
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Este material comparte el tema "honra a Jehová con tus bienes", basado en Proverbios 3:9-10. El autor explica que somos mayordomos de todo lo que tenemos, no dueños, y que debemos honrar a Dios en todo momento. También destaca que la ética esencial de todo cristiano es poner a Dios por encima de todo lo demás y amarlo por sobre todas las cosas. El autor enfatiza que todo lo que tenemos debe estar consagrado y apartado para honrar a Dios. La parábola del rico insensato se utiliza como ejemplo de alguien que ve sus posesiones como suyas, mientras que el cristiano ve todo como propiedad de Dios. El autor anima a los lectores a dar generosamente de sus bienes y a ayudar a otros en nombre de Jesús y para honra del Señor.
Honrar a Dios con nuestros bienes implica ser generosos con Él y con los demás. Retener más de lo que es justo es una falta activa y lleva a la ruina y la escasez. Las primicias, lo primero y lo mejor, deben ser apartadas para Dios, y no debemos darle lo que nos sobra. Cuando somos generosos con Dios, Él nos bendice y nos permite disfrutar de nuestras posesiones. Dios no solo nos da la bendición material, sino también la facultad de disfrutar de ella.
El predicador habla sobre la importancia de honrar a Dios con nuestras posesiones y talentos, y cómo Dios nos da la facultad de disfrutar de la vida cuando lo hacemos. Citando versos de la Biblia, insta a la congregación a darle al Señor y ser dadores alegres.
Quiero compartir con ustedes unas escrituras que espero que sea de inspiración para este momento. Quiero enmarcar el momento de darle al Señor está ofrenda de gratitud, con una base escritural. Y el tema de este material que quiero exponer y compartir con ustedes es el siguiente, “honra a Jehová con tus bienes”, la Biblia nos llama honrar al Señor con todo lo que tenemos. El versículo 9 y 10 de Proverbios 3, Proverbios 3:9 dice, "Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos y serán llenos tus graneros con abundancia y tus lagares rebosarán de mosto."
Es una terminología un poco rara para nosotros que vivimos en el siglo 21, este pasaje fue escrito para una comunidad agrícola y en términos de la tierra, de las cosechas, del producto de la tierra. En ese tiempo, para la gente eso era lo más importante, tener una buena cosecha, tener un granero con una abundancia de comida, etcétera, de una reserva. Hoy en día nosotros usamos otras cosas, usamos dinero, usamos una cuenta de banco. Pero podemos hacer la traducción a esa terminología moderna. Y lo que ese versículo, lo que esos dos versículos encapsulan, es la regla más básica de la mayordomía cristiana, es la base de la prosperidad y la bendición. Mayordomía es un término raro, como ustedes saben viene de la palabra mayordomo. ¿Qué es un mayordomo? Un mayordomo es una persona que atiende un hogar, que atiende una casa de una persona normalmente rica, que puede emplear un mayordomo. Y el mayordomo es la persona que administra el dinero, que se asegura de que la comida esté a tiempo. El mayordomo no es el dueño de la casa, los dueños son las personas que lo emplean a él, pero él tiene a cargo la administración de los bienes de la casa, él se asegura de desempeñar bien su labor. Lo importante de un mayordomo es que aunque parecería que es el dueño de la casa, no es así, el dueño es el dueño. El mayordomo simplemente administra la propiedad del dueño de la casa.
Y así, nosotros también somos mayordomos de todo lo que tenemos. Nosotros no somos los dueños de nuestros hijos, no somos los dueños de nuestro dinero, inclusive, no somos los dueños de nuestro cuerpo. A nosotros, simplemente, estas cosas Dios nos las ha dado para que las administremos en su nombre y para su gloria. Amén. Es decir, que nunca nosotros debemos considerarnos dueños de nada, sino que Dios es el dueño y nosotros somos sus administradores. Y esta es la regla más básica de la vida cristiana. Y yo diría, también, que es la base de la prosperidad y de la bendición. Si usted examina los escritos de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, usted verá que está esa idea de que tenemos que honrar a Dios con todo lo que tenemos, de que tenemos que agradarlo a Él y siempre reconocer que Él es quien tiene la prioridad. Y si usted mira este versículo, usted va a ver que hay una condición previa, una pre-condición para la bendición. Y entonces hay una bendición, hay una condición y un resultado. En estos dos versículos vemos que hay una consecuencia de honrar a Dios con nuestros bienes.
Examinemos ese versículo ahora, yo lo he dividido en diferentes partes dice, "honra a Jehová" ahí la palabra clave es honrar. Y entonces dice "... con tus bienes" yo diría la palabra clave ahí es bienes. Y después, "... y con las primicias" es una palabra importante, ya lo voy a explicar en un momento, "... con las primicias de todos tus frutos" eso quiere decir absolutamente todo lo que tú recibes, todo lo que tú produces. Esa es la condición y ¿cuál es el resultado? Dice, "... y serán llenos tu graneros", yo enfatizaría allí la palabra llenos. Y graneros, vamos a ver, como ya yo he dicho lo que quiere decir. Primero, tus graneros van a ser llenos y segundo dice, "tus lagares". Los lagares son los lugares donde se pisotea la uva para producir el vino, es el lugar donde se almacena la uva. "Tus lagares rebosarán" noten allí, esa terminología, llenos y rebosar, es una idea de abundancia, la bendición de Dios es abundante, "... tus lagares rebosarán de mosto". Mosto quiere decir el vino nuevo, y yo voy a explicar eso un poquito más mas adelante.
No es coincidencia, hermanos, que este consejo de parte de Dios se encuentra en el libro de los Proverbios. Como ustedes saben los Proverbios en la Biblia, es el libro central de la Escritura, están dedicados a la ciencia, la disciplina de la sabiduría. Sabiduría es aquello que te permite vivir una vida práctica, una vida productiva, hacer buenas decisiones, es lo que conduce a la prosperidad. Entonces, este versículo maravilloso está allí, en el libro de los Proverbios, dedicado a la sabiduría. Y como yo acabo de decir, se trata de una regla fundamental para la vida. Yo diría, más bien, que es el secreto del éxito y de la abundancia. Si alguien quiere tener verdadero éxito en la vida, y de paso les digo lo siguiente, que el éxito es más que simplemente el dinero, ¿cuántos saben eso? Una persona puede tener mucho éxito según los hombres pero no tener gozo, no tener paz, no tener felicidad. Cuando la Biblia habla de éxito, de abundancia, de prosperidad está hablando de algo muy abarcador, algo que incluye todas las dimensiones de la vida. En la Biblia hay una palabra, se pronuncia "shalom". Y, "shalom", muchas veces la traducimos como paz, pero la palabra "shalom" en la Biblia, quiere decir mucho más que esto, quiere decir bendición general, bendición íntegra, bendición que incluye todos los aspectos de la vida. Cuando los hebreos decían "shalom" a otra persona como un saludo, estaban diciendo que Dios te bendiga, que prospere, te de salud, que bendiga tu casa, a tu familia, todas las demás cosas, la palabra "shalom". Entonces se trata de una regla fundamental para la vida, el secreto del éxito y la abundancia.
Miremos, primeramente, esa palabra inicial "honra a Jehová con tus bienes". Honrar, honrar es una palabra bastante fuerte. Honrar quiere decir preferir, quiere decir halagar, exaltar, dar un lugar especial a alguien. No es solamente hacer un reconocimiento general. Hay mucha gente que se consideran cristianos y piensan que, bueno, ir a la iglesia de vez en cuando, darle al Señor una limosna, una ofrenda. Son cristianos genéricos. Pero déjenme decirle que en la Escritura, cualquiera que lee la Biblia sabe que ser cristiano es, como decíamos antes, ser un discípulo, es entrenar gente para que toda su vida esté dedicada al Señor. Yo siempre he creído, por ejemplo, cuando la Biblia dice "honra a tu padre y a tu madre", eso quiere decir darles una afirmación agresiva, completa, activa. Honrar al padre o a la madre quiere decir darle su lugar que se merecen, reconocerlos por todo lo que ellos han hecho por nosotros, atender a sus necesidades, celebrar lo que ellos hacen, su paternidad o su maternidad.
Vemos una diferencia de una atención genérica y una atención que equivale a honra. Cuando la mujer que trajo el vaso de alabastro. Jesús se encontraba en la casa de un fariseo que lo había invitado, pero ese hombre no le dio al Señor la atención que el Señor necesitaba. Esta mujer, sin embargo, supo que Jesús estaba en la casa de este fariseo y fue a donde Él estaba y dice que tomó un vaso de alabastro, que era un jarro de perfume tremendamente caro, quebró la tapa y derramó el perfume sobre el Señor, en forma de honra. Cuando esta mujer hizo eso, el fariseo pensó dentro de él, “hmm, esta mujer, cómo se atreve a acercarse al Señor, es una mujer pecadora,” porque era una mujer pecadora. Y Jesús le dijo, “Simón, quiero decirte algo, cuando yo llegué a tu casa, tú me diste simplemente una atención general. No me lavaste los pies como se hace normalmente en el medio oriente, en señal de honra, no me atendiste como debías. Simplemente me diste una atención general, pero esta mujer -dice- desde que yo llegué no dejó de honrarme, de bendecirme con ese perfume, secó mis pies con su cabello.” Es la diferencia, el Señor celebró la abundancia de la gratitud de esta mujer mientras que el otro fariseo lo recibió con una cortesía genérica.
Y, muchas veces, nosotros somos así, le damos al Señor lo básico, lo mínimo, pero Dios quiere ser honrado en una manera especial. Tenemos que preferir al Señor y darle gloria y honra en todo momento. Esa es la ética esencial de todo cristiano, poner a Dios por encima de todo lo demás y amarlo por sobre todas las cosas. Nuestra vida no debe reflejar simplemente un afecto casual sino una pasión grande por la honra de Dios. Como David, cuando sintió que Dios estaba siendo ofendido por el gigante Goliat que insultaba a los ejército del Señor, él se enardeció y dijo, “No puedo permitir eso,” y acometió contra el gigante. Porque la gloria, la honra de Dios estaba siendo comprometida y por eso Dios bendijo tanto David, porque David tenía un amor preferencial, como nosotros tenemos que tener para con Dios. Cuando nosotros damos generosamente de nuestros bienes, cuando damos de nuestras pertenencias, cuando damos nuestros diezmos, por ejemplo, nuestras ofrendas, cuando ayudamos a otros y a los demás, nosotros estamos honrando al Señor. Y nosotros tenemos que, cualquier gesto de bendición para otros, de ayuda al Reino de Dios, tenemos que hacerlo en el nombre de Jesús y para honra del Señor. Yo quiero que Dios siempre llene mi corazón del sentido de gratitud, de honra, de preferencia al Señor.
Ahora dice, “honra a Jehová con tus bienes.” La palabra bienes, en inglés dicen with your wealth, con tus riquezas. Creo que bienes es una palabra más abarcadora, ¿cuáles son nuestros bienes? Nuestros bienes son nuestras pertenencias y todo lo que nosotros tenemos, nuestra profesión, nuestro dinero, nuestros talentos, nuestro tiempo, nuestras posesiones materiales, nuestros cuerpos, todos nuestros conocimientos que hemos adquirido a través del tiempo. Todo lo que nosotros tenemos, todo debe estar dedicado al Señor y nosotros debemos vernos a nosotros mismos como simplemente cuidadores, personas que atendemos los bienes de Dios. Dios nos ha confiado nuestros hijos, por ejemplo, nuestros hijos no son nuestros. Nuestros hijos pertenecen al Señor y nosotros tenemos que cuidarlos, tenemos que darles buena instrucción, tenemos que atender a su formación y su crecimiento. Porque Dios los ha puesto en nuestras manos y nosotros tenemos que asegurarnos de que les demos la atención que ellos merecen, porque son propiedad de Dios.
Hermanos, en la vida todo tiene que estar consagrado y apartado para una sola cosa y es honrar a Jehová. Nosotros tenemos que estar consumidos con un sentido de compromiso, de que todo lo que nosotros hacemos refleje la excelencia, la gloria, la belleza de nuestro Dios y todo tiene que estar a su disposición. El uso primordial, la naturaleza misma de todas nuestras posesiones es eso, que glorifiquen a Dios. Nosotros hemos sido creados, ¿cuántos saben? Para gloria de Dios. Entonces, hay una diferencia en cómo nosotros vemos las posesiones y cómo el mundo las ve. La gente del mundo, la gente que no conoce de Dios, ve sus propiedades y su trabajo, sus cosas como, esto es mío, y si yo puedo le voy a dar algo al Señor. El cristiano ve las cosas de una manera diferente, el cristiano sabe que todo es y pertenece al Señor.
En la Biblia hay una parábola que nos enseña la diferencia, habla acerca del rico insensato este. La historia dice que el Señor dijo esa parábola, a este hombre, muy rico tenía mucho dinero, y tanto dinero que no sabía qué hacer con él y entonces dijo, "Ah, ya se me ocurre lo que voy a hacer, derribaré mis graneros y los edificaré mayores y allí guardaré todos mi frutos y mis bienes." Yo he conocido gente tan rica que tienen una casa muy bonita. De paso, en el santuario original, el piso de la plataforma, ese piso tiene una historia como tienen muchas de la cosas ya en el santuario original. El piso de la plataforma pertenecía a una señora muy rica de Newton y esa mujer tenía tanto dinero que mandó a derribar su casa y hacer una casa nueva. La casa estaba perfectamente, en buenas condiciones, pero ella quería una casa más grande, más lujosa. Y entonces ordenó un piso, y cuando llegó el piso, no le gustó el tamaño de las tablas, ni le gustó el color de la madera y las regaló a una tienda. Y nosotros, ni lentos ni perezosos, conseguimos ese piso gratis, y lo pusimos en la plataforma allá, del santuario original. Entonces, esa idea de esta mujer que no sabía qué hacer con su dinero. Hay una puerta allí también, la puerta que da al lobby de la iglesia, es una puerta metálica muy bonita. Y esa puerta metálica también pertenecía a una gente que tenía una casa muy cara en otra parte de la ciudad. Y, hicieron lo mismo derribaron su casa para hacer una casa más grande.
Así que esta parábola del Señor refleja una intuición muy real y es que, a veces, la gente tiene tanto dinero que no sabe qué hacer con él y simplemente lo que hace es que lo desplazan de un lugar a otro. Y este hombre sentía como que, este es mi dinero, no sé qué hacer, dijo, “Ahora sé lo que voy a hacer, voy a derribar mis graneros y lo haré mayores. Y entonces le voy a decir a mi alma, alma muchos bienes tienes guardados, para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate.” Qué triste es cuando la gente vive solamente para lo material, queriendo simplemente agradar y agasajar su mente y su cuerpo con buenos vinos, buena comida, pero no piensan en la eternidad. Cuando nosotros le damos al Señor, estamos pensando en la eternidad, estamos, dice, acumulando riquezas para la vida eterna. La palabra dice, “a los ricos de este mundo mándales que sean generosos, que den a otros, que den para el Reino de Dios, que acumulen riquezas en los cielos.” Yo prefiero mil veces acumular riquezas para la eternidad que para este mundo. La eternidad es eso, lo que nunca termina. Asegúrate de que tu vida valga para la eternidad. Y, ¿qué pasó? Como este hombre pensaba, mi dinero es mío, yo voy a hacer lo que quiero con él, ofendió a Dios con su egoísmo y el Señor le dijo, “Necio esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que tu has provisto ¿de quién será?” Una pregunta retórica, y la Biblia dice, “Así es el que hace para sí tesoro y no es rico para con Dios.” No seas como el rico insensato, que pensaba esto es mío. No, piensa es de Dios y Dios me lo ha confiado para usarlo, para provecho de su Reino.
Hay una paradoja en la Escritura y es que mientras más nosotros queremos retener y guardar y agarrar, muchas veces más escasas se hacen nuestras riquezas. Y mientras más damos al Señor, más somos bendecidos. Si tú le consagras a Dios tus bienes y le sirves con ellos, ¿sabes qué va a pasar? Que tus bienes van a crecer y vas a retener más. Hay personas que tienen dinero, pero se les va el dinero en medicinas, en gastos de diferentes tipos, en problemas legales, muchas veces, en tantas cosas, la inflación se come el dinero. Yo he visto que cuando uno es generoso con Dios, Dios preserva nuestro dinero, Dios preserva nuestros bienes. Mire, hasta la casa misma, mágicamente, duran más las maderas y los pisos de la casa. Yo creo, personalmente, yo siempre digo, Señor preserva nuestra casa, preserva nuestra propiedad y he visto que cuando uno le da el Señor, cuando la bendición de Dios está sobre la vida de uno, como que todo le dura más, la ropa le dura más a uno, inclusive. Menos se enferma uno, muchas veces. La bendición de Dios está reposando sobre nosotros.
No retengas si no das, es una regla de la vida en general, sin embargo. Déjenme decir algo acerca de la prosperidad y la bendición. Prosperidad no es solamente prosperidad material, cuando Dios da, Dios da en muchas maneras diferentes. A veces Dios no te va a dar necesariamente una casa inmensa y dos carros y muchas cosas materiales. La bendición de Dios es una bendición abarcadora. No veas el darle al Señor como algo mecánico. Si yo le doy tanto al Señor, entonces yo voy a recibir tanta cantidad dinero. A veces los pastores, en nuestro deseo de ver a la gente dar, somos un poco mecánicos, y ponemos a la gente como a pensar que, tú le das esto al Señor, Él te va a dar tal cosa. Yo prefiero ver la bendición de Dios como algo que permea toda mi vida. Cuando yo soy generoso con Dios, la bendición de Dios cae sobre todo, inclusive las próxima generaciones. No te preocupes, a la larga, cuando tú le das al Señor, por inmediatamente ver un resultado, o por ver una cosa material en retorno. No, di "voy a darle al Señor y entonces voy a dejar que Él se encargue de bendecir mi vida a largo plazo". Y, entonces, cree que el Señor mandará su prosperidad y su bendición en todas las áreas de tu vida.
Yo no te puedo garantizar que no vas a tener tiempos de prueba o de escasez. A todos nosotros nos vienen tiempos de escasez. Yo recuerdo que cuando mi esposa y yo nos casamos, los primeros años estábamos bien apretados, la iglesia era pequeña, no nos podían pagar un salario adecuado. Y nosotros estábamos apenas comenzando en la vida, habíamos comprado una casa que, de hecho, el Señor nos había provisto, y estábamos pagando un mortgage que era un poco más de lo que nosotros podíamos pagar cómodamente. Y yo creo que, he compartido con ustedes que, hubo un tiempo en que pasamos por escasez, no escasez de pasar hambre, sino de estar bien apretados. Tener que contar cada centavo al final del mes para aseguraros de que todo nos diera. Y cómo el Señor me invito un día, a través de una tarjetita que yo encontré que decía, "dejáselo al Señor". Y cuando yo vi esta tarjetita, que no se nunca de dónde vino, Dios me estaba invitando, yo sentía decir "No te preocupes, yo te voy a proveer". Y la verdad, hermanos, es que a través de todos estos años, nosotros hemos visto cómo el Señor nos ha bendecido y nos ha provisto. Pero puede que haya en tu vida tiempos de escasez, también, pero yo creo que la regla general de los hijos de Dios, y algo a lo cual nosotros tenemos derecho, en un sentido, a aspirar, es a tener las cosas básicas, las cosas primordiales que necesitamos para la vida.
Segunda de Timoteo dice, "... teniendo sustento y abrigo estemos contentos con esto". Y si usted analiza eso lógicamente, eso quiere decir que si tú no tienes sustento, si te falta tu pan diario, si te falta un techo sobre tu cabeza, si te falta abrigo para tu familia, tú tienes, en un sentido, lógicamente derecho a no estar contento y decirle, "Señor, necesito, necesito que tú me bendigas". Y también la Biblia dice, claro mientras digo eso, que estemos satisfechos en toda situación. Pero no te quedes allí, no creas que tu vida está destinada a tener carencia. Yo creo que el default posture, la posición básica de los hijos de Dios, es una posición de bienestar, de provecho, de abundancia, de suficiencia para todas las necesidades de la vida. Lo que quiero hacer es más bien balancear, una cosa con la otra. La bendición de Dios es abarcadora y no solamente tienen que venir en términos de dinero, sino también que viene en términos de paz, gozo, armonía en nuestro hogar, bendición para nuestros hijos, bendición para nuestros descendientes. Es una bendición general, abarcadora, orgánica.
Ahora, hay otra cosa que está implicada en esta idea de honrar al Señor con nuestros bienes y es que no ser generoso para con Dios y para los propósitos de su Reino, no es una mera omisión, es un, yo diría, un pecado, una falta activa, lleva a la ruina y a la escasez. Cuando uno es tacaño para con Dios, cuando uno es agarrado para con Dios, está indicando una falta de confianza en el Señor que nos ha dicho que si nosotros lo honramos a Él, Él nos bendecirá y Él nos multiplicará nuestro haber. Cuando nosotros aguantamos más de lo que debemos estamos, en un sentido, pecando con Dios. No darle al Señor lo que a Él le pertenece es una retención activa, es aguantar y no solamente dejar de dar. Y tenemos que tener cuidado con una postura así, como conservadora y tacaña para con Dios.
En el libro de Proverbios, también, en el capítulo 11, hay otro pasaje que me gustaría analizar brevemente, es en los versículo 24 al 26 dice, "...Hay quienes reparten y les has añadido más, y hay quienes retienen más de lo que es justo pero vienen a pobreza" ¿Qué está diciendo allí? Nosotros hemos conocido y en nuestra propia vida lo hemos visto, también, cuando hay personas que son tacaños para con Dios, son agarrados para con los demás, no son generosos, son muy conservadores con su dinero, siempre están almacenando, almacenando, almacenando para un día lluvioso. Y no les rinde el dinero. Y hay aquellos, que son generosos para con los demás, que son despegados con su dinero en el nombre del Señor y, mágicamente, el dinero les rinde y reciben más. Yo creo que la regla del espíritu es ese, mientras tú más de es a los demás, mientras tu más le des al Señor, más Dios te bendice. Yo no creo que la abundancia depende de nosotros, depende de Dios. Cuando nosotros nos preocupamos por el Reino de Dios y los principios del Reino de Dios. Dios, entonces, se encarga de bendecirnos. ¿No es eso lo que dice la palabra? "Buscad, primeramente, el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas." Retener más de lo que es justo quiere decir darle menos a Dios de lo que Él se merece, lo cual es todo lo que nosotros tenemos.
Honrar a Dios con nuestros bienes, también quiere decir ser generosos con los demás, eso es lo que dice ese pasaje de allí, que “el alma generosa será prosperada.” Otra forma de ser bendecido en nuestra vida es bendiciendo a otros con nuestros bienes, no es solamente bendecir a Dios, sino que también, a veces, tenemos oportunidad de bendecir a personas que, quizás, no tienen un hogar, personas que necesitan una ayuda de nuestra parte, maneras en que podemos orar por alguien, una llamada a una persona que está solitaria, compartir una ofrenda especial para una persona en necesidad. Todas estas son formas de uno ser generoso con los demás. Y dice que si nosotros tenemos un alma generosa seremos bendecidos y prosperados. Usa tus bienes para enriquecer la vida de los demás, aquellos que no tienen tanto como tú. Y, ¿qué va a pasar? Cuando tú te veas en necesidad, tú también serás saciado. El alma generosa será prosperada, será bendecida.
Muchas veces, pasará el tiempo y veremos cómo Dios nos estará reponiendo cosas que invertimos para su gloria y para bendición de otros años atrás. La persona que es generosa para con los demás en el nombre del Señor, siempre está cosechando bendiciones. Tú recibirás bendición y provisión. Hay otra palabra aquí que se usa en este versículo, primicias. "Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de tus frutos primeros." Las primicias quiere decir lo primero, quiere decir lo mejor, quiere decir la crema de la crema, es lo preferido. En el Viejo Testamento hay diferentes ocasiones en que los hebreos hacían reconocimiento de ese principio, darle al Señor las primicias. Los primogénitos, en el Antiguo Testamento, eran dedicados al Señor. El animal que habría la matriz de su madre, era dedicado al Señor. La primera cosecha, la primera parte de la cosecha, era dedicada al Señor. Y esa era una forma en que el pueblo hebreo expresaba esa idea, de que al Señor hay que darle primero. Y esto tenemos que traducirlo a nuestros tiempos actuales. Lo primero que nosotros debemos sacar de nuestros salario, yo diría eso, el diezmo. El diezmo le pertenece a Jehová, es la primicia de nuestros bienes, no debe ser lo último que se nos ocurra. Yo creo que no es si tú puedes, a veces nosotros esperamos, "Bueno, primero voy a pagar todas las deudas, voy a asegurarme de que todo está cubierto, y entonces le voy a dar al Señor." ¿Sabes lo que honra al Señor? Cuando tú le apartas lo primero de tu salario, lo primero de tu cosecha. Eso es lo que Dios quiere, porque eso indica que tu confías en Él y que tú crees que si tú le das a Él, no te ha de faltar. No debemos darle al Señor lo que nos sobra o lo que no necesitamos. Al Señor hay que darle lo mejor, hay que darle las primicias, lo escogido, lo que nos cuesta, lo que nos duele.
David dijo una vez, "No ofreceré a Jehová, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada." Yo le digo eso a la gente en estos tiempos de pandemia, que podemos quedarnos en la casa tranquilos, no tener que ir al iglesia en tiempo donde hace frio o hay incomodidad. Pero qué bueno es cuando la persona dice, "No, yo quiero ir a la casa el Señor, yo quiero invertir ese tiempo de mi vida en prepararme la noche anterior, preparar la ropa, preparar a nuestros hijos. Ir a la casa de Dios.” Eso requiere esfuerzo, pero eso honra al Señor. Nuestra ofrenda no es solamente lo que le damos al Señor financieramente, es también el esfuerzo de nuestros cuerpos, es la inversión mental que hacemos en venir a la casa del Señor. Seamos como David que no le ofreceremos al Señor holocaustos cómodos, sino que le ofreceremos al Señor holocaustos que nos cuestan, nos incomodan un poco. Cuando nosotros somos generosos para con Dios, como yo decía antes, no solamente recibimos prosperidad material sino que también Dios nos permite disfrutar de nuestras posesiones, Dios nos da gozo, nos da paz, nos da salud, nos da los anhelos de nuestro corazón. Y después de todo eso, lo más importante. Como decía antes, una persona puede tener muchos bienes materiales pero no tener la satisfacción del corazón.
El sabio Salomón, en el libro de Eclesiastés dice, asimismo "Hay un mal en la tierra y es aquella gente que tiene dinero y tiene propiedades, pero Dios no les da la facultad de disfrutar de ellos." Hay tanta gente en el mundo así, tienen mucho dinero pero no tienen la facultad de disfrutar de él. ¿Por qué se suicida tanta gente rica muchas veces? Porque el dinero no es todo. Cuando Dios está en tu vida, Dios no solamente te da la bendición material, sino que también te da la facultad de disfrutar de ella. Eclesiastés 2:26 dice "... Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo, más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar para darlo al que agrada a Dios."
Eso me lleva a una de las últimas consideraciones de este pasaje. Él habla del mosto, dice que tus lagares rebosarán de mosto. El mosto se refiere al vino nuevo, cuando en el tiempo de la cosecha, en los tiempos el Antiguo Testamento, para esas culturas el vino era, y todavía es, algo bien importante. El vino, inclusive, se usaba como una forma medicinal y se usaba, a veces, cuando el agua estaba contaminada. En la edad media, por ejemplo, la cerveza - perdone que diga esto pero es cierto- en la edad media mucha gente bebía cerveza porque el agua estaba generalmente contaminada, así que hasta a los niños les daban cerveza. El vino también, en las culturas antiguas era así, era como algo de necesidad, casi. Pero el vino nuevo, cuando la gente podía majar las uvas recién cultivadas, era como una señal de que, aquí está la cosecha ya. Y el vino nuevo era motivo de celebración. En la Biblia, el vino nuevo quiere decir, también se usa como simbólicamente para referirse el Espíritu Santo, la efervescencia, el gozo de tener el Espíritu Santo. El Señor dijo, "El que cree en mi, ríos de agua viva correrán de su interior." Entonces, el vino nuevo era como también símbolo de celebración, gozo, alegría, etcétera. Y entonces, dice "tus lagares rebosarán con el vino nuevo." Y yo creo que esa es una de las cosas que Dios nos da también. Cuando lo honramos Él nos da ese vino nuevo, esa capacidad para disfrutar de la vida, nos da el Espíritu Santo, nos da su revelación para nuestras vidas. Entonces, cuando nosotros honramos al Señor con nuestros bienes, Él nos bendice en muchas maneras.
Voy a pedir que los músicos pasen por acá, ya vamos a terminar. Cuando honramos al Señor, hermanos, y este es el mensaje que yo quiero que nos llevemos esta tarde. Cuando honramos al Señor con nuestras posesiones, nuestros bienes, nuestros talentos, nuestra familia, nuestros matrimonios, todo lo que tenemos, Dios nos da la facultad de gozar, disfrutar de la vida en todas las dimensiones. El gozo, la paz, la conformidad, el disfrute profundo, son el patrimonio de los que honran a Jehová con sus bienes. Así que en esta tarde, al nosotros darle al Señor ahora está ofrenda especial que hemos recogido, yo quiero que tú lo hagas, no como algo de obligación, no queremos que nadie se sienta obligado. Y, de nuevo, sabemos que algunos no están en condición de dar, porque no vinieron preparados o por lo que fuera y está muy bien. Pero si Dios pone en tu corazón el darle al Señor en esta tarde, recuerda eso, “honra a Jehová con tus bienes y tus lagares con las primicias de tus frutos y serán llenos tus graneros de abundancia y tus lagares rebosarán de mosto.” El Señor los bendiga y que el Señor continúe haciendo de esta iglesia una congregación, una comunidad de dadores alegres. Que sepan que todo lo que tenemos se lo debemos al Señor, amén. Y que nos sintamos agradecidos de poder darle al Señor.