
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En Segunda Timoteo 1:3-7, el Apóstol Pablo le escribe a su discípulo Timoteo, expresando su afecto y admiración por él y recordándole el legado espiritual que recibió de su abuela y madre. Pablo insta a Timoteo a avivar el fuego del don de Dios que está en él y a vivir en el poder, amor y dominio propio que Dios ha puesto en él. Este pasaje nos recuerda quiénes somos en Cristo, lo que hemos recibido de Él y cómo se espera que actuemos y vivamos a la luz de nuestra identidad. También nos anima a ser conscientes de la influencia que tenemos sobre los demás y a vivir de manera ejemplar, honrando a aquellos que nos han influenciado espiritualmente y valorizando su ejemplo. Como pueblo de Dios, somos un linaje real y debemos actuar en consecuencia.
En este sermón, el pastor exhorta a los creyentes a reconocer su linaje real como hijos de Dios y a vivir de acuerdo con su identidad en Cristo. También enfatiza la importancia de descubrir y desarrollar los dones que Dios ha puesto en cada uno, y de perseverar en el compromiso con Dios, incluso en los momentos aburridos y difíciles de la vida. El pastor alienta a los creyentes a avivar el fuego del don de Dios, a trabajar duro para llevarlo a la madurez completa y a vivir en valentía, ya que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía.
En este pasaje, el apóstol Pablo le recuerda a Timoteo que Dios no le ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. El poder que Dios nos da nos permite superar los desafíos de la vida y ser mejores cada día. El amor balancea el poder y nos permite ser compasivos y generosos. El dominio propio no es solo controlar nuestros impulsos, sino tener una mente clara y lúcida que piensa con precisión y no permite que los traumas y fracasos del pasado distorsionen nuestra forma de pensar y ver la realidad. Dios nos ha dado una identidad de grandeza y excelencia, y debemos recordar esa identidad en todo momento para cumplir el llamado que Cristo hizo en nuestras vidas.
La mente que Dios nos ha dado nos permite ver la realidad tal y como es, sin deformaciones del pasado. No debemos subestimarnos ni sobreestimarnos, sino tener una evaluación sana de nosotros mismos y vivir conforme a la dotación de Dios dentro de nosotros. Debemos pedirle a Dios una mente lúcida, pensante y sobria para conocernos a nosotros mismos y para servir en el don que Él nos ha dado. León de Judá será una iglesia de poder, amor y mentes sanas y sobrias que bendecirá a su comunidad con su autoridad espiritual y buenas obras. En este nuevo año, Dios nos visita con su Espíritu Santo y nos llama a honrarle con nuestro caminar y dejar un legado de bendición en la tierra.
Segunda Timoteo:1, 3 al 7. El Apóstol Pablo le está ha hablando y escribiéndole a su discípulo, su mentee, su seguidor Timoteo, un joven pastor, plantador de iglesias, un obispo que iba a diferente iglesias que Pablo había plantado, discipulando, estableciendo gobierno y pastores, etc. Este hombre tenía una gran responsabilidad y era una persona relativamente joven para su tiempo. Y entonces, Pablo le escribe esto y nosotros también podemos recibir lo que Pablo le dice a Timoteo.
Pablo dice: “Doy gracias a Dios,” él comienza con palabras de encomio y de bendición sobre Timoteo. “… al cual sirvo desde mis mayores con limpia consciencia de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día…” ¿Ve qué afectuoso es el Apóstol en escribirle así a Timoteo? “… deseando verte.” Ahí se ve la humanidad del Apóstol Pablo. Había un hombre ahí latiendo dentro de las palabras inspiradas de Dios. “Tengo deseo de verte, Timoteo. Me haces falta.” “… deseando verte. Al acordarme de tus lágrimas,” quizás en algún momento mientras Timoteo hablaba de las iglesias que plantaban, de los hermanos que estaban sufriendo, lo que sea, Timoteo lloraba un poco quizás simplemente en un tiempo de adoración conmovido que las lágrimas le caían a Timoteo.
Y Pablo fue marcado por eso y dice, “Me acuerdo a veces de cuando tu llorabas en un servicio o…” Eso bendijo a Pablo. Y nosotros no debemos avergonzarnos tampoco de cuando Dios nos toca y llorar delante de Él. Eso es una bendición grande. “… Al acordarme de tus lágrimas para llenarme de gozo.” Entonces, aquí comienza la carne del pasaje, dice, “Trayendo a la memoria la fe no fingida,” en otras palabras, la fe auténtica, verdadera, “…que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida.”
Este pasaje es tan lindo porque es un pasaje personal, es humano. Timoteo tenía una abuela, y no solamente tenía una abuela sino que evidentemente tenía una mamá que se llamaba Eunice. Y él dice yo me acuerdo de tu mamá y de tu abuelita, y estoy seguro que esa misma fe que hubo en ellas, habita en ti también. Y aquí viene el centro mismo del mensaje, “…Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio.”
Ese es el programa que Dios ha instalado en ti. Él no ha instalado un programa con todo tipo de virus y disparate, es un programa bello, sólido, balanceado, rico, matizado, y tu tienes que vivir conforme a eso. Dios ha puesto en ti elementos de poder, elementos de amor y elementos de una mente juiciosa y sana. Eso es lo que quiere decir la palabra dominio propio en español. Pero en griego es sofronismos. Cuando tu quieras impresionar a tus amigos, diles, “Oye, tu eres una persona llena de sofronismos.” Y te dirán, “Wow!” Y tu dices entonces, “Ah, eso es griego por dominio propio.” Y entonces, sigues caminando como si no dijiste nada. Poder, amor y dominio propio.
Este pasaje me encanta porque está llena de significancia, lleno de enseñanza, y nos recuerda tres cosas, escucha esto. Nos recuerda quiénes somos en Cristo, quiénes somos, nuestra identidad en Jesucristo. Número dos, nos recuerda y nos dice lo que hemos recibido de Jesucristo, lo que Él nos ha dado, lo que Él nos ha impartido, la herencia que ha puesto en nosotros. Y número tres, cómo se espera que actuemos y vivamos a la luz de. Entonces, lo que somos, lo que hemos recibido y cómo debemos actuar a la luz de nuestra identidad. Y Pablo comienza, como decía, expresando su afecto por Timoteo. Esto es un pasaje muy tierno, muy personal.
Pablo dice que su vida le da ánimo, lo alienta, lo inspira a Pablo. Y luego él procede a expresar su conexión y su admiración por su abuela Loida y por su mamá Eunice, quienes evidentemente fueron grandes mujeres de fe. Ustedes recuerdan que Timoteo era hijo de un papá griego y de una mamá judía. Eunice era judía y su papá era gentil, no sabemos si conocía al Señor o no, pero evidentemente la genética espiritual de Timoteo corría a través de su madre y de su abuela. Entonces, él menciona a estas dos mujeres que evidentemente él conoció también. Y él le dice, recuerdo el legado, la herencia espiritual que ellas te dieron a ti. Y Pablo le está recordando a Timoteo que él viene de un linaje espiritual distinguido. Él viene de buena raza, tiene buena sangre espiritual dentro de él, y que esa raza espiritual que él tiene le impone a Timoteo una forma de comportarse y de caminar, y de seguir la fe cristiana. Esta es la conexión de esas dos cosas.
Y no podemos desperdiciar eso porque es fácil uno irse directamente a, “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios, etc.” Pero estudiando este pasaje hace poco me di cuenta que es importante también meditar en esa conexión porque eso es el linaje de dónde nosotros venimos, quiénes han sido nuestros mentores, quiénes nos están mirando muchas veces y quiénes han influido en nuestra vida y que nosotros debemos honrar eso también. Tenemos que estar conscientes de cómo nosotros influenciamos también. Quizás Loida y Eunice nunca se habrían dado cuenta de que dos mil años después en una ciudad de Boston, Massachusetts, iban a estar hablando de ellas. Y que ellas iban a tener un impacto tan grande en la vida de uno de los hombres más poderosos de la tierra, que fue el Apóstol Pablo y de su seguidor Timoteo, que iba a ser tan mencionado a través de la historia.
Ese es un punto importante, mis hermanos, recordar que nosotros dejamos un legado a la gente muchas veces sin darnos cuenta y a nuestros hijos les dejamos un legado muy importante. Y yo pensaba en eso esta semana, pensando en el tiempo que estamos viviendo de pandemia y cómo a veces ha habido estas altas y bajas en toda esta trayectoria de la pandemia. Y que ahora estamos en un tiempo donde los síntomas y las cosas han subido y esperamos que va a ser algo también que va a pasar y que todo va a caer en su lugar en su momento. Pero qué importante es que nosotros estemos conscientes de la influencia que nosotros tenemos sobre los demás en la manera en que nosotros navegamos este tiempo.
Hay mucha gente mirándonos. La Biblia dice que tenemos ante nosotros una gran nube de testigos, ¿recuerdan eso? Nosotros siempre estamos viviendo delante de los demás en el ojo público. La iglesia es importante. Y muchos de tus compañeros de trabajo, van a estar mirando cómo tu te comportas en este tiempo, si te acobardas, si te metes en una esquina asustado, si dejas de vivir, si vives lleno de pánico o de temor o si vives con cierta compostura, cierta dignidad y padeces dignamente ante los demás porque tu fe te fortalece. Y qué importante es que nuestros hijos vean en nosotros algo que les inspire para el futuro. Nuestros hijos van a estar mirándonos en este tiempo porque los muchachos siempre están… ¿sabe que siempre están vigilándonos y ver cómo papá y mamá funcionan? Aún a veces sin ellos saberlos. Y ellos van a tomar su queue, sus directrices de cómo nosotros… Y un día ellos van a recordar eso. Como Timoteo probablemente recordó la fe de su mamá.
Y usted me ha oído hablar muchas veces de la fe de nuestra madre y cómo eso nos impactó en nuestra vida grandemente. Y yo le aseguro que usted va a República Dominicana y entre nuestros tíos y los nietos de Tonia, aquí en la iglesia mucha gente conoció a Tonia, saben que ella dejó un legado y que nos inspiró a muchos de nosotros. Una de las cosas que nuestra madre nos legó, yo creo, es salud emocional a nuestros hermanos. Y tanto mi madre como mi padre, mi papá no era tan consagrado como era mi mamá al Señor, pero ambos tenían una resiliencia. Yo hablé de esa palabra antes. Cuando ellos sufrían de fracasos en sus vidas o reversos, siempre se ponían de pie y seguían adelante. Era gente de mucha resistencia. Y eso, yo creo, que nos ayudó a nosotros. Eso ha sido como una brújula y como una vara de acero dentro de nosotros que nos aploma y nos da firmeza en la vida. Porque eso nos marcó a nosotros. Y nosotros marcamos a nuestros hijos muchas veces con lo que nosotros le mostramos.
Y eso yo lo digo no para poner presión sobre ti, sino para animarte, porque muchas veces el saber que nos están mirando, eso nos inspira para ser fuertes, porque somos ejemplo a los demás. Y eso pasa con todos los aspectos de la vida. Nosotros tenemos que saber que influenciamos a los demás, y por lo tanto tenemos que caminar en cierta manera. Un oficial de un ejército tiene que caminar de cierta manera porque sus soldados siempre lo están mirando para ver si se paniquean [sic] o se inspiran. Y los soldados se animan unos a otros en la guerra, porque saben que están siendo observados por sus compañeros y eso los anima entonces a ser aguerridos y valerosos en tiempos de lucha y de peligro.
Y eso es bueno porque la vida cristiana se vive en comunidad y tenemos que saber que es importante que nosotros nos animemos unos a otros y que demos buen ejemplo. Para mí ha sido importante en este tiempo de pandemia tratar de vivir en una forma que muestre fe en el Señor, confianza en el Señor, y seguridad. Porque para bien o para mal, mucha gente observa a sus pastores. Yo me imagino que alguno de ustedes cuando supieron que al pastor le dio COVID. “Oh, Dios mío.” Hermano, eso no es la gran cosa. Yo sé que puede pasar y pasa y ahí tenemos ejemplos de eso, pero la verdad es que no se dejen llevar por eso, que su fe no sufra por esas cosas, hermanos. Tenemos que estar firmes en el Señor. Amén.
Nuestra mirada tiene que ser en Él. “Mirad a aquel que dice que sufrió tal contradicción de pecadores para que su ánimo no se cansa hasta desmayar.” Al único que tenemos que mirar es a Cristo Jesús, siempre. Olvídese de todo lo demás. Pero habiendo dicho eso, sí, nosotros influimos sobre la gente y tenemos que tener cuidado cómo padecemos. Yo le he dicho antes que mi mamá tuvo un problema terrible del trigémino. Es un nervio que toca la nariz, el ojo y las mejillas. Y dicen que es el dolor más terrible que una persona padece. Mucha gente se suicida por eso. Durante años mi mamá padeció de eso, y mire, yo le puedo decir que siempre me fijé en la integridad con que ella pasó eso. Nunca maldijo del Señor, nunca dijo nada malo del Señor, nunca dejó que eso desvirtuara su carácter. Y eso ha sido un ejemplo grande para mí. Cuando me da un dolorcito de cabeza que quiero quejarme, digo, hey, ¿Y Tonia? Y eso nos ayuda.
Así que recuerde eso, que su ejemplo está siendo observado por los demás. Y yo digo siempre que la iglesia de Jesucristo en este tiempo tiene que padecer en una manera ejemplar y tenemos que comportarnos en una manera ejemplar, porque nuestra nobleza nos obliga. Somos gente especial. Hebreos capítulo 10, 24 y 25, dice: “Y consideremonos unos a otros,” es decir, observémonos unos a otros, “… para estimularnos al amor y a las buenas obras.” ¿Ve? Siempre estamos observando. Considerémonos unos a otros y así como tu me estás considerando a mí, yo te voy a considerar a ti también. Si yo veo que mi iglesia decae y está débil, eso me afecta a mí como su pastor. Cuando yo veo a la gente bien, contenta, motivada a pesar de su sufrimiento, eso me da ánimo para yo seguir adelante.
La vida cristiana es una vida de inter dependencia, interconexiones, somos un cuerpo y si le duele el ojo a alguien, también le duele todos el resto de su ser, porque somos integrales. Y entonces, no me he ido lejos del pasaje, ¿ve? Pablo dice, “Recuerda a tu mamá y recuerda a tu abuela que fueron mujeres de gran bendición y usa eso para tu propia bendición y crecimiento.” Entonces, una parte de este pasaje dice, nosotros afectamos a otros y les ayudamos en la formación de su identidad. Pero ¿sabe qué? Que nosotros también tenemos que reaccionar adecuadamente a la influencia y la herencia que recibimos de nuestros antepasados espirituales, nuestros mentores, nuestros maestros, nuestros padres. Cuando han vivido ejemplarmente tenemos que imitar su buen comportamiento, honrar su ejemplo. Y tenemos que expresarles valor, valorizar lo que ellos han hecho por nosotros.
Y Pablo dice, “Timoteo, tu vienes de una estirpe muy distinguida, mamá y tu abuela fueron grandes mujeres de Dios. Vive a la altura de ese linaje.” ¿Cuántos saben que nosotros somos linaje real? Dice que somos “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciemos las virtudes de aquel que os llamó a su luz admirable.” Tu eres de buena sepa, tu vienes de sangre real, tu eres un sacerdote, un rey, un príncipe en el espíritu, y cuando tu te sientas tentado a actuar como un mero cualquiera, di, “No, yo soy una reina. Yo soy una sacerdotisa del Reino, tengo que actuar en cierta manera. No puedo aplatanarme como el resto del mundo.” Tenemos que actuar de una manera diferente.
Siempre pienso, y les he aludido eso antes, ¿recuerdan a Nehemías? Cuando Nehemías estaba levantando los muros y hubo mucha persecución de Nehemías porque al diablo no le gusta cuando alguien está haciendo algo bueno para el Reino. Y comenzó la persecución sobre Nehemías. Comenzaron a perseguirlo, a calumniarlo, a acusarlo y en una de esas se acercó un hombre, no recuerdo su nombre, y le dijo, “Nehemías, esta noche vienen a matarte, así que corre, métete en el templo y agárrate de los cuernos del altar,” porque la tradición era que en el altar no podían matar a nadie si se agarraba de los cuernos del altar. ¿Y recuerdan la respuesta de Nehemías? “¿Un hombre como yo, dice, voy a meterme al templo a agarrarme del altar para que no me maten? Eso nunca.” Y esas palabras… porque de nuevo, es la humanidad de un hombre, la humanidad en su valor, su autoestima, su sentido de dignidad y de respeto, dice, “Yo no me voy a avergonzar a mí mismo metiéndome como un cualquiera, como un ratoncito escabulléndose. Y después yo entendí que no decía esto en realidad porque fuera cierto, sino para atemorizarme.”
El diablo muchas veces quiere atemorizarnos, quiere susurrar intimaciones de desastre en nosotros. Y nos levantamos por la mañana y sentimos ese pánico. Yo les digo que a veces lo he sentido, muchas veces en mi vida. Y lo que yo hago es que en vez de sucumbir a él, lo reprendo en el nombre de Jesús y le doy su nombre, Satanás, y lo echo fuera de mi vida y digo, “Yo voy a servir al Señor y voy a seguir adelante caminando en Él.” Nunca dejes que los susurros de desastre en tu vida te impidan hacer la voluntad de Dios. Vive como un siervo o una sierva de Dios, como una princesa del Reino, como un linaje real. Esa sepa de donde tu vienes, comenzando con Jesús, permite que eso sea lo que gobierne tu forma de caminar. No tu sentimiento, no tus emociones, porque muchas veces tus emociones te van a traicionar. Si tu dejas que tus emociones… lo hemos dicho muchas veces, hermanos, si uno deja que los pensamientos o las emociones gobiernen la vida de uno, uno no sale de la casa. Se queda metido debajo de una frazada todo el día esperando la muerte y el desastre.
Nosotros somos llamados a imponernos sobre nuestros pensamientos, sobre nuestras emociones carnales y vivir conforme a toda palabra que sale de la boca de Dios. Los principios del Reino de Dios son los que deben regir nuestro caminar. Tenemos que exhibir la fortaleza, el valor de quien sabe que su redentor vive, que Dios está con nosotros en cada situación de la vida y que en todas las cosas somos más que vencedores. Eso es lo que la palabra ha declarado sobre tu vida. Somos más que vencedores. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Muchas veces decimos esas cosas pero no entendemos lo importante que eso implica para nuestra vida. Lo decimos así sin ánimo. No, eso tiene consecuencias para tu caminar y tenemos que tener eso claro en nuestra mente.
Y las pe4rsonas que nos rodean, los que vigilan nuestra vida, serán inspiradas y animadas por nuestra fe genuina en el Señor. Y si tu no sientes ese valor dentro de ti, pues, examínate. No estoy diciendo esto para condenarte, sino que ¿sabe qué? Cuando nosotros entendemos que yo no estoy a esa altura, eso simplemente debe ser un estímulo para, okay, ¿por qué? ¿Qué necesito hacer? ¿Necesito pegarme más de la palabra? ¿Creer más en el endoso y el respaldo del Señor? Buscar más hondo. Y no te pongas ansioso, no te auto condenes, sino, di, okay. Hay trabajo que hacer todavía. Yo soy el primero que lo digo, hay mucho trabajo que Dios tiene que hacer en mi vida. Y es bueno que nos examinemos, dónde estamos, y que entonces sigamos adelante en la fe. Pero es importante que sepamos que a eso es que el Señor nos llama. Esa es la identidad que Dios ha impartido en nuestra vida.
Entonces, miren esto, me anima el ejemplo de tu mamá y de tu abuela. Ahora, Timoteo, esa fe está en ti. Y entonces, por eso le dice, “Por esta razón – versículo 6 – por lo cual te animo a avivar el fuego del don de Dios que está en ti.” Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti, por la imposición de mis manos. Timoteo, tu vienes de una sepa muy importante, muy noble, muy real, y por esa razón, de tu madre, tu abuela, que están mirándote desde allá, desde el cielo, si ya habían fallecido, ahora, camina y una de las cosas que tienes que hacer, aviva el fuego del don de Dios que está en ti. ¿Usted sabe lo que es avivar el fuego del don de Dios? Abanica el fuego. Las brazas abanícalas hasta que se conviertan en una llama poderosa. El don de Dios está en ti. Dios te ha dotado, Dios te ha programado, Dios ha infundido en ti una cantidad de dones.
Por eso, por ejemplo, cuando oramos por Diego, Diego podría estar por allá vendiendo plátanos en República Dominicana y no sabría que tiene un don allí terrible. Gracias a Dios él lo ha ido desarrollando. Pero quizás Dios también lo ha llamado a ser un adorador y bendecir a comunidades con su don. Entonces, ahora tiene que avivar ese don. Tu tienes un don dentro de ti. Cuando Dios te llama, cuando Cristo habita en ti te da algo, no importa de dónde tu vengas, espiritualmente tu eres realeza. Escúchame, nadie que está aquí en este lugar o que tiene a Cristo en su corazón carece de algo valioso, algo que darle al mundo y algo que darle a su iglesia. Eso está en ti. Todo depende de ti, que tu lo avives, lo pongas a crecer, lo desarrolles, y lo conviertas en algo poderoso. No te subestimes.
Pablo le dice a Timoteo, “No dejes que nadie subestime tu juventud, sino sé ejemplo a los demás.” No importa de dónde tu vengas, no importa cuántos fracasos tu hayas tenido, no importa cuán poco ilustres sean tus antepasados, algo hay en ti que Dios quiere usar para bendecir a las naciones. Asegúrate de desarrollar ese don, porque mucha gente muere sin desarrollar la dotación que Dios ha puesto en ellos. Yo creo que la inmensa mayoría de los cristianos se mueren sin descubrir. Pídele al Señor que te revele, “Padre, ¿qué es lo que tu quieres que yo haga? ¿Qué es lo que tu has puesto en mí? ¿Cuál es el don? ¿Cuál es el llamado?” Y ponte a trabajar. Mucha de esa gente que usted ve aquí en León de Judá haciendo proezas y cosas, es por eso, es porque han afirmado el don de Dios.
Nuestra hermana Rosi, yo la bendigo y Meche y yo siempre la señalamos. No sé si ella está aquí pero, Rosi, dondequiera que tu estés, estás escuchando, Rosi tiene un don de decoración tremenda, estético, y muchas de las reuniones que hay ella siempre está dispuesta a dar su don y bendice y adorna. Y también ese don increíble de tener niños en su hogar, compartir su hogar para bendecir generaciones. Ella encontró su don. Quizás tiene otros dones que con el tiempo va a descubrir. Pero así hay tanta gente en León de Judá que bendicen al Reino de Dios con algo. No seas pasivo, escúchame. Dios te ha llamado a dar y a crear y a bendecir y marcar el mundo de manera que cuando tu te vayas el mundo sienta tu ausencia porque tu bendijiste.
Gino, hay unas flores allí delante de su cámara. Ahora mismo hay un vacío aquí en León de Judá. Este hombre estuvo allí 15 años fielmente y ahora hay un vacío allí. Esa cámara va a tener que ser llenada. Usted quizás nunca vio a Gino así con sus ojos, nunca lo enfocó, pero él bendijo, él encontró algo con qué servir. Dios te ha dado una dotación. Vive conforme a ella. Aviva el fuego del don. Y los dones se avivan practicándolos, ejerciéndolos. Y Pablo dice, “Esfuérzate.” Dios respeta la gente que se esfuerza y que trabaja en su don. Y nuestro cometido es llevar nuestro don a plena manifestación a través de nuestros esfuerzos y nuestro arduo trabajo. Dios dio un don y ahora espera que Timoteo lo desarrolle de alguna manera.
Dios nos pone a nosotros cosas increíbles dentro de nosotros. Y nosotros tenemos que trabajarlo. Dios le dio a Josué, “Yo te he dado toda…” Dios siempre habla en pasado, en pretérito. “Yo te he entregado toda la tierra que pise la planta de tus pies.” ¿Se quedó allí? No, dijo, “Sin embargo, ahora te mando que te esfuerces y seas valiente porque yo te he entregado toda la tierra que pise la planta de tus pies.” Josué tenía un llamado de ir y conducir a su pueblo y establecerse en la Tierra Prometida. Iba a haber batallas, iba a haber retos, y Dios le dice, “Mira, nadie te va a hacer frente todos los días de tu vida. Ya yo te he entregado un título que dice, victoria, ahora, esfuérzate y sé valiente.”
Cuando tu entras al Reino de Dios, Dios te da una programación increíble dentro de ti: victoria, poder, virtud, gracias, sabiduría, entendimiento, dominio propio, victoria sobre todos tus apetitos y todo lo destructivo que hay dentro de ti. Ahora, esfuérzate y sé valiente. Trabaja duro para llevar eso a una realización plena. “Que el resto de tu vida sea una trayectoria desarrollando lo que Yo he puesto en ti.” Dentro de ti está latiendo la vida de Dios, el llamado de Dios y tu tienes ahora que poner eso y traerlo a la vida. Tu estás preñada. Tu estás preñado con la bendición divina. Hay un embrión divino dentro de ti que Dios quiere que tu te pongas a trabajarlo y a desarrollarlo hasta lo máximo. Dios respeta la persona que trabaja duro para desarrollar su don. Dios no respeta tanto a la persona que siempre está haciendo decisiones y promesas y nunca…
¿Ustedes recuerdan que yo dije eso el domingo pasado? Dios respalda y bendice a aquellos que Él ve que lo toman en serio y que se comprometen a algo y ahí, poco a poco, cayendo, levantándose, fracasando, pero siguen adelante hasta que ven ese don realizado. Les he dicho antes que hay cosas que Dios nos habla a nuestra vida y llevan décadas sin verlas realidad. Pero uno persiste y Dios dice, “Como mi hijo está manteniéndose ahí, yo lo voy a bendecir.” “Y aunque la visión tarde, ella llegará,” le dice Él a Habacuc.
Santiago dice que el hombre de doble ánimo no espere recibir nada del Señor. Es como una veleta al viento. Pero la gente que es gente de promesa, gente de compromiso, aunque se sientan desalentados, aunque estén aburridos, se mantienen, esa gente llega a lo que Dios ha dicho sobre sus vidas. Sabe que una buena parte del liderazgo y del éxito es el dominio de lo aburrido. Yo le he dicho a la gente muchas veces que el que aprende a dominar el aburrimiento es un ser sobrenatural. Porque muchos sueños caen cuando llega la normalidad a la vida. Mucha gente llega a la iglesia y mientras están recibiendo atención y pleitesías y la gente viene, los abrazan, los besan, se los presenta a otros, están felices. Pero cuando ya llegaron a lo normal y ya nadie… ya lo saludan, “Hola, fulanito,” y siguen para adelante, se sienten como que ah, ya… Y usted ve que comienzan a apagarse y no vuelven a la iglesia, porque dependían de que siempre los estuvieran dando a la manigueta, cuerda, y cuando dejaron de darle cuerda, no tenían cuerda propia y así se mueren.
Dios respeta y honra a la gente de promesa, de compromiso, le hagan gracia o no, están firmes en el Señor, y aunque vengan las pruebas y las dificultades ellos se mantienen, porque lo que los anima no es el hombre sino ese fuego interior que tienen, ese compromiso con Dios, esa capacidad para imponerse sobre la monotonía. Ese es liderazgo. No es las otras cosas que uno muchas veces dice. Hay una parte que a nosotros nos compete, Timoteo estaba dotado con el don de Dios, ahora Dios le dice, “Aviva el fuego del don de Dios.” Trabaja duro, desarrolla tu don, haz tu parte para llevar tu don a la madurez completa. Dios ha invertido en ti. Ahora Timoteo, ahora tu que estás escuchándome, y yo también que predico, vive a la luz de tu don y haz lo mejor que puedas para honrar la inversión que Dios ha hecho dentro de ti.
Y voy ahora aterrizando, esta última parte del pasaje. Dice, “Porque no nos ha dado Dios,” ¿usted ve la conexión? Dice, “… por lo cual te aconsejo – porque tu mamá y tu abuela – por lo cual te aconsejo porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía.” Hay una cadena, todos estos pensamientos están encadenados uno con el otro. Pablo establece un contraste primeramente para reforzar lo que va a decir más adelante. Dice, “Dios no te ha dado un espíritu de cobardía,” sino que te ha dado algo muy importante. Recuerda eso siempre. El don que tu tienes en ti no es un don de cobardía, no es de timidez, no es de conservatismo [sic], es un don de aventura, es un don empresarial, es un don atrevido, es un don de conquistar la tierra. Ese es el don. Dios no te ha dado un don para que esté allí aplatanado, esperando que te hagan las cosas, quejándote del mundo y de la vida y lo que te hicieron, lo que no te hicieron, lo que te dijeron, lo que no te dijeron, el abuso. Echa eso atrás y siguiente adelante al supremo llamamiento que Cristo hizo a tu vida.
No te dejes… muchas veces uno se levanta deprimido, de nuevo, y ya deja que eso domine a uno. No, el don que Dios ha puesto en mí es un don de ponerme mi pintalabios, arreglarme las cejas y salir a trabajar. No yo, eh, que quede claro. Dios te ha llamado a vestirte con tu mejor vestidura. Sal, aunque estés un poquito triste, desanimado, lleva tu vida hacia adelante. Porque el don que Dios ha puesto en ti es ese. Lo otro es simplemente el follaje carnal de la vida. Es la neurología esa que nos frena y que eso va a estar con nosotros hasta que nos muramos. Ese es el perro fiel que ni nos deja trabajar ni tampoco se va de nosotros. Está ahí siempre pegado a nosotros todo sarnoso y mojado. Esas son las emociones. No nos vamos a liberar de ellas. Están allí, míralas y sigue para adelante en el nombre del Señor.
Cada vez que yo tengo la tentación de ponerme conservador en el uso de mis energías, o de volverme negativo, cuando tengo una tarea por delante, recuerdo esa palabra de Pablo a Timoteo, “Dios no te ha dado un espíritu de cobardía,” te ha dado un espíritu valeroso. Sigue adelante. Recuerda esa identidad que tu tienes latiendo dentro de ti. Lo que tu tienes dentro de ti, tu verdadera identidad no es la de un individuo miedoso, perezoso, indeciso, sino de un hombre, una mujer resueltos en el Señor, claros en su caminar. No seas como el siervo infiel de la parábola que cogió su don y por temor lo metió debajo del colchón, porque tenía temor de qué le pasaba… y si yo voy e invierto este dinero y lo pierdo todo, te van a dar 50 rebencazos. Y dijo, no, mejor yo lo guardo allí. Pero eso no era lo que tenía que hacer. Tenía que invertir.
Hay que trabajar. Si usted se deja llevar por el miedo nunca va a hacer nada. Si usted se deja llevar por sus emociones nunca va a hacer nada. El escritor de Proverbios o Eclesiastés, uno de los dos, una gente sabia en la Biblia dice que “el que mira demasiado al viento y a la lluvia, no sembrará jamás.” Si tu te dejas llevar por las estimaciones de fracaso en la vida y porque es difícil y porque no se puede, nunca vas a hacer nada. El verdadero espíritu que Dios ha puesto en ti es un espíritu empresarial, guerrero, emprendedor, y eso es lo que debe regir tus decisiones.
Finalmente, de nuevo, no nos ha dado Dios espíritu de cobardía y ofrece la alternativa correcta, sino ¿qué? Un espíritu de poder, dunamis, de amor, ágape, y de dominio propio, sofronismos. Ahí sí que los confundí ¿verdad? Sofronismos, y le voy a decir un poquito acerca de eso ¿no? Es decir, el espíritu que Dios te ha dado no es un espíritu de pequeñez, mediocridad, sino todo lo contrario, de grandeza y excelencia. Y esa grandeza, esa excelencia se divide en tres cosas, tres componentes que quiero dejar contigo. La primera parte de la identidad que Dios te ha dado, es una identidad de poder para emprender y lograr cosas. El poder, el dunamis que Dios ha puesto en nosotros nos permite superar los desafíos y las dificultades de la vida, nos empodera para ser mejores cada día, para ir más allá de las limitaciones de nuestra cultura, nuestro entorno, nuestra familia, nuestro pasado. El poder que Dios ha puesto en ti te permite ser como esa luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto, de cual hablamos el domingo pasado. Eso es lo que Dios tiene para ti.
Poder para cualquier gigante que esté en tu vida, cortarle la cabeza, sea depresión, sea ansiedad, sea que te falta una mano, sea que no has estudiado, sea que vienes de una familia donde ha habido alcoholismo o incesto o abuso físico, divorcio, homosexualidad, lo que sea, sea que estés luchando con algunas de esas tentaciones y esas luchas mentales internas, Dios te da poder para descabezar todo gigante que se ponga delante de ti. Poder. Poder para vencer, poder para prosperar, poder para ser un mejor esposo, una mejor esposa, poder para ser un buen padre, poder para vencer las pesadillas que te atormentan en la noche. Poder para vencer tu falta de dinero o de educación. Dios ha puesto poder para vencer dentro de ti. “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece,” dice la palabra del Señor. Siempre que escuchamos esa voz negativa dentro de nosotros que nos dice, “No puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro,” recuerda que Dios te ha dado un espíritu de poder, de una persona que todo lo puede en Cristo, que le fortalece.
Segundo componente. Amor. Yo siempre me he preguntado por qué Dios llevó a Pablo a poner amor en el medio de esa trilogía. Le puso poder, pero entonces le pone amor en el medio. Porque cuando Dios te da una dotación, te la da perfecta, integral, balanceada y es porque el amor balancea el poder. El amor le trae matiz. Hermanos, el poder sin amor es algo demoníaco. Es controlador. Es opresivo. Es dominante. Incluso puede llegar a ser cruel y ciertamente es autodestructivo para el que practica. Poder desnudo es la cosa más terrible que puede haber. Es como una bomba atómica, como radiación que te quema mientras tu la manejas.
Piense en Hitler. Hitler era… el imperio alemán con toda su glorificación del poder, el hombre, el súper hombre. Mire cómo hizo tanto daño en el mundo y se destruyó a sí mismo. Hitler terminó suicidándose después de haber destruido tantos millones de vidas y haber destruido a su nación, causarle estragos por dondequiera. El poder desnudo sin Dios es un poder destructivo y demoníaco. Satanás es la ejemplificación de poder sin amor. Satanás es un ser que solo sabe de poder, guerra, conflicto, manipulación, mentira, control. El imperio demoníaco es poder desnudo. El poder tiene que estar matizado por el amor. Cristo es el ejemplo clave del poder y el amor, su autoridad, su poder sobre el diablo, sobre la muerte, sobre la enfermedad, sobre las tormentas. Todo. Pero también se compadeció de la mujer con el flujo de sangre, le dijo, “No te vayas solitaria. Quiero bendecirte antes de que te vayas. Me robaste poder, eso es cierto, pero también tengo amor para ti.”
El Señor era tan poderoso y tan generoso a la vez. Y hermanos, nosotros tenemos que imitar a Cristo en todo. León de Judá tiene que ser una iglesia de poder pero también de amor para que las cosas se balanceen. En el mundo pentecostal la gente glorifica el poder. Dones, lenguas, profecías, sanidades, milagros, revelaciones, y se olvidan de que hay el fruto del Espíritu Santo también: virtud, bondad, amor, paz, gozo, benignidad, generosidad para con los demás, humildad, paciencia. Y hermanos, yo creo que hay una crisis de ese fruto del espíritu en la iglesia pentecostal. Y el reto primero es para mí. Yo tengo que incorporar elementos de amor y gracia en mi vida porque si yo lo que tengo es poder solamente, soy la persona más débil del mundo. El diablo sabe cómo bregar con poder, pero no sabe bregar con amor, porque el amor no tiene nada que ve con él. Esa tecnología él no la conoce.
Cuando el amor y el poder conviven en un ser humano es algo bello de mirar, es como un caballo lleno de fuerza y de belleza corriendo en el desierto y adornando el mundo con su brío, con su fuerza, con su belleza, nobleza. Cuando usted ve una persona que tiene poder y amor es deleitoso. Jesús ejemplificaba las dos cosas y nosotros también. Me encanta mucho el Salmo 85. Mire, el amor es una de las fuentes de salud más grandes del mundo. Si usted quiere ser saludable emocionalmente, ame y sea generoso. Y eso le va a proteger de muchas cosas en la vida porque de nuevo, el amor bendice a los que lo practican. Y esa es una defensa bien grande para nosotros.
Salmo 85: 10, decía, mire cómo dice ese salmo, dice: “La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron.” Qué lindo eso. Es una imagen poética muy bella. Porque misericordia y verdad muchas veces no conviven. Hay gente que todo es verdad. yo no tengo pelos en la lengua, e insultan a la gente, hacen daño, dicen cualquier cosa, hieren, porque se lo merece, y hay que decírselo porque si a la gente usted no le dice la verdad no van a aprender. Hay padres que son así y debilitan a sus hijos, hieren continuamente. Hay gente en la iglesia que están llenas de verdad pero no conocen la misericordia. Eso es terrible. Pídele al Señor que te haga un hombre, una mujer de verdad y de misericordia, que las dos cosas estén allí matizándose unas a otras. La justicia, dice, y la paz se besaron. Imagen poética porque a veces la gente es todo justicia, lo que tu te mereces. Dale gracias a Dios que no te da lo que tu te mereces porque la justicia demandaría que tu recibas lo que tu te mereces. Pero Dios no te da lo que te mereces y te da lo que no te mereces.
Dice, la justicia y la paz se besaron. Porque esas dos energías muchas veces no se encuentran y mucho menos se besan. Y ese es el balance del Reino de Dios, la gracia y la verdad, la justicia y la paz, el amor y la misericordia juntos con el poder. Sí hay poder pero hay que matizarlo con el amor. Una persona que tiene amor y poder dentro de su repertorio personal es un ser humano verdaderamente admirable. Y Pablo dice, entonces, Timoteo, Dios te ha dado poder y Dios te ha dado amor. Eso está dentro de ti, mi hermano. No le digas a nadie que tu no puedes cambiar porque ya Dios te hizo así. Dios no te hizo así, es más, Dios te dio amor y poder. Encuéntralo si está dentro de ti. Zambúllete dentro de ti mismo y encuentra esa dimensión donde habita el poder y el amor de Dios.
Y finalmente, Pablo le dice a Timoteo, “Te ha dado poder, te ha dado amor y te ha dado sofronismos, que han traducido al español, dominio propio.” Pero esa palabra en el griego original quiere decir algo muy diferente. Es más bien un espíritu de sobriedad, de precisión en la forma en que piensas. Se refiere más bien a una mente que piensa con claridad. De ahí es de donde quizás viene esta idea de dominio propio, una persona en control de sí misma. Pero la palabra es mucho más amplia y más abarcadora que eso. Se refiere a que Dios nos ha dado una mente que piensa con claridad, piensa sobriamente, piensa con precisión, una mente clara y lúcida. Entonces, puedes entender, Dios te ha dado una mente muy funcional, una mente que ve la realidad por lo que es, que no permite que otras cosas distorsionen y que tu veas fantasmas donde no hay fantasmas, que tu veas inferioridad donde hay más bien balance y gracia del Señor.
No es una mente perseguida por las heridas del pasado o los miedos que habitan en nosotros desde la infancia, o los traumas o fracasos del pasado, que distorsionan nuestra mente, nuestra forma de comportarnos, de ver el mundo, de vernos a nosotros mismos. Es más bien la mente de Cristo. El logos que creó el universo. La mente de un científico que diseñó los movimientos ínfimos del organismo humano, de los planetas, del cosmos. Es la mente que ordenadamente creó todo el universo. Es esa mente clara, lúcida, pensante, científica, racional, sobria. Esa es la mente que tu tienes dentro de ti. Lo otro es el follaje carnal del mundo, de la caída. Pero Cristo cuando te llamó y se metió dentro de ti, te dio la capacidad para pensar clara y lógicamente. Es una mente realista, una mente que no permite que vengan otros pensamientos que distorsionen tu forma de verte, de ver a los demás, de ver el mundo, de ver la vida, de ver el propósito de Dios en tu vida.
Ustedes han escuchado de bulimia y de anorexia. Son enfermedades que sobre todo les da a las mujeres y a las jovencitas muchas veces, que se ven gordas cuando están bien flacas. Físicamente ellas pueden ver pero emocionalmente lo que ven es una persona inflada y entonces, por eso no comen y se gastan. No comen, vomitan lo que comen para estar bien siempre flaquitas porque se ven como que siempre están gordas. Eso es para mí lo clásico ce una mente disfuncional que no se ve a sí misma como debe verse. Pero Dios te ha dado una mente que te permite verte tal y como tu eres, que te permite ver el mundo tal y como es, no verlo a través de los lentes de las deformaciones de tu pasado, sino verte como es la realidad. Esa es la mente que tu tienes dentro de ti. Cuando tu te sientas como que la vida te está inclinando a la depresión, a la tristeza, a la auto condenación, al pánico, di, “No, Dios me ha dado una mente lúcida, una mente pensante, una mente sólida, una mente sobria.” Ese es el programa que Dios ha puesto dentro de ti. Dios nos ha dado poder, amor y una mente sana, una mente que piensa bien.
Ese sofronismos, esa mente que Cristo ejemplifica es una mente de sobriedad, dominio propio, autocontrol, maestría y dominio de nuestros apetitos, nuestros impulsos, no tiene lugar para el miedo, el pánico, la auto condenación. Es una mente que piensa bien. Hay otro lugar en la Biblia donde se usa esa palabra sofronismos. Romanos 12, versículo 3, dice, “Que nadie piensa de sí mismo más altamente de lo que debe pensar, sino que piense de sí mismo con cordura, con sofronismos, conforme a la medida de fe que ha recibido de Dios.” Y eso ahí usted tiene exactamente lo que es sofronismos. Cuando la persona, el cristiano, no tiene esa cordura de verse a sí mismo como debe verse, a veces se ve o más grande de lo que es o más pequeño de lo que es, o más dotado o más abandonado por la gracia de Dios. Dios dice, “No, mírate a ti mismo exactamente…”
En el Reino de Dios no hay lugar para la falsa humidad. No hay lugar para decir, “Ah, yo no valgo nada, yo no soy nada. Yo soy un pecador que no merezco nada, un gusano que Dios no se debe ni siquiera dignar de mirar.” No insultes a Dios de esa manera. No te mires ni como que no vales nada, pero tampoco te mires a ti mismo como que eres la última Coca Cola en el desierto, el salvador del mundo, el mesías enviado para salvar a la humanidad. No te subestimes ni te sobre estimes. Haz una sana evaluación, un sano juicio de ti misma y determina, mira, Dios me ha hecho para ciertas cosas, pero para otras no me ha hecho. Y entonces, no te condenes por eso. Vive conforme a la dotación de Dios dentro de ti y sirve en la medida en que Dios te ha llamado a servir.
Hay un pasaje en Romanos 12, ya les suelto mis hermanos, no me sobre estimo pensando que estoy más interesante de lo que estoy, pero Romanos 12, dice, “De manera que teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada. Si tu tienes el don de profecía, úsalo conforme a la medida de la fe. Si tienes don de servicio, úsalo conforme a la medida de servir. Si tu enseñas, en la enseñanza, el que exhorta en la exhortación. El que reparte con liberalidad, el que preside con solicitud, el que hace misericordia con alegría.” En otras palabras, mira, donde Dios te llamó muévete allí y sirve con confianza en el Señor. No estés envidiándole el don al pastor que está predicando, “Ah, yo quisiera como el pastor predicando todos los domingos ahí arriba.” Usted no quiere eso, se lo aseguro. Parece muy elegante pero no lo es. Hay gente que dice, “No, yo quisiera ser como ese vendedores que andan viajando por todo el mundo y quedándose en hoteles elegantes.” Sabe que después de un tiempo esa es la cosa más aburrida del mundo. Esa gente quiere estar en su casa, durmiendo en su cama y bañándose en su propia bañera.
Y nosotros muchas veces vivimos envidiándole a otros lo que tienen y no apreciamos lo que Dios nos ha dado, y por eso no disfrutamos del momento. Dios te dice, “Mira, en lo que yo te he puesto, si ya tu discerniste tu don, sirve en él, y sirve con gozo. Sirve con excelencia. Si yo te he dado algo, celébralo y vive en ello. No andes deseando otras cosas.” Cuánto tiempo desperdiciamos nosotros queriendo el don de la otra persona. No, pídele al Señor que te ponga en contacto con tu don y úsale y vive en él cualquiera que sea ese don que Dios te ha dado. Vete a ti mismo o a ti misma en el lugar donde Dios te ha puesto. Pídele al Señor que te de una mente cuerda y sobria para conocerte a ti mismo. Una de las cosas que Dios nos da dotación es para conocernos a nosotros mismos. Y tu tienes que pedirle a Dios, “Señor, ayúdame a no verme más grande de lo que soy ni más pequeño de lo que soy.” Una mente sana, una mente sobria, una mente lúcida, a ver la realidad como tu me has llamado. Una mente que piensa bien y calcula la realidad con precisión.
Hermanos, una persona que vive con el poder de Dios en el amor de Dios, y empleando una mente lógica y precisa que Dios le ha dado, ese es un pequeño, es un reflejo muy bueno de Dios, del Padre, el Creador de la naturaleza divino. Yo anhelo eso y tu también anhélalo en esta noche, en esta tarde. Baja tu cabeza un momento o levanta tu brazo o lo que sea, y pídele al Señor, “Padre, préñame con estas palabras y haz que habiten dentro de mí.” Quizás hay mucho material allí que tu no podrás recordar, pero yo declaro que esa vida de Dios a través de su palabra estará dentro de ti. Dios va a instalar todo eso que hemos declarado en tu espíritu en esta tarde, y eso va a estar latiendo dentro de ti, aún nuestras bellísimas jovencitas ahí arriba. Yo lo declaro en el nombre de Jesús. Instalo esa semilla en su espíritu más allá del lenguaje, el material divino va a estar en ella también y va a estar en tu vida y va a estar en el ADN de León de Judá.
León de Judá será una iglesia, una comunidad, una familia de poder, de amor, de mentes sanas y pensantes y lógicas y cuerdas, y sobrias. León de Judá será una iglesia que bendecirá a su comunidad con su autoridad espiritual, con su amor y sus buenas obras, y su generosidad y gentileza, y misericordia, y paz, y bondad, mansedumbre. Y también será una iglesia de conocimiento, de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, buena administración, buen gobierno, buenos sistemas, buen mantenimiento es su planta física, buenos empleados, buen liderazgo, limpieza, organización. La mente de Cristo, la mente sofronista que piensa bien. Yo declaro esa genética en el nombre de Jesús en esta iglesia. La viviremos y la realizaremos. Recíbelo en el nombre de Cristo ahora. Dile, “Padre, lléname, préñame con tu vida. Préñame con tu unción.” ¡Aleluya! Gracias Espíritu Santo. Gracias.
Oh Señor, declaro esto en este nuevo año para nuestras familias, nuestros hijos, que sean jóvenes funcionales. Padre, que sean jóvenes que se distingan por trabajar duro, ser esforzados, no dejar que otros lo influencien y distorsionen su caminar. Padre, familias bendecidas, matrimonios, bendecidos, oh Dios, liderazgo ejemplar sobre esta ciudad. Anhelamos darte gloria y darte honra, Padre a ti. Tu pueblo necesita una visitación de tu espíritu. En este año, Señor, visítanos con tu Espíritu Santo. Visítanos con tu poder fecundador, Señor. Aspiramos, Señor, tu gracia nosotros. No permitas que el enemigo afee lo que tu has puesto, ya sea por nuestra indolencia, o por cobardía, por lo que sea, Señor, no solamente no moriremos sino que viviremos y saldremos de Egipto para anunciar tu grandeza ya en la tierra que tu nos has prometido, Señor. Llévanos a nuestros hogares con tu bendición, con tu promesa dentro de nosotros. ¡Aleluya! Te adoramos, te damos gracias.
Bendito y alabado sea tu nombre. Recibe la palabra de Dios. Recibe la promesa del Padre. Recibe su buena intención para ti. Dios te ha creado para que surques los aires como un ave majestuosa escalando alturas, creciendo cada día más, adornando el mundo con las huellas que tu dejas sobre la tierra, dejando buenas obras, buen ejemplo, buena reputación, dejando un legado, dejando descendientes que bendigan la tierra y bendigan las generaciones. Dios te ha llamado para que lo honres con tu caminar, para que otros miren tu vida y vean a Cristo reflejada en ti. Yo estoy diciendo eso con toda certidumbre ahora mismo, hermanos. Cuánto te ama el Señor tu no lo sabes, y cuán buenos son sus propósitos para ti. Él no te ha llamado a fracasar, te ha llamado a tener vida y vida en abundancia. Y Él está comprometido contigo hasta el fin del mundo de darte esa vida plena, esa vida excelente, esa vida que adorne la tierra. Ese es el llamado de Dios, esa es la semilla que está dentro de ti y tu la vas a realizar en el nombre de Jesús. Gracias. Amén y amén. Gracias Dios.