Señor quiere que su iglesia, su esposa, llegue a su máxima altura y el hombre de Dios usa su autoridad, no para oprimir, usa posición de cabeza espiritual no para reprimir a su esposa o a sus hijos, sino para ayudarlos a llegar al nivel que deben llegar. No hay nada que bendiga más a una mujer que un esposo que la prefiera, la trate con cariño y la ayude a entrar en su madurez. Esa debe ser la forma. Muchas veces nuestras esposas son obligadas a robarnos más bien su lugar en vez de nosotros concedérselo por la capacidad que tenemos espiritualmente. Es importante que entendamos esto. Esta meditación de hoy constituye un llamado a nuestros varones. Sabe algo más, hermanos, que la bendición de Dios está tan grandemente sobre un hombre que decide entrar en su papel, que no debe haber duda en nosotros de que si nosotros emprendemos ese esfuerzo el Señor nos va a bendecir con una cosecha grande. No vamos a fracasar.

Porque yo creo que muchos hombres piensan, no, si yo comienzo eso yo sé que voy a fracasar. Yo no tengo la inteligencia, yo no tengo la educación, yo no tengo la soltura que mi mujer tiene, yo no tengo la facilidad de palabras que ella tiene, yo he cometido demasiados errores en mi vida, ya el déficit es demasiado grande, y por eso hay una vocecita implícita en nosotros que nos dice, “Ni siquiera te molestes en tratar.” Pero nosotros tenemos que creer que si yo hago mi parte, Dios hará la suya. Si yo sigo el protocolo de Dios, Dios me acompañará y traerá el arca a mi casa. Si yo me esfuerzo y me planteo una meta, una visión de llegar a ser un hombre lleno del Espíritu Santo, un sacerdote en mi hogar, una persona entendida en la palabra de Dios y yo me propongo eso como la visión, Dios va a hacer que así sea. Yo no fracasaré. No fracasaré en el intento. Mi hermano, tu tienes que creer que si tu tomas autoridad, la unción de Dios estará sobre ti y Dios te llevará a donde tu tienes que llegar. Yo lo he visto muchas veces en hermanos que después de años de dejadez finalmente se han puesto las pilas y han dicho, yo voy a entra en mi sacerdocio espiritual y Dios bendice, y entonces, viene la prosperidad al hogar.

Hay muchos hogares donde ahora mismo, uno sabe de casos en que – eso no es aquí, no se preocupe, no es aquí en León de Judá ni con ustedes – pero hay casos que uno ve un esposo que ama a Dios grandemente, una esposa que ama a Dios grandemente, hacen muchas cosas buenas pero todo anda mangas por hombro en el hogar, nada funciona. ¿Por qué? Porque hay un desajuste, hay una falta de sincronización en el hogar. No se están siguiendo los protocolos. La mujer anda por su lado haciendo sus cosas, el hombre por su lado haciendo las suyas y no hay un trabajo de equipo y que cada uno entiende lo que Dios les ha llamado a hacer y entonces, hay imperfección. Es como dos vértices que van en dirección contraria y en vez de unirse y utilizar la energía en una manera coordinada, se roban energía el uno al otro. Dios ha hecho a la mujer para ciertas cosas, al hombre para otras, y después luego, se mezclan los dos y hacen cosas maravillosas. Entonces, Dios te llama, varón, y en el camino, como te digo, vas a tener que bregar con muchos obstáculos, muchas cosas. Otra de las cosas que yo creo que mata al hombre en su llamado a ser un sacerdote, es el hecho de que nosotros hemos tenido muy malos modelos. Como yo decía al inicio, muchos varones somos de primera generación cristiana y en nuestros hogares nunca hubo un hombre que fuera un sacerdote espiritual. Y eso es una grabación que está tocando en nuestro cerebro, porque no tenemos antecedentes para lo que es un hombre, verdaderamente un sacerdote, un David vestido de lino, danzando y trayendo el arca a Jerusalén. No tenemos modelos, entonces, se hace difícil para los varones. Muchas mujeres sí han tenido ejemplos de madres entregadas, sacrificadas, activas, dinámicas, empresariales, con sus hijos, y ya tienen una dotación.

Pero los varones desgraciadamente, eso es algo generacional, es una maldición generacional que muchas veces en nuestras familias no ha habido ese patrón y entonces, tenemos que inventarnos las cosas mientras vamos en el camino. Y tenemos que buscar buenos modelos, leer la palabra, estudiar buenos ejemplos en la Escritura, como ahora, tenemos que sacar tiempo para buscar de Dios, buscar sabiduría de parte del Señor, revelación, adorar al Señor, invertir tiempo, ir a un discipulado, aprender, hay muchas cosas que hay que invertir, hermanos, al inicio. Hay que pagar el precio por adelantado, hay que esforzarse por principio. Cuando a ti te invitan a venir a la casa del Señor en un día soleado como hoy, eso requiere esfuerzo. Cuando te invitan a ir a una clase de discipulado y tu dices, “¡Guau! 12 semanas, yo una hora y media metido en un cuarto allí aprendiendo, yo nunca he hecho eso.” Y usted se deja vencer por esa inercia, perdió la batalla antes de comenzar. Cuando usted se deja vencer por el sueño y no saca un momento para adorar a Dios, buscar el rostro del Señor, perdió la batalla. La unción de Dios viene a través de esos momentos de sacrificio que nosotros damos al Señor creyendo que si lo hacemos, Dios va a honrarnos y nos va a dar la victoria y nos va a bendecir y va a poner nuestra batería al ciento por ciento, pero hay que pagar un precio. No tenemos los modelos, pero si lo hacemos por fe, Dios lo hace.

Otro problema que tenemos en nuestra cultura, nuestra cultura nos dice que la mujer es la que se encarga de los hijos, la mujer es la que ora, la mujer es la que va a la iglesia, la mujer es la que adora. Y el hombre no tiene que hacer ninguna de esas cosas, o no las hace simplemente. Y en realidad yo creo que dentro de cada hombre pasivo hay un acusador que le dice, “Tu estás mal. Tu no estás haciendo lo que debes hacer.” Pero esa vocecita la hemos metido bien abajo y nos hacemos que no la escuchamos. Pero sabe que nuestros hijos, nuestros hogares pagan el precio porque hay un robo de energía. Sabe, varón, hijo de Dios, hombre de Dios, si tu no estás dándole a Dios el ciento por ciento, le estás robando a Dios el ciento por ciento. El no darle a Dios lo que Dios merece y lo que Dios pide es robarle al Señor. El Señor le dice a los que no dan el diezmo, “Ustedes me han robado,” esa es otra parte. No estoy diciendo eso en una manera para hacer preocupación. Pero no darle a Dios lo que Él necesita es robarle a Dios. El Señor dice que el que no da, desparrama, o algo así. El que conmigo no recoge desparrama, dice.

Hay algo, hermanos, entonces, nuestra cultura nos ha dicho que no lo hagas, pero cultura no es mandamiento de parte de Dios. Y nosotros tenemos que tener la integridad de decir, aunque yo no tengo que hacerlo porque mi cultura no me lo demanda, yo lo voy a hacer porque es lo que Dios quiere. Y entonces, cuando tu haces eso, Dios comienza a obrar en tu vida y Dios comienza a bendecir a tus hijos. Lo que decía es que en estos tiempos como nunca se necesitan hombres llenos del Espíritu Santo, se necesitan hombres que estén dispuestos que pagar el precio. Se necesitan sacerdotes que digan, aunque yo no lo tengo como trasfondo, aunque mi papá ni mi mamá hicieron eso, o mi papá, aunque yo no tenga un rol masculino adecuado, yo lo voy a hacer porque Dios dice que si yo lo hago, Él va a meter el arca en mi hogar. Ahora mismo, hermanos, no les puedo decir la devastación que hay en la vida de nuestros hijos y nuestras hijas. La homosexualidad está comiéndose a nuestra juventud. La duda acerca de la identidad sexual, nuestras hijitas y nuestras adolescentes están carcomidas por la duda de sí mismas, de su belleza, de su valor. El Facebook y todos los medios de comunicación les empobrecen la auto imagen, las llenan de dudas acerca de sí mismas. Las escuelas les dicen que está bien ser lesbiana o ser lo que tu quieras. Nuestros varones no tienen a veces un modelaje adecuado de masculinidad sana. Pero hay un maestro por allí o hay un amiguito mal intencionado que sí está dispuesto a decirles cuál es la masculinidad y muchas veces es algo diabólico que se inserta en su sensibilidad.

Pero yo creo que cuando un padre adopta su postura de sacerdote, cuando se viste de un efod de lino como David, cuando paga el precio de su propio placer y su propia comodidad, como hizo David también danzando delante del Señor, el arca de Dios entra y sella a nuestros hijos y hay bendición. Yo creo que si buscamos… yo sé que hay buenos padres, hermanos, yo sé que hay buenos padres que no es por un error que hayan cometido necesariamente, no es por un descuido, pero hermanos, yo he descubierto algo y es que no hay misterios en el mundo. Siempre hay algo que explica el por qué el enemigo se sirve con la cuchara grande en una casa y muchas veces, como David, al inicio él tenía buenas intenciones y él no sabía por qué Dios mató a este hombre, será que Dios no quiere que el arca venga, hasta que después entendió que había un error, había un fallo escondido. Y yo creo que muchas veces el fallo escondido es la falta de un padre que modele el carácter, la presencia de Cristo en el hogar, que modele lo que es una sana masculinidad en el hogar. Una sana masculinidad, hermanos, bendice tanto a los varones como a las hembritas. Un hombre sacerdotal en la casa bendiciendo su hogar con ternura, aunque sea cometiendo errores, pero esforzándose por canalizar la gloria de Dios en su casa, es visto por sus hijos y sus hijas. Y los varones aprenden la belleza de una masculinidad balanceada y le van a transmitir esa bendición a sus esposas.

Cuando un varón ve a un padre que ama al Señor, que es fuerte y varonil pero tierno a la vez, considerado, sacrificial, se le va marcando eso, y hay algo que pasa en su subconsciente que lo sella acerca de lo que es ser un hombre saludable, y eso le afirma su masculinidad. Podrá escuchar cosas por allí, pero va a tener un sano freno que le va a decir, “No, eso no está bien,” cuando se le ofrecen alternativas destructivas. Hay algo instintivo que se planta en el corazón de nuestros hijos que va más allá de las enseñanzas externas intelectuales. Yo creo que eso es lo que nosotros queremos, sellar a nuestros hijos con un sentido de lo que es ser un hombre y del placer de ser un hombre. Y nuestras hembritas van a aprender también, porque el modelaje de una sana femineidad no es solamente para la mamá, con respecto a su hija. Las muchachas, las niñas, necesitan entender lo que es un sano hombre, lo que es un esposo. Para una mujer entregarse a un hombre tiene que tener confianza en lo que es un hombre, porque a veces las mujeres o los hombres transmitimos ciertos modelos subliminalmente, subconscientemente. Si una mujer ha visto un padre o un esposo abusando de su mujer, simplemente aplatanado en una esquina viendo televisión todos los días mientras su madre hace una cantidad de cosas, abusando de la mamá, no tomando en cuenta sus hijos, esa muchacha muchas veces va a transmitir esa imagen a la masculinidad en general. Muchas veces va a desarrollar resentimientos y reservas con respecto a lo que es un hombre y cuando llegue el momento de entregarse inocentemente, abiertamente a su esposo, no va a poder hacerlo porque hay un freno que le dice, ser hombre es peligroso, ser hombre es dañino. Y nosotros somos responsables de eso. Cuando una jovencita, una niña aprende a apegarse a su papá, a tocar su cuerpo, a oler el olor masculino en una forma positiva, eso la prepara para una femineidad y un matrimonio saludable.

Entonces, hombres de Dios, nosotros tenemos una responsabilidad que en este tiempo en particular es terriblemente importante porque en años atrás, hermanos, había tantas otras defensas acerca de la familia, la cultura trabajaba a favor de la enseñanza familiar, los maestros compartían la misma cultura y enseñaban la doctrina sana de lo que es ser hombre, ser mujer, someterse a la autoridad, el entretenimiento ayudaba, como Disneyworld antes de convertirse en una fuente de doctrina demoníaca, como lo es ahora. Disney era antes familia, era niños, ahora es todo lo contrario. Entonces, hoy en día, no hay las defensas que había antes, no hay las facilidades, los respaldos que tenía la familia. Hoy en día esto es un desierto y si el hogar no sirve como la fuente de enseñanza sana, no la van a encontrar en ningún lado, hermanos. Quizás la iglesia pero la iglesia solamente un par de horas a la semana, el modelaje más importante tiene que tener lugar en el hogar, cuando un padre coge a su hijo o a su hija y camina con ellos, habla con ellos, les expresa amor, está presente, les consulta cuando tienen problemas, les enseña el amor de Dios, les enseña lo que es el amor del padre, eso se convierte en una brújula interna que los seguirá todos los días de su vida. Ellos no sabrán por qué aman la masculinidad sana, el sacerdocio de Dios, pero algo dentro de ellos les dirá lo que es el camino correcto.

Entonces, varón, tu tienes un llamado especial, único, como David, Dios te ha llamado a ser un levita, un sacerdote y tu llamado es a invitar esa arca de Dios a entrar a tu hogar, facilitar la presencia de Dios, sacar tiempo, estudiar los sanos valores de la paternidad adecuada, llenarte del poder de Dios, la unción de Dios, amar a Dios en una forma entrañable, no dejarte llevar por la inercia de tus sentimientos. No dependas de tus sentimientos, depende de lo que Dios ha dicho en su palabra y aplica la palabra de Dios en todos tus hábitos y tu forma de ser un padre, un esposo y tendrás la bendición de Dios. Mucho más que podríamos decir, hermanos, pero yo les llamo en el nombre de Jesús, varones en particular. Se me olvidó algo que después voy a compartir con ustedes. Mical, la esposa, hermanos, aunque sea un pedacito, déjenme decirles, a Mical se le olvida… la mujer tiene mucho, ser madre, hermanas, esposas, si ustedes quieren también que sus esposos entren en la bendición de Dios, anímenlos, no los critiquen demasiado. Cuando hagan esfuerzos y fracasen sean pacientes. Mical tenía muchas razones para ser resentida, muchas cosas que habían pasado en su vida que la podemos más o menos indagar levemente. Mical se había amargado y yo creo que David probablemente la había descuidado y la había forzado a casarse con él, porque Mical pasó un año como esposa de otro hombre, que Saúl la había entregado a otro hombre. Y David la había obligado a casarse con él por un contrato que él había hecho sobre Mical con su papá, Saúl. Yo me imagino que había resentimientos en Mical y cuando ella vio a David danzando y siendo este gran hombre de Dios ante el público, yo creo que en su corazón quizás había resentimiento y en vez de recibir a David con gozo cuando llega a la casa, ella le dice, “Hmm, mira a este rey como quedó ante la multitud, avergonzándose como un cualquiera, danzando delante de Dios.” Y lo criticó, le hizo daño espiritualmente a David.

Esposas, quizás ustedes tienen muchas razones para ser resistentes y ser resentidas con sus esposos, quizás ha habido años de abuso, de neglect, de descuido, quizás ha habido ofensas, quizás su esposo ama al Señor imperfectamente. Quizás comete errores, quizás hay inconsistencias en su caminar, quizás hay en su comportamiento cosas que a usted no le gustan, pero usted tiene dos opciones, o usted le aplica la ley y lo critica y le recuerda todas las cosas malas que él hizo en el pasado y retiene el resentimiento, o usted entiende que sea como sea, la ventaja para su hogar y para sus hijos es que usted le facilite a su esposo el entrar en su sacerdocio, que perdonemos más, que seamos menos críticos, más pacientes, que a cualquier señal de esfuerzo usted esté lista para bendecirlo, que usted le exalte su masculinidad. Los hombres somos muy delicados, somos muy frágiles. Nuestra fortaleza es nuestra fragilidad y cuando a nosotros nos golpean nuestro corazón de león nos neutralizan. Somos tímidos, el menor fracaso nos neutraliza y los hombres necesitamos esposas que nos animen y que nos bendigan, que nos alaben, que nos digan cuando hacemos cualquier cosa bien hecha. Mira, aunque sea una limonada, si le quedó bien bendígalo y dígale, “Qué bien te quedó la limonada.”

Hermanas, bendigan a sus esposos. No sean como Mical que criticó a su esposo quizás con razón, pero no era lo conveniente. Un hogar donde hay una mujer criticona y descontenta, no va a ser bendecido por Dios. Y esposos, háganle la vida fácil a su esposa, dele oportunidades y razones para alabarlo y para bendecirlo porque este es un mecanismo muy delicado. La mujer se somete sobre todo a un hombre sabio, consagrado, entendido, entregado, sacrificial, bondadoso, así que para que la mujer se sujete hay que tener un hombre que la levante y la invite. Y para que el hombre se atreva a entrar en su sacerdocio, tiene que tener una mujer que lo anime y lo perdone y lo aliente a entrar en su sacerdocio a pesar de los errores que pueda cometer. Eso es lo que Dios quiere, hermanos. Dios quiere que nosotros entremos el arca a nuestros hogares.

Vamos a bajar la cabeza un momentito. Hombre de Dios, yo quiero hablarles a ustedes específicamente ahora, que no se pierda la verdadera intención de este sermón. Varón, quizás tu nunca inclusive has estado en la iglesia antes, quizás no estás acostumbrado a una iglesia, quizás tu nunca has tenido un trasfondo donde haya hombres entregados al Señor, consagrados a Dios, pero hoy el Señor te llama a adoptar tu sacerdocio. Dios te llama hoy a decir sí, yo tengo un llamado especial y tengo un privilegio y lo acepto y lo abrazo. Y si tu no has entregado tu vida al Señor, entonces, yo te pido que hoy comiences a buscar de Dios. ¿Por qué no invitar el arca de Dios en tu vida? Si hay algún varón aquí que quiera recibir a Cristo e invitarlo a su hogar, este es un momento especial ahora. Yo te invito a invitar al Señor a tu corazón. Si quieres levantar tu mano, si quieres ponerte de pie, si quieres pasar al frente, como tu quieras, te invito pero no dejes que pase este momento. No dejes que pase el momento de tu decir, Señor, entra el arca a mi casa. Entra el arca a mi corazón. Invita a Jesús a entrar a tu vida. Conviértete en un mecanismo, un conductor de la gracia de Dios en tu casa. Invita al Señor a tomar control de tu vida. Ahora mismo prométete a ti mismo que tu vas a asumir tu responsabilidad y vas a buscar de Dios con todo tu corazón, vas a ser un siervo hambriento de la presencia de Dios en tu hogar.

Te gustaría que Dios comenzara a hacer transformaciones. Atrévete ahora. Invita a Jesús a entrar a tu corazón y a tu casa. Conviértete de un mero receptor a un productor de energía sagrada en tu hogar y yo te prometo que va a ser un cambio transformador. Yo sé que Dios les está hablando a algunos, muchos de nosotros esta tarde. Te invito a aceptar el llamado de Dios a ser un sacerdote en tu hogar, un David que entre el arca a la casa de Dios. Padre, yo pido en el nombre de Jesús que te muevas con poder en el corazón de mis hermanos. Muévete en mi corazón primeramente, muévete en el corazón de cada varón en cada hogar y haz tu obra, una obra transformadora en nuestros hogares. Cambia nuestra disposición, Señor, y oriéntanos en la dirección que necesitamos ir. Que tu palabra cale hondo, Señor, en nuestras vidas. Yo declaro que hoy es un día de transformaciones en muchos hogares aquí en León de Judá, que tu estás haciendo cosas nuevas y veremos tu gloria, Señor, manifestada. Te damos gracias. Gracias, Señor. Dile al Señor gracias y dile al Señor, prométele que hoy comienza una nueva canción en tu hogar en el nombre de Jesús. Gracias Señor. Amén y amén.