Las maravillas de la palabra de Dios

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: Este sermón se basa en el Salmo 119 y destaca la importancia de la palabra de Dios. El salmista expresa su asombro y maravilla por la palabra de Dios, lo que provoca una sensación de reverencia y admiración. El predicador enfatiza que la Biblia es excepcional y que es importante entender que no es una palabra común, sino que viene directamente de la boca de Dios y está inspirada por el Espíritu Santo. Cuando nos acercamos a la palabra con un sentido de asombro, activamos su poder y permitimos que ella obre en nosotros de una manera transformadora. El proceso de interactuar con la palabra de Dios no es solo adquirir conocimiento, sino recibir la vida de Dios dentro de nosotros y permitir que ella reconfigure nuestro interior. Por lo tanto, es importante cultivar siempre ese sentido de asombro al acercarnos a la palabra del Señor.

La palabra de Dios es viva, poderosa y transformadora. Al interactuar con ella, nuestra mente y nuestro ser son cambiados. Debemos tener un sentido de asombro y apreciación profunda por la palabra del Señor, y leerla sostenidamente para que se revele como algo maravilloso, excepcional y hermoso. La palabra de Dios es una espada de dos filos que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, y nos da conocimiento acerca de nosotros mismos. Debemos guardar y obedecer los estatutos del Señor, almacenar su palabra dentro de nosotros y guiarnos conforme a ella. La palabra del Señor debe ser un sedimento dentro de nosotros, redundante y siempre presente en nuestra vida.

En este sermón, el pastor habla sobre la importancia de estudiar y obedecer la palabra de Dios. Él enfatiza la necesidad de exponer la Biblia sistemáticamente y de escudriñarla a fondo para obtener su valor nutritivo. También destaca que la exposición de la palabra de Dios alumbra y hace entender a los simples. El pastor invita a la congregación a enamorarse de la palabra de Dios y a convertirse en grandes estudiosos de ella. Él ora para que la iglesia siempre tenga buena enseñanza y que la palabra de Dios rija y sea el fundamento de sus vidas.

El título de este sermón es Las maravillas de la palabra de Dios, y está basado en el Salmo 119, que es texto por excelencia acerca de la palabra de Dios. Salmos 119, dos versículos, 129 y 130. Escuche esto. Dice: “Maravillosos son tus testimonios.” La palabra maravillosos es muy importante. Hay una consecuencia de ese reconocimiento de que la palabra de Dios es maravillosa. La consecuencia dice, “por tanto los ha guardado mi alma.” El salmista quiere enfatizar lo profundo que es su aprecio y su cuidado de la palabra de Dios dentro de su ser. No hay nada más profundo que el alma de un ser humano.

“Maravillosos son tus testimonios, por tanto los ha guardado mi alma.” Y el segundo versículo dice, “La exposición de tus palabras alumbra.” Yo quiero que nos detengamos por un momento en esa idea más delante de la palabra que alumbra y cómo la exposición de esa palabra es importante esa actividad de exponer la palabra. La exposición de tus palabras ilumina, alumbra. Y entonces esa linda expresión, “Hace entender a los simples.”

Vamos a ver qué quiere decir esa palabra simples y esa idea de hacer entender a la gente simple y sencilla. Hay otro texto que quiero que mantengamos nuestra mente en este contexto, es en Salmos 19, que yo creo que cantamos unos versos de ese Salmo 19, los versículos 7 y 8, dice: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma. El testimonio de Jehová es fiel que hace sabio al sencillo.”

¿Recuerdan en el Salmo 119 también hace entender a los simples, a los sencillos? Es la misma idea. “Hace sabio al simple, al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón. El precepto de Jehová es puro que alumbra los ojos.”

Y recuerden eso, la palabra de Dios alumbra los ojos. Y vamos a ver en qué sentido alumbra los ojos. Entonces, el libro de Eclesiastés, en el capítulo 8, en el versículo 8, dice: “Quién como el sabio y quién como el que sabe la declaración de las cosas, la sabiduría del hombre ilumina su rostro.”

¿Usted ve la idea de alumbrar los ojos? Y aquí dice que la sabiduría del hombre cuando una persona es sabia, esto ilumina su rostro. “Y la tosquedad de su semblante cambiará, se mudará.” Cuando la palabra del Señor entra, la sabiduría entra en una persona, a su rostro lo refleja también. Y vamos a ver una interesante pieza de información acerca de lo misterioso que es el rostro humano cuando está iluminado, cuando está educado.

Aquí entro ya en el material mismo de mi mensaje. Este salmo es una meditación sostenida sobre la palabra de Dios. Es como si la palabra de Dios estuviera reflexionando sobre sí misma. Cuando leemos el Salmo 119, que son 176 versículos, es como que la palabra de Dios está hablando acerca de sí misma. Es una meditación sostenida, una alabanza sostenida a la palabra de Dios. Este texto en su totalidad habla de muchas cosas, visita muchos temas, pero algunos de ellos se repiten una y otra vez.

Si usted lee el Salmo 119, por ejemplo, habla de la obediencia, lo importante que es la obediencia a la palabra. Hay otro tema que surge una y otra vez de ser fieles a la palabra de Dios aunque pasemos por conflicto, pérdida, tribulaciones, dificultades, pruebas, mantenernos fieles al Señor. Otro tema habla acerca del deleite, del gozo que siente el salmista en saborear y meditar en las Escrituras. Otro tema también habla de los efectos positivos que tiene el deleitarse en la palabra del Señor, cómo eso bendice a la persona que se deleita en la palabra del Señor.

Y también habla de las consecuencias negativas, cuando uno se aparta de la ley de Dios que hay reacciones emocionales y consecuencias que afectan al hombre o la mujer cuando se apartan. Tiene muchos temas pero se repiten una y otra vez a lo largo de esos 176 versículos. El Salmo está dividido en 22 secciones, 22 segmentos, cada uno 8 versículos. Si usted multiplica 8 por 22 da 176. No solamente eso, sino que cada sección de esas 8 secciones comienzan con una letra del alfabeto hebreo. Es un acróstico y cada una de esas secciones, si usted lo lee en hebreo, usted va a ver que tiene una letra del alfabeto hebreo. Es un misterio ese salmo, estructuralmente es tremendamente complejo. Como acróstico es también muy interesante.

Y hace evidente ese Salmo cuando uno ve la delicadeza con que ha sido escrito, hace evidente lo importante que ha sido y lo importante que es la palabra de Dios para el pueblo hebreo. Y nos llama a nosotros, la iglesia de Jesucristo a hacer continuadores de esa tradición hebrea, así como los judíos…

Mire, muy importante ha sido la Biblia para los hebreos que cuando los manuscritos que siempre fueron hechos a mano por los escribas de la Biblia, cuando eran escritos copiados, los copiadores de la Biblia en el hebreo, ellos contaban al final de copiar un manuscrito a otro, ellos contaban las sílabas y las letras del manuscrito para asegurarse de que eran el mismo número del manuscrito que habían copiado para asegurarse de que no había ninguna discrepancia entre uno y otro.

Los judíos son increíblemente cuidadosos. Hasta este día si usted va a una sinagoga judía, cuando un manuscrito de esos, un rollo, termina o se hace viejo o se envejece o lo que sea, ellos nunca lo queman ni lo botan a la basura. Ellos tienen como un cementerio de manuscritos. Ellos los guardan. En una sinagoga puede tener cientos de manuscritos o rollos de la Biblia porque ellos no lo botan nunca porque es la palabra del Señor. Y es la Escritura divina.

Así que nosotros se supone que tengamos ese mismo tipo de aprecio, de aprobación de la palabra del Señor. Como el salmista que escribió este texto, nosotros no conocemos su nombre, de paso, nosotros también debemos experimentar ese sentido de asombro, de deleite cuando nos damos cuenta de lo maravillosa, lo misteriosa, lo compleja, lo profunda que es la palabra del Señor.

Y una de las cosas que yo anhelo hoy es eso, que nosotros salgamos de aquí impactados, impresionados, con esa idea de que yo debo estudiar la palabra, yo debo valorarla, yo debo ser una persona fundamentada en la palabra del Señor.

Y animo a los jóvenes que están aquí, que están comenzando apenas, están allá en los balcones. I urge you, young people, who are here today to become students of the word of God because that’s where everything begins.

Cuando una persona aprende a amar la palabra y a estudiarla, ya they are on their way. Ya están bien encaminados y nada los apartará de los caminos del Señor. Déjate marcar por la palabra de Dios.

Quiero hacer unas cuantas afirmaciones ahora acerca del Salmo 119. Y como digo, las voy a estraer de esos dos versículos, 129 y 130. Primero, notemos ese sentido. Volvamos a mencionar el sentido de asombro, de maravilla del salmista con respecto a la palabra de Dios. Él comienza diciendo, - volvamos al Salmo 119 – comienza diciendo:

“Maravillosos son tus testimonios.” Qué bella palabra, maravillosos. Quiere decir que él está como embebido, está impresionado en extremo por lo maravillosa que es la palabra del Señor. Eso lo dice todo. Dice, “tus testimonios.” Sabe que en ese salmo una de las cosas interesantes es que hay muchísimas menciones de la Biblia y él usa diferentes, él habla de los preceptos, los testimonios, los mandamientos, la ley de Jehová, los estatutos de Jehová, todos son la misma idea, la Biblia.

Hay muy pocos de esos versículos que no tengan alguna alusión a la palabra misma de la Biblia, solo que usa diferentes expresiones para darle diversidad y variedad al texto. Hubiera sido monótono si siempre hubiera dicho la Biblia, la Biblia, la Biblia, la Escritura, la Escritura. No, él usa diferentes expresiones. En este caso dice tu testimonio. ¿Por qué? Porque el Señor al darnos la Biblia, está testimoniando, está dando testimonio de quién Él es, de su precepto, sus mandamientos, su ley, los principios de la vida cristiana o de la vida santa en el Señor. Entonces, él usa aquí “los testimonios de Jehová son maravillosos.” Él resalta aquí la belleza, la complejidad, la sabiduría de la Escritura.

Y al él darse cuenta de esa belleza de la palabra, eso provoca una sensación de maravilla, de asombro, de entusiasmo en él. Evidentemente este hombre ha dedicado mucho tiempo al estudio de la palabra y al ver la sabiduría, al constatar lo bella que es la palabra del Señor, él estalla en una expresión “maravillosos son tus testimonios.”

Hermanos, la Biblia no es cualquier cosa. No es un texto como cualquier otro. No es un documento como cualquier otro. La Biblia es excepcional. Es verdaderamente maravillosa. No se trata de cualquier palabra. Cuando este hombre lee la Biblia, medita sobre ella, experimenta una sensación de admiración profunda.

Y yo creo que esto, ese aprecio tan extremado que él tiene de la palabra, probablemente hace que él aproveche más, que le saque más provecho a la palabra. Y aquí hay una conclusión práctica que yo quiero dejar con ustedes, y es lo siguiente. Para sacarle todo su provecho a la Biblia, primeramente hay que admirarla, hay que reverenciarla, hay que entender que no es cualquier palabra, sino que viene directamente de la boca de Dios, está inspirada por el Espíritu Santo.

Inspirados quiere decir que el suspiro, el aliento de Dios está metido en esa palabra. Dice la Biblia acerca de sí misma, que el Señor inspiró a los escritores de la Biblia para que escribieran estos libros. El Señor no dictó palabra por palabra, sino que lo que hizo fue que la inspiró. Estos hombres en sus enseñanzas, ellos eran hombres como cualquier otro, pero la palabra que escribieron tenía el aliento de Dios en ella.

Cuando Pablo le dice, por ejemplo, a Timoteo, “Tráeme el abrigo que se me quedó.” Hay un pasaje así en la Escritura. Uno está viendo al hombre Pablo allí, cuando dijo, “Todos me dejaron, cuando estuve en la corte, me quedé solo. Nadie vino a visitarme,” en uno de los pasajes. Ese es el hombre Pablo escribiendo. Pero el libro en total, la enseñanza que contiene es la inspiración divina.

Dios no tornó a los hombres que escribieron la Biblia en autómatas, pero les infundió la esencia de lo que Él quería que comunicaran a nosotros. Y entonces, esa palabra está inspirada por Dios. Entonces, al nosotros entender que esa palabra es la boca de Dios, el espíritu de Dios hablándonos, eso nos debe provocar un sentido de admiración, de reverencia. Eso es importante que entendamos, que es la boca de Dios hablándonos a nosotros. Cuando tu acercas a la palabra entiende que tu estás comerciando, estás interactuando con la misma personalidad divina.

Primera de Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 13. Dice, “Por lo cual también nosotros sin cesar, damos gracias a Dios – le está hablando a los tesalonicenses – que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres sino según es en verdad la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

En otras palabras, los tesalonicenses entendieron cuando Pablo estaba predicándoles que hoy en día esa predicación la tenemos escrita, ellos sabían que este no es un mero hombre hablándonos. Este es Dios mismo, la palabra de Dios.

Y nosotros tenemos que relacionarnos a la Biblia de esa manera. Cuando entramos en contacto con ella, estamos entrando en contacto con la misma boca divina. Y cuando nosotros recibimos la palabra de Dios por lo que ella es, la palabra de Dios, la revelación divina de Dios para nuestras vidas, esa fe que nosotros ejercemos en ese momento al leer la Biblia de esa manera, activa, desata el poder que la palabra de Dios encierra y permite que ella obre en nosotros de una manera transformadora.

¿Cuál es la clave para que la Biblia desate su poder? Es el uno acercarse a ella con un sentido de asombro, de admiración, de reverencia, sabiendo que cuando tu estás abriendo ese libro, estás abriendo un universo lleno de verdades infinitas, un misterio que Dios ha decidido revelarnos su mente, compartir su mente con nosotros a través de ese libro.

Esta mañana yo hablaba de la Biblia como un documento quantum. La teoría de quantum es una teoría científica muy profunda, pero que habla del misterio del universo, de que hay cosas detrás del tiempo y el espacio, la materia, que son inescrutables y que la materia tiene dimensiones que nadie podrá jamás descifrar. Y eso pasa con la Biblia.

La Biblia es un documento de varios cientos de páginas. 66 libros escritos por seres humanos y sin embargo, dentro de ese libro hay un universo de verdad. Todas las verdades del mundo están contenidas en ella para el que tiene ojos para ver. Y por eso es que tu puedes sondear la Biblia año tras año, tras año, y siempre va a encontrar nuevas cosas en ella, porque es la palabra. Es infinitud vertida en una vasija finita.

Y cuando tu entiendes eso, cuando te acercas a la palabra y te acercas con ese respeto, esa reverencia, eso hará que tu puedas disfrutar de ella. Por eso es importante ese salmista que dice, “Maravillosos son tus testimonios.” Y ese mismo sentido de admiración es lo que nosotros tenemos que entender, que es la palabra de Dios que está actuando, dice Primera de Tesalonicenses, en nosotros.

Sabes tu que cuando tu lees la Biblia, la Biblia actúa en ti. Ella trabaja en ti. Es como que tu te pones sobre la mesa del cirujano y mientras tu la lees, la Biblia puedes visualizarla que está obrando en ti y está haciendo ajustes, está transformándote, está cambiando tu mente, tu pensamiento, tu carácter, todas estas cosas. Así que, a lo largo de la vida, cuando nosotros leemos la Biblia ella está actuando dentro de nosotros y nos está reconfigurando conforme a su deseo y a su propósito.

Interactuar con la palabra de Dios no es adquirir mero conocimiento. Es recibir la vida de Dios dentro de nosotros. Se trata más bien de un proceso en el cual la palabra de Dios entra en nosotros y reconfigura nuestro interior. Las neuronas mismas de tu cerebro están siendo cambiadas cuando tu interactúas con la palabra. Y por eso es tan importante que tu sientas siempre y cultives ese sentido de asombro cuando te acercas a la palabra del Señor.

La palabra de Dios actúa en nosotros los creyentes. La palabra de Dios es energía viva. Siempre cumple los propósitos para los cuales Dios la envió. Siempre que entramos en contacto con la palabra de Dios, ella hace algo, tiene un efecto transformador, inevitable sobre nosotros.

¿Qué dice Isaías 55:11? El Señor dice eso acerca de su palabra, “Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía.” Cree que cuando tu abres la palabra y lees un versículo o lees un capítulo, tu nunca serás el mismo otra vez. La palabra del Señor no regresará sin hacer algo. A veces la palabra de Dios sana y a veces condena, porque si tu no la recibes, te condena. Si la recibes, ella te bendice. Pero algún efecto tiene.

Dice, “No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié.” La palabra del Señor siempre cumple su propósito. Tu nunca te retirarás de la Biblia y su estudio quedándote vacío. Algo el Señor va a hacer, y tu tienes que creer eso dentro de ti. Siempre sacarás provecho de alguna manera.

Entender que la Biblia es algo vivo, poderoso, transformador, yo espero que eso te inspire a querer tener contacto con ella, con la mayor frecuencia posible. Si tu supieras que al ir a una universidad específica, o a algún lugar, te vas a encontrar con un sabio cuya enseñanza es capaz de transformar tu vida y con un conocimiento que es inmancablemente perfecto, ¿tu no irías, tu no pagarías cualquier cosa por ir a esa persona y recibir un consejo de ella, o por simplemente sentarte a sus pies? Bueno, esa es la palabra.

Y eso es lo que nosotros tenemos que hacer. Cuando dije eso ahora mismo, mi cerebro experimentó algo y fue esto: me vino a la mente inmediatamente María sentada a los pies de Jesús. Y María estaba tan contenta con que Jesús estaba en su casa, que ella se olvidó de las ollas, se olvidó de poner la mesa, ella solo quería recibir la palabra del Maestro que estaba en su casa. Marta tenía buenos propósitos y quería que todo estuviera bien, y se fue donde el Señor y le dijo, “Mira, Señor, mira mi hermana ahí de vaga, simplemente sentada a tus pies escuchándote,” y el Señor le dijo, “Marta, Marta, tu estás demasiado afanada con demasiadas cosas. María ha escogido la mejor parte y no se la vamos a quitar.”

¿Cuál era la mejor parte? Ese amor que ella tenía por Jesús. Ella dijo, ¡guau! Yo tengo aquí al mismo Hijo de Dios en mi casa. ¿Cómo voy yo a desperdiciar ese tiempo? Voy a escucharlo. Yo creo que esa es, la actitud de María es la actitud que nosotros debemos tener hacia la palabra del Señor. Esa actitud de estar embebidos en la Biblia.

Ojalá que nosotros experimentáramos eso cuando venimos a la iglesia, cuando venimos a la Casa del Señor que vamos a escuchar la palabra, la vamos cantar, la vamos a orar, que digamos ¡guau! Yo quiero estar en los atrios del Señor para escuchar la palabra de Dios.

Dice el salmista, “Una cosa he demandado de Jehová, esta buscaré, que esté en la casa de Jehová todos los días para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su santo templo.”

Es la misma idea. Esas oportunidades que Dios nos da para estar al frente de la palabra de Dios de diferentes maneras, no podemos desperdiciarlas. Y no debiéramos comenzar un día sin sentarnos a los pies del Maestro y escuchar la belleza de su palabra, y sentarnos en la mesa quirúrgica para que ella opere en nosotros y haga su trabajo en nosotros. La Biblia es activa, es viva, es eficaz, es penetrante, cumple los propósitos para los cuales es enviado.

Hebreos 4:2, ¿qué dice? “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos.” Y dice que, “discierne, penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Mire qué penetrante es la Biblia que entra y ella enseguida comienza como una mujer que llega a una casa que está toda desordenada, y entra y comienza a arreglar, a botar cosas, a sacar cosas viejas, a reemplazarlas con cosas nuevas, a limpiar el espacio, a barrer, a poner todo en orden. Cuando la palabra de Dios entra a ese recoveco que es tu casa interior, ella comienza a ponerla en orden inmediatamente. Y ella hace esa obra, discierne diferentes cosas, separa.

No hay nada más profundo que el tuétano de un ser humano. Los tuétanos de los huesos, estamos hablando de que esos tuétanos están rodeados por piel, tejido, grasa, lo que sea, hueso y entonces adentro está el tuétano. Es lo de adentro de lo de adentro de lo de adentro. ¿Sabe qué? La Biblia penetra hasta ese lugar. Es lo que quiere decir, “penetra hasta partir el alma y el espíritu.”

Sabe que hay una diferencia entre el alma y el espíritu. Nosotros a veces como que cogemos la personalidad humana y la dividimos en todo, mejor dicho, la ponemos como una totalidad. No, la personalidad humana se divide en muchas cosas, hay mente, hay emociones, hay voluntad, hay intelecto, hay alma y hay espíritu. El ser humano es un ser multidimensional. Y ¿sabe qué? La Biblia opera en todas esas dimensiones. No un segmento de la personalidad humana que la Biblia no alcance, y ella hace una obra, esto o aquello, pero ordena todas las cosas.

Entonces, contemplemos cuán activa, cuán dinámica es la palabra de Dios. Muy diferente a esa concepción religiosa que tenemos de la Biblia. Oh, tengo que leer tres versículos hoy. Y ya creen que eso ya lo hizo todo. ¿Cuántas veces hemos ido a una casa de esas personas que son poco religiosas y tienen la Biblia abierta al Salmo 23? Nunca lo han leído pero lo tienen abierto. Y tienen un tremendo velón de 7 colores en frente de la Biblia, pero nunca la leen. Esa no es la idea. No es una relación religiosa, es entender que cuando tu entras a la Biblia, entras a una zona potencialmente muy peligrosa, porque a veces la Biblia te puede cortar también. Es una espada de dos filos. Yo diría que un filo sana y otro filo corta. Así que ten cuidado.

A mí me gusta eso de que la Biblia es peligrosa. Cuando yo entro a la Biblia, entro con mucha cautela porque puede cogerme y darme un batazo en la cabeza y dejarme ahí sin aliento. Qué maravilloso es saber que la Biblia es así. La Biblia es peligrosa.

Dile al que está a tu lado, “La Biblia es peligrosa.” No, estoy jugando, como buen predicador pentecostal. La Biblia es peligrosa porque es una espada de dos filos y hace cosas que… Mire esa idea de que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Sabes que la Biblia ilustra los misterios de nuestra personalidad, el por qué de las acciones de nuestra vida, discierne las intenciones y pensamientos del corazón.

Hay cosas que el ser humano no entiende acerca de sí mismo, pero cuando estudia la Biblia muchas veces se le aclaran las cosas. A cuántos de nosotros leímos la Biblia un día y descubrimos, ¿sabe qué? Yo tengo resentimiento hacia mi padre. O yo no perdoné a esa novia que me dejó hace 15 años atrás cuando estaba en la escuela superior y todavía no me gusta pensar en ella y la detesto.

Entonces, la Biblia discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. La Biblia es una excelente fuente de auto conocimiento. La Biblia es como un gran psiquiatra, muy perceptivo y se da cuenta de todo. Cuando tu estás sentado ante un buen psiquiatra, el psiquiatra estudia hasta cuántas veces tu pestañeas cuando él dice algo. Si él está hablando contigo y tu en un momento cruzas la pierna, dice, “Uhm, ¿por qué cruzó esa pierna? Se está cerrando a algo si te pones así.” O te pones tenso, el psiquiatra está observando todos los movimientos de tu cuerpo. ¿Por qué dijo esto antes o después de decir aquello? Ve todo y saca conocimiento. Así mismo la palabra de Dios.

La palabra del Señor escudriña y cuando tu la estudias, esa palabra te da conocimiento acerca de ti mismo. Cuando tu sales de la oficina de un buen psiquiatra sales un poco más iluminado acerca de los resortes interiores de tu mente. Y eso es lo que quiere decir la Biblia cuando dice, “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, parte el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos.” La Biblia es una forma excelente de uno adquirir insight, auto conocimiento, percepción de uno mismo.

Y una persona que se conoce a sí misma es una persona muy poderosa. Uno de los grandes filósofos griegos decía, “Conócete a ti mismo.” Y dijo también, creo que fue Platón, “la vida no examinada no vale la pena vivirla.” Tu tienes que examinar y la Biblia es el mejor libro que yo puedo sugerir para ganar auto conocimiento.

Y eso viene a través del tiempo. Mientras tu más lees la Escritura, más conocimiento acerca de ti mismo y de los resortes secretos internos de tu propio ser, los saca a la luz. Porque hay muchas cosas, hermanos, que nosotros tenemos dentro de nosotros que ni siquiera nosotros estamos conscientes de ellos. Y la iluminación que provee la palabra a lo largo de la vida es increíble. Una persona que estudia la Biblia profundamente y sostenidamente va a ser una persona que tiene mucho conocimiento acerca de sí mismo.

Entonces, hasta aquí voy a parar un momentito y voy a decirles todas las cosas que he dicho. Hay que tener asombro ante la palabra del Señor. Hay que apreciarla. Hay que conocer su personalidad sobrenatural. Hay que leerla sostenidamente y cuando la leemos ella se revela como algo maravilloso, excepcional, hermoso. Y cuando nosotros experimentamos ese sentido de asombro y de aprecio profundo de la palabra de Dios, eso hace que la Biblia se entusiasme y se abra dentro de nosotros.

Cuando tu amas la Escritura interesantemente es como que la Escritura se anima entonces. Como un maestro que ve sus alumnos lo respetan y lo admiran, eso hace que el maestro tenga más entusiasmo. La palabra de Dios es igual. Cuando tu la admiras, la respetas, ella se revela. Otra cosa que he dicho, la palabra de Dios es activa, es viva, es eficaz, y la palabra de Dios discierne nuestros pensamientos y nos da conocimiento acerca de nosotros mismos.

Mi deseo, de nuevo, es entusiasmarlos a ustedes porque, hermanos, yo les puedo decir que no hay nada más fundamental que la palabra de Dios para uno tener una vida saludable espiritualmente. Tu puedes ir a la iglesia todo el tiempo que tu quieras, escuchar todos los sermones que tu quieras, aún orar todo lo que tu quieras, pero si tu no conoces la palabra de Dios, no te vistas que no vas. Si tu no te nutres con la palabra del Señor, vas a ser un cristiano raquítico toda tu vida. Hay que conocer la Biblia y hay que disciplinarse para estudiarla.

Muchas veces tu no vas a querer estudiar la Biblia, pero disciplínate y léela de todas maneras, y dedícale tiempo y acércate a ella con un sentido de misterio y de expectativa, de que ella va a hacer algo excepcional en tu vida. Comprometámonos, congregación León de Judá, a que estén aquí o estén allá afuera a ser estudiosos de la Escritura y a convertirnos en grandes conocedores de la palabra del Señor. Amén.

Ese es el reto que tenemos. Mi gran sueño, hermanos, es que León de Judá siempre sea una comunidad fundamentada en la palabra del Señor. Qué bueno los hermanos Carina y Juan y sus hijitas, la manera en que… tenemos una predicadora, de hecho, por ahí en Flor. No sé cómo se llama. Todos hicieron un buenísimo trabajo pero ella tiene algo muy especial y hay que reconocerlo y hay que animarla a que continúe estudiando.

Hermanos, que León de Judá se convierta cada día más y más en una comunidad conocida por ser una comunidad que es fiel a la palabra del Señor y que seamos completamente comprometidos a guardar cada letra de la palabra del Señor y sus implicaciones.

Cuando una comunidad se dedica a fundamentar su vida en la palabra del Señor, esa comunidad va a ser bendecida y protegida hasta el fin de sus días, hasta a Cristo venga. Que así sea con nosotros.

Ya voy aterrizando. El salmista dice, “Tus estatutos qué maravillosos son, los ha guardado mi alma.” Eso quiere decir dos cosas, la palabra hebrea que se traduce guardar, tiene dos significados, guardar en el sentido de retenerlos, atesorarlos, almacenarlos dentro de uno. Y también tiene la idea de guardar en el sentido de obedecer, ponerle atención y guiarse conforme a ellos. Entonces, guardar y obedecer.

Y yo creo que nosotros con respecto a la palabra del Señor, tenemos que hacer las dos cosas. Tenemos que guardar la palabra de Dios dentro de nosotros. La palabra del Señor debe ser un sedimento que esté dentro de ti continuamente y que en el día menos pensado brota de ti algo, un versículo, algo, porque está dentro de ti.

Cuando estás pasando por crisis, por dificultades en la vida, si la palabra de Dios está dentro de ti, ella va a ayudarte, a sostenerte en momentos de prueba. Porque eso es que yo les animo a memorizar versículos de la Escritura, a llegar hasta el punto de que la palabra de Dios está redundantemente dentro de ti, que tu la guardas, la meditas, la rumea, como las vacas que mastican la hierba y está dentro de ellos en un estómago, una reserva. La palabra del Señor… tenemos que guardar la palabra, almacenarla dentro de nosotros. Tener un cofre especial donde haya joyas de conocimiento y versículos especiales, eventos de la Escritura que los guardemos allí, que sirven como punto de referencia para nuestra vida.

Y claro, también tenemos que obedecer los estatutos, los mandamientos del Señor, porque de nada sirve admirar, adorar la palabra, pero no obedecerla, no guardarla, no guiarnos por ella. La vida tiene que estar alineada conforme a las verdades de la Escritura. Y uno de los temas que discute el salmista en el Salmo 119, en su totalidad, esa idea de guardar.

Hay una expresión muy bonita, algo como que “mis ojos lloraban porque se habían apartado de tu ley,” algo así. Bellísima expresión. Entonces, es una invitación. Seamos grandes estudiosos, grandes admiradores de la palabra, y también grandes guardadores y obedecedores, valga la palabra, de la palabra del Señor. Tenemos que guardarla en esos dos sentidos.

Y finalmente, termino con esta idea de que… dice que la entrada, “la exposición de la palabra de Dios alumbra y hace entender a los simples.” Yo quiero resaltar esa idea, la exposición. La palabra exposición es una palabra compleja en el Antiguo Testamento, pesaj [00:33:55] que quiere decir… Tiene unas acepciones muy interesantes. Dice que es como la entrada de tu palabra. En varias traducciones dice “la entrada de tus palabras ilumina.” Y también otra expresión dice, “la exposición de tu palabra,” y es porque en el hebreo original la palabra pesaj tiene los dos sentidos de entrada de algo y también cuando tu expones algo.

Y si usted piensa bien etimológicamente, las dos ideas están unidas en esa idea de entrada y exposición, porque cuando alguien te expone una verdad, lo que está haciendo es que te está dando acceso a ella. Entonces, esa idea de “la entrada de tus palabras” es importante porque se refiere a la exposición, el desarrollar sistemáticamente una idea. Y eso es importante, hermanos. No estoy hablando aquí de cositas exóticas y demasiado sutiles. Es esta idea de que la Biblia tiene que ser expuesta sistemáticamente. Tiene que ser analizada y estudiada disciplinadamente, orgánicamente, sistemáticamente, casi como matemáticamente.

Yo quiero animarnos a todos a no solamente leer la Biblia superficialmente, sino a escrudiñarla, a exponerla al intelecto, a estudiarla, a desmontarla en sus partes componentes y sacarle todo su valor nutritivo.

Mucha gente solo lee la palabra en una forma devocional, pero más importante es estudiar la palabra detenidamente. Cuántos de nosotros lo que hacemos es, abrimos la Biblia y ponemos el dedo y voy a leer hoy eso. Dice un hombre hizo lo mismo que decía la Biblia “Judas se ahorcó,” y dijo, “No, eso no me gustó.” Y entonces, buscó otro y dijo, “Ve tu y has lo mismo.” Entonces, hay que tener mucho cuidado con estudiar la Biblia a fondo, estudiarla sistemáticamente.

Hermanos, yo prefiero leer un versículo de la Escritura que leer 10 capítulos y dedicarme a ese versículo en particular. Por ejemplo, si yo digo, Jehová es mi pastor. Mire, usted puede pararse allí, ni siquiera, nada me faltará, quédese en Jehová es mi pastor y rumee eso, déjelo ahí en su estómago, en el segundo estómago de vaca que usted tiene espiritual y deje que se quede allí esa hierbita. Y entonces diga, Jehová. ¡Guau! Jehová, el creador del universo. Yo soy el que soy, el inescrutable ser que ha creado las galaxias. Ese es mi Dios. Jehová, Jehová. Y usted quédese en Jehová. Déjese enamorar por la imagen de su Padre celestial Jehová. Jehová es mi pastor, mío, no es el pastor de fulanito, no, ese es mío. Quédate tranquilo porque ese es mío, Jehová es mío, mi pastor.

Jehová es personal. Porque un niño os ha nacido, nos es dado. Fíjese qué personal. El hijo que nació de la virgen María era mi hijo, era mi pastor, era mi Dios, era mi salvador. Jesús es personal. Dios es personal. Jehová es mi pastor. ¡Guau!

¿Cómo ama un pastor a sus ovejas? Jehová me pastorea. Me guía, me defiende, me lleva a lugares de delicados pastos, me da comida, adereza mesa delante de mis enemigos. Tengo un Dios que no es solamente un Dios cósmico, lejano, es mi pastor. Camina conmigo. “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Nunca te dejaré. Nunca te desampararé. Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Es mi pastor.

Y si usted se detiene allí, yo estoy simplemente haciendo al azar, usted puede quedarse todo el día en Jehová es mi pastor. Y después sigue en la otra parte del salmo, “nada me faltará.” ¡Guau! ¿Qué quiere decir eso, Jehová? “Yo soy tu proveedor, Jehová Jireh, nunca te faltará nada. ¿Usted ve?

Exponga la palabra, desmonte la palabra. Estúdiela a fondo. Usted tendrá toda una vida para que la palabra desgrane sus nutrientes sobre usted. Es que la palabra del Señor es infinita. Es una maquinaria de infinitas piezas. Es un engranaje que no hay relojero que pueda jamás imitar. Es un cosmos sin limitaciones. Y usted se lanza en ese espacio y navegará todo su día allí. En la eternidad tendrá tiempo para deleitarse en la palabra del Señor.

Entonces, dedique tiempo a exponer. Por eso la exposición de tus palabras alumbra. Acostumbrémonos a ser gente que estudie, que escudriñe la palabra. Y lo último de eso es que cuando tu dejas que la palabra de Dios sea expuesta y tu la estudias en esa forma sistemática, disciplinada, casi racional y espiritual también, ¿sabe lo que pasa? Que eso alumbra tus ojos. “La exposición de tu palabra hace entender a los simples.”

Hay una dimensión de la palabra del Señor que es maravillosa. Alumbra. La palabra de Dios tiene una cualidad luminosa, alumbra. Cuando yo era pequeñito en la República Dominicana yo aprendí un versículo. Mi mamá tenía un cuadrito que nosotros todavía lo atesoramos. Ese cuadrito tiene como 50 años en la familia y es un cuadrito que tiene una lámpara y dice, “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.”

¿Con qué alumbrará el joven su camino? Con leer la palabra. La palabra está asociada con la luz. Y cuando tu te acercas a la luz de la palabra, esa palabra te alumbra y ¿sabe qué? La luz de la palabra se traduce a tu rostro.

¿Recuerdan a Moisés cuando estuvo en el monte? Que dice que cuando él bajó, estuvo en tanta intimidad con Dios que su rostro brillaba. Porque la luz de Dios se transmite a la persona que está en contacto con él y contempla su luz. Cuando tu contemplas la luminosidad de la palabra de, esa luminosidad se transmite a tu rostro también. Por eso dice, “alumbra y hace entender a los simples.”

¿Quiénes son los simples? Los simples son la gente inocentona, la gente que se deja engañar por cualquier cosa, la gente que le meten gato por liebre, que no tiene discernimiento para discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, que le venden una joya que parece de oro pero es de tin, de aluminio pintado de oro.

Hermanos, la iglesia y el mundo están llenos de gente simple. Hay profesores de Harvard que son simples, son tontos, es lo que quiere decir. Son torpes, naife, es una palabra que indica eso. Son personas que no tienen complejidad, se dejan meter cualquier cosa y creen cualquier cosa.

Sabe que cuando nosotros nos acercamos a la palabra del Señor, inicialmente somos así, somos tontos, somos simples. Pero cuando tu entras en contacto con la Biblia a través del tiempo, tu te conviertes en una persona iluminada, ilustrada, bien educada. En el hebreo original quiere decir eso, una persona tonta, inocente, fácil de engañar, simple, torpe en su forma de razonar. La persona que se dedica a estudiar la Biblia adquiere sabiduría acerca de todos los aspectos de la vida. No se deja engañar por lo que engaña a la gente normal, tiene discernimiento, aprende a vivir sobriamente, adquiere perspectiva acerca de la vida, camina con paso seguro. Pierde esa grasita de bebé que tanta gente tiene que lo lleva a hacer decisiones insensatas y a destruir muchas veces sus vidas.

La Biblia tiene un impacto, alumbra el rostro. Ve lo que yo leí en Eclesiastés:8, si lo puede poner para atrás, esa idea de que la Biblia alumbra el rostro. Para mí eso fue maravilloso, de tener esa asociación que hay. Sabe que la gente que ha estudiado la Biblia por largo tiempo adquiere una cantidad de conocimientos increíbles. La Biblia contiene historia, contiene filosofía, contiene arte, literatura profundísima. La historia de la cultura occidental está muy basada en la Biblia, aún la ciencia occidental está basada en las Escrituras y en la filosofía contenida en la Escritura de un mundo ordenado. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Los grandes científicos en el mundo occidental que desarrollaron toda la ciencia que rige la cultura occidental y que influye por sobre todo el mundo, entendían que Dios había hecho el mundo y que por lo tanto el mundo contenía coherencia, verdad.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. En el principio era el logos y el logo era Dios y logos estaba con Dios. Ese logos es el principio razonador del universo. Y entonces, esta idea ha permeado toda la ciencia moderna. Se dice que la ciencia moderna no sería posible sin la Biblia originalmente. Los grandes estudiosos de la ciencia en la edad media, en el renacimiento, sobre todo, entendían que en mundo había diseño, había coherencia y había leyes y que lo único que tenía que hacer era buscarlas y las iban a encontrar. Y ese fue el gran estímulo para la exploración del universo que llevó al desarrollo de la ciencia moderna.

Entonces, hermano, cuando usted lee la Biblia, usted está leyendo un libro que ha influido sobre todas las dimensiones de la cultura moderna. Si usted va al Museo de Bellas Artes aquí en Boston, váyase a la sección medieval, de pintura medieval o de pintura renacentista y usted verá allí que todo era basado en los relatos de la Biblia y en conocimientos bíblicos. Y ese es el documento que nosotros tenemos acceso a él hoy en día.

Y cuando usted lee la Biblia de esa manera, quiéralo o no, eso va comenzar a alumbrar su rostro. Una persona bien educada refleja algo diferente en su rostro que una persona tosca, que tiene un intelecto inculto. Y eso es lo que está diciendo el escritor de Eclesiastés. La sabiduría del hombre ilumina su rostro y la tosquedad de su semblante se mudará.

Hay gente que nunca ha leído, nunca ha estudiado, nunca han sometido su mente al cultivo del conocimiento y su rostro refleja una cierta torpeza, una cierta dureza, una cierta tosquedad. La persona estudiada su rostro es diferente. Es misterioso. ¿Sabe cuántas decenas de músculos tiene el rostro humano aquí solamente en esta parte de frente? Decenas que sutilmente afectan la mirada, la apariencia de un rostro.

Y muchas veces cuando una persona tiene mucho conocimiento, mucho entendimiento, eso afecta los músculos. Su conocimiento interno, su sensibilidad refinada, está produciendo una configuración muy específica, aunque no nos damos cuenta acerca de eso.

Miren, hermanos, si usted estudia la palabra del Señor, su rostro va a ser iluminado, hasta la expresión es diferente. Cuando nosotros estudiamos la palabra del Señor, ganamos intelectualmente conocimiento. Así que yo estoy aquí como un abogado abogando por la palabra del Señor esta tarde. Termino así, entonces.

León de Judá, asómbrate de la palabra del Señor. Enamórate. Bajemos nuestras cabezas un momentito simplemente. Yo le pido al Señor cada día, “Padre, enamórame de tu palabra. Enamórame de tu palabra porque tu palabra es algo insondable, es maravilloso y yo no quiero jamás subestimarla. Todos los días de mi vida quiero que tu me hables a través de tu palabra.”

Mis hermano ahí arriba, quiero invitarles, jóvenes, ¿quieren ser sabios? ¿Quieren evitar una cantidad de tropezones en la vida? ¿Quieren que su mente, su intelecto se desarrolle? Comiencen a estudiar la palabra. Léanla. Atesórenla, prométanse que ustedes van a ser grandes estudiosos de la palabra del Señor. Hoy es un buen día para comenzar. Hoy. Si te apartaste un poquito del plan de leer la Biblia en un año, vuelve a… recupera ese propósito. No te preocupes. Termínala. Yo pienso volver a leer la Biblia otra vez este año, porque nunca me cansaré de ella. Esa Biblia me habla. Esa es mi profetiza. La Biblia es mi profeta.

Y muchas veces Dios me da… coge un texto y me lo pone en relieve. Me dice, “Hoy te quiero hablar, hijo mío, acerca de ese versículo.” Y Dios habla. No se pierda esa oportunidad, mi hermano, mi hermana. En esta tarde, yo les invito, vamos a convertirnos en avaros de la palabra. Vamos a convertirnos en gente apasionadamente, desesperadamente enamorados de la palabra de Dios.

Padre, en el nombre de Jesús yo pido que mis hermanos seamos todos inundados por este deseo de sumergirnos en las aguas insondables de tu palabra. Que León de Judá sea una familia de la palabra de Dios y que esta iglesia, Padre, mientras exista aquí en la tierra, sea una comunidad militantemente comprometida con los misterios de tu palabra. Que ningún pensamiento, ninguna enseñanza errónea penetre en esta iglesia y que nuestras conclusiones, las ramificaciones del estudio de tu palabra, se extiendan a cada aspecto de nuestra vida en todas las dimensiones, Padre. Que no hay compromiso, no haya un comprometer tu palabra, no haya negociar tu palabra, que esta iglesia siempre tenga buena enseñanza y buena instrucción. Que tu palabra rija y sea el fundamento de nuestra vida.

Desarrolla en mis hermanos esta tarde una consciencia grande de la belleza de tu palabra, de la necesidad de estudiarla, amarla, atesorarla, guardarla, obedecerla, reflexionar sobre ella en una forma disciplinada. Y a ti siempre daremos la gloria y la honra en el nombre de Jesús. Amén y amén.

Que el Señor les bendiga, mis hermanos, que la palabra de Dios viva dentro de ustedes y dentro de mí también. Amén.