
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El pastor habla acerca de los componentes del avivamiento basándose en el libro de Segundo de Crónicas capítulo 34. El rey Josías fue una persona piadosa que hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en los caminos de David, su padre. Desde temprana edad, Josías comenzó a buscar a Dios y a los 20 años concibió un gran proyecto para reformar su nación y transmitir su amor por Dios a su reinado. El avivamiento siempre comienza con una persona, y puede comenzar con cualquier persona, sin importar su pasado o linaje. Para que haya avivamiento, tiene que haber hambre y sed de Dios, y cada uno de nosotros puede contribuir a esto buscando a Dios con todo nuestro corazón y estableciendo una relación personal con Él. La salvación y la espiritualidad son individuales, y Dios encuentra a los grandes hombres y mujeres de la Escritura en la intimidad y en la soledad.
El pastor habla sobre la importancia de tener hambre y sed de Dios para poder experimentar un avivamiento en la iglesia. También señala que la sociedad actual está más interesada en la religión como entretenimiento y que la iglesia debe ser un lugar donde se predique la Palabra de Dios de manera profunda y exhaustiva. El pastor hace una confesión de que la iglesia ha fallado en mantenerse limpia y pura ante el Espíritu Santo y que la corrupción moral ha alejado la presencia de Dios de las reuniones. El pastor llama a la iglesia a prepararse para el avivamiento y a pagar el precio de la santidad y la limpieza de corazón. Josías es un ejemplo de cómo la iglesia debe luchar contra los poderes del diablo y purificar la nación de la idolatría
El pastor habla sobre el avivamiento y cómo prepararnos para él. Josías utilizó la violencia para destronar los ídolos y las potestades que tenían a Israel esclavizado en una guerra espiritual. La iglesia debe ser clara en la proclamación de la palabra de Dios y prepararse para el ataque del enemigo. También debemos purificarnos y santificarnos para no darle al enemigo un asidero. La casa de Dios es importante y debemos honrarla y dar para su mantenimiento. La adoración corporativa es esencial y debemos congregarnos como pueblo de Dios. Debemos consagrar nuestras vidas y romper todo trato con el diablo. Debemos arrepentirnos y pedir la limpieza y purificación de la iglesia y de nuestras vidas. Debemos pedir a Dios que use esta congregación para su gloria y entrar en una nueva etapa como iglesia.
Quiero invitarles, hermanos, a ir a la Palabra del Señor en Segundo de Crónicas, capítulo 34 y el tema que quiero compartir con ustedes es, componentes del avivamiento, componentes, elementos que constituyen el avivamiento. Y les confieso que se me quedó mi Biblia en la casa y le dije a Meche, "mira, consígueme la Biblia mas Pentecostal que tu encuentres por ahí en la congregación". Y aquí está la Biblia de Wilson Santo, creo que es, y califica de Pentecostal. Primero, tiene letra grande, que era lo que me interesaba. Segundo, está cubierta de celofán, imagínense para protegerla. Y tercero, pesa como quince libras, por lo menos, así que definitivamente califica como una Biblia Pentecostal. Gloria a Dios.
Pero quiero hablarles acerca de eso, el viernes, este viernes hace dos días, estuve predicando en una reunión de avivamiento, precisamente. Ha habido 16 reuniones en el área de Boston y sus alrededores buscando una visitación del Señor sobre Nueva Inglaterra. Y yo he tenido el privilegio de predicar en varias de esas sesiones y siempre que he tenido la oportunidad de predicar, he tomado el tema del avivamiento como la base de mis comentarios. Y este viernes, comenté acerca del rey Josías, que Dios usó para traer un avivamiento muy poderoso al pueblo de Israel. Y sentí del Señor compartir este sermón con ustedes esta tarde, porque creo que la enseñanza muy bien se justifica volver a repetirla, aunque la mayoría de ustedes no la escuchó evidentemente, la inmensa mayoría.
Segundo de Crónicas-34, aquí habla de este rey piadoso, Josías, uno de los pocos reyes verdaderamente aprobados por Dios, por su corazón, su actitud, su entrega al Señor y su deseo de establecer la adoración legítima en el pueblo de Israel. Nos da un detalle interesante desde el comienzo mismo, de ocho años era Josías, cuando comenzó a reinar. Imagínese usted, tener un pueblo completo sobre sus hombros a los ocho años de edad. Usted estaría, hoy en día, en el segundo grado, imagínese, de escuela elemental, cuando comenzó a reinar y 31 años reinó en Jerusalén, y aquí se dice algo bello acerca de Josías, dice que "éste hizo lo recto ante los ojos de Jehová".
¿A cuántos nos gustaría tener eso ahí, en nuestro epitafio, en la tumba? Este o esta hizo lo recto ante los ojos del Señor y "anduvo en los caminos de David, su Padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda." Una de las cosas más aprobatorias que se podía decir de un rey, en estos tiempos de la Escritura, era que había caminado en los caminos de David. ¿Por qué? Porque David había amado al Señor por sobre todas las cosas. David era un hombre extremadamente imperfecto pero celoso por el Señor. Y no le hablara usted a David de compartir la gloria de Dios o de insultar a Dios, porque David era totalmente comprometido con la gloria del Señor. Y por eso él le cortó la cabeza al gigante y acometió este gigante, porque sentía que la gloria de Dios estaba siendo comprometida por este gigante que insultaba al Señor y a los ejércitos de Dios vivo y él dijo, no puedo permitir eso. David era un hombre recto, comprometido, amaba al Señor por sobre todas las cosas y este hombre, Josías, era de la misma estirpe. Y por eso se dice que él hizo lo recto conforme al rey David.
Dice aquí que, y no voy a leer todos los pasajes, pero usted, en su tiempo de meditación en los próximos días, tome estos dos capítulos, Segundo de Crónicas 34 y 35 y hágalo una plataforma para sus estudios personales, para sus devocionales. Un par de días, coja y lea estos dos versículos y pídale al Señor que le hable acerca de estos capítulos de la Escritura. Dice aquí "que a los ocho años de su reinado siendo un muchacho". Es decir, en este momento Josías tiene 16 años, sabe que nunca es demasiado temprano para servir al Señor y nunca es demasiado temprano, tampoco, para hacer algo significativo. Si hay algún joven aquí, en esta tarde, la Biblia dice, no subestimes tu juventud, ni dejes que nadie subestime tu juventud. Estos niñitos que presentamos acá son tan preciosos ante los ojos de Dios como cualquier adulto, porque su alma no tiene edad.
Y recuerda joven, hay algo que tú puedes hacer para tu vida, seas hombre o mujer, digo, para el Reino de Dios, en tu vida. Si tú, desde ahora, dedicas tu vida al Señor y te comprometes con Él y lo amas por encima de todas las cosas, Dios te puede usar grandemente. Yo creo que uno de los problemas es que los jóvenes, a veces, se subestiman a sí mismos. Y los jóvenes no entienden lo importante que son para nosotros los adultos, el saludo de un joven nos puede bendecir. A mí me bendice cuando viene un muchachito de la iglesia y me saluda, porque agradezco eso. Y nosotros los adultos, podemos ser bendecidos. Jóvenes, Dios les está llamando a ustedes, necesitamos una nueva generación, esta generación va pasando, la que yo representó. Pero todavía hay mucho trabajo que hacer en esta cultura, y ustedes tienen un llamado especial para ser los que nos han de sustituir, y ya ustedes pueden comenzar a servir al Señor. Me encanta eso de que quizás, no sé, será profético Wilson, que tú me prestes tu Biblia para predicar. Fue Wilson, un joven que creció con nosotros aquí en la iglesia. Y yo siempre alardeo de Wilson porque era un títere cuando lo conocimos a los trece o catorce años. Y yo siempre le digo a la gente, Wilson podría está por ahí vendiendo droga, Dios lo libre, pero está, ahora es un hombre de Dios qué sirve al Señor, un hombre de familia, un profesional, ministrando a los jóvenes de la iglesia. Qué bendición y una inspiración para muchos de nosotros. Uno puede ser joven y piadoso, uno puede ser joven y útil a la obra del Señor. Así que no subestimemos la importancia.
Josías a los 16 años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David, su padre. Hubo algo que nació en el corazón de Josías a una temprana edad y él determinó que quería conocer a Dios y quería conocer al Creador de una manera diferente. Y eso lo llevó a otras cosas, también, porque dice que a esa edad, después a los 12 años de su reinado, es decir, ya tenía entonces 20 años, 12 + 8. A los 16 comenzó a buscar de Dios, cuatro años después, parece que después que ya él había estado cocinándose a fuego lento por cuatro años buscando el Señor. A los veinte concibió en su corazón un gran proyecto de reformar su nación y de transmitir lo que había en su corazón a su nación y a su reinado. ¿Sabe qué? La piedad, el amor por Dios, la pasión por el Señor no puede quedarse en nosotros mismos, tienen que transmitirse, entonces, en actos. Pero antes de entrar en ese detalle, y voy a ver cómo ordeno estos pensamientos, tuvo que haber en él primero una pasión, tuvo que haber en él una santa inquietud de conocer al Señor, y comenzó a buscar de Dios. Y hablando de avivamiento, hermanos, todo avivamiento comienza con una persona. A veces pensamos que avivamiento es algo que comienza como una explosión de muchas iglesias y de una región entera. No, muchas veces el avivamiento tendrá que comenzar con un hombre, una mujer, con una iglesia que se dedique a buscar apasionadamente del Señor y de ahí, entonces, nace todo lo demás.
En este pasaje, el avivamiento comienza con un joven, Josías. Y, déjenme decir algo acerca de Josías, Josías era un candidato poco probable para comenzar un avivamiento. Josías era hijo de Amón, un hombre, un rey tremendamente malo y pecaminoso, un idólatra que llevó a Israel a un nivel profundo de idolatría. Pero su abuelo, Manasés, era un criminal, era un tipo malévolo. Manasés era un idólatra terrible, sacrificó a sus propios hijos, desecró [sic], dañó el mismo santuario de Dios con ídolos dentro del santuario, prostituyó a los sacerdotes de Israel conduciéndolos a hacer sacrificios a los ídolos. Y ofendió tanto a Dios, que Dios lo castigó con un cautiverio vergonzoso. Dice que lo llevaron a Babilonia con un anillo en la nariz y lo arrastraron, lo llevaron a Babilonia cautivo. En Babilonia se arrepintió, gracias a Dios, en Babilonia se arrepintió y parece que la vergüenza fue tan grande y la aflicción, que el hombre recapacitó y se arrepintió. Y Dios lo sanó y lo bendijo al final de su vida. Pero Josías, imagínese, nieto e hijo de dos hombres terriblemente pecaminosos, provenía de un linaje corrupto y, sin embargo, este hombre decidió servir al Señor.
Y hay algo ahí, hay una lección para nosotros, no importa de dónde nosotros vengamos, no importa si tu familia, si tu linaje familiar ha sido un linaje de pecado, de alcoholismo, de adulterio, de bigamia, de incesto, de crimen, de fracaso, de pobreza, de no buscar de Dios. Tú puedes comenzar una nueva tradición en tu familia, tú puedes ser parte de un nuevo linaje, una nueva generación. No permitas que tu pasado controle tu presente ni tu futuro. Usa los errores del pasado, usa los errores de tus antepasados como un peldaño hacia la grandeza espiritual. Dios te puede usar más, inclusive, porque tú has pasado por eso y puedes ser un trofeo para gloria de Dios. Y tú podrás hablar con una autoridad que nadie más puede hablar. Así, no permitas que el enemigo te diga, "no, yo vengo de mi familia, estos". No, mira en Cristo Jesús tú puedes hacer cosas nuevas y poderosas para gloria del Señor. Josías no permitió que su pasado lo atara, sino que él dijo, yo voy a ser diferente, yo voy a comenzar una tradición.
Y lo que digo acerca de eso, que el avivamiento siempre comienza con una persona, comienza en un punto y de ahí se va extendiendo en círculos concéntricos, cada vez más abarcadores. El avivamiento puede comenzar contigo, cuando tú comienzas a sentir un santo celo por el Señor. Cuando tú no estás contento con una religión de costumbre, de venir a la iglesia los domingos, ponchar la tarjeta e irte igual que como llegaste. Yo creo que el secreto del cristianismo es de uno establecer una relación personal con Cristo Jesús y amarlo en una manera entrañable y llegar a conocerlo, como Dios quiere ser conocido. ¿Tú sabes que Dios quiere ser conocido por nosotros? Dios quiere que tú lo conozcas en su intimidad y Dios quiere que tú sientas hambre por Él. Cuando un hombre, una mujer tiene hambre de Dios y quiere avivamiento en su vida, Dios siempre lo honra.
En Jeremías 29 Dios le dice a los hebreos en Babilonia, "Me buscareis y me hallareis porque me buscaréis de todo vuestro corazón". Cuando un hombre, una mujer se dedica a buscar de Dios, cuando rechazamos la religión vana, ceremonial y sentimos un santo deseo de conocer a Dios, Dios siempre nos va a bendecir. El salmista David dice, "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo." Hay que buscar de Dios con apetito, hay que buscar al Señor de todo corazón. Dios no quiere que tu espiritualidad dependa del pastor y de la iglesia, al Señor hay que buscarlo en la intimidad, en lo oscuro de la madrugada, hay que buscarlo en ayuno, en oración, hay que buscarlo en esos momentos de intimidad, de comunión con el Señor. La salvación es individual, hermanos, y la espiritualidad es individual. Dios quiere que cada uno nosotros sea un carbón encendido, ardiendo para gloria de Dios. No hay nada que entusiasme más al Señor que un hombre, un joven que diga, yo quiero conocer a Dios.
Moisés le dijo al Señor, Señor hasta aquí tú me has bendecido, me has usado, pero no me has enseñado tu rostro, todavía. Qué cosa más escandalosa, decirle a Dios muéstrame tu rostro. Y ¿sabe qué? Que Dios, en vez de ofenderse, le dijo, "Bueno, mira no te puedo presentar mis rostro porque te carbonizaría, te quemaría, te convertiría en un carbón, pero te voy a permitir ver mis espaldas." Y le enseñó sus espaldas. Yo me conformaría con ver la espalda de Dios. Y le dijo, "Te voy a meter en la hendidura de una roca para protegerte cuando me veas." A Dios le encanta cuando uno tiene deseo de conocerlo. Dios encuentra a los grandes hombres de la Escritura en la intimidad y en la soledad. A Eliseo lo encontró ahí, con bueyes arando. Elías tuvo su mayor momento con Dios en el desierto, a solas. Moisés lo encontró en otro desierto, cuidando cabras, en el silencio del desierto. Dios encuentra a los hombres así, en momentos de soledad, y a las mujeres también, evidentemente.
Mi hermana, mi hermano, cobra apetito por el Señor, renuncia a la religión, renuncia a vivir montado en la religiosidad de tus padres. Dicen por allí que Dios no tiene nietos, alguien dice, "No, mi mamá era evangélica, mi mamá esto y lo otro". Tu mamá no tiene nada que ver, eres tú quien tiene que conocer al Señor. Tú tienes que establecer una relación con Dios. No solamente eso, sino que no podemos depender de las experiencias del pasado, como dice ese coro, ayer ya pasó, te necesito hoy. Cada día nosotros tenemos que volver a buscar aceite para nuestras lámparas y cuando un hombre, una mujer tiene apetito de Dios, Dios entonces lo visita y lo bendice. Y eso es lo que Josías hizo, Josías consiguió un proyecto, quiero conocer al Señor y Dios entonces lo bendijo. Para que haya un avivamiento tiene que haber hambre y sed de Dios. Cada hombre, cada mujer, cada uno de nosotros, yo invitó a Congregación León de Judá a ser una gran asociación de hombres y mujeres con hambre y sed de Dios. Cada uno buscando su despojo, cada uno en el cuarto de oración y de búsqueda del Señor, cada uno constituyéndose en un clamor delante de Dios.
Hermanos, la iglesia de Estados Unidos necesita reformadores, necesita Josías. Hombres y mujeres que digan, yo voy a buscar al Señor en la intimidad. Porque Estados Unidos, de nuestro tiempo, y la iglesia de este siglo 21, es como Israel en los tiempo de Josías. Se han olvidado, nos hemos olvidado de Dios. La palabra de Dios en nuestro tiempo ha sido corrompida. En el tiempo de Josías, la Biblia estaba completamente escondida y no se conocía. Fíjese, le voy a decir un poquito más acerca de eso más adelante. Pero, la palabra el Señor sea corrompido en nuestro tiempo, no se predica, la gente no conoce la Biblia. Hablaba con un joven esta semana, bello muchacho, muy especial, un hombre admirable en muchos sentidos. Pero no conoce la Biblia, tiene mucha piedad pero ignorante de la palabra del Señor. Y yo lo animé y él mismo reconoció, tú quieres conocer más de Dios, tú quieres éxito en tu vida, dedícate a estudiar la Biblia. Conoce la palabra del Señor.
En nuestro tiempo, hermano, la gente no quiere escuchar la Biblia. Yo hago todo lo posible por predicar sermones de veinte minutos y fracaso miserablemente cada vez. Porque la Biblia, la Palabra necesita, el pueblo de Dios necesita buena instrucción, necesita tiempo en la Palabra. Sermones de veinte minutos, gloria a Dios a los que tienen ese don, yo no lo tengo. Yo creo que hay que predicar la Palabra en una forma exhaustiva y profunda y nosotros, cuando venimos a la casa Señor, tenemos que venir a nuestro riesgo. No haga cita con la gente muy puntuales, no deje las habichuelas prendidas allá en el horno, en la casa creyendo que va a llegar. No, no el tiempo es de Dios. No quiero abusar de eso, pero sí aprendamos a de darle a Dios el tiempo que necesita para que su Palabra pueda ser explorada y enseñada como es debido. Por lo menos hay unos cuantos que están de acuerdo conmigo.
En los tiempos de Josías, la Palabra no se predicaba, la Palabra estaba encadenada, como en los tiempos de de la Reforma, también, que la Biblia estaba encadenada en una de las catedrales de Roma. Se ha mezclado la doctrina con todo tipo de enseñanzas extranjeras que reflejan, más bien, la cultura y los valores de nuestro tiempo. Hoy en día, la gente viene a la iglesia a ser entretenida, viene a que se les digan historias bonitas. A que se les diga, solamente, Dios te ama, Dios te va a dar una prosperidad grande, Dios tiene dos carros para ti. Hay una joven por allí, de ojos azules, rubia, de seis pies de altura, que tiene todo, una casa grande, un trabajo exitoso, Dios tiene fortuna para ti. Pero no quiere que se les llamé al trabajo que requiere una vida agradable al Señor. Y, entonces, hoy en día, es mucha bendición, bendición, bendición pero, y qué del llamado a la santidad, a la búsqueda de Dios, a la entrega, al servicio, a darle al Señor generosamente. Y nuestra nación está llena de eso, profetizamos lo que la gente quiere escuchar, no lo que necesita escuchar. Hay corrupción moral en la iglesia, hemos permitido que el pecado, en todas sus diferentes formas, corra desenfrenado dentro de la vida de la iglesia. Esto ha alejado la presencia del Espíritu Santo de nuestras reuniones. La revelación, el poder de Dios no se manifiesta porque el Espíritu Santo ha sido contristado por todos nuestros pecados dentro de la iglesia. Nos hemos negado a rechazar lo que Dios rechaza.
Y esto es una confesión qué estamos haciendo, ahora mismo, hemos hecho todo tipo de compromisos con la santidad y la verdad de Dios. Nosotros, los sacerdotes, hemos sido negligentes en mantenernos limpios ante el Espíritu Santo. Nos hemos vuelto cómodos y anteponemos nuestros placeres, nuestra comodidad, nuestras posesiones materiales a los intereses del Reino de Dios. Hemos ido tras nuestros propios sueños y visiones, no hemos dado prioridad al Reino de Dios y al cumplimiento de la misión que Jesús dejó a su iglesia. Hermanos, no hemos llorado lo suficiente, no estamos lo suficientemente apenados por los pecados de nuestra cultura y de la iglesia misma. Dios necesita un ajuste del engranaje de la iglesia para hacer lo que Él quiere hacer, por lo tanto somos muy parecidos a Israel en la época de Josías. Aún las iglesias conservadoras hemos perdido, a veces, el fuego por el Señor y necesitamos volver a los caminos antiguos. Yo creo que Dios quiere, hermanos, Dios quiere hacer algo nuevo en su iglesia. Yo creo que estos tiempos son tiempos preñados, en que hay algo que Dios quiere hacer en nuestro siglo 21. Yo vivo pensando que hay un avivamiento que viene, que va a ser como un viento recio, que va a entrar y va a conquistar naciones enteras. Yo creo que hay una visitación del poder de Dios que Dios quiere dar.
¿Por qué estamos en Boston? ¿Por qué hemos construido estos edificios? Porque yo he querido establecer una base para el poder de Dios y para el avivamiento. Cuando el avivamiento venga se necesitan iglesias preparadas, se necesitan iglesias con una buena planta física, plantadas en lugares estratégicos, con capacidades tecnológicas. Porque, si viene el avivamiento se va a necesitar predicar el evangelio a todas las naciones de una forma fácil y económica, y ese es el Internet y nosotros tenemos que ser los mejores en muchas áreas. Porque yo creo que viene ese avivamiento en que veremos naciones enteras postrarse a los pies de Jesucristo, veremos una visitación del poder de Dios donde habrá resurrecciones, habrá sanidades, habrá conversiones masivas, habrá naciones enteras diciendo vamos a seguir los caminos de Jesús. Pero hay que pagar un precio.
Una hermana me profetizó, allá arriba esta mañana, en el primer servicio. Una mujer que yo respeto mucho, me decía "Mira, tuve un sueño con tu esposa y veía primero un camino escabroso y dificultades y amenazas, pero después entramos porque iba con una compañía, a una bendición y una cosecha grande, algo luminoso, un banquete, una mesa expuesta delante de nosotros." Y quiero decir, hermanos, que la bendición de Dios siempre viene acompañada y antecedida con pruebas, dificultades. Satanás siempre quiere matar el bebé antes de que nazca. Lo hizo con el faraón y los primogénitos, lo hizo con Jesús, quiso matar la vida de Dios antes de que naciera. Y nosotros vamos a tener que batallar mucho, la bendición de Dios no se compra barata. La religión es barata, pero la bendición cuesta y por eso es que nosotros tenemos que pagar el precio como iglesia, porque si queremos esa gran gloria de Dios, Dios quiere usar vasijas limpias. Estoy más consciente de esto que nunca, tenemos que purificarnos, tenemos que sanarnos, tenemos que limpiarnos. Si uno va a dar un gran viaje, ¿qué hace uno? Uno mide el aceite, se asegura que se le cambie el aceite al carro, que esté lleno de gasolina, se le haga un buen tune up, las gomas tengan buen aire, porque el viaje es largo y demandante.
Lo que le espera a la iglesia es grandioso y exigente, pero la iglesia necesita apretar todas las tuercas de su engranaje. Tenemos que prepararnos. Vamos a pedirle al Señor que nos santifique, que nos limpie. Yo estoy, como nunca, comprometido a honrar al Señor hasta el fin de mi vida y a servirlo en santidad y en limpieza de corazón. Y nosotros queremos ser, cada uno de nosotros así, queremos que el Señor se agrade de nuestros corazones. Tenemos que apretar nuestros matrimonios, tenemos que nuestro desempeñó como padres mejorarlo, tenemos que amar más a Dios, tenemos que humillarnos más, tenemos que perfeccionar nuestro carácter más. Tenemos que pedir al Señor que nos pula, que nos muela, que nos desmonte y nos vuelva a montar como Él quiere. Que tome la vasija, la deshaga y la vuelva a formar como Él quiere formarla. Porque cuando una iglesia se dedica así, a servir al Señor de corazón, Dios la usa grandemente. Yo les veo a ustedes, mis hermanos, ahora veo, nos veo, adorando y buscando de Dios y estamos en un buen tiempo. Yo les invito ahora, como una gran compañía a seguir entrenándonos, preparándonos, amando al Señor, dándonos más para que Dios use a Congregación León de Judá como un centro de avivamiento. Quizá, que el fuego comience a aquí, con estos inmigrantes que le deben dar un ejemplo a esta nación de lo que es una espiritualidad sana, profética, poderosa, entregada al Señor, servicial, sacrificial. Vamos a ser una iglesia, mi visión en este momento, es que León de Judá se convierta en un centro de avivamiento, un lugar donde las almas vengan y conozcan al Señor.
Esta mañana, en el servicio en inglés, yo podía contar unas 12 personas ó 15 personas en reconstrucción seria, gente recuperándose de las drogas, recuperándose de no tener hogares, de familias terribles. Mucha de esa gente viniendo de ahí, de Methadone Mile, y en reconstrucción. Y yo digo gloria a Dios, ojalá que la iglesia se llena de gente así, que estén sacados del fuego y que Dios los esté usando para ser conquistadores. León de Judá debe ser un refugio para las almas, un lugar donde la gente se sienta que tienen espacio para a caminar su jornada cristiana, y que haya otros peregrinos que les den la bienvenida y les digan, ven con nosotros porque nosotros vamos buscando la misma cosa, también. Yo pido que el Señor llene a León de Judá con su poderoso espíritu.
Es más, vamos a orar ahora mismo, levente sus manos conmigo y vamos a pedir, Señor, en el nombre de Jesús, que estas palabras no sean palabras huecas, que no sean palabras vacías, Señor, que sean palabras verdaderamente que te honren. Haz de León de Judá un lugar de avivamiento, Señor. Haz de León de Judá un lugar de santidad, haz de León de Judá un lugar donde tu poder se manifieste. Haz de León de Judá un lugar, Señor, de evangelismo efectivo, donde muchas almas conozcan a Cristo. Ayúdanos a ser una inspiración para otras congregaciones, no para gloria de nosotros, sino para gloria de Jesucristo. Derrama tu espíritu sobre esta congregación, protégela Señor, guárdala de todo daño, y haznos una compañía de gente que nos amemos unos a otros, Padre. Que caminemos en humildad, que anunciamos tu palabra, donde el poder de Cristo anide sin ningún tipo de resistencia, Señor. Santifícanos, purifícanos y llénanos con tu poder. En el nombre de Jesús, amén. No se entusiasmen demasiado porque no hemos terminado todavía, me queda, pero quería tomar ese momento, simplemente, para decir que es importante. El avivamiento tiene que comenzar con nosotros, así como comenzó con Josías, tiene que comenzar contigo.
Josías, después de confesar los pecados de su pueblo, después de concebir una espiritualidad grande y poderosa dentro de él, procedió, entonces, a limpiar a Israel de toda la idolatría. Se dedicó, los próximos meses, a destronar ídolos y lo interesante es la manera en que lo hizo, lo hizo con violencia, lo hizo sin ambigüedades. Mire el lenguaje que usa la Biblia para hablar acerca de cómo Josías llevó a cabo esa gran limpieza de Israel. Dice en el versículo 4, "... Y derribó delante de él los altares de los baales..." Hay una cantidad de verbos de violencia aquí, "Derribó los altares, hizo pedazos las imágenes del sol que estaban puestas encima, despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, desmenuzó esas estatuas y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que le habían ofrecido sacrificios” a Baal y Asera y a todos estos Dioses. Usted, ¿ve la resolución de este hombre? No era una reforma, allí, tibia, no era algo como que pidiendo disculpas, Josías estaba determinado a humillar a los ídolos. “Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares y limpió a Judá y a Jerusalén. Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes, versículo 7, de Asera y quebrado y desmenuzado las esculturas y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.” Él mismo supervisó la limpieza de la nación y lo hizo en una forma total.
Yo hablaba hace un par de domingos, quizá lo hice con el servicio en inglés, acerca de una santa violencia que Dios quiere de nosotros, no es una violencia carnal, no es una violencia farisaica, es una violencia que está acompañada de gracia, de amor y misericordia. Y es una violencia contra los poderes del diablo que están encadenado a la gente. No es una violencia contra los pecadores, los pecadores necesitan misericordia, pero contra los espíritus que controlan y esclavizan la vida de los pecadores. Hay una industria del mal que está detrás de Methadone Mile, hay una industria del mal que está detrás de los gobiernos que rechazan a Dios. Hay una industria del mal detrás de cada político que le anuncia al pueblo doctrinas falsas. Hay una industria demoníaca que enseña a nuestros hijos que ser mujer o ser hombre es lo mismo, que no hay diferencia, es una industria demoníaca.
Y, yo creo, que la violencia de Josías venía del hecho de que él sabía que él estaba en guerra espiritual, y al él humillar a estos ídolos y estas estatuas, él estaba haciendo una guerra espiritual de destronar los poderes que tenían a Israel esclavizado. Era guerra lo que él tenía. Hermanos, estamos en guerra y nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados y potestades. Y la iglesia tiene que ser clara en la proclamación de la palabra de Dios, tenemos que ser claros en la forma en que vivimos. Si vamos a tratar de arrebatarle almas al diablo, tenemos que estar claros y seguros, nuestras espaldas tienen que estar cubiertas Tenemos que prepararnos porque vendrá el contraataque, Satanás no se quedará tranquilo. Y, por eso es que yo digo que si vamos a acometer una guerra contra el enemigo, tenemos que purificarnos, santificarnos, limpiarnos para no darle un asidero al enemigo. Porque el diablo usa cualquier excusa para hacer daño y para destruirnos, él es el gran acusador. Y por eso yo creo que Josías usó esta violencia.
Hermanos, Dios nos está diciendo, como iglesia, hace un tiempo ya, prepárense, circuncídense porque viene un tiempo de mucha labor y mucho trabajo. Antes de Moisés entrar al pueblo, la tierra prometida, o Josué mejor dicho, los circuncidó para que entrarán en la tierra, porque le esperaba una gran guerra. Y la santificación, la preparación, el conocer la palabra de Dios, una vida de oración vital, una vida devocional vital, poner en orden todas las piezas de nuestra vida es importante si vamos a hacer esa guerra espiritual. León de Judá ha sido llamado a la guerra. Nuestro estandarte no es el cordero, es el león y gloria a Dios por el cordero, es importante también. Pero, en este tiempo de la historia, la iglesia necesita ser una iglesia guerrera, una iglesia violenta. Yo hablaba acerca de Finés, y de Jehú, lea la historia de Finés y de Jehú en la Biblia, fueron hombres totalmente dedicados a una batalla. Jehú destronó a Atalía y a Jezabel, ¿cómo murió Jezabel? Tirada desde un balcón por los eunucos. Se necesitaban hombres como Elías, en ese tiempo mientras más poderoso es el mal, en la vida de una nación, más fuerte tiene que ser la guerra espiritual que el pueblo de Dios levante. Este es un tiempo en que nosotros tenemos que decir, Señor llénanos. Esta iglesia, el nombre de esta iglesia fue concebido como una visión del León de Judá mirando con autoridad sobre los poderes del diablo, esas arañas que estaban gobernando sobre la ciudad.
Hace una semana, yo andaba con un pastor que vino a conocer la iglesia y pasar un tiempo conmigo en conversación. Era un día un poco lluvioso, yo lo llevaba por el tercer piso del salón L, allá arriba, en el tercer piso del 68 de Northampton Street. Y, cuando estábamos ahí, que estábamos entrando en el salón, a través de la ventana había un halcón parado sobre las barandas de uno de los balcones de León de Judá. Y yo no sé si usted ha visto un halcón de cerca, pero yo lo podía, estaba como a cinco pies, a través del vidrio. Y ese halcón estaba, las garras las tenía metidas en la baranda metálica, y yo no sabía que los halcones, ese halcón, les digo que era como de aquí hasta aquí, era un animal como de dos pies de alto, tengo fotos de él acá. Y ese halcón estaba mirando hacia el callejón ese, que está entre el edificio de aquí y los condominios de al lado. Y yo me extasié mirándolo con el pastor que estaba conmigo y él se quedó allí tranquilo, no se inmutó. Y, hermanos, los ojos y ojalá le diera yo una foto, la tengo aquí para haberla proyectado. Los ojos de ese halcón eran maravillosos, totalmente claros y decididos, y como tienen como una cejas, algo así, se veía claro, el del perfil, porque yo podía ver solo un ojo de él. Pero, esos ojos eran completamente firmes y llenos de autoridad, inmutables. Un halcón no le tiene miedo a ningún otro pájaro, es un ave de presa. Y así fue el león que yo vi en ese sueño, era igualito, era un león pero con unos ojos poderosos, llenos de autoridad y miraba sobre la ciudad, miraba sobre los principados y las potestades, él siendo total autoridad sobre ellos. Y me recordó ese halcón, yo no sé si Dios lo puso allí para que yo recordará el sueño, pero ese halcón estaba allí, fijo, tranquilo y ahí estuvo como por quince minutos, yo mirándolo. Al final me cansé y lo dejé tranquilo y me fui a enseñar al pastor el resto de la iglesia.
Qué maravilloso ese Dios todopoderoso. Nosotros no somos palomas, ni pavos -que no vamos a comer ahorita- somos aves de presa. La iglesia es una iglesia, es águila, somos águilas, somos halcones, somos gente de poder, somos gente de autoridad, somos gente de guerra. Tenemos que santificarnos porque Dios tiene una victoria para nosotros, Dios tiene una asignación para este pueblo y tenemos que prepararnos. Somos una estirpe real, somos reyes y sacerdotes llamados a conquistar a las naciones y tenemos que vivir de esa manera. Josías, con una violencia total, como un ave de presa, dirigió a sus hombres, se fue por toda la nación extirpando todos los principados y las potestades. Esos ídolos, eran demonios que estaban detrás de los ídolos y tenían que ser humillados, tenían que ser derribados.
Dios siempre, antes de comenzar un avivamiento, lo primero que hace es destronar a los principados ya las potestades. Dice la Biblia que si un hombre quiere saquear la casa de un hombre fuerte, tiene que atarlo primero. Entendemos, claramente, que si queremos avivamiento y almas conquistadas, tenemos primero que atar los poderes del diablo, destronar los ídolos. Y hay ídolos en nuestros corazones también, ídolos de comodidad, ídolos de amor al dinero, ídolos de miedo, ídolos de carrera y de prestigio y de amar las cosas del mundo antes que las cosas de Dios. Uno de los grandes ídolos, en nuestros tiempos, es ese ídolo del confort y la comodidad. Después del COVID, hermanos, la iglesia tiene que recuperar sus instintos de presa, venir a la casa del Señor, adorar al Señor.
Lo otro que hizo Josías fue eso, limpió la casa, arregló la casa de Dios. Primero tumbó los ídolos y después dijo vamos arreglar la casa. Dice que después de haber limpiado la tierra de los ídolos, dijo que "...A los dieciocho años – dice - después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Safán, hijo de a Azalía, y a Maasías, gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, para que reparasen la casa de Jehová, su Dios. Vinieron, estos, al sumo sacerdote y dieron el dinero que había sido traído a la casa de Jehová y lo entregaron en manos de los que hacían la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehová, los cuales lo daban a los que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehová. Daban, asimismo, a los carpinteros y los canteros para que comprasen piedra de cantería, madera, etcétera..."
Lea esa parte, hay algo allí de lo material del avivamiento. El avivamiento no es solamente emoción, es también estructura, es también disciplina, es honrar la casa de Dios. Yo le doy gracias al Señor porque esta iglesia se preocupa por las cosas materiales de la casa del Señor. Yo les decía a los hermanos que esté viernes fui a esa iglesia donde estaba predicando y los baños de esa iglesia, hermanos, son baños que huelen bien, limpios, ordenados, el templo es un templo maravilloso. Y yo le doy gracias a Dios, porque nuestra iglesia es muy parecida, esta iglesia de inmigrantes, que no hay muchos entre nosotros muy ricos, ni muy poderosos. Pero sabe que cuando usted diezma, cuando usted da, usted está dando para que se repare la casa de Dios. Es eso, ese aire acondicionado, puede parecer, debiera yo estar mencionado esto, de que el aire acondicionado que vamos a usarlo para la calefacción. La casa de Dios es materia, también. Es, hay algo en la materialidad de la alabanza que es importante, y les dejo con ese pensamiento. Si usted lee este pasaje, el 34, sobre todo, usted va a ver todo el énfasis que se pone en la reparación de la casa, las puertas, la madera que se necesitaba, a los carpinteros se les pagó dinero para que compraran todas estas cosas. No subestimemos la importancia de la casa, porque la casa es la plataforma que Dios usa para hacer sus obras espirituales, honremos la casa del Señor.
Y eso se conecta de nuevo, porque yo insisto tanto en que en este tiempo de recuperación de la pandemia, nosotros no dejemos de venir a la casa de Dios. La casa de Dios es insustituible, hermanos, el santuario es un lugar donde se ha dedicado ese espacio a adorar al Señor. Usted bendice su vida, bendice a su familia, bendice a sus hijos cuando usted viene a la casa el Señor. No perdamos una oportunidad de adorar a Dios como congregación. Es bueno usar Zoom, es bueno usar la pantalla, allá en su casa, pero no hay nada como sacrificarse y venir a la casa del Señor. Cristianos, vamos a recuperar el hábito de congregarnos, vamos a honrar a Dios en su santuario. Hay algo que no cambiará por más que pasen los siglos.
Yo estaba leyendo ahora, estoy terminando de leer Ezequiel. Y Ezequiel termina con una visión grandiosa del templo, "... Cuando Cristo venga, habrá un templo en Jerusalén." Yo no sé cómo se concilia eso con los sacrificios, eso es demasiado fuerte para mí. Pero sí sé que Dios ama su templo y Dios ama la materialidad de la adoración, hay algo especial en la casa del Señor. Siempre, hermanos, honremos la casa de Dios, demos para el mantenimiento de la casa de Dios, porque una casa de Dios debe reflejar la excelencia de Dios. Estas plantas físicas siempre deben hablar de la grandeza y la excelencia de Dios, también de la grandeza y la excelencia de la comunidad inmigrante en Estados Unidos, sabes. Hay algo también bonito, cuando la gente entra a esta casa, norteamericanos, chinos, afroamericanos, y ven una iglesia bien ordenada, bien mantenida. Eso dice algo de estos inmigrantes que dan para que la casa de Dios esté bien, para tener un lugar digno.
Hermano, siempre honre la casa de Dios, siempre adore al Señor en su santuario. Enséñeles a sus hijos a amar la casa de Dios. No seamos demasiado espirituales hay algo especial en eso, yo espero que el Señor bendiga estos espacios. Estos tres edificios que Dios nos ha dado, yo sé que tienen un lugar, un papel que jugar, hay algo que Dios todavía tiene con estos edificios. Yo siempre he sentido, en mi corazón, que estos son edificios que los estamos preparando para una visitación poderosa de Dios. Hay pocas iglesias tan estratégicamente ubicadas como León de Judá, ahora mismo, en una ciudad como Boston. Y Dios va a usar estos edificios, yo no quiero morirme sin ver la gloria de Dios, finalmente, anidar en estos edificios. No hemos visto nada todavía, Dios puede usar estos edificios para la restauración de almas, para clases de discipulado, para adictos a droga y gente en recuperación. Estos lugares pueden ser lugares de restauración para la vida, vamos a pedir al Señor que mande su fuego.
La visión de Ezequiel en el santuario, después que el templo ha sido construido, dice que "La gloria de Dios entró por la puerta oriental y llenó la casa". Y vamos a suplicarle al Señor, Padre, inunda estas casas de tu gloria. Inunda este lugar de tu gloria. Levántese conmigo, vamos aclamar al Señor por ese avivamiento. Vamos primero a consagrar nuestras vidas, concebir una gran visión, gran apetito por el Señor. Vamos a destronar los ídolos, romper todo trato con el diablo implícito o explícito. Vamos a ser gente que nos congreguemos, el pueblo de Dios, la adoración corporativa, congregarnos, servir al Señor como un pueblo que se congregue para adorar a Dios.
Que León de Judá sea un lugar de avivamiento. No nos conformemos con las victorias de ayer, vamos a hacer un pacto como iglesia. Oh, Dios queremos entrar en una nueva etapa como congregación. Gracias por lo que ya tú has logrado, pero queremos más, porque tú eres un Dios de más, tú eres un Dios de siempre excederte y darnos más de lo que nosotros hemos alcanzado. Y ahora sírvete de este pueblo, cada vida, Señor, que se convierta en un carbón encendido, en su hogar, en la intimidad de la madrugada, en sus lechos antes de dormir. Un pueblo que te ame, un pueblo aguerrido, un pueblo entregado a ti. Nos consagramos, tomamos nuestras coronas las ponemos a tu pies. Queremos sanar tu corazón de Padre ofendido. Padre, perdónanos por haber abusado de tu confianza, perdónanos por tomar libertades con tu misericordia y tu gracia que no nos competen. Perdónanos por ser tibios, perdónanos por no ser lo suficientemente vigilantes en la dignidad de nuestro sacerdocio, perdónanos en herir tu corazón de Padre y no tomar en cuenta tu extremada santidad. Perdónanos por preferir el dinero y la comodidad y la tibieza del hogar antes que el calor de tu casa. Perdónalos porque preferimos nuestros ídolos y los ponemos en el lugar que sólo Tú debes ocupar.
Hoy nos arrepentimos, Señor y te decimos usamos para tu gloria. Entra en nosotros, Señor, límpianos, purifícanos, haz de nosotros instrumentos en tus manos, queremos ser usados por ti y nos arrepentimos, Señor. Limpia, limpia a tu pueblo, Padre, pon en nosotros un sano y santo deseo de pureza, de santidad, conságranos a ti, Señor. Limpia esta casa, Padre, y quita todo lo que no te agrade, todo lo que no sea tuyo, Señor, y establécete tu en el trono. Sana a tu corazón con nuestros cánticos, Señor, que tu corazón se sane con nuestra alabanza. Acepta a esta iglesia que Tú has creado, Padre, que Tú has invertido en esta congregación, cada silla habla de Tu provisión, la alfombra sobre la cual nos paramos dice que Tú eres un Dios proveedor, las paredes de estos edificios han sido levantadas por Ti, Señor. Son milagros que Tú has hecho, ahora úsalos para tu gloria, entra con tu gloria y llena estos espacios, Señor, con el poder de tu Santo Espíritu y que el nombre de Cristo sea entronado, a Él damos toda gloria y toda honra en el nombre de Jesús, amén y amén.