Viajando hacia la perfección 2

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: En este mensaje, el pastor habla sobre la importancia de ser partícipes de la naturaleza divina y tener comunión íntima con Dios. Basado en 2da de Pedro, Capítulo 1, el pastor destaca que todas las cosas sublimes y espirituales nos han sido dadas por el divino poder de Dios. El conocimiento de Cristo es fundamental para ser como Él y ser partícipes de la naturaleza divina. El objetivo final de Dios para nuestra vida es perfeccionarnos y hacernos más como Él, formando en nosotros el carácter de Cristo. Debemos cooperar con este proceso y estar conscientes de lo que Dios quiere hacer en nosotros para que nuestra vida sea un perpetuo desear ser más como Cristo.

El propósito de Dios para nuestra vida es que seamos como Él y que adquiramos las cualidades que Él tiene para que reflejemos su gloria. Dios quiere perfeccionarnos, trabajando en nosotros y quitando todo lo que no es suyo. Debemos estar conscientes de lo que Dios quiere hacer en nosotros y estar deseosos de cooperar con Él en este proceso. Dios trata a aquellos que Él quiere usar y los pone a prueba para que crezcan. Debemos huir de la corrupción que hay en el mundo y resistir las tentaciones y pasiones que nos atraen. La vida cristiana requiere esfuerzo y resistencia, y debemos pelear la buena batalla contra la carne.

En este sermón, se habla sobre la importancia de huir de la corrupción en el mundo y añadir virtudes a nuestra vida. Dios nos llama a despojarnos de todo lo que nos aleja de Él y a añadir cosas nuevas a nuestra colección de virtudes. Debemos pedirle al Espíritu Santo que nos ilumine acerca de qué virtudes necesitamos añadir y trabajar en despojarnos de las cosas que nos impiden

Segunda de Pedro, Capítulo 1. Yo quiero continuar con esta serie de mensajes, que se tornó en una serie de mensajes --no estaba intencionado así-- acerca de ser partícipes de la naturaleza divina, ser participantes, tener comunión íntima con la naturaleza de Dios, su carácter, su forma de ser. Convertirnos en reflexión, un reflejo de la gloria y la personalidad divina y cómo Dios nos llama a añadir diferentes cualidades a nuestra vida, de las cualidades que caracterizan el carácter de Dios. Segunda de Pedro, Capítulo 1, vamos a comenzar con el versículo 3. El apóstol Pablo y, de nuevo alguna de las cosas las voy a repetir un poquito, pero voy a hacer como hilvanando, repito un poquito, voy hacia adelante, hacia adelante. Yo le he preguntado a mis hermanos si ellos sienten que vale la pena este tipo de reflexión, detenida, detallada, minuciosa. Y me dicen que sí, así que yo, pues, no quiero estar dando nada que ustedes no aprecien en última instancia. Si ustedes sienten que es del Señor, lo hago y por eso estoy insistiendo en estas cosas.

Versículo 3 dice, "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, nos han sido dadas." Recuerden lo que les decía, que Pablo, como que usa una forma muy elaborada de hilvanar sus pensamientos, era un hombre de pensamiento complejo. A veces las introducciones de Pablo son más importantes que la misma parte, que supuestamente, es la más importante. "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, nos han sido dadas por su divino poder mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegásemos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia."

Cinco cosas dice él aquí antes de llegar a lo que él, supuestamente, quiere decir. Pero esa parte introductoria es tan importante como la parte que sigue. “Como consecuencia de todas estas cosas, que yo estoy elaborando al inicio,” ustedes también, Congregación León de Judá, tú y yo, “vosotros también poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe, virtud; y a la virtud añadid conocimiento; al conocimiento añadid dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor." Y mire por qué todas estas cosas son tan importantes, al final dice, "Porque si estas cosas están en vosotros y abundan", eso es una cualificación muy importante, "Si están en ustedes y están en gran medida, no los dejarán estar ociosos". Es decir, no ser haraganes, estar sin trabajar, sin esforzarse. "No los dejarán estar ociosos ni sin fruto, en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta,” hay cristianos que tienen la vista muy corta, no tienen estas cosas y creen que ya lo han cumplido todo. Y dice, “no, no, si no lo tienes, “…tienes la vista muy corta. Es ciego habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” Y esta es la advertencia y el llamado a nosotros. “Por lo cual hermanos, tanto más procurad.” Digan todos procurad, procurad. Procurar quiere decir esforzarse, trabajar duro “…para hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el Reino de nuestro Señor Jesucristo, el salvador.” Amén.

Cuántos quieren entrar al Reino de Dios ampliamente, generosamente, en vez de entrar cuando ya las puertas se están cerrando, raspando allí para meterse, porque apenas, oliendo a humo. Queremos entrar con una bienvenida, “Ven, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré.” Nosotros queremos, cuando entremos al Reino de Dios, recibir una bienvenida amplia, porque trabajamos duro, nos esforzamos aquí en la tierra, y eso es lo que Pablo está diciendo. El domingo pasado yo hablé acerca de este llamado de Dios a una vida cristiana enérgica, esforzada, donde estamos siempre adquiriendo nuevas destrezas, aprendiendo mejor las cosas de Dios, pareciéndonos más a Cristo, siendo más purificados, más perfeccionados. Esa imagen de Pablo, del creyente como un sacrificio vivo, ardiendo continuamente encima del altar de Dios y trayendo gozo al Señor. Porque estamos siempre siendo consumidos poco a poco, todo lo excesivo, todo lo carnal, todo lo material, todo lo humana, meramente humana está siendo quemado por Dios. Somos como una víctima en el sacrificio, nuestra humanidad siendo diluida y apretada. Porque estamos siendo tratados por el Espíritu Santo, crucificados, probados como el oro, siendo llevados a una postura más alta en Dios.

La palabra de Dios nos llama a la perfección, hermanos, no nos llama simplemente a hacer, hacer, hacer. Nos llama a ser, ser, ser, ser más como Cristo. Y nosotros tenemos que vivir nuestra vida así, deseosos de ser más como Cristo. Y la única manera de ser como Cristo es cuando Dios nos trata, nos trabaja, nos prueba, nos crucifica. La vida de un cristiano es la vida de un héroe, una heroína siendo esforzado, corriendo la carrera de la fe, yendo cada vez más y más hacia la meta. La diferencia entre cristianos religiosos e ineficaces y aquellos que están llenos del Espíritu Santo, es esa, reside en esa idea del creyente como activamente involucrado en el proceso de su propia santificación, cooperando activamente con Dios, para despojarse de la vieja naturaleza a fin de participar en la naturaleza divina. Eso es lo que dice Pedro, para que seáis participantes, partícipes de la naturaleza divina. En la vida de un hombre, una mujer entregada al Señor, no hay descanso, no hay límites, no hay barreras con respecto a lo que Dios quiere y necesita realizar en nosotros.

Eso es lo que yo veía, esta tarde, viéndolos a ustedes adorar al Señor con tanta pasión y viendo este pueblo que Dios está formando en diferentes maneras. Ustedes son un pueblo que están sobre la mesa del sacrificio. León de Judá podría, quizás, hasta mira, acostarse sobre sus laureles y decir, “mira, ya hemos hecho bastante. Tenemos muchos programas, que servimos al Señor, tenemos una planta física ejemplar, tenemos gente que trabaja, tenemos una buena reputación en la comunidad.” Pero Dios nos libre, hay mucho más que lograr, todavía. Tenemos que estar inquietos, Señor ¿qué más tú quieres de nosotros, cómo podemos ser más efectivos, qué cosas podemos despojarnos de ellas para que tú nos uses más, cómo te podemos adorar con más efectividad, cómo podemos agradarte como pueblo? Dios quiere un pueblo que lo adore y le sirva, Dios quiere un pueblo que le traiga deleite a su corazón. Dios está cansado de un pueblo haragán, cómodo, conforme. Dios quiere pasión y eso es lo que Dios quiere formar en nosotros. Mi deseo, como pastor, es que Dios me trate a mí primero, me crucifique, y lo digo con temor y temblor, y Él lo está haciendo y lo ha hecho. Y que nos lleve a todos nosotros a ese mismo proceso. El trato con el Señor, nos haga más como Cristo, acerque más a su destino, que Él tiene, para nosotros. Y si nosotros se lo pedimos, veremos que Él lo hace.

Yo mencionaba, el domingo pasado, acerca de esta idea de que como todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos ha sido dado, y decía que es importante que nosotros entendamos. Dios nos ha dado tantas cosas excelsas, sublimes como su pueblo, tantas revelaciones, tanta sabiduría, acceso a ella, tantos tesoros celestiales. Dice que aún los ángeles anhelan mirar sobre ellos. Nos ha dado cosas que los ángeles mismos no pueden gustar, que no gustaron los grandes profetas del Antiguo Testamento, porque ellos nos sirvieron la mesa, pero no comieron de ella. Como Moisés se quedaron en la cima, viendo la Tierra Prometida pero no podían entrar a ella. Nosotros hemos entrado, al entrar en la realidad de Cristo. Las cosas que para los antiguos eran símbolos como el lugar santísimo, la mesa de la proposición, el candelabro, la mesa del incienso. Todas estas cosas, para nosotros son una realidad. El lugar santísimo que era, para ellos, algo que solamente sumos sacerdotes podían entrar una sola vez al año, ahora nosotros entramos cuando nos da la gana.

Y Dios nos dice acercaos confiadamente al trono de la gracia. Nosotros podemos acercarnos al lugar santísimo, ¿por qué? Porque ya Cristo nos ha purificado, mediante su purificación ahora, lo que para los antiguos era algo lejano y simbólico, para nosotros es una realidad. Entonces, estos hombres y mujeres de la antigüedad vieron estas cosas pero no las entendían. Dios nos las ha dado a nosotros para que las disfrutemos. Eso debe provocar en nosotros un sentido de asombro y un deseo grande de agradar al Señor y eso es lo que Pablo está diciendo, como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, todas las cosas sublimes y espirituales, todas las revelaciones de Dios, los misterios de Dios, nos han sido dados, entonces, tenemos que vivir una vida de anhelo.

Nos han sido dadas, dice, por su divino poder. Eso es importante, ¿lo ve ahí? Nos han sido dadas por su divino poder, y eso es importante, que nos detengamos allí, porque es el poder, la gracia de Dios la que nos da estas cosas a nosotros. Usted no puede ser más santo, más agradable, más humilde, simplemente usted, por su propio esfuerzo. Es el Espíritu Santo que nos imparte estas cosas y por eso es que nosotros tenemos que entender que necesitamos más del Espíritu Santo en nosotros. Tenemos que buscar más comunión con Dios, para que Dios nos imparta más de estas cosas. Nosotros tenemos que vivir siempre con gran humildad, lo que tú tienes Dios te lo ha dado, tú no te lo deparas. Si hay algo digno de admiración, algo digno de alabanza es porque lo ha puesto en ti. Y nosotros tenemos que siempre vivir la vida humildemente, sabiendo que toda cosa buena, toda dádiva, todo don perfecto, viene del Padre de las Luces, no de nosotros. Entonces, si tú quieres ser como Dios, si tú quieres ser como Cristo, tú tienes que ser siempre humilde y agradecido. Porque no hay nada que tú tengas que sea tuyo, todo es Dios quien te lo da. Nos han sido dadas por su divino poder.

Entonces Pablo añade, "Por el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia". Por conocimiento de aquel que nos llamó por medio de su gloria y excelencia. Ahí hay que detenerse en eso, "por el conocimiento de aquel", ¿quién es aquel? Bueno, es Dios y también es sobre todo Jesucristo. Esto se refiere al Señor donde todo comienza. La vida cristiana es una vida de relación con Cristo, no como un sistema, no como una iglesia, no como una religión. Nada de eso es lo que nos da la naturaleza divina, es una relación de intimidad con Cristo, es estar tan cerca de Jesús que la naturaleza de Cristo se transmite a nosotros. Recuerden esa imagen de Moisés mirando la gloria de Dios y la gloria de Dios transmitiéndose a Él de manera que su propio rostro brillaba, porque él tenía esa comunión. Aquel que nos llamó, el conocimiento de Cristo nos hace como Cristo.

La vida cristiana es algo vivo, no es una mera adherencia religiosa, es un proceso, se trata de una relación con Jesucristo y el Espíritu Santo. Se trata de conocer y estar en una relación dinámica e íntima con Jesús quien nos imparte su personalidad y nos trata directamente. Nuestro deseo debe ser conocer a Cristo en todas las dimensiones su vida. Pablo dice, “Yo quiero conocer a Jesús en su resurrección y en su muerte, en sus padecimientos y en su gloria.” No solamente un aspecto, sino todos los aspectos de Jesús. Y, entonces, estas cosas, “Mediante el conocimiento de él por su gloria excelencia, por medio de las cuales no nos ha dado preciosas y grandísimas promesas.”

Dios nos ha dado cosas hermosas, no voy a insistir en eso, creo que lo mencioné la última vez. Pero aquí está la parte central de todo esto, dice, "Para que todas estas cosas que hemos recibido, la intimidad con Cristo, las revelaciones grandes, es para que por medio de esas cosas seamos partícipes de la naturaleza divina", versículo 4. Para que por medio de esas cosas seamos participantes de la naturaleza divina. Sabes tú que Dios quiere que tú tengas intimidad con la naturaleza divina y que tú seas parte de la naturaleza divina y que la naturaleza divina sea tuya, también. Dios nos llama a ser como Dios. ¿Qué dice la Biblia? “Sed santos como yo soy santo,” tenemos que imitar al Padre. Entonces esa idea de ser participantes, la palabra es Koinonía, que tengamos koinonía con la naturaleza divina. Koinonía quiere decir tener intimidad, comunión, íntima relación con la naturaleza de Dios.

El objetivo final que Dios tiene para nuestra vida es que seamos como Él, que agreguemos a nuestra personalidad y a nuestro perfil espiritual las cualidades que Dios mismo tiene, y que si las adquirimos nos harán partícipe de su propia belleza y santidad, de su carácter. El deseo de Dios es perfeccionarnos, hermanos. No es que trabajemos más, no es que evangelicemos más, no es que demos más dinero, no es que vengamos a la iglesia más a menudo, es que nosotros lleguemos a ser más como Él y como Cristo, porque si somos así querremos diezmar, querremos venir al iglesia, querremos servir, querremos entregar más de nuestra vida a Él, si somos como Dios. Entonces Dios quiere perfeccionarnos, trabajar en nosotros, pulirnos, crucificarnos, adelgazarnos para que seamos más como Él y reflejemos su gloria. Dios quiere formar el carácter de Cristo en nosotros, Él quiere hacernos más espirituales, menos carnales, de naturaleza más angelical, por así decirlo. Ese es el propósito número uno de Dios en nuestra vida. Nosotros debemos cooperar con esto, estar tan conscientes de lo que Dios quiere hacer en nosotros, que nuestra vida sea un perpetuo desear más, desear ser más como Cristo.

Eso quiere decir que nuestra vida tiene que estar dedicada a eso, es como un atleta tratando de afeitar segundos de su desempeño. Un atleta olímpico, un nadador, por ejemplo, funciona en términos de segundos, no en minutos, porque casi todos los atletas olímpicos, digamos nadadores o corredores, pueden alcanzar segundos de perfección, pero a veces es un milésimo de segundo. Hoy en día, las carreras se miden con unos cronómetros, son tan precisos, porque los atletas se han desarrollado tanto, en las últimas décadas, que su desempeño es increíble. Entonces una carrera se gana por milésimas de segundo, décimas de segundo y así somos nosotros. Nosotros tenemos que, cada día, estar perdiendo menos peso carnal para hacer más como Cristo. Sabe usted, por ejemplo, los nadadores olímpicos se afeitan todo el cuerpo. Mire a los nadadores olímpicos, no tienen ni un pelito en el cuerpo, ¿por qué? Porque ellos se afeitan para que ni siquiera el pelo de su cuerpo les robé velocidad, porque esos pelos en su cuerpo, cuando están en el agua, roban un milésimo de segundo. Así que ellos quieren quitar todo obstáculo de su cuerpo para poder nadar más rápido.

¿Qué les parece eso? Y así debemos ser nosotros, ¿cuántas cosas nosotros arrastramos en nuestra vida? Esos defectos de carácter, esas cosas, hermanos. El propósito de Dios es que a través de nuestra vida, nosotros vayamos adelgazando, perdiendo peso, quitándonos todo lo que parezca animal en nosotros, y siendo más como Cristo. Y nosotros tenemos que tener como ese apetito de perfección, nunca lo adquiriremos completamente, pero tenemos que estar conscientes de aquellas cosas que tenemos que estarle entregando al Señor, y estar deseosos de hacerlo. Decir como David, "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y conoce mis pensamientos y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno." ¿Cuántos de nosotros estamos anhelosos de que Dios nos examiné? Brille su luz sobre nosotros. Como una mujer cuando se está maquillando, si no me equivoco, las mujeres hasta usan espejos de magnificación. No tienen que levantar las manos, hermanas, ¿cuántas? Es más, hoy en día hacen espejos que tienen bombillos alrededor, ¿sí o no? Dígame, admítalo, ¿verdad que sí? ¿Por qué? Cuando ellas se están maquillando, ellas quieren asegurarse de que todo está bien. Quieren verse exactamente con toda la magnificación y toda la iluminación posible. Y así debemos ser nosotros, también.

Cuando estamos en el espejo de Dios, tenemos que ponerle bombillas por todos lados y decirle Señor examíname. Porque muchos de nosotros tenemos cosas que ni siquiera nos damos cuenta, tenemos una hoja en medio de los dientes y estamos riéndonos como si no tuvieran nada. Date cuenta, esa viga que está en tu ojo, sácala. Tenemos que pedirle al Señor, Señor adelgázame, Señor quita todo lo que no sea tuyo, examíname, pruébame. Dios va a estar trabajando en tu vida, si Él te ama, Él va a estar trabajando en tu vida hasta que te mueras, quitándote cosas, y ya cuando te mueres, entonces, Él completa la obra. Ya estás totalmente desencadenado.

Mientras estamos aquí, en la tierra, tenemos que estar ansiosos de que Dios nos pula y qué triste es que hay muchos cristianos que no entienden eso y creen que, simplemente haciendo unas cositas aquí y allí, ya, engañaron a Dios. Le dan a Dios el ala para comerse la pechuga, ellos. Le damos al Señor un poquito y decimos, ya, tienes suficiente. No, pero Dios dice, “No, no, no yo quiero ese corazón tuyo, no me des un dedo, no me des una orejita, no. Yo quiero el corazón, quiero las entrañas tuyas, te voy a cortar hasta la médula misma.” Y tenemos que ser deseosos así, no seamos como niños, hermanos. Yo creo que el problema más grande de la iglesia es que la gente, los creyentes, tenemos una idea muy pobre de lo que Dios quiere alcanzar a través de nosotros. No, Dios quiere quitar todas las imperfecciones, yo quiero que seas un mejor padre, una mejor madre, que tú seas una mentora de jóvenes, que tú seas un maestro, que tu tengas conocimiento de las profundidades.

¿Sabes lo que yo le pido al Señor? Padre llévame hasta los cimientos de tu Reino, yo quiero ver el basement de tu casa, yo quiero ver las vigas que no se ven, yo quiero conocerte en lo íntimo. Y creo que cuando tú le pides así, estás pidiéndole algo terrible. Si tú le pides al Señor que te muestre su rostro, eso cuesta mucho. Y Dios te va a mostrar, así va a coger el espejo con una luz de esas, esos focos, y te va mostrar todas tus impurezas, si tú le pides al Señor que tú quieres conocerlo. Y por eso mucha gente no se lo pide, pero nosotros tenemos que decirle, "Señor, si cuesta, yo con temor y temblor te pido enséñame." Porque Dios quiere perfeccionarnos, Él quiere formarnos, Él quiere hacernos participes, participantes de la naturaleza divina.

De nuevo, hay mucho allí, mucha tela que cortar, pero eso es importante, que nosotros tengamos entendimiento profundo de lo que es la vida cristiana. Por último, si usted mira a los grandes hombres de la Biblia, usted verá que Dios a todos los metió en el horno de fuego para purificarlos. Pienso en Jacob, ahora mismo, Jacob iba a ser un patriarca, la primogenitura corría a través de Jacob. Dios puso a Jacob a huir, lo metió cuántos años fue en la casa de Laban para que lo explotaran. Jacob luchó con el ángel, Jacob cojeó toda su vida porque le dijo al ángel, "Yo no te voy a dejar hasta que me bendigas". Cuando tú tienes ambición de Dios, Dios te va crucificar y te va a desencajar la cadera y el resto de tu vida, tú vas a cojear sabiendo que Dios te trató y esa va a ser la marca de tu trato.

Pedro negó a Jesús tres veces, ¿usted no cree que Pedro vivió toda su vida un poquito atormentado, porque él negó al Señor tres veces? Claro que sí, él escribe acerca de eso y los Evangelios lo registran. Porque Pedro, que iba a ser grandemente usado por Dios, tuvo que mostrársele, tú no vales nada, tú crees que eres mucho pero tú no eres nada, todo es por gracia. Moisés no entró a la Tierra Prometida porque Dios trato con él. Hermanos, Elías estuvo en el desierto y llegó a un lugar de depresión y frustración, que le pidió a Dios, mátame porque yo no quiero vivir más. Y allí en el desierto deprimido y descalificado, Dios le mostró su gloria a través del silbido apacible. Lo metió en una cueva y le mostró una dimensión de su persona que él no conocía, la dimensión suave, tierna, maternal de él, y lo llevó a lo profundo. Y así los grandes hombres, José que fue un hombre tan recto delante de Dios, Dios lo metió en la cárcel, sus hermanos lo vendieron, porque Dios prueba y Dios trata a la gente que él quiere usar, Dios los trata.

Y por eso es que nosotros, a veces, no queremos que Dios nos trate, pero ¿sabe qué? Recuerda esto siempre, si Dios opera sobre ti siempre lo hará con un cuidado sumo, cualquier cosa que Dios te corte, será para tu bien y no para tu mal. Sométete al bisturí de Dios, sométete a la mesa de operación de Dios, porque Dios nunca te va a hacer mal. Tú vas a salir mejor, vas a perder grasa que no necesitas, vas a perder de atributos que no le agradan al Señor y que te hacen correr la carrera pesadamente. Entonces Dios está allí para que tú seas participante de su naturaleza y Él te pone a prueba, te trata. A Pablo le dio un aguijón que toda su vida lo atormentó, le dijo, "Señor, líbrame de ese aguijón, no lo quiero, me humilla." Dios le dijo, "No, no, bástate en mi gracia, esa es mi disciplina en ti, para mantenerte humilde y mi poder se perfecciona en esa debilidad.” Los misterios de Dios son grandes, hermanos, y nosotros tenemos que aprender a comerciar y negociar con ese Dios, que quiere formar a Cristo en nosotros, quiere quitar todo lo que no sea de Él. En el fuego del crisol, allí es donde Dios forma hombres y mujeres purificados como el oro para su obra. Y Dios quiere tratar contigo, si tú tomas a Dios en serio, Dios te va a llamar a su taller, y te va a decir, "Ven, acércate y yo voy a tratar contigo."

Pero, hermanos, no hay nada mejor que eso, no hay nada como cuando Dios adelgaza un hombre o una mujer, cuando lo poda, cuando se ve feíto, así, después del trato de Dios en su vida. Entonces eso le permite echar más frutos, dar más frutos. Dice que si alguno da frutos, Dios lo podará para que lleve más frutos, pero nosotros no queremos ser podados, nosotros queremos vernos siempre frondosos y bonitos. Pero si es así, estamos robándonos a nosotros mismos. Entonces, Dios quiere que seamos participantes de la naturaleza divina. “Nosotros, que hemos huido de la corrupción que hay en el mundo,” Dios quiere que nosotros huyamos. Ahí la palabra clave, yo creo, de esa parte es huir, el texto original griego dice, pheuge es la palabra para huir, pheuge es una palabra fuerte. Habiendo huido de la corrupción que en el mundo.

Hay otros lugares donde Pablo usa eso, mire Primera de Timoteo 6:11, por ejemplo. Primera Timoteo 6:11, ahí está la palabra y esta palabra y para Timoteo, que es un hombre que ha sido llamado al ministerio, al pastorado, y dice Primera Timoteo 6:11: "Mas tú, oh hombre de Dios, mujer, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre." Usted ve allí esa otra lista de cosas que tenemos que pedirle al Señor que nos dé, pero antes de eso hay que huir. Y, ¿de qué? Pablo dice, ¿cuáles son estas cosas que hay que huir? Enriquecerse, caer en tentación y lazo, estas cosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición, envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento, todo eso está en los versículos anteriores. Y Pablo le dice a Timoteo, "Mira hombre de Dios, si tú quieres servir al Señor, huye de todas esas cosas"

Yo pienso en José, huyendo de la mujer de Potifar, él huyó, ¿por qué huyó? Porque, yo estoy seguro, que él sabía que si se quedaba un segundo más, iba a caer, entonces se mandó corriendo. Dicen por ahí, mejor digan aquí huyó, que aquí murió. Y es una lección que tenemos que aprender, hermanos. Muchas veces no podremos matar la tentación, pero tendremos que huir, huir de ella, huir de las situaciones que nos metan en tentación. Y esa es una lección que tenemos todos que aprender, incluyendo el que les habla. Para llegar a ser como Cristo, tenemos que huir de muchas cosas. No se logra el perfil de un verdadero cristiano con una actitud cómoda e indiferente, requiere un gran esfuerzo y el rechazo de muchas cosas. Por qué le dice Dios a Josué que va a ser el sustituto de Moisés, "Mira que te mando, que te esfuerces y seas valiente." Porque la vida cristiana requiere esfuerzo. Pablo también le dice a Timoteo, "Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti, xorque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,” es decir de haraganería, de timidez, de pasividad, “sino ¿de qué? De poder, amor y dominio propio.”

La vida cristiana requiere esfuerzo, requiere ansiedad de más, apetito, esfuerzo, correr la carrera de la fe. Esas pasiones de las cuales habla Pablo, aquí, la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Esas pasiones tienen un poder extraordinario para atraer, atrapar, seducir al hombre o la mujer de Dios por eso debemos huir de ellas para poder defendernos. Nunca vamos a poder eliminar esas tentaciones y esas pasiones, nunca podremos matar, hermanos, la parte carnal en nosotros, eso es una lucha que vamos a tener hasta el día que nos muramos. Pero tenemos que pelear la buena batalla. Tú eres perfeccionado finalmente cuando te mueres, mientras tanto, la vida cristiana es una vida de resistencia, de purificación, de fortalecimiento del bien en nosotros. Vamos a tener que pelear y batallar contra la carne hasta el último día de nuestras vidas,

Y yo le digo a la gente eso, mucha gente, hoy en día en el siglo veintiuno, dicen, "oh, pero si yo siento esto, es tan fuerte en mí, ¿cómo puede ser malo? ¿Por qué Dios me lo habría dado si no es bueno? Y si yo he orado para que me lo quite y todavía lo tengo." Yo hablaba con una persona que, no voy a ser muy detallista ahora mismo, pero yo le decía, mira, esta persona está batallando con asuntos de identidad sexual -yo le decía- hay una cosa que yo entiendo, y es que cualquier persona puede ser tentado por la atracción del mismo sexo, no importa cuán varonil sea o cuán femenino sea. Cualquier persona puede ser tentada en esa dirección, pero la diferencia está en que uno ceda a la tentación o que la resista. No creas que porque tú sientes algo, eso es de Dios o es natural en ti. Muchas veces nosotros batallaremos con apetitos diferentes, ataduras sexuales, ataduras mentales, tentaciones de droga, de alcohol, de resentimiento, traumas que hemos recibido.

Y Dios dice, "Resiste todas esas cosas aunque las sientas, no porque la sientas las debes obedecer." Lo que tenemos que hacer es huir de ellas. Si tú fuiste alcohólico un día, no cojas un apartamento encima de una licorería. Si tú tiene problemas con la pornografía, no veas películas, mira, mejor vende el televisor. Si tienes problemas con algún área y el Internet te lo alimenta, vende el bendito teléfono, cómprate uno que no sea inteligente, solamente que tu recibas textos, si acaso, y puedas hablar por teléfono, no imágenes. El Señor dice, "Si tu ojo te hace ocasión de caer, sácatelo, córtatelo. Si tu mano te es ocasión de caer, córtatela.” Porque mejor es que vayas al Reino de Dios manco o ciego, que vayas al infierno con todos los miembros intactos.

A ese nivel tenemos que nosotros desear huir, es una palabra muy fuerte, si no huimos de la tentación porque la tentación es fuerte. Yo creo que eso es lo que indique esa idea, habiendo huido, quiere decir esas cosas son muy fuertes y si no nos cuidamos, vamos a sucumbir a ellas. Ahora, si tú sucumbes, ponte de pie, confiesa tu pecado, sigue adelante. Limpia tus cuentas y Dios te perdonará. Porque el diablo querrá, inclusive, cuando tú has caído, dejarte en el piso y te va a acusar y va a querer que tú digas, "no, ya no hay esperanza para mí". Cuando Pedro negó a Jesús, él seguramente pensó, ya el Señor no quiere nada que ver conmigo. Porque fue una cosa muy fuerte negar a Cristo, tres veces lo negó habiendo conocido a Cristo, habiendo visto sus milagros, habiéndolo visto reprender demonios, habiendo vivido en gran intimidad con Él, siendo destinado para hacer un gran siervo de Dios y lo negó tres veces. Pedro lloró amargamente, y él seguramente pensó, ya no hay futuro para mí en el ministerio. Y, ¿sabe qué? El Señor en su misericordia, cuando resucitó, ¿qué hizo? Lo llamó aparte y dijo, "Pedro ¿me amas?" Tres veces Pedro negó a Jesús y tres veces el Señor le dio oportunidad para confesarlo de nuevo. "Pedro, ¿me amas?", "sí Señor, tú sabes que te amo". O no, "¿me amas más que a estos? Pedro", "sí Señor". "Me amas, apacienta mis ovejas". Tercera vez, "Pedro, ¿me amas?", "Bueno Señor, tú sabes todas las cosas." El Pedro fanfarrón, que le decían que todos te dejen, yo no te dejaré, ahora dice, "Señor, mira ni yo mismo se, Tú sabrás si te amo o no." Y Él le dijo, "bueno, apacienta mis ovejas."

¿Qué estaba haciendo el Señor? Lo estaba restituyendo, lo estaba volviendo a poner en su lugar. Este Pedro, que lo había negado tres veces, el Señor le dijo, "mira, yo entiendo bien lo que tú sentiste, ese pavor. Es más yo fui quien te puse ese miedo, para que tú recuerdes que no hagas alardes de tu justicia, que es por mi gracia, por mi misericordia y ahora puedes servirme." He dicho que Dios no usa a un hombre o una mujer hasta que no lo descalifica. Sabe que los reyes antiguos en la Edad Media, cuando un caballero de la corte iba a ser comisionado por el rey o la reina como nobleza, como caballero. ¿Sabe lo que hacía la reina o el rey? Cogían un guante y lo abofeteaban en ambas mejillas, ¿por qué hacían eso? Porque era recordándole a ese caballero andante que era por la reina o el rey que él era caballero, era una forma de humillarlo. Porque un hombre de guerra jamás aceptaría que alguien lo abofeteara. Lo abofeteaban para humillarlo y para dejarle saber, tu perteneces a mí, y lo que tú eres es porque yo te doy la autoridad para hacerlo. Porque los reyes no quieren siervos altaneros y confiados de sí mismos, quieren hombres y mujeres rendidos a él o a ella que le deban todo.

Y así mismo Dios hace, antes de usar un hombre lo abofetea y le dice tú no sirves para nada, pero te voy a usar de todas maneras. Eso es porque Dios quiere tratar con nosotros y esa corrupción, que hay en nosotros, Dios quiere que huyamos de ella. Nunca podremos eliminarla por completo, muchas veces sucumbiremos, pero entonces Dios dice, "Ponte de pie." Porque el diablo va a querer como tú caes y va a enviar ángeles demoníacos, en la forma de miembros de la iglesia o miembros de tu familia, lo que sea que te recuerde tu pecado. Y él va a querer que tú te quedes en el piso, tienes que levantarte, tienes que servirle al Señor, de nuevo. Tienes que ser restaurado, porque Dios quiere que tú seas restaurado. Si tú has pecado, levántate y sigue sirviendo al Señor. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis, pero si pecáis abogado tenemos para con Cristo Jesús.” Ponte de pie y sigue adelante, huye todo lo que puedas, pero si te agarran con una pedrada, levántate, sóbate la cabeza y sigue para adelante. Pide a tu mamá que te remiende los pantalones y sigue para adelante. Esa es la verdad, hermanos.

El apóstol Pablo dice, "Habiendo huido - ¿de qué? - de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia". La palabra concupiscencia no se refiere, solamente, a lo sexual. La palabra en griego original es epithumia, que quiere decir como apetitos fuertes. La concupiscencia es todo hermanos, es el amor por el dinero. La concupiscencia es el amor a la alabanza de la gente. La concupiscencia es el excesivo amor por ese BMW que tú te compraste, que todos los sábados te levantas temprano para brillarlo, "Oh, precioso carro". Hay gente que ama aún más a su carro que a su misma mujer, hermanos, ciertamente más que a Dios. Todas esas cosas no sirven para nada, eso es la concupiscencia, todo lo que les roba el lugar primordial que sólo Dios puede ocupar. Nosotros tenemos muchos ídolos, concupiscencia es todo apetito desmedido, todo apego excesivo, ilegítimo a cualquier cosa de este mundo qué te impide amar a Dios por encima de todas las cosas.

Dios dice, "No tendrás Dioses antes de mí." El primer mandamiento es ese, hermanos, Dios tiene que ser lo primero en tu vida, ninguna pasión, ninguna relación, ninguna posición social, nada de este mundo debe robarte el amor total que tu le debes tener a tu Dios. Si alguno se hace amigo del mundo, es enemigo de Dios, todas las cosas que están en el mundo son enemigos de Dios, no aprecies nada. Nosotros tenemos que ser gente que solo amemos el Reino de Dios, vivamos solamente para Él. Somos peregrinos y extranjeros, no tenemos lugar dónde vivir, no tenemos nada, hasta que un hombre o una mujer no se despoja del amor al mundo o las cosas que son del mundo, no puede ser útil a Dios. Hay que huir de todo, hay que entregárselo todo, eso concupiscencia. No es solamente, como dicen por ahí, lo que es de la cintura para abajo, es todo. Concupiscencia es todo lo que te roba el amor que sólo a Dios le debes tener, concupiscencia, el mundo y las cosas que están en el mundo. Y tenemos que huir de todas esas cosas, cuando Dios le dijo a Lot y a su mujer huyan de Sodoma porque yo lo voy a destruir y le dijo no miren para atrás. Porque muchos de nosotros nos vamos, pero todavía tenemos allí los fueguitos que están todavía en nosotros. Es como cuando una apaga un fuego y todavía queda algo allí, que después, cuando nos vamos, volteamos la espalda, se prende otra vez y quema toda la casa. Así somos muchos de nosotros, tenemos raíces y Dios quiere arrancar las raíces para que huyamos completamente.

No se preocupen que ya voy a terminar y me voy a quedar solamente en esta parte y luego hablaremos específicamente de cada una de las cualidades y las virtudes que Dios pide que nosotros tengamos. Entonces, él está cumpliendo y dice, "Por esta misma razón, con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud; etcétera.” En otras palabras, habiendo dicho todas estas cosas, él nos dice añadan, añadan estas cosas. Yo digo, esa palabra, añadid, es una palabra muy profunda y quiere decir tenemos que agregar cosas, agregar. Este llamado a agregar cualidades a nuestro carácter cristiano, significa que seamos nosotros quienes infundamos estas, no quiere decir, más bien, que seamos nosotros que infundamos esas cualidades, sino que el Espíritu Santo lo irá haciendo. Pero tenemos que añadir cosas, nuestra parte es hacer todo lo posible, pedir en oración que Dios nos añada estas cosas, pedirle al Señor, "Padre, añádeme eso que no tengo".

Nosotros tenemos que ser como coleccionistas de grandes cosas, por ejemplo, los coleccionadores de arte están siempre buscando nuevas cosas que añadir a su colección. Por ejemplo, un gran coleccionista de arte, digamos, ya tiene ciertas obras de ciertos grandes artistas, pero pasa por allí, por una galería de arte y ve un figurín de dos pulgadas de tamaño. Quizás es una obrita de arte prehistórica, con una mujer bien gordita, porque lo primitivos les encantaba así las mujeres, más llenas. Y ve una diosa de la fertilidad, como se llama, y la ven así chiquitita, pero vale un millón de dólares. Y así de chiquita él quiere tener eso, aunque tiene obras de arte que son de tamaño de diez pies por doce, etc. Pero ese figurín, hecho por un artista primitivo, prehistórico, eso le fascina a él y él quiere tener eso en su colección, y está dispuesto a pagar dos millones de dólares por ese figurín chiquito, para completar su obra, para completar su colección de arte.

Nosotros tenemos que ser así, cuando nosotros descubrimos una cualidad que Dios quiere que nosotros tengamos, debemos entusiasmarnos en ella. Dios dice, "Quiero que seas humilde", y quizá nosotros hemos vivido con orgullo toda nuestra vida y de momento algo nos alerta, aquí hay orgullo en nosotros, hay arrogancia en nosotros. Y ¿sabe lo que nosotros tenemos que hacer? Entusiasmarnos con ese nuevo proyecto que Dios nos asigna. el Espíritu Santo te mostró que debes pelear con el orgullo. Entonces tu dices, "Señor, amen, me voy a poner a trabajar eso." Y tú comienzas a pedir, a confesar, a batallar con el orgullo dentro de ti. Quizás un día, tu descubres que te gusta mucho que te alaben. A los pastores nos gusta que nos digan que hemos predicado bien, y siempre estamos tratando de extraer de la gente un cumplido, "Pastor, ¡qué bien predicó hoy!" Y eso nos hace sentir contentos y muchos de nosotros nos acercamos a la gente, sutilmente, para que nos alaben. Hay cosas así y cuando tu descubres algo así, inmediatamente repréndelo y recházalo. Porque si Dios te permite decir algo bueno es porque Él lo pone no tú, tú no mereces ser usado. Entonces nosotros tenemos que descubrir, si tú descubres que en ti hay una herida, un trauma del pasado qué te impide llegar a un nivel más profundo de la vida de Dios. Mira, pídele, "Señor, me voy a poner a ayunar y orar hasta que tú me rompas eso."

Algunas mujeres -Dios me pone esto en la mente- han sido violadas, por ejemplo, sexualmente cuando niñas, fueron abusadas por un padre, por un primo, por un hermano, por un vecino, y todavía, o cometieron un aborto. Si el Señor te está hablando, recibe esto. Y eso les está persiguiendo, les está impidiendo entrar a un nivel mayor de vida con Cristo. Bueno, si tu descubres eso, añade a tu vida y a tu perfil liberación de esas cosas. Pídele al Señor, "Padre, libértame de esto, perdona si yo te ofendí en alguna manera, entregó esto a ti, porque eso me está impidiendo entrar al nivel de vida que tú quieres. Así que te lo entregó". Hay comunidades enteras, ahora mismo, que están aprisionadas por el sentido de victimización, el resentimiento, comunidades enteras. Y por eso están como están, empobrecidas y atadas por el diablo, porque tienen resentimientos históricos de lo que les hicieron hace cien años, doscientos años, y no se han podido liberar de ellos. Y derivan placer de recordarles a sus antiguos opresores que ellos los victimizaron, pero ellos son los prisioneros y como tienen resentimiento dentro de ellos, el diablo los tiene todavía, a esas comunidades, atadas. Y si no se liberan de eso, no van a ser, entonces, efectivos para Dios.

Entonces, cualquier cosa que tu descubres que te impide correr con ligereza la carrera de la fe, tú tienes que entregarla. Ahora, ¿cuál es la conexión entre añadir y despojarse? Es la misma cosa, porque cuando tú te despojas de algo, tú estás añadiendo algo positivo. Entonces, nosotros tenemos que decir, " Señor, yo quiero ser libre, yo quiero añadir libertad a mi perfil. Yo no quiero ser cautivo del resentimiento, no quiero ser cautivo de los traumas, no quiero ser cautivo de las pérdidas. Yo no quiero ser cautivo de la tristeza de la niñez, no quiero ser cautivo de que cuando yo tenía siete años, mamá murió y he tenido resentimiento con Dios. Yo te entregó eso." Hay que añadir cosas que el Espíritu Santo te va a iluminar acerca de ellas. Pídele al Señor que te ilumine, qué es lo que tú tienes que añadir en tu vida, ahora mismo y visualiza un estante en tu colección de virtudes en tu casa y tú ves que hay lugares vacíos, hay estatuillas muy bonitas, hay cuadros lindos, hay vasos exquisitos, pero entre los vasos y las estatuas hay espacios vacíos. Mira eso, en ese estante de colecciones de virtudes hay lugares vacíos, quizá están ocupados por arañas, quizás están ocupado por figuras demoníacas y siniestras. Y tú sabes que ahí, lo que va es algo hermoso de Dios. Entonces, tú tienes que inmediatamente quitar lo viejo y buscar en tu colección cosas nuevas y ponerlas allí. La vida del creyente debe ser un continuo añadir de cosas nuevas, virtudes nuevas y deshacernos de cosas y sustituirlas con cosas buenas, nobles, hermosas. Yo quiero vivir así, no sé si tú quieres acompañarme en esa carrera.

Vamos a ponernos de pie un momento, ¿qué Dios quiere que tú añadas? El domingo -no el domingo que viene porque vamos a tener otras cosas muy buenas que les invito a venir- pero cuando yo continúe con esta serie vamos a ver algunas cosas, de las muchas cosas que Dios quiere que añadamos. Pero, ahora mismo, quiero que te preguntes a ti mismo, "Padre, ¿qué hay en mí que está impidiendo que yo corra ligeramente la carrera de la fe, qué trauma, qué adicción, qué recuerdo, qué pecado, qué piedra de tropiezo hay en mi vida? ¿Qué cosa impide que tu poder anide dentro de mí perfectamente? ¿Qué cosa contrista a tu Santo Espíritu en mí? Señor, yo quiero despojarme de ello y quiero añadir una virtud, quiero añadir algo nuevo. Si hay orgullo en mi, quítalo y pon humildad. Padre, si hay en mí resentimiento, quítalo y pon perdón. Si hay en mí un carácter exigente, pon en mí gracia para mis hermanos. Lo que sea Señor, quítalo y pon lo nuevo, añade lo nuevo, añade una virtud nueva a mi vida porque yo quiero ser como Jesús, quiero ser más como Cristo."

Ahora mismo yo estoy pidiendo como ustedes, yo estoy aquí pidiéndole al Señor mis propias cosas, qué quiero añadir a mi vida. Pídele al Señor ahora, que León de Judá venga a ser una iglesia de gente crucificada, de gente que huela a humo porque el Señor los está friendo poco a poco en el altar de la crucifixión. Queremos más ser como Jesús, queremos agradarte más, Señor. Ven Espíritu Santo, trata conmigo. Las crucifixiones de Dios son buenas, no hay nada mejor que una crucifixión, aunque sea dolorosa y eso es lo que Dios quiere. Ayúdanos, Padre, a ser más como tu, ayúdanos a ser más, Señor, como Cristo es. Aleluya, por esta palabra que ha sido profetizada sobre tu pueblo, Señor, activa en nosotros nuevas virtudes, llévanos a ser más y más participantes de la naturaleza divina. Queremos ser más como Tu, gracias Padre. Te adoramos, te bendecimos, aleluya, aleluya, aleluya. Gracias Señor, gracias Dios. Recibe esta plegaria, Padre, recibe esta oración, este deseo de ser más como Cristo, llévanos al lugar de la crucifixión, éntranos en tu fuego que nos purifique, Padre. Te adoramos, te bendecimos. Gracias Señor. Aleluya, amén y amén, gracias Dios.