La actitud de gracia

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: En Lucas 6:27-42, Jesús nos llama a amar a nuestros enemigos, hacer bien a los que nos aborrecen, bendecir a los que nos maldicen y orar por los que nos calumnian. Él nos invita a adoptar una actitud de gracia y misericordia en lugar de buscar la auto preservación y la venganza. Este mensaje es lo que distingue al cristianismo de otras religiones y es el centro del Evangelio. Adoptar esta actitud va en contra de nuestra biología y el mundo, pero es esencial para nuestra sanidad y victoria. El fruto del espíritu, que se

Es importante buscar la intimidad con el Espíritu Santo para que se manifieste a través de las acciones del espíritu y dar prioridad a la expresión del carácter de Jesucristo. Debemos estar conscientes de la condición caída de cada ser humano y tratar a la gente con comprensión y misericordia. La actitud de gracia es consciente de la deformación del pecado en cada ser humano y trata a las personas con compasión y amor. La manifestación del fruto del espíritu en nosotros incluye ser conscientes de nuestra caída, tener compasión y amor por los demás.

La actitud de gracia está consciente de la condición caída del ser humano y se pone en el lugar de los demás antes de juzgarlos. La persona de gracia se concentra en lo bueno en los demás y no se enfoca en las imperfecciones. Además, ve el potencial en los demás, en lo que pueden llegar a ser en vez de lo que son en el presente. Finalmente, la persona de gracia se enfoca en lo que Dios ve en los demás, no en lo que los demás ven en ellos mismos.

El pastor habla sobre la importancia de adoptar una actitud de gracia hacia los demás. Esta actitud implica ver el potencial y la bondad escondida en los demás, ser pacientes y comprensivos en el proceso de santificación, entender los traumas que hay detrás de las acciones de las personas y no juzgar superficialmente. Al adoptar esta actitud, nos convertimos en transmisores de la gracia de Dios y recibimos bendiciones y recompensas en nuestra vida.

Lucas 6:27-42. No se me ocurre un texto de la Biblia más emblemático, más céntrico, más fundamental al mensaje del Evangelio que este pasaje. Este pasaje como que ejemplifica los valores centrales del cristianismo, y es un llamado fundamental para cada uno de nosotros a hacer de estas palabras y el mensaje que contienen, la base de nuestra conducta, nuestra relación unos con los otros y espero poder desarrollar eso un poco más a través de este mensaje.

Quiero hablar acerca de la actitud de gracia. Y el Señor Jesucristo nos dice, “Pero a vosotros los que oís…” ¿Cuántos están oyendo? Todos nosotros, ¿verdad? “… os digo, amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian…”

Ya yo me di por vencido, ¿sabe? Esta es un llamado muy algo, muy ambicioso. Pero no se dé por vencido. Usted va a ver que con Dios podemos avanzar en ese territorio maravilloso que el Señor nos abre por medio de estas palabras.

“… al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra, y al que te quite la capa ni aún la túnica le niegues. A cualquiera que te pide, dale, y al que tome lo que es tuyo no pidas que te lo devuelva, y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien y prestad no esperando de ello nada y será vuestro galardón grande, – Y aquí hay una palabra muy reveladora, dice – y seréis hijos del Altísimo.”

¿Cómo nos hacemos verdaderamente hijos del Padre y partícipes de la naturaleza del Padre? Haciendo estas cosas, manifestando este espíritu.

“…Porque Él, Dios, es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará, medida buena, apretada, remecida y rebozando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.”

Y les decía una parábola, “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro, más todo el que fuere perfeccionado será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano, “Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo,” no mirando tu la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita. Saca primero la viga de tu propio ojo y entonces, verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.”

Como digo, hermanos, esta es la palabra más sublime y más fundamental, yo diría, de todas las Escrituras. Ejemplifica el espíritu mismo de Jesucristo. Y lo importante es que ese mismo espíritu nosotros también somos llamados a ejercerlo en nuestra vida, apuntar hacia él por lo menos y perseguir esa actitud, que es la actitud más poderosa para protegernos, bendecirnos, prosperarnos, sanarnos. Esta es la esencia misma de la sanidad.

Hace ya varias semanas, en realidad, que he estado contemplando la idea de predicar un par de sermones por lo menos, sobre el fruto del espíritu que ustedes saben, está registrado en Gálatas, capítulo 5. Esos nueve frutos. Sí, ese fruto, porque habla en singular. Ese fruto del espíritu que se divide en nueve frutos menores.

Y he estado dándole vuelta esperando terminar una serie y otras cosas hasta que Dios me diera la libertad para comenzar a hablar acerca del fruto del espíritu. Esta mañana decidí, en vez de comenzar directamente sobre el capítulo 5 de Gálatas, ir un poquito hacia atrás y establecer una base conceptual y teológica quizás, de este concepto del fruto del espíritu.

Todavía estoy permitiendo que ese tema se asiente dentro de mí. Y aunque no estoy listo para predicarlo todavía, quise calentar los motores por así decirlo, meditando un momento sobre este tema de lo que yo llamo la actitud de gracia que está detrás. Cuando usted examina los diferentes frutos que Pablo menciona en Gálatas:5, por ejemplo, la mansedumbre, el amor, la bondad, la benignidad, son cosas que nos hablan acerca del espíritu de Cristo, muy parecido a lo que está acá. Son parte de una misma construcción.

Quiero establecer una base fundamental para esto. Y comencemos ya a prepararnos para esa discusión más adelante sobre el fruto del espíritu específicamente. Y quiero hablar acerca de esos temas del gozo, de la benevolencia, la bondad, la fe, el amor, todas estas cosas.

Y yo diría que el espíritu que está registrado en este pasaje en particular de Lucas:6, como dije, es lo que distingue el cristianismo de muchas otras religiones. Las grandes religiones del mundo contienen mucha ética, muchas cosas hermosas, poderosas que bendicen a la humanidad. El islamismo, el budismo, el hinduismo tienen verdades tremendas, aunque están errados porque les falta la pieza principal que es Jesucristo, pero aún así tienen muchas cosas nobles y admirables en ellas.

Pero yo diría que el cristianismo, lo que distingue al cristianismo es precisamente este énfasis en la gracia, la misericordia, el perdón, la bondad de Dios, el corazón del Padre. Ninguna otra religión presenta a un Dios tan accesible y tan en contacto con la condición humana como el cristianismo. Nos muestra un Dios no solamente fuera de la creación pero también dentro de la creación. Dios es más que la creación, pero también se ha metido íntimamente en nuestras vidas. Un Dios que se hace accesible. Un Dios que es generoso. Un Dios que es paciente, misericordioso, paternal, con nosotros.

Y ese énfasis de Jesús en la misericordia, la compasión y la gracia, es lo esencial de su ministerio. Por eso este mensaje de amar a nuestros enemigos, perdonar a los que nos ofenden, ser generoso con el que nos pide algo, no usar la violencia para retribución de las violencias recibidas, sino de todo lo contrario, abrumar el mal con el bien. Abrumar la violencia con la misericordia.

Hermanos, ese es el centro del Evangelio. Y nada ejemplifica más ese mensaje del cristianismo que un Dios crucificado, pagando el precio de nuestro pecado, aunque no lo tenía que hacer. Un Dios que se sustituye en nuestro lugar y que en vez de darnos retribución y castigo, nos da bendición y un camino para reconciliación con el Padre. Y que nos dice, “Eso es lo que yo quiero que ustedes hagan.”

Por eso recuerdo las palabras de Filipenses donde dice, “Haya pues en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús el cual siendo igual a Dios no tomó el ser igual a Dios como cosas a que aferrarse, sino que se entregó a sí mismo.”

Y dice la Biblia que “…Él asumió la forma de siervo y se hizo obediente y obediente hasta la cruz…” Y dice, “Haya en ustedes el mismo sentir.”

Cristo se constituye en un ejemplo de lo que nosotros debemos vivir en nuestras vidas y en el trato con los demás, con nuestras familias, nuestros seres queridos, nuestros enemigos, nuestros colegas de trabajo, los hermanos de la iglesia, es ese mensaje de gracia y de misericordia.

Y sabemos, hermanos, que ese llamado a esa actitud de gracia es contraria a todo lo que se conoce en el mundo. Ahora mismo la situación en Ucrania, por ejemplo, ejemplifica lo que es el mundo y lo que es el hombre sin el espíritu de Cristo en el medio. Rusia es una gran nación. Vladimir Putin es un hombre muy ilustrado y muy desarrollado cerebralmente, pero en su corazón no está el mensaje de Cristo de gracia y misericordia. Por eso, este hombre solo piensa en hacer más grande el imperio ruso, restaurar a Rusia a su antigua grandeza.

Y las naciones del mundo que están peleando contra él ahora mismo, contra lo que él ha hecho, han hecho lo mismo en otras ocasiones. Inglaterra lo hizo. Alemania lo hizo en maneras terribles. Estados Unidos lo ha hecho a través de toda su historia con Latinoamérica, con muchos otros países donde tuvo mucha influencia, con los afroamericanos acá a través de la esclavitud.

Hermanos, la historia del mundo es una historia que declara todo lo contrario de ese espíritu que Cristo ha llamado a su pueblo a vivir y a ejemplificar y a internalizar. El mensaje del Evangelio dice, “No esclavices a tu hermano, no oprimas a tu hermano, no trates de engrandecerte a ti mismo, bendice a los débiles, enriquece a los pobres.” Ese es el mensaje del Evangelio y ese es el mensaje…

Y es tan difícil, hermanos, es que el Evangelio es contrario a la biología nuestra, a la carne. Los instintos humanos son para la auto preservación, preservarnos a nosotros mismos, protegernos, hacer un cerco protector alrededor de nosotros, almacenar cosas para nuestra propia supervivencia, acaparar más, conquistar más, hacernos más fuertes. Ese es el mensaje de la biología, de la carne, del hombre carnal, de la humanidad.

Y eso es lo que nosotros tenemos programado en nuestro cerebro, en nuestra bilogía, nos inclina hacia la auto preservación y a hacer lo que sea necesario para asegurarnos nuestra propia seguridad y nuestra propia supervivencia. Y aquí de momento tenemos el Evangelio que nos dice, “No vivas así, adopta una nueva forma de relacionarte con los demás.” En vez de fuerza y poder, adopta debilidad, como Pablo. Dijo, “Cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

¿Dónde se logró el mayor triunfo de toda la humanidad y de todo el cosmos y de toda la historia del universo? En la cruz. Un hombre crucificado, clavado, imposibilitado de actuar, totalmente impedido de hacer nada, allí dice la Biblia, que Cristo derrotó a los principados y a las potestades y los denunció públicamente y alcanzó libertad y sanidad para nosotros, imposibilitado, en la extrema debilidad.

Y ese es el mensaje del Evangelio, hermanos, que cuando somos débiles, entonces nos hacemos fuertes. Cuando adoptamos una ética de auto sacrificio, de no buscar nuestra propia victoria, de dejarle la causa al Señor, de vivir obedientemente conforme a los valores del Evangelio y el ejemplo de Jesucristo, aunque nos cueste, que en ese momento nosotros nos haremos irresistibles, nos haremos poderosos, nos haremos invencibles. Eso va en contra de todo lo que nosotros hemos sido entrados por la biología y por el mundo a ser.

Dios nos está llamando, a través del mensaje del Evangelio, a una vida contra intuitiva, que va contra la corriente. Y nos dice, ahí, imitando a tu Señor, que cuando era débil se hizo más fuerte, cuando tenía toda su divinidad dentro de Él, decidió despojarse de sus privilegios, ahí es donde tu vas a encontrar la autorrealización, la victoria, y la salud y las reservas para todo lo que tu estás peleando. Ahí es donde tu te vas a hacer rico, haciéndote pobre.

Por eso es ahí mismo en ese pasaje de Filipenses, donde se nos invita a despojarnos como Cristo, de todos nuestros privilegios, él dice, “… por lo cual Cristo habiendo hecho eso – de hacerse débil, morir por los demás, darse a los demás, asumir el pecado de otros dentro de su ser perfecto, dice – por lo tanto Dios lo levantó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre para que el nombre de Jesús se doble toda rodilla de lo que está en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra.”

Usted ve, la historia de la trayectoria de Jesús no se queda en la cruz. La cruz era el pre requisito para que Él fuera exaltado hasta lo sumo. Y eso nos pasa en nuestra vida también. Que muchas veces cuando nosotros abandonamos las armas, cuando pudiendo coger la espada y cortarle la oreja al siervo del anfitrión, como quiso hacer Pablo para defender a Jesucristo el día de su Getsemaní, el Señor le dijo, “No, guarda tu espada, Pedro, porque el que mata a espada, va a morir también a espada. No vivas por la violencia, mi reino no es de violencia, mi reino es uno en el cual yo neutralizo al diablo por medio del amor, la gracia, la bondad, la misericordia, la generosidad.”

Y eso es lo que el Señor nos está llamando aquí en este pasaje a hacer. Nos está diciendo, “Vivan en contra de su naturaleza. Vivan en contra de sus inclinaciones. Vivan en contra de lo que la carne les está gritando que hagan y déjense impregnar por algo diferente, que es la semilla de mi Reino, para que ustedes entonces puedan dar el fruto del espíritu.”

La gracia, hermanos, a la cual nos llama este pasaje, solo puede venir por medio de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Tiene que comenzar admitiendo derrota. Tiene que comenzar nosotros diciendo, “¿Sabe qué? Yo me doy por vencido, yo no puedo hacer eso por mí mismo, necesito el espíritu de Dios morando dentro de mí para hacerlo.”

¿Por qué se llama el fruto del espíritu? ¿Por qué no se dice el fruto de fulanito o de fulanita? No, es el fruto del espíritu. Lo que Dios te está llamando a hacer o a ser, no va a venir de ti, no puede venir de ti porque tu lo que puedes producir es pecado, carne, orgullo, egoísmo. Pero cuando el espíritu de Dios está dentro de ti, entonces, ese espíritu da fruto a través de ti y se manifiesta en esa belleza del gozo, la paz, el amor, la bondad, la misericordia, la generosidad, el perdón, la paciencia, la mansedumbre, la templanza, dominio propio. Es la presencia del espíritu de Dios dentro de ti.

Y por eso es importante, hermanos, que entendamos que lo primero que nosotros tenemos que buscar no es las acciones externas de estas cosas, de la humildad, etc. No, yo creo que lo primero que tenemos que buscar es la intimidad con el Espíritu Santo dentro de nosotros para que ese Espíritu Santo al estar tan lleno dentro de nosotros, se manifieste Él a través de estas acciones del espíritu. Es el fruto del espíritu.

¿Cómo podemos nosotros llegar a lo que Dios nos está pidiendo que hagamos a través de este pasaje? Es viviendo en intimidad con el espíritu de Dios y el espíritu de Jesucristo. ¿Y cómo establecemos esta intimidad? ¿Cómo la mantenemos? Es a través de lo que estamos haciendo hoy. Yo creo que lo que nosotros hacemos cada domingo o cada miércoles, o cada día que nos enchufamos a la Palabra a través de un momento devocional, o cuando adoramos al Señor en nuestro carro, o cuando tenemos una conversación espiritual, lo que estamos haciendo es reforzando esa intimidad con Cristo que permitirá que el espíritu de Cristo aflore en esas manifestaciones de gracia que el Señor señala acá.

Dios quiere que tu te compenetres tanto con Él que su naturaleza se manifieste a través de ti en una forma espontánea, sin tu tener que pensarlo. Yo creo que es una de las cosas clave. No te preocupes tanto por ser una persona generosa o perdonadora o misericordiosa. No, preocúpate porque el espíritu de Jesús se mantenga vivo dentro de ti por medio de esas disciplinas que mantienen tu mente enfocada en Él. Y al tu contemplar a Cristo, el espíritu de Cristo se irá transmitiendo a ti.

¿No dice eso la Biblia? Que al contemplar a Jesús, dice, vamos de gloria en gloria. Su gracia se manifiesta en nosotros. Es lo que vemos, por ejemplo, cuando Moisés estuvo en el Monte esos 40 días en intimidad con Dios. Dios hablando con él. No sabemos en qué forma específica pero Moisés estaba en una intimidad única con el Padre. ¿Y qué pasó? Que cuando Moisés bajó de ese Monte, 40 días después, él no se dio cuenta pero la gloria de Dios se había transmitido a él y él ahora manifestaba la gloria de Dios a través de su rostro. Estaba radioactivo, como una persona que está en contacto con algún tipo de material radioactivo y la radiación se le pasa a él o a ella.

Y él no se dio cuenta que cuando él bajó del Monte, él estaba reflejando la Shekinah, la gloria de Dios con la cual él había estado en tanta intimidad. Y yo digo que una de las maneras que nosotros podemos llegar a esta postura que Cristo nos llama, es viviendo una vida de intimidad con Él. Y ¿sabe qué? Que necesitamos hacer eso todos los días, varias veces al día hasta que nos muramos.

Yo quisiera poder decir, “Bueno, estuve hace un año en la iglesia y fui bendecido y lleno de la gloria de Dios y ahora ya no necesito más vivir buscando más del Señor porque ya tengo todo lo que necesito.” No, la vida cristiana es un continuo… nosotros somos adictos de la gloria de Dios. Necesitamos inyectarnos cada día una porción de la gloria y la gracia de Dios. Cada día yo tengo que volver a las disciplinas del Evangelio. Tengo que leer mi Biblia, tengo que orar, tengo que adorar, tengo que confesar, tengo que renovar mi intimidad con Él, tengo que ayunar. Tengo que sacar tiempo para orar en lenguas, tengo que sacar tiempo para confesar que necesito de Dios. Tengo que sacar tiempo para confesar cosas que se interponen entre Dios y yo.

Eso, hermano, tu lo vas a tener que hacer hasta el día que te mueras. Nosotros tenemos que ser adictos de la gloria de Dios. Y por eso es tan importante que nosotros no dejemos de congregarnos. Yo quisiera que la vida cristiana fuera más económica, que no necesitáramos venir y congregarnos y escuchar sermones y meditar en la palabra, y que fuéramos angelicales en una forma espontánea. No, estamos todavía en la tierra y necesitaremos enchufarnos como uno de esos carros eléctricos que hay hoy en día, que después que ha manejado 200 millas, tienen que enchufarse otra vez para tener energía para continuar hacia adelante. Necesitamos estar en contacto con Dios.

Por eso les digo, hermanos, practiquemos las disciplinas que permiten que el espíritu de Dios entre en nosotros y entonces se transmita a través de nosotros. Esa es la manera de dar fruto. Y la otra cosa que yo creo que es importante y todavía ni siquiera estoy entrando en el sermón mismo, no se preocupen que voy a terminar a una hora conveniente, es lo siguiente, y es que tenemos que valorizar y darle prioridad a esta dimensión de la vida cristiana que es manifestar la gracia del espíritu, manifestar una actitud de gracia.

Hay que darle prioridad a eso. Eso es más importante que cualquier obra que tu puedas hacer. Porque si tu valoras y valorizas el fruto del espíritu y la expresión del carácter de Jesucristo, entonces, eso se convertirá en una prioridad para ti y tu estarás continuamente pidiéndole al espíritu, “Señor, hazme más como tu.” Y tu entonces, te observarás y analizarás tus acciones y te criticarás a ti mismo en una forma misericordiosa, pero tu estarás observando tus acciones y estarás monitoreando tu comportamiento y determinando si ese comportamiento está reflejando el espíritu de Cristo o no. Pero hay que valorizar eso.

Lo que nosotros valorizamos, aquello a lo cual nosotros le damos prioridad es lo que nosotros vamos a vivir y a expresar en nuestra vida. Es lo mismo, como yo decía antes, por ejemplo, cuando tu nombras tus gigantes. Yo hablaba acerca de eso antes, acerca de la renovación de la mente y de cómo trascender nuestras limitaciones. Si tu no le das prioridad a esos aspectos de tu vida, si tu no agonizas por ser más como Cristo quiere que seas, nunca vas a llegar a ello.

A lo que tu le das prioridad, a lo que tu valorizas, eso es lo que se va a convertir en una realidad en tu vida. Entonces, si tu le das prioridad a ejemplificar el carácter de Jesús, el fruto del Espíritu Santo, eso va a darle energía a tu vida y tu vida va a ir poco a poco gravitando hacia esas cosas.

Yo creo que en la predicación hay que insistir, hermanos, no solamente en las obras sino, ante todo, en el corazón que es el centro y el punto de partida de toda buena obra. Yo creo que muchas veces nosotros ponemos la carreta en frente del caballo y le ponemos énfasis a hacer esto, hacer lo otro, producir esto, producir aquello, cuando en realidad lo que tenemos que estar haciendo es diciéndole al Señor y buscando, “Padre, dame un corazón transformado, dame un corazón crucificado, dame un corazón generoso, dame una actitud generosa.” Porque cuando tu tengas esa actitud y ese corazón todo lo demás va a proceder, todo lo demás va a manifestarse.

Entonces, es importante. Y por qué también digo esto, porque, hermanos, yo veo mucha gente en el Evangelio, veo mucha gente en la iglesia. A veces yo mismo seguramente he cometido ese error de contentarnos demasiado con lo externo y olvidarnos de la importancia de lo que pasa dentro de nosotros, lo necesario que es la formación de un corazón cruciforme.

La Biblia dice, “Dame, hijo mío, tu corazón.” ¿Ustedes han leído ese pasaje? Dice, “Dame, hijo mío, tu corazón y miren tus ojos a través de mis ojos.” ¿Y por qué enfatiza Dios tanto el corazón? Porque el corazón es la fuerza motriz. Del corazón nacen todas las cosas, dice el Señor Jesucristo, “Del corazón nacen todas la cosas malas y todas las cosas buenas.”

Y sin embargo, hay muchos de nosotros que estamos preocupándonos por lavarnos las manos, hacer cosas por fuera, perfumarnos, etc., pero el Señor dice, “No, esas cosas son secundarias. Es la salud y la sanidad del corazón lo que importa.” Entonces, nosotros tenemos que estarle pidiendo al Señor siempre, “Padre, dame un corazón, crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

Hay muchos cristianos que le ponen demasiado énfasis, aunque eso es también importante. El Señor dice que es bueno hacer una cosa sin dejar de hacer la otra. Hay mucho creyente, sobre todo en el mundo pentecostal, por ejemplo, con el cual nosotros nos identificamos, hay mucha gente se deslumbran tanto con los dones del espíritu, las lenguas, las profecías, las sanidades, los milagros, las señales, estas cosas espectaculares del Evangelio, y nos concentramos tanto en el poder de los dones que no le damos prioridad al fruto del Espíritu Santo que son estas cualidades que verdaderamente, yo creo que son las más importantes de todas, el fruto, no el don.

El don es importante pero el fruto es más importante. Y les voy a decir por qué yo creo eso. El Señor dice, en Primera de Corintios:13, “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas y no tengo amor, soy como címbalo que retiñe.” Hago ruido, un ruido desagradable. Si diere mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, nada soy, de nada me sirve. Si dijere profecías, hiciere todos los grandes señales, pero no tengo amor, no me puedo vestir porque no voy para ningún lado. El amor, que es el fruto principal del Espíritu Santo.

Entonces, nosotros tenemos que priorizar el fruto del espíritu. Y en este día el Señor te llama a ti y me llama a mí a estar conscientes de eso, que yo debo estar siempre anhelando, ejemplificar, expresar las cualidades de Jesucristo porque eso es lo que me hace invencible. Eso es lo que me va a hacer sano. Eso es lo que rompe el yugo. Eso es lo que el diablo no puede bregar con ellos porque él no conoce esa tecnología.

Siempre he dicho que el diablo puede bregar con las lenguas fácilmente, el diablo puede bregar con la profecía, el diablo puede bregar aún con las señales. Es más, él hace más señales muchas veces que la mayoría de los evangélicos. Pero lo que él no sabe cómo bregar con ello es un corazón que expresa el amor de Cristo, una vida consciente de sí misma, quebrantada ante Dios, que tiene misericordia de los demás, que perdona, que da sin esperar. El diablo no le puede meter mano a eso.

Y por lo tanto nosotros tenemos que estar cultivando esas dimensiones del Espíritu Santo, sin dejar las otras, porque yo creo que es importante también ejemplificar el poder de Dios. Es más, Dios nos quiere dar su poder pero quiere sobre todo que seamos capaces de usar ese poder en una forma adecuada.

Yo he visto tanta gente con verdaderos dones del espíritu pero muchas veces su corazón no está tratado y entonces, lo que hacen es un tollo, como decimos nosotros en el Caribe, un lío. Hay muchas iglesias ungidas, pero hay pocas iglesias que ejemplifican el fruto, esta actitud de gracia que el Señor está ejemplificando acá.

Los corintios eran una de las congregaciones más ungidas que había en el mundo del Nuevo Testamento, cuando Pablo escribía. Y dice, a ustedes no les falta ningún don, pero sin embargo en ustedes hay divisiones, hay controversias, unos dicen que son de Pablo, otros dicen que son de Apolo, esto y lo otro. Se están jalando los moños continuamente. Y esa era una congregación llena de los dones del espíritu.

Entonces, Dios nos está llamando, hermanos, a una postura de gracia, de misericordia, de amor, de bondad. Dios quiere que cuando la gente hable de ti o de mí, digan, “En esa persona hay algo diferente, habita algo diferente, una actitud, una energía, un combustible diferente.” Eso es lo que nos distingue de las demás religiones y de las demás personas.

Entonces, lo que le estoy diciendo es que tenemos que valorizar, tenemos que darle prioridad y no ensalzar tanto las obras. Muchos de nosotros diezmamos, servimos, evangelizamos, somos fieles a nuestra iglesia, ministramos en diferentes maneras, pero estamos carentes de la gracia de Dios. Y ¿sabe qué? Que lo que hacemos con las manos, los deshacemos con los pies. Tenemos que estar desesperadamente deseosos de que el Señor nos convierta en portadores de la energía de Cristo, la misericordia, la bondad, estas actitudes que él delinea en este pasaje.

Entonces, recuerda, dos cosas: tu vas a manifestar el fruto del espíritu cuando el espíritu esté vivo y palpable dentro de ti por medio de la intimidad con el Espíritu Santo y cuando tu comiences a darle prioridad a esa dimensión de la vida cristiana y pidiéndole al Señor, “Señor, crucifícame.”

Como dice ese coro que a mí me encanta, dice: “Yo quiero menguar para que crezcas tu.” Que el Señor vaya desgastando la carne en nosotros para que el espíritu se manifieste con más poder en nuestras vidas.

Déjenme saltar rápidamente, voy a saltar un poco de material y voy a concentrarme ahora en algunas de las cualidades. ¿Cómo puedes tu identificar si Cristo está haciendo esa obra en ti? ¿Cómo podrás tu identificar cuando el Señor esté construyendo esa estructura de gracia dentro de tu vida? ¿Cuáles son las cosas a las cuales tu y yo debemos aspirar? ¿Cuáles son las manifestaciones de ese fruto del espíritu dentro de nosotros?

Número 1: Una persona de gracia está muy consciente de la condición caída de cada ser humano. Escuche esto. La actitud de gracia está muy consciente del quebrantamiento en cada ser humano. Conoce que todos nosotros estamos deformados por el pecado y trata a la gente en esa capacidad comprensiva, como el Padre nos trata a nosotros.

Yo les he citado este versículo, estos versículos del Salmo 103, “cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como se compadece el padre de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.”

¿Por qué? Porque Él conoce nuestra condición. Se acuerda de que somos polvo. ¿Qué le permite al Padre tener misericordia de nosotros? Porque Él sabe que somos seres frágiles, somos seres caídos, estamos deformados por el pecado Adánico. Vivimos en un mundo que está continuamente militando en contra de la santidad a la cual aspiramos. Vivimos en un mundo lleno de trampas, de deformaciones. Por más que queremos agradar al Padre muchas veces terminamos haciendo lo opuesto.

Pablo dice, “cuando quiero hacer el bien, descubro que hay otra ley en mí, que aspirando a hacer lo bueno, termino haciendo lo malo. Miserable de mí,” dice Pablo, “¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”

Y el Señor conoce tu condición. El Señor sabe el marco del cual tu estás hecho. Él sabe que en vez de vigas de acero, lo que hay son palitos de fósforos aguantando tu vida. Al Él entender eso, que tu eres un ser caído, Él tiene misericordia de ti. Y ¿sabe qué? Que nosotros tenemos que hacer lo mismo unos con los otros, en el trabajo, tenemos que recordar que la gente con quien bregamos son gente caída. En la iglesia, tenemos que entender que todos estamos quebrantados. Somos parte de esta creación triste que un día el Señor va a regenerar.

Mientras estamos aquí la iglesia es un hospital. La iglesia es un lugar donde todos están locos y el principal psiquiatra también está loco. No se sorprenda cuando usted encuentre pecado y quebrantamiento en la iglesia. Ni se sorprenda cuando alguien que usted ama, respeta o admira le decepciona, porque esa es la condición humana. Y cuando usted tiene misericordia así, Dios tendrá misericordia de usted también.

Entonces, recuerda que las personas con las cuales tu tratas, todos están quebrantados y tu debes, al entender su condición, ser capaz de perdonarlos y de ayudar en su restauración y ser paciente con ellos. Ponte en el lugar. Está consciente de la condición caída de cada ser humano.

El Señor, conociendo la humanidad en una manera muy poderosa quiso meterse dentro de nuestra piel y experimentar Él lo mismo que nosotros experimentamos de ser caídos y de ser continuamente tentados. Él asumió forma de hombre para poder interceder por nosotros en una manera adecuada.

Y por eso el escritor de Hebreos dice, “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”

En otras palabras, tenemos un sumo sacerdote que no es como esos sumos sacerdotes del Antiguo Testamento, allá metido en su propia gloria, separado del mundo, que nadie lo veía. No, ese Cristo se metió en el fango que es la condición humana. Y por eso, cuando nosotros caemos y pecamos Él puede compadecerse. Y tenemos que darle ese mismo privilegio a nuestros seres queridos. Tenemos que ser un pueblo de compasión y de misericordia. La actitud de gracia está muy consciente de la condición caída del ser humano.

Número 2: La persona de gracia se pone en el lugar de los demás antes de juzgarlos. Antes de tomar una determinación se pone en el lugar de la persona para ver qué estaba sintiendo esa persona. Hay un viejo dicho indio que dice que “no debemos juzgar a nadie hasta que no hayamos caminado una milla en sus mocasines.”

El Señor nos invita a ver, mira, ¿cómo tu actúas en la vida? Y cuando tu quieras juzgar a alguien simplísticamente [sic], trata de identificarte con ellos y en ocasiones en la cual tu has hecho algo parecido.

Mateo:12 habla acerca de un evento allí donde un día se encontró en una sinagoga, un sábado, y había un hombre allí que tenía una mano seca. Los fariseos, que no eran gente de misericordia, estaban atrapados por el legalismo y decían, “El sábado la tienda debe estar cerrada. No se sirve a nadie. Ese día no se debe usar para sanar a nadie ni hacer nada porque es trabajo.” Una mentalidad estrecha. Y el Señor le dijo, “Hipócrita, ¿qué hombre habrá de vosotros que tenga una oveja y si esa oveja se cae en un hoyo en día de reposo, no le echa mano y la levanta?”

En otras palabras, está diciendo, ¿cuántos de ustedes en su diario vivir no tienen por ahí una vaquita, una oveja que si se cae en un hoyo ustedes se tiran de cabeza para sacarlo porque esa es su propiedad, y ustedes han invertido dinero en esa…? No piensa si es sábado, si es domingo, si es lunes, ustedes la sacan porque valoran la vida de esa oveja.

¿Por qué no se ponen en la condición mía entonces, que tengo delante de mí una vida arruinada y que aunque es sábado debo sanarla y salvarla? Y si usted fuera la persona de esa mano seca, ¿no querría que yo lo sanara hoy sábado? Entonces, le dijo al hombre, “Extiende tu mano,” y la extendió y le fue restaurada, sanada como la otra.”

Eso es lo que Dios quiere, que nosotros veamos cómo nosotros…. Yo creo que si nosotros nos ponemos en el lugar de las personas podríamos entender mejor. Y a veces no lo hacemos. Los padres, por ejemplo, llegamos a cierta edad y ya hemos quemado muchas de las etapas de nuestra juventud y ahora nuestro hijo está haciendo lo mismo que nosotros hacíamos cuando teníamos su edad. Pero no tenemos misericordia ni paciencia con ellos y ni recordamos dónde estuvimos. Y Dios dice, “No, recuerda cuando tu estabas así. Entonces, con misericordia obra y llámalo a una postura diferente.”

Nosotros tenemos que tratarnos a nosotros mismos con ese sentido de… mirándote a ti mismo, no sea que tu también caigas, dice la Palabra. Es muy importante. Nos ponemos en el lugar de los demás.

Número 3: Tercera cosa que está relacionada con la segunda. Una persona de gracia, la actitud de gracias está dolorosamente consciente de su propia condición caída. Y esto gobierna la forma en que ve a los demás.

Nosotros debemos mirarnos a nosotros mismos a través de nuestra propia condición de fragilidad. Y que en todo momento nosotros sepamos quiénes somos nosotros y entonces, interpretemos a los demás a la luz de eso.

Hay un pasaje en Tito, el Libro de Tito, capítulo 3, versículos 2 al 5. El Apóstol Pablo llama a… Bueno, Tito, en realidad, oh, sí, Pablo hablándole a Tito. Dice:

“Dile a tu congregación que a nadie difamen, que no sean pendencieros – en otras palabras, que no sean chismosos – que sean amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres porque nosotros también éramos en otro tiempo, insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros.”

Se nos olvida muy fácilmente dónde nosotros estuvimos una vez. Y entonces, adoptamos una actitud poco comprensiva. El Señor dice, “No, recuerda de dónde te saqué.” Y cuando tu trates a alguien, trátalo de esa manera. Dice, “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con los hombres nos salvó, no por obra de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”

No nos olvidemos de dónde Dios nos sacó y tratémonos con misericordia. Recordemos quiénes somos para tratar a los demás en esa manera también.

Número 4: La persona de gracia se concentra en lo bueno en los demás y no se enfoca en las imperfecciones de los demás. Prefiere enfatizar lo bueno y lo noble en la persona que lo negativo y lo pecaminoso.

Y así es que Dios nos trata. Dios vio a Saulo y no vio a un hombre perseguidor de la iglesia, no vio a un hombre criminal que estaba participando en el apedreamiento de un hombre justo, Él vio un corazón sincero y celoso por Él aunque mal dirigido y equivocado. El Señor vio el celo del hombre que ama a Dios y que cree que la iglesia evangélica o la iglesia cristiana, está haciéndole daño al Reino de Dios y que por eso está haciendo lo que está haciendo. Y al ver el corazón de este hombre, al ver su generosidad, al ver su espíritu celoso por Dios dijo, “Yo quiero tratar con este hombre, inclusive yo quiero usar eso que él tiene para gloria de mi reino.” Y entonces lo cogió, le cambió el motor, le hizo una lobotomía y lo puso, lo reprogramó y lo usó para su gloria. Porque Él vio el hombre sincero.

Y así es que el Señor trata con todos. A David, el Señor veía lo sanguinario que era David. Veía lo sensual que era David, pero veía también el hombre de un corazón totalmente entregado a Dios, que no admitía idolatrías contra el Padre, no admitía gigantes que insultaran al Señor. Estaba dispuesto a arriesgar su vida por la gloria de Dios. Y como dice la Biblia, como dijo el Señor también a esta mujer que lo honró con su sacrificio, con su perfume, con su hermosa obra de adoración, cuando derramó el vaso de perfume de alabastro y secó el perfume con sus cabellos, besó sus pies, y Él dijo, “Esta mujer como amó mucho, se le perdona mucho.”

El Señor ve más allá y nosotros, hermanos, tenemos ejercitar y ejercer esa actitud que va más allá de lo externo y que ve el corazón de la gente. ¿Cuántas personas hay…? Por ejemplo, en el servicio de la mañana, de las 9:00, yo cada día le doy gracias al Señor más y más porque está viniendo más y más gente quebrantada, necesitada, en recuperación, con adicciones a drogas, que en su cuerpo manifiestan los estragos de una vida pecaminosa.

Hermanos, yo me lleno de gozo que vez que los veo pasar al frente y adorar al Señor. Los veo a veces arrastrarse, algunos de ellos están todavía bajo los efectos de la droga o del alcohol. Algunos de ellos manifiestan los daños de la vida y ¿sabe qué? Perdóneme, pero yo me gozo más con esos que con los que se portan bien y están muy bien ya en el Evangelio, muchos de ustedes. ¿Por qué? Porque eso fue lo que Cristo vino a buscar. Y Él se goza cuando ve a un pecador arrepentido, cuando ve esta gente allí luchando, peleando. Yo no me voy a concentrar en si están drogados o no, si están borrachos o no, si se visten bien o no, si huelen mal o no. Ahí adentro hay un corazón que Dios ama y atesora y valoriza.

Y yo digo si están aquí eso quiere decir que algo los ha traído. Y yo prefiero que estén aquí cabeceando ahí en el asiento a que estén allá afuera metiéndose droga o ensuciándose con la vileza del mundo. Entonces, yo creo que la persona de gracia ve eso, ve el corazón. Tu tienes que ver las buenas intensiones de la gente que está alrededor de ti, no mires solamente sus malas acciones, ve el deseo de agradar a Dios. Mejor que estén aquí en el Reino de Dios buscando aunque sea a tropezones que estar allá afuera, y ámalos y perdónalos y toléralos. Enfócate en lo bueno y no solamente mires las imperfecciones. La persona de gracia mira lo bueno y enfatiza eso antes que el defecto.

Número 5: La persona de gracia ve el potencial en los demás. Todas estas cosas están relacionadas unas con las otras. Ve el potencial en los demás, en lo que pueden llegar a ser en vez de lo que son en el presente.

Sabe que Dios tiene una capacidad increíble para ver el futuro en nosotros y concentrarse tanto en la nobleza que está encerrada en ti, la grandeza que está en ti, que eso es lo que a Él lo atrae y eso es lo que gobierna su relación contigo.

La Biblia dice que Dios llama las cosas que no son como si fuesen. A veces Dios ve la esterilidad de un hombre pero inmediatamente pasa a ver lo que ese hombre o esa mujer puede ser en Cristo.

Abraham estaba casi muerto, dice, a los 75 años casi a los 100 años y sin embargo, Dios lo llamó “padre de multitudes” porque Él veía lo que Abraham iba a llegar a ser. Y nosotros tenemos que ver el oro escondido en la gente. Hay mucha gente a través de los años en mi ministerio que me han bendecido increíblemente que cuando usted los vio al inicio no parecían prometer gran cosa.

Mario Ulloa que oficiamos su funeral hace poco, cuando yo conocí a Mario Ulloa en Cambridge era un hombre calladito, que no mataba ni una mosca, sencillo, humilde, nada. Cuando nosotros nos mudamos acá que comencé yo a ver el agua a llegarme al cuello con la construcción primera, porque no sabía de construcción, no sabía cuánto iba a costar, lo difícil que iba a ser esa obra de reconstrucción de ese primer edificio, Mario se acercó un día a mí humildemente y me dijo, “Pastor, - me dijo Roberto porque él me llamaba Roberto, - Roberto, si tu quieres, yo sé algo de construcción, yo te puedo ayudar.”

Y Mario se convirtió en nuestra mano derecha. Cuando él comenzó a trabajar manifestó una cantidad de destrezas que yo jamás me hubiera imaginado que estaban dentro de ese hombre, destreza de construcción, de mecánica, un corazón generoso, entregado. Y ese hombre nos sacó de un gran aprieto.

Pero yo he aprendido, hermanos, que hay mucha gente… y otros que aquí en esta iglesia ahora mismo están bendiciendo esta congregación, el Reino de Dios en grandes maneras, si usted los hubiera mirado hace 15 años, hace 20 años, usted no hubiera dado un centavo por su capacidad ministerial. Pero he aprendido que tengo que mirar más allá de lo que la persona parece en el momento y ponerme a tono con la grandeza que está dentro de ellos. Y cuando tu te pones a tono con la grandeza escondida en la gente, tu suscitas, tu sacas esa grandeza hacia afuera.

Mucha gente lo que necesita es alguien que crea en ellos, alguien que vea valor en ellos, alguien que vea en Pedro apestando a pescado, que vea un pescador de hombres. Alguien que vea en un Saulo persiguiendo a la iglesia, el mayor evangelista y teólogo que ha existido en toda la historia del cristianismo.

El Señor tiene discernimiento y ve lo que hay. Pídele al Señor que te ponga a tono con la grandeza escondida de la gente con la cual tu trabajas. Y entonces, así tu podrás agarrarlos antes de que se pongan demasiado caros. Yo he aprendido que en los negocios una de las cualidades más importantes es ver el valor en algo que ahora mismo parece no tener valor y comprarlo mientras está el precio bajito.

Mire este vecindario. Cuando nosotros nos mudamos acá, o cuando comenzamos a trabajar en el año 1994, esto era una pocilga, esta área, este vecindario lleno de crimen, edificios destruidos, hoyos de edificios que habían sido deshechos, una cicatriz corriendo a través de la Washington, un tren elevado allí que afeaba todo el vecindario, gente deambulante [sic] y gracias a Dios, compramos el primer edificio por una fracción de lo que cuesta hoy un estudio al lado de nosotros. Hoy en día, un estudio aquí le cuesta $600, $700.000 dólares. Nosotros compramos ese edificio de cuatro pisos con este terreno donde está este edificio por $235.000 dólares. ¿Por qué? Porque pudimos ver el potencial de lo que es este lugar centralizado en el medio de la ciudad, con acceso a diferentes carreteras y en vía de construcción.

Hoy en día nosotros no podríamos meterle el diente a una fracción del primer edificio si quisiéramos comprarlo ahora. Pero cuando uno ve el potencial, y sobre todo cuando uno quiere la gloria de Dios entonces, a veces tu sin darte cuenta, te encuentras sentado sobre un tesoro porque buscaste el amor, la gracia y la gloria de Dios. Entonces, Dios sin tu saberlo te pone en lugares de abundancia. Eso es lo que hace la actitud de gracia.

Cuando tu miras la bendición en otros, cuando tu te pones a tono con la grandeza escondida en los demás, Dios a veces te da tesoros que tu no te puedes imaginar, porque tu corazón es bueno, es noble, agrada al Señor. Y entonces, Dios te quiere bendecir a ti y Dios te da cosas inalcanzables para los demás. Concéntrate en lo bueno en los demás y deja que eso abrume tu inclinación a criticarlos o a hablar mal de ellos. Ya estoy casi terminando.

Número 6: La persona de gracia sabe y está muy consciente de que la santificación es un proceso y no un evento. Escuchen. La persona sanadora y misericordiosa sabe que todos estamos en vía de construcción, todos somos un proyecto de construcción y todos tenemos que ejercer paciencia hasta que Dios complete lo que ha comenzado. La persona de gracia adopta una actitud a largo plazo al considerar las imperfecciones de los demás.

Este es un proyecto de toda una vida. ¿Y sabe cuándo termina el proyecto de construcción en nosotros? Cuando nos morimos. Entonces, Dios termina el proyecto total y entramos entonces al Reino de Dios perfeccionados. Pero mientras estamos aquí en la tierra tenemos que ser pacientes unos con los otros, tenemos que saber que el proceso de sanidad y de crecimiento y de santificación es algo a largo plazo.

Tenemos que adoptar la actitud de un abuelo. Los abuelos son misericordiosos con sus nietos. Ahora, cuando eran papás eran tremendamente impacientes con ellos, ¿verdad? Pero ya el abuelo ha visto tanto y sabe que ese muchacho que parecía que iba a ser un criminal de serie, resultó ser un hombre honesto y trabajador y amable y fiel a su familia, y que es un proceso. Y entonces, ahora se da el lujo de darles esa comprensividad [sic] a sus nietos. Y aconseja a los padres, “Mira, deja a ese muchacho que todavía le falta mucho por crecer. Sé paciente con él.” Porque sabe que el crecimiento y la maduración es un proceso.

Y así tenemos que tratarnos nosotros unos a otros. Tenemos que saber que el proceso de la santificación es largo y es un proceso que se toma tiempo, y en ese proceso vamos a caer, nos vamos a levantar, vamos a zigzaguear, vamos a ir dos pasos para adelante y uno para atrás, y a veces tres paso para adelante y cinco para atrás. Pero el Señor estará usando todo eso y le estará sacando provecho.

El proceso de santificación no es algo lineal. Es algo zigzagueante. Y si tu no tienes esa visión de proceso, no vas a poder ser un bueno pastor de vidas y una persona misericordiosa. Una actitud generosa se caracteriza por esa mentalidad a largo plazo, la inversión a largo plazo. Es muy importante.

Y finalmente, digan gloria a Dios, ¡Aleluya! Yo espero que no se me estén durmiendo. Estas cosas no se pueden predicar en 20 minutos, hermanos, se toman tiempo. Y si no estamos preparados para pagar el precio entonces, lo que vamos a estar comiendo es huevos pasados por agua todo el tiempo.

Finalmente, la persona de gracia, de esa gracia que el Señor fotografía en ese pasaje…. La persona de gracia entiende lo que hay detrás de las acciones de las personas y lo toma en cuenta. No mira el acto presencial del momento, sino que detiene el video y congela a la persona en sus acciones y se mete detrás para ver qué hay detrás de esa acción. Se mete en el basement de la casa a ver las tuberías que están deshechas y viejas, a ver la calefacción que no funciona, a ver por qué el calentador de agua se está liqueando [sic] y al ver lo que hay detrás, entonces entiende lo que hay afuera.

Porque mucho de esto de la actitud de gracia es ir abajo, ir a las sub estructura de las acciones de los hombres. Muchas de las cosas que he estado diciendo es eso, es la capacidad para no juzgar superficialmente sino ver lo hondo, lo escondido, lo que no es fácil de observar cuando tenemos una mirada superficial. Entonces, la persona de gracia entiende que muchas veces lo que la persona está haciendo es producto de traumas del pasado.

Cuando yo veo mucha de esta gente los domingos que vienen a la iglesia tan deshechos, tan heridos, yo veo gente que nació en un hogar de una madre soltera, vio a su mamá con varios hombres, entrar y salir del apartamento. Quizás en ocasiones fue abusado sexualmente por uno de esos hombres. Entiende que cayó en una trampa de usar marihuana y pensaba que eso era todo y termina usando heroína o cualquier otra droga terrible, fentanyl o lo que sea. Fue atrapado. Se cayó en un hoyo y como un buey que se cae en un hoyo no ha podido salir por sí mismo.

Entonces, yo creo que la actitud de gracia entiende los traumas que hay detrás de la gente, entiende por qué esta persona es tan inclinada a la crítica y al fariseísmo porque creció en una familia, en un hogar donde fue criticada, donde hubo gente farisaica que le enseñó y lo entrenó y programó su cerebro para cuando algo malo sucedía buscar quién tiene la culpa y criticarlo. Que esa persona creció quizás en un hogar evangélico donde todo era obras y legalismo y ahora lo que hace es simplemente lo que le enseñaron a ser, a ser legalista, a pensar que cuando habla mal a los demás está siendo profético. Y they don’t know better. No saben excepto lo que han visto.

Y entonces, nosotros tenemos que meternos debajo del bonete del carro y ver dónde están los alambres estos cruzados y entender y tratar de ayudar para que se arregle. Eso es lo que los psiquiatras tratan de hacer cuando cogen a una persona que tiene problemas mentales o emocionales, tratan de encontrar dónde está la causa, si en la niñez, en el pasado. Y tratan de, explorándolos a través de sus palabras, de meterse dentro de ellos y entender por qué hacen lo que hacen. Y eso le permite al psiquiatra entonces ser generoso. Si el psiquiatra ve que esa persona está siendo agresiva hacia él o hacia ella, dice, “Yo sé lo que pasa. Es que resiente la autoridad que yo represento porque la autoridad que él o ella conoce abusó de él, fue opresivo y ahora al ver la autoridad en mí, como su psiquiatra, está proyectándose a mí.”

Y entonces, ¿qué pasa? Al entender lo que está pasando, eso le permite despegarse y no tomarlo a lo personal. Entiende que él tiene que constituirse en un sentido en un chivo expiatorio que absorba todos los malos olores de esa persona y que lo ayude a salir de su atrincheramiento, de su atolladero. Porque muchas veces la gente herida y traumatizada necesita hombres y mujeres que se paren en la brecha y se constituyan en un Cristo pequeño que absorba sus defectos y sus heridas y que se los transmita al padre, y entonces sean sanados.

Sabe que cuando tu no pagas mal por mal, tu te constituyes en un imitador de Cristo y entonces, te conviertes en un sanados. Y ¿sabe qué? Que la misma recompensa que recibió Cristo, la recibes tu. Dios te asciende, te pone en un nivel más alto. Te usa más, te da más salud, más poder, más autoridad, porque estás siendo un transmisor de la gracia de Cristo en la tierra.

Y lo que más se necesita en este tiempo es gente cruciforme, gente que se constituyan en transmisores de la gracia de Dios. Constitúyete tu en una persona de gracia.

Bajemos nuestras cabezas. Y si hay algo de valor que tu has escuchado esta tarde, recíbelo, ponte en contacto con ello, dale la bienvenida. Di, Señor, yo quiero ser pastor. Yo quiero ser pastora. Yo quiero ser guarda de mi hermano, de mi hermana, yo quiero ser un agente de sanidad. Yo quiero ser un hombre, una mujer que sea un instrumento tuyo en mi hogar, con mi esposa, con mis hijos, con mis colegas en el trabajo, con mis amigos, y aún con mis enemigos, en la calle. Ayúdame a ejemplificar la actitud de gracia que hubo en el Señor.

Y ahora mismo renuncia, renuncia, renuncia a toda actitud indebida, toda actitud contraria a eso, la actitud carnal, la actitud biológica, la actitud del mundo. Renuncia a ello. Di, Señor, yo renuncio a eso por fe y abrazo el amor, la misericordia, la gracia, la generosidad, la paciencia, el perdón, el ver a largo plazo, el ponerme a tono con la herida de los demás, el ponerme a tono con el potencial que encierran, poder verlos a largo plazo, poder verme a mí mismo en mi propia necesidad para tener paciencia con los demás. Yo adopto, recibo, ese espíritu.

Y te va ser desagradable, ahora te hablo a ti, te va a ser desagradable al inicio porque no vas a estar acostumbrado a eso. Pero con el tiempo se hará más fácil. Y tu encontrarás gozo en esa actitud, en ser como tu Maestro, ser hijo de Dios, hija de Dios verdaderamente.

Oh, Padre, pedimos que eso se constituya en el valor fundamental de nuestra vida en este día. Gracias porque tu estás haciendo esto en mí y en todos nosotros y te estás glorificando en esta familia espiritual. Ayúdanos a ejemplificar los más altos valores del Reino de Dios y ponernos a tono con esta Escritura, con esta palabra, estos valores.

Perdónanos porque muchas veces no hemos estado a la altura de tu palabra pero hoy decimos, Señor, cumple tu obra en mí e instala a Cristo en el centro de mi corazón. Gracias en el nombre de Jesús. Amén y amén. Dios les bendiga.