De gloria en gloria

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: En Segunda de Corintios, capítulo 3, Pablo habla de dos tipos de cristianos: uno que se conforma con la religión y los rituales antiguos, y otro que está siempre en perpetuo crecimiento y renovación espiritual. El pueblo judío se embotó en su entendimiento y prefirió quedarse en el antiguo pacto en vez de aceptar la revelación fresca de Dios a través de Cristo Jesús. Dios quiere que vivamos en continuo proceso de descubrimiento de nuevas facetas de Él, de sanación de nuestras heridas del pasado, de renovación de nuestro espíritu y carácter. La vida cristiana es una jornada de crecimiento y de ir de gloria en gloria.

La vida cristiana es un proceso constante de conocer a Dios y descubrir nuevas capas del Espíritu Santo. Dios quiere sanarnos, renovarnos y revelarse a nosotros. Debemos mantenernos hambrientos y tener un apetito por conocer más de Él. Podemos visualizar a Cristo en nuestra mente y renovar la imagen de Jesús en nuestra vida. A veces, el proceso de crecimiento puede ser doloroso, pero es necesario para dar a luz a la nueva vida del espíritu. Debemos confiar en Dios como un cirujano perfecto y dejar que Él nos transforme para ser más como Cristo. La meditación en Cristo debe ser el enfoque de nuestra vida.

El orador alienta a los oyentes a confiar en Dios y permitir que Él los transforme, incluso si eso significa pasar por procesos difíciles. Él enfatiza que la vida cristiana no es una serie de rituales vacíos, sino una aventura emocionante donde debemos buscar constantemente la gloria de Dios y estar dispuestos a cambiar. El orador termina con una oración para que Dios trabaje en nuestras vidas y nos lleve a nuevas revelaciones de Su gloria.

Quiero ir a la segunda carta de Pablo a los corintios. Segunda de Corintios, capítulo 3. Y quiero hablar acerca de cómo vivir en avivamiento, cómo vivir en perpetuo avivamiento y renovación, cómo vivir una vida de continuo crecimiento y desarrollo espiritual. Y el Señor trajo a mi mente los versículos sobre todo del 14 al 18 de Segunda de Corintios, capítulo 3. Usted puede usar este texto para su estudio esta semana. Úselo como un punto de partida para su propia reflexión porque tiene tanta carne, tanta buena nutrición que se presta para muchos sermones. Pero el versículo 18 sobre todo, es un buen punto de partida y ahora mismo Padre, renueva mis fuerzas, renueva mi ánimo, renueva mi intimidad con tu palabra y con este sermón y hazlo fresco en mí, como si fuera la primera vez que lo predico, Padre, que pueda ser de bendición a mis hermanos y mis hermanas esta tarde en el nombre de Jesús. Amén, amén.

El versículo 18, Pablo dice, “Por tanto, nosotros todos – eso quiere decir tu, todos los que estamos acá, León de Judá, los que están cerca, los que están lejos, como iglesia – nosotros todos mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria.” Digamos eso de nuevo, de gloria en gloria. Amén. “… de gloria en gloria en la misma imagen del Señor como por el espíritu del Señor.” Antes de eso Pablo ha estado hablando del pueblo hebreo. Dice en el versículo 14, “Por el entendimiento de ellos, - de los judíos que no recibieron a Cristo cuando vino en su forma humana divina, - el entendimiento de ellos se embotó.” Embotarse quiere decir que no puede cortar más, una navaja, un filo que se embota ya no es capaz de seguir cortando, se pone boto. “… se embotó porque hasta el día de hoy,” dice Pablo en el momento en el que él está hablando, “cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto.” Y él se está refiriendo a cuando Moisés estuvo 40 días y 40 noches ante la presencia de Dios en el monte y estuvo en tanta intimidad con Dios que la gloria de Dios se le transfirió a él, su rostro. Y cuando él bajó él no se daba cuenta, cuando él bajó a tener interacción con el pueblo, no se daba cuenta de que la gloria de Dios se había traspasado a él. Y entonces su rostro estaba brillando con la misma gloria shekinah de Jehová y el pueblo se aterrorizó de ver esa gloria de Dios en este hombre cuyo rostro brillaba como el bronce. Y Moisés tuvo que ponerse un velo que encubriera su cara para no asustar al pueblo. Y la idea era como que de momento la gloria de Dios quedó interrumpida por ese velo y el pueblo no lo podía ver porque no podían soportar esa gloria divina.

Y entonces, Pablo usa esa imagen y dice, cuando leen el antiguo pacto, cuando leen las Escrituras, el mismo velo que no permite que la gloria de Dios les brille como debiera, todavía está puesto sobre sus rostros. ¿Y quién es que quita ese velo? Cristo. Dice, “…el cual por Cristo es quitado,” y aún hasta el día de hoy cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” ¿Por qué? Porque el Señor es el espíritu. ¿Y qué dice la palabra? Donde está el espíritu del Señor allí hay libertad. Nosotros no queremos una vida religiosa sin el espíritu y eso es lo que pasó con los judíos. Dice la Biblia, hay un pasaje que dice que el Espíritu Santo huyó del templo, se fue porque los hebreos contristaron tanto el espíritu del Señor que el espíritu se fue. El espíritu que descendió cuando Salomón consagró el templo que dice que la gloria de Dios era tan poderosa que los sacerdotes todos cayeron al piso. La gloria de Dios fue tan grande que nadie en ese templo pudo permanecer de pie. Pero un día, dice, que asimismo por el pecado persistente del pueblo la gloria de Dios hizo así y se fue. Y hasta el día de hoy esa gloria no está en el templo y no hay templo ni siquiera porque Dios lo destruyó completamente.

Y Pablo está hablando de… yo diría que son dos tipos de cristianismo, dos tipos de religión o de fe o de relación con Dios. Uno es la relación que tenían los judíos. Hay dos tipos de iglesia en el mundo, hay dos tipos de cristiano en el mundo. Él se refiere a ese pueblo judío que en vez de ir a donde Dios los estaba llevando, que era una revelación mayor a través de Cristo Jesús, se quedaron donde estaban, se quedaron en el antiguo pacto. Cuando Cristo vino con una revelación fresca de Dios para ellos, ellos prefirieron lo que ellos amaban, sus costumbres, sus rituales, sus mandamientos, se quedaron con el sustituto, que era simplemente por un tiempo. Y dijeron, no, nosotros no vamos allá. Nosotros somos el pueblo escogido. Nadie más excepto nosotros, así que esa idea de que ahora… esto es para los gentiles y que hay que dejar todos los días de fiesta y el templo con todo su aparato y toda la religión. No, nosotros no necesitamos, como le dijeron al Señor Jesucristo, nosotros no necesitamos, nunca hemos sido esclavos, y el Señor les dijo, ustedes son esclavos porque el que se ve obligado a hacer la misma cosa siempre, esos no son libres. Si conocéis la verdad, la verdad os hace libre. Pero los judíos prefirieron quedarse en la antigua revelación. Y eso es lo que el Apóstol Pablo está diciendo, que hay un tipo de iglesia, hay un tipo de creyente que se conforma con lo mismo de siempre. Y este sermón, hermanos, esta meditación, Dios la ha puesto en mi corazón para hacernos a todos un llamado hacia el perpetuo crecimiento, el perpetuo ir hacia nuevas dimensiones de nuestra vida, nuestra relación con Dios, no contentarnos con la gloria de ayer.

Dios nos llama a ser un pueblo en proceso, a ir de gloria en gloria. La unción de ayer ya pasó y nosotros tenemos que ser gente que siempre esté escuchando de parte de Dios porque sino, lo que pasa es que nuestro entendimiento se embota. Cuando Dios te habla y Dios te dice algo, si tu no lo escuchas, viene entonces el estancamiento, viene la muerte espiritual. Cuando Dios está llamándote a ir a otra dimensión de vida, a otro estado con Él, tu tienes dos opciones, o escuchas y te mueves y fluyes en esa dirección, o te quedas cómodamente donde estás y el Espíritu Santo dice, “Okay, te voy a dejar allí en tu sueño vano hasta que tu me escuches.” Y la cosa es que Dios siempre nos está hablando, siempre nos está llevando a nuevos niveles. Eso es lo que yo les decía a los hermanos en el santuario original en los pocos minutos que pude saludarlos y hablarlos acerca de la decisión. Muchas veces Dios trae algo a nuestras vidas y ese evento, esa revelación nos bendice grandemente en ese momento, pero muchas veces nos enamoramos tanto de ese momento que creemos que eso es para siempre y entonces, nos quedamos allí y no queremos salir de allí. Y mi idea era que por ahora, Dios le ha hablado al liderazgo espiritual de la iglesia de que ya, por muchas diferentes razones, es tiempo de que nos unamos en un solo servicio como hemos hecho antes, porque eso fue algo pasajero, eso fue por un tiempo para bregar con la demanda de COVID y otras cosas. Pero creemos que ya podemos estar juntos. Y si Dios nos llama otra vez a ir hacia allá, amén, gloria a Dios.

Yo siempre he dicho que León de Judá tiene que ser una iglesia flexible, una iglesia que escuche del Señor y que se ajuste a lo que Dios nos está llamando a hacer porque así tiene que ser la vida cristiana. Tenemos que ser flexibles y tenemos que dejar que el Señor nos lleve siempre al nuevo nivel, a la nueva revelación, porque la vida cristiana es una vida de perpetuo cambio, de perpetua transformación. El pueblo judío no quiso hacer eso. Hermanos, hace 2000 años que Cristo vino y ellos todavía están esperando al Mesías. Esta semana pasada estuve en un evento aquí en León de Judá, en un almuerzo para pastores acerca de un evento que viene en octubre 24 para ustedes, les voy a decir después, y la persona que estaba dirigiéndose a nosotros nos dijo, “Mire, hermanos, yo conozco muchos judíos,” y de hecho él tiene mucha relación con los judíos, “y yo hablo continuamente con rabinos -y yo he oído eso mismo de otros pastores, y dice, - y muchos de estos rabinos conocen más el Nuevo Testamento que nosotros mismos, conocen más de Jesús que nosotros. Saben la historia, saben la teología, pero no se convierten.” ¿Por qué? Porque hay un velo, hay un velo que los cubre.

Cuando Cristo se revela a tu vida y tu no lo escuchas, viene el embotamiento espiritual. Cuando Dios te está hablando y tu persistes en lo que te gusta, lo que tu crees, lo que tu eres, el Señor dejará de hablarte, se va y no desperdicia. Porque Dios está buscando gente abierta a su revelación y a lo que Él quiere de nosotros. Entonces, hay un tipo de iglesia, hay un tipo de cristiano que vive en la comodidad. Nos hemos acostumbrado ya a los rituales, a la religión, al venir los domingos a la iglesia, a hacer las cosas de siempre, la rutina, y hemos dejado de vivir al filo de la presencia de Dios. Y Dios no quiere eso de nosotros. Dios quiere un ministerio del espíritu donde nosotros nos mantenemos siempre alertas. ¿Qué me está diciendo Dios? ¿A dónde me está llamando Dios? ¿Cuál es el nuevo nivel, la nueva cumbre a la cual Dios me está llamando? No importa que usted tenga 40, 50, 60 años en el Evangelio, Dios siempre va a tener algo nuevo para usted. Yo les digo, hermanos, yo llevo ya casi 40 años predicando. Nosotros comenzamos el ministerio en el año 84 a tiempo completo y 37 años yo tengo parándome en un púlpito como este, predicando los domingos, y yo les digo, hermanos, yo tiemblo cada domingo antes de pararme en el púlpito. A veces agonizo más de lo que yo debiera porque ya a los 37 años de ministerio yo no debiera a veces ponerme tan tenso como me pongo para predicar. Y yo les digo que los sábados en la noche son tiempos para mí de muchas veces de un poco de agonía porque yo quiero que así sea hasta que yo me muera. No tiene que ser tan difícil como eso, yo creo que en parte porque yo soy un poquito ansioso de naturaleza, pero la verdad es que nunca debemos acostumbrarnos, nunca debe llegar el día en que nosotros subamos al púlpito como que ah, ya yo lo hice, llevo 37 años. No, nosotros tenemos que siempre temblar ante la presencia de Dios.

Y yo le digo eso a los hermanos de la alabanza también, que siempre… hablamos muchas veces acerca de eso, de que uno puede acostumbrarse a la rutina y uno puede acostumbrarse a hacer las cosas siempre lo mismo. Y yo admiro eso de Danibel Ríos [00:13:01] aunque lleva 30 y pico de años también en el ministerio, él ministra como si fuera la primera vez. Yo creo que lo sentimos, ¿verdad que sí? Y hay otros artistas cristianos que no, que usted los ve que ya la mente ya la chequearon hace tiempo y ellos están haciendo las cosas de rutina. No queremos ser críticos pero esa es la verdad porque se han acostumbrado y yo creo que nosotros tenemos que siempre vivir esperando, Señor, ¿qué es lo que tu quieres? ¿Qué tu quieres que yo haga? No podemos estar con la unción de ayer. Los hebreos se acostumbraron a los rituales, a su entendimiento de lo que era la fe, a su expectativa de lo que era el Mesías y cuando el Mesías vino en una forma inesperada, ellos no lo reconocieron. Ellos siempre creyeron que el Mesías vendría en un caballo blanco, como David, fuerte, para reinstalar al pueblo judío en su gloria antigua. Y cuando Cristo vino, un siervo humilde, sencillo, montado en un asno, no lo reconocieron y prefirieron quedarse en sus expectativas antiguas y el Señor les pasó de largo. Y entonces, entraron en un sopor y un sueño que dura hasta el año 2021 todavía. Y Dios quiere, hermanos, que nosotros vivamos de otra manera y por eso es que Pablo habla entonces de otro tipo de cristiano, no como los que vieron sus entendimientos embotados, sino como gente que están ahora viviendo en el espíritu ansiosos.

Mis hermanos, Dios está muy interesado en que tu lo conozcas como Él quiere ser conocido. Y la vida cristiana es una jornada de perpetuo proceso donde Dios continuamente nos está revelando nuevas facetas de Él. Dios quiere que tu vida sea un proceso de descubrir nuevas capas del Espíritu Santo, de quitar cosas de ti y poner nuevas cosas, de sanarte mentalmente, de renovar tu espíritu, tu temperamento, tu carácter, tus hábitos, tu forma de hablar, tu forma de relacionarte con los demás. Dios quiere sanarte de las heridas del pasado. Dios quiere quitarte las distorsiones de los traumas que tu pasaste cuando niño. Dios quiere sanar tu mente. Dios quiere ministrar tu neurología. Dios quiere romper tus ataduras. Dios quiere darte mejor entendimiento de su palabra. Dios quiere que tu tengas momentos de intimidad con Él. La vida cristiana es una vida de perpetuo proceso, de ir de gloria en gloria, de crecimiento en crecimiento. A mí me encanta ese coro que dice, “De gloria en gloria te veo, cuanto más te conozco quiero saber más de ti.”

Dios quiere que vayamos a ese nivel. Otro coro lindo dice, “Ayer ya pasó, te necesito hoy. Espíritu Santo sopla en mí.” Qué lindo es cuando nosotros vivimos hambrientos del Señor, cuando no nos contentamos con la unción de ayer, cuando no nos contentamos con las cumbres del año pasado, y decimos, Padre, renuévame. Hay tantos coros bellos. A mí me encantan esos coros, “Renuévame Señor Jesús, ya no quiero ser igual, renuévame Señor Jesús, pon en mí tu corazón porque todo lo que hay en mí necesita ser cambiado, Señor.” ¿Cuántos se sienten que tenemos que cambiar? Yo soy el primero, hermanos. 66 años cumplí en julio y todavía necesite que Dios me cambie como el primer día, hermanos. Predicando, predicando, predicando, conociendo la palabra y sé que todavía hay en mí áreas y zonas que necesitan ser tratadas por Dios. Y yo espero que cuando yo me muere, el último suspiro sea, Padre, cámbiame. Y entonces, me va a contestar en una manera definitiva porque me habrá cambiado totalmente. Pero mientras estamos aquí en la tierra sirviendo al Señor, tenemos que estar en continuo proceso. Mis hermanos, Dios quiere sacarnos la comodidad.

Me encantan las palabras del salmista, “Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo vendré y me presentaré delante de la casa de Dios?” ¿Cuántos sienten ese deseo de conocer, no al Dios de la religión, sino al Dios vivo, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Yo quiero conocer el Dios de los milagros. Hermanos, y yo me moriré deseando ver más de la gloria de Dios. Yo les digo de todo corazón, en mi corazón hay un hoyo bien grande de conocer el Dios que yo he visto en las Escrituras, verlo en tres dimensiones. Y ese debe ser tu anhelo cada día. No te contentes. Si tu crees que tu conoces algo de Dios, recuerda que Dios tiene capas sobre capas de revelación para tu vida. Si tu crees que ya llegaste bastante en el camino con Dios, mira, estás en pañales todavía. Dios quiere revelarte otra dirección, otra dimensión. Mantente hambriento, mantente con apetito de ver la gloria del Señor en tu vida.

¿Recuerdan a Moisés? Cuando Moisés estaba cerca de la presencia del Señor, dijo, “Mira, si tu me has escogido a mí, y si tu verdaderamente me amas, muéstrame tu gloria. Yo quiero ver tu rostro,” le dijo Moisés. Y Moisés tenía un apetito de ver a Dios. Yo tengo anhelo de ver al Señor. I have a craving. Yo tengo un apetito de conocer el Dios vivo, el Dios que levantó muertos, el Dios que levantó paralíticos, el Dios que dio oído a los sordos. Y yo no dejaré de anhelar ver la gloria de Dios mientras yo viva. Y Moisés le dijo al Señor, “Muéstrame tu rostro.” Le estaba pidiendo algo peligrosísimo porque la Biblia decía que el que veía el rostro de Dios moría. Y Dios le dijo, “Mira, no vas a ver mi rostro pero vas a ver mis espaldas.” Yo me conformaría con ver las espaldas de Dios, no sé usted. Yo no sé cómo es eso porque yo no creo que Dios tiene un cuerpo como nosotros, pero lo que Dios le quiso decir, “Mira, yo te voy a revelar un aspecto de mi gloria, no te voy a revelar todo porque te voy a freír ahí en un momento si me ves, pero vas a ver mis espaldas.” Y entonces dice que Dios lo metió, qué bella esa imagen, Dios lo metió en la hendidura de una peña como para prepararlo. La hendidura de una peña quiere decir que su cuerpo estaba bien metido y bien seguro. No se podía mover de allí. Dios quería protegerlo de lo que iba a experimentar en la hendidura de una peña. Qué bello eso. Yo le pido, “Señor, méteme en la hendidura de una peña y prepárame, porque yo quiero ver tu gloria. Yo quiero conocerte, quiero conocer más de ti.”

Y entonces Dios, dice que pasó rápido, Jehová, Jehová, se oyó una voz declarando la gloria de Dios y Moises pudo ver el celaje de Dios. Y pudo tener esa intimidad con Dios. Y la intimidad con Dios fue tan grande que cuando Moisés bajó de allí, la gloria de Dios se había traspasado a él. Y eso es lo que Dios quiere de nosotros. A fuerza de estar tan en comunión con Dios, que la gloria de Dios se transmita a nosotros y nosotros podamos revelar quién es Dios a otros que nos vean. Y yo creo que esa es la meta de todo creyente, que nosotros seamos más y más como Cristo, que reflejemos más a Jesús, que la gente, a fuerza de nosotros estar en comunión con Él, con su palabra, de tener búsqueda de Dios, que la energía divina se transmita a nosotros y cuando nosotros seamos vistos por el mundo, vean a Cristo en nosotros. Y eso solo viene a través del estudio de su palabra. Yo he estado en estos meses últimos leyendo la palabra en una forma más intensiva, y les digo que yo que he leído la Biblia no sé cuántas veces ya, estoy descubriendo nuevos niveles. Y de paso, no le he dado a mi hermana la Biblia, no la encontré. No la encontré por alguna razón. Te la debo y te la voy a conseguir. Hemos hablado acerca de eso.

Pero hermanos, hay algo maravilloso que sucede cuando uno se mete de lleno en la palabra del Señor. Y esa es una de las formas de contemplar la gloria de Dios, porque cuando tu lees la palabra continuamente, intensivamente, la palabra va transmitiendo su imagen, su poder, su personalidad a tu vida también. Y dice la Biblia que la Biblia es como una espada de dos filos que corta, es cortante, examina hondamente los sentimientos, las emociones, los pensamientos y nos va configurando conforme a lo que leemos. Y esa es una manera de tu mantener intimidad con Dios. Nunca dejes de tener tus tiempos devocionales con Dios, de leer la palabra devocionalmente, de escuchar de Dios. Otra cosa que yo creo que ayuda es pensar, imaginarnos a Cristo y renovar la imagen de Jesús en nuestras vidas, porque Cristo en su persona, nadie lo ha visto, nosotros no lo hemos visto, pero podemos imaginarlo. Hay una imagen, por ejemplo, en mi vida que ha sido de gran bendición… los místicos de antaño usaban mucho lo que se llama un ícono que a veces los evangélicos malinterpretamos y pensamos que son imágenes simplemente paganas y todo eso. Pero los antiguos los han usado como pinturas que reflejan aspectos de la vida de Jesús. En el mundo, por ejemplo, griego ortodoxo y ruso ortodoxo, los íconos son pinturas que reflejan diferentes aspectos imaginados de cómo es Jesús y esas imágenes esta gente las mira para entender algo. No la adoran, son simplemente como imágenes que ayudan en la meditación acerca de Jesucristo.

Y hay una imagen que a mí me ha ayudado muchísimo en estos tiempos de… el Señor cargando a un hombre que está ya como desfalleciendo casi. Y entonces, el Señor Jesucristo, un Cristo poderoso, más alto a él, fornido, robusto, lo tiene sostenido por detrás. Y Samuel me envió la imagen de ese… yo la tengo también. Y a veces Dios… tenemos que imaginarnos al Señor en alguna dimensión. Si tu estás, por ejemplo, en un tiempo de enfermedad, imagínate a Cristo como extendiéndote la mano y sanándote. Visualízalo de esa manera. Si tu estás en un tiempo de carencia física, imagínate al Señor, extendiéndote su mano y proveyéndote. Visualiza al Señor en alguna dimensión. Si te sientes solo, triste, imagínate al Señor acercándose a ti y poniéndose delante de ti ya abrazándote y ministrándote. La idea es que cuando meditamos en alguna imagen del Señor que tiene que ver con nosotros, la imagen de Cristo nos renueva, nos fortalece. Eso es como contemplar el rostro del Señor. Jesús tiene un poder renovador bien grande en nuestra vida. Y nosotros tenemos que tener tiempo de intimidad donde tenemos que dejar que Dios nos hable, que Dios nos lleve a otros niveles, que Dios nos vaya transformando de gloria en gloria. Él quiere revelarse a tu vida. Dios no quiere que tu vivas una vida religiosa, donde tu vienes a la iglesia cada domingo y te sientas allí y haces unas cuantas morisquetas y ya te vas a la casa, y eso es todo.

Yo creo que nosotros tenemos que venir a la casa de Dios con una expectativa de tener un encuentro con el Señor. Cada día tu tienes que visualizar. Cuando tu entras por esa puerta y entras acá, quítate todas tus pre concepciones de lo que tu has hecho, cómo estuvo tu experiencia el domingo pasado, y ven esperando a ver qué Dios te va a decir hoy a ti. Y cuando vas a adorar al Señor, mira, asegúrate de que cada palabra que tu cantes con tu boca, tu la ensayes en tu mente. Y tu la pronuncies con convicción, no la pronuncies así distantemente. Visualiza y verbaliza como si fuera la primera vez que tu estás haciendo las cosas. Ven con expectativa de que Dios te va a encontrar. Cuando tu te levantes por la mañana, Señor, ¿qué tu tienes para mí hoy? Y ensaya esa expectativa de lo que Dios te va a decir porque Dios está siempre renovando su palabra y sus expectativas, sus directrices en nuestra vida. Tenemos que vivir con ese sentido de que Dios me va a decir algo nuevo, me va a hablar de una manera diferente hoy. Porque cuando nosotros asumimos que ya lo hicimos todo y ya sabemos, Dios deja de hablarnos y entonces tenemos que volver a contemplar el rostro nuevo y diferente de Jesús en nuestra vida.

Una última cosa que les digo, ¿por qué mucha gente a veces deja de anhelar esos momentos de encuentro con Dios, esos momentos de renovación? Yo creo que una de las razones es porque muchas veces cuando Dios quiere trabajar en nosotros nos mete por tiempos de pruebas y dificultades y a veces eso no nos gusta. Si Dios quiere… en el mundo biológico, si tu estás enfermo y necesitas salud, muchas veces vas a tener que pasar por un proceso quirúrgico, o vas a tener que comenzar a tomar ciertas medicinas, o vas a tener que hacer ciertos ejercicios, o ciertas cosas, que van a ser dolorosos muchas veces, pero van a ser necesarios para tu llegar a la salud que necesitas. Cuando una persona se zafa un brazo o tiene algún tipo de situación en sus articulaciones, ¿qué pasa? Que va donde un quiropráctico o un fisioterapeuta y lo ponen a hacer ejercicios y es doloroso cuando se están haciendo esos ejercicios, pero si no lo hace se queda paralizado y se va poniendo peor. Y yo creo que es una ley de la naturaleza pero es una ley del espíritu también. Cuando Dios quiere que demos a luz la nueva vida del espíritu, va a haber incomodidad en nosotros. Yo les puedo decir que cada época de promoción en mi vida y de crecimiento espiritual, ha estado precedida por un tiempo de aflicción, de prueba y de crucifixión. Los momentos más duros de mi vida han sido antes de que Dios hiciera algo maravilloso.

Ya yo he dejado de tenerle miedo a ese proceso, ya me he acostumbrado a él. Y yo sé que muchas veces junto con el dar a luz viene la incomodidad. Ustedes las mujeres saben a qué me refiero, que para dar a luz hay que experimentar dolor, incomodidad, nueve meses una mujer de incomodidad. Y si Eva no se hubiera portado mal, eso no sería necesario pero es así. Estoy jugando. [Risas] Pero ustedes saben, hermanas, que para dar a luz hay sufrimiento, hay incomodidades, hay dolor, hay gritos, hay deformación del cuerpo. Eso es natural. Pero ¡guau! Dice el Apóstol Pablo, qué lindo cuando finalmente está ese bebé afuera y podemos celebrar. Y las mujeres se olvidan tan rápido del dolor que quieren tener otro después porque el gozo de ver una nueva vida abruma el dolor que acompaña ese parto. Y así pasa con nosotros, hermanos, esa es una ley de la naturaleza y del universo, yo creo, que antes de que venga vida tiene que haber crucifixión. Y eso le pasó al Señor Jesucristo.

Si el Señor no hubiera querido ir a la cruz, ¿Dónde estaríamos nosotros? Pero Él dice que por el gozo puesto delante de Él se montó sobre la cruz. Y déjame decirte que si tu visualizaras la vida que Dios tiene para ti, las bendiciones, tu te someterías a la crucifixión porque Dios es un cirujano perfecto, generoso, que Él nunca se equivoca. Él te va a cortar solamente lo que tu necesites que te corten, ni más ni menos. Dale a Él el derecho de intervenir en tu vida y confía en Él. Y cuando tu creas que te vas a morir di, Señor, me duele, pero yo confío en tus manos y yo quiero que tu me cambies. Yo quiero que tu me transformes porque yo quiero ser como tu. Yo quiero que cuando el mundo me vea a mí, vea a Cristo. Yo quiero contemplarte. Yo quiero verte. Yo quiero conocerte mejor. Y tenemos que hacer de la meditación en Cristo el foco, el enfoque de nuestra vida. Cuando usted mira a Jesús, ¿qué usted ve? Yo no solamente veo el poder que sana, el poder que levantó muertos, el poder que hizo oír a un sordo o ver a un ciego, o levantarse y correr un paralítico, o liberar a una joven endemoniada. Yo veo también al que la Biblia dice que fue perfeccionado a través de la obediencia y los padecimientos.

Pablo dice que él quiere conocer a Jesús en su muerte y sus sufrimientos y en su resurrección, las dos cosas. Muchos de nosotros queremos conocer a Jesús solamente en su resurrección. Lo queremos conocer como el Cristo que pasaba por paredes y aparecía a los discípulos, se iba a otro lugar, etc. ¿Y qué del viernes de la crucifixión? ¿qué del sábado que pasó en la tierra? Y nosotros, hermanos, si queremos ser más y más como Cristo, si queremos experimentar la gloria de Dios en nuestras vidas, vamos a tener que someternos a padecimientos. Pero Dios te va a cambiar y te va a mostrar que ese tiempo que tu vas a pasar bajo tierra, va a ser de gran bendición y tu podrás ser más usado por el Señor. La palabra de Dios dice, “Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto.” No hay sustituto, hermanos. Antes de dar fruto tenemos que caer a tierra. Y yo siento que el Señor nos está hablando a todos nosotros esta tarde, así como lo hizo esta mañana en el servicio en inglés, y nos está llamando a tiempos de intimidad con Él, tiempos en el taller del Maestro, tiempos de anhelar una nueva etapa para nuestra vida. Y te está diciendo, no le temas tener intimidad con Cristo. No temas ir al monte solo con Dios y de contemplar la gloria de Dios. Vas a tomar riesgos, puedes morirte pero no te vas a morir porque verás las espaldas del Padre y serás bendecido y reflejarás la gloria de Dios en tu vida.

Hermanos, la vida cristiana no es una vida de rituales vacíos, no es una vida de repetición, no es una vida de costumbres, es una gran aventura donde nos presentamos ante el Señor y decimos, Padre, ¿qué tu vas a hacer conmigo hoy? ¿Qué nueva revelación tu me vas a dar? Abramos nuestros corazones al Señor. Dios quiere hacerte un gigante espiritual. Dios quiere usarte, Dios quiere revelarse a ti. Y no le temas al Maestro cuando coja sus instrumentos y te diga, “Quiero operar en ti.” No le temas porque Él es el cirujano por excelencia y Él sabe lo que hace. No te quedes en la comodidad. No te quedes dónde estás. No te quedes en tu carácter diciendo, no así es que yo soy y yo no voy a cambiar, etc. No, no, hazte frágil y mira, mientras más Dios te desangre más fuerte vas a ser. Mientras Dios más te corte, más rico, más poderoso, más poderosa vas a ser. Dios te va a podar para que lleve más fruto. El Señor lo dice en su palabra. Dios nos poda más que llevemos más frutos. Si no llevamos más frutos estamos en problemas, pero si llevamos muchos frutos entonces, Dios se agrada de nosotros. Y entonces, mientras fruto tu lleves, más Dios te va a podar para que des más fruto. Pero va a ser la gloria de Dios. No le temas a los procesos del Señor.

Mira, si tu estás en Cristo no te preocupes las cosas van a pasar en tu vida, van a venir tiempos aterrorizantes, pero confía en el Señor porque Dios te va a llevar a lugares seguros de delicados pastos. No le temas a las intervenciones del Señor. No le temas a buscar más de la gloria de Dios. Dios tiene buenas cosas para ti. Yo quiero decirte cualquier cosa que tu estés pasando en este tiempo, no veas la cara del diablo destruyéndote, ve el rostro amoroso de Dios llevándote a nuevos niveles. No veas el enemigo que quiere hacerte ver que él está en control. Quien está en control es Cristo llevándote a lugares de delicados pastos, a lugares de mayor fructificación, dar más fruto para gloria del Señor. Entra en la aventura, entra en la aventura de una vida llena del Espíritu Santo. Y pídele al Señor, cámbiame, transfórmame, trabaja en mí, Señor. Yo te rindo mi ser.

Ahora mismo bajemos nuestras cabezas y vamos a pedirle al Señor, yo mismo lo hago desde aquí arriba con temor y temblor. Padre, queremos conocerte. León de Judá como iglesia, como congregación y cada uno de nosotros como individuos queremos conocerte. Y queremos que tu te reveles a nosotros. Queremos tener un encuentro contigo en el monte de la transfiguración. Queremos verte en tres dimensiones. Y sabemos que es peligroso ver tu gloria, pero no queremos otra cosa sino que tu trabajes en nuestras vidas. Yo pido, Padre, que esta iglesia sea una iglesia siempre de transformación, una iglesia de perpetuo proceso, de gente en transformación, gente yendo siempre al próximo nivel en que tu nos estás llevando. No nos dejes donde estamos, Padre, y perdónanos porque muchas veces nos atoramos y seguimos anquilosados, pero por favor, Señor, háblanos. Yo te pido que hables que mis hermanos y mis hermanas esta tarde, a cada uno de nosotros, que les indiques lo que tu quieres de ellos. Y te entregamos nuestros apetitos, te entregamos nuestras preferencias, te entregamos nuestros hábitos, nuestra comodidad, nuestras carreras, nuestras finanzas, nuestros matrimonios, nuestros hijos, nuestros ministerios, nuestro servicio, nuestro carácter, nuestro temperamento, nuestro historial personal, los traumas de nuestra niñez, los resentimientos a los cuales nos hemos aferrado, las ofensas del pasado, Señor, los temores que nos atan, Padre.

Te lo entregamos todo, todo, todo a tus pies, a tus pies esta tarde los ponemos, Señor Jesús. Sánanos, oh Dios. Haznos una comunidad de gente en proceso, gente en tratamiento, en el taller del Maestro, siendo tratados por ti, Padre. No queremos otras cosas, no queremos el descanso, queremos la jornada, queremos seguir la columna de humo y de fuego donde tu nos lleves en perpetuo peregrinaje, Padre, hacia una nueva revelación. Yo pido que por esta palabra, Padre, los que están aquí hoy y los que están en sus hogares, y los que ni siquiera están escuchando, Padre, que se identifican con esta familia de León de Judá, sean tocados por esta palabra. Y que tu nos entres a una época de efervescencia espiritual, donde veamos tu gloria, Padre, donde tu te reveles a nosotros en nuevas maneras. Queremos ver tu gloria. Queremos ver tu rostro, Señor. Éntranos en ese lugar santísimo donde está tu presencia, Señor. Por esta palabra cumple tu propósito en nuestras vidas y te daremos a ti siempre toda la gloria y toda la honra. Te amamos. Amamos tu rostro y amamos intimidad contigo. Amamos tu personalidad, Señor Jesús, los distintivos de tu carácter y queremos comer del rollo de tu revelación. Queremos que entre en nuestras entrañas y se haga parte de nosotros, Señor, para gloria de tu nombre. Por tu amor a nosotros hazlo, Padre, y por tu amor a ti mismo y a tu palabra, trabaja en nosotros. Gracias Señor. Gracias. Amén y amén. Denle un gran aplauso al Señor y dele gloria a Él. Y vamos a ser una comunidad creciente. Vamos a ser una comunidad desesperadamente enamorada de Cristo porque no hay mejor lugar donde estar. Gloria al nombre de Jesús. Amén. Amén. Gloria a Dios. Dios les bendiga, mis hermanos.