
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El amor es el valor supremo que hace posible que nosotros ahora vivamos a una altura diferente, con una protección diferente. La persona que ama está protegida en una manera excepcional. Cuando tu amas, Dios se siente atraído hacia ti. Cuando tu amas, tu corazón viene a ser como una señal que está emitiendo un “bip” continuo, y Dios escucha ese latido de un corazón amante, dondequiera que esté, aunque sea en una isla desierta, el Señor escucha ese corazón conforme a su corazón y se siente atraído hacia él. Y entonces, al Señor le encanta a esa persona bendecirla, respaldarla, prosperarla, porque no hay otra manera de uno ser prosperado.
El amor es la esencia del Evangelio y la base de la vida cristiana. El fruto del Espíritu es amor y es lo más importante, ya que las obras vienen como consecuencia de esa actitud. El amor de Dios es tan grande que nos rescató aún cuando estábamos alejados de Él. Es importante adoptar una postura de generosidad y amor en todo sentido. Los hijos de Dios deben producir obras y actos de amor de forma espontánea, como una telaraña que elabora una araña. Es necesario entender la urgencia de ser gente que ejemplifique el amor y desesperarnos por llegar a ese punto. Los dones del Espíritu son importantes, pero son meramente expresiones de algo más fundamental, que es el espíritu que produce tanto el fruto como el don. Es importante someter nuestra vida a la evaluación de personas altamente desarrolladas espiritualmente y preguntarnos si estamos en el camino del amor. Dios necesita congregaciones e individuos que se desesperen de sí mismos y se enfoquen en crecer en amor.
El amor es la plataforma fundamental del cristianismo y no puede ser alcanzado a través de la imitación. Dios necesita congregaciones e individuos que se desesperen de sí mismos y clamen por una manifestación mayor del amor en sus vidas. El amor también se alcanza a través del trato de Dios y la crucifixión del ser, donde Dios nos trata y rompe la corteza endurecida que impide que el amor se exprese a través de nosotros. No debemos temer el trato de Dios ya que Él es el cirujano por excelencia y se asegurará de que la cirugía termine en vida y bendición para nosotros. La vida cristiana es una experiencia misteriosa, poética y sublime, llena de sombras y luces, gritos y expresiones de alegría. Debemos abrazar el trato de Dios para producir el amor de Dios en nuestras vidas y decirle al Señor que Él nos forme y nos transforme conforme a la imagen de Jesucristo.
Dice, “Más el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, fidelidad, mansedumbre y templanza.” Cada uno de esos temas, como digo, los vamos a desarrollar y espero que nos marquen de una manera especial.
Y él hace una aseveración aquí misteriosa, que creo que hay que señalarla por su importancia. Dice, “…contra tales cosas no hay ley.” Fíjese que él ha estado hablando en todo el capítulo acerca de la ley judaica, la ley mosaica. Pablo sabe que ya Cristo trascendió la ley, ya Cristo vino a traer lo perfecto. La ley era simplemente un aguante. La ley era algo provisional que Dios le dio a la humanidad por un tiempo, mientras venía lo verdadero, mientras venía la consumación de los tiempos y la humanidad ya estaba más preparada para recibir la verdad y la actualidad que Cristo representaba.
Hasta que Cristo llega a la tierra, todo lo demás es simplemente simbólico. El templo en el cual adoraban los discípulos o los judíos, era simbólico del trono de Dios y el cielo. Los sacrificios de los animales eran símbolo del sacrificio de Cristo, el Cordero inmolado en la cruz del calvario. El incienso, todo, era simplemente una aproximación, un símbolo de lo que habría de venir.
Cuando Cristo viene a la tierra, Él actualiza todas esas cosas y ya la ley, aunque todavía tiene principios que deben cumplirse, pero queda hasta cierto punto trascendida por algo más importante que es lo que Cristo hace posible. El sumo sacerdote era un intermediario entre el hombre y Dios en el Antiguo Testamento. Ahora Jesucristo se constituye en el sumo sacerdote, y un sumo sacerdote tan poderoso que solamente necesitaba una vez sacrificar, mientras que el sumo sacerdote hebreo tenía que ofrecer sacrificios todo el tiempo por sus propios pecados. Y podía entrar en el lugar santísimo una sola vez al año, con temor de perder su vida si no estaba preparado. Pero Cristo ahora entró como propiedad y ya hizo eso.
Entonces, Pablo está diciendo, “Miren, todo esto de la ley ya esto pasó, hasta cierto punto.” No quiero perder mucho en eso. “Pero ahora, hay algo más importante que es la fe y las actitudes del corazón.” Y él dice, “Miren, cuando usted tiene el amor, cuando su vida expresa el fruto del Espíritu Santo, el diablo no tiene poder sobre su vida.” La ley, la condenación, el fariseísmo, el legalismo del Antiguo Testamento ya Dios reemplaza eso con algo mucho más importante.
El amor, hermanos, es el valor supremo que hace posible que nosotros ahora vivamos a una altura diferente, con una protección diferente. La persona que ama es de una forma protegida. La persona que ama Satanás no sabe qué hacer con ella. La persona que ama está cubierta por la gracia y la misericordia de Dios. La persona que ama tiene una nube de bendición encima de ella. La persona que ama tiene el viento del Espíritu Santo detrás de ellos y contra ese espíritu de amor, nadie puede, nada puede. La persona que ama está protegida en una manera excepcional.
Por eso es que es tan importante hablar acerca del amor. “Contra tales cosas no hay ley, pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”
Entonces, quiero entrar un poquito en eso. Y voy a comenzar con una ilustración de algo que sucedió esta mañana cuando iba saliendo de mi casa para venir a la iglesia. Mientras yo estaba en mi carro, estaba a punto de prenderlo, pasaron dos mujeres en frente de la acera corriendo. Estaban jogging, haciendo ejercicios. Y yo creo que el Señor me dio una ilustración para comenzar este sermón acerca de lo que es el amor. Y yo creo que fue de Dios. Dios nos habla en tantas maneras y la Biblia dice, “El que tenga oído para oír y el que tenga ojos para ver, vea.” Y Dios siempre está dándonos mensajes. Y siempre yo creo que Dios me habla a través de eventos de la vida.
Estas dos mujeres eran… como digo, estaban corriendo a un paso bien lento, bien lento. Tenían su ropa de ejercicios. Una iba adelante y era una mujer con un poquito de sobrepeso. Y la otra que iba detrás de ella era una mujer que estaba en forma física, se veía que era una mujer acostumbrada a hacer ejercicios, muy atlética. Y la otra era una persona que estaba apenas comenzando a hacer ejercicios. Y viéndolas – Meche me dice que yo siempre estoy inventándome narrativas y cosas…
Pero yo creo que enseguida entendí algo de lo que Dios me estaba diciendo. Vi a esta mujer atlética como que estaba mentoreando y ayudando a la otra en su propio deseo de ponerse en forma física. Y ella estaba detrás para darle a la que estaba adelante oportunidad para que corriera a su propio paso para que no se sintiera como que tenía que estar ajorada detrás de la otra.
Creo que pude ver que esta mujer atlética estaba animando a la otra, en su propia búsqueda de auto superación. E iban a un paso extremadamente lento porque la que iba adelante no podía hacer más, no estaba en forma para poder correr más rápido que eso. Pero la otra que estaba detrás, se estaba ciñendo y estaba limitándose a lo que la otra podía hacer para poder serle de ayuda.
Entonces, yo vi esta mujer que podía correr mucho más rápido, ayudando a la otra y bendiciéndola con su mentoría y su endoso, por así decirlo, su respaldo. Y a mí me fue de inspiración y de bendición y yo pude entender lo que es el amor en ese momento: una amiga ayudando a otra amiga en su búsqueda de auto superación y limitando sus capacidades. Ella, yo sé que bien hubiera podido correr mucho más rápido que su amiga, pero estaba ayudándola a ella, sacrificando sus propias prerrogativas, su propia capacidad para correr más rápido, en pro de la otra, que probablemente habían tenido alguna conversación y habían acordado, “Hey, vamos a correr juntas.”
Y yo puedo ver, de nuevo, yo me invento muchas cosas y si no fuera cierto, debería ser cierto, que la otra dijo, “Yo te voy a ayudar,” porque a veces necesitamos a alguien que nos ayude en las luchas y los procesos de la vida. Necesitamos a alguien que nos anime.
Y estaba hablando con alguien acerca de la importancia de la mentoría. Eso fue en el cuarto piso esta mañana, de que el mundo necesita mentores. El mundo necesita coaches, entrenadores, gente que esté dispuesta a ayudar a otros en sus búsquedas de auto superación, necesita gente que se sacrifique, que invierta tiempo, que invierta sus energías para ayudar a otros que están en búsqueda de llevar sus vidas a un nivel más alto. Y si no hay gente que se sacrifique y que invierta, que no esté demasiado ocupada para ayudar a otros en sus jornadas de auto superación, va a ser muy difícil. El mundo necesita gente que se tienda sobre la mesa del sacrificio para que otros puedan llegar a donde tienen que llegar.
Entonces, yo sentí que Dios me inspiró en ese momento con una imagen de lo que es el amor. El amor es cuando usted toma sus derechos, sus prerrogativas y las limita para que otros puedan alcanzar lo que necesitan alcanzar. El amor es cuando usted no piensa tanto en sí mismo sino en el otro. El amor es cuando usted pone a un lado sus derechos y entiende que al usted sacrificarse momentáneamente, lo que está haciendo es una inversión, un investment, que lo va a bendecir a usted en última instancia, porque no hay forma más poderosa de vivir sobre la tierra que gobernados por el amor, por una ética de amor.
Y yo creo que lo que Dios quiere impartirnos esta tarde, si hay algo que yo quiero dejar en su corazón es ese sentido de urgencia, de desesperamiento [sic] con respecto a la necesidad de hacer del amor la plataforma de tu vida, de hacer del amor el punto de partida, de hacer del amor lo que gobierne tus acciones sobre la tierra y tus relaciones con los demás.
Porque yo no creo que hay una manera más poderosa de vivir que haciendo del amor la fuerza gobernativa de todo lo que hagamos. Porque, como yo decía, cuando tu amas y cuando tu te das a los demás, como Cristo se dio, tu estás forrado por una protección inigualable. Y paradójicamente, la ironía está en que cuando nosotros amamos y nos sacrificamos por otros, y sacrificamos nuestros derechos, nuestros intereses por otros, el Señor entonces dice, “¿Sabe qué? Yo me voy a encargar de ti. Y como tu estás viviendo al estilo de mi corazón, Yo te voy a bendecir, te voy a prosperar.”
El amor es la inversión más grande que usted puede dar. Sabe que los hombres y las mujeres se engañan a sí mismos, shortchange themselves, como dicen en inglés, cuando piensan que buscando su propio provecho, es la manera de ellos ganar en la vida, cuando es todo lo contrario. Cuando tu te olvidas de ti mismo y tu sacrificas tus propias prioridades en aras del bien de otro, ahí es donde tu verdaderamente ganas. No hay forma más poderosa de vivir que cuando nos damos a los intereses y al amor para que otros puedan ir hacia adelante en la vida.
Cuando tu amas, Dios se siente atraído hacia ti. Cuando tu amas, tu corazón viene a ser como una señal que está emitiendo un “bip” continuo, como esos radares que están continuamente haciendo un sonidito y Dios escucha ese latido de un corazón amante, dondequiera que esté, aunque sea en una isla desierta, el Señor escucha ese corazón conforme a su corazón y se siente atraído hacia él. Y entonces, al Señor le encanta a esa persona bendecirla, respaldarla, prosperarla, porque no hay otra manera de uno ser prosperado.
Putin ahora mismo ejemplifica lo contrario, ejemplifica el corazón del mundo, ejemplifica los valores del mundo. Su gran deseo es restaurar a Rusia a su antigua gloria, el Imperio Ruso, que perdió tanto cuando se desplomó la Unión Soviética. Y así es que el mundo opera. Él quiere sacrificar los intereses de una nación más débil que él para engrandecerse. Y no entiende que su acción, lo que está haciendo es haciendo todo lo contrario, destruyendo su nación, destruyéndose a sí mismo, destruyendo cualquier poco de capital de buena voluntad que hubiera en el mundo hacia él, está destruyéndose. Cuando lo que Dios quiere más bien es que ayudemos a los débiles, que tengamos cuidado de ellos, porque en eso es dónde está el poder.
Entonces, los hijos de Dios tenemos que vivir con una ética diferente. Tenemos que entender que en el mundo de la fe todo se pone patas arribas, el que gana, pierde; el que quita, se le quita a él; el que solo le interesa a sí mismo, termina haciéndose daño a sí mismo. Pero el que vive conforme a una ética contra intuitiva y diferente a la del mundo, es bendecido y su barca está impelida por el viento de Dios y la bendición de Dios.
Y si nosotros pudiéramos entender eso, cuando estamos enmarañados en la vida cotidiana – porque es difícil uno entender cómo operar en el amor cuando está metido en las luchas y los problemas de la vida y las controversias, y las dificultades. En ese momento, el fluir de la vida es tan poderoso que no tenemos la suficiente lucidez para decir, “Espérate, ¿cómo puedo yo operar en este momento?”
Cuando alguien me cruza en el camino, cuando estoy en una disputa, una discusión con mi esposa, y yo sé que podría dar una palabra que la callara y la neutralizara, pero digo, “Espérate, tengo que tener cuidado de no apalearlo.” Cuando un hijo necesita paciencia de mi parte, yo tengo todo el poder para hacer lo que yo quiera o callarlo o aún golpearlo, pero me aguanto, porque el amor demanda otra acción de mi parte.
Cuando en mi trabajo veo a alguien que no está haciendo lo que debe hacer y yo podría denunciarlo o confrontarlo, pero decido en aras del amor guardar mi palabra y dejarle al Señor que haga la obra.
Hace tiempo leí una anécdota de Carl Lewis, uno de los grandes corredores de la historia, y se dice que su papá murió y él cogió la medalla de oro que había ganado en las olimpíadas anteriores, y se la puso en las manos al cadáver de su papá. Y su mamá se escandalizó porque estaba entregando algo tan valioso como una medalla de oro, y dijo, “No te apures, mamá, que la próxima olimpíada yo voy a ganar una medalla y esa es la que yo voy a quedarme con ella.”
Y entonces, él entró a las olimpíadas, la próxima vez que hubo olimpíadas, y estaba compitiendo con un corredor bien famoso también, bien fuerte, y estuvo en una lucha cerrada durante toda la carrera, y finalmente el otro ganó por unas 20 ó 40 yardas y él se sintió, dijo, “Bueno, la próxima medalla tendrá que ser en otro tiempo que la conseguiré.” Pero este corredor se volteó un momento en su señal de victoria, dice que Carl Lewis pudo ver en sus ojos el amarillo de una persona que ha estado usando esteroides y estaba usando drogas para fortalecer, y tenía los músculos bien desarrollados, que era indicio también de que este hombre estaba usando esteroides ilegítimamente.
Pero él, Lewis, en vez de denunciar a este hombre a las autoridades, le dijo, “No, la manera yo de honrar a mí padre, es callando y dejando que el Señor se encargue de eso.” Así que él remitió, aguantó su impulso de denunciar a este hombre. Y ¿sabe lo que pasó? Que poco tiempo después, unas horas después, los resultados de un examen que le hicieron a este hombre, indicaron que él estaba usando esteroides y la medalla le fue a Carl Lewis que ganó el segundo lugar en la carrera.
Entonces, eso nos enseña algo acerca del amor. Hermanos, cuando tiene derecho para hacer daño y se aguanta, o tiene derecho para ganar algo a expensas del otro y se aguanta, porque ama y porque sabe que hay una ley superior en la vida, que es la que nos adelanta y nos bendice. Esa persona siempre prevalece. Y puede que no sea en el momento mismo en que se exime de hacer algo, pero en el momento propicio y en el tiempo Dios hace la obra.
Yo he aprendido una y otra vez a través de mi vida que el amor requiere una fe muy grande, porque muy pocos de nosotros tenemos la fe para, pudiendo levantar la espada y cortar cabeza o defendernos por nosotros mismos, tenemos la fe de decir, “¿Sabe qué? Si yo aguanto mi espada y me remito a una ley superior, la ley del amor, el Señor peleará por mí, el Señor se encargará de bendecirme.” Porque la mayoría de nosotros lo que buscamos es la gratificación inmediata.
A veces no podemos aguantarnos la lengua cuando queremos decir algo y no podemos porque la carne nos gobierna, pero qué bueno cuando nosotros tenemos esa fe para decir, “¿Sabe qué? Aunque yo no me dé el gusto de herir o de atacar, o de explotar a alguien, si yo lo hago en el nombre de Jesús y por el espíritu de Jesús, el Señor se encargará de pelear por mí, de bendecirme.” Eso requiere fe, requiere convicción. Y les digo que es la mejor manera de vivir.
Y por eso Pablo una y otra vez habla acerca de la importancia del amor y el primer fruto del espíritu que él toca es el amor, porque el amor es el fundamento de todo lo demás. Hermanos, el amor es la plataforma del mundo y de la vida cristiana. El amor es la esencia misma del Evangelio. El amor lo abarca todo. El amor es el punto de partida y es la meta final de la vida cristiana.
El amor es tan poderoso que la única cosa que resume a Dios es el amor. Por eso la Biblia dice, Dios es ¿qué? Dios es amor. No dice Dios es justicia. No dice Dios es poder. No, Dios es amor. Y si nosotros estamos sobre la tierra es porque tenemos un Creador que no se contentó con estar solo en el universo, necesitaba alguien con el cual hablar, alguien en quien invertir su poderío, sus dones, su gracia, su sabiduría, y se derramó en criaturas que se llaman seres humanos, porque Él necesitaba alguien con quien compartir su poder y sus virtudes.
Y después que nosotros lo traicionamos con nuestras ofensas y nuestros pecados, aún así nos rescató. La Biblia dice que “aún estando nosotros perdidos en nuestros pecados, Cristo murió por nosotros.” El Señor murió cuando la humanidad no lo merecía. El Señor murió cuando la humanidad estaba más empedernida y más alejada de Él y en ese momento el Señor expresó su amor dándose por nosotros en la cruz del calvario.
El amor de Dios es tan grande, hermanos, que aún a veces cuando Dios está herido y airado con nosotros, ya está maquinando para cómo perdonarnos y cómo bendecirnos. Ese es el amor que tenemos. Y por eso dice que el fruto del espíritu es amor.
Y lo único que yo puedo conseguir hacer en esta tarde, en el poco tiempo que tengo, es impresionarnos a nosotros mismos con la urgencia de ser gente que ame, porque esa es la base de todo lo demás.
Pablo está en controversia. En este pasaje de Gálatas, y en todo el libro de Gálatas, toda la Carta a los Gálatas, Pablo está en controversia con una postura contraria a la postura del amor, y es la postura de la ley, del legalismo. Y Pablo está en controversia con los judaizantes que son este grupo de cristianos que se han convertido a Cristo. Son judíos, se han convertido a Cristo pero insisten en que todavía la gente tiene que circuncidarse y que tiene que guardar los ritos de la ley para poder ser salvos.
Y Pablo entendió, por el Espíritu Santo, que si esa doctrina no se contradecía, el Evangelio iba a terminar perdiendo, porque el Evangelio está fundamentado en la gracia de Dios. Nosotros no podemos ganarnos la salvación por nuestras propias obras, cualquier cosa que enfatice las obras empobrece ese acto magnánimo de amor de parte de Dios por Cristo Jesús. Y Pablo dijo, “No, aquí yo me paro y yo voy a resistir esa tendencia.”
Y entonces, toda la Carta de Pablo es de una controversia diciendo, “Miren, las cosas de la carne, las acciones externas, los ritos visibles, no son capaces de traer justificación a ningún ser humano.” Lo único que hace posible la salvación es el acto de amor de Dios y nuestra capacidad entonces para reaccionar a ese amor y también para proyectar ese amor en nuestras relaciones y en nuestras formas de manejarnos cada día.
Entonces, cuando Pablo dice, “Miren, la único que importa es el fruto del espíritu, porque contra eso no hay ninguna ley,” nos está diciendo que las obras son buenas. Por ejemplo, si nosotros damos dinero para ayudar a la gente en Ukraine, qué bueno, y es necesario y por eso pedimos. Pero ¿sabe qué? Todo el dinero que tu des no tendrá significado si no está impulsado por un corazón que siente el dolor de la gente en Ucrania, un corazón que sabe que tu dinero no es para ti, tu dinero es para bendecir a otros y que Dios se encargará entonces de bendecirte a ti también.
Cuando tu te empobreces para que otros sean enriquecidos, estás poniéndote en contacto con el corazón de Jesús pero en una forma muy directa. Porque eso fue lo que Él hizo. Entonces, cuando nosotros adoptamos una postura de generosidad en nuestra vida, en todo sentido, de amor, entonces estamos en contacto directo con el espíritu de Jesucristo. Y no podemos sustituir las obras por la actitud del amor. Las obras vienen como consecuencia de ese amor que está dentro de nosotros.
Pero el amor de Dios es algo que tu das porque Cristo está tan dentro de ti y tu estás tan compenetrado con el amor de Cristo, que al Cristo habitar dentro de ti, al espíritu de Dios habitar dentro de ti, ese espíritu se transmite a través de ti y da fruto. No es una obra que tu adoptas. No es algo que tu haces por fuerza de tu voluntad, sino es algo que al tu someterte a Jesús y tu entrar en intimidad con el Señor, entonces, Cristo produce su fruto a través de ti.
Y por eso es que no podemos deslumbrarnos por las acciones. Hay tanta gente en el Evangelio que cree que porque dan o porque vienen a la iglesia, o porque sirven, o porque son maestros de escuela dominical, o porque son ciudadanos bien comportados, gente trabajadora, que por eso ya están bien con Dios. No, el estar bien con Dios nace de una acción, de una actitud, de una postura interior.
Cuando tu estás en contacto con Cristo y su espíritu, entonces el Señor producirá las buenas acciones, pero no serán porque tu te mandes detrás de las buenas acciones. Las buenas acciones son una expresión, por eso se llama el fruto del espíritu.
Si usted observa cómo un árbol da fruto, yo creo que toqué eso el domingo pasado, un árbol da fruto porque hay una ley dentro de él, una dinámica dentro de ese árbol que produce el fruto. El árbol no tiene consciencia de lo que está haciendo. El árbol simplemente existe y hay algo en su ADN interior que tiene unas instrucciones allí que dice que cuando el clima llega a cierto momento, cuando el año está avanzado hasta cierto punto, simplemente tiene que dar fruto. El árbol no sabe lo que está haciendo.
Y yo creo que nosotros, los hijos de Dios, somos así. Cuando tenemos el espíritu de Jesucristo dentro de nosotros, cuando su palabra ha anidado profundamente en nosotros, no podemos más que o menos que dar fruto, porque el ADN de Dios dentro de nosotros, la palabra de Dios, la obra del Espíritu Santo en nosotros, va a expresarse en una manera natural en obras y actos de amor.
Y por eso es tan importante que nosotros, esta congregación, adopte una consciencia bien clara de lo importante que es dejar que el Señor se glorifique en nosotros y de que el Señor haga su obra en nosotros para entonces dar fruto en acciones y en obras de amor.
Cuando nosotros entendemos la urgencia de ser gente de amor, gente amorosa, y nos desesperamos con nosotros mismos, porque sabemos que estamos deficientes en ese departamento. Yo no creo que aquí haya una persona que pueda decir, “Ya yo llegué a la altura del amor y no puedo ascender más.” Todos nosotros debemos sentirnos deficientes en eso.
Entonces, hasta que tu no entiendes que puedes crecer en amor y que eso es absolutamente necesario para ser un seguidor de Jesucristo, el amor no se va a perfeccionar dentro de ti. El amor viene cuando nosotros nos abrimos al Espíritu Santo. El amor viene cuando vivimos en tanta intimidad con el espíritu de Jesucristo que la energía del Espíritu Santo dentro de nosotros se transmite a través de nosotros en una forma totalmente espontánea y redunda en actos amorosos.
Esta mañana yo usaba la ilustración de una araña. Una araña elabora una red, se llama telaraña, y eso es un milagro de la naturaleza. Una telaraña es la cosa más bella cuando usted la analiza en su estructura y es una de las sustancias más fuertes que hay en todo el mundo. Sabe que la telaraña soporta una cantidad de peso relativamente a su delgadez, que es absolutamente sorprendente. Hay pocos materiales en el mundo tan fuertes como una telaraña dada su… que es casi invisible de lo fina que es. La telaraña es una obra maravillosa de la naturaleza.
Y una araña teje una telaraña en la forma más espontánea. Una araña no tiene casi cerebro, ni tiene casi consciencia, sin embargo, teje una maravilla de la naturaleza en una forma totalmente espontánea. ¿Por qué? Porque tiene dentro de su contextura, de su genética, unas instrucciones mileniales [sic], instintivas, que la impelen ciegamente a elaborar una maravillosa red que redunda en protección para ella y así es que ella agarra a los insectos. Las telarañas son como una pantalla que agarra los insectos cuando están volando y entonces la araña se los come.
Entonces, fíjese que esta araña tiene una instrucción de auto preservación dentro de ella, y ella elabora una red maravillosa y perfecta casi sin saber que lo está haciendo, porque esa es su naturaleza.
Y yo creo que los hijos de Dios somos así. Los hijos de Dios tenemos que producir obras de amor y fruto del Espíritu Santo sin que ni siquiera nos propongamos porque ya Dios habrá anidado tanto dentro de nosotros y nos habrá impartido su programa tan poderosamente dentro de nosotros que emitimos obras de amor en formas espontáneas. Y ahí es que tu y yo tenemos que llegar.
Por eso que yo digo que a menos que uno se haga absolutamente consciente de la urgencia de ser gente que ejemplifique el amor y que nos desesperemos por llegar a ese punto, no lo vamos a llegar a hacer. Porque estaremos distraídos con otras prioridades, que son importantes, pero el amor es el punto de partido para todo lo demás.
Y hay tantos creyentes, por ejemplo, en el mundo Pentecostal, la gente está muy, muy deslumbrada por los dones del espíritu que son importantes también, está el fruto del espíritu y están los dones del espíritu. Los dones del espíritu son capacidades de poder, lenguas, profecía, discernimiento de espíritu, señales, sanidades. Y en el mundo Pentecostal mucha gente se enamora del don del espíritu, porque son cosas muy atractivas y muy llamativas. Y entonces muchos cristianos de índole pentecostal, como yo creo que nosotros nos identificamos con esa postura, se especializan tanto en buscar el poder del Espíritu Santo, ayunan, oran, claman, hacen guerra espiritual, sirven, dan, pero en un sentido para esas personas esas acciones se han convertido como en una transacción que hacen con Dios. Yo doy para que tu des.
No se lo postulan así conscientemente, pero en última instancia corren el peligro de hacer eso, no entendiendo que esos dones y esas acciones, son meramente expresiones de algo que es más fundamental todavía, que es el espíritu que está en ellos y el espíritu que produce tanto el fruto como el don y que hasta que no entiendan que lo primordial es ejemplificar el amor, y que de ese amor entonces, esos dones obtienen su significado.
Pero muchas veces la gente no piensa así. Y mi deseo es decir, miren, hermanos, deportémonos. Pongámonos las pilas. Entendamos que hay una prioridad en la vida y que lo primero que nosotros tenemos que hacer es expresar el corazón de Cristo. Y tenemos que preguntarnos… yo me pregunto a veces con desesperación, si yo compareciera ante un jurado de personas altamente desarrolladas espiritualmente, con capacidad para juzgar con propiedad, y tuviera que someter mi vida, mis acciones, porque esta gente me ve en una manera sobrenatural casi, ¿podrían decir que yo voy por lo menos en progreso hacia una postura de amor? Y si el Espíritu Santo me juzgara, hasta qué punto podría decir, “Tu vas bien, tu vas en el camino del amor.”
¿Qué dice tu esposa, mi esposa o mi esposo? ¿Qué dicen nuestros hijos? ¿Qué dicen nuestros colegas? ¿Qué dice la gente que nos conoce a fondo? ¿Qué dicen las personas con quienes interactuamos cada día? ¿Qué dicen las personas con quienes nosotros hemos tenido íntimo roce en nuestro diario vivir y que nos ven descalzos y casi desnudos y que ven nuestras debilidades y nuestra humanidad desplegada en una forma muy fuerte? ¿Pueden decir ellos, he aquí una persona que por lo menos está en el camino del amor? ¿O dirían lo contrario? Sí, esta persona va mucho a la iglesia, ama a Dios, hace muchas cosas buenas, pero le falta el amor.
Hasta que nosotros no nos sometamos a ese tipo de escrutinio, en realidad no vamos a avanzar. Usted se convierte en lo que prioriza y ama. Usted crece en aquellas cosas a las cuales usted les da importancia. Usted crece en aquellas cosas que usted anhela. Y usted se sobrepone a aquellas cosas que usted detesta y odia dentro de usted, y que dice, “Yo no quiero eso, quiero lo contrario.”
Y Dios necesita congregaciones, individuos, que se desesperen de sí mismo, que digan como dijo Pablo, “Miserable de mí, ¿quién me guardará, quién me librará de este cuerpo de muerte?” Es el hombre más sabio que yo creo que ha caminado sobre la tierra, y sin embargo, él conocía lo suficiente de sí mismo para saber que había muchas cosas en las cuales tenía que crecer.
Si León de Judá, si ustedes, si yo, no superamos esa dimensión, sí, seremos gente muy buena, muy noble, pero siempre habrá mucho que decir de nosotros. El anhelo de Dios es que tu, además de hacer buenas obras, y hacer buenas cosas, que te caracterices por una personalidad tratada por Dios, quebrantada por el Señor, una personalidad que esté anhelando la gracia. Porque nosotros hacemos mucho daño, hermanos, hacemos mucho daño en la medida en que no reflejamos el amor de Cristo, en la medida en que no priorizamos el amor de Jesús.
Y el Señor está anheloso de que tu comiences a clamar a Él por una manifestación mayor del amor en tu vida. El amor es la plataforma, vuelvo y repito. Podría hacer una enseñanza muy sistemática pero tocaría un pedacito nada más de lo que es el amor. Estoy disparando por todas partes para que por lo menos, podamos hacer un esbozo del amor.
Y no solamente el amor crecerá en nosotros cuando le demos prioridad, cuando nos desesperemos de nuestra propia falta de amor, sino que también el amor es algo a lo cual se llega con el trato de Dios a través de los años en nuestra vida, en la medida en que Dios está trabajando en nosotros y que nosotros nos abrimos a su trato y decimos, “Señor, yo quiero expresar el amor de Cristo.”
Es peligroso decir eso, porque muchas veces si decimos, “Señor, trata conmigo y llévame a ser un hombre o una mujer amorosa,” a veces la corteza exterior nuestra está tan dura que Dios va a tener que quebrarla. Hay muchos de nosotros que tenemos una corteza tan dura, a pesar de que amamos a Dios, pero hemos sido entrenados por nuestro pasado, la educación que recibimos, la forma en que fuimos tratados por nuestros padres, la cultura en que nos desarrollamos, y nuestra capacidad para amar está endurecida por toda esta costra de cultura, de temperamento, de formación familiar. Y entonces, no somos capaces de producir el amor de Dios.
Y a veces cuando llegamos al punto de decir, “Sí, yo quiero que ese amor se manifieste en mi vida,” pero entonces estamos como emparedados dentro de una costra difícil, que no deja que el amor de Dios se manifieste a través de nosotros. Y entonces, Dios tendrá que venir en su misericordia y comenzar a tratar contigo.
Por eso es que al amor no se llega a menos que no sea a través de la crucifixión del ser. Al amor no se llega a menos que Dios nos suba sobre la cruz y trate con nosotros. No hay manera de que tu puedas llegar a ser un hombre o una mujer expresiva del amor de Dios hasta que Dios no comience a tratar contigo, hasta que tu súplica llegue al trono de Dios y Dios diga, “Ven, te voy a tomar como mi pupilo. Te voy a discipular y te voy a llevar a través de un proceso de entrenamiento para que tu llegues a ser esa persona que ame como mi Hijo amó.”
Entonces, sepan, hermanos, que el camino hacia el amor es un camino largo, donde Dios te va a tratar. Y déjenme decirles que no debe temerle al trato de Dios. No le tema al trato de Dios. Dios es el cirujano por excelencia, el cirujano más excelso que hay. Y cuando tu estés sobre la mesa de la cirugía divina, podrás sentir un poco de temor, cuando veas el escalpelo de Dios o el bisturí de Dios o las tijeras de Dios, pero el Señor te va someter con un cuidado tan máximo, tan exquisito, que Él se asegurará de que esa cirugía termine en vida para ti, en bendición.
Lo que el Señor quiere es quitarte todas esas cosas que en realidad son las que te hacen sufrir, porque cuando Dios no trata con nosotros, somos unos dispensadores de mal. Dondequiera que vamos dejamos mal, dejamos heridas. Nosotros mismos sufrimos con nuestros excesos y nuestras debilidades y nuestras cosas. Y Dios quiere perfeccionarte. Y Dios te dice, “Mira, tiéndete sobre la mesa. Yo voy a operar sobre ti. Te va a doler hasta cierto punto y el proceso va a ser un poquito doloroso, pero Yo me voy a asegurar de que al final tu le saques gran provecho a eso.”
Así que no le temas al trato de Dios. Y de nuevo, al amor no se llega imitando el amor. Es bueno a veces hacer obras de amor por fe para que el amor se perfeccione en nosotros. Eso es cierto. Pero al amor se llega cuando el Espíritu Santo te somete, entre otras cosas a través de un trato donde te va rompiendo la costra, la piel endurecida. Y entonces, la vida de Dios que está dentro de ti, por medio de su espíritu que mora dentro de ti, comienza a expresarse a través de las grietas que Dios abre en tu corteza endurecida. Esas quebraduras del trato de Dios van a permitir que la vida de Dios se meta desde adentro, donde está su espíritu en ti, y que salga y se exprese a través de tu vida. Sin las grietas no hay verdadero amor, no hay verdadera virtud.
Y las grietas solo son cuando Dios te trata. Y algo que a mí me ha marcado a través de toda mi vida es que para yo llegar a ser lo que Dios quiere que yo sea, tiene que coger su mandarria y romperme y volverme a hacer, como el vaso de Jeremías. Cuando el escultor no está conforme lo deshace y vuelve a hacerlo. Y nuestra vida debe ser un continuo trato de Dios.
Si Dios te ama, tu vida debe expresar continuas intervenciones a lo largo de tu existencia, donde Dios te aprieta un poco y después te pone a descansar por un rato y vuelve y te aprieta. Te pone a descansar y vuelve y te aprieta. Pero cada vez que Él te aprieta de hace más fuerte, más bello, más expresivo del carácter de Cristo, más amoroso.
Y por eso, no le temas. El Señor dice, y con esto termino, el Señor dice, “Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo. Pero si cae a tierra y muere, lleva mucho fruto.” Muchos de nosotros queremos ser como el grano de trigo entero. Piense en un grano de frijol o de habichuela, como decimos, o piensen en un grano de maíz entero, sin tocarse, sin violarse, su corteza está perfecta. Un grano de frijol, piense en ello. La vida del grano está dentro de esa corteza. La corteza es simplemente una protección, pero la vida está adentro. Y cuando ese grano es echado en la tierra, la humedad, la oscuridad, el calor de la tierra, lo rompe. Rompe su corteza, porque la corteza es buena para proteger pero no es buena para proyectar vida.
Entonces, la corteza tiene que ser violada y quebrantada y entonces eso permite que la vida que está dentro del grano, interactúe con la tierra y se produce una matita que sale y que entonces, coge ese grano único y lo multiplica en cientos y cientos de frutos.
Pero la vida, la producción, no se va a dar si el grano, por así decirlo, no se somete a la muerte. Y cuando Dios está tratando con nosotros se siente como una muerte, déjenme decirlo, cuando Dios está tratando contigo tu sientes el dolor de la muerte. La cruz no es una metáfora. La cruz es una realidad en la vida del creyente. Y nosotros tenemos que aprender a amar la cruz en nuestras vidas.
Eso es lo misterioso del Evangelio, lo sublime y lo bello del Evangelio. Y yo creo que la mayoría de los cristianos nos conformamos con un uno por ciento, o una fracción de un uno por ciento de lo que debe ser la experiencia cristiana, algo sublime, algo misterioso, algo poético, algo que es inexpresablemente bello, que tiene marcas de oscuridad y marcas de luz, tiene negro y tiene amarillo y rojo y blanco. La vida cristiana es una vida llena de sombras y de luces, de gritos y de expresiones de alegría.
No quieras reducir tu experiencia cristiana a solamente lo apetitoso, lo bonito, lo alegre, lo placentero. Dile al Señor , “Padre, sométeme a tu trato. Si tengo que sufrir para llegar a ser como Jesús, para identificarme con los padecimientos, como dice Pablo, de Cristo, te lo digo con temor, hazlo.” Pero yo te prometo que no vas a morir en el proceso. Te prometo que no vas a ser debilitado ni empobrecido, vas a salir más glorioso y más poderoso que nunca. Como el Cristo resucitado era un ser ya mucho más poderoso que el Cristo que estaba dentro de la carne, cuando era humano solamente.
Entonces, hermanos, abracemos el trato de Dios para producir el amor de Dios. Digámosle al Señor, “Padre, no te voy a poner trabas, no te voy a poner definiciones, quiero ser lo que tu quieres que yo sea. Trátame metiendo a tu trato. Haz de mí lo que tu quieras porque quiero amar, porque yo sé que el amor es la cosa más bella y más provechosa para mi vida.”
Así que, hermanos, yo les suplico en esta tarde, si no logro nada más, por lo menos, infundir en ti como lo quiero infundir en mí mismo, un sentido de la urgencia y el gran provecho de vivir el amor de Dios, expresar el amor de Dios. Es el acto más sabio y más provechoso en el cual tu jamás puedas involucrarte. Recibe eso.
Baja tu cabeza un momento. En el nombre de Jesús yo declaro que esta palabra que es, yo creo, que palabra de Dios, no regresará a Él vacía. Esta palabra ha descendido del cielo, ha pasado a través de mi boca, y cae sobre cada hombre, cada mujer, cada niño, aquí presente, cada familia, cada hogar. Y desde el hombre más áspero que pueda haber en este lugar, desde la mujer más primitiva que haya en esta casa, hasta la persona más madura y más desarrollada, yo declaro el mensaje divino entrando a tu corazón.
Yo pido que el Señor te dote con una sabiduría excepcional esta tarde para entender lo que Él está diciendo. Que se oigan dentro de tu alma gemidos indecibles. Oh, Padre, despierta el sentido de urgencia en nosotros esta tarde. Despierta un sentido de desesperación por expresar el amor de Cristo.
Quita la corteza y la torpeza mental que impide que entendamos estos misterios y háblanos, y grítanos, Señor, intervén en nuestra vida, fórmanos conforme a la imagen de tu hijo Jesucristo. Sácanos de aquí con una nueva energía, un nuevo impulso y a ti daremos toda la gloria y toda la honra. Gracias, Señor, gracias en el nombre de Jesús. Amén y amén. Dios les bendiga, mis hermanos. Seguiremos hablando acerca del amor. Creo que nos queda por ahí material. Dios les bendiga.