
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La vida cristiana es un proceso de continuo movimiento y renovación, similar a un avión que debe mantenerse en movimiento para no caer. Una vez que entramos en relación con Cristo y el Evangelio, estamos obligados a continuar en proceso, en movimiento, y a estar continuamente en esfuerzo. La idea es nunca estar satisfecho como si ya hubiésemos llegado a la cima, sino estar continuamente añadiendo nuevas cosas a nuestra vida cristiana. Siempre hay más y más y más, y nuestra meta como hijos de Dios debe ser buscar más para ser más, para que Dios nos pueda usar. La vida cristiana es una relación excitante con Dios y el Espíritu Santo, y Dios nos llama a una aventura emocionante, a ser un caballero andante buscando el próximo gigante a vencer. Muchos cristianos se quedan en el pasado y no entran en una relación íntima y punzante con Cristo mismo. Dios nos llama a procesar lo que Él ha puesto en nosotros y seguir desarrollándolo y dándolo a otros.
El pasaje de 1 Pedro 1:13-16 nos habla sobre el llamado de Dios a vivir una vida santa y perfecta, una vida que refleje la personalidad de Cristo. La vida cristiana no es algo pasivo, religioso, externo o estático, sino que es dinámica, progresiva y activa. Dios está comprometido con nuestro crecimiento y desarrollo y va a usar todo en nuestra vida para perfeccionarnos. Por lo tanto, es importante que entendamos que Dios está siempre tratando con nosotros y que a veces usa instrumentos siniestros para llevarnos a otro nivel. Debemos contemplar la gloria de Cristo a través de la intimidad con Él, adorándolo, leyendo su palabra y dejando que su carácter se traspase a nosotros. La vida cristiana es un perpetuo proceso de contemplación de Cristo y de dejar que su personalidad divina se haga parte de nosotros.
La vida cristiana no es algo pasivo, sino un esfuerzo continuo y dinámico hacia la perfección en Cristo. Dios quiere formar una iglesia de personas consagradas y en perpetuo proceso de crecimiento y aprendizaje. Los creyentes tienen acceso a verdades y revelaciones sublimes que ni los sabios de este mundo conocen. Dios quiere que los creyentes sean hambrientos por su revelación y se esfuercen por añadir nuevas virtudes a sus vidas. La vida cristiana debe ser un esfuerzo deleitoso, no neurótico ni compulsivo. Dios quiere que los creyentes se esfuercen sin desgastarse y experimenten gozo y paz en su carrera cristiana. La vida cristiana es un proceso de contemplación de Cristo y de dejar que su personalidad se traspase a nosotros. La persona más humilde puede conocer más a Cristo que la
Dios quiere que conozcas y desarrolles nuevas virtudes. Si tienes hambre y sed de Dios, Él te llenará y revelará su gloria. Abandona la idea de que el Evangelio es solo una cuestión religiosa y ten una actividad dinámica con Cristo Jesús. Dios quiere revelarse a ti en toda su gloria.
Gente se meta en aviones todos los días, y el mundo está lleno de decenas de miles de aviones cada día que están volando por los aires del mundo. Y ese avión tiene una particularidad y es que una vez que remonta el vuelo, no puede pararse. No puede detenerse. Si uno piensa en eso, es lo que hace a uno sentirse tan frágil. El hecho de que ese avión puede viajar miles de millas y tiene que mantenerse en movimiento, si deja de moverse, ¿qué le pasa? Va para el suelo. Mientras ese avión esté en el aire, esos motores tienen que estar funcionado. Si se detienen, son causa de desastre. Y los que estamos adentro de ese avión estamos corriendo un gran riesgo, pero lo hacemos porque queremos viajar, queremos ir a otros lugares. Pero la idea de eso, un vehículo que tiene que estar moviéndose continuamente porque si se detiene antes de llegar a la meta, hay destrucción. Y nuestras vidas se me ocurre, que son así, que tiene que ser un proceso en perpetuo movimiento. Una vez que tu entras en relación con Cristo y entras en el Evangelio estás obligado a continuar en proceso, en movimiento. No te puedes detener.
Y en eso estriba la vida cristiana. La vida cristiana es un proceso de continua renovación, continuo trabajo, continua santificación, continuo trato de Dios con nosotros. Y cuando entramos en el Evangelio no entramos a vegetar, no entramos a estar tranquilos, ni cómodos. Es un proceso, hasta cierto punto a veces, agónico al cual nos comprometemos. Sin embargo, yo diría que una gran parte del mundo cristiano cuando entran al Evangelio creen que, okay, ya llegamos, ya yo ponché la tarjeta, ya levanté la mano, y ahora simplemente esperar a que llegue el día de entrar a la presencia del Señor. No. Y Dios quiere que nosotros estemos continuamente en esfuerzo. Me viene a la mente, me estoy adelantando, las palabras creo que de Filipenses, donde el Apóstol Pablo dice, “Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor.” Y esa palabra ocupaos quiere decir que we have to be busy. Tenemos que estar continuamente en proceso, ocupados en trabajar para nuestra propia bendición, crecimiento, desarrollo y para el Reino de Dios.
Otro pasaje que me viene a la mente con el término de ocupaos, es el Señor en su parábola del jefe que se va a un viaje largo y les dice a sus siervos que se quedan esperando a que él regrese, “Ocupaos mientras yo vengo.” Y esa idea de estar… La vida cristiana es una ocupación. No estar ocupados como Marta, que estaba dice, afanada con mucho trabajo y muchas ocupaciones, pero ocupados en el sentido de que tenemos que estar siempre involucrados e invertidos en un proceso de perpetua formación y de dejar que Dios tenga su trato con nosotros, y de estar alertas, estar vigilantes. La palabra de Dios nos llama muchas veces que ser sobrios y velar. Como las diez vírgenes, cinco de ellas ¿cómo estaban? Estaban velando. Había un corito que decía, “Estarás tu velando como las diez vírgenes,” para que cuando venga el esposo te encuentre apercibida y apercibido.
Entonces, esta idea de que Dios nos llama a un continuo involucramiento en nuestra propia santificación, nuestro propio trato, a una postura dinámica. Se me quedó grabada en la mente, como ustedes saben, yo comencé el domingo pasado y pensaba que ya iba a terminar allí, pero la palabra del Señor siempre nos inquieta y entonces sentí que era importante continuar con esa reflexión de estar continuamente añadiendo nuevos componentes a nuestra vida cristiana. Y no he leído ni siquiera el pasaje pero está bien. Yo voy a leer de Segunda de Pedro, capítulo 1, versículo 3. Pero estar continuamente añadiendo nuevas cosas. Es más, déjeme leerlo para entonces continuar desarrollando, porque las imágenes van a venir inevitablemente y quiero primero detenerme sobre la palabra, lo que el Señor nos está llamando a conceptualizar.
Segunda de Pedro, capítulo 1. Y yo sé que no voy a terminar hoy. Esto va a ser una serie que estoy iniciando. A veces las series se inician y uno se da cuenta. Yo no comencé esto como para una serie sino para un solo sermón, pero quiero que ustedes se graben esa imagen en su mente, la vida cristiana, perpetuo movimiento, perpetuo involucramiento en el trato de Dios, cooperación con Dios, que nunca descansa. El Señor dice, “Mi Padre y Yo siempre estamos trabajando. Mi Padre nunca deja de trabajar y Yo también tengo que trabajar.” Y así tenemos que ser nosotros. Estos sermones constituyen una invitación a cada uno de nosotros a hacer de nuestra vida una vida de continuo involucramiento. Nosotros tenemos que cooperar con el escultor divino que siempre está dando cinceladas y pinceladas también en nuestra vida para formar la imagen de Cristo en nosotros. Y nosotros tenemos que cooperar con Él. A veces lo resistimos o a veces somos simplemente pasivos y no nos damos cuenta de lo que Dios está haciendo. Pero nosotros tenemos que cooperar con el trabajo de Dios en formar la imagen de Cristo en nosotros. Déjeme leerlo.
Segunda de Pedro, 1, versículo 3 en adelante. Dice el Apóstol Pablo, “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad,” – de paso, es bien complejo el pensamiento del Apóstol Pablo, gramaticalmente, la estructura del pensamiento es bien convulsionada. Es un hombre que piensa complejamente. Es un intelectual divinamente inspirado y Pablo siempre escriben en una forma así convulsionada, bien compleja, zigzagueante. Pero es un pensamiento al cual él quiere llegar. Dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia…” ¡Guau! Ya estoy sin aliento. Cinco diferentes cosas y todavía no ha llegado a lo que él quiere decir. Hay cinco cláusulas allí. Y cada una de ellas constituye un pensamiento que debemos examinar y detenernos en él para poder entender lo que él quiere decir. Pero él está dando vueltas alrededor de una cosa y ahora como todas esas cosas son ciertas en nuestra vida, “Vosotros también poniendo toda diligencia por esto mismo,” – y aquí está el punch line, aquí está el aterrizaje del pensamiento de Pablo, - “por esta razón, como todas estas cosas son ciertas, añadid…” Digan todos añadid. Hay que añadir cosas a lo que Dios quiere. “…añadid a vuestra fe, virtud; a la virtud añadid conocimiento; y al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal y al afecto fraternal, amor.”
Mucha gente puede decir, ah, ya yo añadí a mi fe piedad. Oh, ya puedo descansar. No, cuando tu sientas que alcanzaste una cierta medida de piedad, y vamos a discutir después qué es piedad en la mente de Pablo, todavía te queda una cantidad de cosas diferentes. Cuando tu hayas vencido el reto de diezmar, por ejemplo, ah, eso es el comienzo, te quedan veinte mil cosas por delante. Cuando tu hayas controlado tu mal temperamento, todavía hay muchas otras cosas más que añadir. Cuando tu hayas controlado la tendencia a hablar mal y decir malas palabras, todavía hay mucho que seguir. Cuando tu hayas dejado de patear la perrita cuando te molesta, todavía hay muchas otras cosas más que lograr en tu vida. Siempre hay más y más y más. ¿Y saben cuándo termina esa carrera? Cuando nos morimos. Entonces, la idea es nunca estés satisfecho como que ya llegué a la cima. No, Dios tienen otras cosas, otras dimensiones, Dios tiene otras vistas, Dios tiene otros logros, otras victorias en tu vida. Y Él quiere que tu vayas más hacia cosas mayores, que seas un colector de virtudes, por así decirlo.
Ahora, por qué es tan hermoso ese perpetuo buscar nuevas dimensiones de la vida cristiana y de la perfección. Mire lo que dice Pablo, “Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.” ¿Por qué es importante tener todas estas virtudes? Hermano, porque cuando tu adquieres muchas de estas virtudes, tu te conviertes en un ser extremadamente útil para el Reino de Dios. Tu vas a dar fruto aunque no quieras. Dondequiera que tu te muevas el fruto del Señor se va a desprender de tu vida. Gente va a ser bendecida por ti y por tu forma de ser, por una palabra dicha al azar, por una intervención para con alguien. Tu vida va a ser un árbol que da fruto perpetuamente y que Dios siempre estará podando para que dé más fruto. Tu vida va a ser una tierra fértil porque estará llena de esas virtudes que producen fruto para el Señor.
Entonces a veces nosotros nos preocupamos tanto por dar fruto, cuando el Señor dice, “No, no, no te preocupes tanto por dar fruto, preocúpate por fertilizar tu tierra, por tener en ti las virtudes de Cristo porque si tu tienes esas virtudes, el fruto es lo de menos.” Por eso yo siempre digo que a Dios le importa más lo que nosotros somos que lo que hacemos. Preocúpate por llegar a ser como Cristo y entonces tu vas a dar fruto como Cristo, vas a tener el poder de Cristo, vas a tener la influencia de Cristo, vas a agradar al Padre como Cristo. Nuestra meta como hijos de Dios debe ser eso, siempre buscar más para ser más, para que Dios nos pueda usar. Entonces, yo quiero que ustedes vean esto, y es el pensamiento que yo quiero impregnarles con él a través de estas meditaciones. Es que Dios nos llama a un viaje maravilloso, una aventura, una jornada increíblemente excitante, la vida cristiana. Sin embargo, nosotros vemos a tanta gente en el Reino pensar que la vida cristiana es venir a la iglesia los domingos, tirar tres, cuatro papeletas en el cesto de los diezmos e irnos para la casa y vegetar el resto de la semana. Qué pobre es esa imagen de la vida cristiana.
La vida cristiana es una relación excitante con Dios y el Espíritu Santo. Involucra muerte muchas veces, a veces involucra terror, porque cuando Dios se acerca a nosotros con el cuchillo de la intervención de su poder en nuestras vidas, nos horroriza. A veces involucra tristeza, cuando nos vemos muriendo y decayendo porque Dios está trabajando en nosotros, podándonos. A veces involucra vergüenza, a veces involucra temor del futuro, a veces involucra tiempos de desierto. Pero todas esas cosas Dios las hace para trabajar en nosotros. No le tengas miedo al escalpelo de Dios. No le tengas miedo al bisturí de Dios. Dios cuando nos entra en su horno, es para adelgazarnos y hacernos más fuertes y más peligrosos para el diablo y el reino de las tinieblas. Pero eso es lo que Dios quiere, que tu entres a la vida cristiana con una expectativa grande. Dios te invita a una aventura, a ser un caballero andante, o una caballera andante, buscando el próximo gigante a vencer, como Don Quijote.
Y eso es lo que yo creo que Dios nos llama aquí. Y recuerden que el domingo pasado, Pablo decía lo mismo en otra manera diferente, por eso es que todos estos sermones están conectados uno con el otro. Pablo decía, “No sean como los judíos que se quedaron en el Antiguo Testamento, cómodos con la revelación que recibieron en el desierto, y cuando Dios se apareció con una nueva revelación a través de su Hijo, dijeron, “No. Preferimos quedarnos en nuestro sueño vano de ser los únicos y en la superficialidad de la ley y los mandamientos y los días de fiesta,” en vez de entrar en una relación punzante, vivaz, íntima, con Cristo mismo, donde ya las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, donde ya no es el símbolo del lugar santísimo que era una símil de algo, sino ahora, nosotros tenemos entrada por la gracia de Cristo a la misma presencia de Dios. Y hay muchos cristianos que son así, se quedan en lo pasado. Un día tuvieron un encuentro con Dios, un día Dios los tocó y ya hicieron tres tiendas y se quedaron allí, como los discípulos. Dios dice, “No, no, no, bájate de ese monte, hay un padre allí con un hijo endemoniado que hay que liberar.” Dios no te llamó a estar allá arriba en la cumbre. Dios te llamó ahora a procesar lo que Él ha puesto en ti y seguir desarrollándolo y dándolo a otros.
Y nosotros somos así, hermanos, Dios nos llama a un proceso de perpetua renovación, de perpetuo servicio, de perpetuo dar, para que Él pueda hacer todo lo que Él quiera en nosotros. Es una cosa continua. Y yo creo que todo eso está involucrado acá. Si usted quiere busque el sermón del domingo pasado y empátelo con lo que estoy diciendo acá. Es una idea similar pero desarrollada de una manera diferente, un poco más a fondo. Pablo nos llama a una vida de continuo añadir virtudes. El miércoles pasado también, algo parecido se dio en la meditación del miércoles, donde Pablo dice que nos gloriemos en las aflicciones porque la aflicción produce paciencia, y la paciencia produce carácter, prueba en la traducción, y el carácter produce esperanza, creo que es, y la esperanza no avergüenza. Esa misma idea de que cuando el trato de Dios en tu vida haya producido una cosa, no te quedes allí, porque esa cosa se supone que produzca otra cosa y esa otra cosa, otra cosa, hasta que tu vida sea redondeada y tu puedas mostrar la totalidad de la presencia de Dios. Nunca lo haremos completamente, pero la idea es que tu vida refleje la multifacética personalidad divina. Y si nosotros… ¿Por qué es importante que nosotros entendamos esto? porque si tu entiendes eso, entonces, tu vas a vivir conforme a esa visión y Dios entonces, va a tratar contigo y te va a llevar. Porque muchas veces Dios está haciendo cosas en nuestra vida y como nosotros no entendemos cómo es que Él trata con nosotros, corremos el riesgo de no entender lo que Él está haciendo, o de malinterpretar lo que Él está haciendo, y desperdiciar la intervención de Dios en nuestra vida. Muchas veces Dios interviene con intervenciones misteriosas, dolorosas, que parecería que es el mismo diablo quien las está haciendo. Pero no, es Dios quien está obrando, a veces usando al diablo, eso es cierto. Pero al final de cuentas es Dios controlándolo a él para tu bendición y tu crecimiento.
Los discípulos cuando estaban en la barca en medio de la tormenta dice que Jesús vino caminando hacia ellos y ellos dijeron, “Un fantasma.” Pensaron que era el diablo, pero era Cristo mismo mostrándoles su gloria y queriendo mostrarles que Él camina sobre las tormentas de la vida, y que Él se apresura hacia nosotros para rescatarnos. Pero muchas veces si tu no entiendes los tratos misteriosos de Dios, a veces cuando Dios más profundamente está trabajando en tu vida, tu vas a creer que es Satanás o las tinieblas o un pecado. No, es Dios trabajando en formas misteriosas. Y tu tienes que saber eso, Dios siempre va a estar trabajando en mi vida. “A los que a Dios aman, todas las cosas ayudan a bien.” Dios no permitirá nunca que Satanás se pasee sobre ti, aún cuando el diablo quiera venir y destruirte, Dios usará eso para bendición tuya y para crecimiento.
¿Quién estaba detrás de Judas entregando al Señor? ¿Satanás? Dice que Satanás entró en Judas y Judas entonces se fue y lo entregó. Pero ¿quién estaba detrás de eso? El Padre. El Padre sabía que Jesús tenía que ser crucificado, pero el diablo fue usado como el intermediario para llevar a la intervención más poderosa de Dios en la historia, que es la cruz. Detrás de eso había un poder demoníaco que yo creo que fue más bien obligado a hacerlo. Satanás a veces tiene que ser obligado a… es el instrumento raro que Dios usa para trabajar en nuestras vidas. Eso le puede sonar como herejía ¿verdad? Pero no, el Apóstol Pablo dice que Dios, para que no se enorgulleciera demasiado, le dio un aguijón, un mensajero de Satanás. Y la palabra mensajero es angelos, angelos satan, en otras palabras, era un ángel demoníaco que Dios envió a Pablo para que lo entrenara en la humildad. Qué cosa. Eso es algo escandaloso. Dios a veces usa cosas oscuras y siniestras para trabajar con nosotros, para llevarnos a otro nivel.
Yo creo que si nosotros no tuviéramos bajo anestesia y miráramos a Dios, a un cirujano con un escalpelo o un bisturí, nos horrorizaríamos. Gracias a Dios por las anestesias. Yo creo que oí a mi hermana, ¿es Rosi que está allí? Rosi es dentista. ¿Cuántos han ido a un dentista y han visto esa aguja acercándose a la encía para meterse en nosotros? Pero en realidad es una intervención misericordiosa pero es siniestra a la vez. A veces Dios trata con nosotros de esa manera. A veces Dios usa una pérdida, un fracaso, un pecado. No es que Dios cause esas cosas, entiéndame, pero Dios los usa y los torna para bendición nuestra. Nosotros a veces simplificamos demasiado a Dios y creemos que Dios solo trabaja a través de intervenciones bonitas. Pero yo creo que Dios es el ser más siniestro que hay. Muchas veces cuando Dios se acerca a ti con amor y misericordia y tu lo miras, su rostro parece violento y agresivo. Pero no, es el Padre amoroso, quitándote un insecto que tienes metido en tu piel queriendo arrancártelo para que tu puedas estar bien. Nosotros somos a veces superficiales en la forma en que medimos el trato de Dios.
Yo sé que estoy detenido en eso. Pero a veces es importante uno entender estas verdades. Porque hay muchos creyentes que al no entender que Dios está siempre tratando con nosotros, y que a veces usa instrumentos siniestros, no se dan cuenta cuando Dios está más cerca de ellos. Y entonces las intervenciones divinas les pasan a cien millas por hora cuando Dios quiere que, mira, lo que yo estoy haciendo. Bendícelo. Dale la bienvenida. Métete más en él para que yo pueda cumplir mi propósito en ti. La mayoría de los cristianos somos tan superficiales que Dios nos está diciendo, “Fíjate lo que yo estoy haciendo,” y no entendemos y nos pasa por encima. Cuando tu entiendes que Dios va a estar comprometido con tu perfeccionamiento y que Él va a usar todos los medios posibles, tu estarás preparado para cooperar con el trato de Dios. Cuando Dios quiera ponerte la cruz sobre tus espaldas, no rehúyas la cruz, dile, Señor, pónmela más encima, acomódamela mejor. Porque muchas veces cuando Dios quiere poner la cruz sobre nosotros huimos de ella. Y Dios quiere que nosotros la tengamos por un tiempecito porque la cruz es una de las cosas más bellas que hay para nuestro trato.
Todo esto recuerden, ¿por qué estoy insistiendo en esto? de nuevo, Dios está trabajando en nuestra vida y no hay sustancia, no hay materia que no pueda ser usada por Dios para algo. Dios toma materiales oscuros, siniestros, feos, y muchas veces los torna en instrumentos para bendición nuestra y para perfeccionamiento de nosotros. No podemos poner nada por encima ni por debajo de Dios. Dios todo lo puede usar en nuestra vida, porque Él está comprometido con tu crecimiento y tu desarrollo. Y por eso es que yo digo, hermanos, que el perfeccionamiento del creyente, el perpetuo viaje hacia la perfección, es el aspecto más importante de la vida cristiana. Está por encima de diezmar, aunque no dejen de diezmar, por favor, eso es importante. [Risas] Está por encima de ser voluntario en la iglesia, está por encima de dar clases en el ministerio de niños. Todo eso es muy bueno, muy necesario. Pero por encima de eso está el que tu seas formado en el carácter de Cristo, porque si el carácter de Cristo es formado en ti por medio de las intervenciones divinas, tu vas a diezmar, tu vas a ser voluntario, tu vas a ayudar a otros, tu vas a discipular, tu vas a hacer todas las cosas porque esa será tu naturaleza y tu actuarás conforme a la naturaleza que Dios está operando e instalando en ti.
Entonces, ese pasaje es acerca de eso y es un pasaje bien complejo, y como les digo, esta mañana alcancé simplemente un par de versículos, la introducción, ni siquiera la introducción a veces podemos llegar. ¿Qué les parece si viajamos un poquito, un paseíto? Tomémonos nuestro tiempo. No hay prisa. Cristo yo creo que todavía le falta un poquito para venir así que vamos a analizar eso un poco más. Lo que Pedro está diciendo en este pasaje es lo siguiente, la vida cristiana no es algo pasivo, religioso, externo, estático. La vida cristiana es dinámica, es progresiva, es un proceso continuo, es activa, involucra todas las facultades del creyente, una por una. ¿Por qué la Biblia usa imágenes como la imagen del soldado, la imagen del atleta, la imagen del agricultor? ¿Por qué la Biblia nos llama a correr con soltura o ligereza la carrera de la fe? ¿Por qué Pablo dice, yo, dejando lo que queda atrás, prosigo al blanco? Porque todas esas imágenes son imágenes dinámicas, son imágenes de cosas que están en proceso, están viajando hacia algo. El agricultor tiene que trabajar duro antes de la cosecha, tiene que limpiar la tierra, tiene que sacar las weeds, la maleza. Tiene que echarle fertilizante, tiene que plantar la semilla, tiene que asegurarse que la semilla respire y que tenga agua, etc. El agricultor trabaja continuamente.
El soldado nunca está tranquilo porque tiene que estar en formación, en entrenamiento. Todas las imágenes con las cuales compara la Biblia al creyente son imágenes dinámicas, imágenes de movimiento porque la vida cristiana es perpetuo movimiento. Yo les he dicho antes, uno de mis pasajes favoritos es ese pasaje que dice, “Porque la senda del justo es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Si tu estás en la voluntad de Dios tiene que ser como la luz de la aurora. La luz de la aurora comienza oscura, mínima y según va pasando la mañana, se va haciendo un poquito más… algunos de nosotros no, nos levantamos a las 8, a las 9 de la mañana, tratamos de evitar la oscuridad de la madrugada. Pero si a usted le gusta levantarse de madrugada, usted aprecia mucho esa luz que va aumentando, aumentando hasta que llega el mediodía y la luz es perfecta. No, es total.
Y la vida cristiana es así, hermanos. Nosotros vamos de la inmadurez y el infantilismo a, se supone, a una brillantez incandescente y deslumbrante que es la imagen de Cristo reflejada a través de nosotros. ¿Por qué Pablo en el pasaje del domingo pasado comparar nuestra vida como la vida de Moisés cuando estaba en la cumbre del monte? Moisés va al monte, contempla algo que ningún otro hombre ha contemplado, la figura divina, la shekinah, la gloria shekinah, y a fuerza de contemplar esa gloria durante 40 días, esa gloria se traspasa a él y ahora él brilla con la gloria divina. Y cuando él baja al pueblo su rostro está brillando como… me imagino que en versión menor, como brillaba la faz de Dios en la presencia de Dios. Y Pablo usa esa imagen y dice, así nosotros tenemos que hacer, contemplando sin velo, sin intermisión alguna, sin que nada intervenga e interrumpa la gloria de Dios. Tenemos que contemplarla de manera que esa gloria se traspase a nosotros y nosotros podamos brillar de la misma manera, mirando cara a cara el rostro de Cristo Jesús, vamos de gloria en gloria. Me gusta ese coro que dice, “De gloria en gloria te veo, cuanto más te conozco quiero tener más de ti,” o algo así. Quiero ser más como tu, ver la vida como tu, etc.
Hermanos, Dios nos llama a contemplar la gloria de Cristo a través de intimidad con Él. ¿Cómo contemplamos la gloria de Cristo? Teniendo intimidad, adorándolo, leyendo su palabra, imaginándonoslo, viendo sus intervenciones en los Evangelios, mirando esa personalidad, ese carácter y dejando que ese carácter se traspase a nosotros. Por eso es que es tan importante leer la palabra, porque la palabra de Dios cuando nosotros la contemplamos, la observamos, la meditamos, ella va traspasándose a nosotros. Ella es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos. Y cuando la contemplamos ella comienza a inyectarnos su temperamento, su energía y entonces, comenzamos a ser como ella. No hay nada más hermoso que contemplar el rostro de Jesús porque al nosotros verlo en sus intervenciones, en la Biblia, sanando al paralítico, no dejando que esa mujer con el flujo de sangre se vaya solitaria habiéndole robado unción. Uno ve a Cristo, por ejemplo, en ese momento cuando la mujer lo toca por detrás y Él siente que hay una descarga de poder, y Él dice, “¿Quién me tocó?” Y ella asustada, porque se siente que le robó fuerzas sin permiso, Él escucha su relato y le dice, “Tu fe te ha salvado, hija, vete en paz.” Él la despide en paz. Cuando yo veo eso digo, ¡guau! Qué importante es ser misericordioso como el Señor. Si vamos a ser pastores, seamos misericordiosos, seamos amorosos con la gente necesitada. No lo tratemos como sirvientes. Los pastores no se sirven de sus ovejas, los pastores aman a sus ovejas, no las trasquilan. Y así tenemos que ser.
Cuando yo veo eso yo digo, ¡guau! He aquí una faceta de la personalidad de Cristo, yo quiero eso más mi vida, aunque no lo alcance perfectamente. Y nosotros entonces tenemos que contemplar el rostro de Jesús como Moisés la gloria de Dios, y dejar que la personalidad de Cristo se traspase a nosotros y se haga parte de nosotros. Y la vida cristiana es un perpetuo proceso de contemplación de Cristo. Los monjes, los monásticos, los místicos de la iglesia a través de los siglos han entendido eso, que la contemplación es un proceso importante, porque uno debe fijar su rostro en los diferentes aspectos de la personalidad divina y de Cristo y dejar que eso se traspase a nosotros, a nuestro carácter. Y eso es lo que Dios quiere de ti, por eso es importante que tu vivas tu vida en continua meditación, continua alabanza y adoración, continua oración para que poco a poco la personalidad divina se vaya traspasando a ti y tu vengas a ser como Jesús.
Y eso es lo que Pablo está… Sé que estoy dando vueltas alrededor del mismo tema, pero es importante eso. La vida cristiana es un proceso continuo de contemplación de Cristo para que el poder de Cristo se traspase a nuestra mente. La vida cristiana es movimiento, es dinamismo, es progresión hacia el blanco, hacia la meta. Qué diferente a una persona que viene el domingo simplemente ahí para que le digan algo y se va su casa igualito que cuando entró. Es algo diferente. Mire cómo dice Primera de Timoteo 6:11, como digo, vamos a tomarnos tiempo, vamos a viajar suavemente, vamos a tomarnos tiempo para disfrutar del paseo. Primera de Timoteo 6:11. Dice, “Más tu, oh hombre de Dios, - o mujer de Dios – huye de estas cosas…” Esa es una palabra que vamos a volver a ver en el pasaje que estamos meditando “huir de”. “…huye de estas cosas y sigue la justicia.” Miren aquí de nuevo otra lista de virtudes. “Sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre,” eso es lo que yo estoy tratando de enfocar con ustedes: la lista de virtudes. La vida cristiana es un añadir continuamente componentes. Hay una imagen que quiero usar péro no quiero adelantarme acerca de eso, de añadir. Dice, “Pelea la buena batalla,” noten todos los verbos en esta lista. Dice, “…huye, sigue la justicia, pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna a la cual asimismo fuiste llamado.”
Entonces, la vida cristiana es dinámica, es un esfuerzo continuo, pero es un esfuerzo que no desgasta, esa es la cosa. El esfuerzo del creyente no debe ser compulsivo ni neurótico. Hay gente que tratan de ser santos y se estrujan y se deforman y lo hacen farisaicamente y neuróticamente y entonces, viven siempre sintiéndose culpables, inadecuados. Hermanos, el esfuerzo del creyente debe ser algo deleitoso. Es como un corredor, los corredores hay algo que se llama, no recuerdo ahora el nombre, pero un high, es como una euforia que tienen los corredores a larga distancia. Es una euforia que les da cuando están… que es endorfinas que son producidas por el cuerpo y los corredores a larga distancia experimentan como un sentido de bienestar aún mientras están cansados. Ese bienestar viene de esa endorfina que se suelta cuando están corriendo. Y es interesante que así debe ser el esfuerzo cristiano. No es un esfuerzo como el de Marta, que el Señor le dice, “Marta, Marta, afanada y ocupada estás con muchas cosas.” Es un esfuerzo deleitoso. Es un esfuerzo que sabemos que no es posible que yo fracase el examen porque ya Dios me dio una A a través de Cristo Jesús.
Si tu sabes que tu tienes una A automática, que cuando tu tomes el examen te vas a reír de él porque tu sabes que no puedes fracasar. Ya Dios te dio una A. ¿Cómo nos dio una A? A través de Cristo Jesús. Ya tu pasaste el examen. Ya Cristo lo pasó por ti inclusive. Entonces, aún mientras te esfuerzas por dar fruto, no lo hagas con temor, no lo hagas con miedo. El diablo va a querer llenarte de temor y va a querer agotarte en el camino. Pero lo que tu tienes que hacer es, como dice Juan Luis Guerra, reírte. Dios se encarga del diablo y si en el camino tu tienes alguna prueba sigue para adelante, no te preocupes, el Señor envía avispas para atormentarlo. Si en la carrera, si a veces tiene un tropezón en la carrera, ponte de pie, límpiate la rodilla, remiéndate el pantalón y sigue para adelante, porque ya Dios está contento contigo. ¿Qué dice Salomón en Eclesiastés? Dice, “Nunca falta vestido blanco sobre ti ni aceite sobre tu cabeza porque ya Dios aprueba de tus obras.” Ese otro tema también. ¿Cómo experimentar gozo en medio de la jornada? ¿Cómo proceder en la carrera cristiana con gozo y paz? ¿Cómo esforzarnos sin desgastarnos? Es porque sabemos que ya el Señor completó todo. No es por obras, es por gracia. Ahora eso no quiere decir que tu no te esfuerces, pero tu esfuerzo debe ser sin agonía. Dios no quiere que nosotros vivamos en agonía. Dios quiere que vivamos ejercitándonos pero con soltura, relajados, porque mientras más tensos estamos, menos podemos dar al Señor.
La mujer si está tensa no da a luz, tiene que relajarse. Yo no sé de eso, pero me dicen que es así. [Risas] Mientras más tenso uno está muchas veces menos produce. Un artista que está tenso puede equivocarse y errar la nota. Pero si se relaja porque ha practicado lo suficiente y está contento con su performance, entonces, da soltura a la inspiración y puede fluir porque no tiene que pensar en la mecánica. Eso pasa con la vida cristiana. Dios quiere que nos esforcemos, que trabajemos duro, que vayamos hacia la piedad, hacia el amor, hacia la paciencia, pero sabiendo que el Señor sabe a dónde vamos a llegar y Él está tranquilo. Y yo he descubierto que muchas veces mientras más nos relajamos más hacemos. Y es importante que entendamos esto. Pero de nuevo, que no se pierda de nuestra mente esta idea, la vida cristiana es una vida de trabajo, de esfuerzo en el Señor, esfuerzo que sabe que ya Dios está contento con nosotros y con nuestra obra. La mejor imagen de lo que es esa vida cristiana la encontramos en Romanos 12:1 dice que sometamos nuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios para que podamos confirmar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
¿Cómo se supone que vivamos la vida cristiana? Como un sacrificio vivo. Cuando tu entras a la vida cristiana, se supone que tu te hagas como un sacrificio sobre el altar del Antiguo Testamento friéndote exquisitamente poco a poco, y tu olor deleitando el olfato divino en su templo. Ofrenda de olor suave, ¿saben lo que quiere decir eso? Es la grosura del animal mientras se consume. De paso, qué bueno es un bistec cuando se está cociendo en la leña. ¿Y sabe lo que hace tan sabroso el olor de un bistec? Es la grasa. Y es interesante que para los hebreos eso era lo que Dios… Dios aspiraba a la grosura del animal. Esa grasa humana consumiéndose en el fuego del perfeccionamiento es la cosa más exquisita para el olfato divino. Nosotros debemos ser como un sacrificio, postrado sobre el altar, como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Dice Pablo que eso es lo que constituye nuestra verdadera adoración. Dios te llama a ese proceso de añadir virtudes, añadir nuevas facetas a tu vida. “Vayamos adelante hacia la perfección,” dice Hebreos 6:1. Tenemos que ir hacia adelante.
Entonces, con estas meditaciones sobre consagración, quiero destruir, deshacer la imagen del cristiano como algo pasivo, algo mediocre, algo religioso. La vida cristiana como algo cómodo, estático. Dios quiere formar una iglesia de gente consagrada, no dominguera. Nuestro deseo para León de Judá es que cada creyente que se identifica con esta familia que es León de Judá, sea un hombre o una mujer en perpetuo trato por el Espíritu Santo, gente en preparación, gente en construcción, gente hambrienta del trato de Dios en sus vidas, gente activa, no gente pasiva. ¿Cuántos les gustaría hacer eso en sus vidas? Quiera el Señor formar en nosotros… Yo estoy profetizando estas palabras sobre este pueblo, una comunidad que traiga agrado al Señor porque se están consumiendo como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Y esto es lo que queremos lograr. Dios quiere formar una iglesia, como digo, de gente entregada en perpetuo estado de formación. La diferencia entre cristianos religiosos e inefectivos que Pablo ya trazó el domingo pasado cuando leímos ese pasaje, la diferencia entre un cristiano aplatanado y un cristiano en proceso y lleno del Espíritu Santo, lo hace esa idea del creyente como alguien activamente involucrado en el proceso de su santificación, cooperando activamente con Dios para despojarse de la vieja naturaleza y asumir la naturaleza divina. Se trata de un proceso de continua muerte, continuo ejercicio, continuo trato, continuo aprendizaje y entrenamiento, continuo perfeccionamiento. No hay tregua, no hay descanso, no hay límites ni barreras para Dios.
Y de nuevo, repito que no se trata de un esfuerzo neurótico que nos desgasta, es un esfuerzo exquisito que más bien no trae gozo y nos fortalece. Hay un pasaje que dice que la unción de Dios, o algo así, no empobrece, sino que enriquece. La bendición de Dios, algo por el estilo. Y eso es lo que nosotros… Cuando Dios está tratando contigo tu no te debilitas, al contrario, tu te fortaleces. Tu te esfuerzas y no te cansas y eso es lo que Dios quiere. Lo vemos claramente en este pasaje de Segunda de Pedro. Vamos a entrar en él un poquito ahora. Segunda de Pedro, capítulo 1, mire la primera expresión. “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido confiadas, nos han sido dadas, por su divino poder…” Deténgase un momento en eso. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas. Dios nos ha dado unas revelaciones y unos tesoros maravillosos. Nos ha dado a los creyentes acceso a principios y verdades altas y sublimes. Nos ha abierto un mundo de energías excelsas. Nos ha confiado los misterios del universo y del mundo del espíritu. Eso debe ser un acicate, un estímulo hacia la perfección. El hecho de que Dios a nosotros, los hijos suyos, nos ha confiado cosas que ni los ángeles siquiera tienen acceso a ellas. Tu eres el portador de verdades y revelaciones por medio de tu fe en Cristo y de tu relación con Dios que nadie más, ni los sabios de este mundo, ni los científicos, ni los intelectuales de este mundo tienen. Tu puedes ser una persona que nunca fue a la escuela y ser partícipe de verdades que los profesores de universidad y los intelectuales de este mundo no conocen a menos que no conozcan a Dios.
Y entender eso debe ser algo que nos traiga gozo. Por eso es que dice, “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido confiadas,” en otras palabras, como Dios nos ha dado tantas cosas maravillosas, debemos comportarnos de cierta manera, debemos ser vigilantes. Dios nos ha dado a los creyentes acceso a todas estas cosas. Mire, vaya a Primera de Corintios, capítulo 2, versículos del 6 al 10. Dice, “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez, y sabiduría no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo que perecen, más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció, porque si la hubieran conocido nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito, cosas que ojo no vio ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre son las que Dios ha preparado para los que le aman.” Y Pablo se ufana, dice, “Pero Dios nos la reveló a nosotros por el espíritu porque el espíritu todo lo escudriña aún lo profundo de Dios.”
Mis hermanos, recordemos eso que nosotros tenemos derecho a escudriñar aún lo profundo de Dios. Dios nos ha dado acceso a las intimidades de su personalidad y eso Él no se lo concede a los sabios de este siglo. Por eso es que no podemos dejarnos impresionar mucho por la gente con una alcurnia, un pedigrí académico, gloria a Dios qué bueno que lo ganaron, pero ¿sabe qué? Que nosotros tenemos cosas mejores que esa. El más humilde del Reino de Dios puede instruir a muchos de los sabios de este mundo. ¿Recuerdan ustedes a Priscila y Aquila? Cuando Apolos se convirtió… Apolos era un gran erudito, era un griego que conocía idiomas, conocía filosofía y Apolos era un bebé en Cristo, estaba comenzando pero era un hombre que tenía una destreza tremenda. Y él comenzó a predicar enseguida y Dios lo comenzó a usar. Y Apolos, sin embargo, había muchas cosas que le faltaban. Aquila y Priscila eran unos meros artesanos de tienda de campaña, pero tenían experiencia en los misterios del Evangelio. Y dice que cuando ellos oyeron a Apolos dijeron, “Uhm, a este muchacho le falta algo.” Ellos pudieron discernir a Apolos había componentes que no tenía, a pesar de todo su conocimiento. Y dice que lo llamaron aparte y le revelaron un poco mejor la revelación de Dios. Y entonces, Apolos llegó a ser un gran, gran líder, un gran siervo de Dios, casi compitiendo con Pablo en su destreza ministerial.
Porque la persona más humilde, si se dedica a conocer la palabra de Dios, y se entrega a Cristo puede llegar a adquirir una sabiduría que nadie más del mundo tiene. Eso es lo bello del Evangelio. La persona más humilde puede conocer más a Cristo que la persona más alta, pero altanera y que no conoce la revelación de Dios. Y eso es lo que Pablo dice, como todas estas cosas nos han sido reveladas a nosotros, estos misterios, no desperdiciemos este llamado de Dios. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Yo lo voy a dejar allí. Me voy a mantener donde me quedé esta mañana. Hermanos, para resumir Dios quiere hombres y mujeres atléticos, comprometidos a una vida de crecimiento, hambrientos por la revelación de Dios, queriendo conocer más de Dios, no contentos con las cimas del pasado, sino yendo hacia la próxima etapa de sus vidas.
Ustedes verán en este pasaje que Pablo dice, “añadid a la fe piedad, a la piedad contentamiento, al contentamiento esto, lo otro, amor fraternal, amor,” esas listas de la palabra me encantan. Llamados a desarrollar nuevas virtudes. Hijo de Dios, Congregación León de Judá, Dios quiere que tu lo conozcas como quizás nadie lo conoció. Dios quiere que tu digas, mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de la casa de Dios? Si tu tienes hambre de Dios, Dios te va a llenar. Si tu tienes sed de Dios, Dios te va a dar agua viva. Si tu quieres conocer a Cristo, Él te va a tomar en serio y Él te va a tratar, te va traer a su taller, el taller del Maestro y va a tener tratos y amores contigo. Pero tienes que desearlo. Abandona esa idea del Evangelio como una cuestión religiosa, que tu vienes aquí… No, no, no, es una actividad dinámica con Cristo Jesús. Él quiere que tu lo veas, quiere revelarse a ti en el monte, allá arriba. Solamente un puñado de sus discípulos vio a Cristo en toda su gloria, en la cima. Dice que allí Dios lo desvistió de su naturaleza humana y dice que su rostro resplandeció y lo vieron tal y cómo Él es. Y eso es lo que Dios quiere para ti y para mí.
No le tengas miedo al proceso de la perfección pero anhélalo y con temor y temblor dile, Padre, yo quiero conocerte en tus padecimientos y en tu resurrección y en tu poder porque no podemos conocer a Cristo solamente en su resurrección, tenemos que conocerlo en su muerte también. Y eso quiere decir tratos que Dios va a tener contigo. Pero no hay nada más glorioso que eso. No le temas al trato de Dios. Congregación León de Judá Dios te llama a intimidad con Él, Dios te llama a adoptar la vida cristiana como una gran aventura. Baja tu cabeza ahora mismo, vamos a pedirle al Señor que nos revele lo que esto quiere decir. Quiero conocerte, Señor. Quiero tenerte y que tu tengas más de mí. Quiero que tu me inundes y me anonades y me deshagas y me abrumes y me sumerjas en tus aguas hasta que no se vea nada de mí. Queremos que tu tomes este pueblo, Señor, y trates con nosotros. No nos dejes yermos. No nos dejes estériles, queremos dar a luz la figura de Cristo en nuestras vidas. Queremos ir de la imperfección a una creciente perfección. Trata con este pueblo. Mira los corazones de todos aquellos que quieren más de ti ahora mismo. Mírame a mí. Tenemos hambre de ti y queremos reflejar la gloria de Jesús en nuestras vidas, y queremos añadir virtud, y virtudes a nuestra colección. Que tu nombre sea glorificado en este pueblo, Padre, que tu te agrades de nuestra agonía, nuestra exquisita agonía. Te amamos, amamos tu presencia, amamos tu intimidad, amamos tus misterios, amamos la figura de Cristo y queremos más de Él. Que así sea, Padre. Haz de esta iglesia algo ejemplar para gloria exclusiva tuya. No dejes de tratar con nosotros. Te invitamos a intervenir quirúrgicamente en cada uno de nosotros. Te entregamos nuestro ser. Obra Señor. Y gracias por tomarnos en serio en el nombre de Jesús. Amén y amén. Dios les bendiga.