
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En Segunda de Pedro, capítulo 1, el Apóstol Pedro enuncia una serie de cualidades que componen el perfil cristiano y que la Biblia nos llama a aspirar y a perseguir en nuestra personalidad, nuestra constitución, nuestra naturaleza espiritual. La idea del Apóstol Pedro es que como Dios ha invertido tanto en nosotros, como Dios se ha tomado la molestia de cargarlos de riqueza espiritual, eso nos impone una forma de vivir la vida cristiana. La vida de un cristiano jamás puede ser diferente, aplatanada, no puede ser cómoda, no puede ser tibia, es una vida intensa donde estamos dedicados a una sola cosa. Somos atletas del espíritu. Amén. Somos guerreros del espíritu y vivimos intencionalmente la vida cristiana comprometidos con ascender cada día a la grandeza espiritual. No es simplemente venir, ponchar la tarjeta en la iglesia, ya nos fuimos y salimos exactamente como entramos. No,
En 2 Pedro 1:5-7, el apóstol Pedro nos insta a añadir a nuestra fe virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia y piedad. Virtud se refiere a un comportamiento sólido y una reputación sólida, mientras que conocimiento se refiere al conocimiento de la verdad de Dios y la palabra de Dios. Dominio propio se refiere a tener control sobre nuestras pasiones y apetitos. Perseverancia se refiere a la capacidad de resistir y persistir a pesar de la oposición. Piedad se refiere a la entrega total de la vida, la consagración y la devoción a Dios. Es importante que los cristianos busquen crecer en estas cualidades para ser representantes dignos del Evangelio.
En este sermón, el pastor habla sobre las virtudes cristianas que se deben agregar a la fe, según la Biblia. Estas son virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. El pastor explica cada una de estas virtudes y cómo se relacionan con la vida cristiana. También destaca la importancia de la consagración total y el compromiso con Dios, la necesidad de mostrar afecto fraternal hacia los hermanos y la importancia del amor ágape. Finalmente, el pastor invita a la congregación a pedir a Dios por estas virtudes y a vivir a la altura de su llamamiento en Cristo.
Muchas veces uno comienza una serie de sermones y pasan las semanas y se pierde la continuidad. Pero yo me propuse terminar esta meditación sostenida que hay incluido varios sermones acerca del tema de participante de la naturaleza divina, cómo ser miembros integrales de la belleza de Dios, del carácter divino, de la naturaleza divina. Porque nosotros podemos participar en esa belleza del carácter de Dios.
Y en Segunda de Pedro, capítulo 1, tenemos algunas ideas que nos enseñan acerca de eso. Ustedes recordarán que ahí en ese pasaje, Segunda de Pedro, 1, comenzando con el versículo 3, el Apóstol Pedro enuncia y enumera una serie de cualidades que componen el perfil cristiano y que la Biblia nos llama a aspirar y a perseguir esa cualidades en nuestra personalidad, nuestra constitución, nuestra naturaleza espiritual. Y esta es una lista que en vez de hacernos sentir deficientes, que oh, eso es demasiado para mí, debe animarnos, acicatearnos a ir hacia la grandeza espiritual, hacia la excelencia espiritual. Y voy a tratar de apretar mucho material en poco tiempo. Pero déjenme leer este pasaje de Segunda de Pedro, capítulo 1, comenzando con el versículo 3. Dice:
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder – hablando de Dios – mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de la cual Dios nos ha dado preciosas y grandísimas promesas para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.” Usted ve allí mi insistencia en eso de “participantes de la naturaleza divina.” Nosotros somos participantes de esa naturaleza divina y Dios ha invertido en esa constitución nuestra de hombres y mujeres de excelencia espiritual. Y note que esto es el preámbulo a lo que verdaderamente es la conclusión a la cual él quiere llegar. Pero note que Dios nos ha dado grandes privilegios, grandes promesas, grandes conocimientos, acceso a sublimes misterios de parte de Dios, una cantidad de cosas hermosas que Él ha invertido en nosotros. Y la idea del Apóstol Pedro es que como Dios ha invertido tanto en ustedes, como Dios se ha tomado la molestia, por así decirlo, de cargarlos de riqueza espiritual, y aquí viene la conclusión en el versículo 5, por todo eso que yo acabo de mencionar, dice, “…vosotros también poniendo toda diligencia” y la idea de toda diligencia quiere decir mucho esfuerzo, mucha vigilancia, mucha intencionalidad, “… poniendo toda diligencia por esto mismo añadid – y esa es una palabra clave sobre la cual voy a insistir en un momento, añadid, - añadid a vuestra fe – y aquí entra una serie de cualidades. Estas cualidades se supone que nosotros anhelemos tenerlas en nuestro perfil espiritual.
Jonatán aludió a cuando… si usted va a solicitar esta petición de solicitudes para trabajo, que ponga su hoja de… su bio, su resumé. ¿Y qué hace uno en un resumé? Uno pone, bueno, yo hice esto, yo trabajé en aquello, yo tengo estas destrezas que puedo aportar al trabajo que estoy pidiendo, tengo estas experiencias pasadas. Ese es su perfil, esa es su biología, ese es su resumé, es su hoja de oficio. Entonces, eso es lo que Pedro está aquí trayéndonos, un perfil del hombre o la mujer cristiana maduros, de una persona que ha adquirido una serie de cualidades que componen el carácter maduro de un creyente, una persona que puede caminar con cierto grado de respetabilidad, valga la palabra en la vida cristiana, porque tiene ciertas cualidades, como un soldado también que ha estado en la guerra, ha adquirido ciertos entrenamientos, ha ido a una escuela de oficiales, y ahora tiene una foja de servicio que lo capacita para decir, yo soy un soldado competente. Esa es la idea.
Dice entonces, “Poniendo toda diligencia, por esto mismo añadid a vuestra fe – la primera cualidad la fe – virtud, - segunda cualidad. - A la virtud añadid conocimiento, al conocimiento añadid dominio propio y al dominio propio añadid paciencia.” Ahora, cuando ya tengan un poco de paciencia ganada, entonces, “…añadan a la paciencia piedad, - y ya cuando ya la piedad esté más o menos trabajada un poquito y usted esté trabajando las otras simultáneamente – añadan afecto fraternal. Y cuando ya sientan que están alcanzando un poquito de afecto fraternal, añadan amor. La cúspide de todas las demás virtudes. Tanto Pablo como Pedro como que siempre terminan cuando añaden estas listas así de cualidades y virtudes, terminan con la cualidad más poderosa de todas, que es el amor. Y aquí hay una frase muy cautivadora, dice, “Porque si estas cosas – todo eso que él ha señalado atrás – están en vosotros, - si están ahí en su carácter, en su formación cristiana, - y abundan.” Porque estas cualidades no se supone que las tengamos ahí un chinchín, como dicen los dominicanos, un poquito nada más. No, se supone que sean en abundancia. “Si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto.”
Eso quiere decir que si usted tiene estas cualidades en su carácter, en su perfil, usted va a ser una bola de fuego. Usted va a ser un cristiano productivo, usted dondequiera que vaya va a dar fruto. En cualquier iglesia donde usted vaya, si se muda, usted va a ser un recurso para el Reino de Dios, porque estas cualidades son vida en sí. Y el que las tiene por naturaleza produce frutos, como un árbol de manzana sin tener que estrujarse, produce manzanas. Y el cristiano que tiene estas cualidades siempre será fructífero. Entonces, yo quiero detenerme porque ya hemos hablado de las demás piezas, de todo lo que tenemos, lo que Dios nos ha dado, lo que Él ha invertido en nosotros. Y que esas cosas que Dios ha puesto en nosotros, nos imponen una forma de vivir la vida cristiana. Los franceses tienen una frase que dice, “noblesse oblige” que quiere decir que si tu eres hijo de un rey, si tu eres miembro de la realeza, eso te obliga a un estilo de vida. Los grandes nobles saben que su haber nacido en una familia real les da muchos privilegios, pero también asimismo, tienen que vivir una vida de auto sacrificio, tiene que vivir una vida de que no se deben a sí mismos, se deben a la corona, se deben a la nación. Si tiene que casarse con una princesa de otra nación para fortalecer la fortaleza de su nación, tiene que hacerlo aunque no la amen porque son hijos de la realeza.
Y asimismo, nosotros los cristianos al entrar en Cristo y al Dios invertir tanto en nosotros, al dotarnos con su espíritu, al ser herederos de la salvación que Cristo hizo posible en la cruz del calvario, ya, eso nos impone una forma de vivir. Amén. Y eso es lo que Pedro dice aquí. Por todas estas cosas que ustedes han recibido entonces, “poniendo toda diligencia, dice, añadid estas cosas.” Noten un momentito aquí esta idea de “poniendo toda diligencia,” eso se refiere a un esfuerzo intenso. Debemos dedicarnos plenamente a esa búsqueda de la perfección y de la madurez cristiana. Debemos concentrarnos en esto con determinación. Debemos buscar la santificación y la perfección de nuestras vidas con esfuerzo. “Mira que te mando que te esfuerces y esas valiente.” Pablo le dice a Timoteo, “Te aconsejo – y ese consejo no es consejo, no, te aconsejo – que avives el fuego del don de Dios que está en ti.” Amén. Es un llamado a lo que Dios te ha dado, sácale provecho, invierte en ello poniendo toda diligencia.
La vida de un cristiano jamás puede ser diferente, aplatanada, como decimos también en el Caribe, no puede ser cómoda, no puede ser tibia, es una vida intensa donde estamos dedicados a una sola cosa. Somos atletas del espíritu. Amén. Somos guerreros del espíritu y vivimos intencionalmente la vida cristiana comprometidos con ascender cada día a la grandeza espiritual. No es simplemente venir, ponchar la tarjeta en la iglesia, ya nos fuimos y salimos exactamente como entramos. No, ahora salimos de aquí a vivir la vida cristiana, y a esforzarnos en todo lo posible para ser agradables y útiles al corazón de Dios. Nosotros estamos siempre persiguiendo la madurez cristiana. Entonces, por eso Pablo dice, “poniendo toda la diligencia añadid – ese mandato, es imperativo, es bien importante. Añadid quiere decir que estamos llamados a añadir diversas cualidades a nuestro carácter cristiano. Debemos añadir a la fe, virtud, y a la virtud etc…
Yo les decía, creo, una vez hablando de esto que el cristiano maduro, el cristiano que está persiguiendo la santificación y la perfección, debe ser como un coleccionista de arte que siempre está buscando nuevas piezas para añadir a su colección. Y nosotros los creyentes tenemos que ser así, cuando hemos pasado por una prueba y Dios nos ha hecho conscientes de que, mira, tu necesitas esto, necesitas aquello. Una vez que hemos comenzado a añadir esa cualidad, ya tenemos que estar buscando la próxima cualidad. Nosotros tenemos que tener un apetito insaciable por la perfección y tenemos que saber qué es lo que constituye la perfección. Pero cada día de nuestra vida nosotros tenemos que estar buscando nuevas cualidades, amor, paz, gozo, paciencia, misericordia, perdón. Todas esas cualidades la vida cristiana hay que ir añadiendo de una cosa a la otra. Y claro, sabemos que es el Espíritu Santo que hace eso. Yo no me puedo vestir de esperanza o de paz yo mismo, pero puedo cooperar con esa obra de Dios.
Hay una tensión entre lo que Dios da y lo que nosotros cooperamos para recibir. Dios no te coge y te levanta la tapa de los sesos y te mete paciencia. No, tu tienes que decir, “Señor, yo anhelo ser un hombre, una mujer paciente. Enséñame cómo hacerlo.” Tu tienes que estar meditando en esa virtud. Tienes que estar orando para que el Señor la haga posible en tu vida. Tienes que estar abierto al entrenamiento que necesitas recibir para desarrollar esa cualidad en ti. Y así con todas las demás cualidades. Tu puedes cooperar abriéndote a ello, meditando en ello, orando por ello, anhelándolo, arrepintiéndote de no tener esa cualidad y entonces, Dios hace parte que es infundir en ti esa cualidad. Por ejemplo, ahora mismo me vino a la mente la oración de David en el Salmo 51, “Crea en mí, oh Dios, un espíritu puro, sano,” se me fue la expresión ahora mismo. “Crea en mí, oh Dios, un corazón recto y un espíritu limpio dentro de mí,” algo así. La idea es, David está anheloso. Él sabe que carece en esa dirección. Ha pecado en esa dirección. Entonces, le dice, “Señor, crea en mí un corazón limpio y un espíritu recto dentro de mí porque yo reconozco mis rebeliones. Mi pecado está siempre delante de mí. Examíname Dios, conoce mi corazón, pruébame, conoce mis pensamientos y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno.” David está deseoso, anheloso, reconoce su necesidad y entonces Dios dice, “Hijo, yo entiendo tu necesidad, entiendo tu llamado, y te voy a ayudar en ese proceso.”
Entonces, hay una parte que Dios da y una parte que nosotros damos. Añadid a vuestra fe virtud, etc. lo otro que les digo, hermanos, es que no se conformen solamente con tener fe. Hay muchos cristianos, sobre todo los pentecostales sufrimos de eso. Y es que creemos que bueno, si yo tengo fe, si hablo en lenguas, si ayuno, si oro, si reprendo demonios y si Dios hace sanidad a través de mí, pues, yo ya llegué. Me gradué. Ese es el comienzo. Quizás tu tienes fe para esas cosas pero hay otras cosas que tu necesitas añadir: amor, por ejemplo. Por eso Pablo dice, “si yo tengo toda la fe del mundo y hago milagros, muevo los montes, pero no tengo amor, de nada me sirve. Nada soy.”
Y hay muchos hermanos que en el mundo pentecostal, les enseñamos que mire, eso es lo que tu necesitas: santidad, fe, ayuno, oración, ¿y qué del carácter cristiano? ¿Qué de las cualidades de un siervo de Dios? Y mucha gente desprestigia los dones porque no se visten del fruto del espíritu. ¡Guau! Apunte eso ahí rápido. Nos enamoramos tanto de los dones que nos olvidamos de que el fruto del Espíritu Santo es tan importante como los dones. Y muchas veces desvestimos un santo para vestir a otro. Y entonces, muchos cristianos oh sí, que son una bola de fuego en fe, pero de carácter, olvídate. Peleados con la esposa continuamente, en el trabajo no lo puede soportar. Son un peligro en la carretera. No se atreven a poner un sign atrás que diga que son cristianos porque sabemos que si nos ven cómo manejamos… Yo me apunto en eso a veces. Pero, hermanos, tenemos que esforzarnos porque nuestro caminar sea igual a nuestro profesar. Escriba eso también ahí. [Risas] Las dos cosas. Así que no nos podemos contentar solamente con tener fe, tenemos que también añadir las demás virtudes y las demás cualidades de la vida cristiana para tener un perfil completo.
Entonces, añadid a vuestra fe virtud. Entonces, fe es importante, que es la plataforma de toda ¿y qué de la virtud? La virtud es una palabra bella. En el griego original la palabra virtud se escribe “arete” no arete, hermana, no se ponga la mano en la oreja. No, arete que quiere decir carácter, quiere decir un comportamiento sólido. Arete se refiere a bondad, virtud, la excelencia moral, la perfección, el carácter cristiano, la solidez en el comportamiento. Hay una cierta connotación en la palabra virtud de hombría, de donde viene la palabra “viros” hombre, virilidad, por ejemplo. Esa idea de una hombría espiritual. Tanto hombres como mujeres pueden tener hombría. Es como testosterona espiritual. Es una solidez en el caminar. Es una personalidad madura, un carácter excelente que lleva a una reputación sólida.
Qué triste es cuando hay cristianos que su carácter desmiente lo que Dios ha hecho en sus vidas. Entonces, en su trabajo la gente no lo respeta. En su familia, no tiene la respetabilidad que necesitan. En la iglesia, son una fuente de conflicto muchas veces. Y la Biblia nos llama a cultivar una reputación sólida. No es que seamos perfectos, hermanos, pero los hijos de Dios debiéramos caracterizarnos porque cuando la gente habla de uno, que digan, “Esta persona es una persona seria. Es una persona que tiene carácter.” Y eso es a lo cual se refiere Pablo o Pedro, perdón, con esa idea de virtud, “arete”, quiere decir, tener solidez en el carácter. Y la formación del carácter cristiano es algo que requiere muchos años de entrenamiento, hermanos. Por eso Pablo habla también en el caso de Pablo, él habla acerca de carácter, la aflicción produce carácter cristiano. La aflicción se necesita muchas veces para atesar, para fortalecer la contextura de un hijo de Dios. Esa solidez con que caminamos, ese aplomo con que caminamos, porque hemos sido probados.
Un soldado que ha estado en la guerra y ha visto las balas silbarle por encima, ha visto compañeros caer en la trinchera, ha sido herido quizás en la batalla, camina con una solidez y una confianza y una autoridad que no tiene el que ha estado en una oficina metido por allá, llenando papeles, aún cuando tiene un uniforme, porque le eso un peso a su carácter. Y eso es lo que yo creo que Pablo está… “A vuestra fe añadid firmeza de carácter,” un carácter sólido, una reputación sólida. Virtud. Pero ya con la virtud añadan otras cosas, y lo próximo que dice es “añadan conocimiento,” “gnosis” conocimiento. Esto se refiere al conocimiento de la verdad, la verdad de Dios, la verdad de la palabra de Dios. Hay que estudiar la palabra de Dios. Hay que conocer los principios del Reino de Dios. De nuevo, de qué sirve un cristiano, mucha fe, muchas lenguas, y a veces virtuoso y bien comportado, pero no conoce la Biblia, no conoce los temas de la Biblia. No conoce los personajes de la Biblia, no conoce los principios teológicos de las Escrituras. No conoce las cosas a las cuales tiene derecho como siervo de Dios y cuáles son sus responsabilidades. Todo eso se adquiere a través de la palabra. Dios quiere cristianos informados. Dios quiere cristianos educados.
Eso es algo que tu tienes que tomar en tu foja de servicios y debes preguntarte de vez en cuando, okay, ¿cómo estoy yo en mi conocimiento de la Biblia? A mí me encanta esto del estudio de la palabra en este año que hemos estado en estudio. No sé cuántos han seguido, yo espero que si tu te comprometiste con seguir estudiando la Biblia en un año, lo hagas. ¿Sabe qué? Ya yo voy por la primera lectura ya la pasé, y tengo la mitad de la segunda lectura. Yo me prometí hacerla en un año dos veces. Porque para mí es importante uno conocer la Biblia, como un soldado que conoce su arma. Sabe que en el entrenamiento de un soldado se le enseña cómo montar y desmontar su rifle, o su arma con los ojos cerrados. ¿Por qué? Porque se le puede trancar el arma en una batalla y necesita poder desmontarla y montarla otra vez si le cayó arena, si se le mojó, si algo está atrancado, debe conocer esa arma porque esa arma es su garantía de vida, hasta cierto punto. Y tiene que estar familiarizado con ella.
¿Cuál es nuestra garantía de vida? La palabra de Dios. ¿Cuál es nuestra espada? ¿Cuál es nuestra arma agresiva? Es la palabra de Dios. Conózcala. Por eso, “añadid a vuestra fe virtud y a vuestra virtud conocimiento.” Usted no diga soy ignorante, usted puede aprender de la palabra de Dios. Esfuércese y conozca la palabra de Dios. La ignorancia mata a los creyentes. En Colosenses, Pablo pide que seamos llenos del conocimiento de su voluntad. Y Cristo dijo, “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Sabe usted que la entrada de tu palabra, dice la Biblia, alumbra el corazón. Cuando la palabra de Dios entra a tu mente, a tu espíritu, tiene un efecto sanitario, te sana, te limpia, es una higiene. La palabra de Dios entra y sana por virtud de ser la palabra de Dios. Coma la palabra. Deje que la palabra corra a través de su sistema sanguíneo espiritual, y esa palabra le dará vida, le da fortaleza, le va a dar efectividad en el servicio cristiano. Comprométase que usted va a ser un conocedor de la palabra de Dios. A la fe, virtud, a la virtud, conocimiento, es muy importante eso.
La cuarta cualidad que Pablo menciona, “al conocimiento añadid dominio propio.” ¿De qué sirve un cristiano con una cabeza bien gorda y grande si no tiene dominio propio. Dominio propio en el griego original es enkrateia. Y esa palabra enkrateia quiere decir dominio sobre nuestras pasiones, nuestros apetitos, nuestros defectos personales. Yo digo aquí, no podemos eliminar nuestras pasiones mientras estemos en este cuerpo, pero podemos aprender a dominarlas, controlarlas. No podemos eliminarlas pero podemos manejarlas y controlarlas. Podemos ponerlas bajo el control del Espíritu Santo y eso es lo que nosotros tenemos que aspirar cada día. Señor, dame control sobre mis apetitos sensuales. Dame control sobre mi ira. Dame control sobre mi tendencia a decir palabras soeces. Dame control sobre mi deseo de controlar a los demás. Dame control sobre mi tendencia a ser agresivo o ser resentido, o no perdonar, o ser violento con mi boca, controlar a mis hijos más de la cuenta. Dame control de mi orgullo. Dame control de mis heridas del pasado. Dame control sobre mis pesadillas, mis temores, mis adicciones mentales. Dame control. Dame dominio sobre todas esas cosas.
Porque, hermanos, mientras estemos en esta biología y hasta que Dios no nos glorifique en un cuerpo glorificado, vamos a contender contra la naturaleza humana. Y lo que podemos pedirle al Señor es, “Padre, dame dominio propio. Cuando yo quiera herir, bendecid. Cuando yo quiera regodearme en ese resentimiento que tengo hacia aquella persona a la cual tengo encarcelada en los últimos 20 años en mi mente, déjame soltarla y bendecirla y perdonarla. Y dame el poder para hacerlo así.” Nosotros vamos a contender contra las pasiones hasta que nos muramos, pero Dios nos da el control sobre ella, nos da el dominio y esa es la parte que nosotros tenemos que aprender a pedirle al Señor, que cuando estamos en la carne, estamos bajo el dominio de la carne, pero ahora Dios nos da la esperanza, fortaleza para tener ese dominio propio, ese control de nuestras pasiones. Es muy importante ese dominio propio.
La experiencia del creyente es totalmente diferente a la del hombre o la mujer que está en la carne. A medida que continuamos creciendo en el espíritu, la naturaleza pecaminosa en nosotros debe disminuir en su poder y su dominio. Las neurosis y las deformaciones del pecado tienen que ser cada vez menos poderosas sobre nosotros. Dominio propio. Añadid… Pídele al Señor ahora mismo, “Padre, dame dominio propio para yo ser un representante digno del Evangelio.” Entonces, al dominio propio, tenemos que añadirle al perfil cristiano perseverancia. La palabra griega aquí es hupomone y quiere decir capacidad para resistir, persistencia. Alguien ha definido la palabra hupomone como perseverancia heroica en el servicio a Cristo a pesar la oposición. El comentarista William Barclay define a hupomone como tener la cualidad de mantenerse firme, enfrentar la tormenta y luchar contra la dificultad y la oposición. Hupomone, perseverancia, es una cualidad que avanza frente a una prueba en lugar de simplemente esperar pasivamente a que se resuelva una dificultad. Es la diferencia entre apretar los dientes hasta que el diablo se canse de darte golpes en la espalda, a tomar control y decir, “En el nombre de Jesús yo salgo adelante. Te reprendo Satanás, te sujeto. Yo puedo en Cristo, yo voy a salir de esto, voy a seguir adelante, voy a salir mejor que lo que era antes de pasar por la prueba.” La resiliencia cristiana.
Es decir, que hupomone, la capacidad para cuando el médico te diagnostica una enfermedad que te va a obligar, a menos que el Señor te sane, a tomar medicina por el resto de tu vida, que tu digas, amén, todo lo puedo en Cristo que me fortalece. En estas cosas yo soy más que vencedor. Cuando te dicen, ¿sabe qué? Mira, no puedes tener hijos o lo que sea. Tu dices, “Bueno, si eso es lo que Dios quiere, amén.” Cuando te digan, ¿sabe qué? Tienes una enfermedad degenerativa que te va a debilitar progresivamente. “Señor, yo no puedo comprender esto, pero en ti yo me refugio.” Cuando esa persona que tu amas te dice, “No vamos a seguir juntos,” tu dices, “¿Sabe qué? Dios es mi marido. Dios es mi amante. Dios es mi novio. Yo puedo en Cristo.” No te desplomas. No te sumes en la depresión. Tu dices, “No, yo voy a usar esta bola que me tira el diablo y la voy a batear de jonrón fuera del campo.” Amén. Yo voy a usar esto para salir adelante.
Los cristianos crecemos con las pruebas, hermanos. Es esa persistencia, esa perseverancia. Pienso en la palabra de Pablo en Efesios, capítulo 6, cuando estemos pasando por el día malo. ¿Cuántos han pasado por un día malo? Pero no un día de 24 horas, un día de 6 meses, un día de un año, un día de 5 años. Ese es el día malo. No es un día de 24 horas. Y habiéndolo pasado todo, cuando termine ¿qué pasa? Estar firmes. Yo hablaba con una joven hace un par de días que vino de otro estado a hablar conmigo, una amiga de ella la trajo, y esta joven, digo esto con todo respeto. No voy a violar ninguna confidencia, creo. Lleva años con un dolor de cabeza terrible que no se le quita y como consecuencia ha contraído una ansiedad también muy fuerte que le está comiendo la vida. Y he estado orando por ella porque su condición me ha conmovido mucho. Y entonces, yo digo, ¡guau! Padre, cómo vive uno después que uno ha orado, uno ha ido al psiquiatra, uno ha ido al consejero, uno ha tomado pastillas, y todavía persiste una condición, ¿qué hago? Me sumo en la desesperación o me prometo que de alguna parte Dios traerá la solución. Y sabe que mientras digo eso me vino a la mente Daniel diciéndole lo mismo al Rey de Babilonia, le dijo, “Oh, rey, si nosotros creemos que Dios nos puede sacar del horno de fuego, pero si no nos saca, aún así, no te vamos a adorar.” O sea, él quería que Dios lo… lo libró del horno pero a la larga… Nosotros tenemos que estar dispuestos a darle gracias a Dios en medio de toda la situación.
Mardoqueo le dijo a Ester asi mismo, “Ester, recuerda una cosa, que si tu no oras, no intervienes, Dios traerá respuesta de alguna parte, pero quién sabe si Dios te ha sacado para un día como este.” Quiero decir, Dios saca soluciones de alguna parte y nosotros tenemos que creer eso. Cuando tu te encuentres en una situación donde tu no sabes de dónde va a salir la solución, mira, agárrate con uñas y dientes de la idea de que aunque yo no tengo la solución, Dios sí la tiene. Y que de alguna manera Él la va a sacar. Entonces, ármate de esa confianza y ponte a buscar la solución con la ayuda del Espíritu Santo, y espera hasta que Dios te la traiga. El cristiano nunca tira la toalla. El cristiano siempre cree que Dios de alguna forma Dios me va a sacar de esto, yo no sé cómo. Y si me faltan los pies, dice, es porque me fui [inaudible] [00:29:41] falta la voz, ese corito. De alguna manera Dios promete que nos va a sacar adelante. Eso es perseverancia. Eso es hupomone. Eso es creer que Dios tiene la solución y yo no voy a colgar los guantes hasta que Él no me enseñe qué es lo que Él va a hacer.
La otra cualidad, voy corriendo aquí a las millas porque quiero terminar ya, piedad. A la paciencia, hupomone, añadan piedad. La palabra eusebia. ¿Hay alguien que se llama aquí Eusebio? Yo sé que Miguel es un hermano de la iglesia, no sé si está aquí hoy. Sino por qué no estás aquí, Miguel. [Risas] Miguel Eusebio. Si usted se llama Eusebio o conoce a alguien que se llama Eusebio, no sé si hay Eusebias. ¿Hay Eusebias? Sí, okay. Eusebia y eusebio quiere decir ser justo, ser piadoso, o mejor dicho, piadoso. La piedad, la entrega total de la vida, la consagración, la devoción. Una persona piadosa es una persona que está comprometida con Dios, una persona consagrada. ¿Quién conoce a alguien piadosa en la Biblia? Vamos a ver los que conocen aquí. Por eso es importante conocer la Biblia. ¿Quién? Cornelio, es cierto. Cornelio era uno, y hay otro que a mí me gusta muchísimo que era justo y piadoso, era Simeón.
¿Recuerdan a Simeón? Ana y Simeón en el Evangelio. Simeón dice que era un hombre justo y piadoso, las dos cosas, porque a veces piedad y justicia son dos cosas diferentes pero no tenemos tiempo ahora para diferenciar entre una cosa y la otra. Pero Simeón era un hombre piadoso, y ¿cómo vivía Simeón? Simeón vivía en la casa del Señor, junto con Ana, eran dos ancianos y Dios le había dicho a Simeón que él no iba a morir sin ver al Mesías. Y Simeón era un anciano y vivía metido de narices en la casa de Dios, un hombre consagrado al Señor. Y cuando Simeón finalmente ve al Mesías, en la forma de este bebito que él toma en sus brazos y le da gracias al Señor, él dijo algo interesante, dijo, “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz.” No dijo despide, sino que dijo, “ahora ya tu me estás despidiendo. Ya yo vi al hijo de Dios, ya yo cumplí mi carrera en la tierra, me voy contento.” Porque para Simeón la vida estaba resumida en ver al Mesías. Ese era su deseo y ya una vez que él vio a Jesús en carne propia dijo, “Okay, ya tu cumpliste tu promesa en mi vida.” Simeón, su placer y su identidad estaban sumidos en su identidad cristiana.
Y eso es lo que nosotros tenemos que... La persona piadosa es una persona que está comprometida y consagrada al Señor. Servir al Señor es su placer. Su identidad está definida por su relación con Dios. ¿Cuántos de nosotros podemos decir que nuestra vida es hacer la voluntad del Señor? Simeón, como él amaba tanto el Reino de Dios, la casa de Dios, su identidad cristiana, cuando él ya cumplió su propósito, él dijo, “Amén, ya Señor llévame, porque ya yo llené todo lo que necesitaba.” A diferencia de muchos de nosotros que queremos pegarnos aquí a la vida a lo máximo. La viejita se está muriendo y la amamos tanto que decimos, “Señor, no te la lleves aunque está sufriendo.” Déjala ya que se vaya, ella es una hija de Dios. No sé si le estoy profetizando a alguien aquí, pero a veces nos apegamos demasiado. Conozco una hermana, esposa de pastor en otro lugar, su esposo lleva un año y medio en un coma y no lo quieren dejar ir, un hombre de Dios, un pastor ahí en una máquina dándole respiración artificial y la hermana no quiere dejar ir a su esposo.
Hermanos, yo creo que llega un momento en que nosotros tenemos que saber que nuestra vida es más que este mundo. El cristiano tiene que tener – de nuevo, no sé si estoy profetizando a alguien acá, pero nosotros tenemos que dejar a nuestros seres queridos irse y nosotros mismos estar dispuestos… Si ya mi pasaporte está sellado, si mi visa la tengo, si todos los papeles están listos, Señor, cuando tu quieras. Ahora, como Pablo, decimos, mira, si Dios me puede usar todavía un poquito más de tiempo aquí, pues, amén. Porque Pablo dice, “Si yo puedo ser útil, me quedo, pero sino, ya yo sé a dónde voy.” Y esa idea, yo creo, de la consagración total, el compromiso total con Dios, con nuestra fe cristiana, eso es importante, la piedad. Eso es lo que quiere decir la piedad, es la consagración, es la santificación de nuestra vida. Es la falta de apego al mundo. Es el saber que mi identidad está, dice, sumida en Cristo. Ya yo estoy enterrado en Cristo, ya yo estoy muerto en Cristo. Yo vivo en este mundo aquí de ñapa y esa es la idea de esa piedad, esa Eusebia que es tan importante.
Dos cualidades más, afecto fraternal. ¿Quién sabe cómo se dice afecto fraternal en griego? Vamos a ver. Filadelfia. ¿Cuántos han oído de la ciudad Filadelfia? Filadelfia es la ciudad del afecto fraternal, the city of brotherly love. Eso es lo que se traduce al español como afecto fraternal. Qué interesante. Tienes fe, tienes virtud, tienes dominio propio, tienes perseverancia, carácter, y entonces aquí esta cualidad, afecto fraternal. ¿Qué quiere decir afecto fraternal, filadelfia? Amor por los hermanos, afecto fraternal. Amor, filos, amor, delfos, hermanos, amor por tus hermanos. Afecto fraternal. Y esa cualidad está a un paso debajo del amor que es la cúspide de todo. Porque el afecto y el amor están vinculados, pero el afecto, yo creo que usted estará de acuerdo con migo, es una cualidad menor, es un poquito por debajo del amor. Es una forma de amor más humilde y cotidiana. Señala el tipo de amor cotidiano que debemos demostrarnos unos a otros mientras vivimos la vida cristiana en comunidad. Hay otra palabra, cortesía, hospitalidad, servicio. Usted está en una reunión de la iglesia y va a buscar café y está sentado con otros en la mesa, y usted pregunta “¿Puedo traerle café a alguien más? ¿Alguien necesita algo, un vasito de agua o lo que sea?” Eso es afecto fraternal. Es hospitalidad, es compartir tu mesa con alguien que necesita en el día de Thanksgiving. Es hacer una llamada telefónica a alguien que está solitario en su casa. Es una palmada en la espalda animando a alguien que está desanimado. Es perdonar a alguien que te pisó los cayos en un momento y dijo algo y perdonarlo y animarlo. Afecto fraternal. Y esa cualidad desgraciadamente en muchas iglesias está en deficiencia, en familias, esa consideración que tenemos los unos a los otros.
El amor, digo, aquí se trabaja en la vida diaria, en las pequeñas cosas. Una iglesia que no muestra afecto fraternal está muerta. No tiene legitimidad. ¿Cuántos de nosotros si vemos a alguien en el servicio que está por allí como perdida, llegó a la iglesia y no encuentra un asiento, cuántos nos sentimos a levantar la mando y decir, “Venga, siéntese aquí al lado mío.”? No, ¿qué hacemos? Movemos la cartera un poquito más para que se sepa que yo no necesito a nadie aquí al lado. Ponemos la mano al lado del asiento como quien dice, como un perro gruñendo con un hueso, no te me acerques. Pero a mí, por ejemplo, cuando yo estoy aquí arriba a veces y yo veo a alguien que entra y veo a esa persona buscando un asiento, enseguida mi corazón es, ¿cómo podría facilitarle a esa hermana o a ese hermano un asiento? Afecto fraternal, nos cuidamos unos a otros. Usted ve alguien allá afuera en la mañana o en el servicio dando vueltas en el carro y usted asume, ¿sabe qué? Esta persona posiblemente sea un visitante y no sabe dónde estacionarse. “Hermano, mire, el estacionamiento está por allí.” Afecto fraternal. Tenemos que tener esa delicadeza unos con los otros. Eso es lo que hace la vida cristiana linda, hermosa. Y una iglesia que se distingue por esto es una iglesia bendecida. “Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía porque allí envía Jehová bendición y vida eterna.” Una iglesia que se caracteriza por ese afecto fraternal, será una iglesia bendecida. El Señor le perdonará multitud de pecados porque hay afecto fraternal.
Y la cualidad por excelencia, digan todos amén, es amor, ágape, amor. Esa es la corona, esa es la cereza encima del helado. Esa es la crema en el pastel, amor. Eso es lo que bendice y adorna todas las demás cualidades. ¿De qué te sirve tener mucha fe si no tienes amor? ¿De qué te sirve tener la cabeza llena de Biblia y no tienes amor? Los fariseos tenían mucha Biblia pero no tenían amor. Y eso es lo que nosotros… Padre, dame el amor pero no cualquier amor, el amor ágape. Ese amor es algo muy diferente. Yo digo que es como el color blanco. ¿Sabía usted que científicamente el color blanco incluye a todos los demás colores científicamente dentro de sí? Por ejemplo, el color rosado incluye un poco de rojo y un poco quizás de azul. El color azul incluye el púrpura y quizás otro color. Pero el blanco incluye negro, azul, amarillo, verde, rojo, todos los colores están metidos en el blanco. Si usted coge todos los colores y los mezcla en una manera, va a producir blanco, no va a producir negro. Qué raro eso ¿no? No me pida que lo explique porque ni yo mismo sé cómo explicárselo. Pero créame que es así.
El amor incluye todas las demás cualidades cristianas. Por eso Pablo siempre la deja para último y Pedro también en este caso. Ellos siempre terminan con este valor supremo en su lista de virtudes. Es el amo que Dios nos ha manifestado a través de Jesucristo. Ese es el amor que lleva al auto sacrificio, el amor que solo Dios puede manifestar, que cuando tenemos el Espíritu Santo entonces, podemos comenzar a expresar ese amor porque humanamente no lo podemos expresar. Yo digo que el amor no es una emoción, es un principio vivido. El amor da a los demás lo que no merece y no les da lo que merecen. El amor es lo que te lleva a poner tu satisfacción personal a un lado y buscar la satisfacción de los demás. El amor es lo que te permite perder para que otros sean bendecidos. El amor es lo que te permite callar cuando tu estás loco por verter un par de palabrotas a alguien que lo hieran, y tienes el poder para herirlos y meterles un cuchillo en el corazón, pero tu dices, “No, no puedo porque voy a dejar una herida allí que nunca se va a sanar.” Ese es el amor. El amor es algo que nadie lo puede ejercer a plenitud excepto por el Espíritu Santo amando a través de nosotros.
Tenemos que pedirle al Señor, Señor, ayúdame a amar como Cristo me amó. Así que, hermanos, en esta tarde les voy a leer esas virtudes y si tu reconoces una que necesitas que Dios imparta a tu vida [inaudible] [00:41:48], quiero eso. Vosotros también poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, paciencia, a la paciencia, piedad, a la piedad, afecto fraternal y al afecto fraternal, amor. Padre, baje su cabeza conmigo, abra su espíritu ahora mismo, abra su espíritu como una flor que se abre al agua del cielo para recibir bendición. Abra su espíritu a la tierra que se abre para recibir la humedad que viene del cielo. Abra su mente, abra su corazón. Ponga a un lado toda excusa para no recibir una de estas cualidades, para no vestirse con ellas, para no desearla. Y dígale al Señor, “Yo necesito amor, necesito piedad, consagración a ti, necesito dominio propio, Padre, dame más fe, Señor. Quiero conocer tu palabra mejor, quiero conocer tu carácter, tu misterio mejor, quiero reflejar más a Cristo de manera que mi reputación sea adecuada y te honre, Padre.
Señor, lleva a esta iglesia tan bella, tan hermosa a un nivel más alto de consagración a ti. Nos falta mucho camino que andar, Padre, inclusive el que predica. Estamos tan conscientes de nuestras faltas, somos un vacío insaciable, Padre, pero tu eres poderoso para santificarnos, sanarnos, adornarnos con el fruto del Espíritu Santo. Padre, León de Judá necesita desesperadamente una medida adicional de tu gracia. Gracias porque no podemos estar orgullosos de nada porque todo viene de ti y es por tu bondad y tu misericordia. Hemos fallado escandalosamente, Padre, pero gracias porque tu amor es tan grande, tu bondad es tan infinita que sabemos que estamos cubiertos por tu gracia. Pero no nos conformamos con saber que tu nos has aceptado, queremos serte más agradables cada día, queremos reflejar más el carácter de Cristo. Ayúdanos.
Yo pido que si hay alguien en esta tarde que tu le has convencido de la necesidad de ir más allá en su crecimiento cristiano, que tu ahora mismo infundas en ellos la fortaleza y el poder para ir a ese nuevo nivel al cual tu lo estás llevando. Nosotros creemos, Padre, que tu estás usando nuestros fracasos, nuestras luchas, nuestras deficiencias, estás usándolo todo para crearte un hombre, una mujer que te honre y que te deleite tu corazón cuando tu nos mires. Recibimos nuestras pruebas, nuestro entrenamiento como parte del amor de Cristo manifestándose a través de nosotros y llevándonos a un nuevo nivel. Sánanos, bendícenos, adórnanos con el carácter de Jesús y nosotros declararemos que en todas estas cosas seremos más que vencedores. Gracias por dignarte a invertir en nosotros. Ayúdanos a vivir a la altura de nuestro llamamiento en el nombre de Jesús. Amén. Amén y amén. Dios les bendiga, mis hermanos.