No te afanes por nada

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: En Lucas 12:22-34, Jesús llama a sus discípulos a no preocuparse por su vida, comida o vestimenta, ya que Dios cuida de todas estas cosas. Él les muestra cómo Dios cuida de los cuervos y las flores del campo, y les dice que ellos, como seres humanos, son aún más valiosos para Dios. La ansiedad y el afán son una tendencia natural en la biología humana, pero Jesús invita a sus seguidores a confiar en Dios y observar cómo Él provee para las cosas más pequeñas de la vida. El Apóstol Pablo también habla de la ansiedad en Filipenses 4, llamando a los creyentes a no preocuparse por nada y orar con acción de gracias. Sin embargo, incluso los discípulos y Pablo lucharon con la ansiedad en ciertos momentos. El territorio de la mente es donde se da la batalla de la ansiedad, y Jesús usa la observación de la naturaleza para mostrar cómo Dios se encarga de las cosas pequeñas y, por extensión, de sus seguidores. Dios está comprometido a bendecir y

El orador comparte su testimonio personal sobre cómo su familia experimentó la bendición de Dios después de que su madre se convirtió al cristianismo. Él enfatiza que Dios es un Dios proveedor y que Él provee no solo para crear, sino también para mantener. En tiempos de crisis y dificultades, debemos recordar que Dios está en control y tiene un plan para bendecirnos. También podemos tomar medidas para controlar nuestra ansiedad, como enfocarnos en las promesas de Dios y buscar lugares de refugio para orar y declarar su fidelidad. La ansiedad no es una condición condenatoria, y podemos tomar control de ella con la ayuda del Espíritu Santo y la enseñanza de la Palabra de Dios.

El control divino es importante para lidiar con la ansiedad y el estrés. Cuando nos sentimos ansiosos, debemos centrarnos en las promesas de Dios y pensar en cosas positivas. Debemos evitar consumir entretenimiento negativo y las noticias de la pandemia, y en su lugar, centrarnos en las cosas buenas y positivas. Debemos controlar lo que decimos y confesar cosas positivas, ya que esto afecta nuestra vida. En cuanto a la vacuna, es importante confiar en el Señor y hacer lo que sea mejor para nuestra salud y para ayudar a los demás. Algunas cosas están fuera de nuestro control y debemos dejarlas en manos de Dios.

El control divino es algo que debemos enfocar. Hay cosas que podemos controlar y hay cosas que no podemos controlar, y debemos saber cuándo ceder el control al Señor. Esta pandemia es algo que está fuera de nuestro control, y debemos confiar nuestras vidas al Señor y dejar que Él nos guíe cada día. La ansiedad surge del deseo de control y la creencia de que el mundo depende de nosotros, pero debemos aprender a vivir humildemente y confiar en el plan de Dios. El mundo seguirá con más problemas, pero debemos disfrutar del viaje y aprender a fluir con él. La persona que puede hacer un cambio en el mundo es la persona que se ha dado por vencida y ha entendido que no es esencial. Debemos aprender a conformarnos y descansar en el Señor para ser verdaderamente influyentes en el mundo. Dios nos llama a estar quietos y confiar en Él. Debemos entregar nuestras cargas al Señor y confiar en su bondad y misericordia.

El orador invita a la audiencia a entregarse a Dios y abandonar sus preocupaciones y temores. Se refiere a la malla de seguridad que Dios tiene bajo nosotros y pide a Dios que su palabra viva y eficaz penetre en los corazones de la audiencia y les brinde paz y salud. También bendice a la audiencia y declara la reconciliación y la paz en el Señor sobre ellos. Termina animando a la audiencia a celebrar su condición de hijos de Dios.

Lucas, capítulo 12, y vamos a leer de los versículos 22 al 34. Lucas 12:22 en adelante. Discúlpame María, se me olvidó pasar los… no sé si los tenías ya por Marlene que los tuvo a las 9. Dios nos llama a no afanarnos por nada. Dígale a su hermano, no te afanes por nada. Dígaselo a alguien o voltéese hacia alguien. Easier said than done, dicen los americanos, más fácil decirlo que hacerlo, pero Dios tiene un llamado a nosotros para que no estemos afanosos. El Apóstol pablo también dice, “Por nada estéis afanosos.” Y quiero meditar sobre eso esta mañana. Dice el Señor Jesucristo a nosotros, “Dijo luego a sus discípulos, por tanto os digo, no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis, no por el cuerpo qué vestiréis, la vida es más que la comida y el cuerpo es más que el vestido. Considerad los cuervos…” – le está diciendo, piensen en los cuervos, observen, miren a los cuervos. No hay cosa menos atractiva que un cuervo, hermanos, esa es la verdad. Pero dice, “Miren los cuervos que ni siembran, ni siegan, ni siquiera tienen despensa dónde almacenar su comida, no tienen un granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?”

Eso es cierto, si el Señor atiende a esos seres tan poco atractivos como los cuervos, cómo no más a nosotros que somos infinitamente más valiosos y atractivos que ellos. “¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? – eso es 18 pulgadas - ¿Quién podrá hacerlo? Entonces, si no podéis ni aún lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?” y el Señor Jesucristo añade otra forma de ver esto, dice, “Miren los lirios cómo crecen, no trabajan, ni hilan, más os digo que ni aún Salomón – el hombre más rico que ha habido en la historia – con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y así viste Dios la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, cuánto más a vosotros, hombres y mujeres de poca fe.” Esa es una leve reprensión de parte del Señor, muy amorosa para nosotros. “Vosotros pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer ni por lo que habéis de beber ni estéis en ansiosa inquietud porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo, - es decir, los que no conocen al Señor, los que no conocen la palabra de Dios. Ellos se preocupan por todas estas cosas. “Pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.” ¿Y cuál es la conclusión de todo esto? “Más buscad el Reino de Dios…,” otro pasaje dice primeramente el Reino de Dios, y añade en otra parte, y su justicia. “Más buscad el Reino de Dios y todas estas cosas os serán añadidas.” Amén.

Qué bendita promesa de parte del Señor. Ayer en la noche estaba reflexionando sobre qué compartir con ustedes esta mañana y me puse en oración y me vino claramente este llamado a compartir con ustedes acerca del afán y la ansiedad. Gracias a Dios ya yo vencí eso hace mucho tiempo y no padezco de ella en absoluta, pero me recuerdo. Mentira. Yo brego con la ansiedad, lucho con el afán, la tendencia a creer que el mundo depende de mí y que si yo no estoy no va a pasar. Y he aprendido unas cuantas lecciones a través de los años acerca de cómo bregar con este demonio que se llama la ansiedad, el afán, el temor y todas estas cosas que todos padecemos en una manera u otra, si somos honestos. Sentí que el Señor me llamaba, sobre todo en este tiempo que estamos viviendo donde de nuevo asoma la cabeza, la serpiente esta, del Covid 19 con una variante diferente que llena al mundo de nuevo de temor. Ya cuando todo parecía que había pasado y ya la gente estaba contenta de ir al cine y los restoranes estaban llenos y los parques, de momento otra vez. Es como el monstruo de la película que parece que lo mataron y ya cuando se va a terminar la película aparece otra vez. O el villano que nunca se puede vencer. Y así es esto.

Y nuevamente nuestros corazones se llenan de temor, de angustia, otra vez estamos consultando los medios de comunicación para escuchar cualquier cosita que nos pueda dar una ventaja sobre el vecino, sobre cómo lidiar con esta situación y nos llenamos de sentido de conspiraciones, de manipulación acerca del virus, etc. Y la gente se llena de nuevo de ansiedad, sobre todo como que uno bajó la guardia y entonces vuelven otra vez a sonsacar a uno de la paz y la tranquilidad. Y este es un tiempo en que como pueblo de Dios necesitamos volver a meditar en las promesas de la palabra, el llamado de la palabra a mantener una postura de ecuanimidad y de tranquilidad en el Señor. La palabra tiene mucho que decirnos acerca de cómo mantener la paz. Hay pasajes por dondequiera acerca del llamado a no temer, a estar confiados en el Señor, a poner la mirada en nuestro Dios. Y una vez más se hace importante escuchar la voz del Señor Jesucristo que nos dice, no temáis, no se afanen por su vida, por su supervivencia, por su cuerpo, por su comida, por su vivienda. El Señor tiene control y cuidado de todas estas cosas. Y este capítulo 12 de Lucas nos habla, desde el principio mismo el Señor está hablando acerca de eso. En el versículo 4, por ejemplo, él habla por ejemplo de no temer a los que matan al cuerpo pero que después no pueden hacer nada más, temerle a los que pueden matar el cuerpo y matar el alma, eso sí, pero de tener cuidado. Más adelante en el versículo 8 él habla acerca de lo importante que es confesar a Cristo como Señor y salvador y que no nos preocupemos cuando nos lleven ante magistrados y autoridades porque el Señor proveerá las palabras que necesitamos decir en nuestra propia defensa. De nuevo, no temer.

Cuando digo eso, digo por ejemplo, los pastores a veces tememos de qué vamos a predicar. Yo les digo que uno siempre lucha, tengo el mensaje, esa es la tarea de todos los predicadores durante la semana. Ya prediqué el sermón del domingo, ahora otra vez fuego a la lata para el próximo domingo. Y uno tiene que descansar. Yo entiendo que aprender a descansar en el Señor, decir, “Señor, tu sabes, tu tienes todo en tus manos, tu sabes lo que quieres que yo predique, tu me lo darás en el momento apropiado.” Más adelante en el versículo 13 hasta el versículo 21, él habla del rico insensato que se preocupó demasiado por el dinero, la riqueza, se obsesionó tanto con el dinero que se olvidó de su destino eterno y la muerte lo sorprendió y no estaba preparado para la eternidad, porque se obsesionó demasiado con las cosas materiales. Y ahora él entra en este llamado, en el versículo 22 acerca de no preocuparnos tanto por nuestra vida, no afanar, no obsesionar tanto por las cosas de la materia y las cosas de este mundo. Y el Señor torna la mirada de sus discípulos hacia la necesidad de mantener la paz y cómo mantener la ecuanimidad en la vida.

Y es importante para el Señor que estos hombres y mujeres que van a ser sus maestros y sus discipuladores [sic] y sus predicadores, tengan esa enseñanza bien dominada en sus corazones, de cómo bregar con la ansiedad porque ellos también van a ser azotados por la ansiedad y por el temor de las cosas materiales y la atención excesiva a las cosas de la materia. Y el Señor usa un verbo que se traduce aquí de no afanarse tanto, el verbo es merimnao en el griego original que fue escrito el Nuevo Testamento. Y merimnao se refiere a preocuparse por algo excesivamente, poner demasiada atención a algo, estar ansioso por algo, enfocar desmedidamente algún evento, algún asunto, algún proceso, alguna dimensión de la vida. No darle la atención adecuada pero darle demasiada atención, esa es la idea de preocuparse, tener temor, afanarse tanto. El Señor les advierte a los discípulos que la preocupación y el afán no son una actitud conveniente para los que conocen de Dios, los que saben bien la forma en que nuestro Dios opera. Y el Señor sabe que aún sus discípulos van a ser azotados por la preocupación y el afán, aún nosotros que conocemos al Señor, que escuchamos sermones como estos continuamente, es difícil apagar el aspecto de la preocupación y la ansiedad. Eso es algo que está inscripto en nuestra neurología. Yo creo que el afán, la ansiedad, el temor, vienen de ese instinto que tenemos todos de la supervivencia. Nuestra biología tiene un mecanismo que se llama el instinto de supervivencia que es sobrevivir, mantenernos contra cualquier amenaza, cualquier situación que represente peligro. Y hay en nosotros una cantidad de mecanismos, adrenalina y otras cosas que surgen en reacción a cuando nos encontramos en peligro. Y la ansiedad generalmente es una reacción a algo que amenaza nuestro bienestar, que pone en peligro sutilmente o muy fuertemente, nuestra supervivencia, nuestra estabilidad, la estabilidad que necesitamos para la vida. Así que es algo que está ahí.

Yo pienso en el Apóstol Pablo que escribió uno de los pasajes más bellos acerca de la ansiedad en Filipenses 4, “Por nada estéis afanosos, sino antes sean conocidas todas vuestras peticiones en toda oración y ruego con acción de gracias.” Por nada estéis afanosos, sin embargo, el Apóstol Pablo en Segunda de corintios, en el capítulo 11 habla acerca de las ansiedades y las preocupaciones que él tiene continuamente porque se apartan de la fe, porque son ofendidos en alguna manera en el Evangelio, por los que no permanecen. Dice, “La carga que tengo por las iglesias continuamente.” Si él se hubiera tomado su propia medicina estaría tranquilito. No se preocuparía porque él sabría, que todo eso pasa en el Reino de Dios y la gente entra, sale, pero el Señor tiene control de todo. Pero no, él dice que el afán, la preocupación por mis hermanos muchas veces me sobrecoge.

Es decir, que aún cuando sabemos estas cosas intelectualmente, hay algo en nuestro espíritu que nos lleva hacia la ansiedad. Es decir, que el conocer a Cristo no nos impide ser tampoco a veces presa de la ansiedad. Piensen en los discípulos cuando la tormenta los agarra en el medio del lago, en el mar y los azota y su barca amenaza con hundirse, y ellos gritan y miran al Señor y Él está allí durmiendo como un lirón, roncando a pierna suelta en la proa de la barca, no preocupado por nada. Y ellos dicen, “Señor, ¿no te molesta que perecemos? Haz algo.” El Señor se levanta, se estruja los ojos y dice, “¿Cuál es la preocupación? Calla,” le dice a la tormenta, y la tormenta calla. El mar se torna plácido. Todo se estabiliza y el Señor dice, “¿Por qué temisteis, por qué se asustaron, hombres de poca fe?” Él sabía quién Él era. Él sabía que mientras Él estaba en esa barca, esa barca no se iba a hundir por nada. Es más, el lugar más seguro que ha habido en el universo y en toda la historia humana fue esa barca en medio de la tormenta. Pero ellos temían, aún cuando el Señor estaba junto con ellos.

Y mucho de lo que tiene que ver con la ansiedad, el afán, el temor, el miedo, se da en el territorio de la mente, aquí entre estas cuantas pulgadas de tejido, que se llama el cerebro humano y la neurología humana. Ese es el territorio donde se da la batalla de la ansiedad y por eso es que tenemos que ir allí a la mente, guiados por el espíritu para poder entender cómo defendernos de la ansiedad. Y lo primero que el Señor hace es que invita a los discípulos a observar la naturaleza y Él usa cosas eminentemente sencillas y primitivas para mostrar cómo Dios se encarga de esas cosas pequeñitas y por extensión les está diciendo, “Mira, si la providencia de Dios se manifiesta en esas cosas insignificantes, cuánto más se manifestará en ustedes que son la cúspide de su creación.” Entonces, Él les dice, “Miren los cuervos, ellos no trabajan, no hacen nada, y sin embargo, el Señor los atiende, les da comida. Miren las florecitas del campo, tan pequeñas, tan sencillas pero que ni Salomón con todo su dinero pudo diseñar un vestido que se compare con la vestidura de esas flores.” Y claro, el Señor está poniendo aquí un poquito poético, pero la idea es esa, que si el Señor atiende las cosas más pequeñas de la vida y las mantiene y si el Señor establece formas de darles comida y mantenerlas, cómo no lo va a hacer con nosotros también. Y sobre todo, cómo no lo va a hacer contigo y conmigo que ahora estamos en Cristo Jesús. Porque si fuera simplemente un pagano que no conoce a Cristo, mira, quizás yo tendría un poco de razón para temer, pero hermano, cuando tu entras en la economía cristiana, en el Reino de Dios, Dios está más comprometido que nunca contigo, de bendecirte y proveerte.

Yo recuerdo, siempre digo cuando mi mamá en República Dominicana conoció al Señor, yo tenía como 4 ó 5 años, hace como unos 25, 30 años más o menos. [Risas] ¿Por qué se ríen? Nuestra familia había sido bastante pobre, habíamos pasado por muchos trabajos, yo recuerdo tiempos difíciles aún en mi niñez pequeña. Y mi mamá conoció al Señor Jesucristo, se convirtió a la iglesia pentecostal en un pueblo que se llama Alma Rosa que ahora es una ciudad bastante grandecita, pero en aquel tiempo era una extensión de un campito por allá. Y mi mamá conoció al Señor y hermanos, déjenme decirles que yo creo que ya he compartido esto antes con ustedes, fue como del cielo a la tierra. Alguien prendió una luz, la bendición de Dios entró a nuestra vida. Nunca nos faltó nada de ahí en adelante. Fue algo maravilloso. La provisión de Dios… no fuimos ricos pero sí tuvimos todo lo que necesitamos. Y yo les podría decir cómo el Señor proveyó, pero fue algo maravilloso. Desde que la bendición entró a nuestra vida y desde ahí esa bendición de Dios nos ha seguido a través de los años, a mí y a toda mi familia. Dios nos ha permitido vivir bien porque Dios es un Dios proveedor. Él se preocupa de nosotros.

Hay una diferencia entre el que no conoce a Dios y no tiene la bendición divina y la persona que conoce a Cristo y entonces tiene todos los recursos del Reino de Dios y del cielo para disfrutar de ellos. Por eso dice, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” ¡Aleluya! Una vez que tu entras en Cristo, tu tienes acceso a todos los bienes del Padre y si no disfrutas de ellos es por tu mala cabeza, eso lo añado yo, porque ahí está el hijo del padre que… la historia del hijo pródigo. El hijo bueno que se comportó bien, que se quedó en la casa, que todo lo hacía bien, le dice al papá, “Mira, éste que malgastó todo tu dinero, te hizo pasar vergüenza ahora viene todo arrepentido y tu lo restauras de nuevo y le matas el cordero gordo y le pones y anillo, y yo que te he servido toda mi vida bien, y tu ni siquiera me has dado un cabrito para celebrar con mis amigos.” Y el padre le dice, “Pero hijo, si todo lo que yo tengo es tuyo.” Amén. “¿Por qué no cogiste uno sino 10 cabritos y disfrutaste de la vida? Si tu eres mi hijo.” ¡Guau! Él se puso la mano en la cabeza, cómo es posible. Y así vivimos muchos de nosotros preocupados, temerosos, ansiosos, economizando el chavito más último, cuando Dios nos dice, “Hey, de vez en cuando disfruta de la vida. Vete a un bue restorán y cómete un rib steak de 4 pulgadas de grueso y disfruta y celebra.”

Los restaurantes de Boston deben ahora darme una propina porque yo sé que muchos de ustedes ahora van a ir a un buen restorán a comer eso. Esto está bien. Así como reciben ese consejo, reciban otro también de mi parte. Hermanos, muchas veces Dios quiere que vivamos que vivamos como hijos de rey, que disfrutemos de las bendiciones, la condición que tenemos como hijos del Señor. Si Dios se preocupa por cosas insignificantes de su creación, ¿cómo no se va a preocupar por algo tan importante como la niña de sus ojos, los que han recibido a Cristo como Señor y salvador? Tu tienes que vivir en esa manera, como un hijo del rey, una hija del Dios todopoderoso, tu Padre. Y por eso el Señor enfoca de cierta manera, “A vuestro Padre le ha placido daros el Reino, daros todas las cosas.” Es Papá de quien tu estás hablando. Y es muy importante que tengamos esa idea.

Yo decía esta mañana que cuando Dios crea algo, también provee para su mantenimiento. Escriba eso allí porque eso está bueno. Dios también provee para su mantenimiento. Y yo usaba una historia, aquí en Boston hay un centro social que se llama el Kroc Center, que queda no muy lejos de aquí, del Salvation Army, el Ejército de Salvación. Ese es un lugar grandísimo que es un centro de recreación, tiene una escuela culinaria, tienen una piscina, una cantidad de cosas, un centro bastante grande, dado para bendecir a la gente que vive en el inner city, en la ciudad central de Boston. Y la señora que proveyó ese centro es la viuda, o era, no sé si ya falleció, la viuda del fundador de Burger King, creo que es, o McDonald’s, uno de los dos. McDonald’s, okay, gracias, tenemos expertos en eso. Y esa señora donó, creo que fueron 40 ó 50 millones de dólares para la construcción de ese centro. Y eso sería algo admirable, porque es un centro muy grande. Pero mire lo admirable de esa mujer que no solamente proveyó ella dinero para el centro, sino que proveyó además unos cuantos millones de dólares extra para el mantenimiento futuro de ese centro. Porque ella sabía que una planta física de ese tamaño iba a necesitar reparaciones periódicas y otras cosas y que si ella les daba solamente el centro, les iba a crear un problema a largo plazo porque mantener un centro así requiere cientos y cientos de miles de dólares al año. Entonces, ella tuvo la previsión de proveer también en su regalo, dinero para el mantenimiento a largo plazo.

Ahora, yo pregunto si una mujer tiene el entendimiento para hacer eso, ¿cuánto más Dios cuando creó el mundo? ¡Guau! Si Dios te creó a ti, si Dios te ha dado hijos, si ha hecho toda una bella pintura de tu vida, cómo no va a proveer también la bendición para que se mantenga. Dios es un Dios lógico y Dios está comprometido a largo plazo contigo. Él no te trajo al reino solamente para decirte, “Ahora bandéatela como tu puedas.” No, Él se compromete día a día a estar contigo, bendecirte, fortalecerte, aconsejarte. ¿Qué es el Espíritu Santo sin el paracletos? El que se para al lado de nosotros y nos guía a través de la vida. El que Dios ha mandado para que nos anime, nos aconseje y nos guíe hacia toda verdad. El Espíritu Santo está en nuestras vidas para acompañarnos a través de todas las crisis de la vida y proveernos, y bendecirnos. Si nosotros solamente entendiéramos esto. Así que el Señor nos dice, mira, yo creé los cuervos, los pájaros diferentes, las flores, y yo los mantengo, entonces, ¿por qué no voy a mantenerte a ti también? Entonces, en este tiempo, hermanos, de grandes temores, acordémonos de ese Dios que no solamente crea sino que también mantiene. El Señor está al tanto, Él está informado de todo lo que pasa en nuestra vida y Él tiene un plan para sustentarnos. A veces parece como que no es así, y eso es uno de los problemas, que muchas veces entramos en tiempos de crisis en nuestra vida y de dificultades en que parece como que Dios se olvidó de nosotros, que Dios se descuidó por un momento, que el diablo obtuvo la supremacía, que algo sucedió que pone en cuestionamiento la bondad y el poder y la fidelidad de Dios. Y aún en esos momentos, Dios quiere que recordemos que Él sabe y que Él está en control y que Él está haciendo cosas que quizás parecen un poco complejas y difíciles de entender, pero a la larga Él lo hace para a la postre bendecirnos, dice la palabra del Señor.

Cuando Marta después que su hermano Lázaro ha muerto, se acerca a Jesús y lo encuentra en el camino, que Jesús viene de otra parte a su casa después de la muerte de su hermano, Marta le dice, “Señor, si tu hubieras llegado a tiempo, si tu hubieras estado, mi hermano no habría fallecido,” se lo dice como una leve acusación. Si hubieras cogido un taxi en vez de venir caminando, quizás mi hermano no hubiera… ¿Sabe lo que el Señor le dijo? “Marta, ¿no te he dicho que si crees tu verás la gloria de Dios?” Marta no sabía que había un drama detrás de todo eso, que el Señor, una vez que sabía que Lázaro estaba enfermo, decidió quedarse por un tiempo antes de ir a su socorro porque Él quería glorificarse. Él quería que Lázaro se muriera y que apestara, para entonces sanarlo y darle vida, para que su gloria fuera mayor, su poder fuera más manifiesto. Él estaba obrando, Él sabía, Él amaba a Lázaro, Él amaba a Marta y a María, Él tenía un plan pero se tomó el camino más complicado para llegar. Y si Marta hubiera sabido que el Señor iba a resucitar a Lázaro, ¡guau! Lo hubiera pasado tranquila. Estaría fresquecita como una lechuga. Pero muchas veces el afán es así. A veces Dios está haciendo cosas en nuestra vida, se está tomando tiempo, se tomó un camino escabroso que nos aterra, y se dilata más de lo que nosotros quisiéramos y estamos allí sufriendo la gota gorda. Y el Señor está preparando todo para bendecirnos, para dar testimonio de su grandeza y de su fidelidad para que esa bendición sea eminentemente clara a muchos otros, aparte de nosotros también. Porque a veces Dios se está preocupando no solamente por ti, sino también por los que están a tu alrededor. Dice el salmista, “Verán esto muchos y temerán y confiarán en Jehová.”

Y muchas veces Dios está sazonando sus dramas, está sazonando sus intervenciones. Las está cociendo a fuego lento para que sepan mejor cuando las disfrutemos. A veces Dios está preparando algo más muchos alrededor de nosotros y nosotros tenemos que pacientemente esperar a Jehová. Como dice el salmista, “Pacientemente esperé a Jehová y se inclinó a mí y escuchó mi clamor y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, puso mis pies sobre peña, enderezó mis pasos y puso luego en mi boca un cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán y confiarán en Jehová.” A veces hay que esperar pacientemente las soluciones de Dios y saber que Él está en control que Él sabe lo que necesitamos, que Él está preparándose una liberación gloriosa, y que simplemente tenemos que estar tranquilitos. “Estad quietos y sabed que yo soy Dios.” ¡Aleluya! Ese es uno de los antídotos hacia la ansiedad. Hay que decirle al alma, “Alma, aquiétate. Alma, confía en el Señor. Él sabe lo que está haciendo.” Si tus hijos no están caminando por donde deben caminar en este tiempo y has estado orando mucho tiempo por ellos, confíaselos al Señor. Deja que el Señor cumpla. Deja que se sazonen bien. El Señor a veces les da soga a los hijos para que vayan por ahí y den vueltas y saltos y después los jala otra vez, ya escarmentados, aleccionados y entonces, Él hace la obra. Mientras tanto, ora y clama al Señor, y chúbale al sabueso divino para que lo persiga. Chúbale es una palabra caribeña, quiere decir échaselo encima al sabueso divino. Y el Señor se encargará de ellos en un momento, porque Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Y a veces sus planes son más complejos de lo que nosotros pensamos.

Llega un momento en que uno tiene que decir, “Señor, ya dejo de… ya voy a dejar de afanar, luchar, agonizar, te lo entrego. Te lo suelto. Encárgate tu de él.” Cuando tu no puedas bregar con algo, déjaselo al Señor y eso te ayudará a estar en paz. Tu eres, como digo, es importante que tu recuerdes que tu Dios está al tanto de tu necesidad. Hay otra cosa que a mí me ayuda también a bregar con la ansiedad y es saber que yo no estoy condenado por el resto de mis días a ser esclavo de la ansiedad. Recuerda eso. Hay una alternativa. ¿Por qué digo esto? Porque muchas veces yo creo que uno de los problemas más serios de los que padecemos de ansiedad o de depresión, o lo que sea, es que pensamos, mira, yo estoy condenado por el resto de mi vida a bregar con esto y a estar bajo su dominio, porque pasan los días y no podemos salir de ello y el afán nos domina. Y creemos como que la ansiedad es una condición que no se puede controlar. Y yo creo que parte de la solución está simplemente en entender que no, que no es así, que hay alternativas, que yo puedo tomar control de mi ansiedad y de mi depresión, que hay maneras que el Espíritu Santo me puede ayudar. Hay enseñanzas de la palabra de Dios que la ansiedad no es dominante. Es como el pecado también. La Biblia dice que Dios nos ha librado de la esclavitud al pecado, no quiere decir que no tengamos que lidiar con él, pero de estar esclavizados a él, el Señor nos liberta y nos da agencia, nos da dominio, nos da control, no ayuda cada día a aprender cómo mantenerlo bajo el dominio del Señor y del Espíritu Santo. Y saber eso solamente ayuda mucho porque eso indica entonces, que tu puedes hacer cosas.

Por ejemplo, una de las cosas que a mí me ayuda a lidiar con la ansiedad es quitar la mirada del problema y obligar mi mente a dirigirse a la solución que Dios tiene. Quitar la mirada de la amenaza y decirle a la mente, ahora, deja eso y enfócate en la promesa divina, lo que Dios dice. Porque la ansiedad es como una serpiente que quiere hipnotizarte con sus ojos. Ella quiere que tu te enfoques en sus ojos y entonces, ya no tengas poder para salir de su mirada. Y Dios te dice, “Mira, cuando estés ansioso, usa de tu libertad y comienza a pensar en cosas positivas, comienza a pensar en mis promesas.” A mí, por ejemplo, me encanta cuando yo estoy en situaciones de ansiedad, uno de los versículos que más me ha ayudado es sencillo, “Jehová es mi pastor, nada me faltará.” Entonces, yo me obligo a dejar de mirar la serpiente y miro al Señor y declaro sus promesas, declaro su fidelidad. Me meto entonces en el esfuerzo de generar energías positivas mentalmente. Entro en adoración. Enseguida busco un refugio, un lugar y me siento y me enfoco en el Señor y oro y declaro las bondades del Señor, su fidelidad. Paso 3, 4, 5 minutos en un lugar que es como un refugio. Y allí yo siento que mi alma de renueva y poco a poco esa energía negativa va decayendo y entra la esperanza de nuevo, y entra la paz, simplemente porque quité mi mirada del problema y la puse en la promesa del Señor. Y eso me ayuda porque yo sé que esa ansiedad así como entra, así también se puede ir si yo hago lo que tengo que hacer.

Y eso nos lleva a esta idea de que nosotros, es importante que nos enfoquemos en Dios antes que en las cosas del mundo, los problemas del mundo, los afanes del mundo. Solamente pensar en el Señor, su amor, su fidelidad, su compasión, su misericordia, su paciencia con nosotros, su compromiso con nosotros, eso genera, yo diría, en nuestro organismo sustancias químicas que promueven el bienestar. Sabe que hay sustancias en tu cuerpo, endorphins por ejemplo, pero hay sustancias químicas que generan tranquilidad. Es como una pastilla natural que tu te tomas y la manera de generar la sustancia es a través del pensamiento. El pensamiento genera esa sustancia que te trae paz. Y por eso es tan importante enfocarnos en Dios. La palabra dice, “Tu guardarás en perfecta paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera.” Miren eso, si tu pensamiento persevera. ¿Qué quiere decir perseverar? Quiere decir mantenerse enfocado, es hacer una decisión, es determinar, yo voy a pensar en Dios, no voy a pensar en el diablo que está tratando de destruirme. Yo voy a pensar en mi Padre que me ama, voy a pensar en las cosas del reino del espíritu y voy a pensar en ese Dios que tiene tantas buenas cosas para mí, que me ha prometido estar conmigo todos los días hasta el fin del mundo, que me ha dicho que en el mundo yo hallaré aflicción pero que confíe porque Él ya venció al mundo. Él lo destruyó. A Él le tiraron todas los misiles habidos y por haber y Él se las bateó al diablo de jonrón, incluyendo la cruz y la muerte. Y como Él venció en mi sustituto, ahora yo puedo vencer a través de Él, identificándome en Él. Porque la clave está en eso, si tu te identificas con Cristo, entonces, lo que Él alcanzó tu lo puedes alcanzar también si tu te enfocas en Él.

En Filipenses, capítulo 4, versículo 8 y 9 hay una gran bendición para nosotros acerca de eso, de enfocarnos. Y la pregunta es para ti, ¿en qué tu te estás enfocando? ¿En qué tu estás concentrando tu atención? Y el Apóstol Pablo dice allí, en Filipenses 4:8, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de valor y de alabanza hay, en esto piensa, en esto pensad.” En otras palabras, trata de mantener tu mente enfocada en las cosas buenas, nobles, que te inclinan hacia lo positivo, lo eterno, lo que genera bendición en tu vida. Piensa en esas cosas porque dice entonces en el versículo 9, “lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced – y mire aquí la conclusión – y el Dios de paz estará con vosotros.” ¿Por qué no dice el Dios de poder, el Dios de gracia? No, el Dios de paz. Porque cuando tu concentras tu vida y tus energías en cosas que abundan para bendición y para respeto, admiración, virtud, eso generará en ti la energía positiva que te mantendrá en paz.

Yo trato en todo lo posible antes de acostarme, una hora o media hora antes, no estar metido en el internet. Cuanta gente un sábado en la noche lo primero que ven o lo último que ven es una películas de terror, o una película de aventura, de sobresalto, de carrera de carros en la calle, lo que sea, y ya su sistema está eléctrico, y entonces quieren acostarse y dormir bien. Cuando lo que tu debes hacer es tranquilizarte. Si antes de acostarte tu lo que te pones a ver a Google y oír las últimas noticias acerca de la pandemia, no te sorprenda si hay pesadillas y diablos en tu sueño y no duermes bien. Y después te preguntas por qué no estoy durmiendo bien. Es que te llenaste de cosas negativas. Conforme a lo que tu piensas así eres. Conforme a lo que tu pasas el tiempo haciendo, eso es lo que tu vas a ser y lo que vas a sentir. Cuánto mejor es uno meditar y concentrarte en las cosas del espíritu más bien. Y si vas a ver una película ve a Bambi, ve algo a Pedro Picapiedras de los años 70, yo no estaba vivo en ese tiempo pero me dicen que era bueno. A mí me ha dado últimamente con ver Star Trek, la versión de Jean Luc Picard, y Meche se ríe de mí porque eso es lo que estoy consumiendo yo últimamente, un hombre que ha consumido tantas otras películas que no debiera estar viendo, pero en este tiempo de mi vida he querido ver a Star Trek, porque Star Trek el bueno siempre gana. Y esos extraterrestres malignos terminan avergonzados y pierden y los oficiales de Star Trek son generosos y fieles y leales y tienen mucho valor y son diestros en defender el universo, y eso me genera buenas sensaciones y buenas energías. Porque en este tiempo de mi vida yo necesito buenas energías. Si me pongo a consumir Wonder Woman o lo que sea, o Van Damme o lo que sea, olvídate que voy a volverme loco.

Entonces, pensemos en las cosas buenas. Pensemos en la bondad de Dios, los propósitos de Dios, su compromiso con nuestra vida, las cosas del Reino de Dios y eso nos va a ayudar. Métete en la palabra y si hay virtud alguna en algo, piensa en esas cosas. Controla lo que tu boca dice, lo que tu confiesas. Hay gente que está siempre confesando cosas malas. ¿Cómo estás? Oh, estoy bien pero yo sé que dentro de poco eso no va a ser verdad. Piensa en cosas buenas. Confiesa que Dios es bueno, que Dios está contigo aunque no te lo creas tu mismo. Confiésalo solamente hasta que te lo creas, hasta que se convierta en algo positivo. ¿Sabe que según tu confiesas, así será tu vida? Hay veces que hemos tenido tantas experiencias terribles en la vida que ya nuestra conversación se hace negativa, y entonces tenemos que re entrenar el cerebro por las cosas que confesamos, porque por lo menos tu puedes controlar lo que dice tu boca y tu puedes decir cosas buenas aunque no te las creas, y poco a poco eso va reprogramando tu cerebro y entonces, poco a poco tu cerebro va a ir pensando en manera positiva. Eso es real. Cualquier psicólogo te va a decir que el acondicionamiento es algo bien importante que cambia el cerebro. Quizás tu no puedes meter tus dedos en las neuronas de tu cerebro y cambiarlo, pero tu puedes a través de tu palabra y lo que tu dices y hablas, comenzar a manipular las neuronas de tu cerebro. Así que habla positivamente. Confiesa positivamente, piensa en cosas positivas. Ten conversaciones positivas, consume entretenimiento positivo. En este tiempo el diablo quiere que nosotros nos metamos al internet y que veamos todas las noticias negativas que podamos acerca del Covid, las mil maneras que el Covid va a llegar a nuestras narices. Y en algún momento tenemos que decir, no, no, no. Hay hermanos que son expertos en enviarme mensajes de destrucción y cataclismos.

Hay algunas personas que se especializan, yo no sé cuándo encuentran el tiempo, pero siempre están mandando cosas de amenaza, de terror, de muerte, de Covid, de cómo nos puede destruir en mil maneras exquisitas. Y es porque estamos consumiendo todo lo negativo, estamos lo último de Fauci o lo que dijo Biden o quien sea. Si somos de derecha estamos pensando que estos liberales están tratando de manipular la vida y de hacer… y entonces, nuestra vida está continuamente… Mire, yo hace tiempo que entré en una dieta de noticias. Desgraciadamente, estoy pagando el New York Times y ni lo leo ya hace meses, porque dijo, yo no me voy a hacer la vida difícil. Y yo que estaba metido en las noticias hasta las narices hace unos cuantos meses decidí, voy a coger un ayuno de noticias. Y mire, duermo mucho mejor. Porque ya yo me di cuenta que mira, esto va a largo y será mejor que yo disfrute de la vida por un poco, bastantes problemas tengo yo con lo que tu me has dado atender, así que no le voy a añadir… Entonces, he decidido tomar una dieta de las noticias. Leo lo imprescindible. Leo los encabezamientos de las noticias a veces para no ser totalmente ignorante tampoco. Pero le he dejado al Señor el resultado de todo esto.

Esta mañana lo hice y lo voy a hacer otra vez porque soy imprudente, y si yo fuera un hombre más sabio no diría esto. Hermanos, miren, si ustedes pueden, y no quiero que se sientan mal conmigo, no estoy imponiéndoles nada. Eso es asunto de su consciencia. Pero si usted puede y encuentra la libertad, vacúnese. Silencio total. Donde está el amén, gloria a Dios. No, no. [Risas] Sabe, no le quiero poner cargas a nadie pero ahora mismo todo esto de la pandemia está causando un gran revuelo y buena parte se debe a las personas que no se han vacunado y mucha gente está muriendo ahora mismo innecesariamente y están causando una cantidad de distorsiones en la economía humana por rehusarse a vacunarse, francamente. Y como digo eso, con mucho respeto porque no puedo violar la consciencia de ningún hermano aquí. Si Dios le ha dicho, o usted piensa que Dios le ha dicho que no debe vacunarse, está bien, si hay alguna condición física o lo que sea. Pero en realidad, yo creo que Dios es tan poderoso para defenderme de la vacuna como lo es de Covid, de las dos maneras. Si hay algo de malo en la vacuna, el Señor se encarga de ello. Y por lo menos, yo paro de sufrir y dejo eso y entonces estoy libre para vivir mi vida. A mí me gusta cuando me preguntan, voy a un lugar médico o algo, “¿Usted está vacunado?” “Sí.” [Risas] Le digo, “Estoy vacunado y tengo la tarjeta aquí si la quiere ver.” Porque en realidad yo sé que alguno de nosotros tenemos serias reservas acerca de eso, pero mire, vivimos en un mundo tan interconectado, intercalado, que nosotros afectamos a los demás sin darnos cuenta. Y entonces, para mí, es lo mismo. Si Dios me va a defender, me va a defender con o sin vacuna, y me va a defender de la vacuna o por la vacuna. Yo no sé, así que eso me da a mí una libertad bien grande.

Porque hay tanta controversia en el mundo y yo creo francamente, de nuevo, por imprudente que soy, que a veces hay en nosotros como una cuestión de no dar nuestro brazo a torcer. Y a veces tenemos que humillarnos y decir, amén. Yo lo pasé muy bien los meses sin vacunarme y me sentí libre. Yo le digo a Meche, y estamos de acuerdo, nosotros no nos eximimos de casi nada durante los primeros meses del Covid. Nosotros hicimos todo lo que hacíamos. Disfrutamos más de los restaurantes porque íbamos y estaban vacíos. Entonces, los meseros estaban más humildes, nos atendían mejor, no teníamos que hacer reservaciones. Íbamos a los parques y estaban vacíos, caminábamos como reyes, dueños de todo el parque. Lo hacíamos todo, vivíamos tranquilísimos y gozamos de la vida porque estábamos confiados en el Señor. Vino la vacuna y yo dije, mira, mi posición pública es importante y por lo tanto, voy a vacunarme para poder decirle a mis hermanos, no se preocupen, yo estoy bien. Yo sé que hay otras cosas que dicen que no, que esto y que lo otro, pero ahí está el problema, que por cada cosa buena que tu oigas vas a oír 10 negativas. Por cada persona que te diga, no te preocupes, cada médico que haya, “Tu estás vacunado, estás bien,” va a haber 10 médicos neuróticos que te van a decir, “No, eso es mentira porque fulanito se murió en tal estado. En una selva de África alguien se vacunó y cogió el Covid y se murió. Vino un pájaro y lo picó y se murió con Covid.” Y entonces, hay 20 mil escenarios de maldad, ¿por qué? Porque hay billones de seres humanos y si tu coges estadísticamente un milésimo de uno por ciento de todas las cosas que pueden pasar en el territorio humano, va a haber miles de relatos de terror y de tragedia.

Así que si tu quieres encontrar razones para preocuparte, vas a encontrar no una, sino 100 mil. Entonces, es mejor que tu vivas en paz y que encomiendes tu vida a la gracia del Señor y que te encomiendes a sus brazos. Si te quieres poner la vacuna, póntela y si no está bien, que Dios sea contigo conforme a tu fe te será hecho. Pero es importante que, yo no sé por qué dije eso, pero es gratis, es una ñapita para ustedes. Pero yo creo que todo eso viene de confiar en el Señor y descansar en sus brazos. Dios está contigo en las montañas y en los valles, dondequiera que sea, el Señor es poderoso en protegerse y cuidarte.

Lo último, entre las muchas cosas, yo creo que la próxima vez que predique voy a hablar un poquito más sobre esto, porque hay tanto material. El control divino es algo que debemos enfocar. Hay cosas que tu puedes controlar y hay cosas que tu no puedes controlar. Están fuera de tu control. Y entonces, tu tienes que saber cuándo ceder el control al Señor y cuándo hay cosas que, mientras más tu te afanas por controlarlas, más problemas vas a tener y vas a sufrir porque no están en tu control. Esta pandemia es algo así. Los virus han estado con nosotros desde la fundación del mundo y hace años yo leía en ciertas publicaciones médicas donde decía que el temor de muchos epidemiólogos en aquel tiempo que yo leía eso, estamos hablando de 15, 20 años atrás, que el gran temor de la modernidad era que iban a surgir súper virus, virus tan resistentes que no obedecerían a ninguna vacuna y que se mutarían muy rápidamente y tendrían una capacidad muy grande para cambiar de forma, de manera que ninguna vacuna pudiera atraparlos y neutralizarlos. Y hoy en día, es posible que estemos en esa dimensión.

Yo tengo que elegir si yo me voy a meter en una cueva por el resto de mi vida o si voy a vivir libre en el Señor y encomendarme a la gracia del Señor, hacer lo que yo pueda, sí, hacer lo que yo pueda, y por eso digo, si puedes vacúnate, si tienes que usar tu mascarilla en algún lugar, amén, si te sientes mejor en eso. Pero llega un momento en que uno tiene que abandonarse a los brazos del Señor y saber que hay cosas que están más allá de nuestra capacidad para controlar. Y tenemos que vivir una vida abundante. El Señor nos ha llamado a una vida abundante. El Señor no me ha llamado a estar acorralado en una casa 24 horas al día con temor de que el virus se pueda meter por la rendija de una ventana medio abierta. El Señor me ha llamado a moverme con gozo, con libertad y confiarme a su misericordia y a su bondad. El saber lo que yo puedo controlar y lo que no puedo controlar es una gran fuente de tranquilidad y de paz. El soltarnos a la provisión divina, al que está en control del universo y morir al afán de controlar.

Saben ustedes, los médicos van a decir esto, los psiquiatras, que uno de los problemas con la ansiedad es el control. La gente que quiere estar en control de la vida, está muy propensa a la ansiedad porque cuando perdemos el control entonces, pensamos que el mundo se nos va a caer encima. Y mientas tu más te ajustas a las fluctuaciones del mundo que están más allá de ti y a los planes de Dios que no son tus pensamientos, y sus planes son tus planes, y tu simplemente aprendes a vivir humildemente, cada día trae su propio afán, cada día traer su propio mal, como dice el Señor. ¿Por qué te vas a preocupar por lo que va a pasar dentro de 10 años, lo que pasó hace 100 años atrás, lo que tu no puedes controlar, en el virus que puede agarrarte cuando salgas del bus o en el bus? Hay un momento en que tu tienes que decir, “Mira, ya yo he hecho todo lo que he podido, y ahora, Padre, confío mi vida a ti, y me abandono a ti.” Porque este mundo va a continuar con más problemas. Lo que estamos viendo, yo diría, que es posiblemente poco más otras cosas que pueden venir, y nosotros tenemos que entonces, confiar nuestras almas al Señor y dejar entonces que Él nos diga cada día, porque cada día traerá su propio afán, como dice el Señor aquí.

Yo he aprendido, hermanos, que yo no soy el centro del universo y que el mundo depende de mí menos de lo que yo pienso o me gustaría pensar, que el mundo está muy bien sin mí. Y que lo mejor será que yo disfrute de estos poquitos años que tengo aquí sobre la tierra porque después que yo me muera, vendrá otra cosa peor, o cuando yo me muera vendrán 10 pastores mejores que yo a tomar control de la iglesia, déjenme decirles. En mis mejores momentos yo creo eso. Yo me voy de vacaciones y cuando regreso, como digo, la gente está feliz de que yo me fui. [Risas] Yo encuentro que la iglesia está mejor y digo, ¡guau! Tengo que irme más a menudo entonces. Los pastores están contentos porque no me tienen a mí vigilándolos. En el grupo de adoración están felices. La gente que está en el sonido y en la proyección dice, ah, puedo descansar, el pastor no está aquí este domingo. Surgen nuevos líderes, cosas buenas pasan, la gloria de Dios en la tierra y yo allá en Maine sufriendo porque mis hermanos no me tienen aquí para guardar el mundo y protegerlo. [Risas] Yo creo que por eso el Señor diseñó el sábado porque Él dijo, “ustedes tienen que guardar y descansar porque ustedes van a creer que el mundo gira alrededor de ustedes y que si ustedes dejan de trabajar el mundo se va a caer encima. Y cuando nosotros tomamos descanso, descubrimos que no, que es Dios quien está en control y que el mundo sigue.

Por eso, madre, no te mates tanto por tus hijos. Esta es una ñapita gratis a las hermanas que viven a veces sufriendo por los hijos y los padres, y afanados, y si yo no le preparo ese huevito revuelto por la mañana se van a morir de hambre. Los muchachos son más resilientes de lo que uno piensa. Tómate un break también, tómate una tacita de café y que el muchachito grite un poquito, no se va a morir. Disfruta de la vida, de tu hijo que está en problemas, ora por él, encomiéndaselo al Señor, descansa en el Señor. Delégale otras cosas. No te afanes. El mundo estaba allí antes de tu nacer y seguirá después que tu te mueras. El sabio Salomón dice, “¿Qué es lo que es? Lo que fue. ¿Qué es lo que será? Lo que es.” Cada día es lo mismo. No hay nada, dice, de lo que tu puedas decir es la primera vez que se da. No hay nada original en el mundo. El mundo tiene tantos siglos de existencia que ya todo se repitió. El mundo es cíclico, es un círculo, va y vuelve, y va y vuelve, y nosotros entramos a esa rueda y creemos que estamos haciendo algo nuevo, diferente, que estamos cambiando el mundo. El mundo es como es y como será hasta que Cristo venga. Así que disfruta del viaje, disfruta del viaje. ¡Aleluya! Tómate un buen juguito en el avión, por no decir otras cosas. Tómate un cafecito. Sonríele a la azafata y al que está al lado tuyo y disfruta del viaje, porque ya una vez que estás allá arriba a 30 mil pies de altura, tu no estás en control de nada. Y el mundo seguirá y tenemos que aprender a fluir con el mundo, a vivir vidas creativas, aún mientras tratamos de hacer una diferencia porque no es que seamos indolentes tampoco.

Yo creo que la persona que puede hacer un cambio en el mundo y ser verdaderamente influyente es la persona que se ha dado por vencida, paradójicamente. La persona que ha entendido que no es esencial es la persona que más bien puede hacer en el mundo, porque entonces queda libre para hacer cosas y si fracasa, no le importa porque ya él sabe que es así de todas maneras. Yo digo que cuando una persona aprende a la conformidad, la paz en el Señor, el descanso en el Señor, se convierte en un héroe inminentemente necesario para los demás. El mundo necesita gente que ha muerte a la necesidad de hacer un cambio en el mundo, y que entonces Dios los libera para hacer un cambio en el mundo. Piense en eso esta noche antes de acostarse. La única persona libre para hacer grandes y creativas cosas en el mundo es la persona que ha dejado de creer que es el centro del universo y que tiene momentos de quietud, de descanso en el Señor, de sacar tiempo para meditar, para orar, para oler las azucenas, disfrutar de un buen café. Esas son las gentes que terminan la vida fresquecitas como una lechuga, mientras los demás están ya secos completamente. Dios nos dice, disfruta del viaje. Podríamos estar aquí hasta la noche, y dele gracias a Dios que no va a ser así.

El sabio Salomón dice, “Goza todos los días de tu vanidad, de las mujeres, tu juventud, tu familia, de tus hijos, nunca falte ungüento sobre tu cabeza, un vestido blanco que ponerte, porque Dios está contento contigo.” Qué bueno es saber, hermanos, eso. Qué bueno es saber que ya el diploma está hecho, el estudio es simplemente porque se necesita hacer algo. Pero ya Dios tiene tu diploma de graduación preparado. El día que te mueras te lo van a dar, pero mientras tanto sabe que todo lo que tu hagas en este mundo, si tu estás en Cristo, si tu amas al Señor con todo tu corazón, si tu confías en Cristo Jesús, todo lo que pase en este mundo es mero teatro y drama. Ya todo está hecho. Y por lo tanto, disfruta del viaje y no estés afanado queriendo cambiar las estructuras de la vida porque eso está más allá de tu nivel. Trata de hacer todo el bien que puedas y también cuídate tu y asegúrate de que tu disfrutes de esto que Dios te ha dado, este misterio de vivir esta realidad humana por un tiempo.

Hermanos, el llamado de Dios para nosotros es estar quietos, “Sabed que yo soy Dios.” Amén. Bajemos nuestras cabezas un momento. Yo quiero invitarte ahora a entregar tus cargas al Señor, y quiero invitar también, si hay alguien en esta tarde que quiera entregar sobre todo la carga mayor que eres tu, tu vida al Señor, entrégasela al Señor ahora mismo también. Si hay alguien que no ha aceptado a Cristo como Señor y salvador, si tu quieres hacer tu pacto con Dios, porque todo esto es para los que conocen a Cristo sobre todo. Si tu conoces a Cristo, Él te enchufa a su economía y entonces tu tienes acceso a los bienes y las bendiciones del Reino de Dios. Y si tu no has dado ese paso y quieres hacerlo ahora, que oremos por ti, puedes levantar tu mano, pasar al frente, como tu quieras. Amén, hermano, pasa aquí al frente. Como tu te sientas más cómodo. Está bien. Gloria a Dios. Si hay alguien más que quiera entregar su vida al Señor su vida esta tarde y enchufarse al reino divino, venga por acá o hágalo ahí, póngase de pie. Porque es bueno también uno invitar al Señor en medio de sus familiares, entrar en la universidad de la vida en una manera pública delante del Señor.

Hay algo meritorio de cuando uno confiesa a Cristo en una forma así, sacrificial, que nos cueste algo. Ahí es donde comienza la bendición. Si alguien más quiere dar ese paso esta tarde, bienvenidos. Oraremos por ti. Y lo otro es, entonces, mientras esperamos un momento más, que tu también… yo estará aquí contigo, si te quieres poner de pie o como sea, entrégale tu carga al Señor esta tarde. Si tu has estado afanado, abrumado por el Covid y el temor de lo que va a pasar con tu salud, si hay alguna lucha en tu vida, alguna carga o algo, y quieres hacer alguna señal de entrega y de trabar con el llamado de Dios, puedes ponerte de pie o pasar al frente, como tu desees, o estar allí tranquilo. Pero di, Señor, yo te entrego mi carga. Te entrego mi ansiedad, te entrego mi problema, te entrego mi carácter, te entrego mi lucha. Me abandono a ti. Yo reconozco que no puedo hacerlo por mí mismo, que esto es demasiado serio y grande y problemático para mi vida y te lo entrego a ti. Toma control. Te entrego mi ansiedad, te entrego mi depresión, te entrego mi temor, te entrego esta situación que es demasiado seria para mí, pero yo reconozco que tu eres misericordioso y bondadoso. Hermanos, hay una belleza en eso, en entregarnos al Señor y confiar en Él. Dios es más bondadoso de lo que ninguno de nosotros se puede imaginar. Y a veces requiere gestos heroicos de decirle al Señor, yo me entrego a ti.

Si alguien más quiere hacerlo, como quiera, puedes ponerte de pie ahí en tu asiento como están haciéndolo algunos o arrodillarte o levantar tu mano o lo que sea. Entrégate. Yo me entrego. Yo estoy allí con ustedes ahora mismo entregándole al Señor mi temor, mi ansiedad, mi tendencia a afanarme más de la cuenta, y a creer que me voy a morir si Dios no interviene ahora mismo lo que le estoy gritando que lo haga. Qué bueno es saber que tu Padre tiene una malla de protección debajo de ti. No importa cuántos saltos mortales tu des en la vida, a 40 pies de altura, 50 pies de altura, no importa cuántas cosas estén pasando en tu vida, tu Padre tiene una malla de seguridad que si tu te caes, lo que vas a hacer es rebotar levemente sobre la malla y no te vas a hacer daño. Esas mallas son los brazos eternos de Dios, las manos capaces e increíblemente poderosas de tu Papá. Yo le doy gracias a Dios porque me ha llevado últimamente a un punto en que he dicho, Señor, si no me rompo la cabeza es porque tu habrás estado en control. Qué bueno es cuando nosotros nos abandonamos a Él y soltamos todas las armas y dejamos que Él sea quien tome el control. Padre, por esta palabra, Señor, que está siendo proclamada en fe en ti, en vida en ti, esta palabra es viva, Padre, yo pido en el nombre de Jesús que esa energía viva de tu palabra se meta en el corazón de mis hermanos, de esta comunidad, de esta familia espiritual que se llama León de Judá, sus matrimonios, sus niños, sus adultos, sus líderes, los que están en sus hogares ahora mismo, por esta palabra que es viva y eficaz, su contenido se mueva dentro del alma de mis hermanos, rompiendo todo lo que obstaculice, toda interrupción en su neurología, todo lo que impida que la vida tuya fluya libremente a través de sus conductores, Padre, todo en el nombre de Jesús.

Tu haces la obra en esta comunidad, Padre, que tu palabra sea algo maravillosamente vivo y eficaz en la vida de mis hermanos. Recibe la paz de Cristo ahora, recibe la paz que sobrepasa todo entendimiento. Mi paz os dejo, dice el Señor, la paz os doy. Yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. Envía tu paz. Recibimos descanso. Atamos todo espíritu de temor, todo diablo que quiera traer zozobra a nuestra mente, a nuestro corazón, todo lo que se interponga entre tu promesa y nuestras vidas. Quita todo obstáculo, Padre, que este pueblo pueda dormir tranquilo. Este pueblo te ama, Señor. Este pueblo te sirve, este pueblo da y tu nos has llamado a estar tranquilos y confiados. Permite que eso se haga una realidad. Aparta el temor, Padre, aparta la angustia, oh Dios. Ayúdanos a morir al mundo y entonces resucitar al Dios que está en control. ¡Aleluya! Confesamos que nosotros no podemos por nosotros mismos y que necesitamos al Dios de todo poder y entra, inunda los lugares más recónditos del ser, Padre. Yo pido que esta tarde vidas sean impactadas, cambiadas, transformadas, penetradas por tu energía divina, Espíritu Santo. Recibe mi hermano, recibe la gracia del Señor ahora mismo. Abre tu pecho, abre tu corazón, abre tu ser interior, visualiza las compuertas de tu ser abriéndose ampliamente y entrará el Rey de Gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová. ¡Aleluya! El fuerte y valiente. Jehová que está comprometido contigo para defenderte de todo mal. Tu Padre que te ama y que te conoce.

Entre la paz abundantemente a la vida de mis hermanos. Desterramos el temor. Desterramos la angustia, desterramos todo lo malo de la caída de este mundo pecaminoso. Vida, vida, vida, salud, descanso, confianza en el Señor, gozo agresivo para servir a tu Dios, provisión de toda necesidad. Bendigo a mis hermanos, Padre, esta tarde. Tu conoces sus corazones, tu sabes por qué están aquí al frente. Son tu propiedad, Señor, porque han confesado a Cristo como Señor y salvador y saben que tu eres su proveedor y su perdonador. Mis hermanos aquí al frente, reciban gracia del Señor. Dios le da el poder a su iglesia para perdonar todo pecado, así lo dice la palabra. No por nosotros sino por el Cristo que murió por ustedes y que ha transferido su autoridad a la iglesia. Así que, declaramos sobre ustedes también con reconciliación y paz en el Señor, descanso en el Señor, justificación, vida eterna, los declaro propiedad del Reino de Dios bajo el sello de Cristo Jesús y su preciosa sangre. Gracias, gracias. Te adoramos. Dele gracias al Señor. Reciba. Dele gracias a Dios. Dios está con nosotros. Dios está con nosotros. ¡Aleluya! Bendecimos el nombre de Jesús. Váyase a su hogar y celebre, mi hermano, mi hermana, o váyase al mejor sitio que usted sepa por allí. Disfrute y celebre su condición de hijo de Dios. Dios les bendiga. Gracia del Señor sobre ustedes.